Regina aparcó el coche en la plaza que tenía reservada y se quedó durante unos instantes sentada en el asiento con los ojos cerrados, dejándose llevar por la música que seguía sonando a través de los altavoces de su mercedes. Aquella mañana había sido de lo más extraña, no solo por su accidentado encuentro con la señorita Swan sino por la actitud que había tomado esa mujer en su casa. La morena no podía dejar de pensar en ella, en cómo le había hablado durante la despedida, en el leve roce de sus manos, en la intensidad de su mirada…una mirada que parecía esconder demasiadas cosas pese a que sus ojos eran tan claros como las aguas más transparentes del océano.
Dos golpes en la ventanilla de su coche la hicieron salir de su trance pegando un pequeño bote en su asiento. El encargado de los establos la miraba desde el exterior con curiosidad.
-¿Jefa está bien? –escuchó decir al joven a través de la ventana
-Sí, estoy bien –lo tranquilizó mientras apagaba el motor de su coche
El joven abrió la puerta y se la sostuvo mientras ella cogía su bolso y el maletín.
-Robin ¿Cuántas veces te tengo que decir que dejes de llamarme jefa?
La morena cerró el coche con el mando a distancia y se encaminó al edificio central del club con el rubio siguiéndole los pasos.
-Es que yo creo que esto es lo más conveniente…
Regina se paró en seco y el joven la imitó bajando la cabeza y frotándose las manos con nerviosismo
-Yo no soy mi madre Robin –le dijo levantando su barbilla –que para mis padres vuestra relación sea un problema no quiere decir que yo opine lo mismo
-Pero…
-Eres mi cuñado –interrumpió de nuevo –y no me gusta que mis cuñados me traten de usted
-Está bien señori…Regina –se corrigió rápido ante la sonrisa de la morena
-Eso está mejor –la veterinaria emprendió de nuevo la marcha seguida del rubio –ahora dime ¿qué tal está Perla?
-Está perfecta –informó el joven sin ocultar su alegría –hace una hora la hemos sacado al campo y ha caminado sin problemas
-Me alegro…en cuanto acabe de hablar con mi hermana me pasaré a verla
-Zelena está bastante alterada –se atrevió a decir el rubio mientras sus mejillas se teñían de un rojo intenso
-Me lo puedo imaginar…debe estar echando humo…
-Solo se preocupa por ti –intentó justificar a su novia
-Lo sé Robin –rió la morena –y me alegro de que tú estés ahí para preocuparte por ella
El rubio, avergonzado, volvió a bajar la mirada soltando un "gracias" apenas audible.
-¿Nos vemos en los establos en unos minutos? –preguntó la veterinaria antes de abrir las puertas del edificio central
-Allí te espero
El joven se marchó con paso apurado y Regina entró con una sonrisa en el club de hípica Mills. Todos los empleados la saludaban amables y ella devolvía el saludo parándose con algunos para preguntarles por sus vacaciones, por sus hijos o por sus comidas familiares. Pese a ser una de las dueñas de aquellas instalaciones, Regina siempre se mostraba cercana a sus trabajadores, preocupándose no solo por los problemas que pudiesen tener en la empresa sino también por los que cada uno tenía fuera de ella.
Tanto la morena como su hermana Zelena habían crecido entre esas paredes y muchos de aquellos hombres y mujeres las habían visto madurar y desarrollarse tanto personal como profesionalmente. Para ellas aquel lugar era su casa y los que allí trabajaban su familia y desde muy niñas habían aprendido a valorarlos y tratarlos con el respeto que merecían.
Tras subir las dos plantas del edificio Regina llegó a la oficina de su hermana y entró sin anunciarse.
La pelirroja, que caminaba de un lado a otro con su móvil pegado a la oreja se quedó parada en el medio de la estancia fulminando a la morena con sus ojos esmeralda.
-¡Gracias a Dios! Ya está aquí papá –comunicó a la persona con la que hablaba –Sí, sí, no ha pasado nada, acaba de llegar y parece que está bien…sí luego te cuento…sí, hasta luego…
Tras colgar el teléfono y dejarlo sobre la mesa, Zelena se acercó a ella furiosa. Regina cerró los ojos cuando la tuvo a escasos centímetros, esperando recibir una bofetada, pero lo único que sintió fue el cuerpo de su hermana apretándose contra el suyo con verdadera desesperación.
-Zelena, estoy bien –susurró en su oído antes de que la pelirroja se separase de ella
-¡Pues claro que estás bien! –Chilló histérica golpeándole el pecho con la palma de sus manos –Soy yo la que estoy a punto de sufrir un infarto…¿Dónde cojones te habías metido?
-Esta reacción ya me parece más normal –bromeó la morena al ver el repentino cambio de actitud de su hermana
-A mí no me hace gracia… ¿Sabes lo preocupada que estaba? ¡Te he dejado mil mensajes!
-Lo sé…estaba conduciendo y no podía atenderte…
-¿Has estado conduciendo dos horas?
-Ya estoy aquí Zel tranquilízate…
-Sabes que estoy tirando de todo mi autocontrol para no pegarte ¿no? –Regina se echó a reír pero se separó unos pasos de ella por seguridad -¿No me vas a contar lo que ha pasado?
Regina colgó su bolso en el perchero y dejó su maletín en el suelo, luego cogió a su hermana y juntas se sentaron en uno de los sofás del amplio despacho.
-¿Y bien?
-He tenido una mañana algo…complicada… -intentó explicar la morena haciendo una extraña mueca con sus labios
-¡Explícate! –pidió su hermana impaciente
-Atropellé a una mujer con la bicicleta cuando venía de la reunión del conservatorio
-¿Qué? ¿Pero tú estás bien? –se preocupó la pelirroja echando un vistazo a su cuerpo para asegurarse de que no tenía ningún rasguño
-Yo estoy perfectamente, tranquila…aunque la mujer a la que atropellé se hizo un pequeño corte y he tenido que atenderla
-¿Y está bien? No te irá a demandar…
-Pues no lo descarto –bromeó la morena recordando el mal humor que se gastaba aquella mujer –pero creo que puedo estar tranquila…
-¿Y a qué viene esa sonrisita? –indagó la pelirroja al ver el gesto de su hermana
-A que he ido a atropellar a la mujer más borde de todo Boston
-¿Y eso te hace gracia?
Zelena no entendía nada y empezaba a pensar que el accidente había afectado a su hermana más de lo que ella creía.
-Pues sí…porque ha acabado coqueteando conmigo y dándome su número
-¿Qué? –chilló su hermana abriendo los ojos de forma exagerada
-Era un poco rara la verdad, no paraba de llamarme loca y culparme del accidente cuando estaba claro que ella se había cruzado en mi camino y cuando le dije que era veterinaria…
-¿Podemos rebobinar hasta la parte en la que coqueteó contigo? –cuestionó la pelirroja aún sorprendida por el relato
-Fue algo sin importancia Zel, solo me dejó esto –dijo enseñándole la palma de su mano, en donde los números se veían algo borrosos
-No me lo puedo creer –gritó Zelena cogiendo la mano para verlo mejor –Emma Swan… por Dios Regina Mills ¿Has ligado con una mujer?
La pelirroja se levantó emocionada y fue hasta su mesa para coger papel y un bolígrafo. Regina la miraba algo descolocada por su reacción, sin entender muy bien lo que estaba haciendo.
La mayor de las hermanas volvió a sentarse y, cogiendo de nuevo su mano, empezó a apuntar en el papel lo que ponía en ella.
-Emma Swan –leyó en alto –me suena su nombre…
-Pues a mí de nada –dijo su hermana con desgana –además ¿Qué se supone que haces?
-Pues apuntar su nombre y su número antes que de se te borren –contestó su hermana poniendo cara de que era obvio -En cuanto entres en los establos y te pongas a trabajar ya no quedará nada de él
-Pues perfecto... ¿para qué quiero yo su número?
-¿Para llamarla quizás?
-No quiero llamarla Zelena…
-¿Por?
-Para empezar no me gustan las mujeres –argumentó la morena con seriedad –Y aunque me gustasen, esa borde sería la última en la que me fijaría
-Pues yo creo… -dijo su hermana sabionda –que por la sonrisa que pusiste hace escasos minutos esa mujer ya ha llamado tu atención… además, no sabes si te gustan las mujeres porque nunca has estado con una…quizás es por eso que tienes tantos problemas para echarte novio…
-Zelena sabes perfectamente por qué no tengo novio –dijo Regina seria levantándose del sofá
La pelirroja supo entonces que había metido la pata. Estaba tan feliz por el hecho de que su hermana volviese a sonreír por alguien que no había sabido medir sus palabras.
Se levantó del sofá y fue hasta la ventana, donde Regina observaba como los profesores del club impartían las primeras clases a los jóvenes jinetes.
-Lo siento… -se disculpó abrazándola por detrás –a veces no sé ni lo que digo, y esta mañana he estado muy tensa por tu culpa
-¿Eso es una disculpa? –bromeó la morena dejándose abrazar
-Sabes que sí…
El silencio se adueñó por unos momentos de la estancia mientras las dos observaban a través del gran ventanal del despacho como se desarrollaban las primeras horas de trabajo en las instalaciones exteriores.
De pronto la figura de Robin se dejó ver acompañado por varios empleados que cargaban unos cubos con agua. Regina giró lentamente su cuello para pillar a su hermana observando al joven encargado.
-Acabará por gustarles… -dijo refiriéndose a la relación de sus padres con el rubio
-Eso espero…
-Es muy gracioso ver lo nervioso que se pone cuando le digo que me llame por mi nombre –Bromeó la morena
La pelirroja se separó de ella y golpeó su espalda
-¡A trabajar! –dijo sentándose en su silla
-No es justo –protestó la morena –Yo te he contado mi historia y tú nunca me cuentas nada de Robin
-Lo que no es justo, Señorita Mills…es que yo lleve trabajando dos horas y usted ni siquiera se haya dignado a pisar los establos…
Sabiendo que ya no iba a sacar más de esa conversación, Regina decidió hacerle caso a su hermana y ponerse a trabajar. Aún así, la morena no tardaría en darse cuenta de que aquella mañana, por primera vez en mucho tiempo, no era su trabajo lo único que ocupaba espacio en sus pensamientos.
-Así que Regina Mills… ¿Y de dónde se supone que ha salido esa mujer? –preguntó Ruby, que seguía desconcertada –Porque hasta donde yo sé no tenías a nadie pensado cuando te tropezaste con… -la morena se quedó callada y miró a su amiga, que le sonreía sabiendo que ya había encontrado la respuesta que buscaba –No me digas que es la veterinaria…
-La misma –contestó la rubia sin perder la sonrisa
-Pero Emma si no sabes nada de ella –dijo Ruby, que por un momento había creído que su amiga tenía una solución real para el problema –Ni siquiera sabes si es lesbiana ¿Me equivoco?
-Pues sí, te equivocas –contestó ella muy segura –está claro que es lesbiana, aunque no sé si ella lo sabe aún…
Ruby lanzó un largo suspiro y se dejó caer en su silla.
-Por Dios Emma vienes toda emocionada planeando una boda y resulta que no sabes ni si le gustan las mujeres o si está casada
-Sin alianzas –corrió a aclarar rápido, haciéndole ver a su amiga que se había fijado en todos los detalles
-Está bien…pongamos que no está casada, incluso que no tiene novio y supongamos también que le gusten las mujeres, que por otro lado ya sería casualidad… ¿cómo vas a hacer para volver a contactar con ella? ¿Vas a correr todas las mañanas por su puerta esperando volver a ser arroyada por su bicicleta?
Emma se echó a reír en una sonora carcajada pero su amiga parecía hablar totalmente en serio.
Cuando se trataba de apoyar las locuras de la empresaria, Ruby siempre era la primera en unirse a sus planes, pero esa vez, en la que el asunto también involucraba su trabajo como abogada de la rubia, la joven se mostraba un poco más escéptica.
-Ruby ¿Cómo puedes creer que yo no haya pensado en eso? –Cuestionó con su característica altanería –Le he dejado mi número…
-¿Y quién te dice que te va a llamar? –volvió a interrogar su amiga, que actuaba en este caso como abogada del diablo
-Tengo su dirección como plan B –rebatió al momento
La morena suspiro derrotada y colocó los codos sobre la mesa, apoyando la cabeza entre sus manos y recordando aquella famosa frase "si no puedes con el enemigo, únete a él"
-A ver… ¿Y por qué se supone que es la candidata ideal? Cuéntame...
Emma sonrió y se sentó emocionada frente de ella, sabiendo que su amiga había dado por fin la batalla por perdida.
-Es guapa y está buena –empezó a argumentar –lo cual es perfecto porque si quiero enamorarla tendré que acostarme con ella y ya sabes que a mí lo de acostarme con feas…
-No esperaba menos de ti Swan –bromeó su amiga -¿algo más?
-Es lista
-¿Eso no debería ser un problema? –Preguntó la morena frunciendo el ceño –Si es lista podría olerse algo…
-Creo que el término correcto es inteligente –se corrigió la empresaria –es inteligente pero ingenua a la vez
-Y ¿en qué nos beneficia que sea inteligente? –Cuestionó Ruby, que seguía sin entender las intenciones de su amiga
-Ruby, estaremos casadas todo un año, y además tengo claro que será la única mujer con la que me case…
-¿Y?
-Pues que tengo cenas de empresarios casi cada semana, galas benéficas, conciertos…no quiero presentarme con una Barbie que ni siquiera sepa colocar nuestra ciudad en un mapa…
-Bien pensado, me has convencido y sorprendido –rió Ruby ante el discurso de su amiga -¿Algo más que deba saber de esa tal Regina Mills?
-Tiene un Steinway -dijo la empresaria como si hubiese desvelado el mayor secreto de la humanidad
-¿Eso no es una marca de pianos? –preguntó la morena algo confusa
-Ajá…y de las más caras…
-Y ahora me vas a decir que uno de los requisitos fundamentales de tu futura esposa es que le guste la música…
-No, ahí te equivocas…uno de los requisitos fundamentales de mi futura esposa es que tenga dinero
-Y está claro que esta lo tiene…
-Al parecer sí…y si ella tiene dinero no buscará nada en el mío –razonó la rubia –nos casaremos con separación de bienes y en el momento del divorcio ella se irá con lo suyo y yo me quedaré con lo mío, sin perder un duro
-Sin perder un duro pero ganando varios millones –interrumpió su amiga sonriente –en cuanto pase un año la herencia será toda tuya y te podrás divorciar sin problemas
-De eso estás segura ¿no? –Cuestionó Emma –no vaya a ser que luego me tenga que quedar casada para siempre
-Ya te lo he dicho…en la cláusula se especifica claramente que después del año recibirás todo el dinero, lo que hagas después con tu vida ya solo es problema tuyo
-La verdad es que no sé en qué estaba pensando mi tío James cuando escribió su testamento –refunfuñó la joven
-En que dejases tu vida de casanova y sentases cabeza… -bromeó Ruby –o quizás solo quería asegurarse de que no te ibas a quedar sola…
-Yo no estoy sola –protestó la empresaria –te tengo a ti, a Mary, a David, a Granny…
-Eso es verdad…yo nunca te pienso dejar sola, aunque de vez en cuando tengas ideas un tanto locas…
-¿Intenta hacerme la pelota para escaquearse de su trabajo señorita Lucas? –bromeó Emma en un intento por romper el arranque de sinceridad y cariño de su amiga
-¿Tanto se nota? –le siguió ella el juego
-Pues sí…además yo también debería ir a mi despacho, las jefas debemos dar ejemplo…
La rubia se levantó y se dirigió a la puerta.
-¿Nos veremos por lo menos a la hora de comer?
-Dalo por hecho…
Tras despedirse, Emma volvió a montarse en el ascensor y subió a la última planta del edificio, donde la esperaba su secretaria, preparada con la agenda del día.
-En quince minutos tiene la reunión con los coordinadores del evento del mes que viene –anunció corriendo tras ella
-Lo sé Mary y no me trates de usted que estamos solas –rió la rubia mientras entraba en el despacho y colgaba su bolso
-Sabes que si pierdo las formas aquí se me escapará delante del resto de empleados en las reuniones –protestó su amiga cansada de repetirle cada día lo mismo –pero cuéntame ¿Cómo estás? Nos tenías muy preocupadas, Ruby se volvió loca…
-Lo sé, acabo de pasar por su despacho, pero estoy bien, cuando vayamos a comer te lo cuento todo
-Está bien…te he preparado las carpetas para la reunión –dijo la morena de pelo corto señalando las carpetas ordenadas en un lado de la mesa
-Gracias Mary, no sé qué haría sin ti –Emma se sentó y abrió una de ellas –Dame cinco minutos para mirarlo y nos vamos
-Perfecto
La secretaria se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, pero justo cuando estaba a punto de salir, la empresaria volvió a llamarla
-Eh Mary…tengo un trabajo que quiero que hagas
-Lo que usted diga… -la morena se acercó a ella y la miró curiosa
Emma sacó del bolsillo de su chaqueta un pequeño papel y se lo pasó
-¿Qué quieres que haga en esta dirección? –cuestionó tras leerlo
-Quiero que llames a la floristería y que encargues un ramo de rosas –dijo sin separar la vista de los informes -que lo lleven a esa dirección
Mary levantó la cabeza y miró a su amiga entrecerrando los ojos y esbozando una pequeña sonrisa.
-¿Qué me he perdido Emma Swan?
-Lo sabrá en cuanto realice su trabajo correctamente –contestó guiñándole un ojo antes de verla desaparecer por la puerta
Era ya casi mediodía y Zelena se dejaba caer sobre la silla de su despacho tras acabar de revisar el plan de actividades previsto para esa semana. Se masajeó suavemente las sienes e inspeccionó la mesa del despacho en busca de su siguiente tarea. De pronto, la pequeña nota que ella misma había escrito esa mañana llamó su atención y la historia que le había contado Regina volvió a su cabeza.
Cogió la nota y leyó de nuevo el nombre de aquella mujer que había intentado coquetear con su hermana.
-Emma Swan… ¿Por qué me suena tanto tu nombre?
Sin pensárselo volvió a incorporarse frente al ordenador y tecleó rápidamente el nombre en el buscador. Esperó a que la página cargase y en cuanto salieron los resultados abrió los ojos de forma expresiva y lanzó una carcajada.
-Vaya vaya hermanita…menuda puntería tienes…
