Capitulo 5


-¿Que te pasa?- pregunto Karen mientras Albert aceleraba de camino a casa e medio de la noche.

Albert emitía vibraciones negativas, parecía sombrío y agitado, ella sabía que él no tenía intenciones de hablar, Karen era conciente de su dolor y no podía quedarse sin hacer nada.

-No me pasa nada- escupió él

-¿Así que te saltas semáforos en rojo por placer?

Albert se puso tenso

-Mierda. Lo siento, no me he dado cuenta

-¿Te ha dicho Terry algo desagradable?

Albert apretó las manos en el volante

-Terry aún no ha terminado de revisar la instalación de seguridad. Me llamara por teléfono cuando lo haga.

Buena respuesta. Albert era bueno evadiendo temas que no quería hablar. Pero quizás lo que lo tiene irritado no tiene que ver con su primo.

-Mira, si estas de mal humor por lo que sucedió en la cocina…

-No importa. Lo hecho, hecho esta, pero no volverá a pasar.

"Seguro" Karen cruzo los brazos sobre su pecho

-Sabes lo que creo, chef de pacotilla, que tu novia no te satisface

-No la metas en esto

-Si se de algo es de hombres. Y si estuvieras satisfecho, lo que ocurrió hoy no hubiera ocurrido.

-No paso nada

-Casi paso

Albert guardo silencio por un rato. Karen maldijo para sus adentros. Lo estaba presionando demasiado. Quizás lo mejor era dejar la conversación para el día siguiente.

-Hace poco tiempo que salimos juntos…No hemos…El sexo no es importante en nuestra relación.

Lo que traducido, quería decir que no se había acostado con esa mujer ¿Cómo lo lograba siendo Albert tan sexual como era?.

-¿Y que hacen cuando están solos? ¿Juegan cartas?

-Déjalo, ¿bueno?- gruño

"Por ahora…"

-Ok…Gracias por ayudarme con Leonard. No te había agradecido que salieras en mi defensa.

-No es más que un hipócrita santurrón intentando crear problemas donde no los hay para beneficiarse él mismo. Hubiera hecho lo mismo por cualquiera.

Quizás era verdad. Pero si Albert de verdad la despreciaba, no se hubiera molestado. Debía sentir algo más. Lo único que tenía que averiguar era que y obligarlo a reconocerlo.

-¿Sabes lo que más me atrae de ti?- dijo con suavidad.- Es que tienes un buen corazón.

-Karen…

-Si, lo se. Ahora lo he jodido todo y no quieres hablar de ello.

"Maldita sea, debería haber sido más sutil". Karen sabia que tenía que controlar sus emociones o Albert se le escabulliría otra vez.

Después de un largo silencio, Albert la sorprendió con una pregunta:

-¿Qué le ocurrió a tu madre?

-¿Quién te ha dicho…?- suspiro.- George…no sabe cuando cerrar su boca.

-Dos meses no son suficientes para superar una cosa así.

Karen lo miro ¿Debía responder con sinceridad y abrir la puerta al dolor, o callar y rechazar el entendimiento mutuo y con eso la posibilidad de mostrarle como era ella fuera del liguero?

-No nos llevábamos bien. Su muerte no va a alterar mi vida. Era mi madre, si. Y se que debería sentirme afectada…y de alguna manera es así. Pero cuando me entere solo sentí sorpresa y rechazo. Estuve enfadada algunos días, pero hoy…me siento entumecida.

Albert le dio una mirada tierna.

-Todavía lo estas asimilando

-Supongo que si. Jamás había perdido a nadie- Karen se rodeo el pecho con los brazos

Cuando pensaba en la muerte de su madre, le molestaba la sensación de vacío. Pero no era capaz de llorar. Quizás habían pasado muchos años. Quizás sentía aún mucho rencor hacia ella.

-Fue por una reacción alérgica-murmuro-Mi madre era alérgica al maní. Comió algo que tenía restos de y … no le dieron la medicina a tiempo.

-Lo siento-Albert acorto la distancia y le tomo la mano

Karen se la apretó, se sentía reconfortada.

-¿Sabes lo que creo que me molesta? Que se haya muerto sin haber resuelto las cosas entre nosotras.

-¿Lamentas haberte mantenido alejada?

Pregunta difícil

-Si y no. Desearía que las cosas se hubieran dado de diferente forma.

Albert soltó su mano y se concentro en conducir. Karen sintió una punzada de anhelo cuando retiro sus dedos ¿Por qué ansiaba con tanto ardor a ese hombre?

-Se que no es asunto mío, pero….¿a tu madre no le gustaba tu trabajo?

Karen esbozo una amarga sonrisa

-No se puede decir que hacer striptease sea un trabajo, sino una manera de ganarse la vida. Y nunca supo a lo que me dedicaba…Como sea, ya no se puede hacer nada, ya no podré hablar con mi madre.

-¿Es tu madre una de las rezones por lo que ayudas a las chicas a tener una mejor expectativa de vida?

-No. Lo hago por mi misma. No me importa lo que piensen, pero si puedo, quiero ayudar a estas chicas a que mejoren su situación y aspiren a más. Y para eso, necesitan de toda la ayuda que les pueda ofrecer.

Él asintió con la cabeza

-Eso suena a jornadas de 18 horas

-A menudo

Albert le lanzo una mirada calculadora

-Pero en ti es algo habitual, verdad?

-Como ya te dije en alguna ocasión, soy la propietaria del negocio y ambiciosa además.

Karen supo que Albert entendería

-Por eso el Bonheur es un negocio mas…¿Cómo llamarlo? ¿Respetable?

Albert estaba empezando a averiguar demasiado de ella y le hacia gracia

-Es solo un restaurante.- protesto ella

-No, el Bonheur es tu felicidad

Karen trago saliva, Albert había descubierto sus aspiraciones con mucha facilidad, pero le daba miedo admitir en voz alta que él tenia razón ¿Y si se reía de ella? ¿Qué sucedería si el restaurante no funcionaba y tenía que volver a hacer striptease? ¿Qué sucedería cuando ella fuera demasiado mayor para esto?

-No me avergüenzo de lo que soy- le dijo

Albert la comprendía, pero no del todo…y ella tampoco quería que lo hiciera. Sol deseaba sentir su cuerpo contra el suyo, sus corazones palpitando al mismo ritmo. Quería su amor y si, también su respeto, pero no pensaba en entregar su corazón en una bandeja de plata. Él estaba examinando su pasado a fondo del que ella jamás hablaba. Con nadie… Y ¿ a caso necesitaba todo el dolor que significaba remover toda aquella mierda?

Albert la miro con expresión solemne.

-Lamento tu perdida. Espero encuentres la felicidad que te mereces.

Cuando llegaron a casa, ella se bajo del auto rápidamente, antes que él pudiera abrirle la puerta. Algo le ocultaba. Albert comenzaba a conocerla…Pero no debería importarle, él no iba a quedarse, no podía volver a ser su amante…ni siquiera una vez.

Entonces ¿Por qué sentía aquel acuciante deseo de saberlo todo de ella?

Albert se dirigió a la casa, solo unos pasos detrás de ella. Tenían que hablar…él no estaba preparado para darse por vencido. Tenía que saber mas cosas de ella.

El móvil sonó en su bolsillo, lo saco mientras maldecía entre dientes. Era Terry.

-Dime…

-No son buenas noticias, primo. Esto es demasiado sofisticado. Es obra de alguien que sabe mucho de seguridad. Han manipulado los censores de las ventanas del piso de arriba del club. Después programaron el centro de control para poder desactivar la alarma cada vez que quisieran.

-Mierda

-Ya lo he programado otra vez y he puesto un chivato. Si alguien se acerca al dispositivo, sonara una alarma. Echare un vistazo mas tarde a ver si se puede hacer algo mas por la seguridad de este lugar.

-Gracias

-No pierdas de vista a Karen. Alguien se ha tomado muchas molestias para hacerle daño. O sabe mucho del tema o tiene mucho dinero como para contratar a alguien que sepa. Lo que hace preguntarme que pretende en realidad.

Albert se preguntaba lo mismo mientras maldecía para sus adentros.

-No la perderé de vista.-¡Justo lo que necesitaba para poder controlarse! Pero no podía preocuparse de eso ahora, la seguridad de Karen estaba primero.

-¿Necesitas que te preste algo?

Las armas no eran de su afición, pero Terry se aseguro que fuera eficiente y preciso con ellas. Albert no tenía licencia para llevar armas, pero dada las circunstancias eso era un tema menos

-Dame un par de días y te mandaré lo que necesitas

-Gracias

Terry vacilo

-Haría cualquier cosa por ti, primo.

Salvo dejarle ser papá del bebe que estaba esperando Candy. No es que lo esperara. No después de cómo manipulo a Candy y a su primo.

-Sabes que yo también.- respondió Albert

-¿No te importa lo del bebe?

Lo cierto era que la noticia lo había noqueado y dejado sin respiración. Ahora Terry tenía todo lo que Albert quería, pero…se alegraba por ellos, pero sentía una profunda desesperación por si mismo.

No quería hablar sobre el tema. Ni tampoco pensar en ello. Lo importante ahora era descubrir al acosador de Karen…¿George? ¿Sería capaz de provocar una situación así con el fin de tener a Karen más cerca?...No, después del despliegue que había presenciado en el club, George no tenía necesidad de aquello, ya la tocaba cuando y donde quisiera.

Por fin Albert respondió a Terry de la única manera que podía.

-Mereces ser feliz. Me alegro por ambos

-Quizás deberías someterte a nuevas pruebas. Hace mucho que te hiciste las ultimas y…

-Hay otras maneras, esta la fecundación in vitro y también he pensado en la adopción. O quizás termine emparejándome con alguien que ya tenga hijos… Tengo muchas opciones.

-Eso es verdad

-Ya lo resolveré. Mientras tanto, ocúpate de tu dulce esposa y dale mis cariños.

-Lo hare

En cuanto Albert colgó, guardo el móvil en el bolsillo maldiciendo por lo bajo y se esforzó en olvidar el tema, tenía asuntos más importantes que atender.


Debería haber revisado la casa antes que Karen entrara. Si alguien pudo acceder al club, lo lógico es que después se fijara en su casa.

Por suerte allí no parecía haber nada raro. Albert subió las escaleras de dos en dos con el corazón acelerado. Llego arriba con rapidez. Se veía luz en la puerta entreabierta del dormitorio. Entró.

La cama deshecha, muchos objetos femeninos y un libro en la mesa de noche, nada fuera de lo común.

Pero un rastro de ropa llamo su atención. Desperdigados de cualquier manera sobre el suelo, el top, la faldita, las medias de seda, el liguero, y un sujetador de encaje. Con el corazón latiendo más rápido siguió el rastro hasta la puerta del baño. En la manilla una tanga con la palabra DIOSA adelante. Albert se acerco y miro hacia adentro.

Se quedo sin respiración.

Karen se había recogido el pelo de forma casual y había llenado de espuma la bañera. Estaba apoyada en el borde y se enjabonaba sensualmente. Tenía los ojos cerrados y suspiraba.

Al instante Albert tuvo una erección tan dura como el acero.

Sabía que Karen estaba a salvo y que nadie había entrado a la casa. Sabía que tenía que irse. Pero igual que la noche anterior, ahora no podía moverse.

De repente ella abrió los parpados

-¿Quieres algo?

¿Era una pregunta capciosa? ¡Si! De hecho, temía haber alcanzado el punto en el que no solo la deseaba, sino que la necesitaba.

Albert respiraba entrecortadamente. ¡No!. Se había acabado eso de tirar por tirar. No había mantenido relaciones sexuales desde que Candy y Terry decidieron volverse una pareja convencional…

Aquellos rosados y duros pezones que se movían bajo el agua no le ayudaban a aclarar sus pensamientos.

-Karen, no me hagas esto.- Santo Dios, apenas reconocía su propia voz.- Por favor…

Ella arqueo una ceja y deslizo la esponja sobre su pecho, por encima del pezón. Albert se tambaleo y se agarro de la manilla. Ella le freía el cerebro, le hacia hervir la sangre. Lo tenía en vilo todo el día.

-¿Qué es lo que se supone que no debo hacer? Estas en mi cuarto de baño.

Albert cerró los puños y contó hasta diez, mentalmente, con los ojos cerrados

-La próxima vez, cierra la maldita puerta

-Estoy acostumbrada, vivo sola, recuerdas? Si no te gusta lo que vez, no entres.

Maldiciendo Albert abrió los ojos

-Deja de jugar conmigo o no te gustara lo que ocurrirá después.

Albert se sentía como una olla a presión, a punto de explotar. Lo que hizo con ella la noche que pasaron juntos era un juego de niños comparado con la necesidad que lo atravesaba ahora. Cómo se dejara llevar por sus impulsos, que Dios los ayude a los dos.

Karen le lanzo una mirada tranquila

-Entonces, vete

Albert respiro hondo y miro al techo

-Eso intento

-Yo te ayudare- le propuso George, haciendo patente su presencia detrás de Albert.

Cuando Albert se volteo, el hombre abrió la puerta por completo y entro al cuarto de baño. Gimió al ver a Karen.

-Santo Dios, eres preciosa, cariño ¿Por qué uno no tiene una cámara en la mano cuando la necesita?

-¡¿Qué mierda haces aquí?

George le lanzo una mirada encolerizada sobre su hombro

-¿Qué estas haciendo tu acá?

-Me alojo aquí desde que Homer me dejo sin habitación.- Albert se cruzo de brazos.-¿Cómo entraste?

El gorila lanzo una sonrisa petulante

-Tengo llave

Si Albert pensaba que George y Karen eran amantes, aquello lo demostraba.

Si Karen permitía que el gorila se quedara, Albert no podría soportarlo. No podría quedarse allí sabiendo lo que estaban haciendo…Irse era la única opción que le quedaba. Pero no lograba obligarse a marchar, no podía permitir que ella compartiera su cama con George.

George paso a su lado, tomo una toalla. Y la sostuvo en alto.

-Sal de ahí, Karen. Tenemos que hablar

Karen lo miro con impaciencia.

-¿Ahora?

George asintió

-Intente llamarte para decirte que venia

-Creo que deje el móvil en el auto de Albert- Suspiro.-¿Por qué no me dejan tranquila un rato?

A pesar de la protesta, Karen se puso de pie. El agua resbalaba por su piel desnuda, agudizando el deseo de Albert. Fue como prender fuego a la gasolina.

-Ven- le dijo George

-Ella esta conmigo- gruño Albert

Negando con la cabeza Karen le dirigió una sonrisa de disculpa a Albert.

-Debe ser importante. No creo que tarde demasiado.

¡¿Qué seria tan importante? ¿Las ganas del gorila por tirársela?

"¡Maldita sea!", Albert no podía creer que Karen eligiera al cavernícola por sobre él. ¿Después de haberlo atormentado de manera implacable? ¿Después de casi haberle hecho una mamada solo hace 6 horas atrás, elegía a George?

Karen permitió que George la envolviera en la toalla, apretándola contra su cuerpo. Le lamió una gota de agua de su hombro y emitió un gemido.

"¡Maldito imbécil!" quería pegarle un puñetazo a George, pero ¿Cómo pegarle a un hombre porque la mujer que ambos deseaban lo haya escogido por sobre él?

-Váyanse a la mierda los dos.- Albert salio dando un portazo y se dirigió afuera, a la noche.


Sintiéndose muy poco orgulloso de si mismo, Albert permaneció al otro lado de la calle mirando hacia la casa de Karen, con una botella de Whisky en la mano, esperando. Eran ya las 4 de la mañana, estaba medio borracho y más enfadado que nunca.

Ella había elegido a George y quizás a estas horas estaban tirando como conejos, mientras él vagaba por el parque, duro como una piedra y deseando ser George…Y todo porque él la había rechazado, más de una vez, como el idiota que era.

Había sido necesario que se la cediera a George y estar casi borracho para darse cuenta que lo mejor sería tomarla otra vez para poder sacársela de la cabeza. Pero claro, aquella opción ya no era posible ahora, puesto que estaba "ocupada".

¿La dejaría George satisfecha? ¿Se le daría bien el sexo oral? ¿O solo tirarían como animales? Albert hizo una mueca al imaginar los atributos sexuales de George. Lo que si dudaba era que George tuviera más resistencia que él. Albert sabía que en eso, le ganaba al gorila y prácticamente a cualquiera..

No es que estuviera orgulloso de saber que cuando caía en frenesí sexual no paraba durante horas…Ni siquiera le preguntaba a su pareja que sentía…La tomaba una y otra vez, de manera implacable, hasta que ella era esclava de la necesidad y del deseo. Cuando caía en aquel estado, él solo vivía por sentir las uñas de su amante en su espalda, para que le suplicaran y, sobre todo, para hacer que su amante gritara de placer.

De repente se encendió la luz del porche de Karen, se abrió la puerta principal, salieron Karen y George. El pelo de ella caía sobre la espalda, llevaba un camisón de raso blanco.

El guardaespaldas se dirigió a su vehiculo, pero antes de llegar se giro para tomar a Karen por los hombros y acercarla a su cuerpo, ella apoyo su cabeza en su hombro; parecía absolutamente relajada.

Albert aparto la mirada y tomo otro trago de whisky, no podía negar la verdad. Estaba tan celoso que apenas veía. Menuda ironía.

Karen se aparto. George le murmuro algo, la beso en la frente y se subió a su vehiculo.

Albert frunció el ceño, si habían habían prendido fuego a las sabanas por una o mas de una hora, ¿Por qué no se daban un beso como Dios manda?

Karen lo vio marcharse hasta doblar la esquina, luego clavo sus ojos al frente…

-¿Albert?

"Maldita sea" debió haberse largado de ahí… se acerco a un faro y se dejo ver.

Karen contuvo el aliento y se tapo la boca con la mano clavando la mirada en la botella que sostenía Albert.

-Estas borracho

Albert deseo que fuera cierto. Negó con la cabeza

-No será por no intentarlo.

-Ven, vamos adentro e intentemos dormir.- Se giro hacia la puerta.

Él la siguió con rapidez. Una vez dentro la tomo por el brazo

-¿No vas a decirme nada mas?

Ella lo miro encolerizada.

-Nadie te dijo que te fueras.

-¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Quedarme a ver como tiraban?.- Albert cerro la puerta de un golpe.- ¡Eso si que no! ¿O querías tirar con los dos? Ah? Eso no lo volveré a hacer jamás, no volveré a compartir a una mujer.

Karen se revolvió para zafarse de su agarre

-¡Maldito seas! Ya estoy harta que busques las maneras más sarcásticas e insultantes posibles para llamarme puta. A ver si tienes los cojones para decírmelo a la cara ¡Vamos!

-¿No acabas de acostarte con George?

Ella apretó los labios y una expresión de dolor cruzo por su rostro, antes de transformarse en furia.

-Pues ahora te vas a quedar con la duda.

Se dio la vuelta y se dirigió hacia las escaleras. Albert no pudo soportarlo. Debería dejarla en paz, aquella cólera que le consumía no era normal, no era propia de él, pero no podía evitarlo.

Se lanzo sobre ella atrapándola por la cintura con su brazo, apretándola contra su cuerpo. Ella sabría al instante lo duro que estaba, pero ¿Qué demonios?, siempre estaba duro cuando Karen estaba cerca. Y si ella no lo sabía, ya era hora que se fuera dando cuenta.

-¿Te has acostado con él o no?

Le temblaba la voz, no quería que la respuesta de Karen le importara, pero no tenia sentido engañarse a si mismo.

-¿Lo has hecho?

Karen intento zafarse, pero él la sostenía con fuerza. Cuando ella se rindió, la giro para enfrentarse a ella.

-No me conoces en lo absoluto, y esa pregunta lo demuestra. Aunque te dijera la verdad no me creerías. Lo único que quieres oír es que me abrace a él en el cuarto de baño y que de ahí me llevo al dormitorio para que pudiera montarlo como si fuera amazonas. Y que luego me lo metió por atrás. ¿Eso es suficientemente descriptivo para ti?

La apretó con más fuerza, Dios necesitaba un Jack Daniel´s.

-¿Eso ha ocurrido?

-Te simplificaría la vida, ¿verdad? Así podrías considerarme una autentica puta. Oh y tirar conmigo, por supuesto. Total, ya todos los demás lo hacen ¿no es verdad? Y así podrás irte con viento fresco, sin sentir un mínimo de remordimiento, porque no soy más que una puta. Pues bien, puedes irte un rato a la mierda.- Karen le planto un golpe en el estomago

Albert gruño y se doble sobre si mismo, agarrándose el estomago, mientras la miraba encolerizado.

-¡Maldita sea! Karen yo…

-¡¿Tu que?

¿Qué podía decir? La había insultado de la peor manera…Además tenia un miedo atroz el dejarla subir y que se encerrara en el dormitorio, negándole la posibilidad de tocarla otra vez.

-No lo se- admitió

-¡En eso tienes razón!- le grito- No sabes nada sobre mi ¿Has pensado que debajo de todo el maquillaje y de esta ropa provocativa hay una mujer con sentimientos?¿Has pensado que quizá quisiera que me vieras como una mujer normal, en vez de una stripper o un polvo fácil?¿Que quizás significas algo para mi?- Ella negó con la cabeza.-Claro que no.

Karen soltó un sollozo. Aquel sonido produjo un vacío en Albert. Nunca tuvo intención de hacerle daño.

-Lo siento

-Olvídalo…Ya no importa

Aquellas palabras le provocaron un pánico tremendo

-¡Espera!...

-No- Ella dio un paso atrás, alejándose de él.- Mi auto no lo tendré hasta el miércoles, y le pediré a George que venga por mi mañana. Hablare al hotel para que te preparen una habitación. No creo que cueste demasiado, ya que fui yo la que pidió que ocuparan tu habitación.

¡Santo Dios! Albert entendió todo demasiado tarde…Karen había querido pasar un tiempo juntos, descubrir que había entre ellos, si solo era sexo o algo más. Y él solo había demostrado desprecio…Pero incluso aunque se enamorara de ella por arte de magia, Karen no tenía cabida en su futuro.

Albert tomo un largo trago de la botella.

-Soy un…lo siento.

-Lo entiendo. Para ti somos de mundos diferentes. Me has puesto en mi lugar y no volveré a dejarlo, te lo aseguro.- Enderezo su espalda y se dirigió hacia las escaleras, se volvió una vez más.- Y solo para aclarar las cosas, George vino solo por una cosa. Al parecer mi acosador dejo otra nota de "amor" clavada con un cuchillo, pero esta vez en el dormitorio que tengo en el club…


Lo se, deben odiarme! Mil perdones por el abandono, ahora si prometo ponerme las pilas y no abandonar esta historia…Próximo capitulo se viene increíble…No les digo más, solo pedirles disculpas otra vez, y espero subir el siguiente capitulo la próxima semana…