Disclaimer: todo en esta historia me pertenece a excepción de la conceptualización original de Henrik, Hugo y Amara; personajes del SYOT Tierra de Caos, propiedad de jacque-kari, naty_mu y Camille Carstairs.
Regalo del Día del Amigo para Camille Carstairs.
.II.
Seis años después
Amara POV
— ¡Eeeeh! Deja de mirar tu teléfono y empieza a cargar cajas —digo mientras tomo una llena de platos y la dejo en sus manos.
—¿Me vas a hacer recordarte que esta no es mi mudanza? —replica él mientras equilibra la caja sobre su pierna y desliza el teléfono en su bolsillo.
—No es mi culpa que no se permitan las residencias mixtas en primer año— digo yo rodando los ojos y tomando otra caja de la vieja camioneta azul de Hugo. El tintineo me indica que se trata posiblemente de cubiertos y otras cosas de cocina—. Ya sabes que, si hubiera sido mi decisión, te habría elegido a ti.
Él enrojece.
—Así no tendría que preocuparme nunca por limpiar— agrego burlona.
—Si me detengo a considerar ese punto en específico, entonces tal vez no sea tan lamentable no ser compañeros de casa este año— dice poniendo su caja en el suelo y tomando la mía para ayudarme a bajar del cajón de la camioneta.
—Asumo que tu habitación ya es una cosa aburrida y ordenada ¿no? Me sorprende que eligieras una opción sin cocina y cuarto de lavado —digo mientras dejo descuidadamente mi caja en la sala de estar del apartamento.
—Conociéndote, pasaré la mayor parte de mi tiempo libre cocinando para ambos, no le vi el punto de gastar tanto dinero de la beca en alquileres.
—Y por eso eres tú quien tiene una beca y no yo— le digo riendo mientras lo ayudo a dejar en el suelo su pesada caja—. Eso y el hecho de que eres un genio ratón de biblioteca ¿no?
Él me sonríe, avergonzado.
—No me llamaría a mí mismo genio.
—Bueno, no quedaría muy bonito si lo hicieras. Pero confía en mí, aprobaste la secundaria por ambos. No tengo idea de cómo habría aprobado álgebra sin ti.
—Me sentiría mucho más orgulloso si por eso te refirieras a nuestras sesiones de estudio, pero sé que hablas del hecho de que copiabas la mayor parte de los exámenes.
—Siempre me sentiré orgullosa de mi vista de águila— alardeo yo, haciéndolo reír.
—¿En dónde está tu compañera?
Me encojo de hombros.
—Ni idea, creo que aún no llega porque la otra habitación está vacía. Aunque no me quejo, eso me dejó elegir la mejor, es casi tres centímetros más grande que la suya.
—Menuda ganga.
—¿Ya apareció el tuyo?
—La última vez que chequeé, no se había registrado en la Oficina de Administración.
—¿Siguen sin decirte cómo se llama?
—Es confidencial— dice él muy serio.
—Sigo pensando que debiste hacerme caso y dejar que me escabullera dentro de los archiveros. En este momento podrías tener como único compañero a un completo sociópata y nosotros ni enterados.
—Existen más probabilidades de que se trate de una persona común y corriente, Mar. Prefiero no empezar en la facultad con una mancha en mi expediente.
Ruedo los ojos.
—¿En dónde está la diversión ahí?
—Bueno, de todas maneras, como dijiste, lo más probable es que pasemos más tiempo aquí que en tu habitación. Al menos yo tengo una puerta— bromeo arqueando las cejas de manera sugerente y sus mejillas se tornan rosadas. Hugo siempre ha sido fácil de avergonzar.
—Empieza a ordenar las cosas— me dice—. Iré por las cajas que faltan.
—Creo que sería más fácil al revés— rebato yo—. Estoy segura de que cuando veas mi forma de ordenar los cajones, arderás por la ira y empezarás de nuevo.
Él se encoje de hombros:
—Esfuérzate por ser más prolija y asunto arreglado— dice soplando un mechón castaño que ha caído sobre sus cejas. Paso los dedos sobre su frente, peinándolo hacia un lado y noto que ambos nos congelamos.
Últimamente viene pasándonos mucho y no estoy segura de por qué. Hugo y yo siempre hemos sido los mejores amigos, no tiene sentido que a estas alturas venga a resultar incómodo el tocarnos.
—Llevas el cabello muy largo— digo, solo por decir algo.
—Sí. Con tanto papeleo, se me ha pasado el tiempo de cortarlo.
—Yo podría hacerlo— le suelto y él me ve sorprendido.
—La última vez que dejé que cortaras mi cabello, mamá tuvo que trasquilarme como a una oveja.
—La última vez que corté tu cabello tenía seis años y estaba tratando de arreglar el desastre de la goma de mascar. Prometo hacerlo mejor esta vez.
Él me sonríe y por algún motivo desconocido, siento como si mi corazón se saltara un latido.
—Vale.
—¿De verdad?
—Sospecho que terminaré arrepintiéndome, pero te daré el beneficio de la duda.
Aplaudo, emocionada.
—El beneficio de la duda es mejor que nada ¿lo hacemos ahora o…?
—Primero, será mejor que terminemos de desempacar tus cosas, Mar.
—Oh… vale.
Hugo se marcha y regresa con un par tres cajas, haciendo equilibrio una sobre la otra, bloqueando su visión. En ese momento, una chica aparece en el umbral de la puerta.
— ¿Hola? ¿Este es el 32 C?
Hugo se gira rápidamente, haciendo que la caja en la parte de arriba de su pila se caiga y se abra. Botes de shampoo, acondicionador, crema, jabón y desodorante caen en el suelo.
—Oh… ¡lo siento! ¿Te he sorprendido? — ella entra y se arrodilla en el suelo, tomando los productos caídos con manos delicadas y echando hacia un lado una elaborada trenza de color rojo brillante.
Hugo coloca las otras cajas en el suelo y empieza a disculparse con ella.
—¿Por qué te disculpas con ella si fueron mis cosas las que tiraste al piso? —le digo con una ceja alzada. Las relaciones con otras chicas nunca se me han dado particularmente bien.
—Porque ha entrado a ayudar a pesar de no ser su obligación— dice él, ligeramente exasperado.
La pelirroja suelta una suave risita, en nada parecida a mis carcajadas estruendosas.
—Tú debes ser Amara ¿verdad?
—Depende de quién lo pregunte.
—Mar…
—¡Acabas de revelar mi identidad secreta, Hu-go! —pronuncio su nombre como si fueran dos palabras.
—Claro, porque si ella vive aquí, no se va a enterar nunca.
—Puede que fuera solo una vagabunda que pasaba por aquí— contraataco y la chica se ríe de nuevo.
—Soy Valkyr Daalh— dice ella extendiendo una mano delgada y cubierta de pecas —. Soy tu compañera de apartamento.
Tiene un rostro bonito, ovalado y con un maquillaje muy discreto. Sus ojos son de un profundo color verde y tiene las mejillas y la nariz salpicadas de pecas.
Supongo que es agradable.
—Amara Kähler— digo extendiendo mi mano y sujetando la suya—. Y este es Hugo.
Hugo parece haber perdido la capacidad de hablar, lo cual me mosquea bastante.
—Tienes suerte de tener quien te ayude con las cajas— dice Valkyr con un suspiro—. Yo no tengo hermanos ni hermanas.
—Bueno, yo tengo dos, aunque muy sutilmente me dijeron que ni muertos me ayudarían a mudarme.
—Eso es porque te conocen bien y saben que tú probablemente te dedicarías a comer y hacer bromas.
—¿Soy tan obvia en mis planes? Deja, metemos tus cajas y ordenamos todo al mismo tiempo— digo lanzándole una mirada cómplice. ¡Oh tu, lacayo de espaldas fuertes, ven y ayúdanos a meter cajas! —bromeo despeinando a Hugo, que me dedica una sonrisa que de nuevo me hace sentir extraña.
Al menos agradezco que la presencia de Valkyr disipó un poco la atmósfera tan pesada que se había desarrollado dentro de mi nueva casa.
Cuando metemos la última caja, decido que el simple hecho de que ella no traiga un camión de mudanza enorme es suficiente para que me agrade. Si a eso le sumamos que no hay cajas llenas de rizadores de cabello ni tampoco un montón de frascos con laca de uñas, tengo grandes posibilidades de llevarme bien con ella.
—¿Qué hora es? —pregunta Hugo secándose la frente con la manga de su camiseta mientras revisa su teléfono, que no ha dejado de pitar mientras metíamos las últimas cosas.
—Casi las cuatro y treinta— responde Valkyr consultando un pequeño reloj de pulsera.
—Mar, lo siento, pero tengo que irme ya.
—¿Cómo? ¿No vas a ayudarme a acomodar todo?
—Había olvidado que tenía mi inducción hoy a las seis. Es al otro lado del campus, tengo que darme una ducha y cambiarme antes de ir.
Hago un puchero.
—¿Vendrás a cenar?
Él niega con la cabeza:
—Estaba pensando en que podía ser un buen momento para que conozcamos a nuestros compañeros ¿no crees?
—Supongo. ¿Vendrás mañana?
—Supongo que esa es tu forma de evitar desempacar una sola caja hoy ¿eh? —él me besa en la mejilla—. Por supuesto. Traeré el desayuno.
…
Valkyr se ofrece a ayudarme a desempacar y a pesar de que por unos momentos considero negarme, porque nadie llega al nivel de Hugo con el orden, termino aceptando su ofrecimiento.
Empezamos por la cocina, mezclando las cosas de ambas en gavetas y estantes comunes.
Empezamos una cómoda charla hasta que ella menciona que su padre está en silla de ruedas.
"Tetrapléjico, desde la guerra. Un disparo en la columna".
Me sienta mal oír la historia, pero ella no parece ni triste desdichada. Su madre los dejó cuando ella era muy pequeña como para recordarla. Le cuento sobre la mía y como yo tampoco la recuerdo.
Luego pasamos a temas más felices. Ella estudiará Relaciones Internacionales y yo Relaciones Públicas, así que tal vez coincidamos en algún curso.
Ordenamos una pizza, porque en medio de nuestro desastre ordenado, resulta improbable que consigamos cocinar algo. Me entero, con alegría, de que a ella le gusta cocinar, lo cual me vendrá la mar de bien cuando Hugo no se encuentre disponible para hacerlo.
Son casi las nueve de la noche y, mientras nos comemos los últimos pedazos de pizza, ella inicia el tema:
—Hugo y tú ¿tienen mucho tiempo de estar juntos?
—Dede ke lledádamos pañades— digo con la boca llena.
Ella se ríe.
—Me refiero a ser novios.
Empiezo a toser cuando la pizza toma el camino equivocado.
—Oh… —dice ella levantándose y golpeándome suavemente la espalda antes de alcanzar su propio vaso, que tiene agua en lugar de soda, y darme de beber—. ¿Estás bien? —pregunta cuando dejo de toser.
—Sí… Bien —digo resoplando—. Nosotros no somos novios.
—¿No? —dice sorprendida—. Supongo que no soy tan observadora como me gustaría pensar.
Me limpio las lágrimas que tengo en las mejillas, producto de mi ataque de tos y la veo con las cejas enarcadas:
—¿Qué te hizo pensar eso?
Ella se encoje de hombros, restándole importancia.
—¡Oye! Si vamos a llevarnos bien, será mejor empezar siendo sinceras ¿no? Así que dime ¿Qué te hizo pensar eso?
Ella enrojece ligeramente.
—Supongo que la naturalidad con que se comportan. Lo bien que se llevan…
—Sí, porque hemos sido amigos toda la vida— la interrumpo yo.
—… y la forma en que se ven el uno al otro.
Parpadeo.
—Me he perdido— admito después de unos largos segundos de silencio.
—No me hagas caso, de verdad. Seguramente ha sido todo en mi cabeza.
—¿Cómo te ha parecido que nos miramos?
Una sonrisa avergonzada.
—De verdad no es la gran cosa. Es que me ha parecido que cuando uno no está prestando atención, el otro lo ve de una forma muy… especial. Como si estuvieran muy enamorados. Ha debido ser mi imaginación— dice tomando un palillo de pan y mordisqueándolo, dando el tema por concluido.
Por la noche, mientras intento conciliar el sueño, la voz de Valkyr se repite, una y otra vez, en mi cabeza "como si estuvieran muy enamorados".
Hugo POV
Supongo que no todos podemos tener tanta suerte como Amara en lo que se refiere a compañeros de casa.
No es que Kol esté mal… es solo que no es el tipo de persona que habría elegido para compartir casa por, al menos, un semestre.
—Si algún día vuelves a casa y encuentras una media en la puerta, es tu señal para esfumarte por al menos un par de horas— continúa repasando su lista de reglas.
Somos más o menos del mismo tamaño, pero resulta evidente que él dedicó todos sus años de adolescente a entrenar en algún deporte. Fútbol americano o tal vez lacrosse. Algo violento, que justifique la fractura en su nariz.
Estoy sentado en mi cama, leyendo el folleto de inducción y memorizando los edificios en el mapa. Ignorando tanto como puedo el incesante parloteo de mi compañero, toda una proeza si se considera que compartimos una habitación en la que a duras penas caben nuestras camas, un par de mesitas de noche, un armario para cada uno y un escritorio que, sospecho, solo usaré yo.
De pronto, siento su presencia justo al lado de mi cama.
Mi gesto se endurece cuando noto que tiene en su mano la fotografía enmarcada junto a mi cama.
—Es guapa— sentencia—. Muy guapa. ¿Es tu novia?
Tomo la fotografía de su mano y la dejo en su lugar.
—Mi mejor amiga— suelto con más dureza de la que pretendía.
Él se ríe.
—¿Eres gay?
—Disculpa.
—No tengo ningún problema si lo eres— dice encogiéndose de hombros—. Siempre y cuando no quieras enrollarte conmigo o algo así.
Suspiro.
—No es asunto tuyo, pero no. No soy gay.
—Me parece sorprendente que alguien pueda tener una amiga como esa y no ser gay— dice encogiendo sus hombros.
—Nos conocemos desde que éramos muy pequeños— digo con sequedad.
—Aaaah… pero te gusta ¿no?
—No es asunto tuyo.
Kol se ríe.
—Lo que tú digas, amigo— dice alzando las manos en señal de rendición
…
Amara me recibe utilizando un pijama con pantalones de color violeta y una camiseta que reconozco como mía. Su cabello rubio se encuentra revuelto y forma ondas desordenadas sobre la mayor parte de su espalda.
—¿Sabes que llevo semanas buscando esa camiseta en particular?
Ella se detiene en medio de un bostezo y enrojece levemente. Parpadea y se encoje de hombros:
—Me la dejaste la última vez que nos fuimos de campamento y olvidé mi pijama. A eso le llamo yo un regalo.
—Era un préstamo.
—Eso te pasa por no ser nada claro. Yo no soy adivina. ¿Es un bagel lo que huele mi nariz?
Asiento.
—¿Recordaste que me gusta con…?
—¿Queso? —completo yo entrando a su estancia, casi tan desordenada como ayer—. ¿Cuándo lo he olvidado? Ese es uno de los motivos por los que me quieres.
Me volteo cuando noto que ella no responde.
—¿Mar?
Ella se gira rápidamente, pero veo de refilón como se le ha puesto la cara roja.
—¿Te encuentras bien?
—Si, bien. Creo que podría estar teniendo un bajón de azúcar.
—¿No cenaste anoche?
Sus labios tiemblan, a punto de reírse.
—¿Alguna vez me viste saltándome un tiempo de comida?
—Bueno, estuvo ese día en primer grado cuando te pusiste enferma por comer tréboles.
Ella se ríe, con ese sonido rudo y franco. Le sonrío automáticamente mientras tomo una caja y empiezo a revisar su contenido para determinar cómo acomodarlo.
—¿Ordenaron algo ayer?
—Por supuesto que sí. Una caja. Tal vez dos— dice abriendo la bolsa y empezando a mordisquear su desayuno—. Valkyr quería seguir, pero le dije que no tenía el corazón para quitarte a ti esa diversión.
—Me alegra ver cómo tomas en cuenta mis sentimientos, Mar.
—¿Qué tal estuvieron las cosas con tu compañero?
Me encojo de hombros.
—Regular, supongo. Igual no creo pasar demasiado tiempo en mi habitación.
Ella ríe.
—A juzgar por la locura de tu horario, me sorprendería que tengas el tiempo para ir a dormir. Después de todo cada minuto que no tengas que estar en clases, me pertenece a… —sus mejillas vuelven a enrojecer y ella se mete el resto del bagel a la boca.
—Te pertenece a ti, ¿cuándo ha sido distinto? Aunque no puedo prometerte mucho tiempo que digamos.
Amara hace una mueca.
—Ni siquiera han empezado las clases y ya empiezo a echarte de menos.
—No es como si no fuéramos a vernos nunca, Mar.
—Pero no será igual ¿a qué sí?
—Hoy estás un poco dramática.
—Yo aquí abriéndote mi corazón y tú me tildas de dramática— dice enfatizando su broma poniendo una mano sobre su frente.
—¿Quieres que hagamos algo hoy, aprovechando que las clases empiezan hasta mañana?
Ella me mira con interés.
—¿Algo como…?
—Lo que quieras— digo mientras coloco media docena de jarras en un estante en la cocina—. ¿Por qué trajiste tantas jarras?
—Porque tengo pensado lavar los trastes solo cuando no me quede más opción.
—Eres asquerosa— le digo y ella se ríe.
—Creo que podemos terminar de ordenar esto y luego ver una película. Pondré a cargar mi laptop. ¿Te molesta si me doy una ducha antes de trabajar?
—Adelante— digo mientras coloco los platos en otro estante.
…
Amara se tarda unos veinte minutos en ducharse, ponerse unos shorts desgastados y una camiseta que supongo debe ser de alguno de sus hermanos, porque le va demasiado ancha.
—¿Debería sentirme ofendido porque no soy el único hombre al que le robas su ropa?
—Ya te dije que lo interpreté como un regalo.
—Claro, como esa camiseta que traes puesta.
—Fred no la echará en falta— dice recogiéndose el cabello en una coleta—. ¿Qué debería hacer, capitán?
—Elije una caja y guarda su contenido en un lugar lógico.
—Vale, entonces ¿nada de cuchillos en el baño?
—A menos de que hayas desarrollado costumbres extrañas desde anoche, sugiero que elijas una gaveta en la cocina.
—Me gusta esto de tenerte como sirviente— bromea ella mientras empieza a ordenar un montón de fotografías sobre una repisa. Veo una copia de la que yo tengo en mi mesita de noche y me siento ligeramente azorado. Hay también algunas de cuando éramos pequeños.
—¿Ya desayunaste? —pregunta ella—. No se me ocurrió que tal vez los dos bagels no eran para mí.
—No te preocupes. Estoy despierto desde hace horas.
—¿Tu compañero ronca?
—En realidad sí. Pero igual fue una larga noche.
—¿Extrañas tu vieja cama? —pregunta burlona.
—Muchas cosas en las cuales pensar— respondo lacónico.
—Ni siquiera has tenido una clase universitaria y ya estas todo Señor Académico. Me pregunto si cuando seas un doctor seguirás teniendo tiempo para mí.
—Siempre tendré tiempo para ti, Mar —respondo automáticamente y espero su comentario listillo. Cuando no llega, levanto la mirada y la encuentro mirándome de una forma extraña—. ¿Estás bien?
Ella sacude la cabeza.
—No me hagas caso— dice volteándose y acomodando algunas de los globos de nieve que colecciona desde que éramos niños, cuando Henrik le regaló el primero en su décimo cumpleaños.
Un silencio extraño se instala entre nosotros. Ambos seguimos acomodando las cosas. A eso de las diez, cuando ya hemos terminado de ordenar casi todas las cajas, incluyendo las suyas, Valkyr sale de su cuarto con el cabello rojo despeinado y una expresión asustada.
Amara y yo nos quedamos mirándola.
—¡Mi despertador no sonó! —dice con un quejido—. ¿Por qué no me despertaste? —dice mirando a Amara.
—¿La verdad? Se me olvidó que estabas ahí.
Valkyr le lanza una mirada entre herida y exasperada, hasta que cae en cuenta de que casi todas las cajas están vacías.
—¿Ordenaron mis cosas?
—Las cajas con tu ropa están en el pasillo, así como casi todo lo que supusimos querrías en tu habitación.
Ella se cubre la cara con las manos, mortificada.
—¡Ay! ¡Qué vergüenza!
—Tu pagarás la cena por el resto de la semana y te consideraremos a mano— dice Amara mientras empieza a desarmar las cajas de cartón—. Ahora, si te parece bien, puedes encargarte de lo que queda. Hugo y yo estaremos en mi habitación, viendo una película y no quiero comentarios al respecto— dice señalándola con un dedo acusador que hace que el rostro de Valkyr se ponga del mismo color que su pelo.
Amara me toma del brazo y tira de mi hasta su cuarto. Hay un montón de ropa sin doblar sobre la cama, que ella tira al suelo sin ceremonias. La cama sigue sin hacer y ella se mete entre las cobijas y se mueve hasta que su hombro toca la pared, dejándome el resto de la cama.
Es una posición común. Desde que éramos niños, hemos compartido la cama sin problema. Cuando me recuesto a su lado y ella coloca la laptop en equilibrio sobre su vientre, siento la piel de sus brazos caliente contra la mía.
—¿Alguna preferencia sobre la película?
—Ambos sabemos que tú siempre terminas eligiendo.
—Buen chico— dice abriendo páginas en el navegador y cliqueando aquí y allá.
Cuando empiezan los créditos de inicio, ella me pasa la computadora y se acurruca contra mi hombro. En calma.
Lentamente, nos volvemos a sumergir en nuestra suave familiaridad.
Henrik POV
—¿Cenaste anoche? ¿Terminó Astrid de ordenar tus cosas?
—Sí. Sí, mamá— digo rodando los ojos.
El apartamento es enorme, mucho más grande de lo que me gustaría. También es muy silencioso, lo que a mis padres les pareció maravilloso porque me permitiría estudiar a gusto, pero la absoluta ausencia de ruido me parece más bien opresiva.
El hecho de no tener compañero tampoco me encanta. Mis padres creen que soy como Svante, cuya vida social en sus primeros años en la facultad de derecho se resumían en que tanto podía hacerles la pelota a los profesores. Yo soy completamente distinto.
—¿Estás emocionado por tu primer día?
—Por supuesto — le miento, a pesar de que, a diferencia de mi padre y hermano, las leyes están lejos de apasionarme.
—Fantástico. Estoy segura de que lo harás muy bien. Es una lástima que no hayas ido a la misma universidad que tu hermano, así tal vez podría haberte aconsejado sobre los profesores y…
—Creo que podré hacerlo bien por mi cuenta. De verdad, no tienes nada de qué preocuparte, mamá.
—Ay, pero es que ni siquiera pude ir yo misma a decorar el lugar. Ya sé que eres muy independiente y todo eso, Henrik, pero es duro para una madre…
—No podías dejar sola a Ari. Aún se está adaptando a la nueva silla de ruedas— le digo para silenciarla—. De verdad, mamá. No es problema.
—¿Prometes llamarme por la noche?
—Claro.
—Y si no lo haces, al menos envíale un mensaje a tu hermana— prosigue ella—. Está emocionada por ti.
—La llamaré más tarde.
—¿A qué hora tienes tu primera clase?
—A las nueve.
—¿Desayunaste bien?
—Astrid dejó listos unos panqueques. Relájate, mamá. Por favor.
—¿De qué es tu primera clase?
—Un bloque optativo de derecho ambiental— digo con un encogimiento de hombros mientras lleno el cepillo de dentífrico.
—A tu padre le habría gustado que llevaras una optativa de algo más funcional.
—Menos mal que él no podía matricularse por mí— respondo con una mueca.
—Henrik…
—Hablaremos después. Adiós, mamá.
…
El campus es enorme y, como no me he molestado en analizar los mapas que nos entregaron en la inducción, acabo perdiéndome, pero es parte de la aventura.
Al final, consigo encontrar mi clase con solo cinco minutos de retraso, lo cual, para mí, es todo un logro.
El profesor, resulta ser exactamente lo que esperaba, con una chaqueta de tweed con parches en los codos y, milagrosamente, no parece molestarse por mi tardanza, aunque supongo que en algo contribuye que queden varios espacios vacíos en el aula.
Elijo un lugar al azar y me siento en silencio.
Con todo y los veinte minutos que tarda en arrancar la clase, esta resulta brutalmente aburrida.
Cuando termina la segunda hora, lo que hace que la clase se de por finalizada, tengo una pierna dormida por estar tanto tiempo sin moverme. Salgo del aula golpeando el pie derecho contra el suelo, intentando que la sangre circule y deje de sentir como si me corrieran mil hormigas por el pie.
Rebusco en los bolsillos de mi mochila y me doy cuenta de que he dejado mis audífonos en el apartamento. Suelto un suspiro y echo a andar por uno de los largos pasillos.
Mi siguiente clase no empieza hasta la 1, lo que me deja casi dos horas que matar. Aún es muy temprano para ir a almorzar, así que decido elegir un lugar a la sombra y tumbarme un rato.
Si fuera como Svante, tal vez utilizaría el tiempo de alguna manera provechosa, como repasar mis apuntes o revisar el plan de estudios que nos acaban de entregar, pero— pienso mientras arrojo mi mochila al suelo, bajo un gran abeto— no soy como Svante.
Cierro mis ojos y estoy empezando a quedarme dormido cuando un grito me hace abrir los ojos:
—¡¿HENRIK?!
Veo una larga mata de cabello dorado. Y me quedo sin aire.
Literalmente.
…
—¿De verdad te sientes bien?
Asiento mientras tomo otra profunda bocanada de aire.
—Creo que después de tanto tiempo, no ha sido precisamente la mejor forma de saludarte ¿eh?
Espero que mi rostro ya haya perdido el matiz azulado que adquirió cuando Amara me sacó el aire. Me limpio disimuladamente las esquinas de los ojos, en donde lágrimas involuntarias se han acumulado después de que ella literalmente me tacleara y me sacara el aire.
En cuanto la veo bien, vuelvo a perder el aliento.
No sabría decir si en los últimos años ha cambiado mucho o nada en lo absoluto. El cabello rubio le cae sobre la espalda, ya no en las trenzas en que lo recogía la mayor parte del tiempo cuando era niña, sino suelto y liso. No estoy seguro de si es así de hermosa o trae un maquillaje muy discreto, pero sus ojos azules, como el cielo en la mañana, se ven enormes, bordeados con oscuras pestañas.
—Me estás viendo como si no me conocieras— dice ella enrollando su cabello con ambas manos y dejándolo caer sobre uno de sus hombros—. Aunque tomando en cuenta como desapareciste en cuanto te marchaste, seguro que eso es cierto.
Su tono burlón no consigue disfrazar el resentimiento en sus palabras.
—Por cierto, muchas gracias por habernos enviado tu nuevo número de teléfono. No fue como si Hugo y yo hayamos esperado por semanas para que nos enviaras el dato.
—Yo… Pensé que sería mejor cortar por lo sano.
Ella suelta un bufido.
—Lo mejor —repite ella—. ¿Para quién? No para Hugo. Y definitivamente no para mí.
—¿Hugo?
—¡Eres increíble! —dice enfurruñándose. Se levanta y recoge una mochila de color turquesa y la lanza de manera casi violenta sobre sus hombros.
—Espera— le digo levantándome—. Te compensaré. Te lo prometo. Déjame invitarte a almorzar.
—Ya tengo con quien almorzar, gracias— replica mientras camina rápidamente hacia el sendero de cemento y empieza a alejarse.
Sintiéndome como un idiota recojo mis cosas rápidamente y la sigo.
—Amara —mi voz no llega ser suplicante, pero se acerca bastante.
—¿Qué? —replica sin voltearse.
—Me mudé otras tres veces después de esa. Cuatro si cuentas cuando vine aquí. No sabes lo difícil que es porque siempre has vivido en el mismo lugar.
—¿Cómo lo sabes? —dice deteniéndose secamente y lanzándome una mirada furiosa.
—¿Qué?
—No nos vemos desde hace seis años y tienes las agallas de venir a hacer suposiciones sobre mi vida— dice ella, y por primera vez noto lo fríos que pueden llegar a ser esos ojos azules. Nunca, mientras aún éramos niños, lo había notado—. No sabes si siempre he vivido en el mismo lugar. No sabes si he tenido que despedirme de gente a la que quería.
—Mar…
—No me llames así. Solo hay una persona en el mundo que puede llamarme a así.
—Solía decirte así cuando éramos niños.
—Sí. Porque se lo oíste a Hugo. Hugo es la única persona que me llama así y en ese entonces pensé en decírtelo, pero éramos amigos y supuse que estaba bien compartirlo entre los tres.
—Vaya… no sabía que era algo tan especial— la burla se escapa de mis labios con vida propia.
—Pues ahora lo sabes— espeta ella—. Adiós Henrik.
La veo alejarse y mi lado más obstinado, ese mismo que me decía que debía trepar más alto cuando Svante me decía que podía romperme el cuello si no bajaba de inmediato, se niega a dejarla ir.
Una corta carrerilla me permite darle alcance. La tomo de un brazo para evitar que siga caminando.
—Mar… Amara— me corrijo rápidamente cuando veo su mirada furiosa—. Yo…
Ella espera, pero no encuentro las palabras que debo decir. Ella tira de su brazo, intentando que la suelte.
—Lo siento— suelto entonces—. Lo siento, lo siento. Fui un idiota. No debí haber manejado así las cosas. Si te consuela, era un niño y creo que ahora soy mucho más listo.
—Sí, se nota— responde ella con sarcasmo.
—¡Una cena!
—¿Qué?
—Dame una sola oportunidad. Una cena y si después de eso no quieres volver a verme nunca, entonces lo entenderé. Pero permíteme intentarlo, Amara. Por favor.
Ella alza una delicada ceja.
—Una cena— repite.
—Solo una— le prometo.
Amara achica sus ojos, hasta que solo veo dos ranuras azules y finalmente saca un plumón de su mochila y garabatea un número sobre el dorso de mi mano. Cuando acaba, sopla suavemente para que la tinta termine de secarse. Observo los pequeños números negros en mi mano.
—Espera. Te ha faltado un número.
—Sí— replica ella encogiéndose de hombros—. El último. Tienes diez opciones para rellenar el espacio, del cero al nueve. Esperaré tu llamada entre siete y siete y quince. Si no recibo tu llamada entonces, no te molestes.
Esta vez, la observo alejarse.
Y una sonrisa estúpida me baila en los labios.
¡Segunda parte de cuatro! Releyendo, me siento cómoda con el resultado de esta historia. He disfrutado muchísimo escribiendo y espero de todo corazón que la historia sea de tu agrado también.
Cami, me hace muy feliz que te haya gustado la primera parte de mi regalo! Espero que esta segunda se encuentre a la altura de tus expectativas. Te quiero montones y me siento muy feliz porque te encuentres bien! (No vuelvas a asustarme así!) Estamos oficialmente a la mitad (tal vez un poco más, porque el último capítulo es más cortito) de tu regalo.
¿Teorías sobre lo que sucederá en el próximo?
Un abrazo, E.
