Disclaimer: ¿Te suena un cuarto de baño que ocultaba la ya-no-tan-secreta Cámara de los Secretos? ¿El fantasma que pululaba por ahí o lo oportuno que resulta cuando quieres hacer algo sin que nadie se entere? Es normal, lo creó J. K. Rowling y le pertence.
Advertencias: El "rated" ha cambiado de "T" a "M", y eso ya debería deciros todo lo que necesitáis saber. En este capítulo va a haber guarrerías. De las buenas. Así que si por algún motivo que no comprendo eso no te gusta o eres un niño inocente, no sigas leyendo.
Secretos de baños
Pansy debería haber supuesto que pasaría algo así.
Durante ese curso había llegado a conocer lo bastante a Zacharias Smith como para no sorprenderse ante su imprevisibilidad.
Había sido el chico que la había acusado de mandar a Vin y a Greg a espiarlo, para después quitarle un libro y exigir que los hiciera parar. Había sido el chico que la empotró contra la pared y que prácticamente le torció el tobillo.
Había sido el que aún así se había quedado esperando en la enfermería. El que había tratado de encasquetarle una caja de ranas de chocolate después de que le pegaran una paliza por su culpa.
Había sido el que la invitó a tomar algo con la excusa de una ridícula venganza y el que le preguntó si quería follar mediante una nota que le pasó una niña de primero.
Y ahora era el chico que la tenía acorralada contra la pared del baño de Myrtle la Llorona.
—¿Se puede saber qué haces? —siseó tratando de apartarlo. No es no estuviera bien tener al rubio con las manos apoyadas en la pared, a ambos lados de su rostro, y la cabeza inclinada para poder mirarla a la cara. Su ceño fruncido y su corbata mal anudada resultaban atractivos, se reconoció Pansy a regañadientes. Pero eso no significaba que pudiera agarrarla en medio del pasillo y arrastrarla hasta un lugar solitario, donde nadie podía verlos.
Oh, mierda.
—Me has estado evitando —afirmó él sin separarse lo más mínimo. Para ser sincera, Pansy tampoco se estaba esforzando mucho en alejarlo.
Ella puso los ojos en blanco.
—Tengo Herbología.
Smith parecía incluso herido, aunque tratara de disimularlo por todos los medios.
—Me alegro por ti, Parkinson, y estoy seguro que disfrutarás echando mierda a las mandrágoras. Pero aunque no te lo creas tu horario me importa un puto infierno.
Por Merlín, tenía peor vocabulario que Draco.
«Ya estamos, no pienses en Draco».
—Tengo que ir a clase —insistió ella. No es que tuviera mucho interés en las mandrágoras, de acuerdo, pero quería acabar con esa situación incómoda cuanto antes—. No puedes llegar y arrastrarme por el pasillo hasta un baño desocupado. Seguro que alguien te ha visto. A saber lo que piensan ahora todos…
«A saber lo que piensa Draco, si es que nos ha visto».
Smih interrumpió sus balbuceos con un bufido. Se metió la mano en el bolsillo con cara de estar profundamente cabreado y le estampó en la cara un trozo de pergamino que le costó un momento reconocer.
Su carta.
La carta que había escrito tras beberse media botella del «nadie sabe qué» que había comprado Greg a los de séptimo.
Por los calzones de Merlín.
—¿Qué pasa con eso? —trató de escabullirse sintiendo como la sangre le subía a las mejillas. No volvería a emborracharse. Nunca.
—La escribiste tú, ¿no? —Pansy supuso que era una pregunta retórica porque no le dejó tiempo para responderla y siguió hablando—: Ponía que sí.
—Sí puede significar muchas cosas —afirmó ella sin mirarlo.
Smith soltó una risa seca.
—Claro. Justo después de que te pregunte si quieres follar, me envías una carta que pone que sí y yo debo interpretar… ¿qué exactamente, Parkinson? Ilumíname.
Así que estaba muy enfadado. Pansy reprimió un suspiro y se tragó la bola de nervios que se le había formado en la garganta.
—Escucha, siento haberte dado esperanzas…
—Esperanzas —Smith acentuó su mueca de desprecio de siempre—. No hables como si fuera un niñato idiota al que le has roto el corazón. La única que tenía esperanzas aquí era mi polla.
Pansy sintió la ira subiéndole por la espalda.
—Eres gilipollas —escupió. Smith seguía cerca, con los ojos verdes a un palmo de los suyos. Y Pansy estaba nerviosa. Los únicos chicos que había tenido así de cerca eran Theodore y Draco. Y lo del primero fue más un accidente —un accidente que no estaba dispuesta a que se repitiera jamás— que otra cosa.
Podía sentir su pecho a través de las manos que tenía apoyadas en su camisa —firme, no especialmente musculoso—, y distinguía perfectamente el olor a café en su aliento.
Definitivamente, no pensaba volver a beber nunca.
—Soy sincero —le discutió él inclinándose más cerca para mirarla a los ojos—. Te darías cuenta si Malfoy no te tuviera acostumbrada a sus mentiras.
Pansy tensó todo el cuerpo.
—Eres un cabrón —declaró golpeándole con ambos puños en esa camisa tan pulcra—. Y mi relación con Draco no te concierne, imbécil.
Para su gran satisfacción, Smith hizo una mueca de dolor ante sus golpes y la agarró de las muñecas.
—A lo mejor sí —murmuró con la voz repentinamente baja—. A lo mejor sí que me concierne, Parkinson.
La estaba mirando con los ojos verdes enturbiados y expresión incómoda. Pansy sintió que el enfado se le disolvía en humo, y que toda aquella discusión no tenía ningún sentido.
Porque, Merlín, estaban tan cerca.
Él debió de pensar lo mismo.
Porque entonces Zacharias Smith la besó. O ella lo besó a él, no estaba muy segura.
No fue un choque de bocas, como la otra vez. Tampoco fue nada épico que le produjera mariposas en el estómago y la impulsara a rodearle el cuello con los brazos. Sus labios se encontraron, blandos y entreabiertos, y Pansy sintió el roce de su lengua en el inferior. Se movieron a la vez y sus narices chocaron. Smith gruñó por lo bajo y ella esbozó una sonrisita.
Entonces, Smith le cogió la cabeza con las manos y la besó en serio.
Y Pansy podría jurar que en esa ocasión sí sintió algo parecido a las estúpidas mariposas.
Casi esperaba que Myrtle la Llorona apareciera para interrumpirlos, gritando una de sus tonterías. O que entrara algún alumno de primero por equivocación. O que resbalara en el suelo húmedo y se desnucara.
Pansy Parkinson, muerta al tropezar tratando de enrollarse en el baño del segundo piso.
Ya podía ver la sonrisa siniestra de Theodore.
Pero no sucedió nada mientras Smith la besaba en la puerta de uno de los cubículos, restregándose contra su cuerpo con poco tacto. Tampoco sucedió nada mientras ella le metía las manos bajo la camisa y le arañaba el pecho con algo de mala leche, pensando que si estuviera borracha no estaría tan estúpidamente nerviosa.
Y cuando sintió como algo duro se apretaba contra su estómago, tampoco llegó nadie a interrumpirlos.
Oh.
Nunca había pretendido llegar tan lejos. De hecho, nunca había pretendido llegar a ningún sitio con Smith. Pero ahí estaba, metiéndole mano en un cuarto de baño mugriento por culpa de una acción estúpida en una noche de borrachera.
Se separó con un jadeo.
Porque en ese momento no tenía ni una gota de alcohol en la sangre y era perfectamente consciente de lo que estaban haciendo.
Y de dónde lo estaban haciendo.
—Estamos en medio del baño —murmuró sobre sus labios sin mucho convencimiento. Ella no debería estar haciendo eso. Porque clases, y baño, y Smith, y Hufflepuff, y Draco.
Draco, que no la miraba con el abierto deseo de Smith. Que, aunque últimamente tratara de recuperarla, había sido el chico que nunca la creyó lo suficiente.
Quizá fue por eso. Porque jamás había sido suficiente para Draco. Porque era amiga de Daphne Greengrass, la tía buena, y no estaba acostumbrada a sentirse deseada. Porque Zacharias Smith besaba de una forma avasalladora que hacía que le temblasen las rodillas.
Tal vez fue por eso que dejó que el rubio la empujara dentro de uno de los cubículos tras escuchar su queja —Pansy suponía que eso para él ya no era «estar en medio del baño»—, fue por eso que permitió que la volviera a besar y que indagara con la mano bajo su falda.
Hasta que…
—¡Au! —Pansy pegó un brinco y sujetó la muñeca que Smith movía en su entrepierna—. ¿Qué haces, imbécil? Saca ese dedo.
Él la miró entre enfadado y desconcertando.
—Se supone que esto os pone cachondas —protestó.
Pansy, con el calentón completamente bajado, se planteó seriamente si morderle la cabeza de pura frustración.
—Pues algo debes de estar haciendo mal, genio, porque duele. —Se revolvió para dar más énfasis a su afirmación y él finalmente sacó el dedo de su interior. Parecía molesto, pero a Pansy no podría importarle menos. Juntó las rodillas para tratar de borrar la incomodidad que había sentido.
Hombres estúpidos e incompetentes.
Percibía la mirada de Smith sobre ella como algo físico, pero Pansy se negaba a apartar los ojos de su corbata. Estaba empezando a ponerse nerviosa de nuevo, ¡y todo eso ni siquiera había sido culpa suya! La responsabilidad era de aquel imbécil, y le daba igual que el ego de Smith hubiera sido pisoteado.
Entonces, el chico gruñó.
—Muy bien, Parkinson. Ponte como quieras, pero te voy a hacer gemir mi nombre de una forma u otra.
Pansy alzó los ojos, estupefacta —y repentinamente excitada de nuevo, si hemos de ser sinceros—. Smith tenía la mirada fija en sus caderas y volvía a tener las manos bajo su falda. Antes de que Pansy pudiera reaccionar, le había bajado las bragas al suelo.
—Sube la pierna al váter —le indicó sin levantar la mirada.
—¿Disculpa?
Smith la miró a los ojos por fin. Irritado, como siempre.
—Que subas la pierna al váter, Parkinson.
Ella lo hizo, más por inercia que por otra cosa. Estaba completamente desconcertada. Sintió entonces el aire bajo la falda y tuvo ganas de volver a cerrar las piernas. Pero Smith ya se había agachado y estaba colocando su cabeza entre ellas.
Oh, no, ¿va a…?
El primer roce de lengua le respondió la pregunta. Smith la tenía agarrada por los muslos y Pansy tuvo que apoyar las manos en la pared para no caerse.
Era extraño. No podía decir que fuera desagradable, pero tampoco iba a ponerse a gritar de placer allí mismo como Smith quería. Además, el hecho de que él la estuviera viendo allí abajo le hacía plantearse nuevas dudas.
Pansy no se depilaba. ¿Debería de hacerlo? ¿Le daría asco? Al fin y al cabo, le estaba metiendo la lengua ahí dentro. ¿Le molestaría? ¿Sentiría que estaba besando a un tío con barba? ¡Si ella hubiera sabido que esto iba a pasar hubiera tomado precauciones!
Cuando había estado a punto de acostarse con Draco y Theodore tampoco estaba depilada, pero ninguno de los dos había intentando nada de eso. ¡Por Merlín, si no habían pasado de comerle las tetas!
Seguro que Daphne estaba depilada. O ni eso. Seguro que ella había nacido sin pelos en ninguna parte del cuerpo excepto la cabeza y las cejas. Sería tan típico.
En ese momento, Smith hizo algo con su lengua en sus labios inferiores y Pansy perdió el hiló de sus pensamientos. Jadeó con fuerza y apretó las manos contra la pared hasta que los dedos se le pusieron blancos.
Smith había decidido volver a usar la mano, según parecía. Evitó cuidadosamente el volver a meterle los dedos, por suerte, y se dedicó a acariciarle el clítoris con uno de ellos mientras movía la lengua en círculos.
Pansy sintió como el vientre se le contraía y jadeó más fuerte. Vaya. Smith sí que podía hacer las cosas bien, después de todo. Había tardado un poco en pillarle el truco, mientras la babeaba, pero ahora Pansy creía que todo aquello empezaba a merecer la pena.
Miró hacia arriba y se fijó en que no habían llegado a cerrar la puerta del cubículo. Quiso decir algo, pero joder, Smith de verdad había aprendido rápido.
Se hubiera enfadado consigo misma por su repentina incapacidad cognitiva de no haber sentido la primera oleada de placer que indicaba la llegada de un orgasmo. Le había pasado otras veces, mientras se masturbaba, pero por algún motivo que Pansy desconocía nunca lograba llegar del todo.
Esa vez, sin embargo, estaba tan cerca.
Volvió a mirar hacia abajo y separó una de las manos de la pared para hundirla en el cabello rubio. No era platino como el de Draco, sino de un tono dorado cálido que no congeniaba con su personalidad.
¿Por qué lo comparaba con Draco?
Emitió un jadeo que fue casi un gemido —y que le sonó misteriosamente parecido al ulular de un búho— al mismo tiempo que escuchó unas voces femeninas entrando en el cuarto de baño.
Ambos se paralizaron.
—... Te he dicho que lo he visto venir aquí, Hannah —insistía una voz que Pansy, entre el desconcierto y la vergüenza, no conseguía ubicar.
—¿De verdad nos estamos perdiendo Encantamientos para buscar a Zac? ¿Te encuentras bien?
—Yo sí, pero él a lo mejor no. Quizá se encuentra mal. ¿Porqué otra razón iba a venir a este baño? —Era Susan Bones, ahora Pansy estaba segura. Tan Hufflepuff y oportuna. Sintió un irrefrenable pinchazo de celos al pensar en cómo parecía preocuparle el rubio.
Smith se había incorporado, con las mejillas rojas y las pupilas completamente dilatadas. Miraba la puerta abierta del cubículo con su misma expresión aturdida. Seguramente se estaban planteando cosas similares: si cerraban la puerta, esas metomentodo se darían cuenta. Si la dejaban abierta, los verían al llegar a su cubículo.
Smith tomó una decisión antes que ella. Se limpió la boca con el dorso de la mano —Pansy enrojeció todavía más—, recogió algo del suelo y le hizo un gesto de despedida con la cabeza.
A continuación, salió de allí dejándola con una sensación de frialdad e insatisfacción nada agradable.
—Solo estaba mareado, Susan, deja de acosarme —la voz ligeramente ronca de Smith resonó por todo el baño.
—¿Lo ves? Te dije que le había pasado algo —sus voces se perdieron conforme se alejaban, y Pansy se alegró de ello. No sabía de qué habría sido capaz si la tal Susan hubiera estado cerca de ella por más tiempo. Sacarle los ojos con la varita era lo más suave que se le ocurría.
Se apoyó en la pared y trató de relajar el ritmo de sus latidos. Ya no podía entrar a Herbología, por supuesto. Y menos con el aspecto que debía tener. No le quedaba más remedio que inventarse alguna excusa.
Cuando se sintió algo más calmada, se alisó la falda y se inclinó para recoger sus bragas. Parpadeó al no verlas por ninguna parte.
Y entonces, cayó en la cuenta.
Había estado demasiado atontada para percatarse, pero cuando Smith había recogido algo del suelo y se lo había metido en el bolsillo…
¡Eran sus bragas!
¡Eran sus malditas bragas!
—¡Hijo de puta! —exclamó al aire dando una patada al suelo.
—Oye, un respeto. Este es mi cuarto de baño, ¿sabes? ¿Qué haces aquí gritándole a la nada? —Allí, justo encima de su cabeza, el fantasma de Myrtle la Llorona la contemplaba con expresión indignada.
Lo que faltaba.
¡Os he echado de menos!
En serio. Hasta que no me he puesto a terminar el capítulo y a subirlo, no me he dado cuenta de lo mucho que os he echado de menos. Espero que vosotros a mí también. Bueno, a mí ya sé que no. A Zac y Pansy.
Siento (de nuevo) el retraso. Soy un desastre con patas. Procrastino demasiado y lo dejo todo para el ultimísimo momento. Así que los exámenes me pillaron de sopetón (pero, eh, ¡las he aprobado todas!), y el principio del segundo cuatrimestre, cuando yo pensé que tendría tiempo para escribir, fue más ajetreado de lo que pensaba.
En fin, sé que mi vida no os importa, pero estoy muy ilusionada de estar de nuevo subiendo capítulo, así que os la cuento. Además, estoy prácticamente histérica con este capítulo. No solo es cuando estos dos se "arrejuntan" por fin, también es la primera escena de sexo que escribo.
Lo que me lleva a darle un GRACIAS enorme a la archiconocida Metanfetamina. De no ser por ella tendríais una típica mamada sin interés y no algo original y más o menos decente. Gracias por el beteo y las ideas. Y por soportarme. Espero que te haya gustado el resto del capítulo, y no solo la parte de las guarrerías (ejem).
No tengo mucho que comentar del capítulo en sí. Aparte de un continuo: "jijiji". Pero quiero destacar a Susan. Sé que entre El niño maldito y esto, muchos vais a odiarla. Sed buenos con ella, anda, que los que habéis leído la historia ya mentada conocéis sus motivos. ¡Y ella no sabía que estaba interrumpiendo nada!
Hablando de esa misma historia, los que la hayáis leído también tenéis una pista ENORME sobre el siguiente capítulo. Solo tenéis que hacer coincidir las cronologías.
¡Ah! También quería decir que ya sé los capítulos que tendrá la historia: doce. Me gustaría que fueran trece, porque me gusta el número, pero en principio serán doce. Bueno, once y el epílogo. Así que ya no queda mucho. Espero terminar la historia este año y ponerme con otros fics (jé).
Agradecimientos especiales por dejar review en el capítulo anterior a: SrtaPoetry, rbensach, Metanfetamina, catduchannes, mich, Mara, Sam Wallflower
y Galatea.
Ya os dejo tranquilos. Me morderé las uñas a la espera de vuestras opiniones.
¡Gracias por la paciencia!
Lils
