Disclaimer: Si Harry Potter me perteneciera nunca hubiera nacido algo como The Cursed Child. Y todos me lo agradeceríais.


Ojos que no ven…

Lo que tienen delante de las narices. Porque eres Zacharias Smith y no te enteras de una puta mierda.

El final llegó antes de que algo hubiera empezado.

Fue inesperado y un poco doloroso, como un puñetazo en el estómago sin demasiada fuerza o golpearse la espinilla con la pata de una mesa.

(Zac lo compara siempre con heridas físicas. Porque de dolor físico es de lo único que realmente entiende).

Fue curioso, lo corto pero intenso de aquel interludio absurdo, en el preludio de una guerra que los marcaría a todos.

(A ella más que a él. Porque, como siempre, ella era más dada a sufrir y él más dado a ignorar un mundo que parecía no quererlos).

Porque ellos no se querían. Al menos, no de la manera eterna e incondicional en la que se supone que una pareja debe quererse. Con mariposas en el estómago, el corazón saltándote en el pecho, y un anhelo que te sube por la garganta y no te deja respirar. Ella estaba enamorada de Draco. Y él, del reflejo que le devolvía todos los días el espejo.

Sin embargo, cuando muchos años después Zac mirara hacia atrás, recordaría un año marcado por baños y melenas morenas. Ojos demasiado juntos y sonrisas no del todo maliciosas.

Un breve interludio en sus vidas que acabaría olvidado entre sangre y muerte. Por una guerra en la que ellos, adolescentes-casi-adultos-pero-no-del-todo, fueron los secundarios prescindibles.

Quizá fue mejor que ella acabara con todo antes de que eso los salpicara. Quizá por eso dolió pero no tanto.

Quizá por eso cuando lo miró y lo dijo, él no protestó.

—Tenemos que dejarlo.

Estaban reunidos en el baño del segundo piso, saltándose una clase que Zac no recordaría más tarde. Solían hacerlo, reunirse en secreto para compartir besos y roces. Y aunque él ya sabía que esto tenía una fecha de caducidad marcada en algún sitio que no se había molestado en mirar, la noticia lo pilló por sorpresa.

No duele si lo ignoras. Si cierras los ojos hasta que la realidad te golpea en la cara.

—¿Dejar qué?

Ella lo miró como si fuera imbécil (que lo era). E ignoró la pregunta absurda.

—Draco y yo… —se atascó, pero Zac ya sabía lo que va a decir y los sueños que nunca existieron se derrumbaron como castillos de arena.

Era tan estúpido. Bravucón, infantil, siempre creyendo ser algo que no era. Pero, ¿no son así todos los chicos de quince años? Zac siempre sería un idiota, de todas formas. A los quince, veinte, cuarenta, sesenta años.

Zac tendía a dejarlo todo para el último momento. Esquivaba todos los problemas que no pudieran ser solucionados a base de puñetazos. Quién sabe, tal vez Justin tenía razón y era un negado emocional.

Él sabía que lo suyo no era nada estable o especial. Solo se enrollaban un puto baño (o escobero) de vez en cuando. Y él no era un criajo con el corazón lleno de ilusiones y sentimientos cándidos. Él era un adolescente que quería follar.

Ellos no eran nada. Un intento fallido que no llegó a empezar. Un momento perdido, robado de una vida que no les pertenecía. (Estaban tan jodidos desde antes de comenzar).

Y, sin embargo, ella siempre fue.

Ella sigue siendo.

—Draco y yo vamos a intentarlo —vaciló al decirlo. Ni ella misma se creía que fuera a funcionar. Había casi resignación en sus ademanes, como si supiera que todo estaba condenado al fracaso. (Como ellos)—. Así que no podemos seguir viéndonos.

Zac podría haberle dicho muchas cosas. Podría haber sido cruel y arañado su intento de conseguir algo de amor. «¿Así que vuelves a renunciar a tu orgullo? Te ha humillado e ignorado toda tu vida. Sabes que no te merece y no va a funcionar. Acabarás con el corazón más roto de lo que ya lo tienes».

Pero Zacharias Smith, malhumorado, gruñón, borde, impulsivo, no es Draco Malfoy.

Y ella lucía tan rota. Probablemente no por él (porque él nunca fue importante), sino por el otro. Porque ya sabía que sus intentos iban a seguir siendo fallidos y que iba a seguir cayéndose, para preguntarse cada vez si merecía la pena levantarse.

Zac resistió el impulso de acariciarle la mejilla. Ella alternaba la mirada entre el suelo sucio y su cara, mordiéndose con fuerza el labio inferior. Seguía sin ser guapa, pero ahora Zac le veía encanto.

Y aún así, eso era todo. La fecha de caducidad había llegado y él no pensaba dejar que lo lamentara algo más que su polla.

Se encogió de hombros, vestido con la falsa indiferencia llena de bravuconadas con la que enfrentaba al mundo.

—Vale.

El reloj marcó el final del interludio y el tiempo volvió a correr de manera frenética.

.

Diez años después, en un bar medio vacío, la realidad llamó de nuevo a la puerta.


Celebrando que el viernes acabé los exámenes, os traigo el PENÚLTIMO CAPÍTULO recién salido del horno. (Técnicamente el último porque solo queda el epílogo). Donde por fin "rompen" Zac y Pansy... *Le caen tomates y objetos afilados con intenciones dudosas*.

El capítulo iba a ser algo más largo y con más diálogo, pero no me parecía estar transmitiendo bien lo que quería, así que he tenido que dejar de lado el humor. Que a fin de cuentas es una "ruptura". Me reservo el diálogo y la largura para el epílogo, donde se reúnen por fin el Zac y la Pansy adultos *música de tensión*.

Y bueno, yo que sé. Hoy me he levantado un poco tonta, disculpad mis intentos de ser graciosa.

Sé que lo corto y soso que es el capítulo no compensa el tiempo de espera, pero prometo redimirme con el epílogo (Y LAS VERDADES QUE SERÁN REVELADAS... Vale no). Y si no hablad con mis musas que se han ido de vacaciones y no hay quien las encuentre.

Agradecimientos especiales por dejar review en el capítulo anterior a: Anat Lilith, mich, Sam Wallflower (tienes permiso para volver a quejarse sobre la brevedad del capítulo), MadGHater, SrtaPoetry, y alexita Malfoy.

Gracias por leer y seguir aquí, a pesar de todo.

Lils

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