Capitulo 10
"Puta"
Las letras rojas y grandes resaltaban en el sombrío papel blanco que alguien había clavado en el asiento de piel del sillón de oficina.
"Mierda"
Había más palabras escritas flotando ante sus ojos. Karen se es tremeció y se apoyó en la mesa, intentando no mover nada, y leyó:
«Fornicas con el cocinero. Con un cuchillo como éste me asegu raré de que jamás vuelvas a tentar a un hombre.»
Karen se estremeció. El acosador la seguía. Aquello era lo que más miedo le daba. Aquella persona estaba bien informada de su re lación con Albert. Una mujer despechada no usaba esas técnicas de intimidación. Entonces, descartando la posibilidad de que fuera una mujer celosa, ¿quién le estaría haciendo eso? ¿Y por qué?
Un momento después, Albert entró corriendo en la oficina. La miró a la cara mientras la sujetaba por los hombros.
-¿Qué ha pasado?-
Ella bajó la vista hasta el asiento en un gesto elocuente que él si guió con la mirada. Un segundo más tarde, la furiosa voz de Albert inundaba la estancia haciéndola estremecer. La violencia que flotaba en el aire llenaba el pequeño espacio sin ventanas. El acosador se había colado en la oficina esa noche para amenazarla. Por tercera vez. Albert parecía dispuesto a matar a alguien.
-Tenemos que descubrir quién es. Cada vez se muestra más sá dico y descarado-
-De acuerdo-
-Llamaré a Jimmy-
Albert la miraba con el ceño fruncido.
-¿Realmente está haciendo algo para atrapar a este pervertido? ¿Te ha dicho algo? ¿Ha hecho algún progreso en la investigación?-
-Ni siquiera tiene los resultados de las pruebas que encontró en mi coche, así qué...-
Después de soltar otra sarta de maldiciones, Albert volvió la mi rada hacia la puerta abierta.
-¿Y George?-
-Él tampoco tiene ninguna teoría al respecto- respondió Karen
-No. Me refiero a que si has pensado que podría ser él quien está detrás de todo esto-
«¿Qué?» Había contratado a George para mantener alejados del club a todos los indeseables y protegerla mientras estuviera allí. El guardaespaldas siempre había ido más allá del deber y revoloteaba a su alrededor en cualquier momento, casi como si fuera un novio posesivo. Aquello había funcionado bien. Desde que George trabajaba para ella, hacía poco menos de un par de meses, ya no ocurrían he chos desagradables en el despacho o el dormitorio del club, como encontrarse allí con un hombre desnudo o a un presunto violador.
-George no haría esto-
-¿Quién más está celoso de nuestra relación?- pregunto con sarcasmo.
Pero vamos a ver... ¿aquello era una relación o sólo se dedicaban a follar?
«Veamos, es un cocinero famoso a nivel nacional y, dejando a un lado la última noche, te considera básicamente una prostituta, ¿tú qué crees?»
-Podrían haberlo hecho muchas personas - señaló ella con molestia.- In cluido Primpton; ya has visto lo loco que está. Incluso podría ser Peter. Me han dicho que anoche preguntó por mí en el club y que se cabreó mucho al enterarse de que no aparecería por allí. Al pare cer exigió mi presencia de inmediato-
-¿Has visto a alguno de los dos aquí esta noche?-
Ella negó con la cabeza.
-Pero no me he fijado en todos los asistentes. No conozco a todos los clientes, podría ser cualquiera que haya frecuentado el club y le haya dado por pensar que soy suya o algo por el estilo. No me ha ocurrido nunca, pero sé de chicas a las que sí les ha pasado-
-Creo que lo primero que deberíamos hacer sería descartar a los sospechosos más evidentes- Albert tragó saliva y en su cara apareció una mirada aguda y determinada.-Te juro que como sea yo quien atrape al mamón que está haciéndote esto, la policía tendrá mucha suerte si queda algo para identificarlo-
Karen se lo quedó mirando fijamente. ¿Por qué estaba Albert tan preocupado? Vale, puede que no le gustara ver cómo amenazaban a ninguna mujer, pero...
-Esto no me gusta nada, pero lo cierto es que, hasta el mo mento, el acosador no ha hecho nada salvo amenazarme. Y, si Dios quiere, no hará nada más-
Albert frunció los labios y le dirigió una mirada sombría.
-Yo no apostaría por ello; va por ti. Llama a Jimmy, tiene que saber que esto no se trata ya de una jugarreta-
George se detuvo en ese momento en la puerta.
-Lo siento. Estaba en el baño- Miró primero a Karen y luego a Albert.- ¿Qué demonios pasa?-
¿Sería posible que George estuviera haciendo eso porque se había negado a acostarse con él? ¿Estaría tan obsesionado con ella?
Karen descartó la sospecha casi al instante. Él siempre había in tentando ayudarla y se había ocupado de su seguridad. Había tenido un montón de oportunidades para quedarse a solas con ella y no había hecho nada para lastimarla o ponerla en peligro.
«Pero, ¿quién, salvo él, tiene la certeza de que te acuestas con Albert?»
-Ven, míralo tú mismo -le dijo ella finalmente, alejándose del sillón. Karen observó su expresión, estudiando si parecía sorpren dido... o amenazador.
Él rodeó el escritorio; parecía algo incómodo y fuera de lugar, con la camisa medio abierta y la corbata color borgoña desanudada. Se había quitado la chaqueta del traje hacía ya un buen rato debido al calor.
Albert miró el sillón con atención. Se puso rígido cuando vio la nota. Se acercó más para leerla y comenzó a maldecir sonoramente.
-Como atrape a ese hijo de perra lo voy a matar-
-Vaya, estupendo. Albert ha dicho lo mismo. Entonces van los dos a la cárcel y me tendré que ocupar yo sola del siguiente perver tido- dijo molesta
Albert y George se miraron. No parecían creer que habían coincidido en algo.
-Llama a Jimmy- le ordenó George.- Quiero hablar con ese imbécil perezoso-
-¿Siempre hace su trabajo con tanta desidia? -preguntó Albert.
Fue Karen quien respondió.
-No está acostumbrado a que yo le dé problemas. Se ocupa de otras cosas, como detener a vendedores de droga, ladrones y vándalos. Gente más a su alcance. No está acostumbrado a tener que realizar investigaciones-
-Voy a ocuparme de esto yo mismo- declaró Albert, sacando el móvil del bolsillo y dirigiéndose hacia la puerta del despacho.
-¿A quién estás llamando? -le preguntó Karen.
Él no respondió.
Mascullando por lo bajo sobre lo difíciles que eran los hombres, lo siguió.
-¿Adónde vas?-inquirió George.
La respuesta pareció interesar a Albert, que se dio la vuelta y se la quedó mirando, bloqueando la puerta.
La sobrecarga de testosterona era tan potente que podía estallar en cualquier momento. Ojalá pudiera embotellarla. Todas las muje res del mundo pagarían una millonada por sentirse tan ridículamente femeninas.
Ignorando ese pensamiento tan tonto, miró con atención detrás de Albert, al pasillo en penumbra, frustrada por la falta de visión.
-Tengo que despedirme de los últimos clientes, acompañarles a la puerta y darles las gracias por venir-
-Yo lo haré- El ofrecimiento de Albert pareció más una orden.- Quédate aquí y llama a Jimmy.
-¡Son mis clientes!- grito
-Se comieron lo que yo preparé. No voy a enredarme en jueguecitos semánticos cuando tu seguridad está en juego- Entonces clavó los ojos en George, lanzándole una mirada de advertencia.- Ocúpate de que se quede aquí y protégela. Te juro por Dios que, como le toques un solo pelo de la cabeza, te partiré el cráneo en dos y cocinaré tus sesos con coñac mientras todavía te late el cora zón-
George lanzó un gruñido.
-¿Alguien más se ha dado cuenta de que Karen vivía tranquila hasta que tú apareciste? Todo iba como la seda hasta que te entro metiste en su vida y lo jodiste todo-.
-¿No estás demasiado celoso? ¿Acaso no soportas verme con ella?-le desafió Albert.
"Oh, Santo Dios"
-¿Pueden ser capaces de contenerse diez minutos más? Cuando el restaurante esté cerrado y el aparcamiento vacío, poden salir ahí fuera y solventar sus diferencias a puñetazos-
Albert la miró fijamente. Luego clavó los ojos en George.
-Ahora vuelvo-
En cuanto se fue, la desaprobación de George resonó en el tenso silencio.
-No lo comprendo. Si lo echaras, las amenazas desaparecerían-
-Puede que sí, puede que no-
Él negó con la cabeza.
-Seguro. Pero le dejas quedarse. En tu casa. ¡En tu cama! Puede que sólo haya trabajado para ti un par de meses, pero sé que no eres de las que se acuestan con cualquiera y tampoco vas entregando tu corazón. ¿Le... amas?-
Ella parpadeó ante la pregunta. ¿Había hablado alguna vez George de sentimientos? Casi nunca, al menos antes de que Albert llegara. ¿Estaría realmente celoso?
Karen vaciló. Pensó en mentir. Pero si fuera él quien quería ha cerle daño, castigarla, ¿por qué no lo había hecho ya?
Finalmente, se obligó a sostenerle la mirada.
-Sí -susurró.
Y aquí otro capítulo y espero subir otro más, si Dios quiere esta semana… Como dije antes ahora si espero poder poner todas las historias al día
Saludos gracias por leer.
