Capitulo 9

Una vez se hizo con las llaves, Albert se inclino sobre ella y la tomo en brazos, sorprendiendo a Karen.

-¿Q-qué…?- farfullo.- ¿Qué estás haciendo?-

Él introdujo la llave y abrió la puerta. Se detuvo frente al panel de control para que Karen desconectara la alarma. Una vez parado el pitillo, la llevo hasta la sala de estar, donde la dejo en el mullido sofá. Cogió una manta y las puso sobre sus piernas.

-¿Estás bien?-

-Estoy más cansada de lo que pensaba- murmuro. De hecho estaba segura que se quedaría dormida antes que pudiera quitarse la ropa. Pero si pasaba la noche con el vestido puesto lo estropearía.

Gimiendo, intento levantarse. Pero Albert se lo impidió tumbándola nuevamente en el sofá, sin fuerzas para resistirse, se reclino sobre los cojines.

-No vas a ningún sitio-

-Tengo que desvestirme, desmaquillarme- dijo con ánimos

-Puede ser, pero no ahora. Dame 5 minutos. Quédate ahí, prometo que no tardare-

-De acuerdo- estaba demasiado cansada para discutir.

Lo oyó alejarse mientras cerraba los ojos. Lo siguiente que supo fue que Albert la sacudía con suavidad

-¿Karen?-

Se había quedado dormida sobre el sofá. Entonces el olor a comida inundo sus fosas nasales, haciendo rugir su estomago. Abrió los ojos y se encontró con un plato con huevos, tostadas, frutas y yogurt.

Antes que pudiera abrir la boca, él le puso el plato sobre el regazo y le lanzo una mirada severa.

-Vas a comer algo. Además no quiero que vuelvas a pasar otro día sin comer o dormir. Abre bien la boca-

-Puedo comer sola- Karen intento coger el tenedor, pero él lo alcanzó primero.

-Estoy seguro de que lo has hecho desde que cumpliste el año. Pero así me siento menos culpable por no haberte dejado comer y dormir. Déjame a mí.

Karen sentía ganas de llorar. Él haría muy feliz a alguna mujer, algún día. Pero no sería ella.

-¿Karen?-

Demasiado cansada para discutir, abrió la boca. Cuando el plato estuvo vacío, Albert le puso el pelo detrás de la oreja.

-¿Quieres comer algo más?-

Karen se puso la mano en el estomago.

-Estoy llena-

Albert le brindo una tierna sonrisa. Que fácil resultaba enamorarse de él…y que estúpido.

Al intentar levantarse se tambaleo. Albert miro a sus pies y negando con la cabeza se arrodillo y le quito los zapatos. "Ahhhh…." El placer fue casi orgásmico. Karen no se había dado cuenta de cuánto le dolían los pies.

Antes que pudiera decir algo, Albert la tomaba nuevamente entre sus brazos.

-Puedo andar- protesto ella.

-Si, pero no es necesario. Conecta la alarma- pasaron nuevamente frente al panel de control, para que Karen digitara el código. Una vez hecho esto, subió con ella las escaleras.

-Peso demasiado para esto- insistió ella.

Albert se rio.

-Llevarte en brazos de un lado para otro es como cargar con un niño pequeño-

"Miente, pero es tan tierno…" Karen sonrió y cerró los ojos disfrutando de la cercanía. Aquello era el paraíso, pero acabaría pagándolo con los trocitos de su corazón.

Albert se giro y se hundió en la cómoda cama. Había un muy agradable olor, como a manzanas y canela. "Mmmm…" A su lado sentía un cálido cuerpo. Este estaba relajado, como solo lo permitía la confianza absoluta. Movió su mano tentativamente y se encontró con una exuberante cadera bajo los dedos. Pero su erección matutina le estaba exigiendo tocar mucho más.

El deseo, la ansiedad y la confusión estaban haciendo mella en él. ¿Qué había pasado el día anterior? Despertó después de haber mantenido unas relaciones sexuales increíbles, se da cuenta que Karen no está con él en la cama. Ella no respondió a sus llamados, haciéndolo sentir muy inquieto. Cuando poco después la encuentra en el restaurant, ella estaba entre los brazos de George, y Albert sintió tantos celos, que comenzó a ver rojo.

Existían varias razones por las que no entendía su propia reacción. La principal era que no le había mentido a Karen cuando le dijo que creía improbable que se hubiera acostado con George. Le había llevado su tiempo llegar a esa conclusión, pero sabía que era verdad.

Lo que no lograba comprender era porque le importaba tanto con quien se metiera Karen. Recordaba todas las relaciones que mantuvo durante los últimos seis años, la mayoría a tres bandas, y jamás había sentido ganas de agarrar a la chica y dejársela para sí mismo. Sin embargo ahora era un impulso incontrolable.

"Los celos solo aparecen cuando se tiene sentimientos hacia la mujer"

Terry había hablado de sentimientos y Albert solo tenía unos pocos días para averiguar qué hacer con ellos. No era probable que volviera a ver a Karen después de esa semana. ¿Por qué dejarla entrar a su vida, cuando no tenía cabida en el futuro que había imaginado? Pero al mismo tiempo, necesitaba estar dentro de ella para no volverse loco. Su mayor problema, era en realidad, que le gustaba mucho Karen, como mujer como persona. Y lo que había entre ellos no era solo sexo.

Peor aún, la noche anterior él había sentido un extraño placer al hacerse cargo de ella. Cuando él se hubiera ido ¿Quién se encargaría de ella?

George

¡Santo Dios! Solo nombrar a aquel gorila le corroía por dentro. Cerró los ojos con fuerza. De repente, ella rodo lentamente hacia él abriendo los ojos. Tenía una mirada somnolienta y los ojos manchados por la sombra negra del rímel. Se veía tan vulnerable.

En cuanto lo vio, Karen aparto la mirada con expresión de pánico.

-¿Qué ha pasado?-

Maldición, se volvía a alejar, cuando lo que Albert quería, era todo lo contrario, quería que se fundiera en sus brazos, que le ofreciera los labios.

Albert le acaricio el hombro para tranquilizarla.

-Nada ¿recuerdas que estabas cansada y que te di de cenar?-

De inmediato ella se ruborizo y asintió con la cabeza.

-De tu mano-

Él sonrió.

-Sí, luego te traje a la cama en brazos. Te quedaste dormida en cuanto comencé a subir las escaleras-

Ella se cubrió la cara con las manos, y lo miraba entre los dedos.

-¿En serio?-

Albert asintió

-Si, como un tronco. Mascullaste algo sobre que no querías arruinar tu vestido, así que te lo quite, y te metí a la cama- dijo con naturalidad.

Karen retorció el gesto.

-Pero, me desnudaste del todo-

-No sé lo que usas para dormir... Y me gusta verte así- dijo levantando los hombros.

Ella puso los ojos en braco y soltó un suspiro.

-¿Qué hora es?... Oh- Karen miro el reloj y maldijo por lo bajo. Diez y dieciocho. Los dos estaban tan cansados, que durmieron más de nueve horas.- Tengo que estar en el restaurant a las doce. Los demás llegaran alrededor de las dos.

-Bien, entonces tenemos tiempo-

-¿Para qué?- dijo entrecerrando los ojos

Él apretó su cuerpo contra el de ella. No había ninguna duda de que él la deseaba. Pero la expresión de Karen decía que lo último en que pensaba, era en sexo. Además aun había temas que tratar.

-En primer lugar, para desayunar- le aseguro

-¿Y que más?-

-Cualquier cosa que se nos ocurra-

Ella se sentó en la cama, envuelta en las sabanas.

-Vamos a ahorrarnos tiempo y saliva. Contéstame una pregunta. ¿Qué hay entre nosotros?- dijo señalándose mutuamente.

"Eso era ser directa" Albert admiro el coraje de Karen al preguntar lo que realmente quería saber y no tomar un camino mas fácil.

-No lo sé- le respondió con sinceridad.- Lo único que se, es que me gustas, que te deseo, y que solo imaginarte con George me vuelve loco de celos-

Ella hizo una pausa, mirándolo seriamente.

-¿No te suele ocurrir?-

Albert negó con la cabeza.

-Ok... Yo tampoco suelo mantener... relaciones- admitió ella.

-¿No sueles involucrarte sentimentalmente?-

Karen rodeo las rodillas con los brazos y las apretó contra el pecho.

-Me cuesta confiar en la gente. No suelo intimar con los hombres- le lanzo una mirada de advertencia.- Esta es mi casa, se supone que es mi lugar de retiro, mi refugio zen, de ahí el color de las paredes, las fotografías en blanco y negro. Cuando vengo aquí es para relajarme, para evadirme, no para follar.

Si no entendía mal, ella le estaba diciendo que jamás había llevado a otro hombre a su hogar. Pero ¿Cómo encajaban George y las llaves? ¿Seria solo una cuestión profesional? El hecho de que hubiera roto su propia regla con él decía mucho de sus sentimientos hacia él. Una cosa que hacía que su pecho se llenara de regocijo, y que lo aterrorizaba.

-¿Cuál es la razón para que no te involucres emocionalmente?- sabía por experiencia, que las emociones hacían que el sexo fuera más intenso. Era la razón por la que le gustaba sentir algo por sus parejas.

-Por lo que te mencione anteriormente, me cuesta confiar y además es menos complicado. No creo en los finales felices. Todas las noches veo el club lleno de hombres casados que darían lo que fuera por acostarse con alguna de las chicas o conmigo, sin pensar por un momento en sus esposas- esbozo una amarga sonrisa.- Ahora mismo. ¿No tienes a nadie que esté esperando? No soy estúpida, Albert. No quiero acabar con el corazón roto.

¿Fue por eso por lo que salió sin despedirse la mañana anterior?¿Por qué se vio afectada emocionalmente?¿Por qué le agradaba tanto esa idea?

-¿a dónde nos conduce todo esto?- susurro él

-Si fuéramos listos, lo dejaríamos hasta aquí-

No. Él no estaba preparado para dejarla. Y a pesar de lo triste que ella parecía, tampoco era lo que ella deseaba.

Albert acorto las distancias y rozo su boca con la suya.

-No creo que pueda comportarme de forma inteligente en nada en lo que estés implicada-

Noto que ella contenía el aliento, y le deslizo los labios por el cuello, notando como palpitaba su pulso.

-Albert...- Karen puso una mano en su hombro.

Albert estaba seguro de que tenía las intenciones de separarlos, sin embargo, lo acerco mas.

Santo cielo ¿Qué le hacia esa mujer? Cuando estaba con ella perdía la cabeza. O peor todavía, el corazón.

Karen se puso de rodillas a su lado y lo empujo hasta que cayó de espaldas sobre la cama. Albert se dejo hacer, gimiendo cuando ella arranco la sabana y se coloco encima de él, depositando un rastro de besos ardientes sobre su pecho. Volvió a jugar con sus tetillas, era algo que lo volvía loco, maldita sea ya estaba tan duro como se podía esperar.

Cuando ella deslizo su mano sobre su abdomen y le rodeo el miembro con los dedos, él soltó un grito.

-¿Te gusta que haga esto?- pregunto ella, mientras acariciaba la longitud con la punta de los dedos.

-Mierda... siii-

-Todos te consideran un hombre muy controlado. Un perfecto caballero- se rio.- Pero en la cama distas mucho de eso.

Una vez más le acaricio de arriba abajo, apretándolo, haciéndole arder donde le tocaba. Cuando le paso el pulgar por el glande, Albert arqueo la espalda y abrió mucho los ojos.

"¡Jesús!"

Karen le dio un nuevo significado al placer. Estaba seguro que cada gota de sangre de su cuerpo, estaba cumulado entre sus piernas. La presión era vehemente y cada roce era otra sensación sobre las que ya sentía.

Entonces ella comenzó a deslizarse hacia abajo, besándole en el intertanto.

-Esa no es una buena idea- mascullo él

Pero le enredo los dedos en el pelo, guiándola directamente a su miembro.

Al primer roce de su boca, el deseo se descontrolo. Apretó los dientes.

-Oh Dios mío-

Mirarla. Tenía que verla. Albert no quería perderse ni un momento mientras sentía su boca sobre él. Ella movió las pestañas. Y aquellos ojos vivaces lo golpearon en el pecho. Aquella dulce, dulce boca, abierta para él. La vio sacar la lengua un poco para lamer el glande. Entonces ella gimió y se humedeció los labios. Él perdía la razón.

-Chúpamela- le ordeno.- Métela en tu boca y succiónamela.

Pero Karen se limito a arquear las cejas y lamerle los testículos, deslizando los dedos hacia arriba y hacia abajo por la rígida longitud. Albert se vio atravesado por una nueva sensación, era como si alimentaran una hoguera con gasolina.

-No me des órdenes. Si te la chupo será como y cuando yo quiera-

Albert le dio un tirón en el pelo. Karen se estaba burlado de él, y eso no era una buena idea. Se tenso mientras trataba de controlarse. Pero ella deslizo su lengua por su miembro otra vez, y le rozo el sensible glande con los dientes. El gimió de placer, nunca había sentido un placer tan doloroso... Maldición...

Se agarro el pene y lo condujo a la boca de Karen.

-Chúpamela, ya- le ordeno con voz apremiante y tensa. Ya se disculparía mas tarde. Ahora mismo necesitaba sentir su húmeda boca.

En el momento que ella curvo la lengua en torno a su miembro, Albert contuvo el aliento. Una urgente necesidad le atravesó, el deseo lo consumía, mientras Karen movía la cabeza.

Lo introdujo hasta el fondo de su garganta antes de comenzar a succionar con fuerza. Albert casi perdió el sentido. Ella repasaba su lengua por el glande, mientras le enterraba las uñas en los muslos. Estaba llevándolo al los límites del aguante y del control. Maldita sea, solo treinta segundos y ya estaba a punto de estallar. Albert comenzó a jadear. Le tiro del pelo, intentando detenerla. Santo Dios, no iba a ser capaz de resistir mucho más.

Pero no estaba dispuesto a correrse en su boca. Lo haría en su sexo. Tenía que ser allí. Se había convertido en su lugar favorito. A pesar de lo mucho que le gustaba su boca y de que no podía esperar para volver a probar ese culo... necesitaba estar dentro de su parte más femenina, haciéndola alcanzar un orgasmo tras otro.

Pero antes, le daría una cucharada de su propia medicina.

La aparto de su pene con un sonoro "pop" Ella intento tomarle otra vez gimiendo de frustración.

-No he terminado- gruño

-Por ahora sí. Es mi turno-

La tumbo en la cama colocándose entre sus muslos.

-¡Albert!- protesto ella

Él no se molesto en responderle. El olor de su almizclada esencia lo envolvió, haciendo más grande su deseo por probarla. La sujeto por las caderas, levanto la cabeza, deslizando la lengua por los empapados pliegues de su sexo, buscando el clítoris. Estaba mojado, hinchado, duro..."Perfecto"

Cuando lo succionó entre los labios, ella emitió un agudo gemido y se agarro del cabecero de la cama. Albert sonrió y paso la lengua por el nudo de terminaciones nerviosas.

-Oh Dios mío… Albert!...- jadeo.- ¡Si, así! ¡Más de prisa!... No puedo…

Le rozó el clítoris con los dientes suavemente, con la presión suficiente, para demostrarle que si podía. Ella alcanzo el éxtasis al instante, gritando de placer. Fue el sonido más dulce que hubiera oído Albert jamás. Siempre le había gustado dejar saciadas a sus parejas, pero ahora era tan gratificante como frustrante. Increíble.

Albert paladeo los fluidos que brotaban de su cuerpo. Sin duda los iba a necesitar más tarde. Pero por ahora, él quería más en su lengua. Mucho más.

Inmovilizándola con una mano en su cadera, deslizo la otra por el interior de sus muslos, hasta introducir un dedo en su interior. El calor de Karen lo envolvió de inmediato, sus paredes aun latían por el clímax.

-No quiero más jueguitos, te quiero dentro de una vez-

No, no hasta que ella estuviera preparada, y no antes de poder derribar aquel muro que había erigido entre ellos. La quería completamente rendida ante él.

Albert no perdió el tiempo en palabras. Sumergió los dedos en el interior con un giro de muñeca. Unos segundos y unas caricias después, encontró aquel lugar suave y sensible, lo froto sin misericordia, mientras buscaba nuevamente el clítoris con la boca.

Ella se quedo sin respiración, se aferro a las sabanas, arqueándose para intentar atenuar las sensaciones.

Albert notaba en los dedos y en la lengua que la carne de Karen todavía se hinchaba y humedecía más. Ella comenzó a jadear y a gemir con fuerza.

-¡Albert! Ohhh Alb… Por favor. Es demasiado… demasiado fuert… Ahhhh-

En ese momento él quería proporcionarle el tipo de placer que la devastaría, que destrozaría cualquier tipo de resistencia para siempre.

Capturo el clítoris con la lengua, como si fuera un caramelo, haciéndolo rodar de arriba abajo. Ella tenía los músculos tensos y cerró los puños en el cabecero, envuelta en el frenesí, mientras sus pliegues se hinchaban todavía más. Albert se aparto por un momento para poder observar su sexo. ¡Sí! La carne latía pidiendo satisfacción.

Ella respiro hondo durante ese momento de alivio hasta que aquella dolorosa y estremecedora sensación la envolvió y exigió la liberación.

Entonces grito.

-¡Albert!-

-No quiero detenerme, ¿y tú?-

-No… Por favor, no…-

Fue todo lo que él necesito. Sonriendo ampliamente, volvió a sujetar el clítoris entre los labios y a succionarlos. La trabajo con lengua y dientes, chupando hasta que el cuerpo de Karen se tenso por completo, comenzando a correrse y gritando de una manera salvaje.

Albert se sintió lleno de satisfacción. Le encantaba aquello.

Pero todavía no había acabado con ella.

Se deslizo sobre su cuerpo, y le separo más las piernas, dirigiendo su pene anhelante con la otra mano.

-¡Un momento!- jadeo ella, intentando recobrar el aliento.-¿Y el condón? Ya se nos olvido una vez…-

Albert vacilo

-Estoy sano- dijo finalmente.

-Yo también, pero no estoy tomando la pil…-

Albert se incorporo y cubrió su boca con la suya. No había necesidad de dejarla terminar la frase. No importaba, no quería pensar en ese tema y mucho menos confesar su esterilidad. Quizás debería ponerse un condón, pero entrar en Karen sin protección era una experiencia sublime.

Por un segundo Karen se opuso al beso, pero Albert continuo devorándola hasta que ella se unió a él, derritiéndose, y moviendo su boca con la misma intensidad.

Penetrarla esta vez fue un poco más fácil, pero no del todo. Era tan ardiente y devastadora como esperaba. La fricción de sus carnes lo hizo emitir un gemido desgarrador. Albert apretó los dientes para no explotar. Alejar aquella frenética sensación resulto aun mas difícil cuando Karen se contorsiono bajo él.

Era asombroso, jodidamente asombroso.

-¿Te gusta?-

Karen gimió en respuesta. Él sonrió, retirándose lentamente.

Cuando volvió a penetrarla hasta el fondo, el placer le hizo hervir la sangre, provocando que su pene comenzara a latir. Era un éxtasis completamente abrumador. La deseaba de manera insaciable e indiscutible. Le había hecho alcanzar un deseo tan profundo, que esperaba no convertirse en un títere. Dejo ese pensamiento de lado, en ese momento lo único que quería, era que Karen se corriera otra vez. Aquello no era negociable, a pesar de lo mucho que él necesitaba llegar al orgasmo.

Apretando las caderas contra ella, comenzó a embestirla con envites fuertes y profundos, enterrándose por completo en su interior, ardiendo y sintiendo como ella latía en torno a su miembro. Un empuje tras otro, cada vez más rudo, cada vez más rápido. El sexo no era solo sexo. Era algo intenso e increíble. Contener el place se hizo más difícil con cada estocada, mientras el cuerpo de Karen latía.

-¡Sí!- grito, arqueando su cuerpo hacia él.- ¡Albert… Oh Dios mío!.-

Oírla gritar su nombre le hizo perder por completo el control, el calor que lo envolvía le hizo entrar en combustión. Pero aun así, se prometió que Karen se perdería con él.

Como pudo, él tomo el sensible pezón de Karen con su boca y succiono. Ella arqueo su cuerpo levantándolo de la cama, acercando más su pecho a la lengua de Albert.

Allí contra su piel él susurro:

-Córrete…

Karen gemía y gritaba sin control. Por su parte a Albert le hormigueaba la espalda. Tenía los testículos tensos. Además que Karen tenia apresado su sexo, ordeñándole con las con sus contracciones. Albert se aferro a ella, llenándola lo más profundamente posible, explotando e inundando el sexo de Karen.

Se dejo caer sobre ella, disfrutando de los latidos de Karen, le paso la mano de arriba a bajo por uno de sus costados, tranquilizándola.

-¿Estás bien cariño?-

Ella asintió con la cabeza, para luego empujarlo un poco, invitándolo a abandonarla. Luego rodo en la cama, para sentarse al borde de esta.

-Genial.-

Ella sonaba más bien agotada y confundida, y él no podía olvidar sus últimas palabras, esas que habían salido de su boca antes que la sedujera ¿debían poner fin a lo que había entre ellos?

Ahora, existían pocas probabilidades de que eso ocurriera. Albert no había acabado con ella. No lograba sacársela de la cabeza. Pero ella estaba intentando escapar, dejando claro que si Albert tenía intenciones de volver a acostarse con ellas en los días que quedaban, tendría que esforzarse. Su mente ya barajaba varias ideas para conseguirlo. E iba a disfrutar con ello.


En el interior del Bonheur, el personal de cocina estaba recogiendo los últimos servicios. Karen había recorrido el local durante toda la noche, tanto el comedor como el patio. Asegurándose que todo estuviera perfecto y los clientes satisfechos. Miro el reloj, faltaban diez minutos para cerrar las puertas.

Durante esos diez minutos, así como hizo durante toda la noche, la buscaba con la mirada y le hacía tiernas preguntas respecto de su bienestar. Tanta ternura le destrozaría el corazón.

Necesitaba unos minutos para sí misma. Tenía que volver a colocar la armadura en su lugar, para poder sostener sus miradas.

Cerró la puerta de su oficina, encendió la luz y respiro hondo. Albert la deslumbraba cada vez más. Era intenso y exigente, pero tenía un lado tierno, ella lo había visto, pero había algo más. Algo lo atormentaba profundamente y Karen no podía adivinar que era.

Trato de desviar sus pensamientos al local, si todo salía bien haría algunos cambios, nombraría a alguna de las chicas, a la más responsable, como su ayudante o quizás como su gerente. Por un momento también pensó en su madre y en que pensaría si pudiera ver sus logros… Pero ya no importaba su madre había muerto.

Se acerco al mullido sillón que estaba detrás del escritorio y lo giro para poder sentarse y hundirse en él y… Soltó un grito agudo.


Por fin pude terminar este cap… Como comente en otra historia mi pc murió, pero ya tengo una lap desde la que estoy trabajando a full para subir nuevos capítulos de todas las historias que tengo pendientes :S

Gracias por leer