Renuncia: Todo a Kohske.
In my life
«Though I know I'll never lose affection
for people and things that went before
I know I'll often stop and think about them
In my life, I'll love you more».
The Beatles.
Sus momentos de intimidad máxima son cuando está él dormido entre sus brazos, y jamás arrullado por la muerte. A veces Connie no duerme; queda susurrando palabras dulzonas y llantos enternecedores entre sus heridas, curándolo de viejas pesadillas que ella jamás conoció. Lo besa con temor y con las manos pálidas perdidas entre las sábanas, buscando un poco de consuelo en su soledad.
Es la noche helada que los abriga, temblorosos.
Y es cuando Marco abre los ojos en que el silencio sepulcral se extingue, y Connie ha de entonarle mil sonrisas para que él se guarde, exponiéndose al mundo salvaje que se vuelve el enemigo de ambos. Son casi dos filántropos, que se guardan, con temor, de la crueldad sucia bajo las garras de quienes los aguardan.
Lo cierto es que Marco le teme a los cielos grisáceos de los callejones y solo está Connie y su voz temblorosa para calmarlo. Incluso lo está cuidando cuando la encierran en su propio abismo y siente un ardor en el dedo, luego en su mano, luego en el brazo. Y entonces: «Él es mío, no dejaré que lo toquen».
Aún se está enamorando de sus miradas caóticas y dulces cuando lo recuerda dormirse entre sus brazos, y la sonrisa de él es suficiente para que ella sea monstruo o humana. Y Connie susurra cantos para que él se duerma, pero lo hace con señales con sus manos, y aunque él no comprenda ella ríe, enternecida, y lo besa para salvarlo de sus pesadillas.
Sus momentos de intimidad máxima son cuando ambos lloran contra la oscuridad, y son dos amantes perdidos en su felicidad de tres segundos.
La lluvia cae afuera y antes que él se tenga que marchar, una vez le susurró: «Cántame hasta que me duerma, Connie». Ella entona, muda, y desvía el rostro para no llorar. De repente aquella imagen nostálgica se borra cuando está muriendo, sola.
La muerte les llega temprano, sin dejarlos siquiera dormir.
Connie, en lugar de cantar, susurra, moribunda:
«Amor mío, sabrás cuánto te he amado».
(amor, anoche me vi obligada a morir).
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