Disclaimer: todo en esta historia me pertenece a excepción de la conceptualización original de Henrik, Hugo y Amara; personajes del SYOT Tierra de Caos, propiedad de jacque-kari, naty_mu y Camille Carstairs.

Último capítulo, igual que el anterior, narrado solo por Amara.

Regalo del Día del Amigo para Camille Carstairs.


.IV.

—Amara— Henrik luce genuinamente sorprendido cuando me encuentra parada frente a su puerta.

—Lamento haber venido sin avisar, pero necesitaba hablar contigo. ¿Puedo pasar?

Su alivio aparente da paso a la confusión.

—Por supuesto. Adelante.

—Tu casa no pega contigo —es lo primero que digo mientras me siento en unos ostentosos sillones de un blanco impoluto.

—Gracias.

—Lo decía como un cumplido.

—Lo sé. Lo decoró mi madre y es más o menos una copia del departamento de mi hermano en la ciudad. Yo tampoco creo que me pegue muy bien. ¿Quieres algo de comer? Pensaba pedir comida china.

Niego con la cabeza.

—Acabo de almorzar en la facultad.

—Pensé que tenías el día libre.

— He tenido que ponerme al corriente con mis clases, he pasado la mañana en la biblioteca.

—Bueno, eso definitivamente era un momento de fotografía.

Me río.

—Tienes buen aspecto. Tu compañera de apartamento dijo que habías estado algo enferma.

Me sonrojo ligeramente.

—Ahora estoy mejor.

—¿Quieres algo de beber?

—Agua estará bien.

—Solo tengo agua del grifo— se excusa él.

—¿Parezco el tipo de persona que compra botellas con agua?

—Pues no.

—Entonces la del grifo me vale.

Lo escucho moverse por la cocina y tomo aire, intentando armarme de valor para hacer lo que he venido a hacer.

El vaso está lleno de cubos de hielo que hacen que el cristal se cubra de condensación.

—Bueno… soy todo oídos— dice Henrik, luciendo, por primera vez que recuerde, inseguro.

—Hugo y yo nos besamos— bueno, no es un inicio sutil, pero es un inicio.

Él parece sorprendido.

—¿Cuándo?

—Hace tres días.

—Oh.

—Estoy enamorada de él, Henrik.

Silencio.

—¿Y él?

—Él está enamorado de mí. Me lo ha dicho. Desde hace mucho tiempo, en realidad.

—Sí. Lo sé.

—¿Lo sabes?

—Sí. Creo que todo el mundo lo ha sabido siempre. Excepto tú.

—Bueno, me habría gustado que alguien me lo dijera. Me habría ahorrado mucho sufrimiento, creo.

—¿Qué has venido a hacer? ¿Disculparte? ¿Pedirme permiso? ¿Tengo algo que decir al respecto?

—Aún no he terminado de hablar yo.

—Bueno, adelante.

Tomo aire. Henrik no parece molesto, pero la sonrisa burlona en su boca entra en contraste con su mirada triste.

—Le he pedido tiempo.

—¿Por qué? Si tú lo quieres y él te quiere a ti.

—Porque necesitaba hablar contigo primero. Necesitaba decirte lo que siento.

—¿Para qué me alegre por ti?

—¡Deja de interrumpirme!

Él abre los ojos, sorprendido, pero finalmente asiente:

—No me refiero a decirte lo que siento por Hugo. Eso ya te lo he dicho, idiota. Me refiero a lo que siento por ti.

—¿Qué somos amigos? —de repente, como una chispa en la oscuridad, el genio de Henrik se enciende—. Te dije que me gustabas, Amara. Y puede que no tenga la capacidad de decirlo con tanta seguridad como probablemente lo haya hecho Hugo o que no tenga tantos recuerdos o tantos momentos juntos como él. Pero yo te…

—No —digo negando con la cabeza—. Déjame terminar…

—No puedo— dice él levantándose de su asiento y sentándose frente a mí en una mesita de café de aspecto frágil—. No puedo permitir que tomes una decisión sin tener toda la información. ¿Tienes idea de lo loco que me he vuelto las últimas semanas? Ni siquiera sabía que eras así de importante para mí, hasta que de pronto me vi en una posición en la que era simplemente imposible hablar contigo. No contestabas mis mensajes, ni mis llamadas y tu compañera seguía diciendo que no te encontrabas bien y que no podías verme.

Él se sujeta la cabeza con sus manos. Tirando de unos mechones de cabello rubio que necesitan desesperadamente un corte.

—Por unos días, pensé que lo hacías a propósito, Amara. Pensé que querías que me diera cuenta de lo duro que había sido cuando me había marchado y había desaparecido de sus vidas. Pero luego me puse a pensar que no había nada en este mundo que pudiera volverte así de cruel. Y me preocupé… y he estado aterrorizado, sin saber qué hacer, porque nunca, ni en un millón de años me habría puesto a pensar que tendría que ponerme en esta posición. La posición de un hombre que tiene que suplicar por una oportunidad…

Agito la cabeza.

—No es eso lo que…

—Te quiero—dice él mientras sujeta mis manos—. No puedo prometerte que con la misma fuerza, la misma intensidad o la misma devoción que Hugo. No puedo saberlo. Pero te quiero.

Dejo salir el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Yo también te quiero— él suelta algo así como un jadeo—. Pero eso solo hace que esto sea más difícil.

—No lo entiendo— admite él.

—Te quiero, de verdad lo hago. Me has gustado desde que aún éramos niños y me gustas ahora. Y… te quiero… Pero también lo quiero a él. No del mismo modo, pero si con la misma fuerza. No puedo elegir. Sería como elegir entre dos partes de mí misma y eso me destrozaría, Henrik, me destrozaría.

La mirada que me dedica resulta dolorosamente similar a la que me dedicó Hugo hace tres días, cuando le dije lo mismo:

—Los quiero a los dos y, por eso, no podría entregarle mi corazón por completo a ninguno. No puedo hacerlo.

—Entonces ¿cuál es el punto? ¿Cuál es el punto de que yo te quiera y él te quiera si…?

—¿Si todos seremos miserables? La vida puede ser muy cruel ¿no? Pero creo que lo mejor es ser sincera con ambos— le doy una sonrisa—. No creo que las cosas vayan a cambiar, no para mí. Pero ustedes dos podrían. Finalmente me he dado cuenta de que, en el momento en que deje de tenerlos en pausa, ambos podrán seguir adelante.

Me encojo de hombros mientras me levanto, separando nuestras manos. Él se queda sentado en su lugar, como paralizado.

—El amor no puede ser egoísta— le digo antes de marcharme.

—Entonces ¿básicamente terminaste con los dos? —pregunta mientras sus piernas cuelgan sobre un costado del sillón.

Me llevo la taza de té a los labios y bebo, disfrutando de la cálida sensación que envía el agua caliente a mi cuerpo.

—Pues sí… Me pareció lo más justo para los dos. No estaba tratando de jugar a ser una santa… Les dije la verdad. No puedo elegir entre ellos.

—¿Y cómo te sientes? —pregunta Valkyr mientras revuelve las tres cucharadas de azúcar con que acaba de mancillar su taza de té.

—Triste— le digo y ella me ve con preocupación—. Pero creo que es una forma distinta de tristeza. Es decir, perdí a mis mejores amigos, pero al menos fui justa… no habría podido vivir conmigo misma a sabiendas de que estaba jugando con ellos.

—Bueno, tomando en cuenta que los amas, yo no le llamaría a eso "jugar". Pero comprendo por qué lo hiciste. Si sirve de algo, creo que has sido muy noble y muy valiente. ¿Has sabido algo de ellos?

—Los he bloqueado en mi celular… Me pareció que era lo mejor.

Ella se levanta de su lugar y se sienta junto a mí.

—Si te consuela, creo que oficialmente ya nos podemos llamar amigas la una a la otra.

Me río.

—Si te interesa, se ha abierto una vacante en la posición de mejor amiga.

—¿Dónde están los formularios?

—Te lo haré saber cuando tu solicitud haya sido procesada. No nos llames, nosotros te llamaremos. Gracias por cuidar de mí— digo saliéndome de nuestro ambiente bromista para dedicarle una mirada cargada de afecto.

—Ni lo menciones— dice ella recostando su cabeza en la mía.

Nos quedamos en un cómodo silencio, disfrutando simplemente de nuestra compañía hasta que alguien toca a la puerta.

Suelto un suspiro cansado:

—Yo abro— dice Valkyr mientras se levanta, descalza, y camina hasta la puerta. Su expresión sorprendida hace que levante la mirada y me quedo de piedra al verlos, a ambos, ahí de pie. Valkyr me dedica una mirada asustada.

—Venimos en son de paz— bromea Henrik levantando las manos, acostumbrado, igual que yo, a rellenar siempre los silencios—. Solo queremos hablar.

—Y estamos preparados para acampar aquí afuera si te niegas a recibirnos— agrega Hugo mostrándome una mochila alargada en la que reconozco su saco de dormir—. Solo queremos que tomes en cuenta que anoche nevó, de manera que sería básicamente crueldad dejarnos aquí afuera.

—¡Ustedes dos no están cumpliendo con su parte del trato! —los acuso.

—Esa es la cosa, Mar— dice Hugo con su seriedad habitual—. Lo hemos estado hablando y hemos descubierto que, en realidad, ninguno de los dos aceptó tus condiciones.

—En ambos casos decidiste levantarte e irte— aporta Henrik.

—Y en mi caso fue particularmente embarazoso, puesto que yo estaba en tu casa— agrega Hugo con una mueca.

—¿Quieren que los deje solos? Bueno… a los tres… — pregunta Valkyr con la cara roja.

—No.

—Sí.

—Sí.

Los fulmino a ambos con la mirada.

—Bueno, esos son dos contra uno. Iré a comprar… jabón para los platos. Sí, no tenemos jabón para los platos— dice ella mientras deja la puerta abierta de par en par, dejándolos entrar mientras busca sus zapatos.

—Esa es oficialmente la peor excusa que he oído en mi vida. Y que sepas que tu solicitud probablemente sea denegada.

—Aplicaré de nuevo en diez días— dice ella mientras sale, compartiendo una mirada divertida con mis chicos.

Los chicos, no mis chicos— me corrijo—. Porque nunca serán míos.

—¡Traidora! —le grito mientras cierra la puerta, dejándome con las únicas dos personas en el mundo a las que quiero y no quiero ver al mismo tiempo.

—¿Podemos sentarnos? —Hugo es tan correcto como siempre.

—En realidad planeaba que se quedaran de pie— respondo yo—. Tal vez así se cansen rápido y se marchen.

—Siempre podemos elegir el suelo —dice Henrik dejándose caer de cualquier modo sobre las baldosas, que a juzgar por el escalofrío que lo recorre, deben estar heladas.

Hugo no lo secunda, sino que se sienta en el sillón en el que Valkyr había estado recostada.

—¿Quieres empezar tú o empiezo yo? —se siente como un déjà vu de lo que pasó hace unos días en mi habitación.

—Yo no tengo nada que decir.

—No te estaba hablando a ti— dice él con calma—. Le hablaba a Henrik.

—Empieza tú. A mí me hará perder los nervios en diez segundos— dice Henrik, aunque la sonrisa en sus labios no coincide con sus palabras.

—¿Quieres la versión larga o la corta, Mar?

—Prefiero la corta, así podrán irse pronto.

—Bueno, la versión corta entonces— dice Hugo sin inmutarse—. Henrik y yo hemos estado hablando…

—Eso ya lo dijiste.

—Sobre que evidentemente no sabes escuchar.

Me sonrojo.

—Y el punto es que hemos analizado lo que nos has dicho a ambos y a pesar de que sabemos que es una situación poco corriente y que evidentemente no es lo ideal, hemos decidido declinar tus condiciones.

Frunzo el ceño.

—Lo cual significa— toma Henrik el relevo—. Que nos negamos a que tomes una decisión por los tres. Lo cual incluye eso de bloquear nuestras llamadas, correos y señales de humo.

—¿Señales de humo?

—Sí… Aparentemente está prohibido eso de iniciar fogatas en el campus —dice fingiendo estar abochornado.

No sé hasta qué punto estará bromeando, pero evito mostrar más interés de la cuenta.

—El punto es— sigue hablando Hugo—. Que hemos tratado de encontrar un punto medio, una vez que resultó evidente que ninguno de los dos iba a ser el mejor hombre y salir de la ecuación.

Los veo sin entender.

—Y creemos que si nos quieres como dices que lo haces, entonces lo mínimo que merecemos es una oportunidad.

—Una oportunidad— repito. ¿Para quién?

—Para los tres— dice Henrik—. Y antes de continuar voy a aclarar que me gustan exclusivamente las mujeres. Así que no planeo desarrollar ningún tipo de relación con… aquel —dice señalando a Hugo que pone los ojos en blanco.

—Bueno, ya que estamos clarificando, lo cual me parece innecesario, diré lo mismo.

—Me estoy perdiendo con todo esto.

—Queremos probar— dice Hugo finalmente, encogiéndose de hombros —. Sabemos que no será sencillo, pero queremos tener la oportunidad de ver si podemos hacerlo funcionar.

Los dos guardan silencio, esperando a que lo digiera.

Juntos… los tres. Los tres.

—¿Se han vuelto locos?

—No— contesta Hugo con calma.

—¿Se han estado metiendo drogas?

—No recientemente— dice Henrik.

—¿Los abdujeron los alienígenas? ¿Les lavaron el cerebro? ¿Se dieron un golpe en la cabeza?

—No, no y no.

—Se han vuelto locos, entonces.

—Ya te dije que no.

—No era una pregunta, era una afirmación.

—Es nuestra oferta. Tómala o déjala— dice Henrik, entrando, por primera vez que recuerde, en su papel de abogado—. Pero te recomiendo que la tomes, porque Hugo y yo hemos decidido que no te daremos tregua hasta que aceptes, por lo menos, intentarlo. Nos lo debes, Amara, por haber hecho de nuestra vida un infierno por semanas.

—Bueno, no fue como si yo hubiera estado tomando baños de burbujas tampoco.

La expresión de ambos se vuelve seria.

—Así que ¿qué dices? —la voz de Hugo tiene esa mágica capacidad de calmarme.

Cierro los ojos y lo considero. Frente a mí, se abre la posibilidad nunca antes explorada de poder tenerlos a ambos. No renunciar a ninguno. ¿Puedo ser lo suficientemente valiente como para tomarla?

Un millón de recuerdos con el rostro de ambos me bombardea. Mi corazón se acelera. Mis dedos tiemblan y se me pone la piel de gallina.

Abro los ojos, con una sonrisa.

Y les doy mi respuesta:

—Sí.


Me quiero matar por haber dejado ese final abierto, peeeeero en mi defensa, no creo poder haberle hecho justicia al #Trío si me ponía a jugar de intrépida retratando como funcionaría la relación una vez decidido esto. Siendo así, prefiero dejarlo a su imaginación. Se vale dejar teorías en los reviews.

Mil gracias a Cami, Cora, Ale, Jacque, Doremi y pilarz por sus hermosos reviews. De verdad no me esperaba tanto amor.

Me ha encantado escribir este regalo para ti, Cami. Y espero que hayas disfrutado con su lectura y que te sientas conforme con el desarrollo. Sé que ha quedado larguísima pero con algo de suerte eso será un punto positivo y no negativo.

Con cariño, E.