Disclaimer: todo en esta historia me pertenece a excepción de la conceptualización original de Henrik, Hugo y Amara; personajes del SYOT Tierra de Caos, propiedad de jacque-kari, naty_mu y Camille Carstairs.
Este capítulo y el siguiente serán narrados íntegramente por Amara.
Regalo del Día del Amigo para Camille Carstairs.
.III.
—¡Mierda! Mierda, mierda, mierda.
—Si viviéramos en mi casa, ya habrías tenido que echar cuatro monedas en el frasco.
—No es divertido, Valk. Mi único estúpido par de tacones acaba de romperse— me quejo mientras salto en un pie, intentando quitarme el zapato que se me ha roto, con el tacón rojo colgando de manera patética de un hilillo.
—Cinco— dice ella burlona—. Si quieres te dejo usar los míos— dice mientras se recuesta boca abajo en mi cama mientras lee un libro horrorosamente grueso.
Me río antes de darme cuenta de que es un ofrecimiento sincero.
—¿Has visto lo diminutos que son tus pies? Si intentara ponerme tus zapatos, estoy segura de que tendría que hacer como las hermanastras feas de Blancanieves y cortarme el dedo gordo del pie.
—Blancanieves no tenía hermanastras, esa era Cenicienta. Y que yo recuerde ninguna se cortó ese dedo. Una cortó su dedo pequeño y la otra el talón.
Me río.
—Al menos Hugo se consiguió un buen reemplazo en eso de ser un sabelotodo.
Ella me saca la lengua desde su lugar en mi cama mientras yo rebusco entre mis zapatos.
—No he visto mucho a Hugo por aquí últimamente. ¿Se encuentra bien?
—Los sabiondos de Medicina ya empezaron con sus exámenes— explico yo—. Está ocupado estudiando.
—¿Qué tal le está yendo?
—Está agotado. Y se la pasa ocupado todo el tiempo. Parece que ha hecho buenas migas con un profesor. No me sorprende, en realidad, Hugo tiene una personalidad curiosa, pero una vez que lo conoces es muy sencillo tomarle afecto.
Valkyr me sonríe.
—Sí. Ya lo he notado. Siempre es muy atento.
—¿Qué te parecen estos? —digo mostrándole unas bailarinas que aún traen el precio en la suela.
—Son lindos. ¿Nunca los has usado?
—No me gustan los zapatos con los que es imposible caminar— replico yo—. De ahí que solo tuviera un maldito par de tacones. Estos creo que me los dio la madre de Hugo para un cumpleaños.
—Te combinan perfecto. Henrik estará impresionado. Aunque yo en lo personal también estoy impresionada— dice como quien hace una confesión—. Después de lo furiosa que estabas el día en que se vieron por primera vez, desde luego jamás pensé que empezarían a salir.
—No estoy segura de si estamos saliendo— replico yo—. Es decir… en plan chico-chica.
—Bueno, él es un chico y tú una chica.
—Muy graciosa. Pero ya sabes… no sé si estamos saliendo como algo más que amigos.
—Pues visto desde fuera, eso es justo lo que parece.
—¿Tú crees?
—Seré indiscreta, pero ¿no te ha besado?
Niego con la cabeza.
—Nos hemos pasado la mayor parte del tiempo poniéndonos al día sobre lo que hemos hecho desde que dejamos de vernos— digo yo—. Hugo aún no ha podido coordinarse con nosotros para poder salir los tres juntos, así que también tengo que poner a Henrik al corriente sobre eso. Sobre lo que hace Hugo.
Valkyr chasquea la lengua:
—Pues eso lo explica todo.
—¿Qué?
—Por eso él no ha intentado besarte. No sabe si estás disponible para eso.
—¿Y por qué no habría de estar disponible?
Ella me lanza una mirada condescendiente.
—¿Porque usas parte del tiempo de sus intentos de citas hablando de otro chico? —sugiere burlona.
—Ya te dije que no sé si son citas.
—Pues creo que a estas alturas él tampoco lo sabe. Ya te dije que, desde fuera, tu relación con Hugo resulta confusa.
—No empieces con eso.
—En serio, Amara. No sé cuántas veces he entrado por la mañana a esta habitación, para pedirte algo estúpido como una goma para el cabello, y los he encontrado durmiendo juntos.
—Durmiendo— reitero yo—. Lo hemos hecho desde antes de que aprendiéramos a leer y a escribir. Desde que éramos niños siempre ha sido igual.
—Pero ya no son niños.
—No me vas a convencer de que es algo raro. La mayor parte del tiempo nos quedamos dormidos haciendo otras cosas. ¿Soy yo o las películas se vuelven cada vez más aburridas?
—Solo te diré que a menos de que le des a Henrik una señal inequívoca de que no estás interesada en Hugo o que tomes tú misma la iniciativa, no creo que haga nada. La pregunta aquí es ¿quieres que él haga algo?
…
El otoño con que nos recibió la facultad está llegando a su fin y siento en mi piel el frío de los primeros días de invierno. Caminamos juntos hasta la puerta y la pregunta de Valkyr se repite, atronadora en mis oídos.
¿Quieres que haga algo? ¿Quieres que haga algo?
Rebusco en mis bolsillos y me doy cuenta de que me he olvidado de mis llaves, de nuevo.
Golpeo la puerta con los nudillos, esperando que Valkyr no se haya ido a la cama aún.
Henrik me pregunta algo, pero estoy tan ensimismada buscando mis llaves que me lo pierdo. Cuando volteo, él se encuentra muy cerca. Mis ojos se dirigen directamente a sus labios y, como hipnotizada, me pongo de puntillas y junto su boca con la mía.
Él parece sorprendido, solo por un segundo, antes de tomarme de la cintura y profundizar el beso.
Esperaba que resultara agradable, pero más allá de eso, resulta arrollador.
De alguna manera, me recuerda aquella vez en que Henrik nos convenció a Hugo y a mí de que debíamos lanzarnos en trineo desde lo más alto de una colina y terminamos estrellándonos contra un árbol. Me fracturé la muñeca y recuerdo que, ya cuando nos aproximábamos hacia el árbol, incapaces de cambiar la trayectoria, pensé que eso terminaría doliendo una barbaridad, pero, aun así, lo haría de nuevo.
Henrik siempre era capaz de convencerme de que el camino peligroso era el camino correcto. Excitante.
La puerta se abre, lo noto porque cuando abro los ojos, ambos estamos bañados en una cálida luz dorada.
A mis oídos, llega una expresión de sorpresa. ¿Quién se ha sorprendido? ¿Ha sido Henrik o he sido yo?
Nos separamos y caigo en cuenta de que no ha sido ninguno de los dos.
—Lo siento…— desde la puerta, Hugo me mira con los ojos muy abiertos—. No he querido interrumpir.
…
—Esto empieza a resultar ridículo— me quejo al teléfono mientras Valkyr, que está cocinando una pasta con una extraña salsa verde en la estufa, me mira con algo que me recuerda fastidiosamente a la lástima.
—¿Aún no te contesta?
—No— digo colgando la llamada cuando me envía al buzón de voz por centésima vez.
—Me siento algo culpable. Te envié un mensaje para avisarte que Hugo estaba aquí, no se me ocurrió que podías no verlo.
—Ya lo dijiste antes. No ha sido tu culpa. Hugo está siendo muy infantil. No es como si no me hubiera visto besándome antes con alguien. Además, ha sido muy simpático con Henrik, por eso no entiendo qué demonios le pasa para empezar a ignorarme así.
—Bueno, tal vez no te había visto besándote con alguien que importara. Hugo es muy educado, no estaba en una buena posición para hacer una escena. Y si no le dijiste que te estabas viendo con Henrik en ese plan, es lógico que se haya sorprendido.
—¿Tú de qué lado estás? —espeto yo.
Ella alza las manos, sosteniendo un cucharón.
—¿Ahora resulta que hay lados?
—Por supuesto— espeto—. Mi lado, el lógico, amigos de toda la vida. Y el de él, niño en el cuerpo de un adulto que se enfurruña porque… porque…
—¿Porque tal vez está enamorado de ti y te vio besándote con alguien más?
—Hugo no está enamorado de mí.
—Podría estarlo— dice ella mientras sigue revolviendo.
—No, no es así. Ya te lo he dicho, me ha visto besando a otros chicos antes. No es así entre nosotros.
—El hecho de que antesno fuera así, no significa que ahora no lo sea— apunta ella levantando la cuchara de madera.
—No te sigo.
—Tal vez siempre ha estado enamorado de ti y no se había dado cuenta. O se había dado cuenta y no había encontrado la forma de decírtelo. Ya te lo dije, cuando los conocí, me pareció que ustedes estaban juntos-juntos.
—Bueno, yo pensé que tú eras una pesada insufrible. Todos nos equivocamos de vez en cuando ¿no? —replico tomando el teléfono y marcando de memoria por millonésima vez.
—Hola. No te puedo contestar. Deja un mensaje después del tono.
Suelto un siseo, como un gato enojado y lanzo el teléfono contra el sofá y tomo uno de los cojines bordados que ha traído Valkyr con el resto de sus cosas, lo pego contra mi rostro y empiezo a gritar.
…
"Amara, llámame"
.
"Amara, contesta"
.
"¿Vamos a hablar sobre lo que pasó?"
.
"Estás siendo de lo más infantil"
.
"¿Está todo bien?"
.
Paso rápidamente todos los mensajes que ha enviado Henrik y observo, con frustración, que sigo sin tener ni un maldito mensaje de Hugo.
—Dudo que ver fijamente tu teléfono vaya a solucionar tus problemas con los chicos— señala Valkyr mientras mordisquea la tapa de un bolígrafo.
—Ya pasó una semana— digo indignada—. ¡Una semana! No me contesta las llamadas, ni los mensajes… ¡ni siquiera los más floridos! Me pasé por su habitación ayer y su compañero me dijo que estaba en la biblioteca.
—Tal vez estaba en la biblioteca.
—Fui a buscarlo a la biblioteca. No estaba ahí.
—Hay varias bibliotecas en el campus— continúa Valkyr sin inmutarse.
—Sé cuál es su favorita. El muy cabrón está evitándome. He roto mi propia regla y le he dejado un mensaje de voz. Estoy razonablemente segura de que lo he insultado en al menos seis idiomas, tres de los cuales él conoce y ¡nada! Ni una palabra. Ni un solo regaño. Empiezo a temer que lo haya atropellado un auto.
—No, vivo está.
—¿Por qué lo dices?
—Porque lo vi esta mañana cuando iba a mi clase de Historia.
—¿Y no me lo dijiste?
—No sabía que barajabas la posibilidad de que estuviera muerto —dice sin voltearme a ver.
—¿Y cómo lucía?
—Bien.
—¿Bien?
—Hugo siempre se ve bien.
—¿Y eso que significa?
—Significa que siempre se ve bien.
—¿Bien arreglado? ¿Saludable? ¿Bien alimentando? Bien ¿qué?
Valkyr me dedica una mirada cansada.
—Mira… Puede que esto te sorprenda, pero no es como si él tuviera que sentarse a esperar por ti ¿sabes? Tiene opciones, hay un grupito de chicas que siempre parece ir detrás de él.
—¡Yo nunca le he pedido que lo haga! Somos amigos… Mejo…
—Mejores amigos, sí— completa ella rindiéndose y cerrando su libro de Economía Internacional—. Pero, si fueran solo amigos, él no se habría molestado porque besaras a Henrik; si fueran solo amigos, tú no estarías volviéndote loca por el hecho de que no te habla. Pensarías que es infantil y esperarías a que se le pasara ¿no? Si todo fuera tan inocente como pretendes que es, no estarías ignorando a Henrik, que es básicamente lo que has estado haciendo desde hace una semana, porque te sientes culpable por haberlo besado. Porque te gusta y sientes que, por eso, estás traicionando a Hugo. Porque Hugo te gusta también, pero siempre has creído que él estaría siempre, siempre ahí, para ti.
Me echo a temblar. De ira, de miedo… mi mano se abre y se cierra y me toma un rato darme cuenta de que no es a Valkyr a quien quiero golpear, sino a mí.
—Con Hugo y yo nunca ha sido así— intento defenderme, ya sin tanta convicción—. Es como mi her…
—Amara, te quiero— interrumpe Valkyr—, pero te juro que, si dices que Hugo es como tu hermano, voy a solicitar un cambio de residencia. Te lo dije al principio y te lo repito ahora: la forma en la que se miran no es la de dos amigos. Mucho menos la de dos hermanos. Si quieres una prueba, puedes revisar las fotos que tienes por allá— dice señalando con el dedo y volviendo a abrir su libro.
Le hago caso. Me levanto e inspecciono mi vida en fotografías. Tengo una en la que salgo con papá, una muy vieja y desgastada con mi madre, en mi tercer cumpleaños y otra en donde estoy tumbada en la hierba con mis hermanos. Pero fuera de eso, todas las otras tienen a Hugo: aprendiendo a andar en bicicleta cuando me quitaron las rueditas, con él sosteniendo el asiento para que no me fuera de lado. Con mi primera escayola, yo riéndome y él observándome con un gesto preocupado. El día en que llegaron nuestras cartas de aceptación de la universidad…
Cierro los ojos, recordando cómo fueron las cosas ese día. Acabé con las uñas mordidas porque Hugo ya había sido admitido en cuatro universidades distintas y yo aún no entraba a ninguna. Era mi última oportunidad. Habíamos prometido estar juntos siempre y yo estaba a punto de arruinar eso por completo porque, a pesar de que desde que terminamos la primaria no había vuelto a suspender, mis notas simplemente no llegaban al nivel de las de Hugo.
¿Había elegido él esta universidad en concreto porque era lo que quería o solo lo había hecho para estar conmigo?
Intenté ver lo que Valkyr veía. ¿Habíamos dejado de ser amigos en algún momento? ¿Podía siquiera pensar en Hugo como algo más que un amigo?
Con Henrik lo tenía claro. Éramos amigos, sí, pero inclusive un par de años después de que nos conociéramos, yo empecé a verlo de una forma un poco distinta. Él me gustaba. Su forma de ser se parecía a la mía. Era como estar enchufada a diario a un golpe de adrenalina. Resultaba de lo más emocionante estar a su alrededor.
¿En algún momento había visto a Hugo de una manera similar?
Lo que Valkyr decía era cierto, Hugo era guapo y sabía que no le era indiferente a las chicas, pero él siempre parecía pasar de todo el mundo. Siempre había creído que se debía a su timidez, pero ¿y si era otra cosa?
—¿A dónde vas? —pregunta Valkyr cuando dejo la foto que había estado sosteniendo sobre la repisa y me pongo una chaqueta.
—A arreglar las cosas.
—Son casi las once de la noche.
—Estará despierto.
—¿Vas a ver a Hugo o a Henrik?
Me detengo en la puerta, dudosa.
—Si aún no lo sabes, no tiene sentido que vayas a ninguna parte— sentencia ella con cansancio—. Vámonos a la cama, Amara. Será mejor que consultes las cosas con la almohada.
…
Cuando despierto, decido que mi almohada probablemente se quedó dormida el día que dieron el curso sobre cómo dar consejos, porque, después de una noche de pesadillas en la que acababa perdiendo a mis amigos— a Henrik por segunda vez—, no siento que mi cabeza se haya aclarado en lo absoluto.
Me hago un ovillo bajo las mantas y me quedo ahí, quieta y deprimida.
No soy del tipo de persona que se deprime, pero la perspectiva de perder a uno o a ambos resulta insoportable.
"No hay punto de comparación", dice una vocecita en mi cabeza, "Hugo ha estado siempre contigo"
Pero ¿y Henrik? ¿Podía renunciar realmente a él?
Tocan a mi puerta. Por un momento, albergo la estúpida esperanza de que se trate de Hugo, que ha depuesto las armas y ha vuelto a mí:
—¿Amara? ¿Te encuentras bien? —no es Hugo, sino que se trata de Valkyr.
—No— me aclaro la garganta para evitar que aquel sonido estrangulado vuelva a salir de mi boca—. Creo que he pescado un resfrío— agrego y la excusa suena pobre hasta para mí.
—Oh… Lo siento ¿necesitas algo?
—Trataré de dormir un rato. No te preocupes. Seguro que por la tarde me siento mejor.
—Vale— dice después de dudar por un momento—. Si necesitas algo, envíame un mensaje.
—Gracias.
…
No me siento mejor por la tarde. Valkyr me llama un par de veces y yo debo hacer un esfuerzo sobrehumano por sonar más o menos normal. Ella seguramente no me cree cuando le digo que estoy bien y que en cuanto logre superar el dolor de cabeza estaré perfectamente.
Noto el cuerpo dolorido, como si me hubiese estrellado contra una pared o algo así.
Me siento peor cuando Henrik me envía un mensaje:
"Si me he equivocado de nuevo. Grítame, enfádate, véngate… Pero deja de ignorarme"
.
Estoy pensando en ignorarlo cuando entra un segundo mensaje:
"Sabes que me gustas ¿no?"
.
¿Henrik se sentirá tan miserable ahora como me siento yo? ¿Soy una persona cruel por hacerle esto a él?
Abro la conversación y empiezo a escribir un mensaje tras otro, pero ninguno parece convencerme.
Tú también me gustas pero…
¿Te he estado ignorando?
Tengo muchas cosas en la cabeza justo ahora.
Al final, envío el más estúpido de todos:
"Lo siento"
Me cubro la cabeza con las mantas, cierro los ojos y me duermo.
…
Dormirse en este estado emocional resulta no ser una buena idea. En algún momento, en medio de mi drama emocional, las ideas se cuelan hasta mis sueños y tengo una pesadilla. Cuando despierto, sudorosa y aterrorizada, no consigo recordar de qué iba exactamente, pero el dolor sordo entre mis costillas me da una pista de quienes pueden estar involucrados.
¿Qué probabilidad hay de que una historia como esta pueda tener un final feliz?
Cierro los ojos, intentando analizar lo que pasa conmigo, pero resulta una pérdida de tiempo, porque sin importar cuantas vueltas le dé, siempre llego a la conclusión de que no soportaría tener que elegir entre ellos.
El sol se oculta y Vakyr regresa a casa. La escucho trastear en la cocina y luego la puerta de mi habitación se abre. Cierro los ojos y finjo estar dormida.
Ella se acerca y deja algo sobre la mesita de noche, acomoda mis mantas y sale en silencio.
Cuando abro los ojos, noto la silueta de una taza de cerámica y algo que huele a hierbas.
No consigo reunir la fuerza de voluntad para sentarme en mi cama y beberlo.
El martes las cosas no están mucho mejor. Valkyr me avisa que ha cocinado sopa para mí y que la ha dejado en la cocina. Trato de sonreír para tranquilizarla, pero debo hacer un pésimo trabajo porque ella empalidece y me ve asustada.
Se marcha y yo considero por un rato el levantarme y comer lo que ella me ha dejado, pero al final me decanto por tomar una de las barras de chocolate que guardo para comer cuando me da hambre en medio de la noche.
El miércoles ella empieza a hablar sobre llamar a un doctor. Me siento agotada, a pesar de que he pasado la mayor parte de los últimos días durmiendo en mi cama, pero la dejo que me ayude a levantarme y como cucharadas de un caldo salado, con un suave regusto a mantequilla, hasta que ella se da por satisfecha.
Podría maravillarme por la capacidad que tiene ella para hacer comida para enfermo si no estuviera tan sumida en la autocompasión.
Valkyr me hace una pregunta, pero mi cerebro no consigue procesar sus palabras para darles sentido. Creo que tiene algo que ver con el hecho de que no me he duchado desde el… No lo recuerdo.
En cuanto termino de comer lo que me ha puesto en el plato paso por el baño, en donde mi estómago devuelve la mayor parte de mi cena y luego me vuelvo a tumbar en mi cama.
…
—No quería molestarte, de verdad, pero ya no sé qué hacer. He intentado buscar el número de su padre o de alguno de sus hermanos, pero a su teléfono se la ha muerto la batería y no los tiene apuntados en ninguna parte.
—No te preocupes —esa voz…— Te agradezco que me buscaras. ¿Desde cuándo está así? —¡ESA VOZ!
—No ha ido a clases desde el lunes. Apenas si he conseguido que coma un poco desde entonces. No creo que sea gripe ni nada parecido. Creo que simplemente está… triste.
Silencio. Escucho con atención, sentándome en mi cama y por un momento creo que se ha marchado.
La puerta de mi cuarto se abre y ahí está él.
Sus ojos me recorren de arriba abajo y yo me siento mortificada cuando soy consciente de que mi cabello debe estar apelmazado por la suciedad y que debo tener los ojos hinchados.
Me paso una mano por la cabeza, en un vano intento de alisarme el pelo y la dejo caer al lado de mis piernas cuando entiendo que es un caso perdido.
Valkyr me lanza una mirada de disculpa desde la puerta y luego se esfuma, dejando a Hugo parado en el umbral.
—Bueno, sin duda has tenido días mejores. Me recuerdas al día en que nos quedamos encerrados en el gallinero de la señora Prescott. Aunque creo que podríamos añadir un par de plumas a tu cabello.
Me río, sin fuerzas.
Él suelta un suspiro y saca un teléfono de su bolsillo. Marca y se lleva el teléfono al oído.
—¿Qué estás haciendo? —mi voz suena terrible. Me aclaro la garganta ruidosamente y él me ve con una ceja alzada.
—Ordenando una pizza.
—No creo que mi estómago soporte una pizza.
—Tu estómago soporta lo que sea, Amara.
"Amara". Me pregunto si estoy siendo dramática por sentirme dolida por el hecho de que me llame así y no simplemente "Mar".
Lo escucho ordenar. Me le quedo viendo como una lunática, evitando parpadear tanto como me resulta posible, porque estoy segura de que, si cierro los ojos por demasiado tiempo, él desaparecerá.
—¿Veinticinco minutos? De acuerdo. Gracias.
Cuelga.
—Bueno, ¿qué te parece si te das un baño y yo me encargo de asear un poco?
—No eres mi madre, Hugo.
—Estoy muy consciente de eso.
—Tampoco eres mi padre ni uno de mis hermanos.
—Y doy gracias a Dios por ello.
—¿Por qué?
—¿Por qué?
—¿Por qué te alegras de que no seamos hermanos?
Él suelta un suspiro.
—Ya hablaremos, Amara. Sinceramente me resulta difícil verte en este momento.
—¿Por qué luzco fea?
—Porque luces destrozada— replica él—. Nunca, en todo el tiempo que tenemos de conocernos, te he visto de esta manera. Me duele…
—Bueno… he tenido unos cuantos días difíciles.
—También yo.
—No lo parece.
—Bueno, siempre se me ha dado bien disimular lo que siento. Demasiado bien, al parecer —agrega sombrío y yo me sonrojo.
—¿Me prometes que estarás aquí cuando salga?
Él no sonríe.
—Te lo prometo.
Y como se trata de Hugo, le creo.
…
Me toma más tiempo del que pensaba el dejarme limpia.
Debo lavarme el cabello al menos tres veces hasta que las hebras rubias dejan de sentirse apelmazadas. Luego me tomo mi tiempo con el acondicionador, deshaciendo los nudos con los dedos y tratando de no pensar en lo que Hugo tiene para decirme.
Al final, apago la ducha, de manera que el agua helada me da en el rostro, haciéndome tiritar y luego revitalizándome.
Sobre el toallero, encuentro ropa interior, unos jeans limpios y una camiseta de punto. Pequeños detalles que me hacen pensar que Valkyr Dalh podría ser no solo mi compañera de casa sino también mi amiga.
Como soy una cobarde y me aterroriza la idea de que, así como todo podría arreglarse con una conversación también podría destruirse por completo, decido secarme el cabello con secadora e intento no ver las ojeras que enmarcan mis ojos o como los huesos de mi cara parecen más prominentes.
Escuchar a Hugo trasteando en mi habitación me da la calma que necesitaba. Me seco el cabello y con cada mechón que cae lacio sobre mi espalda, me siento un poco más como yo misma.
Finalmente, cuando salgo del baño, la pizza, por supuesto, ya ha llegado y mi descuidada habitación vuelve a ser habitable. Hugo está sentado sobre mi cama, con las piernas cruzadas bajo su cuerpo.
Resulta casi doloroso el ver el alivio en su rostro cuando me ve… bueno… menos desastrosa.
—Entonces…—empiezo— ya estoy limpia— me hace sentir incómoda el hablarle así y sé que a él también.
—Fantástico— responde—. Me he tomado la libertad de cambiar tus sábanas y tus mantas. Todo está ya en el secador…
—No tenías que hacerlo. Pero gracias.
—De nada.
Él aprovecha el silencio para servirme cuatro porciones de pizza en un plato y, cuando me lo entrega, me ve con una ceja alzada, como retándome a desobedecerle.
Hago un esfuerzo por comer.
Él no empieza con su propia pizza hasta que me he terminado mi primera porción.
Sonrío cuando noto que, a pesar de que no los soporta, ha pedido la pizza con pimientos, los cuales aparta disimuladamente en una esquina de su plato.
Después de mi segunda porción, tengo ganas de vomitar, pero tampoco quiero molestarlo.
—Si no te sientes bien, entonces mejor deja de comer— señala Hugo, tan observador como siempre—. Puedes comer más dentro de un rato.
Asiento y me miro automáticamente las manos.
—¿Quieres empezar tú o lo hago yo?
Siento un nudo en la garganta.
—No estoy segura de si puedo hablar ahora.
—Bueno, eso sin duda es una novedad— me río. Y en cuando el sonido brota de mi garganta me doy cuenta de que había pasado mucho desde la última vez que me sentí así.
—Empiezo yo, entonces— dice aclarándose la garganta y aprieta las manos en puños sobre sus rodillas—. Solo te pido que no hables hasta que haya terminado, no estoy seguro de poder seguir si me interrumpes.
Cuando asiento, él empieza a hablar:
—Amara… te quiero. No he podido contestarte el teléfono ni venir a verte porque no sabía cómo decírtelo. Te quiero desde hace mucho. Creo que te he querido siempre, pero no sabía de qué manera.
Me cuesta muchísimo trabajo no interrumpirlo. Inclusive llego a abrir la boca, pero él me lanza una mirada de advertencia.
—Pero también creo que siempre he tenido miedo. Empecé a darme cuenta de qué era lo que sentía después de mi cumpleaños número catorce. Organizaste una fiesta para mí y antes de que partiéramos el pastel, te vi en el patio trasero besándote con Kiefer junto al depósito de la madera. Sabes que nunca he sido particularmente violento, pero en ese momento sentí ganas de destrozarle la cara solo porque había tenido las agallas para tocarte.
¿Tanto? ¿Tanto tiempo? ¿Cómo ha podido vivir así todos estos años?
—Creo que, si regresara a ese tiempo y tratara de ponerle un nombre a ese sentimiento, no sabría cómo hacerlo. Pero ahora que lo sé, no me queda ninguna duda. Ninguna. Te quiero, Amara. Y creo que de alguna manera siempre creí que, al final, seríamos nosotros dos. Hasta que te vi con Henrik.
Mi mano busca la suya automáticamente y él me dedica una triste sonrisa y yo siento la necesidad de sentarme a su lado y rodearlo con mis brazos, prometerle que todo va a estar bien. Pero eso sería interrumpirlo y me ha pedido que no lo haga.
—Lo quiero todo de ti: cuando eres dulce y cuando eres grosera y maldices como un marinero; cuando te esfuerzas en cocinar a pesar de que ya sabemos que eres un desastre en la cocina. Cuando te ríes porque acabas de tener un pensamiento divertido. Cuando has dicho una broma y tus ojos se iluminan, a la espera de que los demás lo entendamos. Te quiero los días en que te quedas en pijama y cuando te esfuerzas en lucir bien… Te quiero cada año y cada día; te he querido a cada minuto y a cada segundo y estoy convencido de que seguiré haciéndolo hasta que muera.
Mis dedos se cierran con fuerza alrededor de su mano.
—Cuando éramos pequeños y estábamos juntos los tres, a pesar de que intentaba no hacerlo, creo que siempre sentí algo de celos por Henrik. Por el tipo de relación que compartían ustedes dos. Nunca me he arrepentido de cuidar de ti, porque sabía que vivir en un mundo en el que tú no existieras, me destrozaría. Para Henrik, todo parecía ser mucho más sencillo. Él no tenía que ser el freno. No tenía que ser el responsable de que hicieras pucheros o te quejaras por ser un aguafiestas. Ustedes dos… se parecen mucho. Tendría sentido que estuvieran juntos de esa manera.
Toma aire y se detiene por unos momentos:
—Creo que, si fuera una persona menos egoísta, podría hacerme a un lado. Lo he intentado por días… Pero… No puedo. No puedo hacerme a la idea de que puedas ser feliz con él cuando sé que podría hacerte feliz. Puedo hacerte feliz— dice levantando la mirada, clavando aquellos ojos del color del chocolate en los míos—. No voy a obligarte a que me elijas, Amara, pero me gustaría que me dieras una oportunidad. Sé que él te gusta. Pero creo que yo te podría gustar también— hace una pausa—. Sé que podríamos ser fantásticos juntos, si solo me das una oportunidad.
Siento un nudo en la garganta. Lágrimas traidoras me emborronan la visión y, cuando se derraman, Hugo las limpia con sus pulgares, inclinándose sobre la cama, tan cerca que puedo ver cada plano de su rostro. A esta distancia, puedo notar lo cansado que parece él también, con ojeras de un suave color lavanda y ligeras arruguitas que no estaban ahí hace unos días.
Está tan cerca que puedo sentir su aliento mezclándose con el mío.
Me doy cuenta de que él ha estado equivocado con su discurso, porque no es cuestión de si es posible que pueda gustarme, porque él me gusta, solo que no me había dado cuenta de que me gustaba de esa manera.
Él espera, pacientemente, con su rostro cerca del mío.
—Ahora sería un buen momento para que dijeras algo— dice en un susurro.
Me exprimo el cerebro, intentando encontrar algo tan bonito para decir como todo lo que él acaba de decir.
Al final, solo se viene a mi cabeza una palabra, no solo porque es lo más justo sino porque, en este momento, es lo que deseo:
—Bésame.
No tengo ni siquiera un segundo para respirar. Es como si él lo hubiera decidido antes de que yo se lo pidiera. Un instante después, sus labios están sobre los míos.
No hay atisbo de duda. No siento, en ningún momento, que Hugo esté pensando en lo que este paso le hará a nuestra amistad. Somos solos él y yo, en un mundo que nos pertenece y un momento que se vuelve infinito.
Sus dedos recorren mi rostro, siguiendo la línea de mis pómulos, descendiendo por la sien, recorriendo como alas de polilla mi mandíbula. Finalmente, acuna mi mejilla, cambiando el ángulo del beso. Apartándose por unos segundos para tomar aire antes de volver a besarme.
Ante mis ojos, estallan mil imágenes de nosotros dos. Cada paso en nuestras vidas, los secretos compartidos, las risas cómplices y los momentos en que él me ofreció su hombro para llorar, como si fuera lo más natural del mundo.
Y al final de todo, el rostro de Henrik destella en mi memoria.
Sus caras se superponen y me doy cuenta, con un jadeo sorprendido, de que, aunque lo hago de una manera distinta, los amo. A ambos. Como si mi corazón se hubiera vuelto el doble de grande y luego se hubiera dividido por la mitad.
Hugo, Henrik…
Los amaba a los dos.
Tres de cuatro y mañana esta historia llegará a su fin.
Francamente me costó bastante llegar hasta este punto a la historia porque aún no concibo que alguien pueda amar a dos personas en una forma romántica con la misma intensidad. Pero Hugo y Henrik representan dos tipos de amor distintos para Amara, que ha sido una suertudota y ha encontrado dos grandes amores siendo muy joven.
Mil gracias a Cami, Ale y Cora por sus bellos reviews !
¡Mañana el finale!
Un abrazo fuerte, Cami. ¡Feliz día del amigo!
