Disclaimer: ¿Te suena una calle mágica dónde te puedes agenciar varitas y lechuzas? ¿Un lugar llamado el Caldero Chorreante que parece el único sitio donde tomar algo por allí o los dos personajes con los que te llevo dando la lata toda la historia? Es normal, los creó J. K. Rowling y le pertenecen.
La primera excusa
Pansy se abrazó el cuerpo intentando entrar en calor.
Llevaba gorro, guantes, bufanda y un abrigo que la hacía parecer tres veces más grande de lo que era, pero seguía congelada. Aquel invierno estaba siendo más frío de lo habitual. Y allí, parada en mitad del Callejón Diagon, rodeada de gente sonriente comprando sus regalos de Navidad, sentía más frío que nunca.
Daphne y Theodore se habían quedado en Hogwarts aquel año, así que había sido el resto del grupo los que habían quedado esa tarde.
Pansy bufó por lo bajo. Debería de haber supuesto que sin Theodore ni Daphne para apoyarla, los otros, obsesos del quidditch, insistirían en ir a la tienda de escobas. Ella había decidido quedarse fuera, pensando que aquello los animaría a darse prisa, pero empezaba a cerciorarse de que había sido una estupidez. Habiendo quidditch de por medio, los tíos perdían cualquier sentido de la perspectiva.
Estaba decidiendo si sería mejor entrar en el establecimiento y sacarlos a base de gritos, o si por el contrario era preferible largarse ella sola al Caldero Chorreante, cuando escuchó su voz:
—Sólo quiero ver un momento las nuevas escobas, Justin, seguro que puedes sobrevivir un rato sin mí.
Se puso tensa, pero se negó a girarse, decidida a contemplar con absoluto interés la fachada de enfrente. Desde luego, no pensaba saludarlo. No había sido más que un quebradero de cabeza para ella aquel curso, y el motivo de discusión con Draco en múltiples ocasiones.
Él no había abandonado su afán por atrapar a Potter en la idiotez que estuviera haciendo, y dado que Pansy se negaba a tener más trato con Smith o a que lo espiaran, él mismo había tratado de sonsacarle algo. Smith no había soltado prenda, por supuesto, lo que sólo servía para acrecentar el mal humor de Draco.
Y para avivar las bromas de Zabini de que el rubio estaba enamorado de Potter.
Así que no. Pansy no pensaba hablarle, ni mirarle. Aquel imbécil no se lo merecía. De hecho, al pensar en lo mucho que le había fastidiado el principio de curso, se cabreaba tanto que le rechinaban los dientes.
Percibió una figura acercándose por el rabillo del ojo, y se recostó contra el escaparate con fingida despreocupación y cierta perversidad. Si Smith quería ver escobas, podía irse por donde había venido, porque ella no pensaba moverse.
—Disculpa —dijo entonces una voz que no se parecía en absoluto a la del receptor de su odio—. ¿Te importaría moverte un poco?
La figura que había tomado por Smith era un chico alto y atlético que le sonaba de último curso. Tal vez Ravenclaw. Con una sonrisa amable que desde luego no pertenecía a Zacharias Smith.
Pansy sintió que enrojecía.
—Oh, claro —se apartó de un salto—. Perdona.
El posible Ravenclaw miró un momento las escobas antes de animarse a entrar en la tienda. «Otro pringado con el cerebro estropeado por golpes de bludger», pensó con desdén, tratando de alejar el bochorno de sí. No sirvió de mucho, pues no tardó en escuchar una risita a su espalda.
Zacharias Smith la contemplaba con una mezcla de disgusto y mofa. Tenía el pelo revuelto y con restos de nieve derritiéndose en las puntas, como si alguien acabara de tirarle una bola de nieve a la cabeza. Las mejillas sonrojadas por el frío le daban una apariencia angelical que desmentía con su sonrisa maliciosa.
Pansy se preguntó en su fuero interno por qué siempre tenía que pillarla en una situación vergonzosa.
—No sé cómo lo haces, Parkinson, que siempre que te encuentro estás haciendo el ridículo —comentó Smith como si nada, pero leyéndole de forma bastante certera el pensamiento.
—Y yo no sé cómo lo haces tú —contraatacó apretando los puños dentro de los bolsillos de la túnica—, que cada vez que me giró estás acechando tras una esquina.
Smith pareció molesto por el comentario. «Bien», se dijo Pansy con rabia, «que se fastidie».
—Mira quién fue a hablar, la espía de la enfermería —replicó con retintín. Pansy presintió que su rostro empezaba a semejarse a un tomate maduro—. Además, eres tú la que no pinta nada en una tienda de quidditch.
Ahí había que darle la razón. Pansy detestaba el quidditch; la aburría hasta límites insospechados. Hacía unos años había aguantado los partidos por Draco, pero tras cuarto curso se negaba a hacerlo.
—Mis amigos están dentro —contestó, para arrepentirse a continuación. No tenía que darle explicaciones.
Smith intentó mirar el interior de la tienda a través del cristal del escaparate, pero el vaho le impedía ver más allá de las escobas en exposición. A pesar de ello, frunció el ceño con desagrado.
—Lo que me faltaba —murmuró entre dientes. Pansy suponía que estaba pensando en la paliza que le habían dado Gregory y Vincent, y en los interrogatorios de Draco.
Vale. Siendo sincera, no podía culparlo por odiarles.
Smith se volvió a mirarla con sospecha.
—¿Y qué haces tú aquí fuera?
Pansy podría haberle dicho que se metiera en sus asuntos, y que la dejara en paz. Sin embargo, las palabras se le disolvieron en la lengua antes de lograr pronunciarlas. Había algo en Zacharias Smith fuera de Hogwarts que la aturdía y la desarmaba. Algo en la forma relajada de los hombros, y el brillo de contenida vulnerabilidad en los ojos.
Era como un punto de inflexión en toda su ira y sus contestaciones mordaces, como un momento de tranquilidad en un chico que siempre estaba en pie de guerra.
Como si su pregunta la moviera la simple curiosidad y no los deseos de hacerla sufrir.
Así que simplemente se encogió de hombros y dio una respuesta innecesaria:
—No me gusta el quidditch.
Smith cabeceó, como asimilando la respuesta. Pareció que por un momentos iba replicar ofendido y darle toda una lista de razones por las que el quidditch era maravilloso, pero fue sólo un instante. Volvió a intentar mirar a través del escaparate —inútilmente—, y luego gruñó.
—Está bien. —La miró como tratando de decidir qué hacer, y finalmente, con el desagrado mostrado claramente en su rostro, dijo—: En ese caso, voy a ir al Caldero Chorreante. Tú… ¿quieres venir?
A pesar de conocer la imprevisibilidad de Smith, nada podría haberla preparado para aquello. Boqueó un par de veces, incrédula, y llegó a retroceder un paso. Smith se empeñaba en mirar el escaparate en lugar de a ella, y Pansy juraría que estaba sonrojado por algo más que el frío.
No pudo evitarlo, se echó a reír.
Lo cual es probable que le sentara a Smith como una patada en el estómago.
—Oye —en esta ocasión sí la miró, y con bastante mala leche—, no te vayas a pensar nada raro. Lo hago sólo por joder.
La risa de Pansy se cortó, y lo miró como si fuera estúpido.
—¿De qué diablos estás hablando?
Smith miró de nuevo el escaparate, y suspiró como si ella fuera una niña tonta a la que había que explicárselo todo.
—Estoy seguro de que te molesta el que te hayan dejado tirada en mitad de la calle, congelándote, para mirar escobas.
Aquello era cierto, pero Pansy no entendía qué tenía que ver con Zacharias Smith proponiéndole ir con él al Caldero Chorreante. El hufflepuff volvió a suspirar con fuerza.
—Y también estoy seguro de que a ellos les molestaría mucho que tú te fueras sin esperarlos… con un Hufflepuff.
Y entonces Pansy lo entendió. Después de todo, Smith era tan orgulloso que no decidiría no entrar a una tienda sólo porque Greg y Vincent estaban dentro.
Era una forma retorcida de venganza hacia aquellos que le habían estado molestando lo que llevaban de quinto, utilizándola de compinche ahora que tenía bastante rencor acumulado hacia sus amigos.
Pansy alzó las cejas al comprenderlo.
—Eres un Hufflepuff extraño —pero no dijo que no era un Hufflepuff.
Y entonces Zacharias Smith esbozó una sonrisa para nada Hufflepuff y se encogió de hombros con despreocupación.
Pansy miró una sola vez hacia la tienda de escobas, y sintiendo que el asunto de la venganza no era más que una excusa barata y que se encaminaban hacia un terreno quebradizo y espinoso, se acercó a Smith.
—Vamos al Caldero Chorreante —aceptó con incomodidad.
Empezaron a andar sin acercarse demasiado y sin que Pansy se atreviera a preguntarle por Finch-Fletchley —tenía toda la pinta de que Smith lo estaba dejando plantado, pero era un sangre sucia por el que Pansy no pensaba preocuparse—. También lo hicieron sin que Pansy dejara de tiritar.
Hasta que una bufanda de lana blanca y gris cayó sobre su cabeza.
—Póntela —Smith no se giró en ningún momento hacia ella, con el cuello recién descubierto—. Me molesta tu estúpido temblequeo.
—Idiota.
Pero se puso la bufanda para ocultar una sonrisa involuntaria.
La bufanda olía a la colonia de Smith y a nieve. La nieve que empezaría a caer unos segundos antes de que entraran el Caldero Chorreante y que seguiría cayendo durante más de una hora.
Todavía hoy se preguntan si se quedaron tanto tiempo allí dentro por la nieve o si no fue más que otra excusa.
¡Y otro más!
Sé que está mal decirlo, pero la verdad es que estoy muy contenta con lo constante que estoy siendo con esta historia. Aunque tarde en actualizar, no se me va la inspiración, y en cuanto tengo tiempo libre me vienen estos dos a la mente.
Ya he terminado la odiosa Selectividad y estoy de vacaciones (aunque tengo un examen el veinticinco, pero apenas voy a estudiar porque sólo te sirve si quedas de los nueve primeros y eso es muy difícil. Así que.), y en fin, ya tenía muchas ganas de contar más cositas de este par tan adorable.
A ver, cosas del capítulo. Sé que siempre pongo a Pansy siendo torpe cuando está Zac delante, pero es que no puedo evitarlo, se me hace tan mona XD. Y que sepáis que lo del quidditch viene influenciado por lo mucho que me está molestando el Mundial este año. Es que hay gente que parece que sólo habla de eso, y como el quidditch siempre se me ha asemejado al fútbol en cuanto a lo de ser el deporte de moda, me pareció apropiado el odio de Pansy (que además creo que menciona Metanfetamina en Mortífago).
Qué más. ¿No os parece Zac demasiado achuchable? Espero que hayan quedado claras sus motivaciones para invitar a Pansy al Caldero Chorreante: en parte es porque quiere molestar a sus amigos (sobre todo a Draco), pero también hay una gran parte que quiere conocerla más. Aunque ni él mismo acabe de asimilar esa parte.
También sé que Zac parece menos irascible aquí. Ya menciona Pansy que parece relacionado con Hogwarts. No me malinterpretéis, Zac es Zac y tiene mala leche esté donde esté. Pero en Hogwarts se siente presionado por cosas que ya iremos viendo (coffHufflepuffcoff) y está más a la defensiva.
Y creo que eso es todo. Como siempre estaré mordiéndome las uñas hasta la raiz a la espera de vuestras impresiones.
Agradecimientos especiales a Metanfetamina y Sam Wallflower por dejar review en el capítulo anterior, y a Mr. Pánico Práctico por hacerme saber que le había gustado mi historia a través de Ask. Y también a los que leen pero no han podido comentar.
Mañana me pondré a responder los reviews atrasados del capítulo cuatro (¡perdona, Claru!), y los del capítulo cinco. Lo prometo.
¡Nos vemos en el siguiente, moninos!
Lils
