Luego de un viaje de más o menos dos horas habían llegado a lo que Otabek había dicho, era una base de los cazadores, protegida por un círculo mágico. El lugar le gustaba, era una cabaña de madera rústica con dos pisos y lo que parecía ser un sótano. Las ventanas tenían marcos circulares y se dejaban ver algunos cuadros en el interior, para él no parecía ser la guarida de los poderosos cazadores.
El edificio estaba rodeado por altos robles y sobre la madera del techo habían crecido enredaderas que caían bellamente hacia el suelo, luciendo sus pequeñas flores de colores pasteles. Era un lugar agradable, sobre todo la terraza con barandal que lucía el segundo piso que daba hacia el frente.
Por dentro, igualmente lucía rústica, con suelos y techo de madera rojiza, con paredes en tono crema. Estas últimas estaban cubiertas por cuadros y una que otra cornamenta. Sobre el suelo reposaban algunas pieles de animales, seguramente cazados en la época en que ese lugar era usado con mayor frecuencia.
Los muebles eran igualmente de madera y en una de las esquinas se encontraba una chimenea de ladrillo rojizo. Definitivamente no le molestaba la idea de quedarse unos días allí.
—Te explicaré todo con el mayor detalle posible, Yuri —aseguró el azabache apenas estuvieron dentro de esas cuatro paredes. Lo estaba mirando a los ojos, con el ceño levemente fruncido. En el tiempo que había pasado siendo amigo de ese rubio, habían cambiado muchas cosas en su mente… por eso podía decir con certeza que había terminado por caer a los pies de ese joven noble vampiro.
—Beka, está bien. Confío en lo que me digas, porque eres mi novio. Aunque me gustaría que aclararas algunas de mis preguntas —aseguró con una sonrisa arrogante, llevándose las manos hacia la cintura. Como siempre desbordaba seguridad, el miedo no sería nunca bienvenido a su corazón.
—Si es eso lo que deseas, te complaceré —con calma se dispuso a caminar hacia una de las sillas, sentándose con la misma parsimonia. Le hizo una seña con la mano al rubio que lo observaba con descontento, y no pudo evitar sonreír al ver que las mejillas de este se iluminaban en con un sonrojo.
—Oh, no abuses de tu suerte Beka. ¿Quién te crees para darme órdenes? —gruñó con suavidad el hada rusa, antes de irse a sentar de mala gana sobre el regazo de ese serio hombre. Sonrió levemente apenas sintió los brazos ajenos rodeando su estrecha cintura—. Entonces… ¿Qué es lo que buscan ustedes? Yo pensé que los cazadores tenían la misión de erradicar a los vampiros.
Mantuvo una sonrisa relajada en sus labios, sin prestarle atención a la actitud "tsundere" del pequeño ojiesmeralda—. Vas siempre al grano ¿no? Los cazadores fueron creados por un dhampyr, cuyo deseo era demostrarle al mundo que el amor no necesita de razas. Cambiar el mundo sin tener ningún poder era imposible, por eso empezó encargándose de pedidos a mano de la iglesia, y cuando ésta aceptó forjar un pacto con él, comenzó a reunir poder. Los humanos los respetaban, la iglesia lo consideraba un aliado y los vampiros empezaron a temerle. Actualmente el sueño de nuestro jefe es una realidad, los consejos han aprobado la desaparición de la ley que impide la unión de humanos y vampiros.
Yuri estaba prestando completa atención a lo que le decía, y no pudo evitar contener la emoción ante la última frase. ¡Eso quería decir que el cerdo podía vivir! Si el japonés podía vivir, su culpa desaparecería eternamente… No sonaba nada mal—. Entonces la barrera que separaba ambas razas desapareció ¿No?
—En efecto, apenas den el anuncio y lo hagan de conocimiento público, el círculo de tristeza infinita desaparecerá —con suavidad subió una de sus manos hacia la cabeza del rubio, acariciándolo suavemente. Yuri parecía tan delicado que inevitablemente terminaba por tratarlo como si fuese el más precioso jarrón de cristal—. De alguna manera… parece como si te hubieses quitado un peso de encima.
El rubio alzó su mirada hacia el rostro ajeno, y sonrió levemente—. Me he quitado un peso de encima, porque esta vez no seré cómplice del asesinato del cerdo. Además… ¿no significa eso que podemos estar juntos? —hasta ese momento había estado sentado mirando hacia uno de los lados, pero con suavidad se volteó, quedando frente a frente con el azabache y sus piernas a los costados de los muslos ajenos.
—Exactamente —sonrió con levedad antes de apretar sus brazos alrededor de la estrecha cintura ajena. Le gustaba aquella parte salvaje del que había sido su amigo desde hacía un par de años atrás. Esos momentos en los que sentía que perdía dominio y de inmediato se volvía en su contra, totalmente a la defensiva. Había muchas cosas que podía decir que le gustaban del vampiro, pero no era el momento de quedarse divagando, cuando el rubio parecía tan ansioso por ser amado.
—Beka, no me estás prestando la atención que me merezco —gruñó el mayor mientras tomaba entre sus finas manos el masculino rostro de ese hombre que le había hecho compañía desde hacía dos años. Aún recordaba perfectamente ese día en el que se conocieron, después de haber estado observándose el uno al otro sin dar el primer movimiento. Cuando esa situación volvía a su mente, le causaba gracia. Todo había iniciado por un descuido suyo, el choque contra esa ancha espalda… se había convertido en el encuentro con su persona destinada.
—Te estoy prestando atención, te tengo frente a mí ¿o no? —ladeó el rostro al ver fruncirse el ceño del menor, definitivamente era como un gato. Se acercaba cuando quería y a veces mordía, para luego arrepentirse. Ver las facetas del contrario lo entretenía, le gustaba, y sobre todo, había una que le gustaba más que otra: una mirada que era solo para él—. No estés tan ansioso… a partir de ahora tendremos mucho tiempo para pasar juntos.
—Pero pareciera que no estas pensado en este momento —se quejó, antes de unir su frente a la ajena con suavidad. Le gustaba llevar la batuta de la situación, bueno, tanto como el menor se lo permitiera—. Tengo que estar ansioso, apenas y nos hemos besado —gruñó con suavidad. Y es que parecía que el cazador ignoraba lo muy fuerte que podía volverse el libido de los inmortales cuando se enamoraban.
Suspiró suavemente, escuchando cada una de las quejas de su pequeño inmortal. A pesar de que en edad no era un niño, actuaba como si fuese uno, siendo caprichoso, malcriado y exigente. No le molestaba, quería que dependiera de él hasta que su cuerpo no pudiese más—. Supongo que las preguntas las vamos a dejar para después ¿o no? —al ver que el ojiesmeralda gruñía suavemente, soltó una muy leve risa, acortó la distancia entre sus bocas, robándole un corto beso a ese ansioso chico.
El rubio no pudo evitar corresponder suavemente el beso, dejando que sus mejillas se iluminaran ante la cálida sensación que recorría su pecho. Aquel beso duró muy poco como para satisfacerlo, y esta vez fue él quien inició el beso. Apenas sintió que la lengua del cazador rozaba sus labios, los abrió, dejando que la suya hiciera contacto con la ajena también.
Si tuviese que describir el sentimiento que invadía su corazón, seguramente no hallaría las palabras correctas. Nunca en su vida había experimentado el amor, en su vida aquello nunca había sido prioridad, y sin embargo, Yuri había llegado a su vida para cambiar todos sus pensamientos. Él que en el pasado había aborrecido a los vampiros, en esos momentos se encontraba besando y desnudando a uno.
Sentir las manos de Otabek deslizando por debajo de su suéter lo hizo estremecerse, soltando el beso por un momento para jadear. Ver al azabache acelerado, le hacía saber que también era deseado— Ah… Ah… Eso estuvo genial Beka —no pudo evitar retirar las manos del rostro ajeno, permitiéndole quitar aquella prenda.
Sus orbes castaños inevitablemente se fueron hacia el los rosados pezones del más bajo… esa blanca inmaculada piel era más hermosa que la misma porcelana—. Tienes mucha energía, Yuri —aseguró el más alto, dejando que una de sus manos se paseara por ese plano pecho, delineando con su índice la línea medial de su pecho.
—Tú te ves demasiado tranquilo ¿no soy lo suficientemente erótico? —se estremeció nuevamente, sintiendo cómo el mayor jugaba con los erectos botones en su pecho. Pequeños gemidos empezaron a abandonar sus labios y por instinto empezó a mover sus caderas contra las ajenas. Con suavidad rodeó con sus brazos el cuello de su amante.
—Lo eres, pero salirme de control no es lo mejor para tu primera vez —anunció en un susurro cercano al oído ajeno, el cuál lamió lentamente. Si Yuri quería entregarle su cuerpo, él no opondría ninguna resistencia. Después de todo, lo deseaba, lo amaba, obviamente sus sentimientos hacia él también incluían el deseo carnal.
—No me importa, quiero que me hagas tuyo… y es mejor que te lo tomes en serio porque voy a marcarte de por vida, Beka —y es que el pequeño noble estaba muy seguro de que convertiría a ese hombre en su amante eterno. Incluso si este no quería unirse a las sombras, lo transformaría. Esa era su intención y él nunca aceptaba un no.
—Ya veremos —comentó deslizando una mano entre sus cuerpos para liberar la erección ajena y empezar a acariciarla. Sentir las manos ajenas aferrarse a su nuca era todo lo que necesitaba para continuar. Jadeó levemente al sentir su propia hombría ser liberada por ese descarado rubio, que lo imitaba… definitivamente le iba a costar seguirle el ritmo a ese pequeño vampiro.
Yuri estaba totalmente centrado en dar y recibir atenciones, estaba realmente excitado nada más con aquellas caricias… y por lo que sentía también el azabache lo estaba disfrutando. Sus gemidos se fueron haciendo cada vez más seguidos, combinándose con los leves jadeos del cazador que parecía haberse centrado por completo en él.
Su mano iba aumentando la intensidad del movimiento, y el rubio parecía seguirle el ritmo sobre su propio miembro. Pronto sintió que estaba llegando a su límite, y aumentó el ritmo de sus acciones. Yuri fue el primero en alcanzar el orgasmo e inevitablemente él lo secundó con un ronco jadeo.
Tuvo que hacerse hacia delante para recargar la frente en la zona que separaba el hombre del cuello ajeno. Sus manos habían pasado a aferrarse a la camisa del cazador mientras jadeaba… Necesitaba recuperar el aliento y darse un segundo para reconocer que el amor era un sentimiento increíble… aunque apenas se habían masturbado el uno al otro, su cuerpo había experimentado un maravilloso clímax—. Eres mío…
Normalmente tenía un muy buen aguante en la cama, pero parecía que ese rubio era la excepción a todo lo que hubiese probado antes… y es que Yuri Plisetsky era la primera persona que había amado, por lo que el término "sexo" no era el correcto a utilizar con su lindo amante, y, aunque ser romántico no fuese lo suyo, quería hacerle el amor con la paciencia y atención que ese vampiro se merecía—. También te amo, Yuri —sus manos comenzaron a recorrer con parsimonia esa delgada espalda que había deseado acariciar varias veces.
Inevitablemente las mejillas del vampiro se tiñeron en un tono de carmín intenso. Ocultó un poco más el rostro, esta vez hacia el cuello de Beka, y por primera vez se encontró deseando ser mucho más pequeño para ser consentido eternamente por ese hombre—. Así está bien, ámame para siempre… porque eso voy a hacer yo —elevó un poco su rostro y rozó su lengua en una zona del cuello ajeno. Lo sintió estremecerse y tensarse… Pudo sentir cómo el flujo sanguíneo debajo de la epidermis aumentaba. Su amante estaba nervioso, pero él nada malo iba a hacer. Abrió sus labios, extendiendo sus colmillos y le dirigió una mirada de reojo—. Ya no tienes escapatoria, Beka.
Como siempre el vampiro siempre iba a su ritmo, sin prestarle atención. No le molestaba, porque Yuri lo había dicho, lo amaría para siempre. Cerró los ojos ante el último comentario, apretando sus brazos en torno a las caderas ajenas. Nunca creyó que permitiría a un vampiro morderlo, pero allí estaba, sintiéndose ansioso por darle de su sangre a al rubio mientras este estaba semidesnudo. Jadeó al sentir esos afilados colmillos penetrar su piel y entreabrió los ojos, estaba sintiendo placer.
La sensación de ese dulce líquido derramarse por su garganta, lo hizo sentirse nuevamente muy excitado. Sobre todo cuando aquella sangre era tan fuerte, un sabor parecido al de la canela… Definitivamente le gustaba, eso podía asegurarlo cualquiera que lo viese allí: alimentándose del cazador con las mejillas sonrojadas y los orbes entrecerrados. Alzó un poco sus caderas al sentir una caricia en sus glúteos y al sentir una de las manos ajenas colarse entre ellos… un gemido se ahogó entre sus labios.
Como era de esperarse, Yuri había logrado volver a seducirlo sin esfuerzo alguno. Con una de sus manos había logrado bajar el pantalón ajeno desde atrás y se encontraba acariciando el lugar en el que pensaba enterrarse después. Pronto la mordida en su cuello fue soltada y lamida mientras que él se encontraba totalmente concentrado en proporcionarle placer a su pareja.
—Ah… Ahm… Beka s… suficiente —se quejó el noble con el ceño levemente fruncido. Aquello no era justo, él ya estaba completamente desnudo y su amante lo único que tenía a la vista era su hombría. Odiaba ser ignorado, por lo que tomó los brazos ajenos para detenerlo por unos instantes —. Tú c… camisa —gruñó suavemente, siendo recibido por una leve sonrisa, que le robó la razón una vez más.
El azabache obedeció la petición y retiró sus manos para poder deshacerse de su camisa, dejando su amplio pecho a merced del contrario. Era divertido ver el contraste de sus pieles, pues cuando posaba su mano sobre el brazo ajeno, este se veía aún más pálido—. Vamos a llegar hasta el final ¿o no?
— ¡No preguntas cosas tan tontas, bastardo! —su rostro se había puesto tan rojo como un tomate y por inercia había cubierto los ojos ajenos con sus manos para que este no viese una parte tan vergonzosa de él. Quería que Otabek tomara la decisión por sí mismo, que se sintiera tan ansioso como él y no pudiese controlar en instinto que estaba muy seguro había surgido también dentro del cazador que estaba bajo su cuerpo.
Una sonrisa ladina se dibujó en sus labios ante la reacción tan adorable que había tenido el ruso. Incluso cuando era él quien lo seducía. Podía avergonzarse con mucha facilidad. Sin duda alguna era la cosa más adorable que existía en su mundo—. No es mi culpa que no seas claro conmigo —suavemente se fue levantando, dejando que el mayor rodeara con las piernas su cintura. Pasó sus manos por encima de ellas, uniéndolas por debajo de los glúteos ajenos. Lo llevaba como un niño. "¿A dónde diablos me llevas?" le escuchó preguntar, aunque era incapaz de ver su rostro, pues el rubio se negaba a separar la cara de su cuello—. No vamos a tener nuestra primera vez en un mueble.
Las palabras de Beka lo hicieron sentirse todavía más avergonzado, pues ni siquiera se había detenido a pensar en el lugar, simplemente se estaba dejando llevar por sus instintos, que le gritaban que debía forjar el lazo físico con su pareja—. Maldita sea… —murmuró con su sucia lengua mientras se aferraba un poco más a la nuca del azabache. Había vuelto a enamorarse, sin duda alguna.
—Eres todo un caso perdido —declaró el cazador sin perder la leve sonrisa en sus labios.
El camino hacia la recamara se hizo corto a pesar de que tuvieron que subir escaleras y avanzar por un largo pasillo para llegar a la que el azabache había designado como la "habitación adecuada" después de todo, a pesar de que no era un romántico por lo menos quería hacer de la primera vez de Yuri un momento especial, que recordara con ilusión en los años por venir.
Al entrar en el cuarto lo primero en la vista de Otabek era la enorme cama, bien acomodada con un juego de sábanas de color negro y detalles circulares en blanco y rojo. Caminó hasta la orilla y con delicadeza recostó al noble vampiro para luego de retirar su pantalón, acomodarse entre las piernas de este.
—Déjame ver tu rostro —pidió al notar que el contrario ocultaba su delicado rostro con una de las almohadas.
Apenas el contrario llamó su atención, fue retirando la almohada hacia su pecho, manteniendo un intenso sonrojo en sus mejillas—. ¿Para qué? —no pudo evitar que sus esmeraldas orbes se fuesen directamente al rostro ajeno… Beka le estaba sonriendo, le estaba sonriendo con tanta ternura que sintió por unos segundos que iba a llorar… sobre todo, porque aunque leve, podía notar un sonrojo en esa piel no tan blanca como la suya—. Bastardo… esto es trampa —estiró sus manos hacia las mejillas ajenas para atraer el rostro ajeno hacia el suyo y poder besar sus labios lentamente.
Correspondió suavemente el beso, sintiendo cómo las piernas del menor atrapaban su cintura y lo tentaban a acercarse más a él. No iba a poner ninguna resistencia, iba a darle todo de sí al vampiro. Separó sus labios levemente, antes de rozarse con la entrada del mayor con suavidad.
Un suave gemido escapó de sus labios, y simplemente se aferró fuertemente al cuello ajeno.
La habitación empezó a inundarse de gemidos, jadeos y uno que otro gruñido acompañado de un "te amo" que era respondido por un "también yo"
El sonido del rechinar de la cama, el aura a pasión que podía respirarse incluso sin tener que estar dentro de la cabaña. Dos cuerpos que estaban uniéndose con el más puro de los actos carnales. Porque eso no era nada más un acto sexual, donde el mayor placer recaía en el coito. No… el placer más grande para ambos era sentirse dueño del otro, ser necesitado y necesitar. El vínculo que ambos estaban formando no podría ser destruido o juzgado, pues ninguno estaba dispuesto a dar un paso hacia atrás.
Alrededor de una hora después ambos se hallaban reposando en la cama, con las respiraciones aceleradas, y el azabache con algunas gotas de sudor.
—Beka me duelen las caderas —se quejó el rubio mientras frotaba el rostro contra el fuerte pecho ajeno, no le importaba que estuviese húmedo. Se sentía terriblemente feliz, y luciría orgulloso las marcas de chupones que cubrían casi por completo su torso. Además, estaba más seguro de que querría volver a dejar las marcas de sus colmillos en los hombros de Otabek como en ese momento, en el que el cazador llevaba marcas de uñas en su espalda y de colmillos en su cuello y hombros.
—Tomaremos un baño en un rato —aseguró, disfrutando de ver al vampiro reposar en su pecho. Acarició lentamente la espalda ajena, queriendo que ese momento durara para siempre y tuviese que separarse de nuevo del rubio. Pero eso era imposible, aún faltaba un poco para que los vampiros y los humanos pudiesen estar juntos sin ningún temor. Además, él tenía un enemigo declarado: JJ. Sabía que estuviese donde estuviese ese noble iba a intentar arrebatarle a Yuri. No se lo permitiría.
—Bien… voy a cerrar mis ojos un momento —anunció el arisco noble con voz suave, cansada, y fue dejando que sus parpados cubrieran su iris verde.
Lejos de Rusia, en Japón, dos de los cazadores estaban reunidos en una reunión de emergencia en un café cercano a la universidad en la que Yuuri Katsuki había pasado sus días a la espera de que su príncipe oscuro fuese por él. Los cazadores en cuestión eran el líder de tal organización Chris, y su mano derecha Pichit. Ambos tenían una mirada seria en el rostro y parecían estar a la espera de que el contrario tomara alguna iniciativa.
—Entonces… —inició el moreno mientras rodaba la mirada hacia un lado.
—Definitivamente pediré el trozo de la tarta de chocolate —aseguró el rubio con una sonrisa. "¡Genial! Entonces yo me iré por el pie de fresa" —. Perfecto ¿anotaste eso, cariño? —le dirigió una mirada al mesero, que anotaba rápidamente antes de irse. Volvió la mirada hacia su compañero—. ¿Y qué ocurre? Normalmente soy yo el que siempre te llama.
—Estoy preocupado por Yuuri —declaró mientras sacaba su celular para tomarse una selfie con Chris, quien de inmediato sonrió. Guardó su celular, antes de suspirar, volviendo a mostrar una expresión de seriedad—. Sé que es normal que no venga de nuevo, pero ni siquiera me ha mandado un mensaje para avisarme o algo… Él no es ese tipo de persona.
— ¿Y por qué no vas a preguntarle a Viktor directamente? Él no es un terrible vampiro, después de todo —el mayor reposaba el rostro en sus manos con los codos apoyados en la mesa. Tenía un mal presentimiento con respecto a la preocupación del menor, por eso había decidido que tendría que hacerle una visita a su amigo.
— ¿Debería hacer eso? Bueno, podría pasar mañana después de clases, me preocupa no tener ninguna noticia de él. Sé que Viktor no le haría daño… pero no puedo evitar sentirme ansioso, como si algo malo estuviese por suceder —el moreno simplemente no podía quitarle la vista de encima a su compañero que parecía simplemente estar resignado a algún secreto que para él era desconocido—. ¿Sabes algo de esto, Chris?
—Hay algo que me inquieta, pero seguramente no es nada —comentó con aires pensativos, siendo interrumpido por el azabache que le exigía decirle la verdad que pasaba por su mente. Aquello provocó que un suspiro abandonara los labios del líder de los cazadores—. Viktor ha estado algo raro durante el último siglo… Varias veces lo encontré en su mansión hablando consigo mismo o hablando con Makkachin de una "solución" para lo que estaba ocurriendo con Yuuri… Sin embargo no sé nada más, pero el Viktor de ahora parece tener demasiados secretos.
— ¡Eso quiere decir que Yuuri puede estar en problemas! —se apresuró a decir, poniendo sus manos de golpe sobre la mesa. El mayor le hizo señas con las manos de que se calmara e inevitablemente bajó la mirada, tomando asiento obedientemente.
—Él nunca lastimaría a Yuuri, pero será mejor que hagamos una visita rápida para asegurarnos mañana. Si algo llega a pasarle nuevamente, puede que todos nuestros esfuerzos no vayan a servir de nada —comentó con una sonrisa tranquila; preocuparse no le serviría de nada y como buen amigo del conde Nikiforov, quería creer en que sería más fuerte que el monstruo nacido del dolor que seguramente se estaba intentando apoderar de su corazón. No cometas una locura de la que puedas arrepentirte, Viktor pensó el dhampyr para sí mismo.
—Si tú dices eso no me queda más remedio que confiar en él. Solo espero que Yuuri esté sano y salvo —suspiró nuevamente, antes de sonreírle al mesero que había dejado para ellos los dos trozos de pastel más un par de cafés. Normalmente no citaría a Chris en un lugar tan concurrido, pero el tiempo estaba cambiando y pronto los humanos compartirían el espacio con aquellos seres a los que tanto habían temido en el pasado.
—Está bien de esa manera, Pichit. En caso de que algo ocurra, aún quedarían Otabek y Yurio para dar el ejemplo de que la unión entre especies no tiene que convertirse en una maldición para nadie —con calma le dio una probada a su postre, sonriendo ante la explosión de dulzura que explotó en su paladar—. Está delicioso, no pierdas más el tiempo y come, Pichit.
—Bien, bien —sonrió con un poco más de confianza, antes de empezar a comer. Había un par de cosas que no entendía, y tal vez nunca lo haría… porque Yuuri ya no pertenecía al mundo donde estaba a su alcance. Al contrario, había saltado de su burbuja hacia la de Viktor para no volver jamás… Eso lo tenía más que claro.
Entre tanto los cazadores continuaban con su "urgente" reunión, Otabek se encontraba llevando sobre su hombro a Yuri. Lo había encontrado dando una vuelta y como buen novio lo llevaría dentro para que cenaran juntos antes de decidir qué iban a hacer de ahora en adelante. Porque no estaba dispuesto a dejarlo ir a sus anchas, y sin embargo, no podía atar cadenas a ese noble que era tan rebelde como solo él podía serlo.
— ¡Beka, Maldito Bastardo, bájame! —el menor pataleaba con fuerza, intentando soltarse aunque no ponía tanto empeño como podría. Y es que lo que le molestaba era la manera de llevarlo a cuesta como si fuese un saco de zanahorias o algo así. Si ese hombre iba a llevarlo, debía hacerlo con la delicadeza que él se merecía.
—Yuri eso duele, quédate quieto —comentó el azabache con una leve sonrisa mientras acomodaba mejor al rubio entre sus brazos para llevarlo como una princesa. Y es que se veía adorable con ese suéter verde manzana de animal print junto a esa braga que lo hacía ver mucho más pequeño de lo que era. Por no decir que le gustaba mucho cuando se ataba el cabello—. Tu vocabulario está empeorando.
—Déjame en paz, no me trates como si fuese un maldito niño —se quejó, acomodándose entre los brazos del menor. Encajaba perfectamente entre ellos y por eso no pudo evitar jugar con el cuello de la camisa que el contrario llevaba puesta. Le quedaba muy bien
— ¿No puedo consentirte? Hace rato te estabas quejando mucho sobre el dolor —suavemente depositó un beso sobre la frente del vampiro que se lo devolvió en la barbilla con un leve gruñido. Le gustaba la manera tan "tsundere" en la que el más bajo se mostraba ante él.
—Haz lo que te dé la gana… —murmuró haciendo un "puchero" le gustaba en demasía la forma en la que Beka se preocupaba por él. Quería tener una persona que esperara por él cada vez que regresara a casa… Si su abuelo estuviese vivo seguramente aprobaría a Otabek como su pareja. Cerró sus orbes por un momento, deseando que ese momento nunca terminara.
El gato encontró la felicidad en su enemigo natural
El perro decidió que ese gato atigrado no era un rival
Sin embargo, "no pueden estar juntos" había susurrado la serpiente.
En ese momento ninguno de los dos sabían que el veneno se acercaba hacia ellos en forma de nube negra.
Cuidado, la felicidad no es más que un momento pasajero.
No confíes, no aceptes, la mentira está en el aire.
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Nota del autor: Muchas gracias por el apoyo a todos~ voy a estar un poco full esta semana con la universidad, así que me disculpo de antemano. Sin embargo, intentaré actualizar antes del domingo o el mismo domingo que viene. Mientras tanto les dejo este regalo~
