Este capitulo ha sido editado para mejorar y avanzar un poco mas la trama. Espero no sea mas confuso que antes.

¡Disfruten!

Noches de Arabia

La miré tirada en el piso. Su cama no era mas que un pedazo de tela vieja que la protegía del frío y polvoriento suelo- nada comparado con los aposentos que me permitia compaprtir con ella cuando eramos niñas. Me arrodillé a sus pies para quitarle las sandalias y con un trapo mojado comencé a limpiarle los pies. Mi corazón se destrozó al ver en la pésima condición en lo que estaban sus pies- pies que no estaban acostumbrados al trabajo duro- polvorientos, llenos de ampollas y piedras enterradas.

Y todo esto era mi culpa...

La única luz que nos iluminaba era la luz de la luna que se metía sigilosa por la ventana- como yo lo había hecho- pero aun asi, podía ver el mal estado en el que ella estaba.

-Vete...- su delicada voz me saco de mis pensamientos, a pesar de que era difícil ver podía ver la preocupación en sus delicado rostro,- si te descubren te mataran y nada de esto habrá valido la pena.-

-Porfavor, no me pida que la abandone en estos momentos,- le contesté rompiendo tela de mi tunica para usarla como vendas para sus pies cortados.

-Mandisa...-

-Calle señorita, solo descanse y no se preocupe mas por mi,- le sonreí como ella siempre me había sonreido a mi.

Desde que eramos niñas, ella jamás vió mi estatus de esclava y sirvienta suya. Ella siempre me trató como su hermana y hasta a veces me cuidaba con cariño maternal. Nunca se burlaba de mi cuando tenía sueños tenebrosos y me apoyó cuando le confesé que me había enamorado de Rashid, el ahora consejero del Sultán. Le debía la vida en muchas otras maneras ademas de cuando se ofreció como esclava para salvarme del odio del cruel Sultán.

Fue entonces que sentí como una mano grande y fuerte agarraba mi antebrazo y me jalaba para que me pusiera de pie. Los ojos de mi señorita se llenaron de temor y en su cansada voz suplicaba que no me hiciera daño. Giré mi cabeza para ver a mi captor, y con horror descubrí los ojos frios de aquel hombre que le habia quitado la libertad a mi señorita. A pesar de la obscuridad, el odio brillaba radiante en sus ojos que parecian ser rojos.

-¿Que haces aqui?- el masculló entre dientes sin levantar la voz, jalandome con fuerza acercando mi rostro al suyo. -¿Acaso piensas ayudarla a escapar?-

-Mi s-señor… por favor…- la voz de Amisi era suave y debil, pero fue suficiente para que aquel hombre relajara su fuerte agarre de mi brazo.-

Observe al Sultan con atencion y no pude evitar notar como su ser entero se relajaba al posar sus ojos en mi querida señorita. Sus hombros tensos se dejaron caer un poco, sus dedos enterrados en mi piel ahora se sentian como una leve caricia, pero sus ojos… sus ojos antes llenos de crueldad se llenaron de remordimiento, tal vez al notar la condicion en la que ella se encontraba. Mis ojos encontraron el rostro de mi querida Amisi y notaron con gran sorpresa que estaban llenos de suplica y que el fuego que una vez iluminaba sus ojos habia sido remplazado por temor- una vez mas por mi culpa.

- Ella necesita atenciones… mi señor…- dije soltandome con facilidad de su agarre y sorprendida que no hiciera por volver a atrapar mi brazo.

-Mis medicos pueden cuidar de ella…- me sorprendio la inseguridad con la que el Sultan dijo aquella oracion mientras yo retomaba mi trapo y resumia mi actividad previa.- No te necesita…-

-Mi señor, no dudo que sus medicos sean los mejores,- o los unicos vivos ya que su General se encargo de encarcelar y asesinar a todos nuestros doctores Egipcios.- Pero yo… yo soy la unica familia que le queda… ademas del joven Kaliq...-

Los ojos de Amisi se llenaron de panico mientras su ya palida cara se empalidecía aun mas. Un dolor aun mas grande regreso a mi antebrazo mientras el Sultán me jalaba con fuerza fuera de la habitacion- si sus uñas estuvieran afiladas me sacaria sangre. Mordi mi lengua al descubrir que la ira del Sultán habia sido despertada al mencionar el nombre del prometido de mi señorita y no podia mas que temer por ellos.

Espero no haber empeorado las cosas para ambos.

-Debería matarte en este instante…- masculló entre dientes mientras yo seguia su veloz paso torpemente.

Senti un gran escalofrio recorrer mi cuerpo mientras el cruel Sultán me seguia jalando por los largos pasillos de su palacio. No podia entender porque este hombre sentia tanto odio por el Joven Kaliq si el era tan bueno, amable, respetuoso y cordial. A pesar de solo ser una esclava, Kaliq me trataba con cortesia- de la misma manera que trataria a cualquier otra amiga de Amisi. Pero lo mas importante era el amor que el joven Kaliq sentia por mi señorita Amisi. Sus ojos brillaban y su rostro se iluminaba con verdadera felicidad cuando posaba su mirada en ella- y siempre la miraba como si fuera la primera vez. Habia sido amor a primera vista.

Pero este hombre que me jalaba como ganado con sus dedos enterrados en mi piel lo odiaba- y yo tenia que encontrar una manera de evitar que les hiciera daño.

-¡Fakhir!- gritó el Sultán abriendo una puerta con fuerza haciendo que los pilares que sostenían la habitación retumbaran de temor. Miré a mi alrededor y me di cuenta que era la misma habitación donde mi señorita me había salvado la vida la primera vez.

-¿Que sucede mi Señor?- la sorprendida voz de aquel cruel general hizo que mi sangre se helara.

-¿Que significa esto?- masculló el Sultán entre dientes mientras jalaba la túnica que cubría mi rostro, exponiéndolo a aquel hombre.

Los ojos verdes del cruel coronel se posaron en mi con odio, sorpresa y con mucha confusión- Esa Egipcia... ¿Como...?-

-Eso es lo que yo quiero saber, Fakhir.- interrumpió el Sultán al general de su ejercito y su mano derecha,- ¿Como es posible que una... Egipcia inmunda burlara a los guardias de mi palacio y entrara a los aposentos de mis esclavos sin ser detectada por nadie?- para esto el Sultán me había aventado con fuerza contra el suelo haciendo que golpeara el lado izquierdo de mi rostro, sacando sangre de mi labio inferior.- ¿Acaso tus hombres son tan ineptos? ¿O es que acaso necesito mandar lejos a tu nuevo obsequio para que esto no vuelva a suceder? ¡Contéstame Fakhir!-

Los gritos del Sultán retumbaban las cuatro paredes y la ira que envolvía cada palabra que salía de su boca se sentía a flor de piel. Hubo silencio, y a pesar de que solo pasaron unos segundos, se sintieron como siglos. Ese silencio fue roto solo por el desenvainar de una espada que hizo que se erizara mi piel.

-Eso no será necesario... mi Señor...- la voz del General se escuchaba baja, calculadora e incierta, lo que hizo que me preguntara que era aquel obsequio.- yo mismo me encargare de ella... ¡En este mismo instante!-

-¡No!-

El choque de metal con metal causo un enorme estruendo en la habitación, como si un rayo hubiera caído sobre mi, haciendo que zumbaran mis oídos.

-¿Por qué hiciste eso, Rashid?- la voz del General era fría y llena de odio, pero eso no detuvo a mi corazón de exaltarse al escuchar aquel nombre.

-Salvo mas que solo una vida, Fakhir,- la voz de Rashid también era fría y sonaba algo molesta pero se notaba un poco de preocupación en ella.- Mi Señor, si usted o cualquiera de sus hombres le quita la vida a esta mujer su esclava quedara en libertad.-

-¿Por que?- el gran Sultán sonaba que estaba haciendo todo lo posible para no explotar de ira por las noticias recibidas- ¿Como es eso posible?-

-Mi Señor, su esclava dió si la vida de esta Egipcia era perdonada,- a pesar de que mi cabeza aún estaba en el suelo, pudé observar de reojo el rostro de Rashid, era frio y calculador pero sus ojos traicionaban preocupación,- Si esta chiquilla muere usted habra roto su parte del acuerdo y su esclava quedara en libertad y las leyes la apoyarán. Una vida por una vida.-

- Él es el Sultán de Arabia y dueño de Egipto, seguro esas reglas no aplican con Ptolemy,- la voz del general era fría y calculadora, pero sus palabras eran envuletas con incertidumbre.

-Lamento informarles a ambos que esas leyes fueron escritas por seres más grandres que nuestro Sultán,- Rashid explicó con cautela observando al Sultán como si estuviera esperando una reacción.- El deshobedecerlas podría causar la ira de Alá y traer sufrimiento a nuestras tierras.-

Se escuchó un estruendo salir de la boca del Sultán mientras lanzaba un objeto contra la pared haciendolo estallar en muchos pedazos. Sonreí satisfecha al ver que mi vida le costaba tanta frustración e ira.

-Entonces no se que decidas hacer con ella, Rashid…- a pesar de que las palabras del Sultán salían de entre dientes, su odio, rabia y frustracion se escuchaban perfectamente,- pero ella no puede estar en mi palacio si no esta en compañia tuya.-

Se escucharon los pesados de sus pasos del Sultán sobre el marmol y solo me podía imaginar su rostro torcido por la ira y el odio al ver que no podía cumplir su capricho de quitarme la vida y quedarse con Amisi como esclava. Mis ojos se empezaron a llenar de lagrimas al descubrir que una vez mas, mi señorita. Fué entonces que el sonido de una espada siendo envainada hizo eco por toda la habitación.

-De verdad que Alá tiene apreció por ti.- La voz del general estaba envuelta con cierta mofa sin embargo su rostro mostraba picardia.

-Yo soy el mensajero de Alá, Fakhir.- Rashid contestó con una sonrisa que mostraba alivio mientras tomaba mi brazo y lo jalaba con fuerza causando que me pusiera de pie.

-No te estaba hablando a ti, Rashid,- los ojos del General se posaron sobre mi, y para mi sorpresa no estaban llenos de asco y odio como hace apenas unos instantes.- Sin embargo, aprecio tu acto de heroismo por los insignificantes.-

- ¿Y desde cuando aprecias la vida de los Egipcios?- la voz de Rashid se volvió extrañamente calculadora.

-Desde que mi nuevo obsequio se queda conmigo, ó quién intente quitarmelo lo pagará con su vida.- La cara del general se volvió seria, sin mostrar emocion alguna, sin embargo sus ojos mostraban una ira fria que calaba cada centimetro de mi cuerpo.

-No deberías decir esas cosas en voz alta, Fakhir, las paredes tienen oidos.- la voz de Rashid se volvió seria mientras sus dedos se enterraban en la piel de mi brazo.

El General y mano derecha del Sultán dejó una leve risita escapar sus labios para luego irse por el mismo camino por el cual el Sultán había desaparecido. Los ojos de Rashid mostraron incertidumbre pero pronto fue remplazada al recordar que sus dedos estaban apretando mi piel.

-Tienes suerte de estar viva.- dijo sin mirar mi rostro, apretando mi brazo con mas fuerza.- Mejor dicho... tienes suerte que Amisi sea el capricho del Sultán.-

Un leve quejido escapo mis labios, pero me inundaba mas un enorme temor por el futuro bienestar de mi señorita...

¿Que va a ser de nosotras?


Mis ojos se abrieron de repente al sentir lagrimas que no recordaba haber llorado empapando mis mejillas. Un enorme vacio estaba llenando mi pecho, haciendo que sintiera una enorme soledad y desesperanza - pero me llenaba aun mas de miedo pensar que fuera alguna premonicion de un futuro no muy lejano. Yo siempre he tenido presente mi debilidad. No soy ni un cuarto de fuerte que Bellota ni un quinto de inteligente que Bombón, no golpeo fuerte y no pienso rapido cuando la situacion lo pide, pero siempre habia tenido la seguridad de que mis hermanas me podrian proteger si fuera necesario.

Ahora ya no estaba tan segura.

Bellota, la mas fuerte de las tres, estaba en una cama despues de casi ser decapitada por Butch, mientras que Bombón, la mas inteligente y nuestra lider, no tenia un plan para defendernos de la venganza alimentada por la ira y el odio de los Chicos. Eso era lo que me daba mas panico.

Ellos quieren hacernos daño y no van a parar hasta cumplir su cometido.

-¿Estas bien?- la voz de Bombón era lejana pero cariñosa. No me había dado cuenta que ella estaba para en la esquina de la habitación ya que estabamos en completa obscuridad.

-Si, lo estoy,- dije tratando de secar mis lagrimas disimuladamente.

Estábamos en la habitación de Bellota, ella estaba recostada en su cama, su cuello y su brazo estaban enyesados y estaba conectada a maquinas que la ayudaban a respirar y regular sus signos vitales. A pesar de que las luces estaban apagadas y de que ni la luna nos brindaba de su luz por la ventana en esta fria noche, gracias a mi súper visión podía ver el rostro de Bombón. Ella también tenía miedo. Se veía cansada, triste... derrotada, como si ya hubiera pasado horas pensando una solución y no había encontrado ninguna. Su desesperación me hizo sentir aun mas miedo.

-Me voy a entregar a Brick.- dijo con voz seria, su mirada posada en Bellota.

-¿De qué hablas?- decir que no estaba confundida seria una mentira.

-Le voy a decir la verdad...- sus ojos se llenaron de lagrimas que calaron mi corazón.- Le voy a decir que fui yo quien planeo todo, que ni tú ni Bellota tuvieron nada que ver. Que la única culpable de todo fui yo.-

-Bombón...- senti como mis manos comenzaban a sudar,- si le dices eso te va a matar.-

-Mientras que las deje solas a ustedes no me importa que haga conmigo.- la amargura y el dolor envolvían cada una de sus palabras y yo no sabia que hacer para detener las lagrimas de mis ojos.- Si me volví fría con ustedes... si las aleje de mi vida... fue porque yo sabia que este día iba a llegar... sabia que ellos buscarían venganza y sabia que esta era la única manera de asegurar que nada malo les pasara. Así... no me extrañarían si algo malo me pasaba.-

-Idiota...- la voz de Bellota era frágil pero clara.

-Por favor, no hables,- Bombón corrió a su lado y puso una mano en la frente de bellota mientras entrelazaba sus otros dedos con la mano inmóvil de nuestra hermana.- Tienes que guardar tus energías para que te mejores pronto.-

-Idiota...- Bellota siguió con terquedad, - Idiota... Bom...-

-Shhh lo se,- sus ojos estaban llenos de lagrimas y la voz de mi hermana mayor era más bien maternal. Un tono que no había visto a Bellota recibir en mucho tiempo.- Soy una idiota, y te pido perdón por eso.-

Sentí mis propios ojos llenarse de lagrimas al ver este intercambio y con amargura entendí tantas cosas de mi hermana mayor con su confesión. Era verdad que Bellota y yo nos habíamos acercado mucho, pero también era verdad que alguna vez Bellota y Bombón habían sido aún mas unidas. Ellas me veían como la bebe de la familia, pero entre ellas se veían como iguales. Bombón era inteligente y Bellota era fuerte y juntas eran un duo indestructible. Pero paso lo de los chicos y Bombón se volvió fría. Bellota la perdono diciéndole que aceptaría sus razones aunque no las entendiera pero Bombón solo nos dio la espalda. Y ahora entendía porque. Y me odie porque la llegue a odiar por su frialdad con nosotras, por su obsesión a la perfección, por su deseo de siempre estar en lo correcto. Ahora entendía que ella vivía con el miedo de que su plan no hubiera sido perfecto significaría nuestro fin.

Y ese día había llegado. Y ella estaba desesperada por mantenernos a salvo.

Acercándome a la cama, me recosté junto a Bellota tomando su mano inmóvil entre las mías. Bombón me sonrió con ternura e hizo lo mismo recostándose al otro lado. Y así dejamos que el sueño nos llevara lejos, compartiendo la cama como no lo habíamos hecho en años.


A mi siempre me había gustado cocinar pastelillos, asi que cuando Bombón se ofreció para comprarme los ingredientes para hacer postres para celebrar la recuperación de Bellota, no puede evitar brincar de alegria. Bombón tenía que ir al colegio para recoger nuestras tareas y entregar las que habíamos completado la semana pasada, y había pedido mi compañia en esta ocasión. El plan era no separarnos, asi que después de una rápida parada en la oficina del director, estabamos en la tienda de abarrotes para comprar los ingredientes para mis postres- y Bombón quería comprar los ingredientes para hacer el platillo favorito de Bellota. A pesar de que Bellota no estuviera completamente sana, se estaba recuperando con rapidez al punto e que no solo ya no necesitaba del respirador artificial, sino de que tambien ya podía comer comida un poco mas solida- asi que mis pastelillos caían como anillo al dedo.

Bellota era la chef de la familia y todo mundo lo sabía. El director había asignado a mi hermana de ojos verdes en el programa avanzado de artes culinarias y ella había terminado antes de tiempo y hasta con honores. Jamas había visto a Bombón tan orgullosa de Bellota, hasta llegué a pensar que aquel logro iba a unir a mis hermanas de nuevo, pero esa alegria había sido solo temporanea. Cuando Bellota fue invitada a concursar a nivel nacional ella se nego rotundamente ignorando las suplicas del director y de nuestra hermana mayor. Eso causó una nueva separación ya que Bellota confesó que la única razón por la que no concursaba era porque Bombón se lo había pedido.

Eso las volvió a separar y ya nada las volvió a unir. Hasta anoche fué que ví una pequeña conexión entre ellas con la confesión de Bombón y su plan.

Un plan que me daba pánico ya que mi hermana estaba decidida en llevarlo a cabo.

-¿Burbuja?- una voz sonó detrás de mi sacandome de mis pensamientos.

Mirando a mi alrededor me percaté de la identidad de la figura que se acercaba a mi, -¡Caleb! ¿Que haces aquí?-

-Lo mismo que tu... creo.- sus ojos se posaron en mi canasta llena de harina, huevos, chocolates y de distintas bayas.

-Yo... voy a cocinar postres para mis hermanas.- dije sonrojándome al ver que el solo cargaba leche y cereal.- ¿Como van las clases?-

-Aburridas.- contestó el con una sonrisa perfecta llena de dientes blancos como la nieve.- Especialmente porque tu no estas.-

Sentí mis mejillas sonrojarse aun mas al escuchar un poco de picardia envolviendo su voz,- Seguramente no están tan mal.- trate de sonar disimulada pero el hacia que mis rodillas temblaran con solo sonreírme.

-Si quieres te acompaño a tu casa y te ayudo a hacer tus pastelillos,- su tono se volvió coqueto,- lo que sea con tal de volver a pasar un rato contigo.-

-Muchas gracias, Caleb, pero me temo que no se va a poder,- respondí haciendo que su sonrisa desapareciera.- Mis hermanas y yo nos hemos ido a otra locación y después de la última fiesta el Profesor no quiere demasiados invitados.-

-Ya veo...- se veía sinceramente desilusionado y eso causo que mi corazón brincara con extraña amargura.- espero entonces verte pronto.-

Su rostro de acerco al mío y tuve que girar mi cabeza para que nuestros labios no se tocarán. Había cometido el error de besarlo el primer día que nos conocimos y ahora no dejaba de soñar con el antiguo Egipto y con un muchacho que me recordaba mucho a...

-¿Pasa algo?- se veía confundido y no lo culpaba. Nos habíamos besado… mucho… durante la fiesta de la playa pero después del sueño de anoche no me podía sacar a… él… de la cabeza.

-Caleb… tengo que decirte la verdad,- sentí mis manos temblando por la ansiedad, no me gustaban las confrontaciones y menos lastimar a otros.- Cuando nos conocimos te dije que no me gustaba nadie... eso era mentira.-

El se notaba confundido y molesto,- ¿Algún viejo novio?-

-No... Él… él nunca fue mi novio...- respondí tomando un respiro hondo,- él era un chico muy dulce que me daba chocolates a escondidas de sus hermanos y de mis hermanas. Él me decía que me quería mucho y yo jamás le hice caso hasta que poco a poco comencé a enamorarme de él. Era un amor inocente de la infancia pero... no hay día que pase que yo no piense en él. Cuando te conocí pensé que al fin lo iba a poder olvidar pero... entre mas te beso a ti... mas lo extraño a él...-

-¿Y quien es este tipo?- dijo entre dientes, visiblemente molesto por mi confesión.

-No lo conoces,- dije causando que se irritara más,- pero si quieres saber... el se llamab... el se llama Boomer.-

-¡Burbuja!- la voz de mi hermana mayor me tomo por sorpresa ya que nos íbamos a encontrar en la plaza principal y de ahí íbamos a regresar a la cabaña.

-¡Aquí estoy!- dije sacudiendo mi brazo al ver a Bombón al final del pasillo.

Mi hermana llevaba en una mano carpetas y cuadernos que significaban mas tareas para mi y en la otra llevaba carne, patatas y otros ingredientes para preparar el platillo favorito de Bellota. Di la vuelta para despedirme de Caleb pero el ya no estaba, me llenó de preocupacion y angustia que se hubiera ido molesto por mi confesión, pero ya no podía negar estos sentimientos que llevaba dentro. Boomer había sido mi primer amor, como ya le había contando a Caleb, había sido un amor inocente como la de los infantes que eramos, pero mas que nada había sido sincera. A pesar de haber pasado el tiempo, no pasaba un día que no recordara grandes orbes azules como el mar, mirandome con estima y admiración- pero para mi hermana mayor él no era sincero y solo me estaba usando para destruirnos.

Mi hermana que nunca se equivoca nunca estuvó mas equivocada.

-¿Pasa algo?- mi hermana de ojos rosas me preguntó con voz serena, sin embargo sus ojos mostraban su verdadera preocupación.

-No es nada,- le contesté con una sonrisa en mi rostro,- vi a uno de nuestros compañeros del colegio y solo estabamos platicando, no fue la gran cosa.-

Bombón solo asintió con su cabeza y ya no hizó mas preguntas, algo que no era muy comun en ella. Pagamos por los articulos y comenzamos nuestro camino de regreso a nuestro escondite en el viejo auto del Profesor. El punto era llamar la atención lo menos posible y si volabamos o si eramos escortadas por el servicio secreto de Saltadilla, solo causaríamos llamar la atención. Por el camino, solo hicimos conversación superficial, le pregunté como estaban todos en el colegio y con una sonrisa ella me contestó que todos estaban bien. Ella me preguntó sobre el compañero de clase que había visto en la tienda de abarrotes y le contesté con la verdad. Ella sonrio pero podía notar la preocupacion de sus ojos ya que no sabíamos mucho de Caleb- ni de los otros dos chicos que habían entrado a nuestro colegio y habían estado en la fiesta unos días antes de que fuera atacada Bellota.

Llegamos a la casa y mientras que mi hermana mayor se fue a la habitación de Bellota para ver como se encontraba, yo comenzé a organizar la cocina para preparar los pastelillos. Lo que mas me gustaba de la cocina era la gran ventana en la pared opuesta del horno que permitia mucha luz entrara y tambien mostraba un bello paisaje del frondoso bosque y un hermoso lago situado al pie de una montaña.

Si tan solo no estuvieramos aqui porque nuestra vida corre peligro, estas serían unas lindas y bien merecidas vacaciones.

Mientras preparaba los pastelilos no pudé evitar sentir una extraña sensacion de que alguien me estaba observando. Terminé los preparativos y metí mis pastelillos en el horno para que se cocinaran en lo que yo veía una de las peliculas que había rentado el Profesor ya que no se nos permitía usar el internet por nuestra seguridad. Con toda honestidad, no le estaba poniendo atencion ya que un pesado sueño invadio mis sentidos y mis ojos pesados perdieron la batalla y se cerraron con gran cansancio.


-Siempre que siento que alguien me observa, siempre encuentro su mirada posada en mi,- sentí escalofrios correr por mi cuerpo al sentir la pesada mirada del hombre que me había salvado la vida hace unos días atras.

-Te esta cuidando,- me respondio mi querida señorita pelando manzanas que le había ordenado Khadija.- Aunque no lo creas, Mandisa, Rashid esta todavia muy enamorado de ti.-

Sentí mis mejillas sonrojarse, sin embargo...- Cuando lo miro a los ojos, solo veo frialdad y seriedad.-

-Mandisa,- la voz de mi querida Amisi mostraba aquel cariño maternal que tanto extrañaba.- si sus ojos reflejaran el amor que el siente por ti la vida de ambos correría mucho peligro,-

Mordí mi labio pensando que Amisi tenía toda la razón, el odio del Sultán era tan grande que no se tocaría su frio corazón ni por el mensajero de Alá y nada me traeria mas dolor que causar la muerte de el hombre que mas amo en esta vida. Sin embargo, no podia evitar sentir tristeza al ver la indiferencia de Rashid hacia mi persona. La noche que se le fue ordenado llevarme a su casa se fue directo a sus aposentos dandole instrucciones a uno de sus sirvientes que me llevara a los aposentos de las visitas, ya que su ansiano sirviente me habia reconocido como una vieja amiga de la familia. Desde entonces, la escasas ocasiones que cruzabamos nuestros caminos era solo cuando ibamos al palacio y cuando era hora de regresar a su hogar.

Puse mi mirada sobre mi señorita, ella seguia pelando las manzanas con movimientos rapidos pero sobre todo agraciados, era increible ver como a pesar de estar haciendo una tarea tan mundana aun se parecia toda una dama de sociedad. Era de esperarse, ya que ella seria desposaba por un hombre con gran poder y estatus social en Arabia. Pero eso habia cambiado cuando comenzó la gran guerra, y por mi culpa ella ya no era mas que una simple esclava de un mimado. Bueno, se me era dificil continuar mis malos pensamientos hacia él, ya que no solo había permtido regresar al palacio y cuidar de mi Señorita, sino que tambien me permitía ayudarle para que sus tareas no fueran tan pesadas para ella. Tal vez el mimado Sultán no era tan malo como lo habia pensado.

-Es hora de irnos- la fria voz de Rashid me sacó de mis pensamientos y al parecer tambien tuvo el mismo efecto con mi querida Amisi.

-Rashid, ¿no es posible que se pueda quedar hoy conmigo?- la voz de mi Señorita estaba envuelta de un poco de esperanza y otro poco de suplica.

-Sabes que eso no depende de mi, Amisi,- Rashid respondió un poco molesto, sus ojos azules evitaban mi rostro a como de lugar, llenando mi corazón de tristeza.- Ademas, el Sultán ha pedido una audiencia con ella y solo me puedo imaginar para que es.-

-Pero no le puede hacer daño, ya que si lo hace me dara mi libertad y eso jamas lo permitira,- Amisi contestó con un poco de amargura al saber que nunca veria su libertad mientras que el Sultán viviera.

-No lo se, pero lo mejor sera que ella no pase mucho tiempo en el palacio,- la manera en la que Rashid se referia a mi con tanta frialdad e indiferencia causaba que mi conrazon se estremeciera de tristeza.- Al menos hasta que el Sultán pierda la curiosidad por ti.-

-Entiendo,- dijo ella dejando salir un suspiro que demostraba completa decepcion.- Te veré al amanecer y que Ra te proteja.-

-Igual a ti.- Me despedí de ella dandole un fuerte abrazo y dí la vuelta para seguir a Rashid a su hogar.

Subimos al carruaje preparado por el Sultán en un silencio que pesado que inundaba mis oidos. Todo el camino no dirigió ni una mirada a mi dirección, y mucho menos una palabra- su rostro solo mostraba frialdad e indiferencia y un aire de disgusto por tenerme en su presencia. Llegamos a su hogar y despues de despedir al cochero se retiro a su estudio donde era sumergido por lecturas- como todas las noches. Yo, por otra parte, siempre me escondia en el jardin con un pergamino que me habia regalado Amisi cuando eramos niñas, y practicaba mi lectura.

-Señorita,- la voz de Said, el sirviente de Rashid que me reconoció, me sacó de mi lectura,- mi Señor ha pedido su presencia en el Salón principal.-

-¿Rashid quiere hablar conmigo?- la sorpresa de mi voz no podia ocultarse.- ¿Usted... sabe por que?-

-No, Señorita,- el contestó, un poco sorprendido de que me hubiera referido a su Señor por su primer nombre.- Solo se que el la esta esperando.-

Tragué saliva y escondiendo mi pergamino en mis ropas, seguí a Said a donde me esperaba mi amado Rashid- que parecia odiarme desde el momento que nos volvimos a ver. En cuanto estuve en frente de la habitacion donde se encontraba Rashid, mis manos comenzaron a sudar y mi coazon a palpitar con mas velocidad. Said me anuncio y despues salio de la habitacion cerrando la puerta detras de el, creando una atmosfera pesada e incomoda. Por la manera en la que estaba acomodada la habitacion, no podia ver mas que su espalda, pero no necesitaba ver su rostro para saber que sus ojos eran frios y sus labios formaban una linea recta reflejando su seriedad.

-Rashid...-

-El Sultán te hará preguntas sobre ella,- la voz de Rashid era mas calcuradora y seria que antes haciendo que invadiera el miedo de hablar con el Sultán,- esta obsescionado con averiguar como se conocen Amisi y Kaliq, en particular. No le digas que ellos estan comprometidos. El Sultán sabe del compromiso entre Kaliq y una egipcia y lo descrubira todo si hace la conexion entre su esclava y la egipcia al que Kaliq estaba comprometido.- Por fin sus ojos azules se encontraron con los mios, y por el miedo que encontre en ellos yo hubiera deseado no verlos.- Recuerda que la unica razon por la que Amisi aun esta viva es porque el Sultán no sabe que ella tambien es Egipcia.-

-Lo entiendo...- dije agachando mi mirada y pensando ya en las respuestas que daria para satisfacer la curiosidad del Sultán sin poner la vida de Amisi en peligro. Un pesado silencio volvio a caer sobre nosotros.- Lamento haberte puesto en esta situacion...-

-¿En qué estabas pensando visitando a Amisi en el palacio del hombre que no puede esperar a asesinarte?- dijo tomando mis brazos, enterrando sus dedos en mi piel con fuerza y con enojo explosivo, como si llevara dias reprimiendo esas emociones.- Tienes suerte que el Sultán este obsesionado con Amisi o te hubiera asesinado en cuanto te vio.-

-¿Y eso a mi que me importa?- a pesar de que el estaba tan cerca de mi lo sentía tan lejos que mi corazón se sentía frío.- Ya perdí lo único que valía la pena en mi vida. Mi mejor amiga que más bien amo como una hermana vive como esclava por mi culpa y tú... tú ya no me amas... si esa es mi vida ya no la quiero.-

El me jalo a un abrazo que me tomo de sorpresa. Puse mis brazos al rededor de el y deje que las lagrimas salieran de mis ojos. ¿Por que era el destino tan cruel? Me había enamorado de un hombre que jamás sería mío, no solo por nuestro estatus social tan diferente, sino también por el odio tan inmenso que le tenía el Sultán a mi pueblo.

-Te extrañe tanto,- dijo él en un susurro haciendo que mis ojos se dilataran de la sorpresa, que me lleno el alma de amarga alegría.-La ultima vez que escuche de ti fueron noticias de tu matrimonio.-

-Fue un matrimonio arreglado por mi padre pero no lo permití,- le conteste alejándome para ver su rostro. Sus bellos ojos ya no me miraban con frialdad o seriedad, sino que con la ternura que tanto añoraba,- Amisi me ayudó tomándome como su mano derecha pero mi padre no me volvió a dirigir la palabra. Despues comenzó la gran guerra y no volví a saber de el...-

-Lamento escuchar eso,- su voz era sincera mientras acariciaba mi mejilla con su pulgar.

-Mi padre jamás fue mi padre,- dije con tristeza,- los padres de Amisi me trataron con mas cariño que él que me dio la vida. Además, fue gracias a ellos que te conocí y eso siempre se los voy a agradecer.-

-Ya no quería amarte,- confesó, su rostro llenándose de desesperación,- quería olvidarte para que pudieras vivir tu vida y yo la mía. Pensé que lo había hecho, especialmente después de escuchar que te ibas a casar... pero después te vi en la corte del Sultán y supe que nada haría que salieras de mi corazón.-

-Rashid...-

-Si he sido frío contigo es para que mis emociones no me traicionen,- el continuo mirándome fijamente a los ojos haciendo que mi corazón latiera más rápido.- Mandisa... Si el Sultán se entera nos matara a ambos y no voy a permitir que te quite la vida por mi culpa.-

-A mi no me importa morir si es a tu lado.- le contesté con honestidad sintiendo lagrimas en mis ojos.

-Lo convenceré,- dijo él con seguridad,- haré que el Sultán perdone a tu pueblo... así el no se opondrá cuando le diga que te quiero tomar como mi esposa.-

Sentí una gran alegría invadir mi cuerpo y en un momento de valentía, acerqué mis labios a los de el. Mi primer beso y no se lo podía haber dado a nadie mas. Yo me había enamorado de el desde el momento que lo vi. Mi corazón supo desde el primer instante que vi sus bellos ojos azules que él era con quien debería estar el resto de mi vida.

Sentí como regresaba el beso con una pasión que despertaba en mi sentimientos que jamás había experimentado antes. Sus manos me tomaron por la cintura acercándome mas a su cuerpo haciendo que mi piel ardiera.

-¿Quieres ser mi mujer?- me pregunto entre besos, jalando la túnica café que cubría mi cuerpo.

-... Siempre.- le conteste quitando mi velo dejando que mi cabello cayera en cascadas.

Su boca regreso a la mía mas hambrienta que antes empujándome contra una pared haciendo más presión entre nuestros cuerpos.

Yo lo amo... y siempre lo amare...


Fue el sonido de la alarma que me despertó de aquel sueño tan extraño. Limpiando mi rostro que había sido empapado una vez mas por las lagrimas fui a la cocina para sacar los postres del horno. Una vez mas tuve esa extraña sensacion de que alguien me estaba observando y no pude evitar recordar mi sueño.

Cuando sentia que alguien me observaba era porque el hombre que yo amaba tenia su miraba posada en mi.

Tomé un postresillo en particular que había preparado especialmente para el y lo decore esperando fuera de su agrado. Dejando que los otros postres de enfriaran subí a mi habitación con la excusa que quería tomar una siesta. Una vez segura de que nadie me molestaría, salí por la ventana y me adentre al bosque.

El estaba aquí. Era una teoria, una idea loca, pero algo muy dentro de mi me decia que mi idea no era tan loca.

Siempre había uno de ellos observándonos y yo estaba segura que lo había visto anoche por mi ventana. Una vez estaba lo suficientemente lejos de la cabaña, me armé de valor para enfrentarlo, despues de todo, habia la posibilidad de que no fuera él observandonos hoy. Pero esa pesada mirada sobre mi...

-Sal, por favor, quiero hablar contigo.- dije en voz alta esperando no llamar la atencion de mis hermanas. Al no ver ni escuchar ningun movimiento, pusé el postre en un tronco y me alejé de el,- te traje esto... en son de paz... si no quieres hablar... lo entiendo... que tengas un buen día...-

-¿Que estas haciendo aquí?- su voz era seria. Lo busqué por todos lados hasta que lo encontré escondido en la obscuridad de los arbustos. Sus ojos azules fríos me calaban los huesos.- ¿Acaso quieres que te mate?-

-¿A mi que me importa que me hagas? Tu ya no... ya no sientes nada por mi,- dije con amargura muy familiar, como si ya la hubiera experimentado antes.

Su rostro se llenó de enojo y el se deshizo la distancia entre nosotros en unos segundos tomándome de mis hombros,- ¿Que ya no siento nada por ti?- su voz estaba llena de un sarcasmo amargo y seco- Brick dejo que un edificio de dos toneladas le cayera encima a Bombón y Butch casi le arranca la cabeza a Bellota. ¿Cómo puedes decir que no tengo sentimientos hacia ti si he hecho todo lo posible por no hacerte daño?-

Su revelación me lleno de sorpresa, que fue rápidamente remplazada por alegría a alivio de que aún no era demasiado tarde. Armada de valor me paré sobre las puntas de mis pies, ya que el siempre había sido un poco más alto que yo, y cubrí sus labios con los míos. Fue un acto inocente que el rápidamente convirtió en algo más devorando mis labios con pasión. El soltó mis brazos para enredar los suyos en mi cadera mientras que mis manos se acomodaban en su nuca enredando mis dedos en su cabello rubio. Sus labios se sentían extrañamente familiar… yo ya había besado estos labios y no eran los de Boomer…

-¡Caleb!- dije en un sorprendido suspiro rompiendo el contacto de su boca con la mía.

-No le digas a nadie,- era una orden y una petición al mismo tiempo admitiendo su engaño de pretender ser un humano cualquiera que asistía a mi escuela.-Así podré besarte y regalarte chocolates sin que nadie nos critique- su sonrisa se volvió un poco picara- y no seria completamente a escondidas como antes.-

-Pero entonces… eso significa que… tu escuchaste todo lo que dije en la tienda hace rato…- sentí mis mejillas arder de vergüenza y escondí mi rostro en su pecho para no ver su rostro.

-Si lo escuche todo,- dijo dejando una leve risa escapar sus labios mientras envolvía sus brazos al rededor de mi,- aunque tengo que admitir, hiciste que me dieran celos de mi mismo por un instante. Ya estaba a punto de buscar al idiota que te había enamorado y romperle el rostro sin darme cuenta que me estaría golpeando a mi mismo.-

-¿Te dieron... celos?- pregunte en voz baja, con mi cara color carmín aun escondida en su pecho.

-Si, si sentí celos de que ya no querías besarme porque pensabas en otro.- su voz era seria pero cálida, completamente lo opuesta a lo que fue hace unos momentos.- De verdad haría lo que fuera por ti.-

-¿Entonces... podrías convencer a tus hermanos de que olviden su venganza?- me arrepentí de mi petición en cuanto dejo mis labios. Boomer me soltó y puso distancia entre nosotros, su mirada fría había regresado y remplazado los ojos cálidos que yo tanto amaba.

-Burbuja, yo te perdono porque te amo,- dijo él con seriedad haciendo que mi corazón latiera con más rapidez.- Pero no por eso le voy a quitar a mis hermanos el derecho que tienen a vengarse. Lo que tú y tus hermanas hicieron fue mas que cruel. Nos encerraron en el laboratorio de Mojo, nos quitaron nuestros poderes y activaron el volcán para que muriéramos quemados vivos. Si mis hermanos deciden asesinar fríamente a tus hermanas tienen mi bendición... por mucho que yo te ame y aunque signifique perderte para siempre.-

En la mitad de su confesión, mis ojos se llenaron de lagrimas que rápidamente empaparon mis mejillas, pero no era de dolor sino de culpa. Boomer tenía toda la razón por sentirse como se sentía al igual que sus hermanos. Bombón estaba decidida a destruirlos y no pensó que la manera en la que lo había escogido había sido inhumana. Ahora ellos querían venganza y no podía obligar a Boomer a que convenciera a sus hermanos que no era lo correcto. De lo contrario, yo estaba agradecida que él tuviera el corazón de perdonarme porque a pesar de que no tuve nada que ver con el plan o su ejecución, tampoco hice nada para defenderlo o advertirle lo que Bombón planeaba hacer.

-Tienes toda la razón, y te pido perdón...- un sollozo se escapo del fondo de mi alma,- Bombón se va a entregar a Brick a cambio de que no nos hagan daño a mi y a Bellota.-

-¿Se va a... entregar...?- los ojos de Boomer mostraban gran sorpresa y confusión, tal vez el también pensaba que era una locura.

-Eso dijo ella,- me limpie la cara con la manga de mi suéter azul,- ella va a tomar toda la responsabilidad del ataque y espera que con eso calme un poco su ira.-

-Pues lo dudo, Butch esta hecho una fiera,- confesó Boomer y eso me hizo temer aun mas por el bienestar de Bellota.- Ademas, no porque tu hermana este enamorada de Brick quiere decir que eso calme su enojo...-

-Que mi hermana esta... ¿que?- su ultima oracion me lleno de gran confusion.- ¿Como sabes... quien te dijo eso?-

Una sonrisa amarga se apodero de sus labios- Bellota se lo confeso a Butch cuando casi la asesina. Al parecer fue por eso que decidio deshacerse de nosotros.-

Mis ojos parpadearon en confusion, no podia entender porque Bellota diria una mentira de esa magnitud, pero si lo hizo tuvo que haber tenido una buena razon y yo no iba a arruinar su plan.

-Me temo que... es verdad...- dije con un suspiro que esperaba mostrara tristeza y culpa. La verdad sentia culpa por mentirle a Boomer, pero tenia que ver por el bien de mis hermanas en esta situacion.- Cuando Bombón descubrio que su corazon la habia traicionado se volvio fria con todos, temia que Brick usara esos sentimientos no bienvenidos en su contra.-

-Eso no amerita lo que hizo,- dijo haciendo una mueca de molestia, que mas bien parecia un puchero.- Aunque... tu decias tener sentimientos hacia mi y eso no hizo que te detuvieras en llevar a cabo el plan de tu hermana.-

Sus palabras me cayeron como una cubetada de agua fria, haciendo que la culpa regresara a mi con mas intensidad cuando pose mi rostro en una extraña cicatriz en su cuello. Me acerqué a el con pasos seguros hasta que solo quedo unos centímetros de distancia entre nosotros. Una vez mas me arme de valor para besarlo fugazmente,- Si cambias de parecer y decides vengarte... que sea rápido, por favor.-

Me di la vuelta y con velocidad sobrehumana regrese a la seguridad de la cabaña, de las sabanas de mi cálida cama, y no pude mas que llorar. A pesar de que Boomer me había dado la mas grande felicidad de mi vida, la vida de mis hermanas aun estaba en peligro. No había manera de detener la venganza de los chicos y el miedo que me inundaba al pensar que el fin se acercaba era mas grande que la felicidad de saber que Boomer aun me amaba.

Continuará...

Mientras escribia el otro capitulo me di cuenta que este capitulo podia ayudar mas a la trama de lo que originalmente pense. Una vez mas, perdonen por los errores gramaticos y las faltas de ortografia.