Regina entró en el despacho como un huracán, cerró la puerta con un golpe y se dejó caer sobre una de las sillas ante la atenta mirada de su hermana.
-Me ha enviado flores –dijo sin preámbulos ni saludos -¿Te lo puedes creer?
-¿Perdona?
-Que me ha enviado flores, la loca de ayer…
-¿Emma Swan? –preguntó su hermana con una sonrisa traviesa
-Sí, la loca de ayer –recalcó la morena, que no parecía tan contenta con la noticia
Zelena dejó los papeles que tenía entre las manos y se sacó las gafas, apoyando su espalda en el cómodo respaldo de su silla y colocando ambas manos en los reposabrazos.
-Que mona ¿no?
-¿Qué? ¿Cómo que mona? –preguntó Regina malhumorada
-No sé Gina…solo digo que después del numerito que te montó ayer es todo un detalle por su parte disculparse… Porque son para disculparse ¿no? –cuestionó alzando una ceja
-Eso ponía en la nota…que se disculpaba por su comportamiento y me agradecía la atención prestada
-¿Y qué se supone que hay de malo en eso? Yo lo veo un gesto de lo más normal…
-Pues que yo no necesito flores…si ayer se hubiese comportado como una persona normal esto no sería necesario
Zelena entrecerró los ojos examinando a su hermana durante unos segundos.
-¿Qué es lo que pasa de verdad Regina Mills? Tú sabes perfectamente que ha actuado de forma correcta ¿A qué viene todo esto?
Regina pareció hundirse en su asiento ante las preguntas de su hermana. Agachó la mirada y sus mejillas empezaron a colorearse de un rojo intenso.
-Regina… -insistió la pelirroja expectante
-Es la primera vez que me envían flores –dijo por fin avergonzada, casi en un susurro -¿Contenta?
-¿Y? –Cuestionó su hermana echándose a reír –Por Dios Gina no tiene nada de malo…de hecho lo raro es que no las recibas más a menudo…
-Pero me las ha enviado una mujer –dijo recalcando lo obvio
Zelena echó una nueva carcajada haciendo que la morena la fulminase con la mirada.
-Por Dios Regina es que a veces pareces una monja… ¡estamos en el siglo XXI! ¿Quieres que te cuente una cosa? –la voz misteriosa de su hermana hizo que Regina se aproximase a ella por encima de la mesa, gesto que la pelirroja imitó –Hay mujeres a las que les gustan otras mujeres -Regina le golpeó el hombro con fuerza ante la sonora carcajada de la pelirroja –En serio Gina...es que llego a pensar que eres más antigua que mamá…
-No es eso –protestó la morena –Pues claro que sé que hay mujeres a las que les gustan otras mujeres, te recuerdo que vivo en este mundo…pero el caso es que yo no soy una de ellas
-¿Y qué? Que a ti no te guste una mujer no quiere decir que ella no pueda interesarse en ti…además que estamos hablando de unas simples flores de agradecimiento ¿no? No sé por qué le das tanta importancia…
-Yo no le doy importancia…no tengo el más mínimo interés… –dijo haciéndose la desentendida –ese ramo y esa mujer me son del todo indiferentes…
Zelena sonrió ante la actitud de su hermana.
-Bueno…entonces no querrás saber lo que he descubierto de ella claro…
-¿Qué?
-Nada…digo que ayer te comenté que me sonaba de algo su nombre y ya sé de qué…pero como a ti no te interesa…
Regina intentó mantenerse firme en su propósito de olvidarse de aquella mujer, pero no podía negar que desde el incidente del día anterior había pensado en ella más de lo debido. Aquella rubia había llamado su atención, aunque no fuese capaz de reconocerlo.
-¿Y quién se supone que es? –preguntó tras un tiempo prudencial, intentando mantener una postura indiferente
-¿No decías que no querías saberlo?
-No sé…quizás sea una asesina en serie...y te recuerdo que sabe la dirección de mi casa, no sé si debería preocuparme…
-Pues no es una asesina en serie, puedes estar tranquila por eso
-¡Oh vamos Zelena! –Protestó la morena –Dime quién es…
Su hermana se levantó sonriendo victoriosa y caminó hasta el perchero donde estaba colgado su bolso. Introdujo su mano en él y saco un bote de maquillaje que dejó sobre la mesa, frente a la morena. Luego volvió a su asiento y adquirió la misma pose que tenía antes.
Regina la miraba interrogante desde su silla y la pelirroja señaló el bote de maquillaje con la cabeza, pidiéndole silenciosamente que lo cogiera. Regina obedeció soltando un suspiro.
-¿Quieres que me maquille o qué? Porque te advierto que ya lo he hecho en mi casa y que además no tengo ganas de jueguecitos y adivinanzas…
-Lee lo que pone… -Regina la miró escéptica –Lee lo que pone Regina por Dios…
-Perfect…
-¡La marca! –Interrumpió su hermana desesperada
-Swan… ¿Qué pasa con la marca?
Zelena la miró como si fuese obvio. Regina volvió a mirar el bote para luego volver la vista a su hermana y abrir los ojos como platos. Dirigió de nuevo la mirada a las letras doradas y de nuevo a la pelirroja.
-No puede ser… -soltó incrédula –Habrá miles de mujeres con ese apellido…es…estás loca… -dijo con una risa nerviosa
Zelena tecleó en el ordenador y tras unos instantes que para Regina fueron eternos giró la pantalla y le mostró la imagen del buscador a la morena. Esta abrió aún más los ojos y su mandíbula rozó el suelo del despacho.
-No me jodas…
-Emma Swan, directora general de cosméticos Swan…dueña de la empresa y de otras siete más, única heredera de la fortuna de su familia, una de las mujeres más ricas del país y galardonada dos veces con el premio a "empresaria del año" –enumeró la pelirroja ante la cara de estupefacción de la morena –lo sabrías si vinieras a alguna de las cenas a las que nos invitan
Regina parecía seguir en shock. Su mirada estaba fija en aquella foto que se reflejaba en la pantalla. La mujer que se podía ver en ella poco tenía que ver con la que se había encontrado el día anterior, su pelo caía en una melena ondulada sobre sus hombros, su cara estaba maquillada con un toque sutil y natural y sus labios hacían juego con el vestido rojo que cubría su cuerpo hasta los pies. Sin embargo, su mirada clara y su espectacular sonrisa le confirmaban que Zelena no se equivocaba, esa era la rubia del día anterior.
-Y he de añadir que ahora sí me creo toda la historia de que intentara coquetear contigo –siguió comentando su hermana. Regina salió de su estupor y la miró interrogante –no la conozco personalmente pero esa mujer tiene fama de conquistadora, vamos...que si le pagasen por cada mujer con la que se ha acostado ya estaría cotizando en bolsa –bromeó ante la cara seria de su hermana
-¿Y eso te hace gracia? ¿Querías lanzarme a esa mujer sabiendo lo que es?
-Gina no te vuelvas loca…yo no te quería lanzar a nadie –aclaró la pelirroja –yo solo quiero que salgas, que te diviertas por una vez en tu vida, que hagas amigos…
-Está claro que esa mujer no quiere salir de fiesta conmigo ni ser mi amiga, solo le interesa llevarme a su cama
-Pues eres afortunada porque muchas matarían por ello –bromeó Zelena ante la fulminante mirada de su hermana –Gina solo estaba bromeando…lo que digo es que quizás no estaría mal que por un día tu rutina no fuese trabajo, conservatorio, capítulo de Juego de Tronos…
-Ya no veo Juego de tronos –protestó ella
-Porque se han acabado los nuevos episodios…
Regina se echó a reír sabiendo que su hermana tenía razón.
-Dios mío me río por no llorar… -bromeó la morena al descubrir lo triste que parecía su vida en palabras de su hermana
-Cariño… -Zelena se levantó y se sentó al lado de Regina cogiendo sus manos –lo único que quiero es que seas feliz…debes superar de una vez lo que pasó…y si esa Emma Swan te ha invitado a cenar ¿Qué pierdes? Quizás solo quiera tener una amiga…
-¿Una amiga? –Cuestionó Regina incrédula –Zel esa tía está bañada en oro…tendrá cientos de amigos dispuestos a cenar con ella
-Pero tú y yo sabemos que ninguno de esos amigos es verdadero…
-Zelena no voy a cenar con ella… -soltó la morena con un suspiro, cansada de hablar de ese tema
-Está bien, no insisto… ¿Rompemos entonces el número? –dijo levantándose y rodeando de nuevo la mesa para coger el papel
-Sí… -contestó Regina tras unos instantes de vacilación –romperé su número, las flores se marchitarán y no quedará nada que me recuerde el odioso encuentro con esa Emma Swan…
Lo que Regina no podía llegar a intuir en ese momento era que una de las mejores cualidades de la señorita Swan era la persistencia. Así, al día siguiente, la morena volvía a despertarse con un ramo de rosas blancas en la puerta de su casa. Ante aquel despropósito, decidió seguir ignorando a la rubia creyendo que algún día se cansaría, pero durante la semana siguiente la acción volvió a repetirse cada mañana. La morena abría la puerta para ir a trabajar y un ramo de flores distinto la esperaba sobre el felpudo con una nota en la que solo se podían leer las iniciales "ES".
Regina tenía claro que esa mujer estaba completamente loca, pero mentiría si dijese que no le hacía gracia la situación. Por eso, cuando transcurridos los siete días, la morena abrió la puerta y se encontró el felpudo completamente vacío una sonrisa triste se dibujó en su rostro.
Cerró la puerta de su casa con desgana y se subió al ascensor. En cuanto entró en él, el reflejo de su propio rostro la golpeó de frente. Durante esa semana, el espejo del pequeño habitáculo le había devuelto una visión completamente distinta de sí misma, una que casi creía olvidada, sin embargo esa mañana su rostro volvía a ensombrecerse.
-Que tonta eres Mills –se dijo a sí misma -¿Cómo te habías podido ilusionar con esta tontería?
Cuando las puertas se abrieron en el garaje de su edificio, la morena salió arrastrando débilmente sus pies hasta llegar a su plaza de aparcamiento. De pronto sus pasos se detuvieron y sus ojos y su boca se abrieron en igual medida.
-No me lo puedo creer…
La morena avanzó en estado casi catatónico hasta su mercedes y cogió el ramo que descansaba sobre la luna, con la sempiterna nota enganchada en el parabrisas.
-¿Pero qué clase de loca es esta?
Como cada mañana durante aquellos siete días, los sentimientos volvían a encontrarse en el cuerpo de la morena, que se debatía entre echarse a reír por el descaro de la mujer o ponerse a gritar maldiciones por su osadía.
Con ese huracán interno, Regina cogió el ramo y la nota y los lanzó al asiento del copiloto, montándose luego en el coche y saliendo del edificio hacia su trabajo.
Durante la media hora que duraba el trayecto hasta el club, la ira de Regina había ido in crescendo, primero contra la empresaria, luego contra el portero de su edificio y después contra el guardia de seguridad… ¿Cómo habían permitido que alguien entrase hasta el garaje y se pasease por él como Pedro por su casa?
En cuanto llegó al club, aparcó el coche y salió de él cerrando la puerta con fuerza.
-Sea lo que sea tu coche no tiene la culpa…
La voz de su hermana hizo que se girase sobresaltada.
-¿Qué haces tú aquí? –cuestionó de manera brusca
-Ey, ey, tranquila –intentó apaciguarla la pelirroja levantando los brazos –por si no lo sabías trabajo aquí…
-Ya me has entendido… ¿cómo no estás en el despacho?
-Estoy esperando a mamá, viene a desayunar con las snobs de sus amigas…pero cuéntame ¿qué te ha pasado? ¿Por qué vienes así?
-Nada –respondió de forma tajante dándose la vuelta, enfilando su camino hacia los establos
-Apuesto todo mi dinero a que tiene que ver con la señorita Swan…
Ante la mención de ese nombre la morena se paró en seco y se giró crispada.
-Esa mujer es una acosadora con todas las letras Zelena, ¡está completamente loca! Se ha atrevido a dejarme…
De pronto el sonido de la bocina de un coche cortó la conversación haciendo que ambas mujeres se girasen para ver a su madre entrando en el recinto. La mujer de cabellos oscuros salió de su coche escondida tras unas gafas de sol, luciendo una de sus encantadoras sonrisas.
-Si no vengo yo a veros parece que ninguna se acuerda de que tiene una madre –soltó mientras se acercaba a ellas y las unía en un abrazo
-Mamá estuvimos el sábado comiendo en tu casa –rió Zelena separándose de ella
-Y estamos a jueves… -protestó su madre haciéndolas reír –pero venga, contadme ¿Qué tal va todo por aquí?
Las tres mujeres se dirigieron al edificio central mientras las dos jóvenes ponían al tanto de las novedades a su madre.
En cuanto cruzaron las puertas, la joven encargada de la recepción se acercó a ellas sonriente portando un ramo de orquídeas en sus manos.
-Señorita Mills esto ha llegado esta mañana para usted –informó tendiéndole las flores a Regina, que la miraba sorprendida.
-No me lo puedo creer –dijo Zelena echándose a reír
-Por Dios Zelena no tiene gracia
Regina sacó la tarjeta y volvió a descubrir la firma de la señorita Swan impresa en el centro.
-¿Algo que contar querida?
Las dos jóvenes se volvieron hacia su madre como si acabasen de ser conscientes de su presencia. La mujer las miraba con una ceja alzada esperando una explicación.
-Esto… ¿Subimos al despacho? –Propuso Zelena al darse cuenta de que los empleados las miraban con curiosidad
-Será mejor –acordó Regina, que estaba segura de que su madre no se quedaría tranquila hasta conseguir saciar su curiosidad
En cuanto entraron en el despacho, la mayor de las hermanas ocupó su sitio tras la mesa y observó a las mujeres que tenía delante con una sonrisa traviesa.
-¿Y bien? ¿Alguien puede explicarme quien es el hombre que envía flores a mi hija?
Regina se sentó en una de las sillas soltando un largo suspiro y dejó el ramo y la tarjeta sobre la mesa.
-Mamá no es lo que te imaginas…
-¿No? Explícamelo entonces
-Se trata de una mujer que…
-¿Una mujer? –Preguntó Cora abriendo los ojos de forma casi cómica -¿Te está enviando flores una mujer?
-Mamá deja que Regina se explique –intervino Zelena al ver el nerviosismo de su hermana
-Está bien…continúa querida
-¿Recuerdas el día que llegué tarde a trabajar y Zelena no conseguía localizarme?
-Ajá…
-Digamos que tuve un pequeño incidente… -Regina se quedó callada buscando las palabras correctas para narrar la historia sin preocupar a su madre
-Atropelló a una joven que cruzó el carril bici y, como tenía un pequeño rasguño, Regina le hizo unas curas y se aseguró de que estaba bien –intervino de nuevo Zelena intentando ayudar a su hermana pequeña
-Oh…eso…fue muy amable por tu parte cariño –dijo Cora rozando el muslo de la morena de forma cariñosa -¿Pero qué tiene que ver todo esto con el ramo?
-La mujer que me envía flores es la misma a la que atropellé mamá…lo hace solo como un…agradecimiento
Regina estaba completamente roja, sabía que estaba ocultándole información a su madre y el hecho de volver a pensar en Emma Swan hacía que su corazón bombease la sangre más rápido de lo habitual.
Zelena, desde su silla, analizaba el comportamiento de su hermana a punto de echarse a reír y Cora, ajena a los pensamientos de su hija, examinaba el ramo y la tarjeta que seguían sobre la mesa.
-E S –leyó en alto las iniciales –Parece un ramo bastante caro…muchas molestias para un simple rasguño ¿no?
-Digamos que la mujer en cuestión se lo puede permitir…
Regina fulminó de pronto a su hermana mientras Cora la miraba curiosa elevando de nuevo su ceja
-¿A qué te refieres?
-Atropelló a Emma Swan mamá…la de cosméticos Swan
Cora miró a sus dos hijas de forma intermitente con los ojos como platos y luego se echó a reír.
-¿Has atropellado a la señorita Swan?
-Sí mamá, he atropellado a la señorita Swan –contestó Regina con hastío -¿Acaso la conoces?
-Personalmente no, pero dicen que es una mujer con mucho carácter…
-A mí me lo vas a decir… -murmuró la morena entre dientes
-Bueno…me gustaría estar aquí toda la mañana con vosotras pero mis amigas me esperan en el restaurante y me imagino que vosotras dos tendréis mucho trabajo
Cora se levantó y dejó un beso en la frente de cada una de sus hijas caminando luego hacia la puerta. Antes de salir por ella volvió a girarse y miró a Regina, que le daba la espalda con sus ojos fijos en el ramo.
-Gina –la joven giró la cabeza para mirarla –deberías llamar a la señorita Swan para agradecerle el ramo…con esa gente nunca está de más tener una buena relación…
Dicho esto, la matriarca salió del despacho dejando a sus dos hijas con los ojos fijos en el punto por el cual había desaparecido.
-Ay Dios mío esto no me está pasando… -murmuró Regina hundiéndose en su asiento con las mejillas todavía sonrosadas
-Pues a mí todo esto me parece de lo más divertido –rió Zelena – ¡por fin la adrenalina llega a tu vida!
Como si fuesen las palabras mágicas que despiertan a un dragón, la ira se hizo patente en el rostro de la morena, que se levantó de la silla y empezó a caminar de un lado a otro de la sala en círculos.
-¿Te hace mucha gracia no? Pues yo no me lo puedo creer de verdad… ¡No me lo puedo creer! ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué esa loca no me deja en paz? Porque ahora sí estarás de acuerdo conmigo en que es una loca, porque lo que hace no es normal… ¿Acaso es agente del FBI y se sabe toda mi vida? Porque yo no recuerdo haberle dicho nada del club…y aparece aquí el ramo y…
Zelena reía ante la perorata de su hermana, que movía los brazos de manera exagerada como si se hubiese vuelto loca.
-Gina como no te calmes te dará un infarto…
-¡Pues que me dé! ¡No me importa! –Bramó la joven sin dejar de recorrer el despacho –estoy segura de que no faltará la corona de flores de la señorita Swan en mi entierro
Su hermana se echó a reír y se levantó colocándose frente a ella para frenar sus pasos.
-Regina en serio cálmate…
La mirada incendiaria de la morena se clavó en sus ojos esmeralda de forma desafiante.
-Dame su número
-¿Qué?
-Ya me has oído, que me des su número –repitió la morena encolerizada –Voy a llamar a esa Señorita Swan y la pondré en el lugar que se merece…
-Regina ¿Te tengo que recordar que fuiste tú misma la que me pediste hace una semana que rompiese el papel con su número?
La morena suspiró al recordar lo que le decía su hermana y se sentó en el sofá con rostro pensativo.
-Su número tiene que estar en internet…al menos el de su empresa…
-En internet solo encontrarás el número de atención al cliente, no creo que te vayan a pasar con la dueña –Razonó la pelirroja haciendo que Regina suspirase de nuevo –Peero…puede que en la agenda del club tengamos el número de sus oficinas…
Zelena se levantó, caminó hasta su mesa y cogió una pequeña tarjeta que tenía sobre un montón de papeles.
-Pues claro, seguro que… -La pelirroja le mostró la tarjeta con sonrisa victoriosa y Regina pudo leer claramente que pertenecía a la empresa de la señorita Swan -Y ahora me vas a decir que todo esto no estaba preparado –dijo entrecerrando los ojos
-Tenía claro que tarde o temprano iba a llegar este momento…ya sabes que soy una mujer previsora…
-Ya… -la morena arrancó la tarjeta de las manos de su hermana -¿Y por qué no me la has dado desde un principio?
-Porque me encanta ver cómo te tragas tus propias palabras… -soltó sacándole la lengua de forma cómica –Te dejo sola para que puedas hablar con más…intimidad
Regina cogió un bolígrafo dispuesta a lanzárselo pero su hermana fue más rápida y se escabulló de forma ágil dejándola sola en el despacho.
La morena recorrió la estancia examinando la tarjeta que tenía entre las manos, finalmente se sentó en la silla que solía ocupar su hermana y sacó el móvil del bolsillo de su chaqueta. Marcó y borró el número varias veces pensando en si llamarla era la mejor opción. No quería volver a saber nada de aquella mujer, o eso se decía a sí misma, pero no podía evitar recordar el momento en el que esa mañana se había encontrado con el felpudo de su apartamento vacío, la alegría al ver que el ramo se encontraba sobre su coche en el garaje… ¿Qué le pasaba con esa mujer? ¿Acaso llevaba tanto tiempo sola que se estaba aferrando a la primera persona que se interesaba en ella? Porque Emma Swan estaba interesada en ella…o eso parecía… ¿Si no por qué tantos ramos? ¿Por qué esa insistencia?
La cabeza de Regina era un hervidero, pero si algo tenía claro era que si quería solucionar ese asunto, fuese para bien o para mal, todo pasaba por llamar a ese número y hablar con la señorita Swan.
Sin pensárselo más, volvió a teclear en su móvil el número y le dio al botón verde mientras contenía el aliento.
-Buenas soy Regina Mills, me gustaría hablar con Emma Swan…
Emma recorría el despacho repasando en alto el discurso que había preparado para aquella tarde en la universidad de empresariales.
A ella no le gustaban nada ese tipo de eventos, no le gustaba tener que hablar en alto ante una multitud de jóvenes que clavaban los ojos en ella como si fuese una celebridad. Ella era una mujer de acción, a la que le gustaba su trabajo pero no se entusiasmaba con los reconocimientos ni los galardones…su mayor recompensa era recibir el balance de sus empresas al final de mes y que todo el esfuerzo de su trabajo se viera reflejado en las ventas.
Aun así, no había podido rechazar la invitación de la universidad en la que ella misma había estudiado y que le pedía dar el discurso de bienvenida a los nuevos estudiantes. Tenía una imagen que mantener y con eventos como aquellos su popularidad crecía y, por ende, también la de su empresa.
Estaba tan concentrada en sus propias palabras que no escuchó a Mary tocar insistentemente en la puerta de su despacho antes de abrirla y colar su cabeza por el filo.
-Emma tienes una llamada
La rubia se paró en seco y miró a su secretaria, que había recibido orden expresa de no molestarla.
-¿Y se puede saber quién es tan importante?
-Regina Mills –dijo la joven con una sonrisa pícara
-Ajá… -Emma imitó su mueca y avanzó hasta sentarse tras su amplia mesa de cristal –Hazla esperar unos minutos y luego me la pasas por la línea dos
Mary asintió y salió por la puerta dejando a su jefa sola en el despacho. La rubia se pasó la mano por el pelo que lucía suelto esa mañana y colocó su otra mano sobre el teléfono, a la espera de que su secretaria le diese la señal
-Regina Mills por la línea dos –se escuchó antes de que la empresaria pulsase el botón y descolgase el teléfono
Durante unos segundos el silencio reinó en ambos despachos. Regina jugueteaba con su colgante de forma nerviosa pensando seriamente en echarse atrás y colgar el teléfono mientras que Emma permanecía expectante con una sonrisa pintada en la cara.
-Ha tardado demasiado en llamarme señorita Mills…
Regina había tenido varios minutos para pensar lo que decir, había hecho un esquema mental de todas las protestas que tenía contra esa mujer, pero oír su voz ronca a través del teléfono hizo que sus piernas temblasen y su corazón se detuviese por unos instantes.
-Deje de enviarme flores –soltó de forma brusca
Emma ensanchó todavía más su sonrisa y empezó a jugar con uno de sus mechones rubios.
-¿No le han gustado?
-Con las primeras fue más que suficiente, quedó demostrada su gratitud y sus disculpas, no necesito más…
El tono de Regina era seco y cortante, nada que ver con la actitud que había mostrado la joven el día de su primer encuentro, pero lejos de asustar a Emma, lo único que conseguía era llamar más su atención.
-Las otras no fueron por agradecimiento…simplemente quería enviárselas
Las palabras de la empresaria conseguían desestabilizar a la morena, que parecía haberse quedado muda.
-Además así me aseguraba esta llamada, llevo siete días esperándola…
-¿Y se puede saber por qué? –volvió a interrogar Regina con tono intimidante
-Por si no lo recuerda, le había hecho una invitación y usted aún no me ha respondido Regina…
Oír su nombre de labios de aquella mujer hizo que un escalofrío recorriese todo su cuerpo. Pero no podía dejarse llevar de ese modo, no podía mostrar debilidad ante aquella rubia arrogante...
Su mirada vagó por el despacho buscando algo con lo que contraatacar y como si el destino estuviese de su parte, sus ojos se posaron sobre el ramo que ella misma había dejado sobre la mesa.
-Yo no tengo nada que responderle Swan, sin embargo usted sí… ¿Cómo ha sabido donde trabajo? ¿Es usted una delincuente o qué? ¿Cómo ha obtenido esa información?
-Digamos que tengo mis contactos…
Regina a penas conocía a Emma pero por el tono de su voz pudo imaginar perfectamente esa sonrisa altiva que se había formado en el rostro de la rubia en varias ocasiones el día que se conocieron.
-No me gusta que la gente hurgue en mi vida sin mi consentimiento señorita Swan
La amenaza de la mujer llegó totalmente nítida a los oídos de Emma, que sintió sus piernas temblar, más por la excitación de la voz ronca de la morena que por el miedo.
-Sé que ha sido una medida desesperada pero estoy segura de que usted se deshizo de mi número de teléfono y no veía otro modo de que aceptase mi invitación –contestó la rubia manteniendo la compostura
-¿Y cómo cree que voy a aceptar la invitación de una loca que invade mi privacidad? Yo respeto la vida privada de las personas que me rodean señorita Swan y pido que la gente haga lo mismo con la mía…
En ese momento Regina ya había perdido toda la serenidad y volvía a recorrer el despacho de su hermana caminando en círculos. Emma sin embargo permanecía fría, sentada en su sillón con el cuerpo recostado sobre el respaldo, disfrutando de la situación.
-Está bien… -dijo en un tono neutro –le prometo que esta será la última vez que intente hurgar en su vida sin su permiso…y ahora dígame ¿Qué más debo hacer para que me conceda el honor de aceptar mi invitación?
-Deje de enviarme flores… -soltó la morena antes de colgar el teléfono
Emma sonrió pese a que era la primera vez que una mujer le colgaba el teléfono de esa forma. Desde luego Regina Mills era todo un reto, pero Emma adoraba los retos…
Al día siguiente, Regina se encontró su felpudo vacío de nuevo, tampoco en su coche ni en su trabajo encontró el ramo al que ya estaba acostumbrada. Una extraña sensación de vacío se adueñó de su cuerpo, aunque prefería creer que era mejor así, que esa mujer se olvidase de ella y encontrase un nuevo capricho con el que entretenerse.
Estaba en los exteriores del club viendo como los alumnos más jóvenes recibían sus primeras clases de equitación cuando su teléfono vibró en el bolsillo de su chaqueta. Lo sacó de forma apresurada y comprobó que era un mensaje de un número que no conocía. Al abrirlo, una sonrisa tonta se instaló en su rostro aunque no fuese consciente de ello.
"He dejado de enviarle flores, he dejado de entrometerme en su vida privada, ¿qué me dice señorita Mills? ¿Acepta ahora mi invitación?"
