Habían pasado un par de horas desde que Viktor había regresado con su "princesa" al castillo al que pertenecían. Luego de un té y algunos mimos había logrado que Yuuri dejara de sollozar y se calmara. Tenerlo allí en su cama sin miedo a que fuese huir parecía una escena sacada de un cuento de hadas… Y, sin embargo, sabía muy bien que su historia estaba condenada por el destino mismo a desenvolverse como una triste tragedia… Estaba dispuesto a darlo todo para obtener un final feliz para ambos.

En ese momento Yuuri descansaba sentado en el sillón de cuero negro con Viktor descansando en su regazo… Había esperado que Viktor estuviese todavía más cabreado y molesto con él, pero al parecer el albino solo podía pensar en la vida que Morfeo había dejado implantarse en su vientre… A pesar de que compartía esa emoción, también era consciente de que sería un embarazo riesgoso, lleno de amenazas por parte de los vampiros hacia el pequeño dhampyr que apenas iniciaba el ciclo de formación en su útero. Las cosas iban a complicarse para ellos de ahora en adelante, y sin embargo, sabía que el conde que estaba en su regazo lograría hacer un milagro para ellos. La esperanza era algo que se había fijado a su corazón en esa vida.

—Entonces vamos a tener un bebé, estoy realmente feliz —comentó el albino con una sonrisa mientras se volteaba, dejando su rostro hacia el plano vientre ajeno. No dudó en pegar su nariz a la suave tela, para posteriormente depositar un corto beso por encima del suéter que el azabache llevaba. — Por favor, no salgas por tu cuenta durante el embarazo. Quiero que te quedes todo el tiempo en donde mis brazos puedas protegerte.

—Vitya…. Sí, me quedaré cerca con una condición —al ver esa mirada celeste dirigirse hacia él con cierto desconcierto, sonrió—. Deja que vea a Pichit cuando vuelva de visita, le debo una explicación… Además, me voy a aburrir si estamos todo el tiempo aquí, así que asegúrame de que por lo menos podremos ir a pasear por allí… Tú sabes… como en una cita… —había desviado la mirada, avergonzado.

Un suave suspiro abandonó los labios del poderoso vampiro para que luego una sonrisa se adueñara de ellos. Era obvio que su querido japonés no iba a aceptar sin poner alguna regla—. Está bien. De todas maneras te irás si no cumplo tus caprichos. No quiero que eso pase —con suavidad metió sus manos por debajo de la prenda superior ajena y posó ambas manos sobre el abdomen de Yuuri—. Quiero que nazca salvo y sano, eso es todo lo que quiero… ¿es mucho pedir?

—Yo también quiero eso… así que demos lo mejor de nosotros para protegerlo ¿bien? —no pudo evitar sonreír y acariciar con lentitud el cabello de su amante, sabiendo que ese sería uno de los pocos momentos de tranquilidad que compartirían…

—No te preocupes por ello, voy a matar a cualquiera que se meta en nuestro camino —por un momento y sin que Viktor lo supiera su expresión mostró una apatía por la vida parecida a la de una máquina… Sin embargo, incluso si lo hubiese sabido su expresión no habría cambiado.

—Vitya… —si tuviese que describir el sentimiento en su pecho seguramente sería como frío… porque la tristeza que le daba recordar que el corazón de Viktor estaba siendo consumido por la oscuridad era terriblemente fría… Causaba que quisiera llorar, y sin embargo no tenía derecho, pues era enteramente su culpa—. Lo siento, por haberte hecho cargar esta cruz durante tanto tiempo —bajó el rostro, depositando un corto beso en esos suaves labios. Apenas la amplia sonrisa en forma de corazón volvió al conde, sonrió nuevamente con sinceridad.

—Estás aquí y vas a darme un hijo, eso es todo lo que me importa en estos momentos Yuuri. Así que no me pidas disculpas, a menos que pienses morir de nuevo —por un momento sintió que su mente se quedaba en blanco y cuando volvió en sí sus manos estaban casi sobre el cuello ajeno. Fue la primera vez que Viktor fue consciente de que su locura estaba llegando a un límite donde… tal vez… no hubiese retorno.

Con una de sus manos Yuuri bajó las de Viktor, antes de dedicarle una pequeña sonrisa. Sabía que la frustración de su amado podría llegar a matarlo, pero estaba bien… Si eso le llevaba tranquilidad al albino le entregaría su vida… su alma… y moriría una última vez para él—. ¿Podemos ir a descansar? Ayer no dormí bien y todo el escándalo de hoy no me ha dejado descansar como me gustaría.

—Por supuesto, Yuuri~ —el conde se levantó, tomando asiento junto al menor para poder robarle un beso. Se relamió los labios con suavidad antes de posar el dedo índice en el labio inferior ajeno—. Por hoy voy a dejarte dormir, pero mañana no prometo contenerme. Ya sabes… debo aprovechar hasta que deba darte un descanso por el embarazo —le dedicó un corto guiño antes de levantarse y tomarlo en brazos a pesar de las quejas.

El azabache iba a protestar sobre la forma en la que estaba siendo levantado, pero se quedó en silencio, disfrutando de poder escuchar el leve latir del corazón de su querido vampiro—. Te amo, Viktor… Por favor, pase lo que pase debes amar a este niño tanto como me amas a mí —el azabache iba arrastrando las palabras, haciendo notar lo nervioso que esa petición lo ponía. Sin embargo, su corazón necesitaba de esa respuesta, necesitaba estar seguro de que incluso si él no estaba, el pequeño en su vientre sería amado por la persona que tenía todo de él.

El conde Nikiforov estaba con la vista fija al frente, asegurándose de caminar lo más rápido posible… Tenía muchas ganas de acostarse con su adorable Yuuri y mimarlo tanto como pudiese. No obstante la pregunta que este le hizo lo dejó pensando por un momento—. ¿Qué clase de pregunta es esa Yuuri? Obviamente voy a amarlos a los dos, porque los dos estarán a mi lado…

—Solo es una pregunta hipotética —mintió, dejando que sus finas manos se aferraran a la camisa ajena. Sabía que no era el mejor momento, pero era necesario salir de esa duda lo más pronto posible… Antes de que terminara por encariñarse con la vida que nacería de su cuerpo.

—Oh… —el albino se quedó por un momento pensando en ello. Cerró los ojos por un momento y luego sonrió, abriéndolos de nuevo—. Lo haría, amaría a ese bebé como te amo a ti… ¿No es obvio? Sería algo que nació de nuestro amor, sería un regalo de ti para mí para no tener que sentirme tan solo… No obstante, te necesito a ti, Yuuri. Necesito que vivas a mi lado, que aunque sea una vez… vivas conmigo hasta el final de tus días si es que no deseas la inmortalidad… ¿Es mucho pedir?

Una vez más el corazón de Yuuri Katsuki fue atrapado por las cadenas que ese hermoso vampiro enredaba a su alrededor. Sus palabras, sus sentimientos… Aquello le aseguraba que el corazón de Viktor seguía estando allí, a pesar de toda la oscuridad que había entrado únicamente por su culpa—. Claro que no… Siempre me pides tan poco… —inevitablemente las lágrimas empezaron a rodar por sus orbes, y en un intento inútil por pararlas, llevó ambas manos hacia su rostro.

Inevitablemente Viktor sonrió con ternura y continuó hasta entrar a su alcoba. Apenas entró se dirigió hacia la cama para sentarse y recostar al azabache. Sin embargo, este se mantuvo aferrado a él… Suspiró suavemente y se dejó caer, dejando que Yuuri se acomodara sobre su cuerpo y ocultara el rostro en su pecho. Verlo así le daba la seguridad de que él también lucharía para ser felices en esa vida—. Yuuri, te pido lo que pienso que podría hacernos felices a ambos… solo que a veces me siento codicioso y quisiera pedirte todo lo que me haría feliz a mí…

—Estaría bien si fueses egoísta Viktor… Si pudiese compensarte todo el daño que te he hecho, yo… yo definitivamente sería muy feliz —murmuró Yuuri sin separar el rostro del pecho ajeno. No quería que el conde viera las lágrimas que corrían por sus ojos castaños. Él nunca había pensado en lo que el albino sufría… Siempre creyó que morir era lo mejor para ambos… Qué equivocado había estado…

—No llores tanto, voy a creer que de verdad hice algo muy malo esta vez —comentó el poderoso vampiro que abrazaba con delicadeza su tesoro más preciado: el reflejo de su alma, su otra mitad. Siempre que se trataba del azabache intentaba ser dulce, no quería asustarlo con su naturaleza, y, sin embargo, lo había violado… Por un momento ocultó su mirada tras su flequillo para después posar su diestra sobre la cabeza ajena—. Duerme, mañana todavía seguirás vivo… Mañana y pasado mañana, y todos los días siguientes… Ya verás, esta vez el destino no va a acabar con nosotros.

El mago no supo en que momento Morfeo lo arrastró hasta su reino pero simplemente no pudo contener el cansancio, menos cuando podía sentir la calidez del cuerpo ajeno bajo el suyo.

—Está bien Yuuri… solo duerme. Yo me encargaré de todo por ti —anunció el conde mientras abrazaba aquella silueta que parecía acurrucarse sobre su pecho en busca de protección. Inconscientemente el azabache le pedía que fuese su guardián, su protector, y él no tenía más remedio que volverse mucho más protector con ese inocente chico. Para proteger la inocencia de tu corazón, me convertiría en el mismo diablo pensó aquel hombre, qué, irónicamente se asemejaba más a un precioso ángel.

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Cuando Yuuri abrió los ojos se encontró rodeado de un escenario desconocido incluso para él. Rodeado de miles de rosas marchitas se encontraba recostado en lo que parecía ser una habitación de dimensiones circulares. A donde volteaba los altos muros cubiertos de espejos rotos lo intimidaban y seguían. ¿Qué es esto...? fue todo lo que pudo resonar en la mente del azabache que se incorporó lentamente.

Con su diestra tomó una de las rosas debajo de su cuerpo, notando así que la triste flor había sido despojaba de sus espinas… Era extraño. Casi parecía como si todas hubiesen sido puestas allí para él. Pero… ¿quién podría hacer algo tan descabellado? Oh… —. ¿Viktor? ¿Dónde estás? No es gracioso esto… —comenzó a murmurar mientras se levantaba, dejando caer la flor que había estado sosteniendo hasta esos momentos.

Los distintos espejos empezaron a mostrar la imagen de Viktor con distintas expresiones y entre todas las grietas que aquellos objetos lucían —. ¿Qué diablos es esto? ¡Viktor! ¡Viktor! ¡¿Dónde estás, Viktor?! —frunció ligeramente el ceño y empezó a caminar sobre las que antes seguramente habían sido unas preciosas rosas… Cuando intentó rozar con sus dedos uno de los espejos, todos ellos quedaron completamente en negro…

Yuuri estaba completamente desubicado, nunca le había ocurrido algo así, ni siquiera cuando Eros lo llamaba hacia su reino… Subió la mirada, notando que en el techo también había un espejo roto… más no era como los demás, Yuuri conocía ese diseño a la perfección: era el espejo que le había dado a Viktor durante su primera vida. La imagen de Viktor reflejada en ese espejo tenía los ojos rojos y parecía estar sufriendo…

Poco a poco ese rostro que tanto amaba fue cubriéndose por lo que parecía ser un líquido negro… La imagen de ese Viktor sufriendo estaba desapareciendo entre la oscuridad… Y a ese paso, él también sería consumido por ella.

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Yuuri despertó cubierto de un frío sudor y pronto se dio cuenta que se encontraba solo en la cama —. ¡Viktor! ¡Viktor, ven aquí! —volvió a pedir, y apenas el de cabellos platinados entró apresuradamente hacia la habitación; el azabache se levantó para ir a sus brazos, temblando. No sabía si aquel sueño era una premonición o simplemente una pesadilla terrible, pero no podía permitir que la maldad le robara al vampiro que poseía su corazón.

— ¿Qué ocurre, Yuuri? —recibió al menor entre sus brazos y de inmediato lo abrazó, dándole la seguridad que tanto parecía necesitar en esos momentos. Odiaba verlo de esa manera, por lo que apenas este le mencionó que había tenido una pesadilla, agachó levemente su rostro—. No tienes que temer, aquí estoy… No me voy a ir a ningún lado, así que volvamos a la cama… —pidió con voz suave, antes de besar con ternura esos dulces labios. Aquel rostro en el japonés no le gustaba para nada: ojos temblorosos, mejillas pálidas y sollozos provenientes de sus finos labios. No, su pareja debía experimentar únicamente felicidad.

El mago asintió suavemente, aferrando sus manos a la camisa ajena, se estaba convirtiendo en una costumbre… Por eso permitió que el albino lo tomara en brazos y lo acunara como si fuese un pequeño niño… sus manos de inmediato rodearon el cuello ajeno, y su rostro se empezó a frotar con la tela de la camisa negra que Viktor llevaba—. Prométeme que siempre serás el Viktor de quien me enamoré… Prométeme que pase lo que pase tú corazón no va a teñirse de negro…

—Yo nunca voy a cambiar, siempre voy a ser tu Viktor… Para mí siempre serás lo más importante en el mundo ¿comprendido? —la sonrisa en los labios del conde era persistente, por lo que no la perdió incluso cuando recostó al azabache y se puso sobre él… Su mirada celeste estaba fija en esos orbes castaños que dejaban ver cierto tono naranja en el borde—. Yuuri… ¿Podemos hacerlo?

Inevitablemente las mejillas del japonés se tiñeron con un tono claro de carmín, cada vez que Viktor le hablaba con seguridad hacía que su corazón se estremeciera… Definitivamente no importaba cuánto tiempo transcurriera, seguiría enamorándose una y otra vez del mismo vampiro que lo trataba con la delicadeza que ni siquiera la muerte podía ofrecerle—. No creo que pase nada si lo haces con delicadeza… —murmuró, antes de dedicarle una pequeña sonrisa al contrario.

—Esa es la expresión que me gusta de Yuuri —comentó, dejando ver su típica sonrisa en forma de corazón. No había nada que lo hiciera tan feliz como saber que estaba haciendo feliz a Yuuri. Incluso si había tenido que mentirle acerca de la pureza de su corazón… Y es que cómo podía decirle a ese adorable hombre que su corazón tenía tantas manchas negras como muertes había experimentado el amor de su vida. Viktor siempre lo había tenido todo, pero lo único que necesitaba era el amor de Yuuri… Irónicamente era lo único que siempre le era imposible mantener.

—Viktor es un tonto… —suavemente abrazó el rostro ajeno, haciendo que esa intensa mirada se apartara por un momento de la suya… De la forma en la que estaban recostados, seguramente el mayor era consciente de la rapidez con la que su corazón latía. Era terriblemente vergonzoso, y sin embargo, estaba feliz… El miedo que la pesadilla había provocado en él, había desaparecido por completo para transformarse en una tranquilidad que solo podía tener si estaba con Viktor.

—Claro que no, Yuuri es realmente tonto por pensar que yo podría dejar de amarlo como lo hago —con suavidad se soltó del agarre del menor para acomodarse entre las piernas del azabache—. Eres mío, eres mi bien más preciado, y por eso debes quedarte a mi lado para siempre… Así que por favor… bebe de mi sangre.

Su corazón dio un vuelco al ver al vampiro incorporado justo allí entre sus piernas… podía sentir como el mayor presionaba su entrepierna contra la suya e inevitablemente lo hacía suspirar… Era injusto que le pidiera algo así cuando estaban en una posición tan erótica—. No puedo. Hasta que el bebé salga de mi cuerpo no puedo convertirme en un vampiro o podrías matarlo —había hecho un enorme esfuerzo para que su voz sonara seria… pues no le estaba mintiendo a Viktor… no obstante, tampoco quería explicarle la naturaleza de la bendición de Eros en su cuerpo.

—Entonces… Me prometes que luego de que el bebé nazca, ¿te convertirás en un vampiro por mí? —apenas el azabache asintió, Viktor sonrió con la ternura que no había sentido en mucho tiempo… Estaba tan feliz que sin notarlo una lágrima solitario rodó por su mejilla… —Gracias Yuuri, muchas gracias… —de inmediato y con una sonrisa robó un beso de esos finos labios que lo recargaban de energía.

—Viktor… —inevitablemente le devolvió la sonrisa… era imposible no sentir ternura por ese vampiro que parecía todo un niño. Definitivamente él no podría huir nunca del conde Nikiforov, él era su pasado, su presente y… en esta ocasión, también su futuro… Estaba enamorado, estaba tan perdidamente enamorado que simplemente todo su mundo era Viktor…

—Abre la boca —ordenó con voz suave, y apenas el menor lo obedeció volvió a unir sus labios, esta vez dejando que su lengua se colará entre esos lindos labios y acariciara descaradamente la lengua ajena. Una de sus manos fue directamente hacia el borde del pantalón ajeno y no dudó en desabrocharlo, bajando el cierre.

Las manos de Yuuri habían ido por inercia hacia el cuello ajeno y entre ese pasional beso se ahogaban los eróticos sonidos que las caricias del mayor sobre su entrepierna provocaban—. Mph… Viktor… —jadeó el nombre del contrario apenas sus labios fueron abandonados por los ajenos—. Te amo, Viktor…

—También te amo, Yuuri. Ahora vamos, deja que escuche tu erótica voz —murmuró el vampiro mientras acariciaba la hombría del azabache, ahora liberada de sus pantalones y su ropa interior. Estaba realmente impaciente por tomar a Yuuri, aunque se había jurado ser lo más suave y delicado que pudiese. Después de todo ahora que sabía que el contrario estaba embarazado debía velar el doble por su seguridad.

—E… Espera Viktor… Ah…~ —un suave gemido se escapó de sus labios, por lo que tuvo que cubrirse suavemente los labios avergonzado. Por un momento dudó en si seguir o no la petición de su amante, pero terminó por descubrirse los labios y dejar salir su suave voz en forma de gemidos.

Si tan solo Yuuri pudiese verse en esos momentos desde sus ojos, seguramente se amaría tanto como él lo amaba. Y es que para Viktor no había nada más hermoso que ese azabache que gemía con los orbes entrecerrados, esos seductores labios abiertos y las mejillas sonrojadas. Realmente estaba en problemas, lo deseaba con demasiada fuerza, por lo que presionó su entrepierna contra la ajena. Era un instinto vampírico para hacer consciente a su amante de su propio estado—. Quiero entrar en Yuuri…

—Ah… Está bien, Viktor… También quiero sentirte dentro pronto… —sus mejillas inevitablemente estaban ardiendo, su corazón latía demasiado rápido… y todo era culpa de ese hombre que lo hacía sentirse tan desesperado… Necesitaba sentirse unido a él de cualquier forma, y aunque sabía que era algo extraño, sería feliz compartiendo cada minuto de su día con el mayor… Incluso cuando sabía que si fuese por el conde lo dejaría encerrado en una habitación para siempre.

Los orbes celestes del conde parecieron destellar ante aquella invitación, por el tono de los ojos ajenos sabía que Eros no estaba metiéndose y eso lo hizo sentirse aún más excitado… Saber que Yuuri era sincero consigo mismo y quería amarlo sin cohibiciones hacía que su dañado corazón se calentara—. Déjame consentir a la persona que tanto amo…

Viktor no dudaba al momento de retirar las prendas del menor y mucho menos cuando se deshizo las suyas propias, lanzándolas a algún lugar del suelo. Con cada segundo que transcurría la consciencia del albino le gritaba que se apresurara, que el tiempo pasaba mientras él lo desperdiciaba lanzando ropas. Por alguna razón su corazón estaba demasiado impaciente por sentirse bañado del amor que solo el mago podía brindarle.

Cuando Yuuri se vio completamente despojado de sus ropas, estiró sus manos hacia el vampiro—. Quiero poder ver tu rostro todo el tiempo, Viktor —pidió el menor mientras el albino se acomodaba entre sus piernas y recargaba la frente contra la suya.

—Podemos hacerlo como te sientas más cómodo, Yuuri. ¡Te ves tan adorable en estos momentos! —anunció el de orbes celestes mientras abrazaba con suavidad a ese adorable japonés que siempre lo sorprendía con alguna expresión que lo hacía querer acapararlo para sí mismo en algún rincón de su palacio.

—Te emocionas demasiado —soltó acompañado de una risa. A Yuuri en verdad le gustaba la sonrisa en forma de corazón de Viktor. Ojala nuestro hijo tenga su sonrisa fue todo lo que pudo pensar mientras el albino volvía a incorporarse, permitiéndole tener sus brazos alrededor del cuello ajeno en una postura más cómoda.

—Tengo que emocionarme, soy un hombre enamorado —declaró antes de besar suavemente los labios ajenos. Con suavidad se inclinó hacia atrás para poder rozar su entrepierna con aquella estrecha entrada, qué, a pesar de todo, parecía ansiosa por recibirlo—. Yuuri aquí atrás estás húmedo —mencionó con voz casi aterciopelada, disfrutando de la expresión avergonzada que el menor le mostraba. Realmente le era difícil para él no tomarlo salvajemente.

—No digas eso… Además, es culpa de Viktor por hacer que me sintiera ansioso —sus mejillas ardían y sus deseos de ser una con el menor aumentaba exponencialmente también. Cerró sus ojos al sentir al vampiro presionarse contra él—. ¡Ahh! —un gemido brotó de sus labios e inmediatamente sus brazos se aferraron a esos fuertes y pálidos hombros. Esa piel realmente blanca se vería mucho mejor con las marcas que sus dedos dejarían.

Jadeó suavemente, antes de volver a empujar su cintura. Cada nuevo gemido que arrancaba de los labios ajenos era una señal de victoria para él. Por eso apenas se sintió completamente aprisionado, empezó a bombear pausadamente, todavía quería permitirle a su pareja hablar más con él…—. Yuuri… —gruñó el mayor apenas sintió las uñas del mago clavarse en su piel y rasguñarlo.

— ¡Ahm! Eres mío Viktor… Eres tan mío como yo tuyo~ —murmuró en un susurro con voz leve, jadeante. Sus mejillas lucían un hermoso sonrojo, y, a pesar de la vergüenza… No podía sentir nada más que placer y feliz… El remolino de emociones era tan cálido como la sonrisa que Viktor solía dedicarle cuando le susurraba un "te amo" fugaz.

—Lo sé, mi alma, mi corazón… todo te ha pertenecido desde el día en que nos encontramos —tomó nuevamente esos labios, mordiendo el inferior para después succionarlo, bebiendo de la sangre que de este había brotado. Ese sabor dulce lo volvía loco, si pudiese estaría todo el día pegado a la vena de Yuuri—. Gime más para mí… —gruñó con voz suave, empezando a aumentar la intensidad de sus estocadas.

Los gemidos del azabache no se hicieron esperar y sus piernas rodearon la cintura ajena, para permitirle al conde moverse con más libertad contra él. En esos momentos toda su mente y su cuerpo estaban llenos de Viktor… los recuerdos del pasado volvían a él en forma de película. Los buenos momentos y los malos, no abandonaría ninguno, pues gracias a ellos era quien era en esos momentos.

—Oh, estás realmente atrevido hoy… —inevitablemente sus orbes celestes se habían cubierto por el carmín de la pasión que corría en esos momentos por sus venas. Se estaba jurando que apenas Yuuri se convirtiera en vampiro, iba a tomarlo con tanta fuerza que no podría levantarse de la cama durante mínimo uno semana.

Sus orbes castaños estaban fijos en el rostro del albino, tan perfecto incluso cuando hacía el esfuerzo de embestir contra él. Su piel blanca brillaba con lo que parecía ser una capa fina de su voz, y esos brillantes labios entreabiertos prácticamente lo hacían delirar. En esos momentos, Yuuri creía que flotaba dentro de una burbuja—. Ah… ¡Ah! ¡Viktor! —pasó sus manos hacia la espalda ajena e inevitablemente se aferró a ella, dejando las líneas marcadas en la piel ajena.

Ante la linda reacción de su amante, fue incapaz de controlarse y llevó su boca hacia ese extendido cuello… Se veía tan delicioso que tuvo que relamerse para pocos segundos después insertar lentamente sus finos colmillos en la piel del mago que se aferró a él mientras gemía con fuerza. No pudo evitar sonreír muy levemente al sentir que había logrado que el menor se corriera nada más con perforarlo con sus colmillos.

Yuuri temblaba levemente con sus labios entreabiertos mientras los gemidos continuaban saliendo uno tras otro. Su cuerpo estaba realmente sensible, pues normalmente no acababa con tanta facilidad—. ¡Viktor! ¡Ahm!~ d… Déjame r… —sus labios fueron acallados por un beso con sabor a sangre, y simplemente no pudo más que darle total acceso a ese hombre que podía dominarlo con un simple beso.

Viktor gruñó suavemente, antes de soltar el beso y volver a morder el cuello del menor, lamiendo la sangre que había desperdiciado en el proceso. Sus embestidas no se habían detenido en ningún momento, y es que era la increíble subida de placer que le daba ser uno con Yuuri lo que provocaba su necesidad de tomarlo todo de ese azabache.

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La noche avanzó lentamente para los amantes de la mansión Nikiforov que entre caricias, gemidos y sábanas disfrutaba de una noche placentera únicamente para ambos. Un par de horas más tardes el mago yacía en el pecho de Viktor, recostado con la mirada levemente perdida en el rostro del albino que acariciaba su espalda como si se tratase de un niño.

—Ahora me duele la cintura por tu culpa… y tengo marcas de colmillos y chupones —se "quejó" el japonés mientras hacía un leve "puchero". No obstante estaba deliciosamente exhausto y su corazón no parecía haberse sentido tan lleno nunca. Por eso agradecía en demasía que Eros no hubiese intervenido en aquella ocasión.

—Más tarde te haré un masaje y mandaré a traer un desayuno muy completo para ambos —sonrió el vampiro mientras con su mano libre acariciaba un chupón notable en el cuello ajeno, le encantaba marcarlo… Eran pruebas claras de que era suyo y no necesitaba ser saciado por nadie más. Aunque, él mismo estaba completamente complacido. Por dios, podía sentir claramente el ardor de los rasguños de Yuuri en su espalda—. Yuuri… Déjame morder tu dedo.

—Eres una bestia —se quejó, recibiendo un "gracias" acompañado de una sonrisa en forma de corazón. Suspiró, simplemente no podía luchar contra ese hombre que cada día lo tenía más loco. Se sonrojó ante la petición y extendió el índice hacia su amante—. Últimamente estás tomando fetiches raros…

—Ese no, el anular, Yuuri —anunció con seriedad mientras besaba la frente ajena. Había esperado suficiente para demostrarle al menor cuán fuerte era su deseo de permanecer a su lado para siempre. Cuando tuvo el dedo necesario frente a él, sonrió y lo metió en su boca, mordiendo suavemente la base de este. Al retirar la extremidad de sus labios pudo apreciar el anillo dorado que brillaba allí.

Había sentido algo deslizarse por su dedo, pero nunca se esperó que fuese una sortija obviamente de oro. Sus mejillas inmediatamente se sonrojaron hasta más no poder y las lágrimas no se hicieron esperar—. E… ¿Es lo que creo…? —y como respuesta a su pregunta, el conde Nikiforov levantó la mano, luciendo la pareja del anillo.

Recibió a su llorosa pareja en un abrazo y sonrió, Viktor no podía estar más feliz—. Quédate conmigo para siempre Yuuri —era adorable la forma en la que el mago asentía con desesperación. Estaba enamorado del futuro en el que pudiesen estar juntos por fin, y ahora que las esperanzas eran tan altas podía darle la sortija que desde hacía unos 50 años guardaba reposo entre sus pertenecías.

—Te amo…. Te amo Viktor… —sollozaba con fuerza el mortal mientras se aferraba al vampiro como si fuese la única cosa que podía salvar su alma en todo el mundo. Rogaba a los dioses y al cielo entero que escucharan su deseo y le permitieran vivir para siempre con la persona que le sonreía siempre…

—También te amo Yuuri —inevitablemente dejó al menor llorar entre sus brazos. Quería ser capaz de apreciar desde el primer puesto la felicidad que le estaba dando a la persona que amaba. El lazo que lo puede todo, no será roto por el destino… No esta vez, te lo juro…

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El dorado de una promesa brilla

El reflejo del espejo sigue roto

En los dedos de una pareja el hilo rojo cobra forma

Tras los rotos trozos de cristal, el reflejo parece esfumarse.

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Las lágrimas de un inmortal

El deseo de un niño bendecido

¿Será suficiente para apaciguar al destino?

Ruega, reza, llora, tus pecados viven en el mundo.

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Morfeo dentro del reino de los sueños

Eros entre los bares del cielo

Zeus ríe sobre el trono

Que alguien escuche la plegaria de este pobre mago.

Que alguien escuche el dolor de un vampiro blanco.