Capitulo 7

-¿Vas a contarme que demonios té pasa?- ladro George

"Me enamore y no me corresponden"

Karen se estremeció al pensarlo. Corrió las cortinas del restaurante para dejar que los rayos del sol entraran.

-Nada- dijo mirando a George

Vaya mentira. La noche mas apasionada e impactante de su vida de su vida reducida a una insípida palabra.

-Tienes unas ojeras tan profundas, que parece que acabas de llegar de Europa y aún te estuvieras ajustando al horario. En cuanto llegamos al club te encerraste en el cuarto. Te oí llorar. No hace falta ser un genio para adivinar que paso algo con ese cocinero de cuarta. Cuéntame, que paso?

-Llorar no significa nada- Le respondió cortante…No significa nada. Salvo que Albert no la amaba. Solo se la habían pasado tirando y ahora sentía una pena tan profunda y no sabía como sobre llevarla.

-Ni siquiera lloraste cuando te enteraste de la muerte de tu madre, y lo haces por ese imbécil? No intentes mentirme. Nunca me llamas a las 8:30 de la mañana a no ser una emergencia. Mientras tomabas el café mire la habitación de invitados, estaba intacta. Dudo mucho que alguien la hubiera usado, o hay otra cama en esta casa?- George cruzo los brazos sobre su pecho y la miraba irritado.-¿Quieres decirme que mierda ha ocurrido?

Aquel hombre era demasiado observador.

-No

-Hiciste el amor con él

Para que negar lo evidente. Pero no contesto se limito a abrir las cortinas.

-¡Maldita sea!- dijo George entre dientes.- ¿Te ha hecho daño?

-George, déjalo ya!

-¡Ni hablar! Si te hizo daño, si te forzó de alguna manera, lo descuartizare…

-No. Los dos somos adultos y lo consentimos, y no voy a decir nada más al respecto.

George atravesó la estancia y la rodeo con los brazos. Lo cierto es que en ese momento, él era su mejor amigo y sería muy fácil contarle lo que sentía. Pero no era justo.

-No tienes que ser fuerte todo el tiempo-susurro él.- Cuéntame que ha pasado, quizás yo te puedo ayudar.

Ella le acaricio la mejilla

-No puedes. Pero te aprecio más de lo que puedas imaginar

Él suspiro y la apretó en sus brazos. Sería tan fácil acostarse con George para tratar de tapar los sentimientos que estaban naciendo por Albert. Pero a Karen nunca le habían gustado ese tipo de juegos.

-Nena, necesito algo más. Me muero por ti.

Antes que pudiera responderle, se abrió de golpe la puerta del restaurante. Karen se giro para hacerle frente a quien fuera que haya entrado. Pero no era un desconocido. Era Albert en la puerta, y estaba furioso.

El instinto de conservación de George debía ser nulo, ya que en vez de soltarla, la apretó más contra su pecho. Ella lo empujo en el pecho y le dio un codazo. A regañadientes la dejo marchar, mascullando una maldición.

-¿Qué esta haciendo él aquí?- pregunto Albert

George se cruzo de brazos y lo miro colérico

-Mi trabajo, ¿y tu?

-¿Desde cuando tu trabajo consiste en meterte en las bragas de Karen?

-Lo cierto es que lleva tanga

Karen contuvo el aliento

-¡George!

Albert apretó los dientes y cerro los puños. Aquello iría de mal en peor, a menos que ella hiciera algo por evitarlo.

-Ya basta. George, ¿podrías dejarnos solos un momento?

-Yo no voy a moverme ni un centímetro si existe la posibilidad que te haga daño

Albert se puso rígido y cruzo la estancia.

-Jamás le he hecho daño. Nunca se lo haría. Sin embargo, contigo es otro cuento.

-Adelante, imbécil

-¡Basta!- grito Karen.-Hoy tenemos muchas cosas que hacer y no necesito esto- le lanzo una mirada implorante a George.- Estaré bien. Por favor…, me harías un favor inmenso si vas a recoger el vestido por mi.

George asintió con la cabeza.

-Si necesitas algo, si te toca un pelo, llámame. Sabes que haría cualquier cosa por ti.

La devoción de George casi la hacia llorar. ¿Por qué no lo podía amar a él? La vida seria menos complicada.

Pero para ella nada había resultado fácil.

-Gracias

Él se acerco con expresión seria. Entonces le tomo la cara entre las manos y le rozo apenas los labios. Un segundo después desapareció.

Karen se quedo a solas con Albert. El silencio era ensordecedor.

-Llegas pronto- dijo Karen para romperlo.- Ya están listos la mayoría de los preparativos de la cocina y…

-Cállate- la miro con frialdad.- Cuando me desperté solo, me preocupe, pero por lo que veo te falto tiempo para volver a sus brazos antes de que la cama se enfriara, ¿verdad?

Karen comenzó a pasearse por la estancia ¿Qué se estaba imaginando Albert?¿Acaso la creía capaz de eso? Allí estaba ella temiendo haberse enamorado de un hombre que jamás la correspondería. El hecho que pensara que ella había corrido a meterse con otro después de todo lo vivido hace unas horas atrás, solo confirmaba sus sospechas. Él jamás la correspondería, además no la respetaba.

-¿No habíamos quedado en que nosotros solo tirábamos?- lo desafió ella

-Maldita sea, ¡contéstame!

-¿Me crees capaz de saltar a su cama? ¿Me crees tan insaciable que con lo que hicimos anoche y esta mañana no basto para mi?

Albert no dijo nada, solo la miro durante un rato.

-No quiero pensarlo. Santo Dios, mujer- se acerco a ella.- Te me metiste bajo la piel. Esperaba despertarme esta y poder hacerlo otra vez. Pero cuando desperté ya te habías ido. Y ahora me entero que has estado con George durante las últimas…-miro el reloj.- tres horas, y además los veo abrazados, sin mencionar que al irse te besa…

-¡Solo fue un beso de amigos!- se defendió

-Si, claro, de amigos- gruño Albert.- Estoy seguro que lo que él siente por ti es puramente platónico.

-Yo no controlo sus sentimientos, solo los míos. Y yo, aunque te parezca mentira, solo lo quiero como amigo.

-Dame una razón para creerte-le dijo mirando con ojos suplicantes.- Pareces exhausta. Y lo que oigo al entrar es que necesita más, porque se esta muriendo por ti. ¿A que se refería? ¿Qué le has dado antes?

Karen cerro los ojos. Él jamás la vería de otra manera, por mucho que ella quisiera, él siempre la consideraría una prostituta.

-Voy a ser absolutamente sincera contigo. Durante los últimos 3 meses solo he mantenido relaciones sexuales 2 veces y las 2 contigo ¿Puedes decir lo mismo?

Albert se mantuvo callado, trago saliva. En sus ojos había culpabilidad. Aquella callada respuesta le dolió.

-Hace tres meses mantenía una relación.

Si, se acostaba con la actual señora de su primo. A ella le molestaba saber que él había saltado de su cama directamente a la de Candy, y que eso no habría cambiado si no es porque Terry decidió terminar con el trío.

De improviso Albert frunció el ceño.

-¿Estas saliendo con George?

No importaba lo que dijera, no le creería.

-Vamos a hacer un trato: tu me cuentas todos los detalles de tu relación con Candy y yo te cuento mis secretos, vale?

Él se acerco a ella

-No hay nada que contar

Karen sabía que mentía

-Entonces, ¿No es verdad que te acostaste con ella después de dejar mi cama?

Albert entrecerró los ojos, estaba tenso.

-Esto no tiene nada que ver con lo que hice o deje de hacer con Candy

-¿Ah no? Explícame ¿Por qué yo tendría que responder lo que hago o dejo de hacer con George?

-Hace tres meses no hicimos ninguna promesa-indico él

-Y tampoco lo hicimos anoche-contraataco ella.- Una noche de sexo no te da derecho a conocer los detalles de mi relación con George. Ahora me doy cuenta que pasar la noche contigo fue un error que no volveré a repetir.

En los ojos de Albert apareció una llama de furia, se paseaba molesto por la estancia

-¡Ni lo sueñes! Has intentado seducirme desde que llegue. Pues misión cumplida. Y que la noche haya acabado no quiere decir que lo haya hecho lo que hay entre nosotros.

Las palabras de Albert contenían una promesa y Karen se estremeció. Pero a pesar de lo mucho que lo deseaba, no podía continuar con esto. La noche anterior se dio cuenta que mientras mas tiempo permanecieran juntos, mas le rompería el corazón.

Durante estos 3 meses ella no paro de soñar con la idea de mantener una relación con el. Quería algo mas que sexo. Y ahora sabia, sin ninguna duda, que Albert no tenia las mismas pretensiones.

-De eso nada Romeo. Lo de anoche fue increíble, pero tu estas en una relación, y yo no estoy en tu futuro- Karen se encogió de hombros.- Ya te sacaste las ganas conmigo. Puedes seguir tu camino.

-Ni una mierda- gruño él.- ¿Qué paso con él? ¿Acaso te entraron nuevas ganas?

Karen entendía que pudiera pensarlo, si él la hubiera dejado a primera hora de la mañana y luego le encontrara con otra, aunque solo estuviera consolándola, ella se sentiría dolida y confundida. A pesar de la demostración de celos de Albert, sabia que esto no llevaría a ninguna parte. Y si seguía compartiendo su cuerpo con él, jamás recuperaría su corazón.

-Esto no tiene nada que ver con George. Si, he estado intentando seducirte, pero fuiste tu el que me aviso que de mantener relaciones sexuales contigo no seria muy inteligente de mi parte. Bueno, admito, tienes razón.- miro el reloj.- El personal llegara dentro de poco y necesitas tiempo para prepararte. Esperamos mucha gente esta noche.

Se escucho la puerta de un auto cerrarse. George había vuelto en tiempo record. Karen paso junto él camino a la puerta.

Él la agarro del brazo y la detuvo.

-¿a dónde vas?

Ella se safo y siguió caminando hacia la puerta. Albert no la quería para si, pero tampoco le gustaba verlo con otro. Karen se negaba a jugar al perro del hortelano.

Se giro para darle a Albert una sonrisa forzada.

-Quizás a llegado el momento para que otro satisfaga mis ganas- dijo con sarcasmo.


La cena de inauguración tocaba a su fin. La velada haba sido perfecta. La tarde humeda y calurosa dio paso a una noche mas fresca. Todo había resultado impecable. Los asistentes sonreían y habían tomado nuevas reservas para el día siguiente.

Desde el punto de vista profesional, Albert estaba feliz.

Desde un punto de vista persona, apenas y podía controlar las agudas punzadas provocadas por los celos.

Se quedo de pie al lado de la puerta de la cocina, buscando con la mirada a cierta castaña. Allí estaba. Iba de mesa en mesa saludando a los presentes. Ataviada con un bello vestido negro, de corte clásico. Se le veía sofisticada y refinada. Totalmente acorde con la atmósfera del lugar.

Desde que la vio, él tenia una rugiente erección.

Sonriendo con gracia, Karen se detuvo en la siguiente mesa para conversar con una pareja, acepto el abrazo de estos y luego cogió a la pequeña de estos en brazos. Ella sonrió y beso la frente de la pequeña.

Ver aquel gesto de cariño hizo que Albert se estremeciera. Se trago una emoción que solo podía calificar como anhelo puro. Santo Dios, era un deseo imposible. Que a Karen le gustaran los niños, no quería decir que ella quisiera tener uno propio. Además aunque Karen resultara tener mucho instinto maternal, no era lo que él necesitaba.

Albert pudo ver que no era el único que la observaba. A no menos de dos metros de ella, George la miraba sin pestañar.

¿Qué habrían hecho durante la tarde? Si era lo que Albert temía, la culpa era suya ¿Acaso no la había apartado con su comportamiento? ¿Por qué demonios no se había limitado a disfrutar de una semana de sexo elemental?

Porque lo que había entre ellos no tenia nada de elemental. No podía tocarla y no sentir nada.

Y eso lo asustaba.

Alguien le hizo señal desde la distancia. Era Candy que le brindaba una sonrisa indecisa.

"Esta embarazada"


Se que me he portado pésimo con las actualizaciones, pero ya me voy a poner al corriente con todo... Mil perdones.