Esta es una adaptación del libro de Shayla Black, los personajes son de Keiko Mizuki, bla bla bla…Lectura para mayores de edad!
Capitulo 1
"Voy a hundirme en ti tan profundamente que no podrás olvidarme jamás"
Karen Klaise se estremeció al recordar aquella brusca promesa, rememorando como se perdió en músculos tensos y placer.
Albert Andley
Incluso su nombre le provocaba una dolorosa punzada de deseo en el vientre. Él había convertido su promesa en realidad. No le había olvidado no siquiera por un momento.
La noche que Albert había pasado en su cama había sido asombrosa y mágica. Y siendo que ella hacia mucho que había dejado de creer en los cuentos de hadas, aquello ya significaba algo. Sentirse envuelta en su dura fuerza fue como estar en el paraíso.
Aquella noche, bajo la intensa mirada de él, no solo se había sentido una mujer deseable, sino única. Y aquella intimidad…Dios, la había arrebatado. Había sido mucho más que enloquecer de placer, él le había mostrado un aspecto del placer totalmente nuevo. Sus profundos ojos azules ardían mientras la penetraba con poderosos y fuertes envites; su pelo, largo y rubio, los había rodeado como un velo que dejaba a un lado la realidad, quedando solo anhelos susurrados y jadeantes respiraciones mientras la hacia alcanzar un orgasmo tras otro.
Albert había llevado a su cuerpo a extremos incendiarios a los que ella jamás hubiera creído que la pudiera llevar un hombre. Y no lo hizo una y otra vez. Durante 6 horas. Sin descanso, sin quedar nunca satisfecho. Ávido, codicioso, extraordinario.
Karen había mantenido suficientes relaciones sexuales en su vida para saber que habían compartido algo más que sexo.
Y a la mañana siguiente…nada. Él no dejo ninguna nota, explicación, nada. Unos días después le envío un ramo de flores disculpándose por cualquier incomodidad o dolor que le hubiera podido causar. Ella se enfado mucho, un gesto tan impersonal le dolió un poco…aunque no le había sorprendido demasiado.
Pero no estaba dispuesta a darse por vencida. Dadas las pocas posibilidades que tenía de ver de nuevo a Albert, Karen rompió sus propias reglas, y le llamo. Dos veces. Él no le devolvió las llamadas personalmente. Fue su ayudante quien se puso en contacto con ella para decirle que mantendría los términos del acuerdo. Nada más.
Karen no significaba nada para él. Si, antes de esa noche, ella ya sabía que no la respetaba. Se habían conocido unos años antes en una despedida de solteros; ella fue la streeper del evento y él un amigo del novio. De alguna manera, Karen había esperado que si se volvían a ver, Albert cambiaría la idea que se había hecho de ella.
Qué estupidez
Pero a pesar de todo, él era todo lo que ella buscaba en un hombre: atractivo, triunfador, capaz de sentir un profundo afecto, sensible, sexy y…Y no pensaba renunciar a él sin luchar.
-Buenas noches jefa- George Johnson lanzo un largo silbido de admiración cuando ella entró por la puerta trasera de del club y se detuvo al lado del escenario. La miro de arriba abajo.- Estas estupenda
-Hola George- saludo al gigantón.- Te recuerdo que tu deber es vigilar a los clientes, no a mí.
-Aún no hemos abierto el local y no hay nadie a quien meter en vereda. Además ya estoy aburrido de de ocuparme de niñatos borrachos y casados calientes. ¿De que color es el liguero que llevas puesto debajo de la faldita?
El gorila del club había sido agente de alguna agencia estatal, aunque nunca menciono de cual. No hablaba mucho de si mismo. Karen no sabía por que había comenzado a trabajar allí. Pero en los pocos meses que llevaba con ella, se había vuelto en alguien indispensable.
Era una lastima que George no fuera lo que necesitaba su corazón.
Karen le lanzo una mirada de reproche
-Nunca lo sabrás
-Oh, vamos…Haz feliz a un amigo
Karen bajo la vista a la entrepierna del gorila
-Parece que ya eres lo suficientemente feliz
George le guiñó un ojo y le brindo una amplia y provocativa sonrisa
-Solo por ti
Era un tipo apuesto, tan fuerte que podría ser la portada de una revista de físico culturismo. Además era gracioso, irónico y responsable. Pero después de pasarse trabajando en el club, "Las sirenas sexys", el club más famoso en toda Lousiana y del cual era propietaria, además de intentar poner en marcha un nuevo restaurante, cuando caía rendida en la cama no era en George en quien pensaba. Aquel honor caía en manos de Albert Andley.
Y ahora, 3 meses después, él iba a volver
"Siénteme. Siiiiii. Eres tan estrecha, es tan bueno. Así, cariño. Córrete otra vez para mi"
La voz de Albert resonaba en su mente, pecado puro envuelto en terciopelo. Los recuerdos hacían que creciera el deseo en su interior. Pensar en esa noche tenía el poder de aturdirla, calentarla. No había dejado de desearle en ningún momento.
-¿Hola? Tierra llamando a Karen
Se había olvidado de George
-Lo siento. El restaurante absorbe todos mis pensamientos estos días
Él clavo en ella aquellos ojos oscuros que veían demasiado.
-¿Lavar los platos y confeccionar menús hace que te sonrojes, o que se te crispe la piel? ¿Qué tengas esa mirada que dice "quiero tirar"?
-¿Por qué no vas a encargarte de un par de borrachos?
-Prefiero estar contigo
George cruzo los brazos sobre su ancho pecho. Él era impresionante. Y la deseaba; no se molestaba en ocultarlo. Ella se sentía fatal por ello.
-¿Cómo se llama?- suspiro George
-¿Quién?
-El hombre que te pone de esa forma. No se si quiero descuartizarlo o estrecharle la mano para felicitarlo.
-No hay nadie en mi vida- Lo que en realidad era cierto. Dejando de lado aquella noche salvaje con Albert, llevaba años sin mantener relaciones sexuales.
-Mentirosa
Llegados a ese punto de la conversación, George solía bromear diciéndole que con él sería más feliz que con cualquier otro. Esa noche no lo dijo
-Eres demasiado especial para estar sola. Las chicas te adoran. Eres justa con todo el mundo y trabajas muy duro. Eres más dulce de lo que piensas. Ni siquiera me has pedido que mate al idiota del concejal ese que vino a crear problemas- la miro fijamente.- Has trabajado mucho últimamente. Necesitas un descanso.
Si no tenía cuidado, las palabras de George la harían llorar. Sería muy fácil dejarse llevar por la autocompasión, pero era una perdida de tiempo.
Karen puso los brazos como jarras.
-No puedo
-Quizás deberías aplazar unas semanas la inauguración del restaurante.
-¿Por qué?
George no pudo contenerse, se acerco y le acaricio cariñosamente el brazo con su enorme mano.
-Hace solo 2 meses que murió tu madre
Karen se puso tensa
-Hacía 14 años que no la veía
-Eso no importa. Lamentas su perdida
Y lo hacia con reacciones muy diversas. Cólera, pena, tristeza, furia, y sobre todo, una profunda necesidad de echarle en cara que no hubiera hecho nada por ayudarla o comprenderla, de exigirle el apoyo que siempre había necesitado.
Junto a su tumba había visto la razón de la falta de entendimiento entre ellas. Raymond. A pesar de los años transcurridos y de estar a más de 50 metros, se notaba que seguía siendo tan cabrón como cuando era un niño. Al menos él no la había visto. Si lo hubiera hecho, sabe Dios que hubiera ocurrido.
Karen dejo de pensar en ello
-George, gracias por preocuparte por mi, pero he dedicado mucho tiempo y energía en esto como para retrasarlo. He invertido casi todo mi dinero en este restaurante. Además ¿Qué gano recordando a mi madre?
Él le acaricio los hombros en gesto de consuelo
-Ayer saliste a las 3 de la madrugada y Dorothy me dijo que a las 8 ya estabas de vuelta. Cariño, tienes que dormir. Todo el mundo necesita tiempo para recuperarse de una perdida de este tipo.
Ella prefería no hacerlo.
Se puso de puntas y le dio un beso en la mejilla.
-Algún día serás un gran marido
-¿Es una proposición?
-¿Tengo cara de querer una casa con una cerca blanca? Ya, a trabajar
-Si, señora- de despidió con un gesto y se dio la vuelta, aunque al momento se giro de nuevo.-¡Ah, se me olvidaba! Ha venido un amigo tuyo. Dijo que era cocinero, un chef.
-¿Albert Andley?- suspiro ella
-Si, me dijo que tenían una cita. No parecía demasiado feliz ¿Es el tipo que te ayudara esta semana con el restaurante?
La pregunta de George quedo sin respuesta. En lugar de ello, Karen miro detrás de George, hacia la puerta principal del club.
¡Boom! Albert estaba estaba allí. Un metro ochenta y cinco de altura. De figura elegante y fornida. Al verlo sintió como un puñetazo en el estomago. Karen trago saliva y se permitió el placer de comérselo con los ojos. El pelo rubio le llegaba a la altura de los hombros y los jeans se ceñían a sus músculos en los lugares adecuados. Y aquellos ojos, azules y ardientes…Una urgente necesidad la atravesó. El corazón comenzó a latirle a toda velocidad. Se le humedecieron las palmas de las manos. Sintió que se mareaba de excitación.
George la sostuvo. El guarda espaldas deslizo sus poderosas manos alrededor de su cintura para ayudarla a recuperar el equilibrio y luego miro a Albert por encima del hombro
-Tienes que estar orate ¿no será él, verdad?
-Cállate, George- se acerco a la puerta con decisión.
Por fin. Albert Andley estaba allí. Karen oculto una astuta sonrisa. Ya no iba a poder seguir ignorándola. Ella se aseguraría de eso.
¿Se había puesto duro alguna vez con solo mirar a una mujer que estaba en la otra punta de la habitación antes de conocer a Karen Klaise? Mejor no pensar en la respuesta.
No tenía que preguntarse que había debajo de esa maldita falda, lo sabía. Unos muslos de ensueño con un liguero de color provocativo pensado para volver loco a cualquier hombre. Una tanga de encaje, que revelaba más de lo que cubría. Y debajo…La sensación y el sabor de sus pliegues resbaladizos e hinchados rugieron en su memoria y le hicieron hervir la sangre como si le hubieran inyectado algún tipo de combustible en la sangre.
Tenía que trabajar con ella durante una semana. Santo Dios. ¿Cómo iba a evitar recordar una y otra vez aquel encuentro que quería pero no podía olvidar?
"Eres un profesional. Tu obligación es cocinar, no tocarla" Además, no es que no tuviera mas cosas en las que pensar. Las negociaciones para el programa para televisión por cable estaban a punto de cerrarse y tenía que hacer algunas correcciones a su último libro de cocina. No tendría mucho tiempo libre esa semana, y el que tuviera lo ocuparía como fuera.
Era evidente que Karen también sabía como ocupar su tiempo.
Aquel enorme hombre que tenía al lado y al que había besado en la mejilla hacía un momento, ¿sería un camarero?, ¿un guarda espaldas?. Fuera lo que fuera, le había lanzado una mirada tan posesiva a Karen que Albert no puedo dejar de notarla; luego el hombre lo miro con una furia casi palpable.
Aplastando los irracionales celos que se apoderaron de él, Albert se dijo a si mismo que si Karen quería tirarse a su empleado era asunto suyo.
Aplaco el violento deseo de descuartizar al hombre.
Entonces Karen dio un paso en dirección a Albert, y luego otro
-¡Señorita Karen!- grito una mujer con voz aguda.- ¡Su turno!
Karen se detuvo. Cerró los ojos. Suspiro. ¿Estaba preparándose mentalmente para algo?
Entonces, como si aquella vacilación no hubiera ocurrido, ella le dirigió a él una fría mirada, le indico una silla delante del escenario y se dirigió a la parte trasera de las bambalinas. Albert no pudo evitar seguirla con los ojos, el balanceo de sus curvilíneas caderas lo atraía como el canto de una sirena. Mierda.
De haber estado solos, nada hubiera impedido a Albert que la tocara. Nada
Pero a menos que quisiera volver a dejarse llevar por su lado salvaje e incontrolable, tenía que recordar la temeraria promesa que se había hecho: no tocarla y rechazar ese trabajo.
A regañadientes, Albert se dirigió con paso tranquilo al escenario y se sentó en la silla que Karen le había indicado. En cuanto ella terminara lo que fuera que tenía que hacer, le diría que no podía cumplir su parte del trato. Estaba dispuesto a pagarle por las molestias.
Porque si se quedaba, su pene acabaría por meterlo en problemas. Albert acabaría por desnudarla y colarse debajo de su falda en menos de lo que canta un gallo. Y eso sería malo. Debía recordar que estaba buscando a la mujer perfecta, alguien cercano, familiar, alguien que le gustara los niños tanto como a él y le ayudara a mantener a raya la bestia interior. Y Karen Klaise no era esa mujer.
De repente la música comenzó a retumbar en los parlantes, con gran estruendo y una cadencia provocativa y ardiente. Cada nota que sonaba hablaba de sexo. Sexo caliente, sudoroso y sin restricciones.
El tipo de sexo que le gustaba, el que había tenido con ella. El que le gustaría volver a tener.
Se colocó la chaqueta sobre el regazo para ocultar su erección y observo como Karen aparecía y se contoneaba sobre el escenario. Se había recogido el pelo, en lo alto de la cabeza con un provocativo peinado, y una chaqueta corta de lentejuelas rojas.
Karen se coloco delante de él y comenzó a contonear las caderas, trazando un sensual circulo. La vio ponerse la palma de la mano sobre la piel desnuda del abdomen dorado y comenzar a bajarla. Y siguió bajando…muy lentamente. Albert contuve el aliento hasta que finalmente ella se toco.
"Oh, Dios"
Se deslizo los dedos entre las piernas y echo la cabeza hacia atrás como si estuviera disfrutando de un éxtasis absoluto.
Albert trago saliva y comenzó a sudar
Con una sacudida, Karen enderezo la cabeza y volvió a mirarle a los ojos; lo hizo estremecer de pies a cabeza.
Maldición, desfilaron ante él las semanas de citas con secretarias parroquiales, decoradoras y maestras de primaria. Ninguna de esas mujeres le había provocado una erección. Durante ese tiempo, se había despertado más de una vez en la mitad de la noche sudando, con el pene en la mano y el nombre se Karen en los labios. Y ahora, tras 5 minutos de su presencia, estaba a punto de estallar.
Tenía que pensar en otras palabras que partían con la letra F. Familia. Futuro. Por desgracia con Karen tan cerca lo único en que pensaba era en tirar con ella otra vez y echa a perder todas las buenas intenciones.
En ese momento, ella se soltó el cabello y este cayo sobre sus hombros, se acaricio los pechos y coqueteó con su cintura. Luego se quitó la corta chaqueta y la dejo caer al suelo descuidadamente, exponiéndose ante un Albert que hubiera jurado que le veía las sombras de las areolas de los pezones a través del top. Ella paso por encima de la chaqueta y se contoneo hasta llegar a la barra vertical que había en el centro del escenario. Cuando la agarro con sus manos y se ondulo hacia ella, apretándola entre los muslos, Albert pensó que se iba a asfixiar.
Ella lo miraba fijamente mientras danzaba alrededor de la barra.
La música siguió sonando, desgranando notas que evocaban sensualidad y provocación. Karen continúo su espectáculo. Se metió un dedo en la húmeda boca y lo chupo. Albert noto que su miembro se hinchaba con otro aluvión de sangre al recordar su boca en torno a él, su lengua lamiendo su glande con habilidad, provocándole e incendiándole por completo. Meses después y aún podía sentir el látigo de aquella lengua, la seda caliente de su boca. Se estremeció.
Con una provocativa sonrisa, Karen se saco el dedo de la boca y dibujo el valle entre sus pechos con la húmeda punta del dedo. Luego se apretó uno con la palma de una mano, ofreciéndoselo con una invitación al pecado en su hermoso rostro.
Santo Dios!, no era de extrañar que hubiera levantado un imperio ella sola, allí en Lousiana. Aquella mujer era pura sensualidad y hacía muy bien su trabajo. Ningún hombre en sus cabales podría resistírsele.
Por el rabillo de un ojo, Albert vio que el empleado de Karen, el mismo que ella había besado en la mejilla, se acercaba sigilosamente. Con un rápido giro, Albert pudo apreciar que el hombre estaba tense y jadeante, lucia una enorme protuberancia que decía por si sola lo excitado que estaba.
Albert deseo poder decir que aquello no le importaba. Pero hubiera mentido.
Entonces cuando volvió a mirar al escenario, estuvo a punto de olvidarse hasta de su propio nombre.
Karen estaba de espaldas y se había inclinado por la cintura; le miraba por encima del hombro casi desnudo de manera que lo dejo aturdido. Albert se agarro de los brazos de la silla, deseando levantarse, subir al escenario, tumbarla en el suelo e introducirse en ese mismo momento.
El tirante del top se había deslizado por uno de sus hombros. Y aquella indecente faldita…Karen se paso juguetonamente los dedos por el muslo y luego los hizo desaparecer por debajo de la faldita. Tenía los ojos entrecerrados y separo los voluptuosos labios emitiendo un silencioso gemido de placer. Albert se tenso
"¡Mierda!" Tenia que salir de allí
Entonces, Karen deslizo las manos por las caderas, cogió la falda y tiro de la prenda, esta revoloteo en el suelo. Las 2 nalgas separadas por una tira roja de encaje, le hicieron sentir una nueva oleada de lujuria, no podía respirar.
Karen tenía un trasero impresionante. Pero él ya lo sabía. Albert cerró los ojos para impedir la tentación. Pero los recuerdos se agolparon en él, cuando se introdujo en su culo. Le había permitido que la tomara de todas las maneras posibles. Recordó su húmeda estrechez cerrándose entorno a él. Las gotas de sudor que les cubrían mientras se sumergía en ella. Los gemidos.
Cristo, tenía que detener aquello; al menos el tiempo suficiente para poder decirle a Karen que no iba a quedarse.
Rogando que cesara pronto aquella tortura, abrió los ojos, lo que vio lo dejo sin aliento
Karen le brindaba una picara sonrisa mientras tiraba bruscamente del top para revelar el sujetador rojo que apenas cubría los pezones. Unos pezones duros y rosados. Recordaba demasiado bien como se derretían en su boca.
Albert se removió en su silla. Estaba muy excitado, tenía el pene tan sensible que solo sentir la textura de la tela contra el glande hacia que estuviera a punto de correrse.
Tenía que irse de allí, ya. A la mierda cualquier conversación educada. Le enviaría un correo electrónico con una explicación, porque si se quedaba se olvidaría de todos sus buenos propósitos y se la tiraría hasta perder el sentido.
Mientras se levantaba, Albert repaso mentalmente una lista de personas, cocineros-todas mujeres- por supuesto, a las que pagaría de buena gana para que ayudaran a Karen y…
El sujetador rojo cayó al suelo a los pies de Karen
Tenía los pechos grandes, tan dorados como el resto de su cuerpo, y se bamboleaban graciosamente con cada giro, con cada paso. Aquellos pezones que tan bien recordaba, le decían: "cómeme, cómeme"
"Vete de una vez", se exigía a si mismo. Pero las piernas no respondían.
Karen siguió bailando mientra bajaba los escalones, sosteniendo sus pechos en lo alto como si se los ofreciera. Paso junto a su excitado empleado, al que le dirigió una sonrisa mientras le acariciaba la cara. Albert se tenso cuando el musculitos trato de tomarla en brazos. Pero Karen fue demasiado y se zafó de sus manos, corriendo…hacia Albert.
La humedad que brillaba en la parte delantera de su tanga le hizo sentir una opresión en el vientre. Albert apretó los puños cuando ella siguió bailando cada vez más cerca…
Karen se dejo caer de rodillas ante él y levanto la vista. Sus miradas se cruzaron. Ella jadeaba con fuerza. A pesar de los jeans que le cubrían, él sentía su aliento en el pene. Tenía los testículos a punto de estallar y ni siquiera la había tocado.
Era imposible no alargar la mano, no enredar los dedos en sus cabellos y acercar más la boca de Karen. Pero cuando lo hizo, solo agarro el aire. Ella ya se había alejado con aquel cuerpo dorado que le hacía olvidarse que tenía cerebro.
La música siguió sonando, in crescendo mientras ella se dejaba caer en el escenario, con las piernas abiertas, las rodillas dobladas y los pechos cubiertos por las manos. Arqueando la espalda…como si estuviera preparada para él, para que la tomara.
Albert dio un paso hacia ella. Pero se obligo a detenerse y a respirar hondo.
La música termino.
El musculoso gorila a su lado aplaudió y silbó ruidosamente, como un hombre poseído.
-Eso si que ha sido un espectáculo, jefa. ¡Maldita sea!
Karen se levanto y sonrío. Tenía los brazos a los costados como si no le importara nada estar desnuda delante de su empleado y el cocinero.
Se recordó a si mismo que ella se ganaba la vida de esa manera. Que exhibía el cuerpo ante desconocidos con los que sabe Dios que mas hacía.
-¡Gracias! Es el número que he preparado para el aniversario.
-Pues si necesitas que alguien babee a tus pies, me ofrezco de voluntario- le dijo el guarda espaldas guiñándole un ojo.
-Lo recordare.
Karen recogió la chaqueta del suelo y se la puso cubriéndose los pechos con ella, bajo las escalones, dejando a la vista el escote.
-Señor Andley, me alegro de verte-le tendió la mano.
¿En serio esperaba que la tocara? Albert se preparo para la corriente eléctrica que le atravesaría. Pero nada le hiciera podido preparar para la descarga que le recorrió cuando estrecho su mano.
-Señorita Klaise, tenemos que hablar ¿podríamos hacerlo en algún lugar más tranquilo? ¿Un lugar mas…-Albert recorrió con los ojos al guarda espaldas- privado?
-George- dijo ella, chasqueando los dedos.- Ponte a trabajar. Ya son las 4, ¿verdad?. Es hora de abrir la puerta- entonces miro a Albert.- Sígueme
¡Como si él se hubiera podido resistir a seguirla cuando ella le mostró aquel provocativo trasero mientras se alejaba de él! Imposible.
La siguió fuera de la sala por un pasillo pinado de negro. Las luces rojas del escenario quedaron a su espalda, dando un aire gótico a la parte de atrás en contraste con la zona publica. Llegaron hasta el fondo, donde había una habitación pintada de blanco. Un remanso de paz con fotos en blanco y negro en las paredes.
Karen sostuvo la puerta para que él entrara y cuando lo hizo, la cerro. Él se dio cuenta de que no se oía ningún sonido del club. Ladeó la cabeza, escuchando el silencio
-Esta habitación esta aislada acústicamente- le confirmo ella, apoyando la cadera en el borde del escritorio, con actitud relajada, de alguna manera, exudaba sexo.- Es muy difícil concentrarse en la contabilidad, a las 2 de la madrugada, con la música resonando en los oídos.
Un comentario muy racional, pero no tenía nada que ver con el objetivo de aquella reunión.
-Mira, yo…
-Antes de centrarnos en otros asuntos, me puedes dar tu opinión ¿Qué te pareció el número? Hace dos años que no bailo en una barra. Estoy algo desentrenada.
¿Hacia 2 años que no bailaba en la barra? Vaya…Albert no solía frecuentar estos clubs, así que no podía comparar, pero pensó que sufriría un ataque cardiaco si alguna vez la veía a Karen bailar cuando ella se considerara en forma.
-¿Por qué me lo preguntas?
La joven frunció el ceño
-Eres el único que lo ha visto, además de George, y él no es demasiado objetivo. Necesito una opinión objetiva. ¿Te ha gustado?
"Si solo fuera eso"
-Hum… ha estado bien
-Bien…-Karen suspiro- Tiene que resultar espectacular, ¡Maldita sea! Esta noche es el 5to aniversario de "Las Sirenas sexys" y prometí actuar. Ya no lo hago nunca. Intentare esforzarme más, cuando presente el número. Gracias por tu honestidad.
Como se esforzara más, la mitad de la audiencia se correría en los primeros 30 segundos.
-¿Qué tal te han ido las cosas?- la sonrisa de Karen ilumino toda su cara, toda la habitación. Maldición, incluso a él mismo.
-Genial. He estado muy ocupado. ¿Y tú?
-Oh ¡ha sido una locura! No sabía que poner en marcha un restaurante fuera tan difícil. Por supuesto, se lo que cuesta abrir un negocio, pero me queda mucho que aprender. De todas maneras me alegro de que estés aquí. Hace mucho tiempo que espero ver como te pones manos a la obra- Karen le lanzo una sonrisa picara.- Me refiero en la cocina, por supuesto.
La temperatura corporal de Albert aumento otra vez. Como no se fuera de allí al instante, ella vería como se ponía manos a la obra en la cocina y en cualquier otro lugar donde pudiera tomarla. Pero ¿Cómo podía comunicarle sus intenciones sin enfadarla? Había hecho un trato con ella.
-He oído que tu primo se ha casado- comento ella
Albert intento no cambiar su expresión.
-Si. Terry y Candy se casaron hace un par de meses.
Karen hizo una pausa, ladeo la cabeza y lo observo.
-¿No te importo?- pregunto incrédula.- Se que tú también formabas parte de esa relación.
Si, pero todo había terminado. Se había enredado en un salvaje menage a trois con Candy y su primo, aún sabiendo que ella amaba a Terry. A pesar de todo, Albert había esperado casarse con ella, que Terry la dejara embarazada y que todos formasen una familia feliz. Sin embargo, ellos habían elegido ser una pareja tradicional y le habían dejado a un lado. Posiblemente había perdido su última oportunidad de ver crecer a un niño con algo de su sangre.
Albert vacilo, calibrando los riesgos.
-Ella sigue siendo especial para mí.
Y no mentía, aunque tampoco era todo verdad. Candy y Terry sólo se necesitaban el uno al otro y Albert solo les había acompañado. Lo cierto era que adoraba a Candy, pero no la amaba. Sin embargo, quería lo único que le podía dar, y lo deseaba con mucha intensidad.
Quería tener un hijo y no podía.
-¿Te encuentras bien?- le pregunto Karen.-¿Quieres una copa?
No. Lo que tenía que hacer era irse de allí antes de que su pene tomara el control y le hiciera olvidar el hecho de que necesitaba encontrar una mujer aceptable que quisiera tener un hijo tanto como él. Karen…era condenadamente sexy, decidida, femenina, le volvía loco; pero no encajaba con el ideal de madre. Si terminaba por recurrir a la adopción, los trabajadores sociales les echarían una mirada y saldrían corriendo. Incluso aunque quisiera tener hijos, -que ¿Por qué iba a querer?-, no creía que estuviera dispuesta a recurrir al banco de semen más cercano, menos a someterse a una fecundación in vitro.
Albert ya tenía 35 años, debería de haber superado ya esa fase inmadura de vivir para tirar; esa clase de obsesión que hace olvidar cualquier pensamiento lógico. Karen no iba a proporcionarle lo que más quería en la vida, así que no le quedaba más remedio que controlar su miembro.
Maldita sea, nunca antes había deseado ser impotente en vez de estéril. Le gustaba el sexo.
-No gracias. Karen, no puedo quedarme.
-¿Te vas? Bueno, no importa. Estoy segura de que estarás cansado. Podemos ir al restaurante mañana por la mañana. Esta solo a unas cuadras de aquí. He encargado todas las provisiones que tu ayudante…
-Me refería a esta semana. No te puedo ayudar.
-¿Te ha surgido otro compromiso?- el tono en su voz le indicaba que estaba enfadada
aunque su expresión no reflejaba nada.
Albert podía mentirle, pero no quería hacerlo. Si lo hacía, la estaría insultando y ella no se lo merecía.
-Es por lo que ocurrió entre nosotros.
-Tuvimos relaciones sexuales ¿Qué tiene que ver con cocinar para mi?
Mierda, aquello no estaba saliendo como quería.
-Mira, siento lo que te hice…
-Lamentas haberme llevado al orgasmo tantas veces que perdí la cuenta? Sigo sin encontrarle lógica a todo esto.
"¿Cómo madre iba a encontrársela si no la tenia?"
-Maldita sea, me volví loco. Me enterré en ti. No fui ni tierno ni considerado contigo. Y te pido disculpas. Y estoy seguro que no te pedí permiso antes de…-Santo Dios, ni siquiera podía hablar con ella de sexo anal sin empalarse otra vez.- Bueno, no sería una buena idea que me quedara.
Karen tiro de las solapas de la chaqueta en un inútil intento por cubrirse. Lo único que consiguió fue ofrecerle una vista mejor del escote y que se le endureciera más el miembro.
-¿Y te pareció que me importara?
Trago saliva
-Ni siquiera se si me pediste que me detuviera y no lo hice ¿No lo entiendes? No recuerdo haberte oído. Si me quedo aquí esta semana, no puedo garantizarte que no vuelva a perder la cabeza. No quiero hacerte daño.
-No soy de cristal- le aseguro con un susurro que hizo que le atravesara un escalofrío por la espalda
-Hay otra persona
Pero 3 citas no constituían una relación y observando los atributos de Karen, Albert no había podido recordar la cara de Clara ni aunque se le fuera la vida en ello. Tenía planeado casarse con Clara. O con alguien como ella.
-¿Candy? ¿Todavía mantienes relaciones con la esposa de tu primo? ¿o es una relación a 3 bandas?
No, y no pensaba volver a hacerlo nunca. Pero admitirlo delante de Karen solo serviría para que ella se empecinara mas.
-¿Importa?
Ella negó con la cabeza
-Me da igual quien sea, solo espero que comprenda que tienes un trabajo que hacer aquí. Si yo puedo olvidarme de lo que paso y centrarme en el restaurante, tú también.
Albert la recorrió de pies a cabeza con una mirada descarada y voraz.
-Ni siquiera me has tocado y ya no estoy centrado.
Él atravesó la estancia, le cogió la mano y la apretó contra su adolorido miembro. Al instante todo fue mejor…y peor. Santo Dios, quería que ella moviera la mano, que se desnudara, que se introdujera el miembro a la boca, en su cuerpo.
Antes de perder el control, aparto la mano de Karen.
-Eres una mujer muy sexy y no soy capaz de contenerme cuando estoy contigo. No puedo quedarme.
Karen respiro hondo exponiendo su pecho. Caramba, justo lo que no necesitaba. No pudo moverse cuando ella se aparto del borde del mueble y se acerco a él con movimientos felinos.
-Primero, para que tu preocupación tuviera algún sentido, tendría que estar dispuesta a acostarme contigo. Y te aseguro que hoy no lo estoy. Y creo que mañana tampoco. En segundo lugar, fuiste tú el que recurrió a mí hace 3 meses, ¿recuerdas? Y me prometiste, a cambio de acostarme contigo y con tu primo, cocinarías para mí, en el restaurante, una semana. Me importa un comino que Terry se largara antes de que ocurriera nada, yo cumplí mi parte hasta el final.
-Hiciste mucho más que eso, y ahora no puedo estar cerca de ti y no pensar en sexo.
Para intentar demostrar a Terry que la que hoy es su actual esposa, era la mujer perfecta para ambos, había organizado un trío con Karen. Claro que no había producido todos los resultados que había deseado. Terry se largo justo antes que empezara la fiesta. Y aunque eso si lo esperaba, lo que no había previsto era mantener, y en repetidas ocasiones, relaciones sexuales de las que más le gustaban…
-Lo siento-murmuro.-Conseguiré que alguien calificado me sustituya
-Ya he anunciado que serás tú el que estará aquí. He invertido un año de trabajo y todos mis ahorros en ese lugar. Si esto no funciona, me veré obligada a volver a bailar desnuda para ganarme la vida. Me diste tu palabra y yo confíe en ti ¿De verdad me vas a dejar así?
Silvia R.S en Menage a Trois no hay epilogo por esta razón, buena cantidad de tus dudas tendrán respuesta en esta historia, esto viene a ser como una continuación de la historia anterior, pero su protagonista es Albert…asi que no me odies por la falta de epilogo ahora sabes el porque…Saludos…
Espero que hayan pasado una excelente noche buena y espero que este final de año sea fenomenal y que el año que viene este lleno de bendiciones para todas…
Espero sus reviews…
Besos
