—Es porque eres la persona más importante en mi mundo, Vicchan. Quiero que poseas todo de mí y me tomes sin ningún remordimiento. Si es de ser envidiado por el mundo, no me importa. Siempre y cuando seas únicamente mío… Volveremos a encontrarnos en cada vida… Incluso si con eso el mundo se vuelve contra nosotros —murmuró Yuuri con sus orbes castaños teñidos por un intenso naranja. Su cabello estaba arreglado hacia atrás y sonreía ladinamente.
Yuuri había despertado en un sueño nuevamente, sabía que la persona que estaba allí era él mismo, con el Eros completamente activado. Pero ¿Qué era el Eros? Era esa la respuesta que su corazón estaba buscando con desesperación en esos momentos. Por eso se mantuvo atento, observando al albino arrodillado frente a su yo del pasado… Se dio cuenta que se encontraban en el enorme jardín de rosas azules de Viktor o por lo menos en el mismo paisaje.
Los enormes rosales se alzaban por encima de las cabezas de los presentes, cubiertos de flores que casi cubrían por completo el color verde de las hojas. Una brisa fuerte soplaba, moviendo tanto las gabardinas como los cabellos de su predecesor y del vampiro que seguía siendo su primer amor. Deseaba interrumpir y decirle al albino que no debía nunca bajar la cabeza ante él, pero era inútil. No podía ser más que un simple espectador durante sus visiones del pasado.
—Tú también eres lo más importante en mi mundo, Yuuri —desde el momento en que se había encontrado con ese hombre de cabellos azabaches, su destino había sido sellado. Se había enamorado del hechicero más fuerte del reino vecino, siendo él un conde que reinaba esa ciudad. Noche tras noche se reunía con el amor de su vida, pero ese día era especial, porque habían hecho una promesa sobre un reloj de bolsillo.
—Sería trágico para todos si no fuese de esa manera, Vicchan —murmuró melosamente mientras le hacía señas con el dedo para que se levantara, apenas estuvo de pie, se guindó a su cuello, aferrándose con suavidad a esa calidez que lo hacía sentir digno de estar vivo —. Ese espejo somos ambos, tú y yo… Si algún día es destruido, ya no podremos encontrarnos nunca más… Por eso debes asegurarte de cuidarlo mucho, te encargaré mi alma Viktor y mientras me ames… Yo volveré una y otra vez a ti, sin importar cuánto tiempo pase.
—No seas tonto, hablas como si fueses a morir —soltó una suave risa, antes de abrazar por la cintura a su amante y besar esos dulces labios. No se sorprendió al ser correspondido y suavemente se aferró a ese cuerpo más pequeño, que encajaba perfectamente en su pecho —. Vamos a estar juntos para siempre, Yuuri, te convertiré en un vampiro y con tu magia podrás darme el heredero que tanto quiero a tu lado ¿No es así?
Inevitablemente soltó una leve risa, claro que iba a morir, un antiguo árbol se lo había susurrado en sus sueños. E incluso cuando quería decirle a Viktor la verdad, no podía, no tenía la fuerza de destruir los sueños de ese hombre que le había dado tantas cosas en un periodo corto de tiempo. Cada día junto al albino era entretenido, divertido… Es más, rogaba para que nunca llegaran a su fin —Claro que sí, usaré cada parte de mí para darte lo que tanto necesitas, a cambio alimentaras tanto como puedas este cuerpo —murmuró, relamiéndose lentamente.
—Tú eros es tan fuerte como siempre, no quiero que nadie te vea en esta forma, me perteneces —tomó el mentón ajeno, y lo elevó con suavidad para tener acceso a su cuello. Sin dudarlo clavó sus colmillos en esa suave piel, encontrándose con su yugular sin problemas. El gemido que arrancó de la garganta de su amante, era la perfección hecha sonido.
—Ah~ Es por tu culpa Viktor… Mientras más amor me das mi magia se vuelve más y más incontrolable… Incluso a veces siento que Eros va a tomar mi cuerpo por completo —sus manos estaban completamente aferradas a los hombros ajenos e intentaba alejar sus caderas de su pareja sin resultado alguno. Sabía que su entrepierna estaba reaccionando completamente debido a esas lascivas atenciones, punzaba, dolía, recordaba que necesitaba del tacto ajeno sobre su cuerpo.
—No va a apoderarse totalmente, el niño que nació con la bendición de un Dios definitivamente debe ser mío —había separado su boca de la piel del azabache para responderle, pero apenas terminó volvió a morderlo, incapaz de dejar que su fuente de alimento se escapara.
—A veces creo que más que una bendición, se ha vuelto una maldición… ¡Ahm! —volvió a gemir con fuerza al sentir la cintura ajena empezar a presionarse contra la suya. Al parecer no era el único que estaba sufriendo de los fuertes efectos de la alimentación del vampiro…
Pero esa era la realidad de su existencia, él había nacido con la bendición de Eros, el Dios del amor entre hombres y la fertilidad. ¿Quién dijo que los hombres no podían concebir? Porque él había causado más de un milagro con esa naturaleza. Desde pequeño había tenido una mano sumamente especial, pues las plantas que tocaba crecían y se llenaban de frutos… Las personas que lo tocaban encontraban el amor y pronto estaban a la espera de un hijo. El único que simplemente no podría ser feliz nunca en el amor era él… Porque así era ese sentimiento… Podía llevar tantas riqueza como pobreza, y al parecer aunque los demás podían ser felices al tocarlo, él era privado de un amor eterno. La vida simplemente no era justa.
En ese momento Yuuri sintió una fuerza extraña que lo empujaba fuera del recuerdo, y se vio cayendo en un abismo oscuro. Estiró sus manos hacia el Viktor del recuerdo, pero por mucho que intentara batallar contra la energía que lo empujaba hacia abajo, simplemente no podía.
Lo necesitaba, quería gritar, patalear, luchar en contra de todo lo que lo envolvía para ser escuchado. Sin embargo, nada salió de sus labios.
Se despertó de golpe, incorporándose en la cama y llevándose las manos al pecho. Con su mirada empezó a buscar el objeto de su ansiedad, y lo encontró: Viktor lo miraba con una expresión desconcertada justo del otro lado de la cama—. ¡Viktor! —inmediatamente buscó aferrarse a él, y este se acercó para que pudiese hacerlo. Poder tocarlo era como un vaso de agua después de haber andado por el desierto durante tres días y dos noches… Había temido por la veracidad de ese sueño que había terminado como una pesadilla…
—Tranquilo… Todo está bien, estoy a tu lado, Yuuri. Estamos juntos… —con suavidad dejó que el menor se acomodara sobre su regazo, con el rostro oculto en su pecho. Se veía terriblemente frágil en esos momentos… Acarició lentamente su cabello, echándolo hacia atrás. Le gustaba tener la visión completa de ese chico que apenas estaba alcanzando la adultez. Lo deseaba, su cuerpo le pedía que reafirmara su amor de la manera más carnal.
—Viktor… No puedes apartarte de mi lado… Quiero ser tan amado por ti como lo fueron todas mis otras vidas… —subió su temblorosa mirada hacia ese rostro tan perfecto que le dedicaba una sonrisa cargada de cariño. Incluso deseando con todo su corazón pertenecerle, el azabache sabía que en algún momento la línea de tiempo en la que estaban juntos desaparecería con una nueva muerte. No sabía el cómo, ni el por qué, pero su corazón se estremecía nada más de pensar que volvería a tener que ver sufrir a Viktor.
—Siempre te he amado tanto como a tus otras vidas, Yuuri… Incluso si comparten alma y recuerdos, cada uno de ustedes ha dejado algo único en mí… Todos son diferentes en algún aspecto… Así que tú también… Ámame como si fuese la primera vez que estamos juntos —aseguró el albino, sonriendo ante el sonrojo que había cubierto el rostro avergonzado de ese adorable japonés. Era el momento ideal, si tomaba el cuerpo de Yuuri podría también hacer el intento de transformarlo… De esa manera sería suyo para siempre…
—De verdad no merezco que Viktor me ame tanto… —con las mejillas y nariz sonrojadas, empezó nuevamente a llorar. Simplemente no podía evitar que las lágrimas aparecieran, él que era tan amado por una persona que era deseada por el mundo entero… Él que no tenía nada de especial, más que una mano con el poder de la fertilidad y el crecimiento… Una persona inútil como él, quería vivir al lado de ese poderoso conde.
—Yo no merezco que Yuuri muera dolorosamente una y otra vez para estar conmigo. Incluso cuando soy yo quién se queda solo y esperando por ti… Tú eres quién sufre el dolor físico, y sin embargo, no te has convertido en un monstruo… —lentamente acarició esas mejillas regordetas, provocando que una suave risa escapara inevitablemente de sus labios—. Vuelve a ser mío… Yo te protegeré de todo, Yuuri, confía en mí…
—Merezco ese dolor y más, por hacer que tú llores… —subió la mirada, encontrándose con esos orbes celestes que parecían abrazar su alma sin necesidad de palabras… Realmente no podía entender qué era lo monstruoso de los habitantes de la noche. Todos los que conocía eran personas comunes con personalidades diferentes, no eran para nada malas personas, por eso, él no odiaba a los vampiros—. Sigo siendo tuyo Viktor, por favor, usa mi cuerpo como más lo desees… —susurró el azabache mientras sus temblorosos dedos jugueteaban con los botones de la blanca camisa de su pareja, había rozado su rostro contra el pecho ajeno, liberándose de las lágrimas que opacaban su mirada.
—Solo debes querer estar conmigo, solamente necesito eso para ser feliz y poder continuar esperando por ti… Justo como ahora —simplemente no podía quitarle la vista de encima al menor, tan dulce y adorable como solamente él podía serlo. Verlo allí, dudando sobre si debía o no continuar, era demasiado excitante—. Te amo Yuuri, te amaré eternamente como es debido —y es que no pensaba permitir que volviera a irse… En algún momento él debía entender que incluso cuando el destino no lo quería, tenían que estar juntos.
—También te amo, Viktor… —era increíble el poder que unas simples palabras podían brindar. Su corazón empezó a acelerarse y de igual manera sintió que su rostro empezaba a arder por la sangre acumulándose en sus mejillas. Aunque no lo podía notar, sus orbes se habían teñido de un tono naranja, y casi por inercia volvió a llevarse los cabellos hacia atrás, esta vez, manteniéndolos de esa forma—. Lo que dure mi vida —corrigió con voz lasciva, antes de sentarse correctamente sobre el regazo del albino.
—Pues deseo que dure eternamente, ¿tan poco importante es mi deseo? —murmuró, dejando que una sonrisa ladina se extendiera por sus labios—. Dime al menos que harás lo imposible por vivir —no le molestaba dejar que el menor fuese a sus anchas al inicio, verlo desabotonar su camisa con seguridad era algo que realmente disfrutaba, sin mencionar el tenerlo sobre sus caderas. Yuuri no era consciente de que lo ponía en un gran aprieto en esos momentos.
—Es realmente importante. Y claro que haré lo imposible para sobrevivir, quiero vivir, quiero que el mundo me envidie por tener al gran conde Nikiforov en mi poder. ¿No es mi Eros lo que te tiene cautivado? —con un murmullo se acercó a los labios ajenos, acariciándolos sensualmente con su lengua. Era increíble la descarga de energía que poco a poco iba acariciando su cuerpo, estaba excitado, quería que ese gran poder solo fuese presenciado por el albino que acariciaba su cintura en esos momentos.
—No es solo tu Eros lo que me vuelve loco, me gusta esa manera inocente en la que me tientas también —definitivamente ese azabache lo tenía en la palma de su mano. Si así lo quisiera, ese mago podría matarlo allí mismo, él no se opondría, no se defendería… Simplemente aceptaría su destino a manos de la única persona que amaría. Subió lentamente sus manos por la cintura ajena, llevándose con él prenda azul que cubría el pecho ajeno.
Sus mejillas inevitablemente se sonrojaron, era increíble cuán feliz podían hacerlo un par de palabras bonitas viniendo de Viktor. Era, en momentos como ese que realmente se daba cuenta de que nada más importaba si podía observar esa hermosa sonrisa con forma de corazón… Por eso, en silencio, rezó… Pidiéndole a los Dioses que le dieran la fuerza para retar al destino por primera y última vez —. Gracias, Vicchan —murmuró mientras acariciaba ese perfecto rostro que nada tenía que envidiarles a los modelos. Para él, no había nadie más perfecto que ese vampiro.
—No tienes nada que agradecerme… No hasta que logra cambiar nuestro destino —aseguró el albino, tener al menor entre sus piernas le encantaba. Pues tenía libertad para abrazarlo, reconfortarlo y demostrarle que ni en esa, ni en otras vidas dejaría de amar esa preciosa alma que volvía una y otra vez a él—. Recargaré tú Eros… —aquel poder mágico que aumentaba exponencialmente de acuerdo al amor que su usuario recibiera. Quería que Yuuri pudiese soportar cualquier presión esa vez.
—No tienes que hacer nada, Viktor, soy feliz mientras pueda ser amado por ti… Porque eres la persona con la que he soñado toda mi vida —una tímida sonrisa apareció en sus labios, y sus brazos rodearon el cuello ajeno para poder apegarse al contrario con suavidad. Pecho con pecho podía sentir claramente los latidos del corazón de su amante, porque estaba vivo, igual que él mismo en esos momentos. Besó una y otra vez sus labios, cerrando los ojos con cada nuevo roce. Lo necesitaba todo en esos momentos.
—Pero para mí no es suficiente, no si tengo que perderte de nuevo —aclaró el albino con el ceño levemente fruncido, sin separar demasiado sus labios de los ajenos. Sus manos ya habían empezado a recorrer la tersa piel de la espalda del azabache, sintiendo claramente la sangre fluir por sus venas. Sintió sed e inevitablemente fijó sus orbes celestes en castaños que se encontraban iluminados por un tenue brillo naranja. El vuelco que dio su corazón, lo hizo sonreír, se había enamorado nuevamente de la misma persona.
—Solo concéntrate en este momento, los dos estamos vivos, juntos… Así que mientras este corazón lata, no quites tu mirada de mí, prometo hacer algo sorprendente —el azabache sonrió ladinamente, relamiéndose casi por inercia. Juntó su boca con la del vampiro en un beso que le supo a gloria, por fin se sentía completo de nuevo.
El mayor no dudó en recibir aquel intenso beso, siendo consciente del anhelo que crecía en su pecho. Quería atrapar a Yuuri, atraparlo de una manera en la que no pudiese irse nunca más de su lado, ni siquiera si era la misma muerte la que llamaba a su puerta para arrebatárselo. Un suave gruñido escapó de sus labios y empujó al azabache con suavidad, dejándolo contra la cama. Esa visión del contrario avergonzado, con una mirada que no se decidía entre la lujuria y ansiedad, realmente lo hacía desearlo.
Jadeó levemente al ser puesto contra la cama, y simplemente sonrió… Dándole luz verde a ese ser sobrenatural para que hiciera estragos con su mente y con su cuerpo. Le pertenecía, si Viktor deseaba beber hasta la última gota de sangre… de su cuerpo, pues él lo aceptaría sin miedo, porque lo amaba más que a sí mismo.
El conde de sonrisa en forma de corazón simplemente fijó la mirada en ese cuerpo que se mostraba descaradamente ante él, más precisamente esa erecta entrepierna que se marcaba incluso a través de la tela—. Es porque me vuelves loco que quisiera encerrarte en esta mansión para siempre… Sé que solo así podría tenerte para eternamente —en un susurro se dirigió hacia ese adorable azabache mientras bajaba sus labios hacia la blanca piel de ese perfecto pecho.
No pudo responderle nada al albino, pues sabía que con cada palabra de aliento alimentaba la esperanza que el mayor tenía con respecto a esa vida. Sus ojos se entrecerraron y simplemente bajó su diestra, desabrochando su pantalón—. Si te vuelvo tan loco, tómame… He esperado esta vida para que tú vuelvas a ser mío, Viktor… Mmh… —tuvo que cerrar sus labios al sentir esos fríos labios empezar a besar su abdomen. Aquel hombre parecía un sueño.
—Oh, siempre eres tan impaciente, Yuuri… —le dirigió una intensa mirada desde su posición, y fue bajando por el abdomen dando suaves besos. Se detuvo al estar debajo del ombligo ajeno, y sonrió ladinamente. Con movimientos precisos y gráciles se deshizo de las prendas que quedaban, y le impedían ver a su pareja por completo.
— ¡Espe…! —iba a oponerse a las acciones del vampiro, pero era demasiado lento como para tomarle la delantera. Al verse desnudo, llevó ambas manos hacia su entrepierna, cubriéndose. Sus mejillas estaban levemente sonrojadas, y su corazón pegaba contra su pecho, queriendo salirse… Ni qué decir de lo que causaba la visión de Viktor desnudándose casi encima de él… Ni siquiera el eros podía con esa escena.
—Solo relájate y déjame hacerte disfrutar —el vampiro sonrió de forma ladina, prometiéndole en silencio al hechicero que iba a darle una noche fuera de serie entre sus brazos. Primero cayó la camisa, y poco después el pantalón salió volando para caer en algún lugar del oscuro suelo de madera, al igual que la ropa interior. No iba a ser suave con el menor, al contrario, iba a amarlo hasta romperlo, hasta que se diera cuenta que lo necesitaba…
—Pero… No deberíamos confiarnos tanto… —sus palabras fueron acalladas por los labios ajenos, que se fueron ferozmente sobre los suyos. Quiso oponerse, sin resultado alguno, la diferencia de fuerzas era demasiada. Apenas sintió la lengua del albino palpando sus labios, abrió los suyos, dejándolo entra. Si tan solo el mundo supiera de la calidez que le causaba ese cuerpo contra el suyo, incluso un beso podía hacerlo sentir mareado y desorientado. El amor era increíble.
—Ya te dije que te relajaras, eres un cerdito desobediente —gruñó con suavidad, separando sus labios lentamente y relamiendo el hilo de saliva que había quedado uniendo sus labios. No dudó en acomodarse entre las piernas del menor, sonriéndole levemente, antes de rozar su erección contra la estrecha entrada ajena.
Inevitablemente se estremeció al sentir al mayor contra su cuerpo, ya sabía lo que venía. Era evidente que el vampiro no tendría paciencia para prepararlo, había pasado demasiado tiempo en abstinencia, y aunque fuera doloroso para él, no iba a negarle nada al ojiceleste. No quería ver más de esa soledad que el mayor había conocido hacía tanto tiempo atrás… Lo iba a hacer feliz, tan feliz como no lo había hecho nunca. Un suave suspiro lascivo abandonó sus labios y estiró sus manos para tomar al mayor del rostro —. Te amo, Vitya… —en el pasado había llamado a su amante de tantas diferentes, que en su cerebro a veces confundía la manera cariñosa en la que iba a referirse a él.
—Eso es todo lo que necesito saber… —declaró el albino, antes de entrar de una sola estocada en el cuerpo ajeno. Sintió la calidez del interior, y un olor a sangre inundó sus fosas nasales. El desgarrador gemido que abandonó los labios de su amante, lo hizo consciente de que estaba haciendo lo correcto. Abrió sus labios, y clavó sus colmillos en el cuello ajeno… La sangre de la persona que amaba era la mejor que había.
El dolor inmediato, al igual que las lágrimas que ya empezaban a rodar por sus mejillas. Era doloroso, tanto, que pensó por un momento que su consciencia se perdería entre el dolor. Sin embargo, casi de inmediato el mayor lo mordió, provocando que la excitación se esparciera por su sistema, aplacando su malestar— ¡Ahh! ¡Vitya, duele! —gimió el azabache, aferrando sus manos a la espalda ajena, y por consecuencia sus uñas.
Inevitablemente no le prestó atención al mago, que parecía temblar desde dentro. Le encantaba la caliente sensación de estar en su interior, si fuese por él no iba a darle tregua en toda la noche. Empezó a embestir suavemente, dándole tiempo a que la sensación de ser su "bebida" aumentara la sensibilidad de su cuerpo, y por consecuencia también la excitación que estaba experimentando.
— ¡Ahh! ¡Ahm! —los gemidos empezaron a brotar uno tras otros, sus lágrimas resbalaban fácilmente por sus mejillas, acabando en las suaves telas blancas de las sábanas de la cama. Su cuerpo empezaba a confundirlo, unos momentos atrás su cuerpo había estado sufriendo de un enorme malestar, que en esos momentos se había mezclado con el enorme placer de ser mordido por un vampiro.
Deslizarse dentro y fuera de Yuuri lo hacía sentirse completo, no obstante, también parecía ser casi como una maldición. Volvía a hechizarlo, haciéndolo olvidar que quería monopolizarlo con tanta fuerza que no le importaba si debía atar grilletes a sus tobillos… Esa idea era descartada al sentirlo suyo nuevamente. Él que era un poderoso conde que no conocía la inseguridad, sufría realmente a manos del menor. Y, a pesar de eso, beber de su sangre, lo hacía querer acabar más que pronto dentro del que quería fuera su amante eterno.
Uno tras otro los gemidos brotaban de esos labios entreabiertos, que simplemente eran difícil de cerrar para el de orbes castaños. Sus manos seguían fuertemente aferradas a la espalda ajena, y con cada nueva estocada, clavaba un poco más su uñas. Estaba realmente sensible, y por ello, apenas el mayor terminó de alimentarse, buscó los labios ajenos con los suyos—. Viktor… —susurró antes de consumar la unión de sus bocas.
El conde Nikiforov aumentaba exponencialmente el ritmo de sus embestidas, haciéndolas marcadas y más fuertes, cada nuevo gemido que arrancaba de los labios ajenos, era el estímulo que necesitaba para no darle tregua.
Si hubiese en el mundo un momento completo para Yuuri, sería ese… En el que se sentía más completo que nunca y no debía rendirle cuentas a nadie… Su cuerpo se encontraba demasiado sensible, y luego de unas cuantas embestidas más, sintió un cosquilleo en su vientre bajo—. Vi… Vicchan… M… Me ven… ¡Ahm!~ —el clímax llegó a él con intensidad, causando que su interior se apretara entorno al miembro en su interior.
Viktor secundó al azabache apenas sintió como esas suaves paredes internas ahogaban su erecta hombría, gruñó levemente antes de besar con levedad la marca que había dejado con sus colmillos—. Te amo Yuuri…
Su cuerpo se sentía pesado, levemente, adolorido, y sin embargo quería continuar. Necesitaba seguir hasta que el mismo vampiro le dijera que estaba satisfecho, pues de otra manera no estaría conforme consigo mismo—. Viktor, también te amo... —su trasero punzó, haciendo que cerrara los ojos por inercia.
Al ver la reacción del menor, dirigió su diestra hacia la entrepierna del japonés, y sin dudarlo empezó a masturbarlo. Su mano acariciaba desde la base hasta la punta, presionando de vez en vez sus testículos—. Apenas estamos comenzando… —murmuró, sabiendo que el azabache seguramente tendría una resistencia monstruosa.
—Ah… deja… que respire… ¡Ah! —sus mejillas seguían completamente encendidas, y restos de lágrimas aún caían levemente por sus mejillas; parecía inevitable que se fuesen acumulando más y más.
—No, tengo que reponer el tiempo perdido —aseguró, causando que la mueca del contrario se transformara en una de ansiedad con nerviosismo. Pero era la verdad, no importaba si al día siguiente no podía levantarse. Eso sería todavía mejor para él como su cuidador y pareja eterna…
Viktor se negó a darle descanso a Yuuri hasta que la luz solar empezó a filtrarse por las cortinas de las ventanas, hacían ya demasiados años desde la última vez que había tenido al azabache para sí mismo, por eso debía aprovecharlo, y sacar al máximo esa resistencia sobrehumana que su pareja tenía.
Por eso sonreía completamente complacido mientras el agotado hechicero dormía plácidamente en su pecho. No le molestaba tener que consolarlo cuando le mostraba un rostro lloroso, al contrario, disfrutaba excesivamente de ser la única persona que podía apoyarlo. Porque Yuuri era suyo, su Eros, su vida, su cuerpo, todo lo que fuera de Katsuki Yuuri, era también el conde Nikiforov.
Cerró sus orbes celestes, suspirando, sería la primera vez en demasiado tiempo que podría dormir plácidamente. Todo gracias a su preciado reflejo.
¿Qué o quién eres, Eros?
¿Acaso eres un simple poder?
¿Eres posiblemente el mismo Dios representante del amor entre hombre?
Dime Eros ¿Qué o quién eres?
El reflejo en el espejo ha sonreído.
¿Podrías ser el "yo" que siempre he estado buscando?
Vamos Eros, muéstrate como solo yo, tu portador, puede verte.
