Antes de dejar la nueva actualización me gustaría agradecer a todos lo que habéis perdido unos minutos de vuestro tiempo leyendo el primer capítulo, marcándolo como favorito, siguiendo la historia y sobretodo escribiendo un review. Este es el primer fic que escribo así que espero no defraudaros.
Todavía no he acabado de escribir la historia (aunque en mi mente ya tiene un punto final) pero como tengo varios capítulos intentaré actualizar lo antes posible, aunque no pueda ser siempre a diario. Esta vez me han podido las ganas y la emoción así que aquí os dejo el segundo capítulo. ¡Espero que lo disfrutéis!
-Según usted soy la loca que le ha caído encima aunque creo recordar que mi nombre es Regina, Regina Mills
-Pues la verdad es que lo de loca no suena nada mal teniendo en cuenta que me ha arrollado con su bicicleta –dijo mirando el vehículo de la joven, que seguía tirado a su lado
-No me voy a poner a discutir con usted teniendo en cuenta que si mira al suelo verá que está sobre el carril bici –Emma dirigió su mirada al asfalto pero se quedó callada, sin dar su brazo a torcer –aunque lo realmente importante ahora sería mirarle esa herida que tiene en la frente, creo que puede necesitar unos puntos de sutura
La joven levanto sus brazos para posar sus manos en la frente de la rubia pero esta se echó hacia atrás y agarró con sus manos las de la joven, impidiendo que la tocase.
-¿Acaso se cree usted médico doña loca?
La morena elevó su mirada al cielo y suspiró como si estuviese pidiendo paciencia a todos los Dioses
-Pues fíjese que sí me creo médico señorita, desde que me dieron un título que así lo acredita
Emma la miró entrecerrando los ojos y la morena le mantuvo la mirada sin pestañear. Finalmente la rubia separó sus manos y dejó que la joven se acercase más a ella.
-Mi apartamento está aquí al lado, podré curarle esa herida en un momento –dijo sin dejar de examinar la frente
-¿Está usted loca?
-¿Cuándo va a dejar de decirlo?
-No pienso ir a su apartamento…
-Está bien… -la joven se separó de ella y se levantó –puede coger un taxi que la acerque al hospital, la parada está justo ahí –dijo señalando la zona donde se podían ver varios vehículos aparcados
-¿Qué? ¿Piensa dejarme aquí? –preguntó Emma indignada, viendo como la joven se acercaba a levantar su bicicleta – ¿acaso no tienen un juramento de atender a las personas que necesitan su ayuda?
-Yo ya la he atendido señora y le he ofrecido mi casa para poder curarle esa herida pero usted se ha negado –la rubia la miraba con la sorpresa pintada en la cara ante su descaro –soy muy buena profesional pero necesito instrumental para poder atenderla correctamente y usted no quiere venirse conmigo…
Las miradas de las dos jóvenes volvieron a cruzarse en lo que parecía una guerra de poderes. Ninguna parecía querer perder la razón pero el intenso dolor de cabeza hizo a la rubia desviar su mirada claudicando finalmente.
-Está bien, está bien… -dijo soltando un suspiro de derrota ante la sonrisa victoriosa de la morena -¿No piensa ayudar a levantarme? –preguntó malhumorada
Regina le tendió su mano y la ayudó a levantarse despacio
-¿Se encuentra bien? ¿Está mareada? –se preocupó ante el rostro pálido de la mujer
-Pues claro que estoy bien –contestó altiva, separándose de ella -¿Me lleva a su casa o piensa tenerme aquí toda la mañana?
La joven lanzó un suspiró al aire y volvió a rodar los ojos antes de emprender el camino a su casa con la rubia siguiéndole los pasos.
-Aquí es… -Regina abrió la puerta de su apartamento y dejó que la rubia entrase antes que ella –puede sentarse aquí mientras voy a por mi maletín
Emma se sentó en la silla que le había indicado y Regina caminó hasta su habitación. En cuanto entró, cerró la puerta y se apoyó en ella. Le temblaba todo el cuerpo y su corazón latía desbocado desde que se había topado con aquella mujer. El nerviosismo debido al susto del momento se había incrementado al verla herida, y había llegado a su cota más elevada en cuanto la mujer había empezado a hablarle de esa manera. Regina tenía claro que ella no había sido la culpable de ese accidente pero aquella rubia conseguía intimidarla con sus miradas y sus palabras, la dejaba indefensa y sin capacidad de reacción.
-Tranquila Regina, tú no has tenido la culpa –habló al reflejo que dibujaba el espejo –No tenías ni por qué traerla a casa…has sido amable y si vuelve a decir una palabra más alta que otra la echas de casa
Mientras Regina se daba ánimos frente al espejo de su habitación, Emma seguía sentada en la silla que le había ofrecido la morena, observando la estancia que la rodeaba. Sin duda aquel piso no era tan grande como su apartamento pero estaba claro que la señorita Mills no era ninguna muerta de hambre. Desde su posición podía observar un amplio salón, presidido por un enorme piano de cola que llamaría la atención del menos curioso.
Sin pensarlo, la rubia se levantó y se acercó a él despacio, rozando con las yemas de sus dedos las finas teclas blancas.
-Steinway & sons –leyó en alto las letras grabadas en el centro –un lujo que no está al alcance de cualquiera… ¿Quién es usted señorita Mills? –dijo para sí misma
El sonido de su móvil le hizo pegar un pequeño brinco, asustándola por un momento. Se había olvidado completamente de Ruby, seguramente sería ella y estaría preocupada. Colocó rápida los cascos en sus orejas y le dio al botón para atender la llamada.
-Dime Rubs
-¿Dime Rubs? –el gritó de su amiga retronó en sus oídos hasta el punto de que tuvo que quitar uno de los cascos -¿Es lo único que se te ocurre decir? Por Dios Emma ¿Dónde estás? He llamado a David para que recorriese las calles buscándote ¡Me tenías preocupada! Escucho un golpe y luego me dices cosas incoherentes y…
-Calma Rubs, calma –intentó tranquilizarla su amiga, parando su verborrea incontrolada –Estoy bien por Dios…llama a David, no ha pasado nada
-¿Cómo que no ha pasado nada?
-Tuve un pequeño incidente con una loca que me arrolló con su bicicleta pero…
-¿Ya estamos con esas de nuevo?
La voz de la joven a su lado la sorprendió e hizo que se girase para mirarla
-Rubs tengo que dejarte, solo llama a David y dile que todo está bien, en cuanto llegue a la empresa me paso por tu despacho
-¿En serio estás bien? ¡Me has dado un susto tremendo Emma Swan! –volvió a regañarle, pero esta vez dejando ver su verdadera angustia
-Estoy bien sí, luego te cuento
-Está bien…pero vienes a mi oficina en cuanto pises la empresa
-Prometido –dijo antes de colgarle el teléfono
-Siéntese aquí –ordenó la morena separando de nuevo la silla para que se sentase
Emma obedeció sin decir nada más, extrañamente avergonzada de que la joven hubiese escuchado sus palabras. La morena parecía haber cambiado de actitud y estaba bastante más seria.
-Yo quería…
-No necesita disculparse –la interrumpió bastante seca –ahora deje que le mire esa herida
La joven abrió su maletín y sacó unos guantes para cubrir sus manos. Emma giró su cabeza y observó el instrumental de la joven, abriendo sus ojos de manera expresiva.
-¿Es usted hija de Jack el destripador? ¿Piensa clavarme una de esas enormes agujas?
-Señora no le voy a clavar nada –dijo la joven rodando los ojos –ese es el material con el que atiendo a mis caballos…
Emma dio un brinco hacia atrás en su silla y se separó de ella
-¿No es médico? ¿Encima de loca es mentirosa?
-Yo no le he mentido, soy médico, médico veterinario –puntualizó –y deje de llamarme loca
-Ah perfecto, me quedo más tranquila con su aclaración –ironizó Emma -¿Piensa que voy a dejar que una persona que acostumbra a tratar con bestias me toque una herida?
-Hay personas que se parecen bastante a las bestias…no veo la diferencia
-¿Me está llamando bestia? –preguntó la rubia alzando una ceja
-Eso lo ha dicho usted, no yo…y ahora ¿Puede dejar que le cure esa herida? No me gustaría que manchase la alfombra de mi salón con su sangre
Emma la miró estupefacta
-Es usted una descarada sin educación –protestó mientras intentaba levantarse
-Todo lo que usted diga pero por Dios déjeme mirar esa herida –vociferó la joven haciendo que Emma volviese a sentarse de manera casi automática
Regina colocó entonces sus guantes y examinó de nuevo la herida con suma delicadeza.
-Parece un corte superficial, le limpiaré la herida y le colocaré unos Steri-Strips para ayudar a que cierre convenientemente
Emma la miró y asintió sin decir nada más. La joven entonces se acercó a su maletín de nuevo y sacó lo necesario para acabar de curarle la herida.
Mientras lo hacía, Emma levantó su mirada para observarla de cerca. Desde que habían chocado, los nervios y el enfado no le habían permitido observar detalladamente a esa mujer, pero ahora que la tenía a escasos centímetros, la rubia fue consciente de que estaba ante una de las mujeres más bellas que había visto, y eso que era bastante difícil teniendo en cuenta su trabajo.
Pero la belleza de Regina poco tenía que ver con la de las exuberantes mujeres con las que Emma acostumbraba a relacionarse. Aun así, la rubia estaba segura de que podría hacerle sombra a cualquiera de las jóvenes que contrataba para sus campañas publicitarias. Su tez clara parecía suave y delicada, su mirada oscura escondía un brillo que pocas veces había podido observar, y sus labios, surcados por una cicatriz en uno de sus lados, resultaban realmente atrayentes, como una tentación esculpida para que todo aquel que la viese cayera en pecado.
Sin embargo la mujer parecía ajena a todo aquello, como si no fuese consciente del efecto imán que poseía. Concentrada en su trabajo, abrió la boca levemente y su perfecta dentadura mordió el labio por uno de sus lados haciendo que la temperatura corporal de Emma se elevase considerablemente.
En un intento por acallar sus revolucionadas hormonas, la rubia desvió su mirada de los labios de la morena para encontrarse de frente con algo que tampoco había previsto.
-Dios mío –soltó en cuanto sus ojos se clavaron en el generoso escote de la morena
-¿Le he hecho daño? –preguntó Regina preocupada, separándose levemente de ella
-Eh…un poco… -contestó enrojeciendo al instante -pero estoy bien sí eh…
-Ahora mismo acabo –la tranquilizó la joven volviendo a su trabajo
Emma decidió entonces cerrar los ojos, evitando así cualquier posible tentación.
Desde su posición, Regina la miró de reojo, mientras tapaba la herida con un apósito. Aquella rubia parecía ahora un corderito, viéndola así, con los ojos cerrados y el rostro ruborizado, la morena tenía que admitir que era bastante guapa. Pero ¿En qué estaba pensando? ¿Desde cuando se fijaba ella en si una mujer era guapa?
Regina se golpeó mentalmente y se separó de ella mientras se quitaba los guantes.
-Esto ya está –Emma abrió los ojos y observó cómo la morena recogía sus cosas colocando todo de nuevo en el maletín –Creo que debería tomarse un analgésico, si quiere le traigo uno y un poco de agua
-Sí, está bien… -carraspeó mientras se tocaba delicadamente la frente -¿puedo hacer una llamada mientras?
-Sí, claro…siéntase en su casa, voy a recoger esto y ahora mismo vuelvo con el analgésico
Regina cogió su maletín y desapareció por la puerta del salón mientras Emma cogía su móvil y marcaba el número de su amiga.
-¿Ruby? –dijo en cuanto oyó que descolgaba el teléfono
-Por fin Emms… ¿Dónde estás? Mi abuela me ha dicho que aún no has pasado por tu casa
La preocupación era más que evidente en el tono de su amiga y Emma no pudo evitar esbozar una sonrisa. No eran muchos los momentos en los que la rubia recibía muestras de afecto o preocupación, pero Ruby siempre estaba con ella y era lo más cercano a una familia.
-Rubs siento haberte preocupado, de verdad –se disculpó de forma sincera
-¿Me vas a decir ahora qué ha pasado? –preguntó la morena mucho más tranquila que la vez anterior
-He tenido un incidente con una mujer que iba con su bicicleta y me he hecho un pequeño corte en la frente
-Por Dios Emma ¿Estás en el hospital?
-No, no Rubs tranquila –corrió a aclarar la rubia –por suerte la mujer era médico y me ha atendido ella misma, estoy en su casa
-Vaya…qué casualidad ¿no?
-En realidad es veterinaria pero…
-¿Veterinaria? ¿Has dejado que te atendiera una veterinaria? –preguntó su amiga incrédula
-Sí, he dejado que me atendiera y estoy perfectamente Ruby…
-Ya… ¿Está buena no? –Emma no pudo contener una carcajada –Lo sabía…
-Juro que no me di cuenta de eso hasta hace escasos minutos
-Y voy yo y me lo creo…Emma Swan eres de lo peor –bromeó su amiga –y yo aquí culpabilizándome porque te hubiese pasado algo
-¿Culpabilizándote?
-Pues claro Emms…fui yo la que saqué ese tema cuando sé que te pone de los nervios…
-¿Qué tema? –preguntó algo despistada
-El de la herencia y buscar mujer…
-Ah ya…
-Aunque no me vas a decir que no fue gracioso que justo estuviésemos hablando de mujeres que caen del cielo y te apareciese una de golpe –rió su amiga
Emma sin embargo se quedó seria por un instante, observando a la mujer que se movía en la cocina. Sus ojos se dirigieron por un momento hacia su culo y su temperatura interna volvió a elevarse.
-¿Emma?
-¿Sí?
-¿Te has quedado boba o qué?
-No, no…solo…estoy pensando algo… -dijo sin dejar de observar a la mujer que ahora se acercaba a ella con un vaso de agua en las manos
-Uy…qué miedo –bromeó su amiga -¿Me lo vas a contar o qué?
-En cuanto llegue a la empresa…
-¿Vas a tardar mucho? –preguntó intrigada
-Ahora mismo voy a casa a cambiarme y me tienes allí
-Perfecto
-Te tengo que dejar Rubs
La joven morena permanecía a unos pasos de ella y en cuanto vio que colgaba se acercó para darle una pastilla y un vaso de agua que Emma se tomó sin rechistar.
-¿En serio está bien? Me sentiría más tranquila si la acompaño a su casa
-No se preocupe, estoy perfectamente –Emma dio un paso hacia ella y la joven retrocedió separándose de nuevo -¿Puedo hacerle una pregunta indiscreta?
La voz de la rubia sonaba completamente distinta, más ronca y sensual, su actitud había cambiado y Regina dio de nuevo un paso atrás intentando mantener un espacio de seguridad entre ellas, ¿Estaba coqueteando con ella esa mujer?
-Eh sí claro… -contestó algo indecisa
-¿Usa maquillaje? –Regina no esperaba esa pregunta y el desconcierto se reflejó en su cara, momento que aprovechó la rubia para acercarse a ella y rozarle la mejilla con las yemas de sus dedos –tiene una piel perfecta
-Esto…gracias –consiguió articular antes de separarse de ella y romper el contacto -Suelo usar pero ahora no llevo y si me permite...la verdad es que debería irme ya a trabajar... -soltó de manera apurada, casi sin respirar
Emma sonrió ante el evidente nerviosismo de la joven y se acercó a la mesa en la que había estado antes el botiquín de la veterinaria para coger un bolígrafo.
Sin decir nada se acercó de nuevo a la morena y le cogió su mano.
-¿Me permite?
Regina la miró insegura pero ante la sonrisa inocente de la rubia acabó por tenderle la mano.
-¿Qué está haciendo? –cuestionó al ver que empezaba a escribir en ella
-Le daría una tarjeta pero como ve… -dijo señalando su cuerpo –no llevo ninguna encima
Regina, de forma involuntaria, observó el cuerpo de la mujer siendo consciente por primera vez del atuendo que llevaba. Sus mejillas enrojecieron en cuanto sus ojos repasaron los trabajados abdominales que lucían desnudos, justo debajo de la pequeña tela que cubría sus pechos.
La rubia se separó de ella y dejó el bolígrafo sobre la mesa antes de enfilar su camino hacia la puerta, seguida de una más que nerviosa y avergonzada Regina.
-Me gustaría invitarla a cenar o simplemente a un café –dijo a la vez que abría la puerta –para agradecerle lo que ha hecho ya sabe…
Regina estaba muda y, aunque su mente trabajaba a toda velocidad, no era capaz de decir nada coherente.
-Llámeme –volvió a hablar la rubia desde el rellano del apartamento, mientras pulsaba el botón de llamada del ascensor
Las puertas se abrieron y la rubia se internó en él, no sin antes dedicarle una seductora sonrisa a la mujer que seguía plantada en la puerta sin decir absolutamente nada.
-¡Espere! –Soltó recuperando el don de la palabra antes de que las puertas del ascensor se cerrasen -¿Cómo sabré por quién preguntar?
-Solo tiene que mirar su mano
Y dicho esto las puertas del ascensor se cerraron dejando allí a Regina, que no esperó más para hacer lo que le había dicho la rubia.
-Emma Swan… -leyó en alto bajo el número de teléfono –por Dios Regina ¿Qué te ha pasado ahí dentro con esa mujer?
Emma entró en su empresa con paso firme y una sonrisa pintada en la cara. Sus empleados, desde sus puestos de trabajo, la miraban con el mismo temor de cada mañana, evitando cruzarse con ella o con su mirada. Pese a que aquella mañana el mal humor de su jefa parecía haberse esfumado, ninguno fue lo suficientemente valiente para cortar su camino hasta el ascensor privado de dirección.
Al llegar allí, Emma sacó su tarjeta y la pasó por el panel que de inmediato mostró una luz verde.
Las puertas se abrieron y la rubia entró y pulsó en el panel la penúltima planta, justo la que precedía a su despacho. El ascensor empezó a subir y cuando la directora llegó a su destino salió de él con el mismo paso firme, recorriendo los pasillos casi vacíos de aquella planta hasta llegar a la última puerta, que abrió sin llamar.
-¡Emma! –Gritó su amiga levantándose de la silla para acercarse a abrazarla -¿Estás bien? Déjame ver ese corte
-Todo está bien mujer –dijo la joven, poco acostumbrada a muestras de afecto como aquellas –y por cierto deberías felicitarme
-¿Ah sí? ¿Y por qué? Si puede saberse…
-Deberías sentarte porque la noticia es un bombazo
-Venga Emms cuenta ya –protestó la joven curiosa, apoyándose en la mesa que presidía el despacho
-Que la he encontrado Rubs
-¿A quién has encontrado?
-A la candidata perfecta
-¿Cómo…? –preguntó algo descolocada su amiga
-Que me caso Ruby Lucas…me caso en menos de seis meses
La morena pareció algo descolocada por el anuncio pero pronto su rostro dibujó una sonrisa
-¿Y quién se supone que es? Digo…la afortunada…si se le puede llamar así
-Regina Mills querida…ese es su nombre, apúntatelo bien –contestó Emma sonriendo de la misma forma que ella
-¿Debería sacar el champán? –bromeó su amiga
-Deberías preparar todos los papeles porque esa herencia, querida amiga mía, no se me va a escapar…
