Capitulo 6

Karen subio las escaleras.

"Un escalón tras otro. El dormitorio está ahí mismo. Entonces podrás cerrar la puerta"

No quería que Albert viera sus lágrimas. Ya le había dado demasiado poder sobre ella.

-¿Qué has dicho?- le exigió él. Un momento después, él la seguía escaleras arriba, le agarra el brazo haciéndola girar.- ¿el mismo pervertido que te dejo la nota en el auto?

-No tiene que preocuparte mi seguridad, eso es trabajo de George, por eso vino esta noche. Ahora si me perdonas…

Karen intento que Albert la soltara. Su calor y el olor almizclado de Albert la inundaban. Aquellos ojos ardientes y la fuerza de su musculoso cuerpo le debilitaban las rodillas.

Jamás se había considerado una de esas estúpidas mujeres que se atan a una relación destructiva. Pero al parecer su corazón era tan débil como el de cualquiera.

-Albert, suéltame.

Él negó con una expresión de angustia

-No puedo

En medio de las sombras, Karen vio que los ojos de Albert brillaban con intensidad antes de inclinarse hacia ella. Santo Dios, deseaba besarle, le urgía unir su boca con la de él. Que la tocara…Pero ¿Por qué Albert actuaba así de repente?

"Cree que George acaba de poseerte"

Karen giró su rostro para evitar su beso. Sintió una dolorosa punzada en el pecho cuando los labios de Albert le acariciaron la mejilla, los ojos se le llenaron de lágrimas.

-No me hagas esto- le imploro Albert al oído, apretándola con fuerza contra él. Karen sintió su aroma a hierba recién cortada y el del whisky en su aliento. Él le enjuago las lágrimas con una caricia llena de desesperación. Karen se debilitaba.

¿Cómo querer abrazar al hombre que la desprecia de esa manera? Se suponía demasiado lista para esto.

-No puedes desearme solo porque piensas que estuve con George- sollozó- No soy el trofeo sexual en esta competición que llevan ustedes dos. Debes…soltarme…

Intento liberarse, maldiciendo para sus adentros, por alentar esa estúpida esperanza de que él pudiera querer algo con ella. Lo más probable es que buscara a alguien como Candy: una mujer sana, con brillante futuro y un pasado limpio. Alguien que no tuviera una larga lista de amantes y que no hubiera comercializado con el sexo. Si era lo que buscaba, nada tenía que hacer.

Albert le ahueco la cara con las manos y la acerco nuevamente a la suya.

-Yo no te considero ningún trofeo, te lo juro. Se que no soy quien para decirte lo que tienes que hacer.- la acerco todavía mas, incluso en la oscuridad ella podía ver el dolor que se reflejaba en su rostro.- Estaba celoso. Tanto que me comían vivo. No podía soportar que le dieras a él lo que yo deseo con tanta desesperación.

"¿Esta celoso?" Entonces quizás ella le importara algo…

-Me ofrecí a ti…más de una vez- le acuso

-He intentado comportarme como un caballero. ¿Ok? Quería controlarme y no caer como un poseso sobre ti. No quería que pensaras que soy un cavernícola o un demente. No quería perder el control. Sé lo que pido al futuro, y no nos veo juntos en eso. Pero…- el dolor se reflejaba en su voz; suspiro entrecortadamente.- No puedo ignorar más esto que siento. Estoy muy preocupado por ti, si. Me aterroriza pensar que ese psicópata quiera atraparte y hacerte daño y haré lo que sea para protegerte.

"Lo que sea necesario" Aquello sonaba como si realmente le importara. Pero le oyó decir que ella no encajaba en su futuro…Pero estaba en su presente. Las palabras de Albert la envolvían, derribando la presa que contenía sus emociones. Karen estaba a punto de romper a llorar.

-Albert…

-Ya no puedo pasar un momento más sin tocarte. Lo necesito más que respirar.

Una cruda sinceridad se reflejaba en el rostro de Albert, se inclino sobre ella otra vez y le toco la barbilla. Su mirada y sus caricias decían cuales eran sus intenciones y Karen no fue capaz de rechazarle.

Le enredo los dedos en el pelo y lo atrajo hacia ella. Sus bocas se encontraron jadeantes, unieron sus labios con un gemido. El sabor a alcohol y deseo hizo explotar los sentidos de Karen. Albert la rodeo con los brazos y la alzo contra él. El instinto la hizo rodearle con las piernas. Y él la sostuvo con una mano debajo del trasero mientras le daba otro beso abrazador.

Nunca la habían besado de esa forma, tan intima. Albert la saboreo como si quisiera paladearla por completo, como si quisiera grabársela en la mente. Y Karen le respondió de la misma forma.

Karen sabia que aquel abrazo no significaba lo mismo para él que para ella. Pero al menos en ese momento él la deseaba. Pero ¿Qué sentía en realidad por ella? ¿Nada? ¿Habría llegado demasiado lejos para que eso le importara?

El día siguiente llegaría demasiado pronto y, con él, un montón de recriminaciones. Pero hasta que amaneciera solo existiría el placer y la sensación de unión.

Albert la seguí besando mientras subía con ella hacia el dormitorio, haciendo que sus cuerpos se rozaran a cada paso. Karen contuvo el aliento ante aquella fricción increíble. Él estaba allí, con ella. Lo abrazo, todavía con más fuerza y gimió contra su garganta, besándole el cuello, la mandíbula, cubierta por una insipiente barbar, hasta alcanzar su boca. La de él le estaba esperando abierta y voraz. Ella se derritió contra él.

Un momento después, el mundo giro sobre su eje. Se encontró tumbada boca arriba sobre la cama, y Albert arriba de ella sosteniendo su peso con los brazos. Jadeaba y la miraba.

-Te he deseado desde el momento en que te vi en el club.

Ella le sostuvo la mirada, en la que relucía la verdad y una cruda pasión.

-Yo también.-confeso

De hecho, había anhelado a Albert desde hace 3 meses atrás cuando había despertado sola y se había dado cuenta que no regresaría.

-Te he echado de menos.- farfullo ella.- Es probable que no quieras oírlo y se que estas con alguien y que…

-No esta noche. Ahora mismo solo estamos nosotros dos- le aparto el pelo de la cara.- He pensado muchas veces en ti…Desde el primer momento que nos tocamos, hace ya 2 meses, ha sido una fiebre que no puedo aplacar.

Puede que no fuera una declaración de amor, pero para Karen era suficiente. Él sentía algo por ella. Y para ser honesta consigo misma, tampoco sabía lo que ella sentía.

-Quédate conmigo- susurro ella

-Nada podría hacer que me fuera ahora

Albert poseyó su boca profundamente, unos minutos después se incorporo para desabrocharse la camisa. Karen le ayudo con rapidez, pasando sus dedos por la piel suave y elástica. Encontró el intrigante rastro de vello que bajaba del ombligo al sexo de Albert: Recordó haberlo seguido con la lengua, haciéndole gemir.

No pudo resistirse a hacerlo de nuevo…

-Estas jugando con fuego.- susurro él con voz ronca

Una sonrisa apareció en los labios de Karen

-Me encanta quemarme

Con un gemido, ella lamio aquel torso, saboreando con la lengua el gusto picante de su piel, el leve indicio de sudor, masculinidad absoluta. Era adictivo.

Él se tenso, enredo los dedos en el pelo de Karen y la acerco más

-La primera vez que hiciste eso, casi me hiciste perder la cabeza. Y ahora te deseo todavía más…

Ella sonrió contra su estomago, siguió deslizándose por su pecho, mordisqueando y desabrochando el resto de la camisa. Por fin tenía ante sus ojos sus tetillas. Las miro con codicia.

-No lo hagas.-le aviso con voz ronca- Mi auto control pende de un hilo…

-Descontrólate- lo animo con un susurro y una mirada ardiente, justo antes de cerrar su boca sobre una de ellas y succionarla.

Él emitió un gemido ronco y áspero.

Excitada, Karen siguió jugando con la tetilla de Albert mientras acercaba los dedos al botón de los jeans.

Él la agarro por las muñecas y le aparto las manos.

-No lo hagas, a menos que me quieras tener dentro de ti en menos de diez segundos. Soy como una bomba a punto de estallar.

-Me gustaría ya tenerte en mi- le dijo con honestidad.-He pensado mucho en ti…La noche que pasamos fue increíble. Necesito volver a sentir lo mismo.

Albert respiro entrecortadamente.

-No quiero hacerte daño, la última vez fui demasiado rudo, demasiado exigente…

-Fue perfecto. Quiero que sea igual

Él se quedo inmóvil. Algo atravesó su expresión ¿Aceptación? ¿Deseo? Fuera lo que fuera, hizo que el corazón de Karen latiera enloquecido.

Él se levantaba de la cama. Ella se incorporo llena de ansiedad. ¿Había mal interpretado a Albert? ¿Se marchaba?

Pues no, se quito la camisa, exhibiendo su sus abdominales. ¡Santo Dios! Él era…demasiado…Demasiado sensual, demasiado listo, demasiado cautivador, además de talentoso, en todos los aspectos.

Albert desabrocho el botón de los jeans para luego deshacerse de los pantalones y la ropa interior con brutal eficacia. Desnudo, con los puños cerrados, tenso. La miro nuevamente inmovilizándola, haciendo que se consumiera en deseo y que su sexo latiera de necesidad.

-Si te hago daño, deberás encontrar la forma de contenerme.-

¿Cómo evitar sentir algo por él? Él no dejaba de preocuparse de su bienestar…La mujer que poseyera su corazón sería tratada como reina y Karen deseo ser ella.

-No lo harás

Un duro destello brillo en sus ojos

-Ponte de pie

Karen se estremeció, se puso de pie palpitante de deseo y anticipación. Albert se agacho ante ella y le acaricio las piernas.

Karen estaba llena de anhelo e impaciencia.

-Albert…

Sin aviso, le agarro el borde del camisón y tiro. La prenda cedió dejando un charco etéreo de tela a sus pies.

Se quedo desnuda de repente.

Sintió estremecimiento en el vientre cuando él curvo las manos sobre sus pantorrillas y la obligo a separar las piernas. Entonces sintió su boca, calida y húmeda, sobre sus muslos. Karen comenzó a jadear, intentando sujetarse del pelo de Albert.

Él se incorporo de repente

-Tiéndete de espaldas

Ella empezó a hacerlo pero se vio alzada sobre la cama de repente, al parecer Albert estaba demasiado impaciente para esperar. Karen se abrazo a él cuando se apodero de su boca, besándola con una urgencia que le robaba el aliento y la capacidad de pensar.

Los ojos de Albert se tornaron oscuros como el pecado y prometían un placer diferente a cualquiera que hubiera experimentado antes. Lentamente deslizo su mirada sobre sus pechos, donde se demoro un rato, antes de bajarla por su vientre para detenerse vorazmente sobre su sexo.

-Separa las piernas

Ella ya había visto aquella faceta dominante de Albert. Pero tuvo el presentimiento que esta vez iba a experimentarla a otro nivel. Su voz sombría la puso a temblar. Karen apenas y podía contener el corazón en el pecho. Hizo lo que él le pidió, separando un poco más los muslos.

-Más

La expresión de Albert le exigía que se abriera y mostrara ante él. Karen no dudo que él tomaría todo lo que ella estuviera dispuesta a darle, y que entonces, como la última vez, la obligaría a darle todavía más…Separo las piernas un poco mas

-Más- gruño él

Ella le obedeció con la respiración entre cortada. No podía negarle nada.

Abrió más las piernas, hasta que los músculos interiores de los muslos comenzaron a protestar.

Él la asió de las caderas y deslizo las manos hasta el hueco de la espalda. Ante aquella orden silenciosa, ella se aqueo hacia él, doblando las rodillas, ofreciendo sus pechos.

-Perfecto- murmuro él.

Se coloco encima de ella y la beso en los labios antes de trazar una sofocante línea de besos, desde el cuello, pasando por la clavícula, hasta llegar a sus pechos. Mientras le acariciaba uno, le devoraba el otro, haciendo que se sacudiera sin control. Le succionaba duramente, mientras le sentía entre sus piernas.

Ella gimió y lo apretó contra su cuerpo, deseando que nunca acabara esa noche. Aquel hombre la hacia sentir más que cualquier otro. Más femenina, desinhibida, más preparada para lo que él quisiera.

-Los adoro- murmuro él, mientras dedicaba su atención al otro pecho.- Recuerdo como se te hinchan los pezones cuando los succiono ¿lo sientes más sensibles?

-¡Si!- grito ella .-Todavía te sentía ahí al dia siguiente

-Quiero que mañana también me sientas.

Estremeciéndose, ella asintió con la cabeza.

-Por favor.

Albert gimió mientras capturaba el pezón con la boca y tiraba de él con fuerza, mordisqueando. Karen se vio atravesada por un estremecimiento. Entonces él le mordió suavemente la curva del pecho antes de ir por el otro pezón y repetir el proceso.

Era más rudo que antes, más exigente. Cuando Karen sintió que ya estaban sensibles, él no mostro ninguna señal de parar. Suponía que él necesitaba marcarla un poco esa noche, probarse a si mismo que poseía una parte de ella que George no.

Albert movió la mano libre por su hombro, por la curva de su cintura, la cadera…Directo hasta los muslos separados.

-¿Estas mojada?

-Lo estoy siempre que tú estás cerca.

Albert coqueteo con su ombligo. Trazando círculos con el pulgar hasta llegar muy cerca del clítoris. Karen quería gritar.

-Tócame- gimió

-Mmmmm, por supuesto. Estoy deseando hundirme en ese coñito. Estaba tan apretado la última vez…me oprimías, me succionabas… Escucharte gritar mi nombre…fue ardiente…inolvidable.

Karen solo podía gemir mientras esperaba a que él la tocara donde más necesitaba. Pero él se limito a juguetear con ella.

El deseo de Karen crecía. La necesidad retumbaba en su vientre. Se sentía hinchada, necesitada, estaba a punto de implorar. Pero el solo le rozo los pliegues con los nudillos, dándole un único toquecito en el clítoris.

Karen se quedo sin aliento

-Albert…

-Quiero oirte decir mi nombre y el de nadie mas.

Karen pensó, a penas se acordaba de su propio nombre como para acordarse de el de otra persona.

-Sí- sollozó- Sí…

Durante interminables minutos Albert le acaricio y amoldo sus pechos. Le tironeo con fuerza las puntas, las succiono, hasta ver como se hinchaban y enrojecían. Karen tenía los pezones tan duros, y tan sensibles que se aferro al cabello de Albert.

-Así, erguidos y bien trabajados. Preciosos

Karen necesitaba calmar su necesidad, y busco deslizar su propia mano por el abdomen para poder alcanzar los pliegues mojados y darles alivio.

Antes de que ella alcanzara su destino, Albert le sujeto la mano.

-No. Soy yo quien dice como y cuando…

-Pero…

Karen no llego a terminar la frase. Él poseyó su boca con fuerza, profundizando el beso cada vez más. Entonces Albert deslizo los dedos en la húmeda hendidura y los zambulló en su interior. Ella gimió de placer en los labios de Albert.

-Dios- exclamo él.-Eres tan buena…

Jugueteo con los dedos dentro de ella, como si recordara perfectamente como hacerla gritar. La toco en aquel punto sensible y comenzó a alternar los movimientos, presionando, rozando, al tiempo que le acariciaba el clítoris. Un fuego imparable comenzó a originarse, creciendo y retorciéndose. Una vez más el sofoco sus gritos en la boca. Ella le clavo las uñas en su espalda y él gimió. Albert le dirigió una sonrisa depredadora.

-Así…¿quieres correrte?

No necesitaba preguntar, sabia la respuesta. Pero quería que fuera ella quien se la diera. Le gustaba hacerle confesar su deseo. Y ella no tenía como ocultarlo.

-Si…por favor…

En lugar de continuar, él retiro sus dedos y le acaricio superficialmente sin llegar a penetrarla de nuevo.

-Estas tan hinchada, me oprimirás como un puño.

La urgió con las manos a abrirse más todavía, para acomodar las caderas. La anticipación sofocaba a Karen, ya quería sentir a Albert en su interior, quería tenerlo tan adentro de su cuerpo que él no recordara a otra mujer y no quisiera salir jamás.

-Esta noche no tendrás tiempo de pensar en nadie más que en mi.- prometió él

De todas maneras, Karen no pensaba en nadie más aunque él no le creyera, todavía.

-Hay tantas cosas que quiero hacerte, pero…- le acuno el rostro entre las manos, obligándola a mirarlo.- Tengo que estar dentro de ti.

Jadeo, muerta de necesidad y anhelo…

-Mírame-

Karen había cerrado los ojos, no se había dando cuenta como o cuando…Los abrió y la conexión fue inmediata.

-Ya te siento en todo mi cuerpo ¿Cómo es posible que este ocurriendo otra vez?

Albert no le permitió continuar. La beso con fuerza y a partir de entonces, no pudo pensar más. Él la aferro de las caderas y se impulso hacia delante, enterrando su miembro lo más profundo que pudo. Karen gruño ante la deliciosa intrusión. Ya se sentía llena de él y sabía que no se había introducido del todo. Él se tenso. Maldijo entre dientes y retorció la pelvis.

-Siempre estas tan apretada- gimió Albert.- Santo Dios, me matas. Relájate un poco, cariño.

Ella se concentro en relajarse, en permitirle entrar.

Albert se salió y luego entro de nuevo, un poco más adentro. Ella contuvo el aliento ante aquella embestida, recreándose en el dolor.

-Así- Albert tenía la voz ronca. Le clavo los dedos en las caderas.- Tranquila. Te va a gustar mucho.

Karen sentía que él estaba a punto de perder el control. Y ella apenas podía esperar a que lo hiciera.

Se contorsiono bajo él, arqueándose, tomándole un poco más. Después de meses sin sexo, aquello era tan, pero tan ardiente…Nadie le había hecho el amor como Albert.

-Siiiiiii- gimió él entrando un poco mas

Por fin se deslizo hasta el fondo y se enterró en ella por completo.

Él volvió a retirarse, casi por completo, lo que sentía ahora alcanzaba un nuevo nivel. Albert saco los brazos debajo de su espalda y las puso en sus hombros, atrayéndola hacia él, empujando con fuerza. Una y otra vez. A partir de ahí ella se perdió.

Karen lo rodeo con las piernas intentando aprisionarle con más fuerza, intentando acercarle más. Él jadeo, hundiéndose más en ella, y más, hasta el fondo.

Albert comenzó a moverse más rápido, con ritmo más duro. La mirada de sus ojos eran como sus embestidas, jamás vacilaba. Cada pensamiento y cada sensación fluyeron entre ambos una y otra vez. El cuerpo de Karen reaccionaba y él se adecuaba a esa reacción, penetrando y explorando sin parar.

Santo Dios, ella estaba comenzando a perderse. Si, ella se había corrido antes con Albert, pero esto…Esto era algo que ella no había compartido con nadie. Él no solo la iba hacer explotar de placer, iba a robarle el alma sin pedirle permiso o disculparse.

Karen se tenso. ¿Podría darle tanto de ella misma?

-Albert…- Karen cerró los ojos.

Esto era demasiado íntimo. Demasiado autentico. Demasiado profundo.

-¡Mírame!- le exigió, moviéndose de forma implacable

Aquella voz era apremiante e imposible de ignorar. Karen se preparo para las sensaciones que ya la rodeaban, se mordió el labio y clavo sus ojos en aquella mirada oscura, mientras él seguía embistiéndola con fuerza.

La energía volvió a crecer, se retorció en su interior. Y Karen exploto

Le clavo las uñas en la espalda, grito su nombre, mientras se rompía en un millón de pedazos. Él la guio a través de la cúspide del orgasmo sin dejar de moverse, retirándose solo un poco cuando ella estuvo tan sensible que no pudo evitar gemir.

Esta vez, como la anterior, Albert continuo penetrándola sin parar para sumergirla en un placer más profundo todavía


El sol matutino ilumino las cortinas y creó charcos de luz en el suelo. Conteniendo el aliento, Albert se impulso en el sexo caliente de Karen una vez más mientras ella le montaba. Se aferraba a él clavándole las uñas en su pecho. Parecía flotar sobre él y se la quedo mirando; parecía una ninfa sensual, núbil, imponente, hecha para el placer. Hacia ya mucho que la contención y las buenas intenciones se habían ido al carajo. De nuevo, él había perdido cualquier atisbo de control. Cuando se ahogo en el placer del orgasmo, se había quedado atrapado. Hambriento de más.

La rodeó con los brazos, poniéndole una mano en la curva del final de la espalda y la otra en la nuca. La sujeto con firmeza, controlando el arco del cuerpo. Si…así mismo. Una vez más tenía el tentador pezón a la altura de la boca y lo aprisiono con los dientes, mordiéndolo con la fuerza precisa. Ella gimió con fuerza y comenzó a palpitar en torno a su miembro.

-Córrete otra vez.

Durante toda la noche él le había exigido que alcanzara el placer y ella lo había hecho con absoluto abandono. Nunca era suficiente. Ahora mismo, Albert necesitaba verla abrir la boca y gemir hasta alcanzar el éxtasis. Deseaba con frenesí que lo apresara en su sexo y oírla gritar su nombre.

Ella había disfrutado durante horas, tenía la carne tan hinchada que cada envite era un logro. Albert la había llevado al orgasmo tantas veces que ya había perdido la cuenta. Él mismo se había dejado llevar tres veces en el fogoso placer, inundándola cada vez, deleitándose en la primitiva necesidad de marcarla. Un extraño alivio lo atravesaba cada vez que se derramaba en ella. No, no podía embarazarla, pero le daba igual.

-Albert- sollozo Karen

Una agónica sensación de victoria lo atravesó, seguido por otro demente deseo de marcarla. Le succiono el pezón con fuerza. Su sexo estaba abrasadoramente apretado a su alrededor. El que ella estuviera tan cerca de correrse lo impulsaba a más.

Le apreso la boca con la suya, forzándola a separar los labios para hundirse en su boca todo lo posible. La cadencia del beso se correspondía con el ritmo de los empujes, los dos se esforzaban por alcanzar un cataclismo tan poderoso, que seguramente los devastaría a los dos.

Estaba agotado, pero también furioso. A pesar de las horas que se había pasado explorándola, no había llegado a saborear sus jugos con la boca mientras gritaba de placer. Ni se había introducido en ese tenso y apretado culito. Mañana. No, hoy mismo, un poco más tarde. Haría las 2 cosas. Pero ahora, solo quería observar como se corría una y otra vez en sus brazos.

-Córrete otra vez cariño. Para mi

Albert lo movió las caderas hasta que se apretaban todo lo posible contra las suyas, entonces la deslizo, arriba y abajo de su miembro, friccionándole a la vez el clítoris. Karen se movió con él, sus gemidos se convirtieron en quejidos, estos en suplicas, entonces.

-Albeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrt- grito ella, como si su nombre tuviera 20 silabas, mientas su sexo se ceñía en torno a él. Él uso todas sus fuerzas para sostenerla y seguir moviéndose a la vez.

El placer era demoledor, abrasador, más allá de cualquier cosa que él hubiera experimentado o imaginado antes. Las sensaciones le recorrían por la espina explotando en sus testículos, ya lo sentía, un feroz orgasmo.

Albert la apretó con más fuerza, agarrándola del pelo firmemente y rodeándole la cintura con un brazo. "!Oh, Mierda"! Aquello era demasiado. Lo iba a dejar sin aliento. El placer creció, se hincho, grande como una montaña, devastador como un terremoto.

-Karen- dijo casi sin aliento.- Oh, Dios mio. Mierda. No puedo…Oh, Dios…- se fusionaron en todos los aspectos posibles, de la forma mas primitiva. Cubrio la boca de ella con la suya, y buceo en aquel calor.

El orgasmo estaba en su cenit

Mientras se disolvía en el placer, Albert enterró la cara en su cuello mientras la tormenta se propagaba en su interior

-¡Sí!...Kare…Sí…

El latido del corazón retumbo en sus oídos y solo podía sentir el éxtasis cegador y a Karen.

Unos minutos después, el cansancio lo alcanzo. Y la amarga realidad lo golpeo. Ella seguía siendo una bailarina de striptease, que probablemente, tenia otro amante. Pero el la deseaba más de lo que ha deseado a ninguna otra mujer.

Lentamente, Albert levanto su cabeza mientras que Karen le acariciaba el pelo con dulzura y trataba de recuperar el aliento.

-Mírame- él le pidió

Ella se mordió los labio, y le miro a los ojos, su rostro estaba encendido por la pasión.

A Albert se le tensaron las entrañas. Incluso ahora, que ya casi no podía mantener los ojos abiertos, ella seguía haciéndole hervir la sangre.

-¿Que estamos haciendo?

Ella apretó los labios, y una mirada de cautela asomo en sus ojos.

-Tirando

¿Solo eso?¿De verdad? Porque durante horas, él había olvidado a el resto de las mujeres del mundo. Había querido hacerla suya y no soltarla nunca más.

Una aguda alarma resonó en su cabeza, él sentía que debía decir algo…

Pero antes que pudiera hacer algo, el cansancio lo reclamo.


Perdon! Mil perdones por la demora, pero me atrapo el trabajo, después licencia por lumbago que me dejo postrada en cama y una que otra actividad que ocupo mi tiempo…

Espero subir el próximo capitulo lo antes posible…

Espero sus comentarios.-