El mundo era realmente injusto con Viktor Nikiforov, ese perfecto conde vampiro que era considerado el hombre perfecto entre su especie. Él que no carecía de dinero, salud y posición social, miles matarían por tener al menos un cuarto de lo que él poseía, sin embargo, el hombre de orbes celestes era infeliz. Tenía todo lo que no necesitaba y perdía continuamente lo único que de verdad podía hacerlo completamente feliz: a Yuuri Katsuki. Si Viktor pudiese cambiaría todo lo que tenía por la vida de su amante, pero sabía que de alguna manera eso no haría feliz al azabache.
La situación en la que estaba era frustrante, pues frente a él había dos hombres y ninguno parecía entenderlo en esos momentos. Uno de ellos era su amigo Chris y el segundo era el moreno que había tomado la posición de mejor amigo de Yuuri en esa vida. Ambos preguntaban una y otra vez sobre el paradero del japonés, pero él simplemente guardaba silencio, indispuesto a decirles que su pareja había escapado apenas él había ido a abrirles la puerta. Era imposible que no se hubiese dado cuenta, teniendo familiares murciélagos alrededor de todo su territorio. Él que era un conde tan poderoso debía cuidarse siempre las espaldas.
—Estás actuando muy sospechosamente ¿dónde está Yuuri? Necesito saber que está bien —preguntó el moreno mientras fruncía levemente el ceño hacia el poderoso vampiro frente a él. No le tenía ningún miedo a Viktor, pues en esos momentos toda su preocupación estaba dirigida a su amigo desaparecido. Era realmente extraño que no estuviese allí junto a Viktor cuando este les había abierto la puerta.
—Yuuri no está aquí ¿cierto? No puedo sentir su presencia en ningún lugar cercano —Chris suspiró levemente. Para el mundo seguramente Viktor Nikiforov no se veía diferente pero ante los suyos podía notar que algo muy malo estaba ocurriendo. Esos ojos pálidos que nunca parecían mirar con odio a nadie, parecían haberse oscurecido. Sin embargo, el líder de los cazadores esperaba sinceramente estarse equivocando.
—Voy a ir a buscarlo, esto no es problema de nadie más —por primera vez el albino se estaba mostrando a la defensiva con los demás, pero era inevitable… cuando se trataba de Yuuri perdía toda compostura y la sonrisa en forma de corazón se convertía en una línea inclinada hacia abajo.
— ¿Qué le hiciste a Yuuri para que escapara de ti, Viktor? ¡¿Lo lastimaste?! —Pichit estaba empezando a desesperarse, pues no obtenían ninguna respuesta acerca de su mejor amigo… Sabía que el vampiro frente a él amaba al japonés, sin embargo, en ese punto ya no sabía si el amor del conde podía incluso lastimar. Iba a dar un paso adelante cuando Chris le hizo una señal de silencio, se mordió los labios, sintiéndose completamente frustrado.
—Espera Pichit… Viktor, estamos preocupados por ti y por Yuuri. Sabes lo peligroso que resulta que él ande suelto por allí sin ninguna protección... El momento en que el consejo de ancianos y los humanos den luz verde para las relaciones entre especies se acerca cada día más. Mientras esperamos por ese día, él no debe estar solo —ante el grito de "¡Ya lo sé! Por parte de su viejo amigo, simplemente sonrió—. ¿Entonces?
—Debía encerrarlo… No puedo permitir que vuelva a morir ¿Lo entiendes, Chris? Ya no puedo soportarlo —sus palabras brotaron con desesperación. Esa era la realidad… haría lo que fuera por ese chico japonés que le había robado la cordura siglos atrás.
Pichit tuvo que mantenerse en silencio… ver el dolor reflejado en esos pálidos orbes era suficiente para hacerlo consciente de lo incontrolable que eran los sentimientos de Viktor hacia Yuuri. Y es que aun queriendo a su amigo como lo quería, no podía competir con un amor como el de vampiro, que parecía consumirle hasta el alma.
—Él lo entenderá… No te distraeremos más. Tienes que buscar algo muy importante ¿no? —Chris le dedicó una sonrisa al albino que asintió con el ceño fruncido. En esos momentos recordaba que Viktor era como un niño consentido, acostumbrado a siempre obtener lo que quería. Esa situación había cambiado desde que se había encontrado con el mago, por eso, como su mejor amigo velaría por ellos con toda la fuerza que tuviese.
—Sí… Gracias, esta vez no voy a perderlo —aseguró, antes de apresurarse a desaparecer entre una cortina de murciélagos.
— ¿Está bien esto, Chris? ¿Permitir que haga lo que quiera aunque pueda lastimar a Yuuri? —Pichit simplemente no tenía el corazón para aceptar que su amigo fuese encerrado y mantenido en cautiverio, incluso si la persona que lo hacía era el vampiro que tanto amaba al japonés.
—Te preocupas demasiado~ no importa cómo lo veas, incluso si Viktor tiene más fuerte es obvio que no puede decirle que no a Yuuri. Por eso creo que pase lo que pase ambos estarán bien, todo lo que necesita nuestro conde es saber que esta vez no va a verlo morir —con suavidad revolvió el cabello ajeno con una sonrisa—. Nosotros tenemos más trabajo, así que regresemos a la oficina.
—Tienes razón —aseguró el moreno, asintiendo. No era buena idea pensar las cosas demasiado… Viktor era el único que podía hacer feliz a su mejor amigo, de eso no tenía ninguna duda.
Entre tanto, Yuuri había ido directamente al jardín del castillo de los ancianos, encontrándose con Yakov.
El anciano vampiro se encontraba sentado en un banco de piedra en su jardín, donde los rosales ocupaban la mayor parte del terreno. Había de todos los colores: rojas, rosadas, blancas, amarillas, naranjas, azules y negras; cada uno de ellos con forma circular para darle un aspecto mucho más elegante y ordenado. Y no era que a Yakov le gustaran las rosas, más bien había sido capricho de la mujer que había amado durante más tiempo del que podía recordar y del niño al que había terminado por adoptar luego de la muerte de su antiguo amigo.
La luna era en esos momentos su única acompañante, pues brillaba con fuerza desde lo más alto del cielo nocturno, que en esa ocasión carecía de las estrellas que normalmente se arremolinaban en torno al satélite—. Algo me dice que está noche vamos a tener un acontecimiento nunca antes visto… —comentó mientras se recargaba lentamente en el espaldar que le servía de completo apoyo. Un suspiro abandonó sus labios mientras se llevaba la diestra a acariciar el tabique de su nariz.
"Tenemos que hablar" resonó en sus oídos y al retirar su mano, esos cansados orbes se encontraron con cierto mago al que pensó no podría llegar gracias a la protección de su "hijo" —. ¿Es esto alguna especie de broma? — ¿de verdad estaba el chico que quería vivir frente a él en esos momentos? La sola idea era realmente patética de ver.
—No, al contrario, vine porque esta es la única manera de asegurarme de que esta vez puedo vivir con Viktor hasta el final —sus orbes castaños estaban teñidos de un brillo naranja. En esos momentos en los que el miedo anunciaba con aparecer en su corazón, debía mantenerse más fuerte que nunca y no dudar, porque un segundo podría costarle su última oportunidad.
—Esto tiene dos explicaciones… eres muy estúpido o ridículamente valiente. Me arriesgo a que es la primera —se levantó mientras fruncía levemente el ceño. "Estoy embarazado" esas palabras lo hicieron dar un paso hacia atrás, aquello era lo que había estado intentando evitar vida tras vida… y sin embargo había pasado. Es que… podía asesinar a Yuuri una y otra vez, pero el hijo de Viktor era una historia completamente diferente—. Es mentira.
—Es verdad, por eso no puedo dejar que este cuerpo muera antes de su nacimiento. Si he de morir será únicamente luego de que nuestro hijo nazca —su voz resonaba sin problemas en la soledad del jardín. Las plantas estaban reaccionando a su poder, que al estar tan ansioso brotaba inconscientemente de su cuerpo. El mago llevaba un kimono azul marino, cubierto por una túnica negra. Sus oscuros cabellos iban debidamente arreglados hacia atrás.
—Este siempre ha sido tu plan, atar a Viktor con un hijo, eres un monstruo —el anciano estiró su mano hacia él y varios murciélagos se materializaron hasta dejar una pistola en la mano del anciano—. Asesinaré a cada una de tus reencarnaciones hasta que decidas dejarnos en paz.
—Si dejara que hicieras eso, Viktor no me lo perdonaría… Para que el corazón de quien amo deje de ser contaminado… cometeré hasta el pecado más terrible —el ruido sordo de un disparo no lo hizo parpadear, justo frente a él un muro de madera se había levantado, protegiéndolo para luego regresar a la tierra—. ¿De verdad crees que si yo no lo deseo podrás matarme? —una sonrisa ladina se había apoderado de sus labios, podía sentir a Eros tomando control de su corazón.
—No soy tan estúpido para no saberlo —liberó su mano, dejando que la pistola se esfumara entre una bandada de murciélagos. Gruñó ante su molestia, pero no iba a hacer una escena allí, tarde o temprano ese chico moriría, porque su existencia era incompatible con la vida—. Todo ha sido por tu culpa. La sociedad vampírica ha decidido cambiar la manera en la que hemos sobrevivido. Todo por tu culpa y las ideas revolucionarias del tonto de Vitya —tomó nuevamente asiento en su banca. Nada podría hacer contra alguien que estaba decidido.
—En eso te equivocas completamente, hubo vampiros enamorados de humanos desde mucho antes. Sin embargo, por miedo decidieron renunciar a los deseos de su corazón o simplemente amar en secreto como si el amor fuese un pecado. Eso es algo que tú no podrías entender, porque te niegas a ver la realidad aunque esté en frente de ti. Esa manera tan cerrada en la que han vivido siempre les ha permitido sobrevivir, más no vivir —Yuuri sonrió levemente, mostrando una expresión de casi ternura hacia el pobre Yakov que parecía tan desesperado por salir de la confusión en la que estaba cayendo.
—Los Dioses no deberían habitar dentro de los mortales a quienes bendicen —se quejó con mientras empezaba a frotarse con su diestra el tabique de la nariz, estaba realmente estresado en esos momentos. Quería acabar con todo allí mismo, pues no iba a aceptar por las buenas que el conde Viktor Nikiforov fuese a tirar toda la pureza de su sangre por un simple chico que ni siquiera era un vampiro.
—Pero en este momento mi voz y la de Yuuri comparten un mismo deseo: el de luchar por el amor verdadero. En algún momento nuestros corazones se unieron y dejé de mostrarme como un ser individual para poder habitar en este cuerpo junto con él. Él ama tan ciegamente a Viktor que me ha encadenado a sí mismo sin darse cuenta para poder asegurarse de poder revivir durante mucho más tiempo. Esto no será posible, ambos lo sabemos. Yo abandonaré este cuerpo antes de que el último latido se detenga, y Katsuki Yuuri desaparecerá eternamente —su expresión no varió en ningún momento.
—No entiendo nada de lo que estás diciendo. Tú eres el enemigo, eso es todo lo que necesito saber —aseguró el vampiro con el ceño fruncido. Si pudiese cortaría su cuello en ese momento, pero sabía que antes de que pudiese si quiera alcanzarlo, las raíces de sus propias rosas lo atravesarían… No era idiota.
—Me gustaría que usted no me viera de esa forma, incluso después de tantas muertes a manos suyas… yo no puedo odiarlo. De alguna manera sé que usted lo hace por Viktor, Yo no puedo odiar a nadie que sea importante para él. Espero sinceramente que pueda darse cuenta de que los vampiros y los humanos pueden darse felicidad estando juntos —anunció el mago antes de hacer una pequeña reverencia y darle la espalda.
—Eso no va a pasar, no mientras esté vivo —así como la primera vez, la pistola se había formado en su mano y sin dudarlo disparó.
Yuuri escuchó el disparo, más no sintió ningún dolor… Volteó por inercia, encontrándose con Viktor que se sujetaba el hombro—. ¡Viktor! —de inmediato se apresuró a él poniendo sus manos sobre el pecho ajeno—. ¡¿Qué diablos pensabas?! —sus orbes castaños se fueron inundando con las lágrimas que no podía contener ¿y cómo hacerlo? Si habían herido al albino por su culpa.
—Vitya… —Yakov reprimió un gruñido mientras lanzaba el arma contra el suelo. Había herido a la persona que intentaba proteger, y no había nada más doloroso que ver al que consideraba un hijo más atravesado por una de sus balas. Fue en ese momento que por primera vez sintió que matar al mago todo lo que hacía era llevarle desgracias al albino…
—Estoy bien, es solo una bala… No vuelvas a darme un susto como este, tienes prohibido volver a escapar de mí Yuuri —podía sentir cómo su cuerpo rechazaba la bala hasta expulsarla, y el ardor que acompañaba la regeneración del tejido iniciaba. Al escuchar esa suave y temblorosa voz murmurar "lo siento" una y otra vez, suspiró. Parecía que Yuuri lo había entendido—. Yakov, yo no suelo amenazar a nadie pero… Si vuelves a intentar herir a Yuuri, voy a matarte —por un momento aquellos orbes celestes se tiñeron de carmín mientras el albino dirigía su mirada hacia el anciano, que ni siquiera subía la mirada para darle la cara.
—No volveré a hacer… hacerlo… perdóname, lo siento Vitya… —sus manos se habían aferrado a la camisa ajena y simplemente gimoteaba como un niño mientras era abrazado y reconfortado por su amante. No importaba cuán valiente intentara mostrarse, cada vez que volvía a los brazos del conde Nikiforov, terminaba convirtiéndose en un niño inseguro.
—Volvamos, ninguno de los dos tiene nada que hacer en este lugar, no más —aseguró mientras tomaba al menor en brazos como la princesa que era para él. Él no quería que Yuuri fuera de nuevo a Rusia, es más, si fuese por él ninguno de los dos volvería a ir allí.
El azabache asintió, sin soltarse del pecho ajeno. Las lágrimas caían unas tras otras y es que nada más imaginarse herir más a Viktor hacía que su corazón se achicara lo suficiente como para que le doliera. Era tan tonto… Y lo que le causaba más temor era la conversación que tendrían al llegar a casa, en la que posiblemente una nueva discusión se generara.
Eros no podía permitir que el albino convirtiera a su bendecido en un vampiro, no en esos momentos en los que había utilizado su poder para permitir que el bebé en el vientre de Yuuri se formara.
