Capitulo 3

Albert cerró la puerta del dormitorio con la respiración jadeante. No había sido el subir las escaleras lo que le había provocado tal desasosiego, sino que ella hubiera subido delante de él. La faldita se ceñía a su trasero. El excitante liguero-rojo asomaba de vez en cuando por debajo de la prenda.

Maldición, tenía tantas ganas de acostarse con ella que apenas podía pensar. Pero meterse con Karen sería igual que tomar drogas: Estúpido y potencialmente nocivo.

La semana anterior, había salido con Clara por tercera vez. Clara era maestra de primaria en Tyler, Texas. No había estado mal. Era una mujer dulce, apacible, ojos color avellanas y hoyuelos en las mejillas. Le gustaba la música country y no soportaba las blasfemias; no le avergonzaría presentársela a la familia, y al pastor. Una madre perfecta y hogareña, igual que la suya. Eso era lo que él quería. Necesitaba pensar en ella esta semana. No en Karen.

Una vez dentro de la habitación saco su móvil del bolsillo, reviso la lista de contactos. Allí estaba el nombre de Clara. Necesitaba con desesperación recargar fuerzas oyendo su dulce y tranquila voz, pero no podía despertarla a las cuatro y media de la madrugada. Le haría demasiadas preguntas que no podría responderle. Albert temía decirle cosas fuera de lugar, que no tuvieran nada que ver con la escuela y las clases. Karen le había excitado de tal manera, que dudaba mucho poder tener una conversación normal. Las necesidades de su parte más oscura se ponían del lado de la sangre que hervía en las venas. Todo su cuerpo exigía satisfacción.

Necesitaba actuar ya.

Se ducharía. Lo necesitaba con desesperación. El agua tibia le enfriaría la piel, le tranquilizaría, le ayudaría a respirar con naturalidad…Rebajaría su lujuria a unos niveles que le permitirían dormir.

Y dejaría de pensar en la sexy mujer que yacía en su cama, a menos de 10 metros de él.

Cogió el pantalón del pijama de la maleta de mano y salio al oscuro pasillo en dirección al cuarto de baño. Una suave luz salía por la rendija de la puerta del dormitorio de Karen e iluminaba el pasillo. Se dijo a si mismo que debía ignorarla. Pero cuando se metió en el cuarto de baño, buscando a ciegas el interruptor, no pudo evitar mirar por encima del hombro hacia la puerta entre abierta.

Y vio una pierna deliciosamente dorada.

Albert contuvo el aliento cuando un millón de imágenes de Karen en la cama le bombardeo la mente. La vio con los brazos y las piernas abiertas para él, recordó las provocativas bromas y las roncas palabras de aliento que habían anulado cualquier tipo de lógica. Santo Dios, sentir aquella boca en su pene fue la experiencia más asombrosa…hasta que la penetró y perdió la cabeza. Entonces, ella le llevo todavía más allá y le permitió hundirse en aquel culito delicioso y apretado, y él se dejo llevar sin contención alguna, disfrutando las asombrosas sensaciones. Karen se entrego durante 6 horas completas sin importar lo que él quisiera hacer. Nadie le había afectado de aquella manera. Y tampoco después.

Quedarse en la misma casa era tan peligroso como rociarse gasolina antes de saltar arriba de una hoguera.

De repente, ella se retorció en la cama. La imagen de la perfecta pierna dorada cambio cuando Karen se movió, permitiéndole ver además la tensa pantorrilla y el interior del muslo.

Solo unos centímetros más a la izquierda y, si ella se quito las bragas, aparecerían ante sus ojos aquellos pliegues mojados. Incluso ahora se le hacía agua la boca al recordar el sabor que degusto una y otra vez aquella noche.

Karen gimió. Luego se movió agitadamente de nuevo.

"Maldición ¿acaso estaba…?"

-¡Si!- ella grito. Y él se quedo sin aliento

Si, se estaba masturbando

"Vete al cuarto de baño. Cierra la puerta. Aléjate de la tentación"

Se repitió aquel consejo como si fuera una oración, conteniendo la respiración…

-¡Oh, si!

Aquel ronco susurro hizo imposible que su sangre se enfriara. Tenía que verla. Tenía que hacerlo. Puede que Albert no quería se uno de los tantos que pasaban por su cama, pero Karen era la tentación personificada.

"Es solo un paso mas…"

Albert dejo los pantalones del pijama en la encimera del cuarto de baño y se acerco al dormitorio de Karen, dando un respingo cunado los jeans le rozaban la erección. Solo le vasto un paso para verle también las caderas. Eran preciosas, pero el quería ver como ella se daba placer. Quería ver como lo hacía, como arquearía el cuerpo al llegar al clímax.

Maldición, se sentía un pervertido, pero no había forma de detenerse.

Avanzo hasta quedar detrás de la rendija de la puerta.

Entonces lo que vio lo hizo estallar en llamas. Karen solo llevaba el liguero, las medias y los putos zapatos de tacón aguja. Se acariciaba con una mano el pecho y con la otra los pliegues empapados.

Albert se tambaleo, se agarro a la pared para sujetarse. Se la quedo mirando fijamente. Su miembro y sus testículos en llamas.

"Mierda, mierda, mierda…"

Karen movía los dedos alrededor del clítoris. Estaba totalmente mojada. La vio apretar los muslos y arquear la espalda. Albert emitió un jadeo, inmóvil. Ardiendo.

Ella se volvió a mover de manera agitada, separando las piernas todavía más. Entonces se metió los dedos en la anegada y estrecha abertura y se estremeció entre gemidos.

Albert se apoyo en la manilla de la puerta. Santo Dios, lo único que él deseaba en ese momento era entrar allí y aliviarla, tomarla con la boca y satisfacerla con la lengua; zambullirse profundamente en su sexo, con profundas y fuertes embestidas. Una vez que ella se hubiera corrido una docena de veces y le hubiera calmado el deseo más inmediato, Albert se entregaría a ella, usando toda aquella deliciosa lubricación para deslizarse hasta su trasero y meterse en él, empujando muy despacio, sin prisa pero sin pausa.

Un repentino gritito interrumpió sus pensamientos. Ella susurro algo, pero él no pudo entender las palabras. Deseó hacerlo…desesperadamente. Necesitaba saber que había dicho. ¿En que estaría pensando Karen mientras se masturbaba? ¿En quien?

Ignorando la vocecita que retumbaba en su cabeza y que le decía que tenía que salir de allí, abrió un poco más la puerta para ver mejor. La pequeña lámpara de la mesita de noche derramaba su luz sobre Karen, su piel, su cabello color chocolate, brillante y su sexo casi sin bello.

Una vez más ella dijo algo, pero él no lo entendió. El suspenso lo mataba. ¿Sería George el nombre que pronunciaban sus labios? ¿Sería otro?

-Tómame…-gimió con suavidad

Dios, él deseaba hacerlo. Se paso la mano por la cara y luego volvió a mirar a Karen. No podía mantenerse alejado de ella. Era simplemente, imposible. Ella era su debilidad. Su droga.

"¡Date la vuelta. Dúchate. Duerme. Olvídate de Karen!"

Apretando los dientes, Albert intento dar un paso atrás. Pero no pudo. Ella había aumentado el ritmo de los dedos sobre su clítoris. Tenía la piel sonrojada y el aire olía a su excitación.

Tenía los pechos húmedos por el sudor. Era la criatura más hermosa y sexy que hubiera visto nunca. Y que nunca vería ¿Cómo iba a poder alejarse de allí?

-Penétrame. Si. ¡Sí!- gimió alcanzando el orgasmo.-¡Albert!

¿Había dicho su nombre? La sorpresa lo dejo paralizado. Dios, estaba a punto de correrse en los pantalones.

Karen se quedo desmadejada sobre la cama, con los ojos cerrados y la respiración agitada. Albert inmóvil, excitado, con el miembro latiendo y el corazón agitado.

En ese momento ella abrió los ojos y lo vio. El deseo cripto entre ellos. De repente, una sonrisa curvo aquella boca exuberante…Poco antes de que ella arquera las caderas, ofreciéndose a él.

-Por favor…

Albert se sintió golpeado por una sensación lacerante y ardiente. O se iba o la tomaba…eran las únicas opciones. Acostarse con ella sería demasiado fácil, y no serviría para sus propósitos, para el futuro que anhelaba.

Con una maldición se alejo del dormitorio y se dirigió al cuarto de baño, cerrando la puerta. Se apoyo contra ella jadeando. La imagen de Karen dándose placer se había quedado grabado en su cabeza.

¿Cómo podía desear tanto a alguien que era tan malo para él?

Negando con la cabeza, abrió el grifo. De una manera u otra necesitaba aliviarse ya. Si quería resistir a Karen, tendría que acudir a su propia mano. De otra forma jamás se dormiría y se sentiría muy tentado de entrar en ese cuarto y tomarla de todas las maneras que conocía.

Dejó caer la ropa con rapidez y se metió bajo la ducha sin comprobar si quiera su temperatura. Estaba fría, pero Albert estaba demasiado caliente como para que le importara.

Movió los hombros bajo el chorro y cerro la mano sobre su pene, intento imaginar a Clara…su cabello, sus ojos, su olor como a pastel de manzana. Sabía que era una chica amable, tierna, ansiosa por formar una familia. ¿Cómo sería desnuda? ¿Qué clase de amante sería?

Albert no podía imaginarse acostándose con ella

Pero el sexo no lo era todo. Era dulce, le gustaba su sentido del humor, y su amistad y….la idea de acostarse con ella le parecía aburrida.

Una imagen de Karen cruzo por su cabeza. El pene de Albert se estremeció en su mano y se lo acaricio con ansiedad, con avidez.

¿Por qué Karen? Por supuesto era una mujer muy sexy. Habría que estar ciego para no apreciar su belleza, el suave balanceo de sus caderas, aquellos ojos oscuros que tentaban al pecado. Pero ese día había visto otras facetas de Karen que no conocía.

Era lista y decidida. Bonheur era una prueba de ello. Había hecho un gran trabajo al abrir un restaurante a pesar de no saber del negocio. Y era valiente…demasiado para su bien. ¿Cómo podía considerar una jugarreta lo del cuchillo? Karen lo había manejado todo muy bien. Nada de histerismos, ni una lágrima, nada. Comprendía a la gente que la rodeaba: Jimmy, Homer, George, las chicas del club. Parecía saber exactamente que de decir en cada momento para obtener el mejor resultado.

Todo aquello solo hacía que la deseara más. Era fácil pensar en apartarla cuando solo la consideraba un buen polvo. Pero ahora…la veía de una forma totalmente distinta. "Maldición"

Albert se masturbo más rápido, notando que su pene se estremecía. Se pasó el pulgar por el glande y gimió de placer. Tenso los músculos y apretó los dientes, recordando la manera en que Karen bailo esa tarde en el ensayo, como si lo hiciera solo para él. La recordó masturbándose, acariciándose para alcanzar el orgasmo, y entonces la volvió a escuchar invitarle a su cama.

En su mente la escucho otra vez rogándole que la tomara. El placer creció. Movió la mano más de prisa sobre su carne turgente, con un ritmo y una presión casi brutales. La necesidad le tensaba los testículos y subía por su pene. El orgasmo no estaba muy lejos…

Su deseo creció y ardió. Exploto, y Karen estaba en mitad de la tormenta. Apretó los labios y gimió fuerte cuando el orgasmo lo atravesó con furia, oprimiéndole los testículos, tensándole el vientre. El semen salto en la bañera de porcelana y desapareció por el desagüe, arrastrado por el agua.

Albert se apoyo en la pared, relajado pero vagamente satisfecho. Si, se había corrido, pero su cuerpo aún ardía de deseo. La mano no era una buena sustituta para Karen.

Se soltó el miembro y cerró el grifo. Maldición, ahora se sentía peor. No estaba poseído por la lujuria, pero si muy confundido. Y deprimido ¿Qué demonios le pasaba?

"Deseas algo que no puedes tener", se burlo la vocecita de su cabeza. Le gustaría gritarle que se callara…pero tenía razón.

Aparto la cortina de la ducha con impaciencia. Para su sorpresa, Karen estaba a solo 50 metros de él, con la cadera apoyada contra el lavamanos y una toalla en la mano. Parecía furiosa y…dolida.

-¿Qué? ¿Te lo pasaste bien?


Karen seguía furiosa 6 horas después de golpear el saco de box que colgaba de la habitación donde entrenaba.

Le dio un par de patadas, soltó una maldición, luego le propino un gancho de derecha.

¿Qué mierda se creía Albert? Se le había ofrecido, algo que jamás había hecho con nadie, y él se había largado para masturbarse en la ducha. Por supuesto el muy imbécil debió imaginar que solo lo hizo porque era un hombre, y no porque él fuera especial, ni porque pensara que entre ellos podría existir algo más que sexo fabuloso.

Menudo estúpido.

Otra patada, otro puñetazo. El sudor cubría su cuerpo. Pero la tensión no se iba.

Antes de invitarlo a quedarse, él menciono que estaba saliendo con alguien. Imaginarlo con otra la enervaba. ¿Se estaría acostando con esa mujer? ¿Estaría, Dios no lo quisiera, enamorado de ella?

Tenía que saberlo. Engancharse de un hombre cuyo corazón pertenecía a otra no tenía sentido y solo la haría avergonzarse. Durante un tiempo ella estaba segura que él amaba a Candy, pero luego ésta se caso con Terry. Cuando Karen se entero que el trío había finalizado sus esperanzas renacieron. Pero ahora…no sabía que pensar.

Sonó el móvil que estaba en la mesita junto a la ventana. Dando un último puñetazo al saco de boxeo, cruzo la estancia y lo cogió. Era George quien la llamaba.

-Hola, justo estaba pensando en ti

-¿De veras?- parecía que eso lo hacía feliz.

-Estaba golpeando el saco de box imaginando que era tu cabeza- bromeo ella

-Que graciosa.-canturreo él.- Mira se que es temprano, pero deberías pasar por el club.

Karen se quedo paralizada.

-¿Qué paso?

George vacilo…y eso era algo que nunca hacía. A aquel hombre no le gustaba andarse con roderos, que él dudara no podía ser bueno.

-Sencillamente deberías pasar por el club- dijo tras un silencio

Había pasado algo grande

-Mierda ¿me das una hora?

-Cuanto antes, mejor

Colgó el teléfono y maldijo mientras abandonada la habitación a toda prisa. Se dio de bruces con Albert.

-Lo siento- era eso o saltar sobre él. No había tenido el placer de disfrutar de la "mañana siguiente" la última vez, así que se dio el placer de echarle una ojeada. Estaba despeinado, los ojos somnolientos. Karen se dio cuenta que se había perdido de una vista espectacular.

La sangre le hirvió una vez más.

-Buenos días

Un educado saludo…ella imaginaba esas palabras dichas con pasión, con la cabeza junto a la suya sobre la almohada, poco antes que la besara hasta perder el sentido y así dar la bienvenida al día juntos, envuelto en el placer.

Todo lo contrario a lo que estaba ocurriendo. Karen recordó con desagrado la noche anterior.

-Buenos. Tengo que darme prisa en la ducha- Karen le mostró el móvil.- Me acaba de llamar George. Le he dicho que estaría en el club dentro de una hora. Si necesitas más tiempo para estar listo, puedo llamar un taxi para que me recoja.

-Yo te llevare

-No importa si…

-Te he dicho que te llevare yo- repitió él, deslizando la mirada encendida por la cara de la joven y la camiseta húmeda en sudor.

¿Estaría enfadado por la noche anterior, o por haber mencionado a George?

-Genial. Nos vemos en la cocina en 30 minutos

Pasó junto a él. Quería llegar a su santuario, su dormitorio, y a la privacidad que proporcionaba una puerta cerrada para no contener el dolor que le suponía el rechazo de Albert.

Él la agarro por el brazo, reteniéndola.

-Sobre lo sucedido a noche…lo siento. No era mi intención espiarte. La puerta estaba abierta y…

-No era una invitación- mintió. Con la verdad solo obtendría otro desaire.- Lo mismo que la puerta del cuarto de baño, la de mi habitación no cierra bien. Esta es una casa vieja. Pero agradezco las disculpas. Yo también siento haber entrado mientras te duchabas sin ser invitada…

-Mira, no voy a mentir. Entre nosotros hay una química asombrosa. Jamás me he sentido tan atraído por nadie

No pareciera que eso le hiciera feliz

-Pero no me deseas a mí. Solo mi cuerpo- Y eso dolía mucho

Él le apretó el brazo

-No, eso no es cierto. Ayer descubrí cosas de ti que me gustaron mucho- Albert suspiro y se pasó la mano por el pelo- Lo que pasa es que…lo que deseo, no es lo que necesito. Así que me sentiré irritado y frustrado durante la semana. Me atraes muchísimo sexualmente, pero estoy intentando hacer lo correcto

Y lo correcto era no hacer el amor con ella.

¿Pensaría Albert que era imposible sostener una relación con alguien que era dueña de un club de striptease? Podía ser. Pero ella seguía deseándole. Quería que la poseyera. Que ardiera por ella. Porque ella anhelaba a Albert. Su sonrisa provocativa, su talento, la manera en que la había hecho sentir especial aquella noche. Y no estaba dispuesta a darse por vencida.

-¿Es por la mujer con la que sales?

-Si

¿Cómo una sola palabra podía doler tanto?

-Si la haz elegido, estoy segura que es una gran chica- libero su brazo- me voy a arreglar

Cuando se alejo a toda velocidad por el pasillo, Albert la siguió y la apretó contra la pared.

-Lo es. Y no tiene nada que ver contigo. Tú eres diferente.

"En otras palabras, no es una stripper"

-Estoy segura. Genial. Nos vemos en la cocina en 30 minutos- Se coló entre la pared y el duro cuerpo de Albert, corrió hasta su habitación y cerró la puerta de un golpe.

Una vez dentro del cuarto de baño de su dormitorio, cerró la puerta con llave y se apoyo contra ella. Cerró los ojos y lágrimas cayeron por sus mejillas. Se las seco con gesto de frustración.

Era imposible. Karen destrozaba las relaciones… No, no era eso. En realidad jamás había mantenido una. Desde que cumplió los 15 años, su vida a sido una continua lucha por sobrevivir, por tener algo que comer y techo en la cabeza. Había conocido a mucha gente a lo largo de los años, pero nunca de manera romántica. Albert solo estaba siendo honesto con ella. Había conocido a alguien que le convenía más.

¿Cómo se lucha contra aquello? ¿Debería intentarlo siquiera? Probablemente no, pero algo en su interior la impulsaba hacia él.

Albert había confesado que la deseaba más que a nadie. Eso ya era algo. Era posible que esa mujer fuera mejor para él porque Albert la conocía. Y a ella no la conocía como persona, solo habían pasado una noche juntos.

Tenía que seducirle, usar la ventaja que tenía. Pero además debía permitir que la conociera de verdad. A ella no le resultaba fácil dejar caer sus defensas. Entregar su confianza era un lujo caro, pero a menos que quisiera renunciar a Albert, era lo único que podía hacer. Karen tenía que hacerle ver que era más que un cuerpo.

El silencio en la 4x4 pesaba como losa. Karen se mordisqueaba el labio inferior. Unos lentes de sol le protegían los ojos de la intensa luz e impedían que él leyera su expresión.

Lo que ella pensara no debía importarle, pero lo hacía. Aunque ella no había dejado traslucir ninguna emoción cuando él había mencionado su relación con Clara, sospechaba que sus palabras le habían dolido. Albert se sentía fatal, quería decir algo…¿Pero que? Se iría dentro de 6 días y lo más probable es que nunca más volvería a ver a Karen Klaise. Era mejor así.

Pero…otra vez se puso una minifalda, esta vez blanca, con un liguero negro. Cuando le vio las medias con costuras atrás, casi se trago la lengua. El zapato taco aguja que decían "tírame", al igual que el top que se ceñía a su exuberante pecho y a su cintura estrecha.

Ahora mismo ni siquiera podía acordarse del aspecto de Clara.

Albert maldijo para sus adentros.

-Dado tu trabajo, has debido de recorrer medio mundo- dijo Karen, tratando de iniciar una conversación.

Cuando se topo con un semáforo en rojo y se detuvo, la miró. ¿A dónde quería ir a parar con esa pregunta?

-Si

-¿Y que te ha gustado más?

-Estamos hablando de viajes, ¿verdad?-"Y no de lo que hablábamos en el pasillo"

Ella se puso tensa y se apoyo en el respaldo, apartando la mirada de él.

-Solo estaba iniciando una conversación.

Pero, ¿Por qué? No era el tipo de mujer que le gustasen las charlas sin sentido.

-¿Y de verdad quieres saber mis impresiones sobre los viajes? ¿Nada más?

-Da igual- Karen se giro para mirar por la ventana

Él se quedo cortado. Quizás era su forma de hacer las pases, de demostrar que no le guardaba rencor. Si así era, él acababa de rechazarla de pleno. No podía permitirse acostarse con ella, pero no implicaba ser cruel

-Barbados. Me gusta su clima calido. Hay unas playas maravillosas y nadar con las tortugas es una experiencia inigualable.

Ella guardo silencio.

-Asistí a una escuela de cocina en Paris. Una ciudad maravillosa. Aunque los inviernos son demasiado fríos para mí. Pero no hay nada como sus cafés escondidos, sus calles y su cultura.

Ella le brindo una tensa sonrisa

-Tendré que creerte

Cuando volvió a girar su cabeza para mirar por la ventanilla, el frunció el ceño. ¿Qué significaba eso? ¿Hablar de los viajes se volvió aburrido de repente? ¿O es que no había estado en Paris? La verdad resulto evidente ¿Cada cuanto una stripper cruza el océano, en especial una que poseía sus propios negocios? Y ahora había puesto todos sus ahorros en uno nuevo.

Entonces, ¿Por qué había iniciado aquella conversación? No creía que quisiera hablar de viajes. ¿Estaba intentando conocerle?

Considerando la manera en que se la había tirado, haberla abandonado después, disculparse con un impersonal ramo de flores, ella debería comportarse como una bruja con él. Muchas lo hubieran hecho. Y Karen solo buscaba un tema de conversación neutral.

Y ahora él sentía una profunda curiosidad por aquel bomboncito que tenía a su derecha.

-Cuéntame algo sobre ti- le pidió con suavidad

Ella alzo los hombros haciendo que su pelo se deslizara por la espalda.

-Ya conoces lo más importante. Tengo 29 años y estoy a punto de inaugurar un restaurante.

-Quiero saber más cosas ¿Te criaste en Louisiana?

Karen clavo su mirada en el regazo repentinamente. Se mordisqueo el labio con actitud pensativa.

-No. ¿Te criaste tú en Texas?

Él negó con la cabeza.

-Yo crecí en Chicago, Illinois. No me has dicho donde lo hiciste tú.

-No, no lo he hecho

Albert quiso seguir presionándola, pero ya habían llegado al club. Y notaba que no quería seguir con el tema ¿Por qué demonios no quería decirle donde había nacido?

En cuanto él se estaciono, Karen se bajo y se encamino al club. En la puerta estaba George. El hombre parecía muy tenso. Cuando vio a Albert le lanzo una mirada encolerizada.

-¿Qué ha pasado?- le pregunto ella, acercándose e intentando pasar junto a él.

George la agarro por los brazos y la apretó contra su pecho. Luego le acaricio la cara con la mano e inclino la cabeza, haciendo que sus alientos se rozaran.

Al verlo, Albert se puso tenso. Grito una orden mental para que George apartara sus manos de ella. Pero había 2 hechos innegables: Uno, Karen no era suya, así que no podía decirle a nadie que la tocara; segundo, ella no estaba rechazando a George precisamente.

El hombre le susurro algo que Albert no pudo oír. Ella asintió con la cabeza llena de ansiedad, George vacilo, le beso la frente y la cogió de la mano, intentando llevarla hacía la puerta.

-¿Qué pasa?- le pregunto Albert a George.

Éste lo miro por encima del hombro.

-Soy el responsable de su seguridad y me la tomo muy en serio. Vete a hacer comiditas.

Si fuera un hombre con menos control, ya se le habría lanzado encima. Pero ¿Por qué darle en el gusto al imbécil ese?

-¿Acaso quieres comer?

Karen se interpuso entre ellos con expresión de cólera.

-¿Quieren parar de una vez? Albert, al parecer entró alguien en el club después de que cerráramos ayer y antes de que George llegara hoy a las 10

Albert se quedo helado. Había pasado mucho tiempo con Terry y Robert para saber que nada de lo ocurrido era coincidencia, la nota con el cuchillo y que allanaran el club.

-Entraron por la ventana del piso de arriba. Jimmy ya estuvo aquí con sus chicos y no han encontrado nada. George esta intentando averiguar como han podido desconectar la alarma. Voy a tener que llamar a Robert para que me lo explique.

-Terry me dijo que Robert y Annie están visitando a su madre en California- dijo Albert

George apretó los labios

-Maldita sea

-Llamare a Terry a ver que averiguo- se ofreció Albert

Karen clavo su vista en sus ojos azules

-Gracias

Antes que pudiera responderle George la tomo de la mano y la arrastro al interior. Allí reinaba una extraña quietud. A Albert no le gustaron nada las vibraciones que sintió.

-¿Podría ser que alguien entrara durante el espectáculo de anoche y se colara arriba para dejar entrar a alguien después de cerrar?- sugirió Karen

George negó con la cabeza

-Siempre registramos todo antes de cerrar. Además aunque lograra quedarse escondido, al momento de abrir la ventana habría saltado la alarma.

-¿No encontraste nada fuera de lugar?- pregunto Albert.-¿O más mensajes?

-Albert, dudo mucho que ambas cosas estén relacionadas

-De eso no puedes estar segura


Poco antes de las once y media, Karen y Albert salieron por la puerta de atrás y se subieron a la 4x4 para dirigirse al Bonheur. Era un día nublado, húmedo y caluroso, en el interior del restaurante hacía mucho calor y estaba demasiado oscuro. Karen encendió las luces y puso en marcha los ventiladores. Luego miro a Albert con impaciencia.

-El contratista vendrá a las 2 para arreglar la pared divisoria. Dice que habrá acabado para las 6 ¿Alguna cosa más?- se dirigió a la cocina encendiendo las luces a su paso.-¿Quieres ver los detalles de la inauguración? Será mañana

Albert continúo con el tema anterior

-¿Por qué iban a entrar al club?

Ella suspiro fastidiada

-No lo se. A veces los borrachos hacen cosas muy raras. No puedo perder el tiempo pensando en eso. Ese es trabajo de George. Y el tuyo es ayudarme a organizar una inauguración que los deje a todos con la boca abierta ¿Qué hacemos ahora?

-Deberías tomarte en serio esta amenaza- la tomo por los hombros, haciendo que se girara hacia él

Karen arqueo una ceja. Albert parecía agitado. Ella parpadeo, lanzando una lenta y sugerente mirada a la erección masculina. Definitivamente estaba excitado. Contuvo una sonrisa

-Lo haría, pero no puedo darme el lujo de ignorar la inauguración de mañana para centrarme en estos extraños acontecimientos ¿Qué fue lo que dijiste en mi casa? "Lo que deseo no es lo que necesito"- Karen le brindo una sonrisa irónica mientras cruzaba los brazos, haciendo que sus pechos sobresalieran por el escote del top.

Albert clavo los ojos allí. Luego trago saliva.

-No deberías ignorar el peligro por estar furiosa conmigo

Karen se pregunto por que a él le importaba tanto lo que ella hiciera. "Interesante cuestión…"

-No lo hago. Me limito a constatar los hechos

Se zafó de su agarre y se giro. Karen sospecho que Albert estaba acostumbrado a controlarlo todo y ser siempre el de la última palabra. Y por tanto, no le gustaría que ella le diera la espalda, en especial si la imagen que le mostraba incluía una minifalda que se ceñía a sus nalgas y que dejaba expuesta la rosa que tenía tatuada en la parte baja de su espalda.

Balanceando las caderas, se acerco a la encimera de acero inoxidable y espero. Apenas lo escucho recorrer los pasos que los separaban antes que le metiera los dedos en el pelo y la hiciera levantar la mirada hacia él.

-Deja de provocarme-gruño él

-Deja de decirme lo que tengo que hacer.

Albert apretó los labios y le tiro el pelo con fuerza.

Algo en aquella discusión aceleraba al máximo la sangre de Karen. El caballeroso chef sureño tenía un lado oscuro y ella quería verlo.

-¡Maldita sea!- Albert cubrió su boca con la suya.

La empujo contra la encimera al tiempo que le hacía separa los labios, penetrando en aquella calida caverna y succionar su aliento. Le metió la lengua entre los labios, poseyéndola, saboreándola, marcándola. En un instante, el cuerpo de Karen quedo envuelto en llamas y la sangre le hirvió en las venas. Se aferro a la camisa de Albert, cogiéndola por el cuello para acercarlo más.

Albert era justo como lo recordaba: fuerte y delicado como acero cubierto en seda, envolvente…y mucho más. Jamás había sentido esa dolorosa necesidad mientras un hombre la besaba, jamás había querido tener a uno más cerca.

Le paso las manos por el cuerpo, sintiendo la curva de sus hombros, cada músculo de su pecho. Deslizó la palma por los marcados abdominales y siguió bajándola. Arrastro la mano, muy despacio, sobre el erecto miembro de Albert. Él contuvo el aliento y dejo de besarla, endureciéndose todavía más bajo su caricia.

Ella sonrío y busco el botón del pantalón.

Él gimió

-Karen, no podemos…

Ella acaricio de nuevo con la palma de la mano y le apretó la erección. Luego abrió el botón con un suave movimiento. Le bajo la cremallera y lo liberó. Entonces paso el pulgar por el sensible glande.

-Santo Dios-Él contuvo el aliento- No podemos…

Karen no dijo nada, solo se puso de rodillas.


Chicas Feliz año a todas…aquí les dejo otro capitulo, espero subir otro mas antes del fin de semana…se viene ufff para que les cuento…este hombre es una deliciaaaaa!