Este capítulo fue escrito porque comencé el siguiente capítulo sin darme cuenta que, de acuerdo a la estructura de Noches, tenía que escribir un punto de vista de las chicas así que me vi obligada a escribir el punto de vista de una de ellas. Espero que les guste y para las personas que habían esperado el capítulo de Bellota deseo que la espera no haya sido en vano y que sea de su agrado.

¡Disfruten!

Noches de Arabia

Otro obsequio más.

Sonreí sardónicamente al encontrar el bello collar de oro, con una hermosa piedra de jade colgando de él, que aquel engreído me había obsequiado.

Abdul.

Solo ese idiota se creía su mentira. No había un alma viva, ni muerta, en esta tierra ni en las arenas vecinas que no supiera quien era el hijo del General que trajo la perdición a mi amado Egipto. Esos ojos verdes, heredados de demonio a demonio, eran inolvidables, y lo eran aún más cuando brillaban con el odio con el que brillaron los ojos de su padre cuando asesinó al mío, el Faraón de Egipto. Ese día, su padre me arruinó la vida cuando me arrebató a mi padre, mi hogar y mi futuro, y se llevó su anillo, el anillo de soberano, como trofeo y obsequio para su Sultán. Ese día estaba grabado en mi memoria, atormentando mis pesadillas, alimentando a mis demonios y mi sed de venganza, la cual se engrandecía con cada día que pasaba.

-¿No te gustó tu obsequio?- la voz de Fakhir hizo eco en el silencio de la madrugada haciendo que mi piel se erizara de la rabia que su presencia me causaba.

-¡Abdul! ¿Cuándo llegaste?- pregunté con la voz más tímida, débil y gentil que pude fingir, manteniendo mi papel de damisela indefensa para que no descubriera mis verdaderas intenciones.

-Antes de que saliera el sol,- el respondió dejando salir un suspiro cansado, sus ojos que normalmente brillaban con picardía estaban opacados con lo que parecía ser estrés.- Luego te traigo otro obsequio.-

-No es eso,- respondí con suavidad falsa relajando mi rostro para mostrar tristeza y decepción en un puchero que un hombre como el consideraría… adorable.- No me gusta que compren mi libertad con objetos, sin importar lo preciosos que sean.-

-Pronto iras al palacio,- fue su respuesta dejándose caer en una de las sillas de almohadones.

-¿De verdad?- dije con sincera emoción dándole la espalda. En el palacio podría quitarle la vida al Sultán, tal como había sido planeado desde un principio, hasta que termine atrapada en este lugar.- Abdul, esas son excelentes noticias.-

Al no escuchar una respuesta, di la vuelta y puse mi completa atención sobre aquel hombre que se había vuelto mi única compañía en este encierro. Sus ojos estaban cerrados y había dejado caer su cabeza hacia atrás, los míos se enfocaron en su cuello pensando en lo sencillo que sería quitarle la vida en ese instante, desafortunadamente él era mi entrada al palacio y lo necesitaba vivo. Caminé alrededor de la silla y me detuve detrás de él, puse mis manos sobre sus hombros y con suma delicadeza, comencé a masajearlos sobre la tela de su túnica. Un leve gemido escapo sus labios, y utilice toda mi fuerza de voluntad para no estrangularlo en ese instante.

-¿Por qué el General me compra tantos obsequios?- pregunte masajeando sus hombros, observando su rostro que se mostraba más relajado.

-Porque quiere que tú te enamores de él.- dijo en un suspiro manteniendo sus ojos cerrados.

Él era verdaderamente un hombre atractivo y sus atenciones eran consideradas, pero su padre y el mío habían sellado nuestros destinos y a menos de que pudiéramos volver a nacer nunca seriamos nada más que enemigos.

Sacudí mi cabeza alejando ese pensamiento de ella,- No se puede comprar el amor con obsequios.-

-Él no sabe cómo demostrar su amor de otra manera,- el respondió dejando salir otro suspiro causando que mordiera mi labio inferior.- Sus padres no eran las personas más amorosas del mundo. Su padre era un general y su madre se casó con él por un arreglo entre sus familias, y solo tuvo a su hijo por obligación. En cuanto comenzó la guerra ella se fue a un lugar seguro, dejando a su único hijo con la excusa de que él tenía que aprender a ser un general como su padre y no aprendería si no estaba observándolo directamente.- Dejo salir una risa corta, seca, y amarga,- tengo entendido de que se volvió a casar y tiene una hija que si ama con un hombre que si ama.-

-No… no sabía eso…- dije con sincera sorpresa a su honestidad pero con falsa simpatía ya que esa vida era lo menos que merecía después de que su padre me arrebato al mío.

-Sin embargo…,- sus ojos se abrieron un poco observándome con cautela,- creo que el hecho de que está intentando se merece el beneficio de la duda.-

-Tal vez…- dije fingiendo una risita coqueta,- aunque si me dejara visitar a mi caravana de vez en cuando lo apreciaría más …-

Otro suspiro salió de su boca escondiendo una leve risa, dejando caer su cabeza hacia adelante, dándome mejor acceso a su nuca. Mis ojos se llenaron de sorpresa al encontrar un símbolo muy familiar adornando su piel causando que algo frio corriera por mi espalda. Mis dedos comenzaron a hacer pequeños círculos sobre aquella marca sintiendo mi corazón llenándose de odio y tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para no asesinarlo en ese instante. Este símbolo cargaba el peso de la historia de mi pueblo y siglos de tradición y pensar que uno de los últimos privilegiados en aprender las artes secretas de los Guerreros de Anubis, un arte de defensa ya muerta, había sido el hijo de aquel monstro que asesino a mi padre, hacía que cada centímetro de mi piel se retorciera de odio.

-No soy Egipcio,- dijo el con una leve risita, y fue que me di cuenta que la mano que aún se encontraba sobre su hombro lo estaba apretando con fuerza.

-Esta marca le pertenece a la guardia real del Faraón,- le conteste con un tono seco, ya que el enojo que sentía no me permitía fingir esa debilidad con la que le había engañado por tanto tiempo.- Solo los cercanos al Faraón tienen el privilegio de entrenar y aprender de ellos.-

-Alguna vez, mucho tiempo atrás, cuando las arenas de Arabia y Egipto se mezclaban en amistad, el hijo del general fue invitado a entrenar con ellos ya que su reputación como guerrero superaba la de su padre a su edad.- Dejo caer su cabeza hacia atrás nuevamente, y con ojos entreabiertos y expresión seria, encontró los míos. Una sonrisa pícara se apoderó de sus labios,- yo tomé su lugar en los entrenamientos y pretendí ser él, porque él no quería perder su tiempo entrenando en Egipto cuando prefería entrenar con el Sultán.-

-¿Cómo no te descubrieron?- pregunté fingiendo una risita para aliviar el aire pesado y regresar a mi falsa personalidad, aunque un poco de sarcasmo e incredulidad envolvían mis palabras.

-En esa época, nadie conocía al hijo del General ni su apariencia - el respondió con una sonrisa pícara.- No fue difícil dar un nombre a los sirvientes del Faraón y ellos simplemente no hicieron preguntas.-

Excepto que si lo hacían, especialmente cuando se trataba de nuestras más preciadas tradiciones. Nadie entraba al salón de entrenamiento de los Guerreros sin que todos los guardias estuvieran informados, hasta mi padre sabia quienes iban a heredar nuestras artes de defensas, ya que él era quien preparaba la tinta personalmente con la que se marcaban a los que pasaban las pruebas. Si Fakhir aprendió a pelear como un Guerrero de Anubis, todos en el palacio, incluso yo que no tenía ninguna autoridad aun, lo hubieran sabido.

-Tuviste suerte… tengo entendido de que si te hubieran descubierto te hubieran asesinado,- y seria rápido si mi padre estaba de buen humor con sus soldados y normalmente nunca lo estaba. Yo solo lo veía sonreír cuando mi madre estaba con él.

-Bueno… el hijo del general dio un nombre falso desde un principio,- una risa culpable escapo sus labios mientras el cerraba sus ojos de nuevo.- Así que el hombre que los entrenaba no esperaba que un niño de nombre Fakhir estuviera en su clase… por eso fue tan fácil que yo tomara su lugar…-

-¿Por qué el hijo del General cambio su nombre?- Resumí mi labor masajeando sus hombros, sintiendo cada musculo relajarse bajo mi toque.- Mi abuela le enseñaba Árabe a la princesa y ella nunca le menciono que el hijo del General de Arabia entrenara con los Guerreros del Faraón.-

-¿Tú la conociste?- sus ojos se abrieron de repente enfocándolos por completo en mi rostro poniéndose de pie.- ¿A la princesa?-

-¿Y-yo…? N-no…- su interés tan repentino me tomo por sorpresa haciendo que se me olvidara lo que había ensayado si el tema relucía,- yo… mi abuela la conoció, era su instructora ya que el Faraón quería que su hija pudiera negociar con las arenas vecinas personalmente sin traductores… yo nunca la vi en persona.-

-¿Qué le paso a ella?- el pregunto con una extraña sequedad y un poco de lo que parecía ser melancolía haciendo que me llenara de confusión,- ¿Qué le paso a la princesa? ¿Qué le paso a… Ahmanet?-

La manera en la que dijo mi nombre hizo que un extraño sentimiento se apoderara de mi interior.- Murió… el mismo día que mi abuela…- conteste en un susurro y note con suma confusión como asentía con resignación, como si hubiera esperado otra respuesta pero estaba preparado para lo que había escuchado.

-Cambió su nombre porque no quería que el peso de su reputación y la de su padre influenciaran la evaluación de su maestro.- Respondió dándome la espalda con el mismo tono seco de antes.- se hizo llamar con un nombre Egipcio para no levantas sospechas.-

-¿Cómo se hizo llamar?- pregunte con una voz suave, esperando poner fin a esta confusión e incertidumbre que apretaban mi pecho con cada instante.

El solo me dedico una mirada sobre su hombro y antes de desaparecer en la obscuridad de su habitación el respondió,- Tarek.-

Al mencionar ese nombre sentí como mi corazón se detenía y todo se volvía obscuro.


Abrí mis ojos de repente, sintiendo mi corazón latiendo con gran velocidad mientras llevaba una mano a mi frente, la cual estaba empapada en sudor. Mi habitación estaba obscura, las maquinas que me habían auxiliado en mi recuperación después de mi encuentro Butch aún estaban aquí, pero se encontraban apagadas, dejando a la luna ser mi única luz.

Tarek.

Ese nombre hacía eco en mi cabeza como si tuviera suma importancia, pero ella había decidido bloquear nuestra conexión al escucharlo. Con un pesado suspiro escapando mis labios, salí de mi cama para mirarme al espejo y enfrentarla, pero solo encontré mi rostro haciéndome saber que ella no estaba. Fui a mi mochila y saqué su diario, pero las paginas estaban vacías, mostrando nada nuevo desde nuestro último punto de comunicación hace tres días. El diario era un libro viejo, pero sorprendentemente bien conservado, que encontré por accidente cuando tuve que hacer un proyecto sobre el Antiguo Egipto para subir mis calificaciones lo suficiente para poder volver a jugar en el equipo escolar.

Aquel diario solo empeoro mis pesadillas de una vida antigua, pero comencé a tener respuestas a mis preguntas cuando descubrí que las páginas del diario se llenaban según pasaban los días. También descubrí que los espejos servían como forma de comunicación, pero eso solo funcionaba cuando ella quería comunicarse, ya que yo no podía crear esa conexión de mi lado. Pero la manera más común de hacer notar su presencia era causando un extraño zumbido en la parte de atrás de mi cabeza- que se volvía más fuerte dependiendo en la urgencia de hablar conmigo, pero que ahora estaba completamente ausente.

-¿Dónde estás?- pregunte en un suspiro frustrado.

Agarre mi mochila de nuevo y saque un viejo mapa que ella me había regalado con el que podía ver donde estaban mis hermanas y los chicos, pero también donde estaba ella y su captor. Abrí el mapa sobre mi escritorio y concentré mi poder en mi mano hasta que una leve aura verde emanaba de ella. Toque el mapa con mi dedo índice, y los garabatos que no tenían sentido hace unos instantes, ahora me mostraba una luz, que representaba a ella, en la mitad del desierto.

Mordi mi labio inferior con molestia, el brillo mostraba que ella estaba viva, lo que significaba que solo me estaba evitando. Aunque, esta habilidad no me mostraba si ella estaba herida o si la habían descubierto. Volví a intentar frente al espejo sol para encontrarme con mi reflejo, cansado y molesto. Mi cuello ya no mostraba cicatrices de la batalla con aquella criatura que casi nos destruye a Burbuja y a mí. Sentí mi piel erizarse con el recuerdo de como en menos de dos segundos Butch y Boomer se encargaron del monstro que Burbuja y yo nos habíamos tardado tanto en solo causarle un poco de daño.

Boomer creo un escudo de fuerza que desintegro los picos que el monstro había lanzado contra nosotras, mientras que Butch disparaba un poderoso y potente destello de energía verde que no solo pulverizo al monstro, sino también destruyó una montaña que se encontraba en las afueras de Caravilla, nuestra ciudad vecina. Una vez la conmoción del ataque de Butch terminó, nos dedicaron una mirada sobre sus hombros y sin decir nada, desaparecieron en el cielo con aquellos rayos verde y azul. Esa misma mañana, antes de que el ataque sucediera, Ahmanet me había advertido del poder de Butch y como estaba creciendo sin razón alguna, lo que me hacía pensar que ella sabía más de lo que me decía..

-Muy bien,- dije haciéndole saber mi molestia de su ausencia, sacando mi móvil y escribiendo un mensaje de texto,- si así quieres jugar, Ahmanet… así vamos a jugar.-


Lo estaba esperando en el muelle de Saltadilla, a pesar de ser otoño, aun hacia el suficiente calor en la costa para que hubiera suficientes… testigos. Sentí su presencia en cuanto llego, y no fue solo porque mi habilidad me permitía encontrarlo en cualquier parte del mundo, sino también por la manera en la que su mirada calaba mi piel. Nadie me había mirado de esa manera tan intensa antes y la manera en la que brillaban sus ojos hacían que escalofríos corrieran por cada centímetro de mi cuerpo.

-Me sorprende que salieras de tu escondite,- dijo el con un tono pícaro, sus ojos adornados por esos pupilentes color café que solo un idiota no se daría cuenta que eran falsos.- Pero me sorprende aún más que me llamaras a mi… a las tres de la mañana.-

-Me sorprende que decidieras venir,- respondí tratando de mantener mi voz seria ignorando como mi corazón se aceleraba al estar en su presencia.- Y que me contestaras… a las tres de la mañana.-

-Nunca me perdería la oportunidad para pasar la tarde contigo,- una sonrisa coqueta se apodero de sus labios y tuve que utilizar toda mi fuerza para no sonrojarme.

En algún momento de mi infancia, por alguna extraña razón y por el enfermo sentido del humor del destino, me comencé a sentir atraída por él. Cuando pasaron los años, me di cuenta que mis sentimientos no eran solo una atracción y que Butch me gustaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. Claro que cometí el error de admitírselo a mi hermana cuando teníamos doce años y su reacción fue formar un plan para destruirlos para siempre. Decirme que no aprobaba de mis gustos cuando se trataba del sexo opuesto hubiera sido suficiente.

-¿Por qué me buscas tanto?- pregunte sin rodeos observando como las olas se estrellaban en la costa.- Si estas tratando de ganar alguna apuesta, te aseguro que tu premio no cubrirá los gastos de tu funeral.-

-No es ninguna apuesta,- él dijo dejando salir una leve risita.- Simplemente pienso que eres una persona muy… interesante.-

-Yo interesante… claro…- esta vez no pude evitar que una sonrisa se apoderara de mis labios por su comentario.

-Hablo en serio,- dijo con una sonrisa y tono serio que hizo que mis rodillas temblaran.- si no fuera verdad no estaría perdiendo mi tiempo contigo, aunque a ti te guste otro, a mi tú me interesas.-

-Mentí sobre eso…- dije ignorando su pequeña confesión ya que seguramente era parte del gran plan de Brick para vengarse de nosotras.- Solo dije que me gustaba otro para que me dejaras en paz. Para mí, los sentimientos no son más que un símbolo de debilidad y falta de autocontrol.-

Sus ojos me miraban anonadados y solo sacudió la cabeza lentamente,- no esperaba menos de la gran Bellota Utonio,-

-¿Y qué se puede esperar de ti?- pregunte con una sonrisa desafiante.

-Un buen rato,- él dijo con una sonrisa pícara.

-Muy bien,- le dije tomando el dobladillo de mi camiseta y jalándola sobre mi cabeza revelando mi traje de baño.- Vamos a surfear.-

Lo tome de la mano y lo lleve donde había dejado las tablas de surf, ignorando la manera en la que mi corazón latía con gran velocidad. Sin embargo, esta no era la reacción que yo había esperado. No pude evitar sentirme preocupada al no sentir la presencia de Ahmanet, ya que normalmente ella aparecía cuando me encontraba con Butch, por una extraña razón. Ahora, ella no me contestaba, no sentía su presencia, no escuchaba ese zumbido tan familiar en la parte de atrás de mi cabeza y temía que algo le hubiera pasado en su época.

Solté su mano, me quité mis shorts de mezclilla dejándolos en la arena con mi camiseta y tomando mi tabla corrí al mar sin esperarlo o mirar a atrás. Pronto escuche el chapoteo de su tabla en el mar haciéndome saber que estaba detrás de mí, haciendo que me olvidara por unos minutos que él era mi enemigo y este día y estos momentos con el jamás se volverían a repetir. Montamos holas por unas horas, hasta la puesta del sol, y los tonos naranjas hacían que su piel se viera más bronceada, o tal vez se había tostado tras estar tanto tiempo bajo el sol.

Estábamos sentados sobre las tablas flotando sobre la marea al relajante vaivén ritmo de las olas. Por primera sentí una gran paz interior que no sentía en muchos años, sin embargo, ella aun no aparecía y eso me llenaba de miedo, ya que su vida parecía influenciar la mía.

-Estas actuando de una manera extraña,- él dijo arqueando una ceja inquisitiva. Unas gotitas de agua adornaban su rostro, tal vez era sudor o agua de mar que seguía goteando de su empapado cabello.

-Si prefieres que sea fría contigo, mejor para mí,- dije soltando una risa corta con tono sarcástico.

-Es solo… curiosidad,- él dijo con cautela, tomando mi mano para evitar que la marea alejara nuestras tablas.- ¿Quién sabe? Tal vez eres tú la que está tratando de ganar una apuesta.-

Una risa escapo mis labios, y no pude evitar sentir un extraño vacío apoderarse de mi pecho.- Casi muero el otro día.-

-¿A qué te refieres?- preguntó con curiosidad delatando su verdadera identidad, ya que la gente común siempre decía que no era posible que una Superpoderosa muriera cuando hacíamos esos comentarios. Él sabía en carne propia que el Químico X no nos garantizaba la vida.

-Cuando esos monstros atacaron el Colegio, mis hermanas y yo íbamos a ser aniquiladas,- mis ojos se posaron en la isla Monstro que se encontraba a lo lejos.- De no haber sido porque nuestros… enemigos… intervinieron, hubiéramos muerto ese día.-

-Siempre pensé que los Súper Héroes no morían.- Escuche una risa seca salir de su boca. Mi piel se estremeció al escuchar el sarcasmo envolviendo cada palabra.

-Pues te espera una gran sorpresa en unas semanas,- conteste con tono humoroso para alivianar el aire pesado que nos había envuelto. Yo nunca fui la hermana seria, ese era el trabajo de Bombón, pero la culpa que me llenaba el corazón cuando lo veía hacia no me permitía actuar como si yo no fuera responsable de que casi le quitan la vida.

-¿Por qué unas semanas?- el pregunto arqueando una ceja. Tal vez pensaba que teníamos un plan para enfrentarlos, pero en realidad era todo lo contrario.

-Los monstros de la isla se vuelven más fuertes en el mes de Octubre es por eso que sus ataques se hacen más frecuentes por estas fechas hasta los primeros días de Noviembre,- respondí tratando de ignorar como su dedo pulgar hacia pequeños círculos sobre mi mano.- Al parecer quien sea que este bajo contrato con ÉL se vuelve más poderoso durante ese mes.-

-¿Cómo que bajo contrato?- su voz se volvió seria y su mano apretó la mía con fuerza olvidando que estaba fingiendo ser un ser humano débil y frágil. Butch siempre fue un pésimo actor.

-No se los detalles,- le respondí notando que sus ojos me observaban con cautela,- mi hermana Bombón es quien se pasó noches enteras con su nariz pegada a libros buscando información sobre el tema. Pero, por lo que tengo entendido, algunos monstros de la isla hicieron un trato con ÉL para hacerse más poderosos. Aunque tengo que admitir que este año el poder que emana de la isla es… descomunal…-

Sus ojos se posaron sobre la isla, y pude notar como los músculos de su frente se tensaban en profundo pensamiento. Desde que éramos niños, siempre pensé que Butch era apuesto, pero ahora que éramos mayores se me hacía aún más atractivo. Sentí mis mejillas sonrojarse tratando de ignorar lo cercano que estaba su cuerpo del mío y lo fácil que sería presionar mis labios sobre su mejilla.

-Tu no vas a morir, Bellota,- dijo rompiendo el silencio que nos había envuelto sin quitar su mirada de la isla.- Tu eres la persona más fuerte que conozco y si hay alguien que puede vencer a esos monstros, eres tú, Bellota-

-Nadie es inmortal… Drew,- dije su nombre falso apropósito para recordarme que esta extraña conexión que sentía con él no era más que una farsa creada por su hermano para vengarse de nosotras. Butch frunció el ceño posando sus ojos sobre mí, observándome con intensidad,- Aunque si he de morir, me da alegría tener una buena memoria que recordar.-

Sus rasgos faciales se tensaron, sus labios se hicieron una línea recta, y sus ojos reflejaban confusión y enojo que yo no entendía. El debería estar contento de que al fin tendría su venganza en contra de mí y de mis hermanas, sin embargo, su rostro no lo mostraba y eso me llenaba de confusión. Después de todo, Butch siempre fue un pésimo actor y no sabría esconder su alegría si eso fuera lo que el sintiera. Tal vez estaba confundido por mi resignación, y no lo podía culpar, ya que mis palabras sonaban como si me estuviera rindiendo. Pero en realidad, ya no tenía motivación para pelear por la "mejor causa" y por el bien del mundo, desde el día que cruce la línea de valiente a cobarde y de heroína a villana ya nada era igual.

Sin pensarlo dos veces, mi mano se posó sobre su pecho y sentí su corazón latiendo dándome la seguridad de que en realidad él había regresado y no era un truco de EL. Enterarme de su muerte no solo me había roto el corazón, si no también había despertado en mí una terrible depresión al descubrir que me había estado engañando yo sola todos esos años. Yo siempre había dicho que era la más valiente y que no le temía a nadie, sin embargo, aquel día que Bombón llevo a cabo su plan, no tuve el valor para detenerla, no tuve el valor para protegerlo, no tuve el valor para hacer lo correcto. Desde entonces una gran culpa me seguía a todos lados, y una pequeña voz me recordaba que mientras yo tenía la oportunidad de vivir mi vida y experimentar cosas nuevas, nunca le di esa oportunidad a él o a sus hermanos, sino todo lo contrario, yo se los había arrebatado. Butch puso su mano sobre la mía, lo que causo que buscara su rostro, el cual se mostraba serio, pero algo en sus ojos, que aún eran ese horrible café falso, brillaba con deseo. Su rostro se acercó al mío y no pude evitar cerrar mis ojos anticipando algo que había esperado por muchos años.

En un momento fugaz yo estaba bajo el agua, mientras escuchaba el eco de su voz llamando mi nombre con desesperación. Abrí mis ojos, sintiendo el ardor de la sal por una extraña razón, ya que el Químico X normalmente nos protegía de ese tipo de cosas, y me di cuenta que un tipo de pulpo gigante había enredado uno de sus tentáculos en mi tobillo. La criatura era un enfermo color café lodo, como si hubiera mutado de los desperdicios de los ciudadanos, tenía tres ojos y una marca adornaba su frente y, juzgando por el extraño brillo verde que emanaba de aquella marca, me hacía pensar que esa cosa estaba absorbiendo mi Químico X.

Ese monstro rugió mostrando una boca llena de colmillos un poco debajo de sus ojos, la cual se camuglajeaba por la extraña substancia que envolvía su cuerpo . Antes de que pudiera reaccionar, ese monstro también había atrapado a Butch enredándolo de la parte superior de su cuerpo inmovilizando sus brazos por completo. Observe como su rostro se llenaba de furia y me dirigía miradas tal vez debatiendo si quería revelar su identidad.

Si el supiera que yo ya se la verdad.

Pronto sentí los efectos de aquel monstro robando mi Químico X, ya que mi visión se empezó a nublar y una extraña sensación, como mi cuerpo y mi mente se separarán, me invadió por completo. Con la poca energía que me quedaba, la concentre en un disco de energía verde que iluminó nuestro perímetro y lo lancé contra el tentáculo que tenía atrapado a Butch, liberándolo del agarre del monstro.

Fue entonces que la obscuridad me envolvió por completo.

Si quieres que te diga lo que sucedió… aquí lo tienes… Bellota…


Habíamos llegado a mi caravana hace dos noches atrás, después de rogarle a aquel mimado de que me permitiera visitar a mi familia mientras estaban en el oasis. Después de unos minutos el accedió, y dejamos su escondite para adentrarnos en el desierto, donde tardarían semanas en encontrar su cuerpo sin vida. Mi querido amigo y mano derecha de mi padre, Atem, nos recibió con sorpresa ya que no esperaba nuestra visita, después de todo Fakhir me había comprado y el no esperaba volverme a ver a su lado sino como soberana de Egipto después de asesinar al Sultán.

Desafortunadamente el destino había decidido jugarme otra jugarreta de mal gusto y no tuve otra opción más que decirle a Atem la verdad sobre Fakhir. Atem mantuvo su rostro serio y compuesto, como siempre lo había sido en este tipo de situaciones, y sin hacer gran conmosion, me entrego su arma, un cuchillo con sus iniciales en jeroglíficos, un obsequio de mi padre, dándome una orden silenciosa de que terminara con la existencia de aquel embustero. Asenti, y mientras él y los demás se iban a resumir su viaje yo entre a los aposentos de Fakhir sin dificultad. Después de todo, los dos guardias que traía con él a todos lados, para asegurar que yo no escapara y que cuidaran de su vida, eran en realidad hijos de generales de Faraón que fueron asesinados por el Sultán. La mitad de los hombres en el ejercito del Sultán eran guerreros Egipcios que habían asesinado a hombres Árabes y usurpado sus lugares en sus tropas listos para levantarse en armas contra el Sultán. Fue por eso que, los dos hombres me dieron una reverencia, reconociendo mi estatus como futura Faraón de Egipto, y desaparecieron en la obscuridad de la noche para hacer con su 'señor' lo que me complaciera.

Entre a sus aposentos sigilosamente, con cuchillo en mano, utilizando la luz de la luna para guiarme a su cama, donde el descansaba. Él estaba dormido, su pecho desnudo estaba descubierto ya que las cobijas solo cubrían hasta sus caderas, y su rostro estaba relajado. Mis ojos se pasearon sobre su pecho, enfocándose en aquella cicatriz en su abdomen que le habían causado mis seguidores cuando me busco en Egipto. Aquella noche debí haberlo dejado morir, pero entendí que él era mi entrada al palacio, o eso fue lo que me dije después de salvarle la vida.

Con suma delicadeza me acerque a él, y con cuidado de no despertarlo, acerque mi filosa arma a su garganta. Sin embargo, mi mano se congelo y no pude conseguir la fuerza para cumplir mi cometido, una extraña voz en lo más profundo de mi mente me decía que esta no era la solución y que su muerte no traería paz a mi pueblo. Esa misma voz me recordaba todos los lindos detalles que él había tenido conmigo desde mi encierro y como él siempre había sido un caballero a pesar de que yo era su propiedad, sin embargo, cumplía hasta mi más patético capricho solo por mi afecto. Esta voz me hacía notar la manera en la que a veces sus ojos brillaban con pecado cuando me veía, y como su sola presencia hacía que mi sangre hirviera como nunca lo había hecho antes.

-Hazlo,- dijo con voz tranquila, sus ojos aún estaban cerrados y su rostro relajado y si no hubiera visto sus labios moverse hubiera pensado que había sido mi imaginación.

-¿No tienes miedo a morir?- pregunte entrecerrando mis ojos, observándolo con cautela.

-Nadie es inmortal… Galila,- abrió sus ojos con lentitud, diciendo mi nombre falso con lentitud marcando cada silaba de una manera que me hizo sospechar que supiera la verdad sobre mi.- Todos vamos a morir algún día… mañana… hoy… no importa… así que no queda de otra más que resignarnos a nuestro inevitable fin…-

-Me mentiste,- le dije haciendo todo lo posible por no permitir que mis emociones me traicionaran en ese instante, apretando su cuello con el filo del cuchillo, sin embargo el no retrocedió.

-No eres la primer persona a la que le miento,- dijo con arrogancia, un extraño brillo desafiante nublaba sus ojos de una manera que me estaba haciendo enojar.- Tampoco vas a ser la última.-

-Es muy sencillo para ti engañar a las personas,- dije entre dientes, apretando el cuchillo con fuerza mientras enterraba mis uñas en la palma de mi mano libre.- Debe ser heredado de familia ¿no es verdad… Fakhir?- sus rostro se mantuvo serio como si hubiera estando esperando que descubriera la verdad, y eso me llenaba de más rabia.- Porque ese es tu verdadero nombre ¿no? No es 'Abdul' como me hiciste pensar…y mucho menos eres…- mordí mi lengua para que aquel otro nombre, el que me habia causado más dolor, no escapara mis labios en mi rencor.

Tarek… mis ojos se llenaron de lágrimas al sentir la traición y decepción de que aquel amigo de mi infancia… de que mi primer amor… no habían sido más que una invención de un niño mimado. Tarek había prometido estar a mi lado y cuidar de mí y de mi padre si algún día llegaba a necesitarlo, sin embargo, Fakhir nunca planeo cumplir esa promesa y fue por eso que su padre asesino al mío de la manera fría y cruel que había hecho famosos a esos dos demonios.

-Sabía que te enterarías de la verdad,- dijo con voz calmada, su mirada estaba enterrada en la mía mientras sus manos viajaban sobre mis brazos posándose sobre mis antebrazos,- aunque… para ser sincero…- en un movimiento rápido, cambio nuestras posiciones haciendo que el quedara sobre mi y yo quedara recostada en su cama, aun con el cuchillo en su cuello,- me sorprende que lo hubieras descubierto hasta ahora.-

- El engaño y la mentira solo se le haría cómico a alguien como tú,- masculle a su tono de burla, sintiendo mi corazón latiendo con gran velocidad al sentir el calor de su cuerpo haciendo presión con el mío descubriendo que no solo su pecho estaba desnudo.

-Nunca me hubieras dado una oportunidad si hubieras sabido quien soy en realidad desde un principio.- dijo con voz suave acercando su rostro al mío, sin quitar sus ojos de mis labios, mientras sus manos, que estaban a mis costados, jalaban la tela de mi túnica hasta que pude sentir sus palmas acariciar mi piel.- Esta era la única manera… mi única oportunidad…-

-Tu padre…- Mordí mi lengua para que un suspiro traidor no escapara mis labios mientras que sus manos acariciaban mi piel por debajo de la tela.

-Yo no soy el…- Fakhir contesto, sus labios rozaban los míos con cada palabra,- sus errores no son los míos… yo… nunca te haría daño…-

-Le haces daño a muchas personas…- intente por última vez reunir el valor para asesinarlo, pero mi mente solo se podía concentrar en sus manos jalando mi túnica y lo cerca que estaban de mis pechos.

-Y lastimare a muchas más… pero…- en otro movimiento veloz, tomo la muñeca de mi mano que sostenía el arma y la puso sobre mi cabeza, sosteniéndola de manera que si yo quisiera liberarme de su agarre, podría hacerlo,- a ti no… tienes mi palabra…-

Cubrió mi boca con la suya, reclamando mis labios con autoridad haciendo que mi cuerpo entero temblara con anticipación y… placer. Su mano abandonó mi muñeca para envolver mi cintura y hacer más presión entre nuestros cuerpos. Un gemido escapó mis labios permitiendo que su lengua encontrara la mía, mientras mi mano abandonaba mi arma para enredar ambas en su cabello. Fakhir separó su cuerpo del mío, un leve gruñido escapando sus labios, y tomó el arma que aún estaba sobre la cama aventándola lejos.

Con manos agiles se deshizo de mi túnica dejando mi cuerpo desnudo expuesto a sus hambrientos ojos que se habían posado en mi pecho. Sintiendo la sangre hervir en mis mejillas, crucé mis brazos sobre mi cuerpo y desvié la mirada con vergüenza. El tomo mis muñecas y las colocó a cada lado de mi cabeza, exponiéndome de nuevo, regresando sus labios a mi cuerpo, pero esta vez a mi cuello. Sentí su firme y delineado pecho por años de entrenamiento presionando el mío en todos los lugares correctos, mientras sus dientes se enterraban en mi piel creando una extraña combinación entre dolor y placer que hacían que mi corazón latiera con gran velocidad.

Una voz dentro de mí me decía que esto no era correcto y que tenía que asesinarlo, pero otra voz más prominente me incitaba a pecar con él. Un nombre extraño invadió mis sentidos, un nombre que jamás había escuchado antes hacía eco en mi mente. Un nombre que entre más fuerte sonaba dentro de mí, más rápido perdía el control causando que mis manos abandonaran su cabello para enterrar mis uñas en su espalda.

Un nombre que yo sabía seria mi perdición…

Butch…


Mis ojos se abrieron de repente mientras mordía mi lengua con fuerza para evitar que aquel nombre que hacía eco en mis sueños escapara mis labios. Mi cuerpo temblaba y mi piel ardía con el recuerdo de memorias que no eran mías, pero que creaban una sensación placentera en todo mi ser. Con gran confusión descubrí que estaba recostada en mi cama, en mi habitación, aun con mi traje de baño y mis shorts doblados en una silla, mi camiseta no estaba en ningún lado cercano. Hice un rápido escaneo de mi habitación, y fue entonces que encontré una nota en mi mesita e noche.

"Me debes una…

- B"

La letra mostraba que la había escrito con prisa y sentí mi corazón latir con más velocidad al reconocer esa pequeña hoja le pertenecía al diario que me había dado Ahmanet. Me puse otra camiseta y unos pantalones deportivos sobre mi traje de baño y me acerque a la ventana que estaba abierta, mirando al cielo obscurecido como si esperara encontrarlo ahí. Sacudí mi cabeza y busqué el diario para encontrar alguna explicación de lo que había sucedido en mis sueños, pero solo encontré que todas las páginas que tenían rastro de nuestra conversación habían sido arrancadas del diario y las que quedaban estaban completamente en blanco. Me senté en frente del espejo tratando de recuperar la compostura y para mi gran sorpresa, la encontré observándome con enojo y vergüenza.

-Es tu culpa,- se movieron mis labios, pero no fue mi voz la que resonó en la habitación. Había algo de ella que se veía diferente pero no podía explicar que.

-¿Qué paso?- pregunte ignorando su acusación y el calor que invadía mis mejillas.

-Tus sentimientos por aquel hombre están influenciando mi vida…- sonaba confundida y molesta, dejo salir un suspiro lleno de frustración.- Eso… nunca había sucedido antes... al menos… no en esta magnitud…-

-¿A qué te refieres?- sentí mis mejillas arder, aunque no tenía que haberme tomado por sorpresa que ella supiera lo que siento por Butch.

-En mi vida… el murió cuando me fue a buscar a Egipto…- mi reflejo desapareció y fue remplazado por una memoria donde él era acuchillado y caía al piso y se quedaba inmóvil creando un charco de sangre mientras ella solo sonreía cuando el perdía la vida.-En la segunda vida… yo lo asesine mientras dormía…- una vez más la imagen cambió y mostro a Ahmanet sentada sobre la cama de aquel hombre y con cuchillo en mano le quitó la vida haciendo una cortada profunda en su cuello. Ahmanet solo observó como la sangre empapaba las cobijas mientras la vida desaparecía de los ojos de aquel hombre.- Pero… en esta vida…- la imagen regreso a ella, sus mejillas estaban ruborizadas y sus ojos estaban cristalinos,- en esta vida paso algo que jamás había sucedido antes…-

-¿Qué pasara ahora?- pregunte levantando su diario para que lo viera y entendiera a lo que me refería. Quería que me diera alguna pista en su diario para saber que esperar en el futuro. Fue gracias a su diario que supe que Butch estaba vivo y que había regresado a Saltadilla, y ahora más que nunca necesitaba ese tipo de información.

-No lo se,- su respuesta fue directa y al punto.- Como dije, esto nunca había pasado antes… él tenía que morir… pero aún está vivo… no sé qué consecuencias traerá en esta vida y menos lo que sucederá en la tuya. Tu eres la primera en demostrar sentimientos hacia el…-

-Deja de decir eso,- le ordene desafiantemente sintiendo como mis mejillas se calentaban y probablemente se volvian color carmesi.

-Pero es la verdad…- ella contesto encogiéndose de hombros con el mismo desafío en sus ojos,- La que vino antes que tú lo odiaba tal vez aún más que yo… pero tu demuestras sentimientos completamente opuestos… no sé cómo actuar por culpa de ellos…-

-¿Cómo se llama ella… la que vino antes de mi?- desvié el tema, ya que me estaba incomodando que no soltara el tema de mis sentimientos por Butch.

Sus ojos se posaron en mi, como debatiendo si pudiera darme esa información, pero al final accedió,- Ella vivía en Londres durante la Guerra de las Rosas, ella vivía bajo la casa de la Rosa Blanca de York y él era parte de la casa de la Rosa Roja de Lancaster. Ella lo odiaba, aunque nunca me dijo porque, pero su dolor era profundo y amargo…como el que yo sentí cuando mi padre fue asesinado… sé que nuestras vidas no son siempre las mismas… ya que tu padre aun esta con vida… y el de ella lo estaba también… así que no sé de dónde venía ese odio tan enorme que ella sentía hacia el, pero ella lo asesino con sus propias manos como yo lo hice en la segunda vida.- Sus ojos me observaron con expectativa y yo sabía que ella esperaba que le dijera que yo también seguiría ese camino, pero desde que descubrí que Butch había sobrevivido el plan de Bombón prometí que haría lo que fuera por proteger su vida. Ahmanet solo suspiro con resignación,- Aquella mujer de cabello negro y ojos cafés que vino antes que tu se llamó…-

-¡Bellota!- Burbuja entro a mi habitación y se lanzó sobre mi enredando sus brazos alrededor de mis hombros en un fuerte abrazo, causando que la imagen de Ahmanet desapareciera del espejo. Ella estaba temblando y las lágrimas no dejaban de salir de aquellos ojos azules que yo tanto adoraba.

-¿Te encuentras bien?- pregunte levantando una ceja inquisitiva tratando de soltarme de su fuerte agarre, sintiendo un poco de temor de que algo le hubiera pasado a mi hermana menor.

-B-Bombón está… monitoreando el perímetro y yo… yo vine a asegurarme que… que… estuvieras bien…- dijo entre sollozos y a pesar de que fue difícil escucharla pude entender sus palabras llenas de preocupación.

Como si fuera una señal, mi hermana mayor entro a mi habitación por la ventana que aun estaba abierta y escaneo el lugar con si visión óptica.- ¿Estas bien?-

-¡Como nunca!- conteste con un poco de sarcasmo,- estaba teniendo la conversación más interesante con mi reflejo hasta que Burbuja decidió interrumpir.-

-Bellota… esto es serio,- sollozo Burbuja en mis brazos tomándome con más fuerza que antes dejándose caer recostando su cabeza sobre mis piernas.

-¿Me pueden decir que esta pasando aquí?- pregunte molesta, especialmente por la manera en la que Bombón seguía escaneando el lugar como si yo estuviera escondiendo algo.

-Butch estuvo aquí,- Bombón dijo con voz cortante, buscando debajo de mi cama como si su visión óptica no pudiera ver que él no estaba ahí.- Te trajo en brazos y parecías estar inconsciente, pero… tardo en salir de tu habitacion… y queremos asegurarnos que no…-

Realización invadió mi mente y supe a que se referían,- No me hizo nada malo… es más…- sentí mis mejillas sonrojarse esta vez de rabia y frustración,- el me salvo la vida… de nuevo…-

Para esto mis dos hermanas se me quedaron viendo con sorpresa y confusión, que, de no haber sido por la naturaleza del tema, sus rostros se me hubieran hecho cómicos.

-¿Como de que te... salvo la vida de nuevo?- mi hermana mayor preguntó con tono escéptico, no de que yo estuviera diciendo la verdad sino por las acciones de Butch.

-Estábamos surfeando,- las cejas de ambas se alzaron en confusión al mismo tiempo y tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para no reírme por la escena.- Él estaba pretendiendo ser su personalidad falsa- ambas asintieron con entendimiento,- pero fuimos atacados por un monstro marino con la habilidad de robar mi Químico X,- levante mi tobillo para hacer mi punto, y a pesar de que no me dolía aún estaba la herida presente, la cual ya hubiera desaparecido si mis niveles de Químico X estuvieran estables.- Fue entonces que Butch atacó al monstro y lo destruyo salvando mi vida otra vez.-

-¿Por que haría eso?- la pregunta de Bombón parecía más para si misma que en realidad una pregunta dirigida a mí.

-¿Yo como voy a saber? Se supone tu eres la genio aquí,- dije con una sonrisa sarcastica, solo para hacer a mi hermana rabiar. Alguna vez ella y yo podiamos pelear sabiendo que no era mas que un juego, pero despues de lo que paso con los chicos, ella se puso a la defensiva y todo lo que le decia lo tomaba como un ataque personal.

Ella solo dejo salir un suspiro,- Quiero suponer que es porque lo que ellos tienen planeado es peor que ataques de monstros super mutantes.-

-Entonces… ¿creen que ellos también están bajo contrato?- la voz de Burbuja más tranquila pero un leve aire de temor envolvía sus palabras. Bombón nos observaba con cautela, mientras fruncía su ceño con preocupación, lo cual no era muy común en ella ya que siempre mantenía la compostura y nunca mostraba ningún tipo de emoción en momentos como este.

-No lo sé,- conteste con honestidad,- cuando se lo mencioné a Butch, el tampoco parecía saber a qué me refería. Sin embargo… solo necesito un ataque para destruir al monstro super mutado que se había estado robando mi Químico X… lo que me hace sospechar…-

-Se han vuelto muy fuertes,- la voz de mi hermana oji-rosada sonaba calculadora.

-Puede ser por su propia cuenta,- dijo Burbuja con voz pequeña,- no significa que estén bajo contrato con EL.-

-Eso no mejora las cosas, Burbuja,- dije con voz seria, ya que si este era su verdadero poder, no teníamos ninguna esperanza para vencerlos si decidían unirse a EL.

-Lo lamento…- Burbuja contesto en un murmuro mientras ambas observábamos a nuestra hermana que tenía los brazos cruzados y masticaba su labio inferior.

Bombón dejo salir un largo suspiro de sus labios rosados,- No tenemos otra opción…- Burbuja y yo observamos como sacaba su móvil de su bolsillo y marcaba un numero.- Activen operación "Olimpo ha caído" a su máxima potencia.-

Sentí mi piel helarse y juzgando por la manera en la que Burbuja enterraba sus dedos en mi piel me hacía saber que ella se sentía igual. Nunca en mi vida hubiera pensado que escucharía a mi hermana decir esas palabras cuando aquella operación fue formulada tantos años atrás. La cara de Bombón se había vuelto dura como roca y sus ojos eran fríos como el hielo. Con agilidad, mi hermana mayor salió de mi habitación por la ventana a gran velocidad, dejando su rayo de luz rosado como muestra de su apuro.

-¿Qué va a pasar ahora?- la voz de Burbuja me saco de mis pensamientos.

-No lo sé…- contesté sintiendo verdadero miedo por primera vez en un largo tiempo.

Por favor ten cuidado… Ahmanet…

Continuará...

Mucho dialogo y un poco sombrío, pero espero que este capítulo no sea tan decepcionante, considerando que en realidad no esperaba escribirlo. Pero quiero que sepan que voy a editar este capítulo y que puede que añade o quite cosas dependiendo a como haga los siguientes capítulos. Así que si no les gustó mucho, no se preocupen, lo voy a arreglar pronto.

Les agradezco mucho su apoyo y sus lindas palabras en sus reviews, me alegran mucho y me hacen sentir que no soy del todo tan pésima escritora.

Gracias en especial a:

Maniaca muajaja, Lihraz, o . O Perfect Maniac O . o, Ares-sama, Lucite, nathalyvasquez.002, blossicklove3, Lady-Dragon-nefolaidd, Alexander Krl, y maleny. mar.