Capitulo 2
La música retumbaba en los oídos de Albert.
Cuando sonaron los últimos acordes y Karen se dejó caer de manera sugestiva al lado de la barra de stripper con su tanga de encaje, y nada más, Albert se puso tan duro que casi le dolía.
En el momento que la música murió, la multitud que llenaba el club estallo en una atronador aplauso. Albert apretó los dientes. En ese momento, cada hombre en el local estaba empalado gracias a la mujer que él se moría por llevar a la cama. Una y otra vez. La mujer que no debía tocar.
Después de más de 2 minutos de vítores y aplausos, los clientes se sentaron. Con una traviesa sonrisa en los labios, y tras ponerse aquella pequeña chaqueta de lentejuelas que apenas la cubría, Karen agarro el micrófono.
-Gracias a todos por estar aquí esta noche- dijo aún jadeante.- Son ustedes, con su entusiasmo, los que a lo largo de los últimos 5 años han hecho de "Las sirenas sexys" un lugar especial. No saben como me alegro que hayan decidido compartir con nosotros esta velada.
Karen pestañeo, y enardeció a la multitud. Albert quiso vomitar. No, no era cierto. Lo que quería era sacarla de allí, echársela al hombro y prohibirle que volviera a subirse a un escenario para desnudarse en público.
Suspiro. Comportarse como un cavernícola era más del estilo de Terry que suyo. Además Karen no era suya. Jamás lo sería.
¿Por qué demonios se había dejado convencer para cocinar toda esa semana? Ah si, se sentía culpable. Tres meses antes, ella había cumplido su parte del trato. No era culpa suya que él no hubiera podido, que aun no pudiera, controlarse. Tampoco era culpa de Karen que Terry se hubiera marchado dejándola sola con el lado más oscuro de Albert. Y dado que ella había invertido todo sus ahorros y su futuro en ese nuevo negocio, él le debía las 7 clases magistrales que le había prometido.
Después de agradecer la asistencia de la multitud durante un rato más, ella se bajo del escenario y se abrió paso entre los admiradores. George, el gorila, le consiguió una silla sin dejar de revolotear a su alrededor con aire protector. Con los brazos cruzados y el ceño fruncido, resultaba muy amenazador. Pero no lo suficiente para disuadir a los fervientes admiradores.
Un tipo con camiseta de la Universidad de Louisiana se abrió paso entre el gentío y se acerco a Karen, plantándole un beso en la boca. Unos instantes después, George empujo bruscamente al tipo y lo mando a la puerta, con una mirada que no auguraba nada bueno. Acto seguido el gorila se acerco más a Karen, asegurando a todo el mundo que ella era suya.
Negándose a mirarlos por más tiempo, Albert maldijo para sus adentros y reconoció la amarga verdad. Ella le había estado tomando el pelo. La noche que paso con Karen, ella le había dicho que hacia casi 2 años que un hombre no entraba ni en su cama ni en su cuerpo. Entonces le había creído. La había sentido demasiado estrecha.
Viendo aquel tumulto de babeantes imbéciles, sabía que no era posible que su cama hubiera estado vacía más de 2 días.
Pero no importaba si Karen se acostaba con el gorila, con su clientela, o con toda la población masculina de Louisiana. Albert cumpliría su parte del trato, no importaba lo encantadora que fuera. Tenía un futuro en el que pensar y, si Dios quería, pronto tendría una esposa y un hijo.
A las 3 de la madrugada, cuando finalmente estuvieron cerradas las puertas del club, Albert y Karen se quedaron solos.
Ella se permitió saborear un instante el hecho de que, si todo salía bien, había realizado el último striptease de su vida. Jamás tendría que volver a exhibir su cuerpo para poder comer. Lo había hecho durante 14 años. El restaurante representaba su ticket a una vida mejor. Trabajaría lo duro que fuera necesario, con tal de no tener que enseñar las tetas a unos desconocidos otra vez. Albert era justo lo que necesitaba para tener éxito. Menos mal que lo había convencido para quedarse.
Por el bien del restaurante…y el suyo propio.
Él permanecía erguido a su lado, tan tenso como un tambor. Karen sonrío. Aquel delicioso y nervioso chef no tenía idea lo que se le venía encima.
-¿Estas seguro que quieres ir ahora al restaurante?
Él asintió con la cabeza
-Ver el lugar me servirá para estructurar los platos, para sentir el influjo de la comida. Es necesario que conozca al personal, aunque ya he hablado con los cocineros y con el gerente por teléfono, todos han seguido mis instrucciones al pie de la letra. Ya hemos previsto el menú de esta semana…¿Te has encargado de comprar la lista de suministros que te encargue?
Karen asintió con la cabeza y le lanzo una mirada descarada.
-Tienes unos gustos muy caros, señor Andley
-Es una inversión productiva, recuperaras el dinero, señorita Klaise.
Ella sabía que él mismo se aseguraría de ello. Él no quería deberle ni una puta cosa cunado se largara. Pero Karen había previsto que las cosas ocurrieran de otra manera. Se había prometido a si misma que a finales de la semana ella poseería a Albert en cuerpo, mente y alma.
Cada uno condujo su auto hasta donde estaba el restaurante. Karen no quiso tomar en cuenta que él se había negado a ir en el mismo auto que ella.
En cuanto llegaron, Karen saco las llaves del bolso y abrió la puerta. Una vez dentro, se acerco a la esquina y acciono el interruptor de las luces de ambiente. Había luces más potentes, por supuesto, pero ¿para que encenderlas? No servían a sus propósitos.
Karen observo su obra. Era…simplemente elegante. Un ventanal ocupaba una de las paredes, el eran paneles de madera oscura sobre laque, había distintos detalles en dorado, marrón y tierra, salpicados con algunos toques de color borgoña y chocolate. El amplio espacio tenía una atmosfera acogedora y expectante, como si esperara a los clientes. Sillas y mesas por todas partes, en algunas se había colocado la vajilla china y la cristalería, así como las servilletas de lino. En la pared del vestíbulo había un letrero donde se podía leer el nombre del restaurante Bonheur. Siempre que lo veía se sentía orgullosa de si misma.
Miro a Albert por el rabillo del ojo. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y estudiaba el lugar con mirada especulativa. A Karen le palpito más rápido el corazón mientras esperaba su respuesta. No tenía sentido que deseara su aprobación con tanta intensidad… pero no podía evitarlo.
-Y bien ¿Qué te parece?- dijo ella respirando hondo
-Bonheur- murmuro.- En Frances significa "felicidad"
-Pensé que era adecuado. Quiero que los clientes sean felices aquí. Y rezo para serlo yo también.
-Me gusta ¿Tienes la intención de ofrecer cenas a grupos? ¿O te inclinaras más por las cenas íntimas?
-Pensaba ofrecer las 2
Él volvió a recorrer las mesas con la mirada
-Pues si quieres ofrecer cenas románticas, algunas mesas tienen que estar más alejadas de las destinadas a los grupos; yo las colocaría en las esquinas, son mas acogedoras. La cafetería y el comedor…-señalo al centro de la estancia, donde un tabique separaba las 2 zonas.- están demasiado próximos. Resultara difícil separar los 2 ambientes cuando la gente que esta en el comedor puede ver a la que esta bebiendo, riéndose y fumando. Mira al techo ¿Hay extractores de humo?
Era algo que Karen había pensado, pero no le gustaba dividir es espacio. Aunque él tuviera razón.
-No hay zona de fumadores
-¿Ni siquiera en la cafetería? Perderás algunos clientes.
-Merece la pena. Quiero que la cafetería sea para que la gente se tome un aperitivo mientras espera su mesa, no para clientes que no vayan a cenar aquí y que solo busquen fiesta o enganchar con alguien. Para eso esta el club.
Albert asintió, pero no dijo nada. Ella tomo nota mental de desplazar las mesas más pequeñas a las esquinas y de llamar al contratista para arreglar el tema del tabique.
-¿Dónde esta la cocina?
Karen se mordisqueo los labios y se dirigió a una esquina, donde encendió las luces. Ella entendía de juegos y seducción, pero de restaurantes…de eso sabía él, y ahora era Albert quien exudaba seguridad en si mismo. Karen lo agradeció. Se había esforzado mucho para que la cocina del Bonheur resultara adecuado, un sitio en el que un chef de la categoría de Albert se sintiera orgulloso de cocinar.
Mientras recorrían el pasillo, tuvo conciencia de que Albert tenía los ojos clavados en ella. Notó que le rozaba los hombros con la mirada, que le abrazaba la cintura y que no era capaz de apartar su vista de su trasero. Ella sentía el rastro ardiente que iba dejando en su piel.
-La cocina no se ve desde el comedor. Bien pensado
Cuando llegaron a la estancia, cubierta de acero inoxidable en su mayor parte, ella encendió más luces.
-He oído que a la gente no le gusta ver la cocina mientras esta comiendo
Una vez más, Albert cruzo los brazos, estudiando el lugar y asintiendo con la cabeza lentamente.
-Es muy agradable. Una zona de trabajo amplia y bien situada. Una cocina de 12 fogones. ¿A gas?
-Por supuesto
La aprobación que mostraba la cara de Albert la calentó por dentro.
-Es el número de fogones adecuados. Y cuatro fregaderos. Están muy bien colocados los utensilios en las paredes.¿Y los calienta platos?
Karen indico un estante debajo de las encimeras y otro en el pasillo, donde los platos esperarían hasta ser llevados a la mesa.
-Muy bien. Y has instalado una gran cámara frigorífica- se acerco a la cámara y abrió la puerta.- Tiene un buen congelador y mucha capacidad.
-Al final siempre se queda corto- ella sonrío
-Mmmm- La miro como si estuviera combatiendo el deseo de devolverle la sonrisa.-¿De que material es este suelo?- dijo dando un golpecito en el suelo con la punta de la bota.
-De corcho. No se resbala, es fácil de barrer y fregar y es blando, lo que viene bien para la gente que tiene que estar mucho de pie.
Por fin, él la miro. Era evidente en su cara lo impresionado que lo había dejado.
-¿Lo has pensado tu sola?
-La mayor parte. El contratista también me ha echado una mano. Algunos clientes de "Las sirenas sexys" tienen negocios de restaurantes y les pedí consejo. El resto…investigue a fondo. Quería que todo resultara perfecto.
Algo cambio en la expresión de la cara de Albert. Se tensó mientras su mirada se tornaba oscura y algo lejana.
-Pues has tenido éxito
¡Maldita sea! ¿Qué había dicho para que desapareciera cualquier atisbo de calor de su rostro? ¿Era por haber mencionado "Las sirenas? ¿Acaso ahora la consideraba poco más que una prostituta?
Karen alzo la barbilla. Conocía a los hombres. Incluso aunque Albert dijera que ella no era su tipo, sabía que le excitaba. Eso ya era algo.
De nuevo, él se centro en los negocios.
-¿A que hora estará aquí el personal?
-¿Te va bien a las 12?
-Perfecto- Albert se dio la vuelta
-Ya has aprobado los menús ¿Necesitas algo más esta noche?- pregunto ella jugando con las llaves y preguntándose como recobrar la armonía que habían compartido solo momentos atrás.
"Paciencia, cíñete al plan. La noche todavía es joven"
Albert siguió a Karen hasta el estacionamiento del restaurante. La buena iluminación conseguiría que los clientes se sintieran seguros. Sin embargo en ese momento, a él le disgustaba profundamente porque podía ver cada movimiento de las tentadoras caderas de Karen mientras se dirigía a su auto.
Había ido en el 4x4 desde el club para no tener que estar confinado con ella en un espacio tan pequeño en tiempo que les llevaría recorrer 3 manzanas. No se creía capaz de contenerse ni siquiera esos 5 minutos. En la cocina del Bonheur; le había asaltado el deseo de ponerla encima de una de esas encimeras de acero y penetrarla hasta que perdiera el sentido. Así que, debía agradecer el comentario que ella había hecho sobre "Las sirenas sexys" y los favores que, probablemente, habría tenido que ofrecer a sus clientes a cambio de los consejos. Solo pensarlo tuvo que apretar los dientes. Se cabreó.
En el estacionamiento había 3 autos. Cuando apretó el botón de mando para desbloquear la puerta del conductor, la observo hacer lo mismo con su pequeño deportivo negro. Albert apretó los puños. Ahora, Karen se iría a su casa, se despojaría de aquella faldita, de ese top blanco, del sujetador rojo y de los putos zapatos. Aunque ella no tuviera cabida en lo que él esperaba del futuro, lo único que deseaba en ese momento era seguirla. Ayudarla a liberarse de esas prendas y hundirse en ese cuerpo perfecto y apretado.
Albert trago saliva
"Mantén el bragueta cerrada. Cocina y cierra la Boca y, dentro de 7 días, podrás largarte de Lafayette ¿Acaso no posees un poco de auto control?"
Un chillido en el estacionamiento lo arrancó de sus pensamientos.
Karen.
A Albert se le detuvo el corazón, salto del coche y corrió como un loco por el estacionamiento. Ella chocó directamente contra su pecho. La sostuvo contra su cuerpo, agarrándola por los hombros.
-¿Qué ha pasado?- le pregunto con rapidez
Karen respiro temblorosamente
-¡Cabrones!
Antes que Albert pudiera pregúntale a quien se refería o que quería decir, ella se volvió al interior de su auto a buscar algo. Un momento después, le mostró un largo cuchillo con un papel clavado en la punta. "Puta" escrito con lápiz de labios rojo, brillaba ante los ojos de Albert.
La sorpresa fue enorme, pero se transformo en furia rápidamente. Era irónico, él mismo lo había pensado solo un momento antes. Pero jamás se le ocurriría decirlo en voz alta, mucho menos escribirlo en una nota y clavarlo en el asiento del descapotable.
-¿Quién pudo haber hecho esto?- dijo con una profunda rabia vibrando en su voz
-Quien sabe- ella tiro el cuchillo en el asiento del copiloto
Albert la hizo girarse hacia él y apretó los dientes
-¿Quién-puede-haberlo-hecho?
Karen lo miro con cara de asombro
-Mira, esto no es nada nuevo. Este tipo de cosas me pasan a menudo.
"¿A menudo?" Por alguna razón, aquello lo enfureció más. Puede que a Karen no le preocupara, pero a él si.
-¿Qué ha dicho la policía al respecto?
-¿La policía?- ella negó con la cabeza.- Esto solo es…una pendejada. Quizás fue algún cliente que se enojo porque no le brinde la suficiente atención. Es lo mas probable.
Y también lo podían haber hecho en serio. Aquello no era para tomárselo a broma.
-¿Y si esto proviene de una mente enferma que quiere hacerte daño? ¿Desde cuando recibes estas cosas?
-Como te he dicho, pasa de vez en cuando. Pero hace tiempo que…
-Entra en mi camioneta- Termino por decir Albert. Puede que no fuera guardaespaldas como su primo Terry, pero había paso el suficiente tiempo con él y su socio, para saber que quedarse allí, a la intemperie, era algo que no debía hacer.
-¿Qué?- le dijo llena de incredulidad
-Te voy a llevar a casa. Vas a llamar a la policía y vas a denunciar estos hechos.
Karen vacilo, pero le sostuvo la mirada
-Albert me parece encantador que te preocupes de esta manera, pero….
-Entra en el puto coche de una vez
Ella palideció y él maldijo por lo bajo. Alterado por la alarma que sentía, más la frustración sexual a la que estaba sometido, no ayudaban a controlar su carácter.
Karen suspiro y Albert se preparo para una discusión, pero ella se dirigió al 4x4
-De acuerdo.
Le abrió la puerta y la observo deslizase al interior. Parecía tranquila y reservada a pesar de que acababa de ser amenazada. ¿Sería solo una fachada?
Meneando la cabeza, se dirigió al asiento del conductor. Cuando se sentó, ella hablaba por teléfono.
-Lamento llamarte tan tarde Jimmy. Quería hacer una denuncia. Alguien forzó mi auto…
Karen le relato los detalles al policía con rapidez y frialdad. Albert solo oyó un murmullo en respuesta, más en tono condescendiente que preocupado. ¿Qué nadie iba a tomarse en serio lo sucedido?
Le arrebato teléfono y escupió un saludo
-Tome huellas dactilares. Es verdad que Karen a tocado el cuchillo, pero podría encontrar más huellas en él. Quien quiera que lo haya hecho forzó la cerradura del auto
-Parece una pendejada. Algunos jóvenes no saben donde están los límites….
-¿Qué haya clavado un cuchillo con una nota con la palabra "puta" le parece una pendejada? ¿Y lo encuentra gracioso también?
Jimmy se aclaro la voz
-No, para nada. No lo es. Pero no creo que alguien haya querido dañarla a propósito.
Albert hizo rechinar los dientes
-¡¿Suele solucionar todos sus casos antes de visitar la escena del crimen?
Jimmy se puso serio
-Lo investigare
-Hágalo
Karen se puso al teléfono
-Gracias cariño, te lo agradezco mucho.
Albert abandono rápidamente el estacionamiento
-¿Cariño? Ese hombre no quería ni siquiera investigar y ¿le llamas cariño?
Ella se encogió de hombros
-Es una costumbre en Louisiana. Se cazan más moscas con miel que con vinagre.
-¿De veras?- la desafío.-¿No será una cuestión de "este es mi cliente"?¿No es uno de los tipos que te vio actuar anoche?
Karen trago saliva
-Invite a las fuerzas del orden locales, incluyendo al Sheriff. De esa manera la posibilidad de que los pendejos se descontrolen y destruyan el club se reduce considerablemente.
Albert se aferro al volante. Combatió el deseo de golpear algo como le pedía el cuerpo e inspiro hondo
-¿Qué importancia tiene que Jimmy y los chicos estuvieran allí?
La breve respuesta fue "ninguna"
-Si quieres preocuparte por algo-continuo ella- hazlo por tu habitación en el hotel. Son casi las 4 de la madrugada, y es probable que Homer haya cancelado tu reserva y se la haya entregado a otros turistas que han llegado para el festival que comienza mañana.
Él frunció el ceño. Después de todo lo que había pasado ¿Karen estaba preocupada por él?
-Di mi número de trajera de crédito para garantizar la reserva
Una misteriosa sonrisa jugueteo en los labios de Karen. Algo que le volvió a poner duro. Maldita sea, ¿Cómo lo conseguía?
-Eso no sirve de nada con Homer. Estoy segura que al no aparecer después de cerrado el club, creyó que la habitación estaba disponible. Pero por si las dudas, llámale
Presiono algunas teclas del móvil y se lo paso
-¿Tienes en la agenda el número del dueño del hotel?- Solo se le ocurría una razón y no quería ni pensarlo ¿Sería otro de sus clientes?
Dios, iba a vomitar
-Algunos de los clientes del club vienen de afuera de la ciudad, y a menudo, necesitan de algún lugar donde dormir la mona. Homer suele echarles una mano.
A Albert le gusto la respuesta. Pero aún así, seguía haciéndose preguntas ¿Acaso no había strippers que sacaban algo de dinero extra haciendo otro tipo de servicios?
Con el teléfono pegado en la oreja, Albert miro a Karen. Su rostro parecía dorado bajo la luz de las farolas, que entraban por la ventanilla mientras recorrían la calle a toda velocidad. A pesar de haber estado allí solo una vez recordaba como llegar a la casa de Karen. La imagen de la casa, decorada siguiendo el estilo de la filosofía zen, estaba grabada a fuego.
Homer respondió en ese momento, mascullando palabras. Era evidente que no estaba feliz de que lo hubieran despertado.
-Albert Andley al teléfono. Quería avisar que llegare dentro de unos minutos para registrarme ¿Dispongo aun de la habitación, no?
El hombre al otro lado de la línea se aclaro la garganta
-Bueno, como no apareció por aquí, pensé…
Albert espero, noto que perdía la paciencia otra vez al ver que el propietario del hotel enmudecía.
-¿Qué pensó? ¿Le ha dado mi habitación a otra persona?
-Espere hasta las 2 y media y usted me aseguro que estaría aquí antes de la media noche. Llego gente con niños y estaban muy cansados, y…
-¿Tiene otra habitación?
-Estoy completo. Es la primera vez en el año, pero es que el festival atrae a mucha gente. Y al parecer este año viene a tocar gente buena de verdad.
Albert se contuvo y contó hasta diez
-¿Y mañana?
-No tengo ninguna habitación libre hasta el martes. Hay un par de hoteluchos siguiendo la carretera…- le dijo con evidente apatía.- Pero también estarán completos. Y le aseguro, que no permitiría que durmiera allí ni mi perro. La limpieza deja mucho que desear.
A Albert le estallaba la cabeza. Estaba acostumbrado a viajar a ciudades cosmopolitas. Se alojaba en buenos hoteles. El que se hubiera quedado sin habitación en el Cajun Haven de Homer, fue la gota que colmo el vaso.
Oprimió el botón de apagado y en lugar de ceder a sus impulsos y lanzar por la ventanilla el móvil de Karen, se lo devolvió con rigidez.
-Tienes razón
-Pensé que sería mejor ahorrarte el viaje hasta allí, conozco a Homer muy bien.
La debía conocer muy bien, ya que sin duda era otro hombre más a añadir a los que había visto a Karen desnuda.
Albert suspiro. Tenía que dejar de importarle quien carajos la había visto desnuda. Si no se controlaba, acabaría por arrancarle la cabeza a la mitad de la población masculina de Lafayette durante la semana que estaría allí. Se la había tirado una noche. Lo que ella hubiera hecho, antes o después, no era asunto suyo.
¿Dónde demonios pasaría la noche?
-Tengo una habitación libre en casa- le propuso Karen con voz queda.- Esta limpia y es tranquila…
-No quiero ser una molestia- Porque si se alojaba en su casa acabaría por estar dentro de ella otra vez.
La última vez, cuando había pasado la noche con ella, había sido insaciable. Seis horas. No había habido nada demasiado caliente, demasiado lascivo, ni demasiado intimo. Ella le había correspondido con el tipo de deseo que le hacia arder, avergonzar y disfrutar por partes iguales. Albert tomo todo lo que ella le ofreció…y todavía más. Luego había vuelto a empezar. La había tomado de todas las maneras posibles una y otra vez. Sin condón. Algo que no había hecho desde hacía más de una década, salvo con Candy.
Y los recuerdos de aquella noche increíble con Karen le arrebataban cualquier brizna de control.
-No será una molestia. Yo tengo una habitación y tú necesitas una cama.
Karen alargo la mano suavemente sobre la de él cuando movió los cambios de marcha. Solo aquella caricia le tenso los testículos y le hizo hervir la sangre.
-Además- murmuro ella- Quizás…tengas razón. Si lo que ha sucedido esta noche no es una broma, entonces será mejor no estar sola ¿No crees?
"Si, estaría mejor sola"
Pero sería un autentico bastardo si lo dijera. Le dirigió una sonrisa forzada.
-Será un placer quedarme en tu casa
Albert mentía como un cosaco. Pero ella no se quedaba atrás. Le había ofrecido a Homer una "gratificación" para que no estuviera disponible la habitación de Albert, no solo eso, dudaba mucho que alguien fuera a hacerle daño esa noche.
De repente se sintió muy cansada, aunque llena de anticipación. Por fin iba a estar a solas con el hombre que deseaba, en su casa; en el mismo lugar donde se entregaron apasionadamente. Aunque parecía que Albert no le alegraba mucho ese hecho.
Ese hombre era una incógnita. La lujuria que brillaba en sus ojos era inconfundible. De hecho, parecía que fuera a estallar en llamas cada vez que la miraba. Pero también era evidente su desprecio. Y le intrigaba la cólera que demostró al ver la nota donde la llamaban "puta"
-Si no es una jugarreta. ¿Quién se molestaría en clavar esa nota en el asiento de tu auto?
Lamentablemente la lista era larga
-Albert, déjalo. Será mejor esperar a saber que averigua Jimmy.
-No- Él le lanzo una mirada impaciente.- Si la persona que hizo esto nos viene a visitar mientras dormimos, me gustaría tener una idea a lo que me enfrento
-No te preocupes. Si realmente creyera que estoy en peligro llamaría a George. O a Robert Hathaway. Terry y él son los mejores y, además, Robert es un viejo amigo. Fue quien me obligo a instalar el sistema de seguridad que tengo en mi casa. Es de lo mejorcito.
Albert apretó los dientes y el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos
-Te he dicho que yo te mantendría a salvo esta noche y así será. Contesta mi pregunta…por favor.
Era como un perro que no quería soltar su presa, algo que la lleno de esperanza. Quizás ella le importara un poco. Incluso aunque fuera algo que iba en contra el sentido común y los deseos de Albert.
-En primer lugar podría ser cualquier novia o esposa celosa que no le gusta la cantidad de tiempo que su hombre gasta en el club. Es más frecuente de lo que crees.
-Las mujeres no suelen usar cuchillos
No. Le habían desinflado las ruedas, le habían cubierto la casa de huevos y le habían enviado más notas insultantes de las que podía contar. Las mujeres despreciadas o celosas solían darle la cara y rara vez provocaban molestias.
-¿Qué me dices de tus antiguos amantes?- le dijo, inmovilizándola con una mirada ardiente.- ¿Y los actuales?
Karen cerró los ojos. Por supuesto, el asumía que había muchos. Ya se había enfrentado a algo parecido, no debería doler tanto. Pero, maldita sea, dolía.
-La noche que pasamos juntos te dije que llevaba dos años sin acostarme con nadie. Y no me he acostado con nadie desde entonces.
Albert negó con la cabeza; parecía como si estuviera intentando contener los pensamientos que le atravesaban la mente.
-Karen, estas en peligro. Necesito que me digas la verdad
Girándose en el asiento, la joven lo miro tratando de contener su temperamento
-Te he dicho la verdad. Que no me creas no significa que yo haya mentido
-Vamos-gruño él-¿No hay ningún cliente que quiera hacer algo más que ver esos hermosos pechos? ¿Ningún contratista que te haya hecho un favor y quiera algo a cambio?
Karen apretó los puños
-No actúo así.
Él vacilo.
-¿No fuiste tú la que estuvo de acuerdo en tirar conmigo hace tres meses atrás para que fuera tu chef invitado esta semana?
"No es eso, estaba dispuesta a hacer lo que fuera porque te deseaba…y esperaba que luego quisieras mantener una relación conmigo". Pero de ninguna manera pensaba abrirle el corazón ahora. Él la había abandonado al amanecer y después le había mandado un impersonal ramo de flores. Y ahora la trataba como si fuera una prostituta.
Pero si Karen sabía de algo, era de hombres. Sabía que Albert sentía algo por ella. Y pensaba conseguir que lo admitiera.
-Tu eres diferente
-Por supuesto- bufo él, deteniéndose en un semáforo en rojo
Karen ya había tenido suficiente. Alzo la barbilla y se volvió para mirarlo fijamente
-Mis únicos errores han sido ser tan estúpida como para creer que eras un caballero sureño y de querer saber como era hacer el amor con alguien que no me considerara una prostituta. Ha sido una tontería. Ya me quedo claro que eres como cualquier otro, y no el hombre educado y caballero que pareces. ¿Tratas así a todas las mujeres?
Él aparto la mirada. Apretó el volante, respiro hondo, intentando controlarse. Karen se dio cuenta que no le gustaba hablar de aquella noche y de su comportamiento. Quizás no había querido desearla y se avergonzaba de haberlo hecho. Quizás todavía era así.
-Te he preguntado sobre tus amantes. Aceptare tu palabra de que hace dos años que no te acuestas con nadie.
-Pero no me crees
-¿Y que me dices de tus actuales amantes? ¿George?
Aquello no era asunto de Albert. Y a Karen la conversación le parecía una mierda. La lógica le decía que era mejor olvidar cualquier fantasía con Albert. Él no había hecho el amor con ella con aquel fervor porque sintiera la química que ardía entre ellos. Lo había hecho solo porque ella sería su primera experiencia de sexo salvaje y desenfrenado. Quizá debía limitarse a mantener relaciones sexuales con él y no perder el tiempo en emociones sin sentido.
Pero su corazón no quería darse por vencido.
-George jamás intentaría matarme. Quien quiera que haya hecho esto no ha pasado por mi cama. Es alguien que esta cabreado conmigo.
Albert observo que la joven encogía los hombros, luego miro adelante cuando el semáforo cambio a verde.
-¿En quien piensas?
-Esta noche, te habrás fijado en un joven que se abrió camino para darme un beso. Se llama Peter, no se su apellido. Comenzó a frecuentar el club hace unos 6 meses. Se convirtió en habitual. Es un niño rico y gasta mucho dinero. Parece pensar que eso le da algunos derechos.
-¿Le has aclarado las cosas?- la voz de Albert sonaba peligrosamente tensa
-Le he dejado todo bien claro. George también lo ha hecho. Le hemos llegado a echar a patadas del club. Le he dicho en todos los tonos que sus insinuaciones no son bien recibidas. Pero no se rinde.
Albert apretó el volante con más fuerza.
-¿Te ha insultado alguna vez?
Karen negó con la cabeza
-Suele ser muy grafico con respecto a lo que desea; muy obsceno, pero jamás ha recurrido a insultos. Eso es más del estilo del concejal Leonard.
-¿Un concejal municipal te ha llamado "puta"?
¿No estaba siendo Albert un poco inocente?
-Por supuesto. Su propaganda electoral se basa en la rectitud y la moralidad, así que, si fuera capaz de conseguir clausurar "Las sirenas" sería considerado un héroe. Muchos ciudadanos se sentirían felices si eso ocurriera. Y esa es la cruzada de Leonard desde que resulto elegido hace más de un año. Al principio no era tan vehemente, pero como las elecciones están a la vuelta de la esquina, esta presionando más.
-¿Cómo?
-Organiza protestas delante del club, publica artículos en el periódico local sobre la "guarida del pecado" que hay en la ciudad y la basura que se puede encontrar allí dentro. Recientemente colaboro con un periodista para ponerme una trampa e intentar demostrar que era una prostituta que se vende por dinero- Karen soltó un bufido.- le dije lo que pienso con un vocabulario muy grafico.
Por fin, Albert detuvo el coche delante de su casa. Karen salio de un salto del vehiculo y le hizo una seña para que esperara en el interior del auto. Se acerco a la puerta, la abrió y desconecto la alarma, se acerco a la puerta del garaje para abrirla. Albert introdujo el vehiculo en el garaje y salio del coche con maleta en mano. Parecía tenso y nervioso.
-Pensé que era mejor que estacionaras adentro. No quiero que te destrocen la 4x4 ni que haya habladurías. Vamos.
Él asintió clavando la mirada en ella. Karen cerró la puerta del garaje. Daría cualquier cosa por saber que pensaba Albert. La tensa conducta y su incansable y visible erección le decían que, aunque era evidente lo mucho que la deseaba, haría cualquier cosa para evitar acostarse con ella. Y después del interrogatorio al que la había sometido, ella estaba más que dispuesta a hacerle sufrir.
Niñas que tengan buen comienzo de año, aquí les dejo otro capítulo y espero subir 2 más la próxima semana….besos
