Haoo guapuras! ¿Qué tal? Ya lo sé, ya lo sé, me diréis: "Tenías que publicar el 5, me has roto el kokoro" Sé que romper una promesa es muy feo, pero durante todo Enero estuve de exámenes y al acabar, me entró un bajón pues no me fue bien la cosa XD
Pero bueno, sin más dilación, aquí tenéis el capítulo. Espero que lo disfrutéis. Se os quiere!
Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Kubo Tite, sólo los utilizamos como diversión y no recibimos ningún tipo de retribución económica por ello. No obstante, el argumento y los personajes originales de esta historia si son de nuestra propiedad.
CAPÍTULO UNO
En el que el Seiretei se organiza
La calma reinaba en los largos pasillos de la residencia. El Comandante caminaba con premura y en silencio seguido de su fiel teniente. Habían pasado pocos minutos desde que anunció una reunión de emergencia y unos cuantos más desde que Kinomoto le había dejado con sus demonios.
El nombre de Kaya le había alterado completamente y había ocupado la totalidad de su mente, tal y como había hecho un milenio atrás. Su subordinado no era el único en notar un cambio radical en su adusto comportamiento.
—Capitán… Lamento anticiparme, pero… ¿Cuál es el significado de esta reunión tan repentina? —preguntó directamente Sasakibe.
—Se ha producido un ataque a gran escala —respondió seco—. El líder de la familia Kinomoto vino a informarme en persona, hizo bien.
A pesar de que, le confiaría su vida a su teniente, era incapaz de compartir ése pecado, ése secreto que le ha estado corroyendo vivo sin piedad alguna.
—¿Un ataque? ¿Quiénes son los responsables? —inquirió el subordinado cuya expresión se ensombreció.
—Eso trataremos de averiguar.
El Capitán no dijo más y siguió andando, no daría detalles de más hasta no estar del todo seguro de que Kaya hubiese regresado.
—Capitán… Hay algo que no entiendo —Genryusai le miró de soslayo—. El actual líder del Clan Kinomoto es Kinomoto Hitoyoshi pero usted…
—El actual líder fue, es y siempre será Kinomoto Tsugiyoshi. No admito a nadie más noble que él para llevar el título de líder —con ésas palabras, el Capitán dio por finalizada la charla.
A medida que avanzaban por los pasillos, la cantidad de shinigamis jóvenes y nerviosos aumentaban considerablemente. Intentaban ocultar su nerviosismo lo mejor que podían, pero la palidez de sus rostros les delataba.
Como era de esperar, para cuando el Comandante General llegó a la sala de reuniones, todos los capitanes disponibles ya estaban presentes. A Genryusai le dolía ver a algunos sectores sin representación pues la guerra había dejado vacías mucho más que las capitanías, él lo sabía bien.
En aquel momento, Sasakibe tuvo que salir de la sala, ya que al parecer había alguien que reclamaba su atención.
La sala de reuniones estaba bajo un completo silencio, a diferencia del bullicio que residía en el exterior. Los pasos del Capitán resonaban y las espaldas de los otros Capitanes se erigían mostrando todo el respeto que él se merecía.
En cuanto se giró hacia ellos, les encontró mirándole fijamente. Era obvia la preocupación en cada uno de ellos, sin embargo, era tangible la disparidad entre los Capitanes y los shinigamis jóvenes, éstos últimos nerviosos y asustados. Los primeros, en cambio, estaban rodeados de una fría y tajante calma pero en su interior ardía una furia desmedida que suplicada una liberación. El comandante no dudó en compartir ésos sentimientos.
—Capitanes, os agradezco que hayáis acudido rápido a mi llamada —todos asintieron—. No obstante, la gravedad de la situación me obliga a ir directamente al grano. —Todos escucharon atentamente—. Recientemente, se han producido potentes ataques a varios distritos del Rukongai. El único informante ha muerto tras transmitir esta información, no ha habido sobrevivientes.
Los líderes de cada escuadrón se tensaron delante de la noticia, algunos hasta rieron de la emoción por la posibilidad encontrar a un adversario digno al que enfrentarse.
—¿Quiere decir que no tenemos más información que podamos utilizar? —preguntó Hitsugaya Toshiro.
—No se ha confirmado, pero sabemos que nuestro enemigo fue capaz de predecir cada uno de los movimientos de los residentes de los distritos, antes incluso de que esta información llegara a nosotros —explicó el Comandante.
—Eso es imposible; predecir algún movimiento del enemigo es asequible, pero no el de toda una ciudad ni el de personas adyacentes —convino Shunsui Kyouraku.
—Imposible no es —intervino Kurotsuchi Mayuri—. Simplemente carecemos de los conocimientos necesarios para llevarlo a cabo. No dudo que haya gente que haya superado esos saberes —se rió—. En cuanto lo capturemos, me gustaría jugar con el espécimen, si no os importa.
—No sé para qué pides permiso, si lo harás igualmente aunque te lo prohibamos —continuó Toshiro.
—Silencio.
No fue necesario que Genryusai levantara la voz para que todos volvieran a guardar silencio. La idea de que Kaya estuviera metida en este asunto y que Kurotsuchi jugara con ella no agradó demasiado al Capitán de la Primera División. Por suerte, sabía camuflar bien sus sentimientos.
—¿Qué debemos hacer? —intervino Komamura Sajin.
Ésa pregunta la llevaba meditando desde que Kinomoto se fue. Si fuese un enemigo desconocido, llevaría a cabo la estrategia habitual. Si desgraciadamente se trataba de Kaya, las cosas cambiaban drásticamente. Kaya no es una enemiga que se pudiera vencer con estrategias sencillas ni con pocos combatientes. Después de todo, fue capaz de vencer a todo un ejército sola, hacía ya un milenio.
—El plan… —Yamamoto no pudo continuar con sus órdenes, pues Sasakibe entró en la reunión bruscamente.
—Perdón por interrumpir así, Capitán —tenía el pulso acelerado—. Pero lamento comunicaros que se acaban de producir varios atentados en la ciudad de Karakura.
Algunos capitanes se alarmaron y no era para menos.
—Detalles —exigió el comandante.
—No estamos seguros, pero los shinigamis enviados aseguran que un grupo de dos personas, conformado por un hombre y una mujer, invocaban y controlaban Hollows a placer. Hay varios heridos. Hemos intentado contactar con Urahara Kisuke o Kurosaki Ichigo pero no logramos saber nada de ellos.
—¿Cómo era la mujer? —quiso saber Genryusai, sin saber que por su tono, varios capitanes llegaron a asombrarse.
—No tenemos su descripción, Comandante —se disculpó su teniente.
En su mente, Yamamoto tenía un torbellino. Quizás su semblante exterior expresaba seriedad y una notable preocupación, pero su interior era un caos de emociones que aceleraban su viejo corazón.
—Comandante General – habló Kuchiki Byakuya por primera vez—. Las órdenes.
"Concéntrate, Shigekuni"
Por alguna razón, su cabeza recordó ésas palabras dichas por ella y su interior entró en calma. Era increíble cómo después de tanto tiempo, ella tenía tanta influencia en él. Sin hacerse esperar, el Capitán retomó la compostura, su semblante amenazador y sus característicos ojos abiertos.
—Capitana Unohana, envíe grupos de curación a la ciudad de Karakura y Capitán Zaraki, que tu división se encargue de ésos hollows, en cuanto estén todos destruidos, volved. Vuestra fuerza será necesaria aquí.
—Será un placer, viejo —el corpulento capitán y una siempre elegante Unohana partieron sin demora hacia la puerta que lleva al mundo humano.
—Las demás divisiones se encargarán de recoger información en los distritos del Rukongai que han sido atacados. Será necesaria la formación de grupos de tres para asegurar que la información llegue. Además, que otros grupos de tres se dediquen a vigilar los distritos no atacados e investiguen cualquier actividad sospechosa. Ahora, la Sociedad de Almas está en guerra, no bajéis la guardia.
Ante sus palabras, los capitanes realizaron una leve reverencia y salieron de la sala de reuniones, todos estaban mentalizados con lo que debían realizar y no fallarían.
—Una última cosa, jóvenes —se detuvieron—. No entabléis lucha directa con la mujer, eso es todo.
La última orden les desconcertó, pero ninguno de los líderes se atrevió a preguntar sus motivos. El Comandante sabía que debería darles una explicación luego pero aun no era el momento. Ahora lo importante era conocer la verdadera identidad de los atacantes y su localización.
Cada capitán se marchó seguido de su teniente, pues había muchas cosas que hacer y muy poco tiempo para llevarlo a cabo, por lo que la rapidez y la precisión eran cruciales. Sasakibe le estaba esperando en silencio, su ceño fruncido era signo de otro problema. Le conocía tan bien que era fácil saber lo que pensaba, sin embargo, de la misma forma, él también le conocía y sabía que pasaba algo con el Comandante General.
—Capitán, otro miembro del Clan Kinomoto le espera —Genryusai sabía perfectamente de quién se trataba—. Kinomoto Hitoyoshi desea una audiencia con usted.
El arrogante de Hitoyoshi…. Yamamoto supuso que tarde o temprano vendría a molestarlo. Pero no pensaba que tan pronto. Ése desagradable siempre aparecía cuando su padre salía de la mansión principal.
—Muy bien, llévame con él —pidió el Comandante.
Durante el trayecto, Genryusai no podía parar de pensar en las desgracias habrían pasado en la Casa Kinomoto desde que Tsugiyoshi decidió traspasar el título de líder a su hijo, Hitoyoshi. La familia Kinomoto entró en decadencia, no en el ámbito económico, sino en el social.
Antaño, Tsugiyoshi consiguió elevar por los cielos la buena reputación de su Casa, estableciendo a su familia como la más prestigiosa y noble. Admirada y respetada por todos, su familia vivió en la gloria y ofrecía su ayuda a la Sociedad de Almas cuando era necesario.
Todo esto ya era cosa del pasado, pues las influencias de Hitoyoshi habían servido para poner el nombre de "Carroñeros" a toda la família. Espionaje, sobornos, corrupción… todo esto no era más que la punta del iceberg. Era duro ver cómo el trabajo de Tsugiyoshi, obtenido del sudor, esfuerzo y valor, eran desechados cual desperdicio. Pero más duro era ver cómo Hitoyoshi destruía a su padre, pues había decretado que nadie hablara más de él y que se ignorara su existencia. Es más, su leal amigo tenía prohibido salir de la residencia principal y era vigilado constantemente.
De no ser porque Hitoyoshi era hijo de su mejor amigo y un noble, habría muerto hacía tiempo. Pero dada su situación el Comandante sería tachado de traidor y posteriormente asesinado.
Habían pasado unos minutos desde que salió en su busca y para sorpresa del Capitán de la Primera división, Kinomoto Hitoyoshi estaba manteniendo una conversación con Kuchiki Byakuya. Y por lo que parecía, ninguno de los parecía contento con la presencia del otro.
La llegada del Comandante General puso en alerta a Hitoyoshi; Kuchiki en cambio, parecía aliviado. Sasakibe decidió quedarse al margen, pues se trataba de una discusión entre tres personalidades importantes.
—No esperaba su visita, Kinomoto Hitoyoshi —habló suavemente Yamamoto, a pesar de la poca estima hacia su persona, había de mantenerse una situación de neutralidad y respeto—. ¿Qué desea el líder del Clan Kinomoto de mí?
—Es un placer contar con usted Comandante General —su grado de cinismo no tenía comparación, pensó Genryusai—. He sido informado de que recientemente ha recibido la visita de mi amado padre —Yamamoto abrió los ojos, pues los mantenía cerrados para que no expresaran más de la cuenta—. Le pido disculpas si le ha causado alguna molestia —expresó con una fingida reverencia.
—No hay nada que disculpar, tu padre tiene mi bendición para venir a verme cuando le plaza, siempre será bienvenido —habló Yamamoto.
—Le estoy agradecido —se apresuró a decir—. También estoy enterado de una supuesta amenaza.
—No es ninguna suposición; es, sin lugar a dudas, una amenaza – le corrigió.
—Espero desde el fondo de mi corazón que podáis lidiar con ella —miró sagazmente a Kuchiki Byakuya, que seguía en silencio—. Después de todo, he oído hablar maravillas de usted. Mi padre me ha contado que sois el guerrero más feroz que ha existido. Que sois una leyenda.
—Se agradece vuestro interés, Kinomoto. Ahora, si no tenéis nada más que decir… —dio por zanjada la conversación Genryusai.
No había tiempo para recibir halagos y no iba a permitir que un mocoso interfiriera en sus asuntos.
—Vamos, vamos, Capitán Yamamoto; no trate de librarse de mí —siguió hablando hipócritamente—. Estamos manteniendo una agradable conversación aquí, seguro que Kuchiki está de acuerdo conmigo —comentó mirando al nombrado.
—Honestamente, la Sociedad de Almas está en alerta roja, el tiempo que pasemos aquí podría ser crucial y no voy a permitir que se derroche de esta manera —contestó firmemente.
—Entiendo, siempre tan directo, Kuchiki —rió por lo bajo—. Bien, iré al grano, he venido para ofrecer mi ayuda desinteresada —añadió lo más honestamente posible.
—¿Su ayuda? —Yamamoto ignoró completamente la palabra desinteresada.
—Así es, la Sociedad de Almas y mi familia siempre han estado unidas en épocas de máximo peligro, así que vengo a hacer honor a ése hecho —Kuchiki y Genryusai intercambiaron la mirada, ambos sospechando que tramaba algo.
—¿Y cómo planea hacerlo? —quiso saber Genryusai.
—He pensado que mi nieta podría serles de ayuda. Es bastante huraña y un poco retraída pero ha heredado toda la valentía y el poder de la familia Kinomoto —afirmó.
Y no le extrañaba a Yamamoto, ella debió de heredar todo lo que le falta a Hitoyoshi.
Sinceramente, al Capitán de la Primera división todo esto le parecía sospechoso. Que Hitoyoshi quisiera ayudar era más extraño que Kurotsuchi Mayuri dejando de experimentar. Quizás quiera mantenerles a todos controlados, colocando a su nieta como espía, así podría proporcionarle datos importantes que puedan llegar a afectarles a todos.
Por otro lado, no les vendría mal algo de ayuda. Yamamoto sabía muy bien y de buena mano del poder de la familia Kinomoto, pues había combatido junto a Tsugiyoshi incontables veces. Y si era cierto, la bisnieta podía ser muy poderosa.
Lo que no llegaba a entender, era porqué Tsugiyoshi nunca le había comentado que tenía una bisnieta ni qué tenía que ver con todo esto con Kuchiki Byakuya.
Si bien era sabido que entre los dos Clanes había una rivalidad, hacía tiempo que habían dejado atrás las armas, pero eso no significa que hablasen cordialmente. Genryusai pensó que quizás quiera impresionar al líder del Clan Kuchiki o simplemente alardear.
La adquisición de nuevos aliados era fundamental para el Comandante, pero aun dudaba de las intenciones de Hitoyoshi, por lo que le mantendríamos vigilado a él y a la supuesta nieta.
—¿Una nieta? – preguntó Yamamoto.
—Sí, Arashi, la hija de mi hijo, mi descendiente directa —habló con máximo orgullo—. Pero como ya os he comentado, es algo tímida.
—Es cierto que ahora necesitamos a todos los combatientes posibles, por lo que le agradeceríamos su participación —concluyó Yamamoto.
—Bien, no le defraudaremos, Comandante —sus ojos brillaron tras su supuesta victoria—. ¿Pero podría pedirles una última cosa?
Ahí viene, el precio a pagar.
—Desearía que mi dulce Arashi trabajara junto a la Sexta División… —Byakuya se tensó— bajo el mando del respetable Kuchiki Byakuya.
—¿Por qué? —se apresuró a contestar el aludido.
—Sé que nuestros clanes han tenido sus diferencias, pero ni mi padre ni yo queremos eso continúe, y supongo que usted comparte nuestra forma de pensar, ¿verdad? —Byakuya frunció el ceño—. Por eso, queremos ofrecerle un tratado de paz y hemos concluido que ésta sería la mejor opción. Sé que Arashi no le entorpecerá, es una chica lista y fuerte, pero en el caso que usted decida que su inutilidad es más grande que la verdad de mis palabras, puede devolvérmela sin problemas.
Genryusai observaba la situación atentamente, pues no volvería a pasar jamás. La cara de Kuchiki era de perfecto asombro, no obstante, recuperó la compostura rápidamente y frunció el ceño, esta vez, una ola de rabia recorrió su mirada. Y no era para menos, Hitoyoshi le acababa de ofrecer a su nieta como si fuera mercancía, una propiedad, ganado… Dudaba mucho de que Tsugiyoshi hubiera aceptado tal tratado y la rabia le recorría por las venas.
—Me temo que eso no depende de mí —añadió Kuchiki mirando fijamente a los ojos claros de Hitoyoshi, ahora ya no había cordialidad ni un fingido respeto, ahora se miraban como si fueran enemigos acérrimos.
—Cierto, olvidaba que no eres el Comandante General —se burló—. ¿Qué dice usted, Capitán Yamamoto?
De la forma en la que ha ofrecido a su nieta, Yamamoto entendió que no la apreciaba en absoluto ni la valoraba como persona. Entonces se le pasó por la cabeza que podría haber estado bajo el abuso de Hitoyoshi, como su bisabuelo.
—Me parece buena idea —Kuchiki le miró con expresión ensombrecida, ligeramente sorprendido —. Lamentablemente, no garantizo que esté bajo la protección de Kuchiki Byakuya, pues he decretado que los Shinigamis sean rotados por diferentes zonas, cabe la posibilidad de que nunca lleguen a coincidir.
—No me parece relevante —rio por lo bajo—. Bien, entonces, trato hecho —Hitoyoshi le ofreció la mano a Kuchiki, pero éste no la estrechó. Al quedarse solo, volvió a reír y le puso la mano en el hombro—. Ha sido un placer trabajar contigo —le dijo hipócritamente, luego miró al Comandante—. Gracias por su atención, Capitán Yamamoto —con su típico aire arrogante y cínico se marchó seguido de varios sirvientes.
—Me temo que se ha sobrepasado en su autoridad —replicó en voz baja pero penetrante.
—No lo he hecho, solo he obtenido un combatiente más —explicó Yamamoto—. Kuchiki, al igual que tú, no siento demasiado "aprecio" por Kinomoto Hitoyoshi… pero sí le debo mucho a su padre, si su bisnieta está siendo abusada, no lo voy a permitir.
—Cabe la posibilidad de que sea una espía —añadió Kuchiki.
—Sí, existe la posibilidad. Pero antes de juzgarla, habrá que conocerla, y para eso necesito a alguien de confianza.
Kuchiki pareció sopesar sus palabras y después de unos segundos en silencio considerando todas las posibilidades, suspiró y dio media vuelta, listo para irse.
—Si se acaba cumpliendo esa posibilidad, no dudaré en matarla —finalizó y se fue.
La estancia se volvió a quedar en silencio, algo interno en Genryusai sentía que acabaría pasando algo entre la familia Kinomoto y Kuchiki, solo esperaba que no llegara a ver nada relacionado con la sangre.
Demasiadas familias se habían roto a causa de disputas absurdas y por malas decisiones. Y eso último, él lo sabía demasiado bien.
· · · · · · · · · ·
—Capitán…. —habló Sasakibe y el anciano salió de ensimismamiento.
No se había dado cuenta de que había llegado a su habitación y estaba de pie mirando las flores del jardín. Había bajado la guardia y su teniente estaba preocupado.
—Sasakibe, debo meditar —intentó que le dejara solo.
—Eijisai-dono… - con ésas palabras, consiguió captar la atención de su Capitán—. Su primera cicatriz… ¿Cómo se la hizo?
Ante la pregunta, Yamamoto suspiró y se sentó en el tatami, lo más recto posible. Una ola de bochorno le asoló, pues por aquella época su comportamiento dejaba mucho que desear.
—Es la marca de la vergüenza – soltó el Comandante.
—¿Vergüenza? – volvió a preguntar su teniente.
—Hubo una época en la que hice cosas de las que hoy me arrepiento, esta marca me lo recuerda cada día.
—¿Y quién se la hizo? – quiso saber.
—La única mujer a la que he amado —aquella respuesta sorprendió al teniente, que se había imaginado otra escena en su cabeza, tales como una lucha o un accidente.
—¿Su-su amada? —su tartamudeo se podría considerar gracioso para un hombre de su edad.
—Así es. ¿Acaso dudas de que yo pueda amar a alguien? —le preguntó.
—No, no, Comandante, solo que… Me había imaginado de todo menos eso. No llegué a ésa posibilidad —se disculpó vehementemente el teniente.
—Descuida, todos reaccionarían así.
Una suave brisa sopló moviendo las flores. La luna aún estaba en lo alto, pero pronto se marcharía, pues el amanecer estaba cerca.
—Lamento preguntar otra vez, pero ¿tiene algo que ver su amada con la mujer de los ataques? —ahí está, la pregunta que lo atormentaba.
—No lo sé, aunque todo apunta que sí —el dolor creció en su pecho.
—¿Usted sabía que seguía viva?
—No, tenía entendido que había partido hacia su destino con el resto de su linaje —contestó misteriosamente.
—No lo entiendo bien, Comandante.
—Para que lo entiendas debería contarte toda la historia y es larga.
Yamamoto aún se mostraba reacio a contarle su pecado a Sasakibe, a alguien que de verdad lo admiraba. Pero algo en su interior le decía que lo había mantenido oculto durante mucho tiempo, que una historia así, debía ser contada para que no caiga en el olvido.
"La verdadera muerte es el olvido, Shigekuni, recuérdalo siempre."
Sus palabras se le habían clavado en el alma cual tatuaje; el anciano recordaba cada conversación que mantuvo con ella, cada gesto, cada sonrojo y cada beso. Pero todo se lo había guardado para él, como su tesoro, creía que sólo él era digno de saberlo.
Desgraciadamente, gracias a eso, nadie conocía ni su nombre ni su leyenda. Era triste ver como la verdadera fundadora de la Sociedad de Almas, había caído en el olvido.
—Capitán, me gustaría conocer la historia, se lo suplico —dijo arrodillándose.
—Levanta la cabeza, mocoso. —Le riñó el Comandante—. Aún no has aprendido nada. En primer lugar, trae té y pastas, estaremos largo rato sentados.
—Sí, señor —se levantó rápido y volvió rápido, se notaba en la cara que tenía mucha curiosidad, pues parecía haber rejuvenecido.
Y para ser sinceros, él también. Aunque fuera sólo por dentro, las expresiones de Yamamoto se suavizan cada vez que la nombraba y sus ojos se llenaban de pequeños fragmentos de una felicidad ya lejana.
—Veamos… ¿Por dónde empiezo…? —se preguntaba mientras daba sorbos al té—. Kaya —sonrió—. Kamishakujii no Hakoudou Kaya era… – pronunció dulcemente.
—¿Kamishakujii no Hakudou? ¿Pero no es ése el nombre de la familia real? —quiso saber Sasakibe.
—Así es, Kaya no era ni más ni menos que la primogénita del Rey Espiritual, una de las princesas.
—"Noche hermosa" —susurró Sasakibe. A pesar de decirle que les dejara solos, se quedó escuchando la conversación que mantuvo con Tsugiyoshi, nunca cambiará.
—Así es.
—¿De verdad lo era?
—Si se lo preguntases a mi yo de aquella época, te diría que ni en broma —se jactó el anciano.
—¿Y si se lo pregunto al Yamamoto actual?
—Te diría que hermosa es un eufemismo, algo lejano a la realidad. Ella era… Era demasiado diferente y una mujer contemporánea a su época.
—Me hubiera gustado conocerla – deseó Sasakibe.
—Eso dices ahora —se rio el Comandante.
—¿Por qué dice eso, señor? – Sasakibe se sentía confundido.
—Todo lo que tenía de belleza lo tenía en carácter. Era una mujer difícil —sonrió— La Mujer Demonio la llamaban.
Ambos rieron y tomaron té. Para Sasakibe, eran pocas las veces que veía tan animado a su Capitán, teniendo en cuenta que habían pasado un milenio juntos. Él entendía por qué su líder había preferido no comentarle nada. Duros recuerdos.
—¿Cómo se conocieron?
—De una manera poco ortodoxa — explicó—. Por aquel entonces, yo servía al Rey, pero no sabía de la existencia de una posible hija, pues la mantenían bien oculta y protegida.
Poco a poco, los recuerdos del Capitán ocupaban su mente. Cada uno valioso e inconfundible. Parecía mentira la cantidad de años que habían pasado, pues para él, podría haber ocurrido justamente ayer.
Su mente se centró en el primer recuerdo que tuvo con ella, ésa reminiscencia que jamás olvidaría. Fue por ése entonces cuando aún no tenía cicatrices significativas ni una razón para vivir… O éso creía.
Se acabó lo bueno ;) si no les entra la locura a los profesores de mi uni, os podría dar alguna que otra sorpresita, así que estad atentos ^^
Cualquier duda o cosa que queráis decir no dudéis en hacerlo, siempre seréis bienvenidos! Saludos!
Hasta el siguiente capitulín, chauu!
