(*) Editado el 6 de septiembre de 2019
2. La gran idea
—Esta vez pienso darle por el culo a Potter —anunció Draco Malfoy con aspecto grandilocuente, deteniéndose delante de sus amigos con el mismo aire de ligera demencia con el que Grindelwald había dirigido sus tropas, en mitad de la Sala Común de Slytherin.
Las reacciones fueron diversas: por un lado, Theodore Nott, reprimiendo un bostezo, pasó una página del libro de Transformaciones. Por otro, Blaise Zabini, paradigma de la sensibilidad, sonrió ampliamente y dio una palmada.
—Así me gusta, Malfoy, con iniciativa. Siempre supe que tu obsesión con el cuatrojos tenía unos tintes homosexuales muy evidentes; es genial que por fin lo aceptes.
Malfoy no movió un pelo ante sus palabras, procediendo a ignorarlo como si no existiera. Miró fijamente a Nott, esperando alguna reacción mientras continuaba su discurso:
—Está tramando algo, y no sólo con Granger y Weasley; hay un montón de gente implicada, los veo cuchichear. La hermana y los gemelos comadreja, Longbottom, unos cuantos de Hufflepuff y otros de Ravenclaw… —empezó a enumerar.
—Esto mejora por momentos —interrumpió Zabini, picado por haber sido ignorado antes—. Ahora, en vez de darle por el culo a Potter tú solo, podéis montaros una orgía todos juntos.
Malfoy lo miró como si no entendiera que tanta estupidez cupiera en una sola persona.
—Tiene razón —concedió entonces Nott—. Se traen algo entre manos, es tan obvio que resulta ridículo.
Ante la aceptación de su teoría, Malfoy puso una cara que parecía indicar que se iba a mear allí mismo de la ilusión. Afortunadamente para todos, su felicidad se vio interrumpido por una voz chillona:
—¡Draco!
Pansy Parkinson, entrando en ese momento por el retrato, se dirigía hacia ellos con aspecto furibundo.
—¡Me has dejado sola en la reunión de prefectos! —Le gritó todavía desde la otra punta de la habitación. Media Casa se giró para mirarlos, pero ella no les prestó atención—. ¡Weasley hasta se ha atrevido a preguntarme si te habías intoxicado echándote el tinte del pelo!
Malfoy abrió la boca, probablemente ofendido (él era rubio natural, mucho cuidado), pero Pansy ya había llegado hasta él y le clavaba un dedo diminuto en el pecho.
—¡Y tú por ahí haciendo no sé qué cosas misteriosas! La responsabilidad de prefectos es de ambos y…
—Pansy —la interrumpió él sacudiendo la mano como si espantara una mosca molesta de delante de sus narices—. He estado observando a Potter y me he dado cuenta de que han organizado una especie de grupo de por lo menos veinte personas. ¡Y eso está prohibido en el colegio!
—Lo dicho: están montando una orgía —aportó Zabini con alegría.
—¿Qué? —Pansy los miró alternativamente: a él como si de verdad lo hubiera intoxicado el tinte del pelo, y a Zabini como si fuera… bueno, Zabini.
—¡Cállate, Zabini! —Ladró en su dirección—. Nott, explícaselo.
Theodore suspiró con desidia, y sin levantar la mirada del libro de Transformaciones, habló con voz monótona:
—Al parecer Potter, Weasley, Granger, y algunos alumnos de otras Casas que a nadie le importan, han formado algún tipo de organización secreta. Sospecho que relacionado con Defensa o con Umbridge.
Pansy abrió mucho los ojos.
—¿Hablas en serio?
Theodore ya no se molestó en responder, pero Malfoy no tardó en tomarle el relevo.
—¡Podemos pillarlos, Pansy! ¡Y con Umbridge por aquí dará igual lo que diga Dumbledore, los expulsarán!
Parecía muy ilusionado con esa perspectiva, como un niño la mañana de Navidad.
—¿Y cómo se supone que vas a enterarte? —Le hizo ver Zabini, ácido—. Irás y le dirás: «Oye, Potter, me he dado cuenta de que has formado un grupo secreto, ¿confiesas, por favor, para qué pueda decírselo a Umbridge y así cumplir una de mis fantasías masturbatorias?».
—Zacharias Smith —intervino Nott.
Zabini lo miró con mofa.
—Hablábamos de las fantasías masturbatorias de Malfoy, Theodore, no de las tuyas. Y personalmente, creo que él prefiere a Longbottom.
Theodore se pinzó el puente de la nariz, con hastío. Seguramente pensando que sus amigos eran decididamente gilipollas.
—Él forma parte del grupo, y es uno de los que menos trabas pondrá a la hora de hablar —continuó con cara de aburrimiento.
—¿El Hufflepuff que odia a Potter? —se extrañó Pansy.
Theodore se limitó a sonreír. Pero a Malfoy, que parecía cada vez más satisfecho, le bastó eso.
—¡Nott, eres un genio!
