El cielo claro de un pleno invierno cubría todo lo que estaba por encima de la cabeza de Yuuri, en esa ocasión no había nada más que un bosque rodeándolo. Los árboles no eran más que un tronco con ramas abandonadas por cada una de las hojas que en algún momento había adornado su figura de antaño; y aun así esas vacías extensiones se mecían ante el fuerte viento.

De alguna manera podía reconocer el paisaje. Ese lugar llamaba a su mente un recuerdo lejano, tan lejano que ni siquiera le pertenecía al él de esa vida. Pronto se encontró con dos siluetas, protegidas por un muro de robles que formaban un claro.

Tuvo que acercarse más, paso a paso… Y su expresión se pasó de la curiosidad a una de total sorpresa. Una de las siluetas era él, más adulto y con el cabello casi llegando a su nuca. La otra silueta, pertenecía nada más y nada menos que al hombre con el que soñaba regularmente.

Por un momento, su mirada se cruzó con su "yo" pasado, y al parpadear ya no se encontraba observando desde el bosque. Ahora podía ver al albino de frente, podía sentir su tacto frío estrechándolo con una inmensa fuerza, como si no quisiera apartarlo nunca. Intentó hablar, más su voz no salió. Fue allí donde entendió que aquello era un recuerdo, un recuerdo de su otra vida.

Viktor, alguien podría vernos, debes irte ya… —murmuró el azabache con voz suplicante y orbes cristalinos. Desde el momento en que lo había vuelto a encontrar sabía que su final volvería a convertirse en una tragedia.

Es muy pronto, nadie nos vera, te lo aseguro. Déjame disfrutar un poco más de ti —el conde estaba completamente enamorado de esos orbes marrones, que nunca perdían ese brillo tan especial que lo hacía querer vivir —. Solo un poco más… —un leve susurró escapó de sus labios a la vez que los rozabas con la tersa piel del cuello ajeno. Sacó su lengua, dando una lenta lamida, le encantaba la manera en la que se retorcía entre sus brazos.

Es… Espera Viktor, aquí no —sus mejillas se sonrojaron, y su corazón empezó a latir lleno con una emoción incontrolable. Un gemido escapó de sus labios al sentir esos largos y afilados colmillos atravesar su piel.

La sangre del su alma gemela era como siempre la más deliciosa, simplemente no tenía comparación con nada. Ni siquiera esas botellas de la más fina sangre que guardaba en su bodega podían saciarlo como lo hacía el líquido vital perteneciente a Yuuri. Estrechó ese cuerpo nuevamente contra sí, y deslizó su diestra hacia la entrepierna ya despierta del contrario.

Su cuerpo tembló ante el suave tacto ajeno, mucho más cuando este empezaba a acariciarlo por encima de sus ropas —.Ah… ¡Viktor! —intentaba buscar la mejor manera de aferrarse a él, pero el albino parecía indispuesto a dejar que escapara de su fuerte agarre. La diferencia de fuerzas era demasiada, él era un simple humano y el hombre que amaba era un vampiro noble con una personalidad sumamente caprichosa.

Sus labios se curvaron en una leve sonrisa, aquello era perfecto. Incluso si se oponía con palabras, era evidente que el cuerpo de Yuuri estaba disfrutando al máximo de lo que estaba ocurriendo en esos momentos. Siempre que él lo tocaba, se excitaba, ese azabache era demasiado adorable. Con una leve lamida se separó de la blanca piel, dejando apenas un rastro de que sus colmillos estuvieron dentro —Eres realmente adorable, Yuuri~ Déjame escucharte más…

Incluso cuando su mente le pedía que no cayera ante la tentación del mayor; tanto su cuerpo como su corazón la ignoraban completamente, cayendo una y otra vez ante Viktor. Si tan solo no lo amara tanto… —D… Detente… ¡Ah! —tuvo que llevar una de sus manos hacia sus labios para poder contener los gemidos que amenazaban con escapar. ¿Y cómo no? Cuando podía sentir claramente la fría mano ajena acariciar su erección recién liberada de su pantalón.

Yuuri… Vamos, dime que me amas —entrecerró sus orbes celestes, sonriéndole al menor que se estremecía una y otra vez en sus brazos. Ese chico de cabellos negros lo había encantado muchos años atrás cuando lo había encontrado girando entre una lluvia de pétalos rosados. Ahora, unas vidas después, volvía a poder sostenerlo fuertemente contra su pecho. Su diestra continuó recorriendo el miembro ajeno, asegurándose de presionar tanto su base como su glande. Toda su atención era para ese humano.

Con cada nueva caricia se estremecía, e intentaba que su cuerpo no se arqueara… Estaba tan acostumbrado a ese frío tacto, que su cuerpo moría por liberarse —. Te amo… Te amo Viktor — murmuró. Te amo tanto que debo entregarte al mundo que está loco por ti… finalizó para sí mismo. Algún día el albino entendería que ninguno estaba destinado a tener al otro como reflejo

Te amo, Yuuri, por favor, quédate a mi lado… —su voz salió con un tono casi suplicante mientras aumentaba el ritmo de su mano sobre la erección ajena. Un fuerte gemido y la humedad sobre su diestra le anunciaron que el menor había llegado al límite. "Lo siento, lo siento" empezó a disculparse el contrario, a lo que él simplemente dejó escapar una risa y besó la mejilla ajena —. No tienes que disculparte.

Aprovechó la distracción del mayor para sacar un pañuelo y limpiar tanto la mano del vampiro como su miembro. Estaba todo nervioso, por lo que en un par de ocasiones casi deja caer el pañuelo. Su rostro ardía como nunca y su corazón estaba demasiado exaltado para la ocasión. Subió el cierre apenas vio la oportunidad y se volteó con el ceño levemente fruncido hacia el más alto —. No quiero que te metas en problemas con Yakov de nuevo…

No me importa Yakov~ No me importa nadie más que tú, Yuuri, deberías entenderlo de una vez por todas —aseguró, tomando el rostro ajeno entre sus manos y juntando sus frentes —. ¿Por qué luces como si fueses a llorar?

Porque Viktor es querido por muchos, no deberías decir esas cosas. Incluso si yo no estoy, todos seguirán amándote tanto que brillaras entre toda la oscuridad —las mejillas del humano de orbes castaño estaban sonrojadas al igual que la comisura de sus ojos y su nariz. En cualquier momento las lágrimas brotarían.

Pero, yo no quiero ser la luz si no puedo tenerte. Porque tú eres mi reflejo, no puedo simplemente aceptar que huyas de mi lado. ¿No habías dicho que cargarías el odio del mundo para tenerme? —sonrió ampliamente mientras lo observaba ilusionado. El reloj de bolsillo que reposaba en su pantalón era la señal de que su amor perduraría a través del tiempo.

Lo dije, por eso puedo seguir reencarnando una y otra vez para verte, Viktor… —aunque quisiera quedarse con él todo el tiempo del mundo, el destino siempre conspiraba en su contra, sin importar cuántas veces volviese a la vida, el resultado siempre era el mismo. Yo no seré nunca lo suficiente para ti, así que sé un buen vampiro y déjame morir completamente murmuró en su mente con todo el dolor del mundo. Deseaba estar con el noble, estaba dispuesto a abandonar el mundo de los mortales para habitar en las sombras si así le permitían permanecer con su alma gemela. Pero nada de eso resultaba nunca…

Deja de pensarlo Yuuri, eres mío… —sentenció el vampiro, antes de tomar los labios ajenos en un dulce beso, que culminó en la intersección de sus miradas. De alguna manera, se sentía como si esa fuese a ser la última vez que pudiese hacerlo en esa vida.

Yuuri fue expulsado de ese recuerdo, y terminó asomado en una ventana, donde esa misma vida pasada se encontraba desnudo, abrazado a Viktor entre unas amplias sábanas de color rojo. Fuera de la ventana el sol brillaba con levedad, filtrándose entre algunas nubes oscuras, dignas de un invierno en Rusia. Se sintió absorbido, y su vista se volvió nuevamente la de su antecesor.

Duerme bien, Viktor, te amo… —murmuró el azabache, antes de besar la frente del vampiro plácidamente dormido. Se levantó lentamente y se observó en el espejo, su cuerpo estaba cubierto de chupetones. Como siempre el mayor no podía controlarse a la hora de marcarlo como de su propiedad —. Esto es tan vergonzoso… —susurró, antes de vestirse con cuidado, cubriendo nuevamente su pálida y marcada piel.

A paso ligero abandonó el interior de ese enorme castillo con paredes tapizadas y muebles de fina madera. Algunos sirvientes lo veían pasar en silencio y le sonreían con total calma. A excepción de cierto vampiro rubio que estaba justo recostado en el sillón del recibidor con ceño fruncido.

¿A dónde vas, cerdo? No creo que Viktor te haya dado permiso para volver tan temprano a tu aldea —la persona frente a él era el amante del noble que admiraba. No podía creer que su mayor ejemplo a seguir estuviese acostándose con un asqueroso y simple humano.

¡Oh! No me asustes de esa manera, Yurio. Voy a dar un paseo, regresaré más al rato, así que mientras no estoy, cuida de Viktor ¿Bien? —hablaba con prisas, y apenas escuchó un chasqueo de lengua, abandonó el edificio por la puerta principal —. Pude contenerlas hasta salir… —las lágrimas ya habían empezado a rodar por sus mejillas.

Mientras ese humano abandonaba el territorio del poderoso vampiro Nikiforov, el rubio de orbes verdes simplemente observaba la puerta —. Todos sabemos que no volverás, no con esa vida —aseguró con voz suave y chasqueó la lengua. Le parecía patético por parte de Yuuri abandonar a Viktor solamente porque Yakov había envenenado su mente. Si de verdad amaba al de cabellos plateados, debía quedarse con él yendo en contra de todo el mundo. Así debían ser las cosas.

En esa vida, cortaste tus muñecas y te desangraste en el centro del claro que compartíamos juntos. En la siguiente vida, te lanzaste de un acantilado y te ahogaste —empezó a murmurar un Viktor con cabello largo amarrado en una alta coleta. Tenía que admitir que no se veía nada mal.

Yuuri sacudió la cabeza, viendo a ambos lados, el paisaje volvía a cambiar, pero esta vez al parque que solía visitar de camino a su universidad. Estaba en un sueño sin duda alguna.

La primera vez que nos encontramos yo apenas estaba haciéndome un nombre, y tú eras un brujo que usaba las plantas para curar enfermedades. Esa vez tuve que verte morir en la hoguera. En la siguiente en la horca, te he visto morir tantas veces… Y sin embargo, el dolor sigue siendo igual de fuerte. Al principio era "justicia divina" contra un brujo, pero luego tú mismo decidías abandonar mi lado por mi supuesto bien. ¿Por qué no puedes dejar de dudar y quedarte a mi lado para siempre, Yuuri?

Su nombre resonó hasta el momento en el que abrió sus orbes de golpe, incorporándose inmediatamente de la cama —. ¡Viktor! —estiró sus manos, pero la soledad fue la única respuesta que encontró en su habitación. Bajó la mirada, viendo cómo sus lágrimas eran absorbidas por la blanca tela de la almohada. ¿Cómo podía siquiera presentarse frente a ese vampiro? Que había sufrido tanto por él… Y, sin embargo, eso era lo que más deseaba en esos momentos… Quería correr hasta la persona que lo había estado esperando durante tanto tiempo.

¿Estaba bien qué alguien como él le robara a ese hombre a los de su especie? Ahora creía que estaba en lo correcto, en esos momentos pensaba que su yo actual podría hacer feliz a Viktor. No tenía muchos lazos con los humanos, no había a nadie a quien quisiera ver todos los días… Si el albino se lo pedía, lo dejaría todo para estar con él, incluso si eso significaba abandonar la humanidad que lo caracterizaba en cada una de sus vidas.

Por otro lado, su sentido común le exigía que lo pensara, que tal vez debía resignarse a que sus razas simplemente nunca podrían estar juntas… ¿Qué se supone debía hacer en esos momentos? Ahora que lo recordaba, solamente podía tener en su mente a Viktor…

En la mansión de Viktor Nikiforov, el susodicho se encontraba viendo su jardín desde la ventana. En sus labios estaba su tan conocida sonrisa en forma de corazón —. Ahora que has despertado de nuevo, regresa a mí… Esta vez, estoy seguro que no serás influenciado. Muéstrame ese lado de antaño, Yuuri, ese que seguía sus deseos sin pensar en nada más. Déjame ver tu Eros de nuevo —su sonrisa se volvió relajada, y llevó su diestra hacia sus labios. Sorprendería al mundo mostrando el radiante poder de ese chico. No tenía duda alguna de ello.