Haloooluuu guapuuras! ¿Qué tal todo? Ya sé, ya sé. Iré al infierno por no haber publicado en mucho tiempo, pero me resultó imposible. Dado el poco éxito que tuve en mi primer semestre en la U, debía ponerme las pilas si no quería tocar más hondo. Pero valió la pena, de verdad ^^. Quiero agradeceros la paciencia y por éllo, os dejo otro capitulito rikolino XD. Espero que os guste, si tenéis dudas, aquí estamos.
Disclaimer: Bleach y sus personajes pertenecen a Kubo Tite, yo sólo los utilizo como diversión y no recibo ningún tipo de retribución económica por ello. No obstante, el argumento y los personajes originales de esta historia si son de mi propiedad.
CAPÍTULO TRES
En el que no te puedes fiar de las primeras impresiones
Kyrie… Kyrie… Yamamoto se siguió repitiendo ése nombre internamente a la par que sus ojos examinaban la estampa de mujer que se dirigía hacia el mensajero.
Le bastaron unos segundos para asociar ése nombre a la persona que ahora mismo les observaba con ojos llenos de determinación y seguridad. Le costaron otros muchos para relacionar el aspecto de la mujer con el de la sirvienta y, finalmente, finalmente, entendió lo que pasaba.
—… la única integrante de la Guardia Real y qui… —habló ella, pero no podía escucharla y en cuanto Yamamoto ató cabos, no pudo evitar interrumpirla.
—¡Eres la sirvien….! – calló Genryusai, mejor dicho, le hicieron callar. Hyosube tenía apretado un fino abanico cerrado contra su mejilla con un gesto agrio.
—Silencio —susurró levemente. Genryusai notó ése deje de furia en su voz. Ahora mismo estaba frente a un Hyosube iracundo y el resto de los Capitanes de la División. Sin obviar a la mujer, cuya mirada era más afilada que un cuchillo.
—Cómo iba diciendo, soy la única integrante de la Guardia Real, mi nombre es Kyrie —ante la presentación de la joven, el resto de Capitanes se limitó a quedarse en silencio—. Mi trabajo aquí es restablecer el valor de las Divisiones y, para ello, voy a llevar a cabo una serie de cambios.
Hubo un murmullo entre los presentes, la mayoría no se había tomado bien que una desconocida viniera a dar órdenes. El único que parecía afín a ella era Hyosube, quién no dudó en silenciar esas voces.
—¿Qué clase de cambios? —habló por primera vez Unohana. A parte de Hyosube, era la única que mostraba algún tipo de interés por la recién llegada.
—Los planes que tengo en mente son demasiado complicados a corto plazo, por ende, empezaré con los más sencillos – la joven caminó recorriéndonos a todos con la mirada, aunque Yamamoto notó que en él tardó más en apartar de la vista – Todos estamos en el mismo equipo, todos tenemos los mismos objetivos… Las razones que nos impulsan a cada uno de nosotros son distintas; unos por venganza, otros por deber, otros sencillamente por el placer de matar…
Genryusai pudo observar como una sonrisa asomaba en el rostro de Unohana, al parecer había dado en el clavo, así como con el resto de presentes.
—No obstante, no voy a aceptar a gente que esté por resignación – se detuvo y nos observó—. No os prometo riquezas, no os prometo la gloria ni mucho menos engañar a la muerte, pero lo que sí puedo garantizaros es que, a los que decidáis quedaros, os prometo una vida plena, una que valga la pena recordar. Lo que sí puedo ofreceros es una noble causa y un motivo para vivir – concluyó la guardia real. En el recinto, el silencio hizo acto de presencia.
Yamamoto admitió que la sirvienta tenía un don para el habla, pues incluso él se había quedado embelesado por sus promesas. Echó un vistazo a su alrededor, los que antes se mostraban inseguros por la aparecida, ahora demostraban una fuerte determinación. Por primera vez, alguien había sido capaz de llamar la atención de todos y cada uno de los Capitanes.
Lo que realmente le sorprendió fue la mirada de Hyosube. Fuera de la lascivia, su mirada denotaba un gran placer por lo prometido, casi parecía que podía saborear la recompensa. Y sus ojos, fijos en la mujer, esperaban ansiosos que los de ella se posaran en él, que fue justo lo que pasó.
—Acepto el trato – añadió el aludido. Los ojos de la mujer reflejaban un: ¿Cómo no?
—Será un placer trabajar con usted, Capitán Hyosube Ichibe —continuó su actuación, al parecer, iban a tratarse como desconocidos ante todos, par de mentirosos.
—Vuestras palabras son tentadoras —profirió Unohana, una cuya mirada afilada había empezado a ablandarse. Yamamoto no había entablado conversación directa con ella nunca, pues era una mujer inaccesible. La mayoría de los aprendices la temían por lo que era capaz de hacer y por lo que fue tiempo atrás.
Lo que sí sabía sobre ella era que sangre noble corría por sus venas, pero no estaba seguro de si había sangre dentro de ella.
—¿Pero? —tanteó la joven.
—Pero no pienso permitir que una necia venga a decirme lo que debo hacer —puntuó. Su sonrisa dulce se apagó y dio lugar a una lúgubre.
—¿Una necia? —la sirvienta rio— ¿Qué le lleva a pensar eso?
—¿Crees que obedeceré a alguien que no emite aura alguna? Puedo olerte, jovencita. No eres mucho más noble que las ratas que viven aquí. ¿Piensas que, por ser una enviada del Rey, debemos inclinarnos ante ti y cumplir tus deseos?
—No, por supuesto —volvió a reír—. Solo verdaderos guerreros serían capaces de cumplir con mis expectativas. Solo los verdaderos guardianes del Rey entienden cuál es su posición.
—Pues entiende esto —fue lo último que dijo. En una décima de segundo, blandió su espada y fue hacia ella. Yamamoto se movió para ayudarla, pues Unohana era letal, con una mente fría y calculadora. No se libraría de ella fácilmente.
Sin embargo, Ichibe le detuvo. "¿Acaso es estúpido?" Pensó Genryusai. La sirvienta iba a morir si no hacían nada. Pero en los ojos del Capitán había un destello de curiosidad, una mórbida curiosidad por lo que iba a pasar. No tenía intención de detener a Unohana o de salvar a la guardiana.
Cuando volvío a centrarme, una serie de susurros y de exclamaciones tomaron lugar. Al girarse, Yamamoto sintió, en carne propia, el miedo. Pero, sobre todo, fascinación.
Unohana era veloz, pero la guardiana lo debió de ser más. Pues en ése preciso instante, la única que quedaba en pie, era ella. Su semblante, sus ojos, todo era inexpresivo. Lo que no se podía ignorar era la impresionante aura que emergía de ella. Tan poderosa que algunos de los presentes cayeron de la terrible presión que había en el ambiente.
En el suelo, una debilitada Unohana trataba de incorporarse. Yamamoto notó cómo pequeñas gotas de sangre caían de ella y puso los ojos como platos. La guardiana había derrotado a la guerrera más sanguinaria sin siquiera moverse del sitio.
—Capitana Unohana…. —empezó a hablar la guardiana—. Te he admirado desde que supe de tu existencia —la nombrada la miró de reojo—; No todos los días se encuentran mujeres tan exquisitas, mujeres que no se amilanan ante nada ni nadie. Es usted una persona extraordinaria, sí, pero también inconsciente —explicó—. Ha ido de frente hacia una guardiana entrenada por el mismísimo Rey de Almateria, una guardiana cuyos poderes desconoce, solo porque no ha sido capaz de oler mi aura —se arrodilló junto a ella—: El dominio que tiene de sus sentidos es impresionante, no cabe duda, pero nosotros nos caracterizamos también por ser seres racionales. Debió pensar… Debió pensar antes que si alguien de alto cargo no huele a nada es porque no quiere ser olido —Unohana abrió los ojos sorprendida—. Éste es uno de los cambios sobre los que preguntó. ¿Satisfecha?
Todos en la sala estaban pálidos. Sus ojos tan abiertos que corrían el riesgo de caerse. Cada uno de ellos era consciente de lo que todo aquello significaba. No eran tontos. Habían presenciado un acontecimiento incomparable. Si todo lo que sus ojos les mostraban era cierto, estaban delante de un poder que equilibraría la lucha contra los Hollows.
—Kanade —llamó la guardiana. En unos segundos, apareció la otra sirvienta que había presenciado la lucha contra Yamamoto—. Llévatela, necesita reposo y curas.
—Sí, Guardiana –respondió. A pesar, de la poca cooperación por parte de Unohana, consiguió levantarla y avanzar diversos pasos. Se detuvieron.
—Acepto el trato —afirmó la Capitana con una sonrisa macabra, parecía tan satisfecha de que haya alguien que pudiera hacerle frente que no dudaba en hacerlo público.
—Yamamoto también acepta —añadió Ichibe dándole un fuerte manotazo y abrazándolo amistosamente.
—¡No hables por mí! ¿Quién te ha dicho que aceptaré? —le reprendió furioso.
—¿Eso que siento es miedo, Yamamoto? —se jactó la insoportable.
—¿Cómo te atreves? —ella se limitó a alzar una ceja provocativamente que le alteró aún más—. Yo no te le temo a nada. Y ninguno de tus truquitos me impresiona.
—Ya veo —sonó resignada, más bien decepcionada. Lo supo cuando sus ojos se alejaron de los suyos y miraron al resto de presentes.
—¡Pero ni se te ocurra pensar que eres bienvenida! ¡No me fío de ti! ¡Así que te estaré vigilando! —gritó Genryusai. Hecho que provocó una sorpresa en la mirada de ella.
—Mira que te gusta complicar las cosas… —añadió Ichibe a carcajada limpia—. Solo te bastaba decir "Sí".
—¡Vete a la mierda! —en lugar de enfadarlo, solo consiguió que riera más alto.
No fue el único que reía al parecer. Muchos de sus compañeros empezaron a sonreír, de alguna manera, este numerito sirvió para reducir la tensión del ambiente. Yamamoto estaba asombrado, era la primera vez que todos reían por algo. Generalmente, todo solía ser muy sobrio y serio, nada agradable para su opinión, pero ahora…
—Cuenta con nosotros, Guardiana —acordaron todo el grupo restante.
—Bien, espero lo mejor de vosotros —todos menos Genryusai asintieron, él no estaba nada conforme con lo sucedido. Ayer solo era una vulgar desconocida, mejor dicho, una sirvienta con fecha de caducidad, pues iba a matarla. Ahora es su superior, alguien que se autodenominado líder suyo sin preguntárselo siquiera—. Ichibe —se enderezó—. Tengo entendido que usted es considerado el Capitán General.
—Eh… Bueno… Se podría decir que sí —se rascó la cabeza en gesto indiferente.
—¿Los demás estáis de acuerdo con ello? – preguntó al grupo.
—Así es —respondió uno.
—No podría ser otro, Guardiana. Él lleva aquí más tiempo que todos nosotros juntos y sabemos cuán poderoso es —añadió el otro.
El aludido se sonrojó un poco a lo que la mujer puso los ojos en blanco.
—¿Tienes algo que añadir, Bakamoto? —preguntó dirigida al único que aún seguía gruñendo. El susodicho tardó en captar el doble sentido del nombre, pero cuando lo hizo, se enfureció.
—¿Cómo diablos me has llamado? —alzó la voz, no le gustaba nada que una chiquilla fuera tan irrespetuosa con él.
—Un nombre a tu altura, ¿no crees? —se burló. Acto seguido, los demás rieron a carcajada limpia. Algunos se secaban una lagrimilla de la risa que se estaban echando. Pronto, se le acercaron y le palmearon en la espalda cordialmente. Yamamoto no lo aceptaba ni lo haría, pero todos estaban tan contentos que, por el momento, no daría mucha más guerra.
—¡Maldita seas! ¡Te mataré! —aulló el nombrado.
—Vamos vamos, Bakamoto… —dijo uno.
—¡No me llames así te digo! —respondió.
—No te alteres, hombre… —añadió otro entre risas.
—Dejando de lado la enorme coincidencia que hay… —comenzó a decir ella.
—¡Que pares, desgraciada! —soltó.
—Independientemente, ¿qué opinas tú? —quiso saber esta vez seria. Su mirada se clavó en el como una daga. Por unos segundos, él sentía que ella le observaba a él y solo a él, como si no hubiera nadie más en el recinto. Hecho que le alteró.
—Ichibe… —los ojos del nombrado comenzaron a brillar —Ichibe es un maldito infantil, inconsciente que no baja de su nube… —Yamamoto sentía que cada palabra que usaba para describirle, se clavaba en Ichibe con una flecha, dramatizándolo todo—. Pero si le tengo que confiar mi vida a alguien, sin duda, sería él. Si alguien merece ser llamado Capitán General, es él —concluyó.
Ni él mismo se podía creer las palabras que había pronunciado, ni siquiera sabía que era capaz de haber dicho lo que dijo. No fue el único sorprendido, la mujer… La mujer estaba anonadada, sus pupilas antaño oscuras, ahora se mostraban claros, brillantes. No obstante, eso solo duró segundos, porque volvieron a oscurecerse.
—¡Yamaaaaa! – chilló el aludido con lágrimas en los ojos—. Nunca creí vivir lo suficiente para oír ésas palabras saliendo de tu boca… Aunque te podrías haber ahorrado las anteriores… —dijo llorando de la emoción.
—¡Cállate! O no vivirás lo suficiente para disfrutarlo —amenazó.
—¡Eres muy malo, Yamaa! —continuó con el teatro.
—Silencio —solo le bastó decir una palabra, ni siquiera tuvo que alzar la voz para que todo se quedara en silencio. El primero que obedeció fue Ichibe, raramente—. Ahora que todos estamos de acuerdo, voy a deciros cómo van a ser las cosas a partir de ahora —asintieron—. Mañana, a primera hora, vendrá un modista —explicó.
—¿Un modista? —preguntó uno.
—Un modista —caminó pensativa—. A partir de ahora, todos actuaremos como un grupo, con los mismos objetivos. No tengo nada en contra de vuestros ropajes, pero sinceramente, si os llegara a ver por la calle, pareceríais bandidos o asesinos a suelo, más bien.
Todos nos miramos entre nosotros, desgraciadamente, así era. No había ninguna ley que nos obligara a ir decentes, ni mucho menos a vestir igual. Así que cada uno vestía como se le antojaba y todos dejábamos mucho que desear.
—Por eso mismo, mañana, vendrá un sastre y os tomará las medidas. Si estamos en el mismo bando, debemos parecerlo y, si Dios quiere, dentro de poco comenzaremos a comportarnos como tal —sentenció, dicho comentario volvió a sacar sonrisas entre el grupo.
—¿Puedo preguntar cómo será la nueva vestimenta? —requirió Ichibe.
—El haneri será blanco, el resto del uniforme será negro —sonrió—. Oculta mejor la sangre. En adición, los Capitanes contaran con un haori también blanco, distinción de mayor rango. No obstante, podéis adaptar su estilo como os convenga, si tenéis alguna sugerencia, comentádsela al sastre.
—Uniformes negros… No está mal, estaremos decentes —añadió Ichibe contento.
—Pero no servirá de nada si no os comportáis como tal —contestó la mujer. El colectivo rio, el Capitán ya había perdido la cuenta de cuantas veces se habían reído ya.
—Nos comportaremos, Guardiana —contestó otro Capitán.
—Eso espero —caminó observando las instalaciones con cuidado y cuando llegó a un ventanal que dejaba ver la base casi en su totalidad se detuvo—. No sé cómo habéis podido sobrevivir aquí… Todo está sucio, en mal estado y no hay signos de querer solucionar eso… —lanzó una mirada fría a Hyosube.
—Esto… No es lo que parece. Solo que… —no tenía ningún argumento que ella creyera, así que se limitó a rascarse la cabeza y decir— ¿Lo siento?
La Guardiana suspiró cansada, se notaba cuán agotada estaba, pues traía unas ojeras y unas bolsas notables.
—No pienso permitir que el Rey pise este lugar hasta que no esté en perfectas condiciones, así que… Desde ya mismo, os pondréis a limpiar.
Una ola de resignación invadió la sala.
—Basta, vosotros os lo habéis buscado… —volvió a suspirar—. Aunque no es suficiente con limpiar… Estas estructuras son tan viejas que, si se me ocurre saltar, acabo en el suelo —los demás coincidieron—. No más hay remedio… Debemos plantearnos hacer grandes remodelaciones.
—¿Eres consciente de cuánto tardaremos en renovar toda la base? —cuestionó Ichibe—. ¿Y también cuánto dinero tendríamos que invertir? No somos nobles —ella sopesó sus palabras y miró al Enviado, que aún seguía ahí, en un rincón.
—Enviado —el nombrado se enderezó y mostró respeto—. Necesito que informes al Rey de esto, necesitamos obreros, hay mucho trabajo por hacer y muy poco tiempo. Si quiere llegar a la Base según lo acordado, necesitaremos mucha ayuda.
—Así se hará, Guardiana —el responsable, se acomodó los ropajes y salió de la sala no sin antes hacer una reverencia a la sirvienta.
—Esto debería bastar… —colocó su pequeña mano sobre sus labios en gesto de pensamiento—. Por el momento —nos miró—. Supongo que sois conscientes de que el Rey ha previsto varias visitas nobles a la Base —asentimos—. Espero que tengamos algo avanzado para cuando se dignen a venir.
—Nos pondremos con las reformas de inmediato —aseguró Hyosube—. Pero nuestros hombres son limitados, dado que la mayoría están de guar…
—Llámalos, haz que vengan —ordenó—. Quiero a todos los hombres trabajando en las remodelaciones.
—Pero… —Ichibe no estaba demasiado convencido, llamar a todos los vigilantes significaría dejar la base desprotegida, algo que no iba a permitir—. Ellos se encargan de dar la alarma si hay enemigos cerca. Me niego a que los Hollows nos ataquen.
—Me encargaré yo —sentenció la Guardiana. Habrá sido el viento, pero sus cabellos empezaron a moverse, dándole un toque místico, casi divino.
—Dudo que una mujer sola pueda detener a tal cantidad de Hollows —replicó Genryusai.
—Prueba a ver —ante el desafío sus ojos se tornaron oscuros y Yamamoto sintió cómo se le ponía la carne de gallina con tan solo verla.
—Solo vería a una mujer indefensa pidiendo auxilio —se burló el Capitán.
—O a un hombre despojado de su virilidad —amenazó ella. Tenía agallas.
—Calma calma, Bakamoto solo está preocupado por ti —argumentó Hyosube.
—¿Y cuándo he dicho yo eso? —ella se mostraba impasible.
—Lo dice tu actitud —se burló el muy imbécil.
—Solo me niego a que ella se quede con toda la diversión —contraatacó Genryusai.
—Entiendo, entonces, ve con ella —sugirió.
—¿¡Qué!? —respondimos a la vez. Ella carraspeó y recobró la compostura.
—¿Qué pasa? Podéis competir para ver quién caza más Hollows —Se quedó callada unos segundos.
—Me parece bien, acompáñame —ordenó la guardiana.
—¡Ni hablar! No quiero que me vean contigo —se defendió.
—¿Qué te pasa? ¿Acaso tienes miedo de perder, Bakamoto? —le retó.
—¿Perder? Te arrepentirás de haber dicho éso, maldita. ¡Vámonos! —dijo y se dirigió a la salida como alma que lleva al diablo. Ella se limitó a poner los ojos en blanco.
—Estos jóvenes… —finalizó Ichibe. Comentario que despertó una sonrisa de complicidad en todos.
Yamamoto no se dio cuenta del lío en el que se había metido hasta que pasaron varios minutos desde que salieron. Se había dejado llevar por la ira de nuevo y había aceptado sin pensar el reto de la Guardiana.
Ahora corrían a la par, uno al lado del otro sin mediar palabra, pues no había temas de conversación posibles entre ellos.
Para ser sinceros, ni Yamamoto ni la Guardiana tuvieron una buena impresión del otro al principio. Más que nada porque lo primero que hicieron fue luchar.
Por un instante, el Capitán dejó de lado el enorme odio que sentía por ella y la observó atentamente. Habían corrido un largo trecho, durante varios minutos y ella seguía impecable. Ni una gota de sudor.
No obstante, sus ojeras le indicaban que no dormía o descansaba bien, quizás habrá estado muy ocupada con sus obligaciones de la Guardia Real. Pero eso no quitaba el hecho de que seguía teniendo buena cara, y por buena cara, se refería al hecho de la belleza.
Por primera vez, se fijó en su cabello, largo y liso desde la raíz, pero a medida que bajaba, se formaban ligeros tirabuzones. Muy sutiles. Otra cosa que también le llamó la atención es su color de cabello. El color violeta no era muy común de ver, pero que encima tenga las puntas más claras, le impresionó mucho.
Para cosas impresionantes, su tamaño. Era muy menuda, él le sacaba dos cabezas y era de contextura delgada. No podía entender entonces, de dónde había podido sacar fuerzas necesarias para resistir sus ataques.
—Si sigues mirándome así, me harás un agujero —comentó. Yamamoto salió de su ensimismamiento y miró al frente.
—¿Quién te miraría? —contraatacó. Ella calló, cosa que le preocupó. Esperaba que le atacara con algo, pero nada. Las mujeres son tan extrañas.
Pasaron los segundos y el silencio reinaba entre ellos, afortunadamente, llegaron a una buena zona de caza.
—Bien, empecemos el reto —empezó ella, cosa que él agradeció—. Las reglas son fáciles: matar Hollows y recordar el número de presas al final de una hora.
—Perfecto —dicho esto, Yamamoto salió en una dirección bajo la atenta mirada de la Guardiana.
El Capitán olió sangre viniendo del noroeste y no dudó en seguir el rastro. Para su satisfacción, había un buen puñado de Hollows alimentándose de una pobre familia desafortunada.
Genryusai no era un hombre de tácticas, él atacaba de frente, justo como Unohana y éso hizo.
Las bestias no se esperaban el ataque sorpresa y algunas no vivieron lo suficiente como para reaccionar. Visto desde lejos, se podría apreciar cómo una bestia destrozaba a otras bestias, porque durante la lucha, Yamamoto perdía la humanidad, se comportaba como las criaturas que el destruía.
Insatisfecho, siguió el rastro de más núcleos de Hollows. Uno a uno, los iba desfigurando, descuartizando, desmontándolos… Él disfrutaba hacerlo, una sonrisa macabra no tardó en aparecer en su rostro. Sí… A él le gustaba matar y le gustaba poder hacerlo a su manera.
Genryusai no fue así en un principio. A él lo hicieron así. Precisamente, fueron criaturas de ésta raza quienes lo cambiaron, para mal. Nacido en una familia pobre, no le quedaba más remedio que buscarse la manera de sobrevivir, incluso si eso significaba robar o matar.
No sabía cuánto tiempo había pasado, porque no se había tomado la molestia de cronometrarlo, ni tampoco de contar a las víctimas. Él solo mataba y mataba, no había nadie que se lo impidiera.
Al final de su propia cacería, acabó empapado en sangre, no había parte de él que no estuviera manchado de la sangre enemiga y eso, le encantaba. Los cuervos hacían acto de presencia y chillaban a la carnicería que se extendía ante ellos.
A desgana, decidió parar y regresar junto a la Guardiana. Seguro que debe de estar furiosa, pensó. También pensó en cómo le gustaría enfurecerla de verdad, le gustaría verla perdiendo los estribos, dejando de lado ése control del que tanto alardea. Rio.
Durante unos segundos, se dedicó a correr de vuelta al lugar acordado. No obstante, sus sentidos se agudizaron. Algo estaba pasando y no le gustaba nada. Aceleró el paso, pero casi se le detiene el corazón al ver a la doncella cubierta de sangre, desgraciadamente, no de sangre enemiga.
Yamamoto entró en cólera cuando, ella le miró tan débil, tan desprotegida… Algo dentro de él creció y sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre las criaturas que se disponían a dar el golpe de gracia a la mujer.
No sabía de dónde había sacado la energía suficiente para seguir combatiendo, pues la cacería había tomado gran parte de ella, pero tenía un motivo para continuar en pie. Kyrie.
Era gracioso, se trataba de la primera vez que la llamaba por su nombre y puede que la última si no conseguía librarse de los Hollows. Así que, por primera vez, pensó.
—Voy a atraer a los Hollows y los llevaré lejos, tú vuelve a la Base y da la alarma —ordenó.
—Pero tú… - la joven no tenía fuerzas para aguantar mucho más.
—¡Vete! ¡Vuelve a la Base! ¡Yo te protegeré! —los ojos de la mujer se abrieron como platos. Dicho ésto, Yamamoto empezó a correr en dirección contraria.
No estaba del todo seguro cuánto tiempo aguantaría, pero le daría el suficiente a la mujer para que llegue al cuartel.
Habrían pasado segundos, pero para el Capitán fueron largos minutos, había conseguido librarse de una gran cantidad de ellos, pero venían más. ¿De dónde habían salido éstas bestias? ¿Y por qué no las había sentido antes? Si lo hubiese hecho, Kyrie no habría sido herida de esta forma…
Una profunda herida le sacó de sus pensamientos, una herida que le hizo caer al suelo de rodillas. Durante unos instantes, todo se volvió calma. Era la primera vez, en mucho tiempo, que había sido herido. Ante ello, Genryusai soltó una mórbida carcajada; se levantó con más fuerza y se centró en eliminar a esa basura.
Desgraciadamente, la suerte no estaba de su favor, había sido herido demasiadas veces, estaba muy debilitado y no podría continuar más. Pero el aún pretendía seguir aplastando cabezas.
—¿Por qué sigues luchando, humano? —preguntó un Hollow.
—¿Qué por qué, bestia inmunda? —se rio—. Dudo que puedas comprenderlo.
—¿Sigues pensando que podrás ganar? ¿Aun en tu estado? Vas a morir —dijo otro.
—Sí… Es probable… Pero al menos, he podido salvar una vida… —añadió Genryusai. Su vista se estaba nublando.
—¿Salvar una vida, dices? ¿Te refieres a la mujer? —la criatura soltó una carcajada diabólica – Mucho me temo que no es así.
—¿Qué… quieres decir? —preguntó sacando fuerzas de dónde no las tenía.
—Mira bien, humano… —la bestia volvió a burlarse.
Yamamoto reunió fuerzas de flaqueza y fijó su mirada. Al fondo, se hallaba Kyrie, gravemente herida y con la respiración entrecortada. ¿Qué hacía aquí? Tenía que volver a la Base.
—Mira cómo destrozamos la vida que creías haber salvado —sentenció el Hollow y acto seguido, todos se abalanzaron sobre ella. Yamamoto profirió maldiciones e intentó incorporarse, pero no llegaría a tiempo. Se maldijo.
—¡Kyrie! – aulló.
No obstante, no pudo ver qué pasó, pues una cegadora luz llenó el oscuro cielo. Se trataba de una luz cálida, pacífica y tranquilizadora. Quiso ver qué era, pero el cansancio pudo con él. Se sumió en un profundo sueño.
En la mente del Capitán, todo se mezclaba: recuerdos, pesadillas, deseos… Recuerdos de su pasado, pesadillas que le quitaban el sueño y deseos que le alentaban a seguir adelante. Uno de ésos deseos era que, al despertar, Kyrie siguiera viva, pero tarde o temprano, hay que asumir la realidad. Abrió los ojos.
Aún seguía oscuro, pero aún en la oscuridad, pudo distinguir dos luces violetas. ¿Luces violetas? Pensó. Enfocó de nuevo, pero esta vez ésas luces se aclararon hasta ser liliáceas. Solo había algo que era capaz de hacer éso. Más bien… Alguien.
Era ella, Kyrie, seguía viva y le observaba solo a él. Le extraño encontrándose aliviado y feliz porque ella sobreviviera, pero había algo que no cuadraba. ¿Por qué no estaba herida?
—Kyrie… - susurró él.
—Shshshshshsh, no hables —le contestó ella acunándole entre sus brazos.
—¿Por qué…? —tenía tantas cosas que preguntarle, pero no podía.
—Duerme, héroe mío —con su dulce voz, sentí cómo posaba sus labios sobre su frente y sin poderlo predecir, cayó dormido. Por primera vez en su vida, no tuvo pesadillas.
¡Bieen! ¡Hasta aquí el capitulín! Soy consciente de que no hay acción, ni vísceras ni nada harcore, peeero paciencia, que pronto llega lo bueno. Recordad, la paciencia es una virtud XD.
Espero tener un capítulo pronto, así que esperadlo con ganitas de las buenas ^^
¡Hasta más ver amoooores!
