Capitulo 4
Antes de que Albert pudiera detenerla, Karen le bajo los pantalones y los calzoncillos y cogió el pene de Albert entre sus dedos.
En honor a la verdad, él no intento detenerla.
En el momento en que ella envolvió la erección con la palma de la mano, él sintió una sacudida como si hubiera metido los dedos en un enchufe. Santo Dios, Karen era fuego puro, potente, abrumador. Albert sintió que se ahogaba al sentir aquella mano apremiante, cerró los dedos sobre el pelo color chocolate de Karen y se tenso cuando le tomo entre sus labios.
-Karen…-susurro
"Maldita sea" Tenía que detenerla. Pero la deseaba demasiado ¿tan malo sería dejarse levar?
Hacía semanas que no se acostaba con nadie. Había volcado todas sus esperanzas en tener un niño con Candy y Terry, y solo se había acostado con la mujer de su primo tan a menudo como él. Pero mentiría si dijera que Karen no había invadido sus pensamientos. Estar con Candy había sido absorbente. Pero eso fue producto de la situación, no de la mujer. Más tarde, había dejado de sentir cualquier impulso sexual, había apostado por el futuro, para conseguir una esposa que fuera del tipo de madre devota como la suya.
Ahora la mujer que había anhelado desde aquella noche salvaje estaba de rodillas ante él y, que Dios le ayudara, no tenía fuerza de voluntad para impedir que tomara su palpitante erección con la boca.
-¿Lo deseas?- susurro ella
-¡Sí!- bramo él, intentando controlarse sin conseguirlo.- Si
Ella abrió más la boca y se inclino hacia delante. De repente se detuvo.
-¿Estas seguro?
Se burlaba de él. Aquello desencadeno todo 3 meses atrás, lo que se suponía una noche de sexo normal término en una maratón inolvidable que él no tenía palabras para describir. Había deseado marcarla, hacerla suya por completo. Y como Karen no se anduviera con cuidado, iba a recibir lo mismo en aquella cocina
-Chúpamela- le ordeno con voz baja y ronca.
Karen le dirigió una juguetona sonrisa.
-Si, señor.
Santo Dios, iba a hacerle perder el control por completo. Aquello no era prudente, lo sabía. Pero no le importaba. Lo único que quería era sentir su boca rodeándole, su lengua acariciándole y verla arrodillada a sus pies.
¿Por qué? ¿Por qué esa mujer?
Ella se acerco y separo los labios. Albert afirmo las piernas, preparándose para sentir su lengua, con el cuerpo tenso de lujuria y perdido en la necesidad de poseerla. Entonces Karen respiro encima del glande y él se estremeció.
Ella saco la lengua. Era lo más jodidamente erótico que él hubiera visto nunca. "Más cerca, más cerca…"
-¿Hola?- se oyó una voz de mujer-¿Hay alguien aquí?
Se escucho un taconeo sobre el suelo en dirección a la cocina.
"¡Maldita sea!"
Karen se aparto y se puso de pie. Le lanzo una mirada de deseo al miembro de Albert y le acaricio la cara con suavidad.
Incluso el roce de aquella mano hizo que saltaran chispas en su interior. Albert maldijo para sus adentros, se abrocho los pantalones y se acomodo la camisa.
Quienquiera que hubiera llegado, le había impedido cometer un terrible error. Porque él no le hubiera impedido que ella le hiciera una mamada…
-Albert…-Karen tenía expresión apenada
-Vete a ver quien es- le ladro
Ella suspiro y salio de la cocina. Albert se quedo detrás de las encimeras, con la respiración alterada, esperando a que su miembro se relajara. No podía pasarse la semana con una erección como esa.
Un momento después, ella regreso con una de las cocineras, Misa. Él recordaba su curriculum; la joven parecía competente y estaba entusiasmada con el trabajo. Y lo consideraba una estrella. Si bien es cierto había publicado un montón de best Sellers sobre cocina, y tenía una reputación en el mundillo culinario, a Albert no le gustaba la fama. Gracias a Dios la mujer no dijo nada cuando lo vio.
El resto del personal apareció en los siguientes minutos. Albert les asigno tareas y prepararon algunos platos en equipo para asegurarse de que cada uno sabía cual era su función, resolviendo de esa manera los problemas que pudieran existir antes de abrir las puertas. La noche siguiente sería la inauguración, aunque solo acudieran los invitados de Karen.
Un momento después, ella se disculpo para ir a reunirse con el contratista. El aroma a comida floto en el aire envolviendo a Albert. Se volvió para mirar el eficiente equipo de cocineros que Karen había contratado sin ayuda, y se quedo impresionado una vez más. Era una mujer muy lista.
Sentir admiración por ella no era nada bueno. Ya la deseaba tanto que apenas podía concentrarse. Si permitía que la atrajera por algo más que su cuerpo, sería una estupidez por partida doble. Pero Albert ya se temía que ya fuera demasiado tarde ¿Qué ocurriría después que salieran del club? ¿Cuándo se encontraran a solas en su casa?
Concluidas las tareas, Karen se subió a la 4x4 de Albert en el estacionamiento del Bonheur. El pesado silencio entre ellos la puso nerviosa. Albert emitía vibraciones que no quería continuar con lo que había interrumpido Misa. Pero la erección había surgido de nuevo al instante en el que se quedaron solos, inconfundible e incansable.
Lo que ella deseaba era envolverlo entre sus brazos y seducirlo otra vez. Pero bueno las vibraciones que emitía Albert eran muy fuertes y ella no era un estúpida. Él estaba al límite. Después de que consiguiera meterle de nuevo en su cama, esperaba que se relajara y pudieran conversar. Hasta entonces, lo único que podía hacer era continuar bromeando y negando sus necesidades.
Alargo la mano y le toco el hombro.
-Todo a resultado muy bien. El personal parece muy ilusionado. Gracias por dedicarme esta semana.
Albert se estremeció a su tacto, luego se relajo.
-Tenía que cumplir el trato, era algo que te debía.
-Lo cierto es que lamento que lo hagas por obligación. No me gusta nada que la gente haga las cosas a disgusto- era la verdad por mucho que le doliera. Esperaba que él no preguntara el por que.- Si no hubieras anunciado que estarías aquí en la inauguración y no hubiera invertido todos mis ahorro, no te habría chantajeado.
Él la miro con el ceño fruncido y una expresión de desconcierto.
-Después de la manera en que…Después de aquella anoche, no merezco tu compasión. Se que fui muy brusco contigo.
-Albert, no soy una frágil florecilla
-No-convino de inmediato- Eres mucho más fuerte de lo que sospechaba. Pero eso no quita que fui un grosero. No me siento orgulloso de lo que hice esa noche. Lo…siento.
-A mí me gusto y no lo siento en absoluto- las palabras de Karen ásperas y apasionadas.- Y tampoco quiero que lo lamentes tú.
Él no dijo nada. Parecía estar considerando cuidadosamente su respuesta.
-¿Qué hubiera ocurrido si Terry se hubiera quedado esa noche? ¿Tampoco lo lamentarías?
¿A que venía esa pregunta? Albert estaba intentando averiguar algo ¿Hasta que punto debía revelar lo que sentía?
Finalmente, negó con la cabeza.
-Hubiera estado contigo
A Albert se le abrió la boca. La cerró mientras negaba con la cabeza y aceleraba por la carretera
-Apenas me conocías. Habíamos hablado ¿Cuántas? ¿Dos veces antes de esa noche?
En realidad tres. La primera vez, ella había estado haciendo…striptease. No les habían presentado. Las otras dos solo encuentros fortuitos
-Tenía el presentimiento de que juntos seríamos increíbles. No me equivoque.
Ocultando una sonrisa, Karen se volvió hacia la ventanilla. No creía que Albert fuera a hacer un hincapié en este tema. Y ella tenía que mantener una actitud juguetona y casual. Él no estaba preparado todavía para escuchar como impacto en su corazón la noche que pasaron juntos, la manera en que la hizo estremecer, o la intimidad que habían compartido.
"Ninguna mujer me ha dado nunca tanto placer. Podría ahogarme en ti para siempre. Tócame cariño. Siiii…."
Al acercarse al club, Karen archivo sus recuerdos. Albert detuvo el coche en silencio y lo estaciono. Cuando ella se dispuso a salir, él le sujeto la muñeca, deteniéndola.
-Somos buenos en la cama, nadie puede negarlo. Pero eso es todo
Una docena de respuestas atravesó la mente de Karen; no podía rebatirle, de hecho, lo único que habían hecho juntos era eso, sexo. Además contradecirle solo serviría para que se empecinara en sus convicciones. Y eso sería contraproducente. Tenía que jugar bien sus cartas.
-Jamás he dicho que fuera otra cosa que sexo.
Antes que él pudiera responderle, ella se zafó de su agarre y salio de la 4x4. Entro en el club con Albert pisándole los talones.
-¿Por qué tengo la sensación que no estas siendo totalmente sincera?
Negándose a parecer desconcertada, ella siguió caminando
-Ni puedo ni quiero responder a eso. Tengo cosas de que ocuparme. Si quieres irte a casa, le diré a George que me lleve cuando cerremos el club.
Justo apareció en ese momento, con una sonrisa traviesa. Se acerco a ella, le paso el brazo por la cintura y le acaricio la cadera con la mano. Luego enterró la cara en el cuello de Karen y la olisqueo.
-Mmmmm estoy más que dispuesto a darte un revolcón, cariño.
Karen aqueo una ceja. Pero el numerito de George le venía bien.
Albert apretó los dientes.
-Esperare y te llevare a casa.
Como mostrarse molesta por el despliegue de cariño de George no lo disuadiría, se limito a sonreír.
-Genial. Tengo que asegurarme que las chicas tengan la ropa correcta. Ayer la clientela estaba demasiado borracha para darse cuenta. Fue un desastre.
George volvió a rodearla con el brazo
-Espera. Tengo que darte una mala noticia. Tu mayor detractor esta allí afuera con un
montón de amigotes.
-¿Leonard? Pff…-suspiro-¿Y que quiere ahora? Es evidente que busca atención, claro, pero ¿Qué quiere exactamente?
-Lo de siempre. Quiere cerrar el negocio en nombre de la moralidad
-¿Se refiere al concejal del que me hablaste?- pregunto Albert-¿Esta protestando delante del club?
-Lo hace con asquerosa regularidad-Karen se apoyo en la pared y cerro los ojos. Tenía suficientes cosas de las que preocuparse. Al día siguiente era la inauguración del restaurante, Albert estaba sorprendentemente nervioso y ella tenía que estar en óptimas condiciones para conseguir atraer su atención.
-¿Qué quieres hacer cariño?- pregunto George con suavidad
-¿No sería mejor ignorarle? Nos arriesgamos a que boicotee la inauguración.
-Esa es la pregunta del siglo- dijo George con una desagradable sonrisa
Él sabía que aquello le molestaba. La había pillado llorando una vez que Leonard la hubiera insultado de manera muy desagradable.
-¿Qué es lo que suele hacer?-pregunto Albert
-Estupideces- lo último que quería era que Albert viera como el concejal la llamaba prostituta del infierno. Eso se le quedaría grabado.
-Hoy es pero que nunca-Admito George- Trajo consigo a la prensa local.
"¡Maldita sea!" ¿Qué había hecho ella para merecerse eso?
-Esta tratando de conseguir que la gente no vaya al restaurante
-Eso es lo que creo yo también
-No ha conseguido que clausuren el club- señalo Albert- Quizás nadie le haga caso.
-Tiene muchos seguidores y cada vez adquiere más poder. Siempre que Leonard monta un numerito, a mi me baja el saldo en la cuenta corriente. Considera que los hombres casados mayores de 30 son los que me reportan más ganancias y son los que terminan extorsionados por sus mujeres, por lo menos durante un tiempo. Al final todo vuelve a la normalidad, pero no creo que con el restaurante ocurra lo mismo. Esperaba que no se viera afectado con esto, pero ahora…
-¿Quieres decir que algunos hombres llevarían a sus mujeres al restaurante solo por verte?
Albert cayó en cuenta de las implicaciones
-A mí o a otras chicas. Algunas bailarinas han decidido cambiar de profesión y trabajar como camareras.
-¿No gana menos de esa manera?
-Si. Pero algunas son lo suficientemente listas para saber que no pueden seguir haciendo striptease durante el resto de sus vidas, así que prefieren trabajar de camareras para ganarse la vida mientras estudian algo- encogió los hombros.-Es difícil, pero lo pueden lograr. Si yo lo conseguí, ellas también pueden.
La sorpresa de Albert fue evidente.
-¿Fuiste a la universidad mientras…bailabas?
Santo Dios, ¿Acaso pensaba que su única aspiración en la vida era hacer striptease?
-Obtuve 2 licenciaturas. En comunicación y Administración de empresas. Además el año pasado termine un master en Administración de Empresas. No solo se bailar en la barra, señor Andley. Tengo un negocio, es mi deber saber maneja lo que tengo entre manos. Ahora si me disculpas, voy a ver si consigo que Leonard se largue.
Karen se dirigió a las escaleras, estaba visiblemente molesta. No debería sorprenderle que Albert no viera más allá de su físico. Si la primera vez que la vio solo llevaba una tanga y acababa de salir de una tarta. Tampoco es que hubiera tenido tiempo de mejorar su imagen.
-¿No ibas a salir a enfrentar al concejal?- Albert parecía confundido
-Si, pero ¿piensas que voy a enfrentarme a el vestida de esta forma?
Albert observo a Karen. Se le abulto la bragueta, como siempre que estaba con ella, cuando la vio desaparecer por las escaleras la cabeza le daba vueltas.
¿2 licenciaturas? Y ¿Un master? Sospechaba que detrás de sus ojos color avellana había una gran inteligencia. Pero tanta ambición le asombraba. Fuera o no la dueña de un negocio, eran muchos estudios para una bailarina de striptease.
Pero ahora también era la propietaria de un restaurante.
¿Sería bonheur parte de su plan para cambiar de vida? y ¿Qué había dicho de las bailarinas?
Irritado, miro a George. El hombre tenía la vista clavada en la escalera vacía y prácticamente babeaba. Albert sabía que George la deseaba. Maldita sea, a pesar de lo que le dijo Karen, no le extrañaba que fueran amantes. Por la expresión George se podía decir que el hombre sentía algo por ella ¿Sería mutuo?.
Una repentina punzada de celos golpeo a Albert. ¿Estaría ella enamorada de aquella masa de músculos?
Él tenía preguntas y George respuestas. Si el gorila y ella hacían arder las sabanas o mantenían una relación más prefunda no era asunto suyo…por mucho que le molestara.
-¿Dónde estudio Karen?
-¿A ti que mierda te importa?
Albert se encogió de hombros como si no le importara
-Solo curiosidad
-En la universidad de Louisiana. Se gradúo con honores. Es tan lista como sexy. Es difícil no pensar con el pene cuando ella esta presente- George le clavo una aguda mirada.-¿Verdad?
Totalmente cierto.
-¿Las camareras del Bonheur...?¿Están todas estudiando mientras trabajan en el restaurante?
-Casi todas. Cada cierto tiempo Karen les habla a las chicas de la vida que les espera cuando dejen de hacer striptease. Si quieren estudiar, ella les ayuda a conseguir un espacio en la universidad y a solicitar una beca. Las alienta a que aspiren a más. Solo hay un par que prefiere seguir en el club porque los horarios le acomodan para estar con sus hijos.
Santo Dios, no imaginaba que Karen fuera tan comprensiva. Aquello hacia que la empezara a considerar de manera distinta.
-¿Esas mujeres no sacarían más dinero bailando y luego…haciendo otras cosas con los clientes?
-¿Trucos de alcoba?- George arqueo una ceja-Tienes suerte de que Karen no puede escucharte. Te desollaría vivo si lo hiciera. Esas cosas no ocurren aquí, y punto. No puede impedir que algunas de las chicas estén dispuestas a entretener a los clientes fuera de las instalaciones, pero suele despedir a las que lo hacen, no crean más que problemas.
Aquella respuesta dejo noqueado a Albert.
¿No solo tenía estudios, sino que también principios? ¿estaba tan ensimismado en el sexo ardiente y en esas minifaldas, que no había visto a la mujer que escondían?
A pesar de lo mucho que odiaba admitirlo, si.
Pero ¿importaba? Por mucho que la deseara, no podía tenerla. Albert no se la podía imaginar como esposa. Karen era imposible de domesticar y él quería a una mujer que se sintiera feliz en casa criando niños. Ella no era la respuesta.
-¿Has dicho que Leonard esta ahí afuera?
George esbozó una tensa sonrisa
-Con toda la prensa local. Alguien debería pararlo. Karen no necesita toda esa mierda, menos en este momento.
-¿Por el estrés que supone la inauguración?
-Por eso y por lo de su madre. Karen no ha sido la misma desde que murió
-¿Murió su madre? ¿Cuándo?
-Hace 2 meses, una pena.
-¿Se llevaban bien?
-No
La respuesta de George fue automática y seca. Su expresión decía que no pensaba soltarle nada más.
-Por lo tanto el numerito de Leonard es lo último que necesita- George apretó los dientes.-Van a humillarla todo lo que puedan.
No si Albert podía evitarlo
Unos minutos después Karen salio al exterior. El aire húmedo y caluroso de septiembre le producía una sensación opresiva y se alegro de haberse recogido el cabello. Además se cambio su ropa sexy por una elegante.
Echo un vistazo a la vereda de al frente, ahí estaba Leonard con un montón de seguidores que la observaban con miradas fieras y pancartas en alto. Entre la turba diviso a varios que habían estado la noche anterior en el club. Ellos apartaron la mirada…pero levantaron las odiosas pancartas.
Por supuesto. Fuera de las paredes del club ella era una mujerzuela, no una persona.
Comenzaron a destellar los flashes y se escucho un coro de gritos, Karen frunció el ceño y les miro. Periodistas. Entonces quedo sin aliento.
Rodeaban a Albert
Karen suspiro. Más de lo mismo.¿No se aburrirá nunca aquel retrazado mental de decir sandeces? En "las sirenas" no se ejercía la prostitución.
Ante los gritos del concejal, las cámaras se giraron en su dirección, Karen se preparo para abrir la boca y decirle a los periodistas el comunicado que había preparado.
Pero Albert fue el que hablo.
-Muchas gracias por venir. No puedo expresar el placer que siento de ser el chef invitado en la inauguración del Bonheur. No dudo que se convertirá en el restaurante mas elegante de Lafayette. He supervisado personalmente el menú de esta semana y aplicado las recetas de mi libro. Tanto la comida como los vinos serán de la mejor calidad.
-¿Cómo es que llego a colaborar en el Bonheur?- pregunto un periodista
Karen se mordió los labios. De todas las preguntas que podrían hacer, esa era la única que él no podría contestar con honestidad sin que la opinión pública la lapidara.
-La señorita Klaise y yo tenemos amigos comunes y nos conocimos hace algunos meses. Tuve la suerte de que me echara la mano hace un tiempo. Cuando tuve la oportunidad de devolverle el favor, le dije que si por supuesto.
-¿Qué tipo de favor?- grito otro periodista.-¿De tipo sexual, quizás?
-Lo cierto es que se trato de un asunto familiar-dijo Albert suavemente.- Me ayudo a resolver una cuestión con mi primo. Es una mujer muy inteligente. Algo más que evidente en la elegancia que se respira en el Bonheur. Ayer estuve en el restaurante y conocí al personal. Y estoy muy impresionado.
-¿Qué tipo de cocina se servirá en el restaurante?- pregunto otro periodista.
Vaya, parecía que la prensa se había rendido ante su encanto y mucha labia, y que ya no era su objetivo llamarla mujerzuela. Por supuesto tener una celebridad como Albert en la ciudad era algo que no sucedía todos los días, aún así…
-¿A quien le importa eso?- grito Leonard.-Ella no es más que su puta y él ha permito que lo lleve por el camino del pecado. Recemos para salvar su alma. ¡Es culpa de ella!- Leonard señalo con el dedo a Karen.-¡Condenemos a la amante del diablo!
-Se servirán algunos platos nuevos en los que he estado trabajando- continuo Albert como si Leonard no existiera.- Habrá un aperitivo a base de ravioles de berenjena, seguido de carne con cebollitas y queso feta, regado todo con una maravillosa salsa de vino que les hará agua la boca. El postre es una sorpresa. Toda la carta es asombrosa, les invito a venir durante la semana y comprobar por si mismo las especialidades del Bonheur. Además las primeras 100 reservas recibirán uno de mis libros dedicados.
Karen se quedo pasmada.
¿Libros? Eso era muy generoso de su parte.
Después de eso, los periodistas siguieron acosando a Albert con preguntas y él los mantuvo encandilados con su deslumbrante encanto. Parecía en su salsa. Entonces la miro. Lo vio agrandar los ojos de sorpresa y contener el aliento
"Mmmm ¿sería la combinación de la falda negra, la blusa blanca, los zapatos de salón, muy ridícula?"
Aunque la expresión de Albert no contestaba su pregunta. Él se recobro con rapidez y le hizo señas para que se acercara.
-Aquí esta la hermosa dama que podrá responder mejor a sus preguntas que yo. Karen Klaise ha trabajado de una manera incansable para que el Bonheur sea una realidad. No quiero acaparar su atención. Karen ¿Por qué no les hablas de tu maravilloso restaurante?
A Karen le picaron los ojos. ¿Lágrimas? ¡Maldita sea! Albert había hecho algo…agradable por ella. Parpadeo para borrar las lagrimas.
Por el rabillo del ojo observo a Leonard y sus seguidores, se mantenían en un furioso
silencio. Regocijándose por dentro, se acerco a Albert, llena de gratitud, por ahora lo único que podía hacer era agradecerle mentalmente.
Más tarde le demostraría exactamente lo que su ayuda había significado para ella.
A Albert le dolía la cabeza. Un dolor solo provocado por apretar tanto los dientes. Su origen, estaba a solo unos metros de él, vestida de nuevo de manera descarada, paseándose por el club con una sonrisa provocativa.
Después de que Leonard se fuera con el rabo entre las piernas, había comenzado el espectáculo en "Las sirenas". Y ahora Karen le sonreía a un grupo de hombres que revoloteaban en torno suyo. Albert no podía escuchar la conversación, pero le bastaba ver la reacción de esos hombres, que tuvieran la edad que tuvieran, parecían haberse tragado la lengua. Igual que él.
George permanecía detrás de la silla en actitud protectora. Era su trabajo. En eso uno de los hombres se acerco a Karen para intentar robarle un beso, el gorila lo agarro por la ropa y en menos de lo que canta un gallo lo aparto. Y después George le puso las manos en los hombros de forma posesiva
-No se propasen, chicos. Ya conocen las reglas- George parecía feliz de recordárselas.
Pero aquello no los disuadía. Un hombre se dejo caer de rodillas ante ella y le echo el aliento en los muslos sin apartar la mirada de sus piernas…antes de subirla a sus pechos.
Ahora no solo le latía la cabeza, sino que le hervía la sangre. Aquel imbécil se la comía con los ojos, no dejaba parte de su cuerpo sin mirar.¿Acaso no sabía que era una mujer con sentimientos?
"¿Y no has pecado tu de lo mismo?" Albert ignoro la vocecita.
George cogió al tipo y lo aparto de los pies de Karen, lo puso de pie y lo condujo a la puerta, las cosas se pusieron todavía peor, pues otro hombre se apareció, se apoyo en el respaldo de la silla y se acerco para susurrarle sandeces al oído a Karen.
Ella se vio atrapada en la silla. Y Albert ya había tenido suficiente.
Conteniendo un gruñido, salio disparado hacia Karen, dispuesto a irse a los puñetazos si hacia falta. Pero George se adelanto y cogió al acosador por el cuello de la camiseta
-Conoces las reglas, Peter. No puedes acercarte tanto
¿Peter? ¿Ese no es el tipo que Karen había mencionado después de haber encontrado el cuchillo en el auto?
En ese momento George levanto a Karen en brazos, se sentó en la silla y la puso sobre su regazo. Tenía una mano en el muslo y la otra en la cintura. Y no dejaba los dedos quietos!
Karen no parpadeo ni lucho contra él.
Aquella intimidad no parecía fingida, puesto que Karen sonreía tan contenta mientras George le tocaba el culo. Seguramente eran amantes.
Albert miro el reloj. Eran solo las nueve. No iba a ser capaz de aguantar todo aquello durante 5 horas más sin vomitar. O sin pegarle a alguien. O sin cogerla por la cintura y decirles a todos que era suya.
En ese momento le vibro el móvil en el bolsillo, lo saco agradeciendo la distracción. Era Terry.
-¿Dónde estas?
-Hola a ti también. Yo? Estoy bien, gracias por preguntar
Albert cerró los ojos e intento controlarse
-Lo siento. Tengo los nervios de punta. Pensé que revisarías hoy el sistema de seguridad de Karen
-Estoy en ello. Tengo que hablar contigo un momento ¿Puedes acercarte a la puerta de atrás?
Terry no era de los que hablaban, más bien era de los que les había comido la lengua el gato, así que la petición inquieto a Albert. Pasaba algo y no era bueno.
-Ahora voy-respondió irritado, feliz de perder de vista a George y a Karen.
Al cabo de unos minutos, Terry golpeo la puerta trasera, Albert le abrió. Terry entro al club con la cara tensa y la mirada penetrante.
"Un hombre podía salir del ejercito, pero el ejercito del hombre…"
-¿Qué pasa?- pregunto Albert
-¿Podemos hablar en algún lugar privado- le pregunto Terry mirando a su alrededor con inquietud
Albert vacilo
-Ven conmigo
Atravesaron el local y se dirigieron directamente a la barra, Albert deslizo un billete de 50 dólares.
-Dame todas las Heineken que se pueda pagar con esto
El barman se encogió de hombros, metió el dinero en la caja y pudo 8 botellas de cerveza en fila sobre la barra.
Albert le dio cuatro a su primo y luego cogió el resto
-Vamos
Terry arqueo una ceja pero no dijo nada mientras seguía a su primo a la oficina de Karen. Albert cerro la puerta de una patada, puso las botellas sobre el escritorio, abrió una y se la tomo en 3 tragos.
-¡Jesús!-Terry lo miro sorprendido.-¿Estas bien?
¿Qué mierda podía contestar a eso?
-Un día de mierda.
Terry dejo las cervezas sobre el escritorio y se sentó en una silla. Parecía nervioso. Muy nervioso. Albert lamento su comportamiento al instante. A Terry le preocupaba algo, algo mucho más importante que sus estúpidos celos.
-No importa ¿Qué me querías decir?
-La verdad es que no se por donde empezar. Quería hablar contigo antes- Trago saliva.- Pero esta mañana hemos estado visitando a la familia de Candy
Era mucha distancia para que se tratara de una visita de cortesía.
-¿Su padre esta bien?
-Si, White sigue siendo un autentico coñazo- Terry tomo un sorbo de cerveza
Albert estaba a punto de gritar. Terry tenía que contarle algo y no se atrevía ¿Qué mierda sería?
-¿John? ¿Y Tom?
-Los hermanos de Candy están bien. Pero pensamos que debíamos…- Terry se inclino hacia adelante, dejo la cerveza a un lado y le lanzo una mirada de disculpa a Albert.-Quería decírtelo yo mismo- trago saliva de nuevo.- Candy esta embarazada de 6 semanas.
Lamento la demora! Prometo portarme mejor con la actualización…
