Era la tercera semana, desde que se había mudado desde su amable y cálido Kioto, para conquistar el grande y salvaje Tokio, y es que una vez decidida ni sus padres pudieron convencerle de desistir en iniciar por el camino más complicado, que es: reinventarte a ti misma y comenzar de cero, los días habían sido lluviosos y las jornadas largas, pero Shizuru no podía estar más feliz; había estado buscando tiempo antes de mudarse, el lugar idóneo para empezar con su despacho de abogados y después de tanta búsqueda, había encontrado el lugar que pintaba como "perfecto", hacía más de una semana que había estado trabajando en la preparación de su nuevo local, para dejarlo en el mejor de los estados, siendo una Fujino ya tenía algunos clientes esperando sus servicios a quienes aún no había atendido propiamente, siempre citándolos en lugares diferentes, pero hoy, finalmente y después de batallar, hoy quedaría listo su lugar.

Después de detenerse en la cafetería de camino por su té, Shizuru no tardó en llegar, abrió con entusiasmo la puerta dejando entrar el frío de las heladas calles de Tokio, se quitó su bufanda colocándola en el perchero de la recepción y echó un vistazo, orgullosa de su creación.

—A trabajar — Dijo aún más contenta, si eso era posible.

El día más que tratar con clientes, trató con personal que requeriría para trabajar en su oficina, como la recepcionista y un auxiliar, posteriormente y si todo salía bien, habría alguna ampliación y tendría más colegas abogados.

Las horas pasaron y con ello la noche se hizo presente, Shizuru salía de la oficina cuando recibió una llamada a su celular.

— Muy buenas noches, señorita Shizuru, espero no haber llamado demasiado tarde —

— Mai san, para nada, siempre es un placer hablar contigo, además hiciste un excelente trabajo consiguiendo este lugar, con tan esplendida renta. —

— Tuvimos algo de suerte, el lugar es de una antigua amiga que decidió rentarlo después de no hallarle mejor uso —

— Definitivamente buena suerte, es una señal — platicaba animada Shizuru mientras tomaba su bolso y cerraba la oficina.

— Bueno, precisamente te hablé para saber cómo marcharon las cosas ¿Tuviste algún inconveniente con la instalación? —

— En lo absoluto Mai san, todo ha estado fenomenal —

— Es bueno oír eso, ya tengo todos los papeles del contrato del arrendamiento listos, te los envié por correo escaneados y mañana te estaré enviando los originales —

— Eso suena fantástico —Shizuru comenzó a caminar rumbo a su departamento que quedaba justo a unas cuantas cuadras de su despacho.

— Shizuru san, recuerda que cualquier cosa que necesites estoy para ayudarte, cualquier cosa me llamas ¿De acuerdo? —

— Mai san sí cuida de sus clientes, claro que sí. Que tengas buena noche —

— Buena noche — Shizuru colgó el teléfono, pero antes de poder meterlo en su bolsa se le resbaló de las manos cayendo al suelo y rodando sobre la acera. — ¡Oh vaya! — rápidamente camino hasta donde había quedado su celular, lo levanto y examino el daño, después de sacudirlo y comprobar que no había sido grave, Shizuru vio un local que curiosamente no recordaba, aunque pasaba por ahí todos los días desde su mudanza.

— Una librería — Shizuru sonrió imaginándose en su departamento tomando el té y leyendo un buen libro.

Cómo eran pasadas las ocho treinta, Shizuru dudó de que estuviera todavía abierta, pero al colocar su mano en la puerta del local, esta se abrió fácilmente, emitiendo un sonido la campana que estaba dispuesta en la parte de arriba.

— Está cerrado — Escucho una voz femenina decir, pero no vio a nadie, probablemente estuviera detrás del mostrador.

— ¡Oh disculpe! — Contesto un poco decepcionada — ¿A qué hora abren mañana? —

— No quiero desilusionarte — Le contestó la misma voz. — Mañana ya no abriremos, contestó de nuevo la voz sin dejarse ver la persona que hablaba.

— Muy bien — Contestó para salir del lugar rápidamente, sería una noche sólo de té.

Al día siguiente Shizuru hizo si rutina habitual, pasó por su bebida a la cafetería y camino hacia su trabajo, pero en su paso vislumbro la librería de nueva cuenta, ahora con la luz del día la pudo detallar mejor, era un local agradable un poco escondido de la mirada de los transeúntes, lo cual era algo irónico pensaba Shizuru, la puerta era grande de madera con vitral en el centro y la fachada estaba cubierta de piedra, dándole un estilo medieval. Como eran las siete de la mañana dudaba que se encontrara abierto, es más después de la extraña respuesta que recibiera cuando había entrado anoche, dudaba que volviera a abrir.

Desde afuera, por las ventanas se podía apreciar que el acervo de libros era vasto, de nuevo Shizuru se sintió un poco decepcionada de no poder entrar, apostaba que al entrar sentiría el olor natural a libros y eso siempre le había gustado, se acercó a la ventana principal y con sus dos manos cerca de su rostro, trato de ver si había alguien dentro.

— ¿puedo llamar a la policía sabes? — Escuchó una voz detrás de ella.

— Ara disculpa — Contestó volteándose rápidamente y sonriendo a la extraña.

— Nao — Le dijo extendiéndole la mano — Todavía no abrimos.

— Mucho gusto, mi nombre es Shizuru y pensé que ya no abrirían, es sólo que tenía muchas ganas de encontrar un libro para poder entretenerme. —

— Bueno, ya ha pasado algo de tiempo ¿Sabes?. Supongo que no habrá ningún problema con la cachorra. —

La mujer de nombre Nao, que tenía cabellos rojos como el fuego y ojos de color verde lima saco un juego de llaves de su amplio bolso, lo insertó en la cerradura y por fin, el paraíso se abrió para Shizuru; demasiados estantes estaban frente a ella y estaba segura que podría pasar el día entero buscando entre ellos, su acompañante la sacó de su ensimismamiento cuando dejo pesadamente su bolso en el mostrador donde había una antigua máquina de cobrar, todo combinaba a la perfección, la luz media y el estilo antiguo, Shizuru estaba simplemente fascinada.

— Este lugar es hermoso. — le comentó emocionada.

— Sí, supongo — Le contestó Nao poco convencida y con cara de pensar lo contrario, la observó un rato como extrañada y luego continuó. — Harías buena pareja con la cachorra si este lugar te gusta tanto.

— ¿La cachorra? — Preguntó Shizuru extrañada del sobrenombre.

— Sí, ella es la dueña del lugar, lo cuida más que otra cosa. — Señaló el local para enfatizar su punto. — Aunque si fuera yo, ya lo hubiera vendido. —

Shizuru se quedó un tanto sorprendida con la nueva información, reconociendo que está persona no era la dueña de la voz que el día de ayer le hubiera contestado al entrar a la librería.

— Pensé que tú eras la dueña — Nao la miró como si estuviera loca — Entonces eres la encargada. —

Nao rio de buena gana.

— Ni en mil años — Las dos quedaron calladas un momento, siendo Nao la primera en romper el silencio. — Digamos que el tener las llaves de este lugar es un pequeño secreto, y tenías tantas ganas de entrar… que bueno, que puedo decir, soy una buena persona. —

Shizuru se quedó todavía un tanto impactada, esta persona se debía de llevar muy bien con la dueña del lugar, pero aun así no se sentía bien estar ahí sin el debido consentimiento.

—Ara, realmente te lo agradezco, creo que regresaré más tarde por un libro. — Le dijo sonriendo y despidiéndose.

— ¡Espera! — Le dijo Nao deteniéndola — Sólo… tengo una corazonada, espera aquí. — Nao le dijo con una sonrisa un poco pícara y después desapareció entre los estantes, regresando al poco tiempo con un libro entre las manos, el cual tenía notables rasgos de uso.

— Veamos si este te gusta. — Le extendió un libro que Shizuru no había leído, lo tomó un poco dudosa.

—¿No se molestará la dueña? — Pregunto incierta.

— ¡Qué va! A ella le encanta compartir sus libros. — Le dijo sonriendo.

— ¡Muy bien! — Shizuru tomó agradecida el libro en calidad de préstamo y se dirigió a sus labores diarias.