Todo parecía como un recuerdo, uno que has tenido desde mucho tiempo, era como si las imágenes cantaran una canción que sólo ella podía entender y escuchar, era como estar en una película, una de horror.

Shizuru se podía ver entre árboles en una noche que, aunque propiamente no lo sentía sabía que era fría, demasiado fría para ser natural, de entre los enormes árboles se divisaban las montañas y asomada en un surco, estaba la luna, todo estaba tranquilo, mas de repente dentro de la oscuridad pudo escuchar un aullido feroz e intimidante, entonces… Frente a ella un gigante lobo plateado con ojos rojos, ojos que prometían una muerte segura.

Shizuru se levantó de su cama faltándole aire y bañada en sudor, aferrándose a las sábanas como si su vida dependiera de ello, mirando a todos los rincones de su habitación oscura sin poder reconocerla; hubieron de pasar unos minutos para que la mente de Shizuru entendiera que estaba segura en su cuarto y no en algún tenebroso bosque, después de recuperar un poco de aire Shizuru hubo de levantarse de su cama en busca de algo de agua, estaba sudando y tenía resecos los labios, cuando entró a la cocina pudo ver la luz de su refrigerador iluminando el piso por donde caminaba descalza; Shizuru se detuvo en seco y asiéndose a la pared anduvo sigilosamente al llegar el refrigerador pudo ver que la puerta de este, estaba abierta solo un poco, pensando que quizás ella la había dejado abierta se acercó para poder tomar su bebida.

— ¡Vaya, bonito lugar! —

Shizuru brincó como un gato miedoso llevándose una mano al pecho y girando hacia donde escuchó la voz, sus ojos no podían creer, pero frente a ella estaba la pelirroja que tantas preguntas había traído a su vida.

— Creo que estoy alucinando — Dijo Shizuru llevándose una mano a la frente para comprobar si no tenía fiebre. Nao se le quedó viendo divertida

— ¿Qué pasa? ¿No te da gusto verme? — Preguntó Nao acercándose un poco, en la oscuridad Shizuru no la podía ver completamente.

Tengo que estar soñando — Trato de convencerse nada tenía sentido en su vida de unos días para acá. Nao la miró como adivinándole el pensamiento.

— Supongo que esto realmente es muy raro para ti, créeme también lo fue para mí, a pesar de que yo recordaba todo — Nao se bajó de un brinco de la tabla de la cocina done estaba sentada, Shizuru dio un paso hacia atrás — Tranquila no quiero hacerte daño, ya no. — Nao tuvo la decencia de dejar de avanzar hacia ella y desviar la mirada como recordando algo, después se apoyó de la misma tabla de la cocina con sus brazos, y fijando su vista a la luna resplandeciente continuó.

— Sé que no será fácil, pero sé que lo lograrás, pero por ahora debo de despedirme — Sus blancos dientes resplandecieron en la oscuridad — Y recuerda visitar la librería, debes visitar la librería. —

Shizuru comenzó a notar como su alrededor adquiría un aspecto acuoso, el piso de su cocina se volvía turbio como ondas en el agua y los alrededores se comenzaban a derretir, esto de verdad no podía estar sucediendo, una campana fuerte comenzó a sonar en la noche y Shizuru tuvo que cubrirse los oídos por el estruendo.

Tiiick Tiiiick — Shizuru de repente se despertó con la alarma de su celular el cual indicaba que eran las 7:30 de la mañana, aunque parecía como que no hubiese dormido nada, se sentó en su cama llevándose su mano a la cabeza que le latía fuertemente y dobló una rodilla mientras se sostenía con el brazo contrario para mantener balance. Shizuru apenas recordaba su sueño de anoche, pero sabía que había sido extraño, luego le llegó un recuerdo, algo del sueño cuando estaba en el bosque con el lobo gigante era una escena muy parecida que había leído en el primer libro que Nao le había dado en esa librería ahora lo conectaba, seguramente había quedado en su memoria colándose en sus sueños, pero nada explicaba que hubiera soñado con ella. Shizuru sentía como su dolor de cabeza aumentaba cada que trataba de encontrarle una explicación así que decidió levantarse y alistarse para su trabajo.

— Bueno días — Saludaba un joven hombre detrás del mostrador donde se tomaban las ordenes de comida — Bienvenida señorita, tome asiento por favor ¿Gusta ver la carta? — Decía el joven sonriente mientras mostraba en una mano una espátula y en la otra la carta.

— Ara sólo me gustaría ordenar un ramen — Shizuru contestaba fatigada.

— ¡Un ramen a la orden! — Gritaba el joven y Shizuru utilizó toda su resistencia para no llevarse sus manos a los oídos. — Vaya seguro que se ve cansada, no se preocupe nuestro ramen lo cura todo, bueno casi. — Le sonreía el muchacho que, si bien trataba de ser amable, había simplemente algo en él que no le agradaba a Shizuru.

— Sabe estoy sorprendido. — Le dijo mientras tomaba una posición de perfil y acercándose a donde estaba ella. — Me sorprende verla aquí. — Shizuru que hasta ese momento hacia todo para ignorarlo levanto la vista. — Es decir, no llega gente nueva a este lugar en específico. — Shizuru lo miró aún más extrañada y aunque no tenía ganas de entablar conversación el comentario le pareció ridículo.

— Es Tokio, estoy segura que mucha gente nueva viene continuamente. — El joven sonrió de esa manera que ya empezaba a colmarle la paciencia. — No a este lugar, no a este lugar. —

El joven se retiró para regresar con su orden humeante y dejarla frente a ella y después se fue sin volver a hablar.

Shizuru caminaba por la calle pensando en todas las cosas que le sucedían últimamente y como todo le parecía algún tipo de conspiración, y si bien sus corazonadas habían probado ser correctas en el pasado, ahora no sentía que podía confiar en sí misma, pensó que hacía mucho, mucho tiempo que no se sentía tan abrumada y desvalida, justo desde que, Shizuru se detuvo pensando cuándo había sido la última vez que se había sentido así ¿En algún momento de su infancia? ¿En la universidad? Espera por qué no recordaba.

— ¡Cielos Disculpa, no vi por donde iba! — Shizuru dejo sus cavilaciones en el momento que chocaba con ella una mujer.

— Natsuki —

— Shizuru — Ambas mujeres se quedaron observándose la una a la otra.

— Vaya parece que el destino quiere juntarnos, muy buenos días Natsuki. — Sonrió Shizuru y Natsuki respondió con un leve sonrojo.

— Buenos días Shizuru, disculpa que te haya chocado. —

— Para nada es una molestia que una joven bella te detenga por la mañana, aunque sea por accidente. —

Natsuki a pesar de estar levemente avergonzada logró esbozar una sonrisa, Shizuru era una persona bien parecida y sus halagos le daban un empujón a su autoestima. Shizuru por su parte no pudo evitar recordar su sueño de la noche anterior y aunque y de manera obvia no se lo contaría a la chica frente a ella, algo había quedado plasmado en su memoria. ¨Ve a la librería¨

— Dime Natsuki, estarás el día de hoy trabajando en tu librería. — Natsuki sonrió más.

— Yo no le llamaría un trabajo, pero sí estaba planeando pasar por allí. —

— En ese caso ¿Puedo pasar a visitarte? Me gustaría comprar un libro y platicar contigo. — Le dijo aplicando un poco de su tono coqueto.

— Eh, por supuesto, allí estaré después de la hora de la comida. —

— Es una cita entonces — Shizuru se dio la vuelta al momento de decirle eso, negándole la oportunidad a Natsuki de debatirle.

Natsuki se quedó pensando mientras veía irse a Shizuru, que sin duda alguna era una mujer muy hermosa y a la vez muy extraña, se rio para sí, inexplicablemente emocionada por la próxima visita a su librería, en realidad quería platicar con ella, estar con ella, aunque hasta el momento hubieran sido encuentros casuales y cortos, siempre le hacía olvidarse de todo lo malo que había pasado. Natsuki dejó de sonreír, en su mente apareció cierta pelirroja, suspiró, al parecer el destino no quería que rehiciera su vida, ya que siempre la imagen de Nao la atormentaba noche y día o hasta en sus sueños, a la vez se sentía culpable por pensar en otra mujer.

Con sus pensamientos tumultuosos Natsuki se dirigió a su departamento que estaba en la parte de arriba de la librería, prendió su computadora y comenzó a trabajar, Natsuki llenaba su tiempo con traducciones completas de libros de varios idiomas era una persona solicitada y su rapidez le permitía tener una agenda holgada, el libro en el que estaba trabajando era de una chica rebelde, su madre la única persona en quien confiaba se hallaba en el hospital en coma desde hacía mucho tiempo ya, era un libro interesante, así que las horas se le irían rápidamente, no podía esperar a ver a Shizuru de nuevo.