Disclaimer: Hogwarts y su mundo no me pertenecen. Lo cual me deprime infinitamente, ¡¿POR QUÉ SIEMPRE ME HACÉIS RECORDARLO?!
Resumen de capítulos anteriores ya que la autora es aparentemente incapaz de subir dos capítulos seguidos sin varios meses entre ellos: Tras Zac descubrir que Pansy había mandado que lo espiaran para averiguar cosas del Ejército de Dumbledore, empezó una extraña relación —de odio— con ella. Un odio que desembocó en cosas más vergonzosas —pajas en la ducha, si queréis detalles—. Para solucionarlo le propuso follar y Pansy, en un momento de borrachera, le respondió que sí. Lástima que Susan los interrumpiera en la parte interesante y Zac se tuviera que largar del baño donde se lo estaban montando con sus bragas en el bolsillo.
Advertencias: Lenguaje vulgar. Porque Zac es sexy y malhablado y nunca diría «cunnilingus» cuando puede decir «comer el coño».
Yo soy Hufflepuff
A veces, cuando Pansy Parkinson cierra los ojos y se queda muy quieta, cree poder recordar el frío que hacía esa tarde en los terrenos de Hogwarts.
Febrero había llegado con calma, desplazando a enero sin apenas alterar las noves cargadas o la nieve en abundancia.
Y ella andaba nerviosa por los pasillos como siempre. Sin saber que estaba a punto de cometer uno de los errores más deliciosos de toda su vida.
A veces, cuando Pansy Parkinson cierra los ojos y se queda muy quieta, cree poder sentir el arrepentimiento por haberse acercado demasiado a alguien a quien nunca podría entregar su corazón.
Pero luego la persona con la que ha decidido pasar el resto de su vida la hace reír y todo se desvanece entre las brumas del pasado.
Un pasado de monstruos, rechazo y miedo en el que Zacharias Smith no fue más que un interludio.
—¡Me cago en la puta, tenga más cuidado!
Zacharias Smith. Hufflepuff. Quinto curso. Orgulloso portador —no— de «la cara de buldog» cuando se enfadaba, que era un setenta por ciento del tiempo —también tenía que dormir—. Moratón en la mandíbula y otro formándose en el estómago —tal vez a nuestros lectores les interese saber que se encontraba sin camisa—. Despatarrado en una de las camas de la enfermería con la señora Pomfrey echándole un en absoluto inquietante potingue de color verdoso en las heridas. Sacudiéndose como si lo estuvieran electrocutando.
—Cuando chillas así pareces una banshee siendo torturada.
Justin Finch-Fletchey. Hufflepuff. Quinto curso. Mejor amigo del anteriormente mencionado —nuestras más sinceras condolencias, Justin—. Moratones en el pecho y el estómago —sí, también sin camisa. Aquel era un buen día para el intrépido que decidiera asomarse por el sanatorio—. Con el en absoluto inquietante potingue verdoso ya debidamente colocado en sus heridas. Bien sentado en la cama de al lado de su compañero de sufrimiento.
—Y tú con eso por el pecho das la impresión de que te han vomitado encima intentando hacerte una mamada.
—¡Señor Smith, un poco de respeto!
La voz escandalizada de la señora Pomfrey, que detuvo un momento su cometido de repartir vómito por cuerpos ajenos para mirar al rubio con censura, frenó en seco el ataque de mala leche de Zac e hizo que Justin disimulara la risa con una tos. El primero porque, muy dado a las peleas y las lesiones de quidditch, pasaba tanto tiempo en la enfermería que prácticamente consideraba a la señora Pomfrey una segunda madre. El segundo porque sí tenía un poco de respeto.
Ella terminó al fin su labor —su tortura, según Zac— y se levantó con presteza, hablando a gran velocidad.
—En media hora habrán desaparecido los moratones y podréis iros. Y no, señor Smith, no me mire así porque no voy a hacerlo con un hechizo. Siempre queda rastro. Con esto, en cambio, estarán como nuevos en seguida. Deberían estar agradecidos. Es una poción muy difícil de realizar. El mismo profesor Snape me la proporcionó.
—Qué tranquilizador —murmuró Zac por lo bajo.
La señora Pomfrey, o no lo oyó, o decidió ignorarlo.
—Y ahora, hagan el favor de estarse quietos mientras atiendo a la señorita Patil.
Se giró para atender a una Ravenclaw sentada en la cama con el brazo inquietantemente hinchado y los dejó respirar tranquilos. Lo bueno de la señora Pomfrey es que no hacía preguntas. Y menos si era Zac con algunas heridas, hecho muy habitual. Que trajera a Justin también herido, sin embargo, era más extraño. Y nuestro protagonista se alegraba de no tener que dar explicaciones.
No quería confesar que había sido él mismo quien le había hecho los moratones.
—¿Cómo te encuentras? —inquirió entonces Justin con suavidad. La voz de Justin siempre era suave, pero en esta ocasión Zac pudo detectar culpabilidad en ella. Aún así, al girarse a mirarlo, también lo vio aliviado, como si la pelea y el llanto que habían compartido hubiera servido para quitarle un peso de encima.
—Como si un empollón enclenque me hubiera dado una paliza.
Justin sonrió. Miró por encima del hombro de Zac y sonrió aún más. Con malicia.
—En ese caso, es una suerte que te vayan a dejar tener tu propia enfermera personal.
Sin entender nada, Zac siguió la dirección de su mirada. Y allí, entrando por la puerta con un aire falsamente decidido, se encontraba Pansy Parkinson.
«Me cago en la puta de Merlín».
«Un momento».
«¿Merlín tenía putas?».
—Hola —soltó ella cuando llegó a su cama, tratando de esconder su nerviosismo con seriedad.
Esa tía era tonta, definitivamente. Qué hola ni qué cojones.
—¿Qué mierda haces tú aquí?
Vale. Quizá había sonado algo agresivo. Pero no esperaba verla, y menos en esa situación. No podía haber venido a verlo a él, ¿cierto?
Parkinson le dedicó una mirada incendiaria.
—Había venido a verte, pero si te pones más gilipollas de lo debido puedo largarme en cualquier momento, imbécil.
Qué dulzura de chica.
—¿Cómo cojones sabías que estaba aquí? ¿Por qué siempre apareces allá donde voy? El acoso es denunciable, Parkinson —Zac relajó el tono, tratando de ignorar las miradas petulantes que le dedicaba Justin a su espalda.
Parkinson le rodó los ojos, decidió apropiarse de parte de su camilla y se sentó en ella sin molestarse en preguntar. Se la notaba tensa y nerviosa a juzgar por cómo mantenía la espalda en tensión y se retorcía las manos, pero había un brillo de decisión en sus ojos que Zac no había visto antes.
No dirigido a él, al menos.
—Tengo mis métodos —afirmó con una sonrisa orgullosa—. Trihart Vaisey y Kevin Bletchey os vieron dirigiéndoos a la enfermería, y el primero se lo dijo a la hermana de Daphne, Astoria, que se lo contó a Tracey Davis (a saber desde cuándo se hablan esas dos), que me lo comentó a mí. Obviamente no iba a fiarme de algo que Vaisey y Bletchey afirman, porque el primero para tener solo trece años fuma más que Theodore y eso ya es decir. Así que envíe a Emma Talkatot, de segundo, a informarse ya que es muy amiga de los de tu Casa. Hannah Abbot confirmó la historia y decidí venir a ver qué estupidez habías hecho esta vez.
Cuando por fin paró de hablar, no está claro si por haber terminado la historia o por estar a punto de ahogarse con su propia saliva, Zac sentía que se mareaba y que su dolor de cabeza había aumentado exponencialmente.
Puta Parkinson.
—¿Y bien? —tras haberse recuperado de su discurso, lo miró alzando las cejas.
Zac le frunció el ceño.
—¿Y bien qué?
Ella lo contempló como si fuera idiota.
—Te preguntaba qué es lo que te ha pasado para acabar así —separó las palabras con lentitud, como si hablara con un niño pequeño o un retrasado mental.
Zac se sintió tentado a mandarla a la mierda, pero sus pequeños ojos y el hecho de que a fin de cuentas había venido a verlo —a pesar de lo que pasó en el baño, o precisamente por eso— acabaron por ablandarlo.
—Nada —gruñó con tono infantil. La mirada incrédula de Parkinson a los moratones cubiertos de potingue asqueroso y la sonrisita perenne de Justin en su nuca estaban poniéndole los pelos de punta.
—¿Nada? —su voz chillona se elevó ligeramente—. Por eso tienes un montón de heridas cubiertas con lo que parece vómito, porque no ha pasado nada. Claro.
Zac se volvió a mirar a Justin, que observaba la pared de enfrente con los labios apretados en una sonrisa burlona.
Tener amigos para esto. Había que joderse.
—Te dije que parecía vómito —le escupió con acidez, para hacerle notar que sabía que los estaba escuchando.
No podía lidiar con dolor de cabeza, líos emocionales con su mejor amigo, líos emocionales con Parkinson, con Parkinson a secas, y encima tener a Justin riéndose en su cara por su vida amorosa.
Justin le devolvió una mirada divertida, mientras Parkison estudiaba a su amigo como si se acabara de dar cuenta de su presencia y no le hiciera demasiada gracia.
—¿Debería dejaros intimidad?
—¿Cómo, genio? No puedes irte, tú también tienes que esperar a que Pomfrey te revise.
—Puedo correr esta bonita cortina entre las camillas para crear una falsa sensación de intimidad.
Zac bufó, algo sorprendido porque Parkinson no hubiera intervenido en la conversación. Ya sabía que Justin no era santo de su devoción, pero estar callada tanto rato era todo un reto para ella.
«Aunque en el baño sí que estuvo de lo más callada».
—Muy bien. Dame cinco minutos e intenta no ponerte a lloriquear como un bebé.
Justin sonrió. A Zac casi le incomodó el cariño que brillaba en sus ojos.
—Se hará lo que se pueda.
Con un «frsssh», Parkinson y él quedaron todo lo aislados que se podía en esa situación. Ella se mordía el labio con nerviosismo y él sentía como el silencio empezaba a asfixiarlo. No tenía muy claro cómo se suponía que debía de actuar ante la chica a la que le había comido el coño hace apenas unas horas tras decirle que iba a hacerle gemir su nombre.
No era muy satisfactorio para su ego el no haberlo conseguido, por cierto. Aunque fuera por culpa de la intervención de Susan.
Tampoco sabía cómo debía actuar conforme a esos nuevos sentimientos que notaba retorciéndose en su estómago. Él nunca había sido bueno para esas cosas. Y para ser sinceros, nunca le había interesado. Si la gente no era capaz de interpretar sus sentimientos con sus actos incomprensibles era problema de ellos, no suyo.
Después de todo, él siempre había tenido a Justin. Y Justin siempre lo había entendido sin necesidad de palabras.
«He sido yo el que ha fallado al no ver cómo se estaba rompiendo. Yo soy el amigo de mierda».
Pero ahora estaba Parkinson, que lo ponía de los nervios a la vez que cachondo, que lo hacía querer estar con ella al mismo tiempo que mandarla a la mierda.
Y allí, sentada a su lado en la camilla, con los ojos llenos de algo parecido a la preocupación, Zac se sintió terriblemente confuso. Por un momento, estuvo desbordado. Quiso besarla y hacerla gemir su nombre, abrazarla tranquilamente hasta quedarse dormido, decirle que se fuera para no volver a verla, llorar que no comprendía el porqué se sentía tan inseguro cerca suya.
Pero entonces Parkinson le apartó con timidez un mechón rubio de la frente. Y todo pasó.
Zac respiró de nuevo y las ansias de hacer todo y nada se disiparon en su sangre.
—¿Me vas a decir lo que ha pasado o no?
Él suspiró.
—Una pelea muggle. Nada de lo que preocuparse.
Parkison le dirigió otra mirada exasperada.
—Ya.
Zac dudó antes de cogerle la mano entre las suyas y acariciarle los nudillos con el pulgar. La sintió temblar ante su toque y tragó saliva. Estaban ante un terreno inexplorado y no sabía exactamente cómo proceder.
Parkinson no era su novia, pero tampoco su amiga. Evidentemente no podían etiquetarse como simples «conocidos» (mucho menos como enemigos), así que, ¿qué eran? ¿Conocidos con derecho a roce? ¿Un rollo pasajero? ¿Un par de gilipollas?
Se moría de ganas de preguntárselo, y sin embargo, no lo hizo.
Era imbécil pero no tanto. No iba a humillarse.
«El inútil de Malfoy todavía sigue por ahí»
—Escucha, Parkinson —empezó sin dejar de acariciarla con suavidad—, sé que tus intenciones son buenas (sorprendentemente), pero de verdad que este no es un buen momento para los mimitos.
Ella le dedicó una mueca.
—Eres insoportable —declaró sin apartarse de su tacto—. No sé cómo te aguanta nadie. Y, desde luego, no sé en qué pensaba el Sombrero cuando te envío a Hufflepuff.
Lo que pasó a continuación fue, para Zac, la prueba concluyente de que la poción mohosa de Pomfrey era algo potencialmente venenoso y dado a provocar delirios, porque de otra manera no se lo explicaba.
El hecho de que, por primera vez, se abrió realmente a alguien además de Justin (y quizá, Susan).
—No pensó en nada —susurró tratando de ignorar a Justin al otro lado de la cortina y a la voz de la señora Pomfrey atendiendo a Patil un poco más lejos.
Pansy se inclinó hacia él, confusa.
—¿Cómo?
Zac cogió aire.
—No pensó en nada. Yo no encajaba en ninguna otra Casa ni tenía preferencias, así que me envío a Hufflepuff.
Ya está. Ya lo había dicho. El gran tabú que a él le importaba una mierda pero al que todo el mundo le daba importancia. El hecho de que pertenecer a una Casa te aseguraba poseer las características que allí se buscaban.
A él nunca le había importado. Valiente, inteligente, leal, astuto. Zac ni siquiera se sabía los nombres de las Casas cuando se colocó el Sombrero a los once años. Y cuando el Sombrero le dijo que lo mandaría a Hufflepuff, le pareció bien.
Fue más tarde cuando se dio cuenta de lo importante que parecía ser una Casa para todos.
El silencio de Parkinson fue denso y todavía más incómodo que el de antes. Zac levantó la vista de las sábanas, que antes había contemplado con gran atención, y la vio observándolo con una cuidadosa expresión de póker, todavía aferrada a su mano.
Él se obligó a sonreír.
—Al final resulta que sí que vamos los que sobramos.
Habló porque sabía que para ella el tener un lugar al que pertenecer dentro de las Casas sí que era importante. Que Slytherin, a pesar del rechazo que recibía, era sagrado para esa chica menuda y llena de testarudez.
—Lo siento —murmuró Parkinson, siendo la que le acariciaba los callosos dedos en esta ocasión.
Él emitió un sonido de desdén desde lo más profundo de su garganta.
—¿Por qué? ¿Crees que prefiero ser parte de unos estereotipos absurdos y blandir con orgullo los principios que han hecho míos por pertenecer a una puta Casa? No me hagas reír.
Y era sincero.
Zacharias Smith era un borde y un bruto y un insensible. Era irascible, incoherente e impulsivo. Un quejica y un crítico cruel.
A Zacharias Smith no le interesaba ser aceptado por cientos de desconocidos, ni camuflarse en la multitud como una oveja más, ni ser parte de un grupo homogéneo y perfecto.
Zacharias Smith no era especialmente leal ni trabajador. No era amable ni tranquilo. No creía en las buenas causas porque sí, y Harry Potter le parecía un niñato llorón necesitado de atención.
Zacharias Smith no encajaba en el prototipo de Hufflepuff.
—Mi casa sí que se lo toma en serio —dijo, sin embargo—. No quieren ser los que sobran.
Pero Zacharias Smith era un Hufflepuff.
Porque, a fin de cuentas, ¿qué demonios es un Hufflepuff?
Parkinson esbozó una media sonrisa.
—¿Me estás diciendo que te guarde el secreto?
—Te estoy diciendo que no cotillees por ahí como siempre haces y que te largues sin hacerte la ofendida porque soy un borde.
Ella rió entre dientes antes de soltarle la mano e inclinarse a darle un beso en la mejilla.
Cuando le susurró el lugar donde podían verse al día siguiente, Zac trató de ignorar la sensación de alegría en el estómago y se negó a reconocer que estuvo observando su espalda hasta que hubo abandonado la enfermería.
La voz de Justin le llegó amortiguada por la cortina:
—Qué bonito.
—Todavía puedo asfixiarte con la almohada.
He conseguido que no pasara un año desde la última publicación y eso debería tenerse en cuenta, ¿no?
Podría poner excusas. De hecho, las voy a poner. Como que me operaron el tobillo y tuvieron que operarme, y se me murió el ordenador donde tenía escrito medio capítulo, y he tenido dificultades para escribir (y para todo, en general, digamos que 2015 no ha sido mi año). Pero en realidad todo se basa en que no tenía ganas de escribir esto.
Hoy las he reencontrado y espero sinceramente que haya merecido la pena. Vosotros diréis.
Y ahora dejemos de lado la seriedad y comentemos cosas importantes del capítulo:
1) Para los que no hayáis leído El niño maldito, no entenderéis lo de la pelea entre Justin y Zac. Podéis leerlo y lo comprenderéis, pero ese fic es una bestialidad (de largo), así que por aquí os digo que basta con saber que Justin estaba pasando un mal momento por culpa de su familia (entre otras cosas) y se descargó en Zac.
2) No sé si os habéis fijado pero hay una ocasión en la que Zac habla de Pansy usando su nombre y no su apellido. Es completamente intencional.
3) Soy muy fan de la amistad entre Zac y Justin, aunque esté mal que yo lo diga.
4) Los Puffies' son todos unos cuties, por muy bordes e irascibles que sean. Y en el fondo, siempre he pensado que son la mejor Casa de Hogwarts. Tratar de encajar en un molde estereotipado es una mierda.
5) Estás obligado a dejar review si crees que Zac es sexy, lo siento.
Agradecimientos especiales por dejar review en el capítulo anterior a: Aretusa, SrtaPoetry, mich y Metanfetamina.
¡Gracias por leer, y a los que lleváis casi un año esperando, os debo unas mil ranas de chocolate!
Lils White
