Gracias a todos lo que se han tomado el tiempo de leer. Me gustaría decir y prometer que actualizare dos veces o tres veces por semana, pero mi trabajo y otros proyectos no me lo permiten, pero al menos uno a la semana si me es posible :D así que aquí les dejo la actualización que toca.

La canción que toca Maki en este capitulo (y quiere Nico) es:

Allegro Cantabile- SUEMITSU & THE SUEMITH

Ni Love Live, ni sus personajes me pertenecen...


Capítulo 02:

–Nico. –llamó Eli a su vecina mientras la alcanzaba al pie de las escaleras– Es raro verte fuera de tu departamento.

–Tenía que hacer las compras. –le mostró una bolsa de supermercado mientras comenzaban a subir– Mis amigas están ocupadas, así que por desgracia tuve que pausar mi trabajo para ir a comprar yo.

–¡Oh!, ¿tienes amigas? –preguntó la rubia con falsa sorpresa.

Nico frunció el ceño y respondió– Al menos parece que tengo más que tú, porque creo que esa chica que siempre te visita es tu hermana.

–¿Lo dices por el color de cabello y ojos? –Eli no necesitaba respuesta, así que continuó– pues sí, es mi hermana menor. Pero que yo no tenga amigos se justifica con el hecho de que sólo han pasado dos meses desde que llegué a Japón, y no soy tan sociable como parezco.

–No serás sociable pero si eres bastante confianzuda con la gente, el día que nos conocimos empezaste a sólo decirme Nico.

–No estoy familiarizada con sus costumbres, y a ti no pareció molestarte.

–¿También llamas a los demás por su nombre en el trabajo?

–Y-Ya no...

Aquella respuesta y el leve sonrojo en el rostro de Eli hicieron reír a Nico, se imaginó a la rusa hablándole a sus compañeros de trabajo de manera informal. Según lo que la rubia le había contado, era coreógrafa y como lo hacía de forma independiente prestándo sus servicios a todo el que podía, su horario era un verdadero caos. Si ellas habían comenzado a tratarse, fue más por necesidad. Ya que cuando Eli recién se había mudado, no tenía idea de ubicaciones o lugares donde vendían cosas que pudiera necesitar. Nico al ser su única vecina –al menos en ese piso– era a quien siempre recurría para salir de sus dudas, a pesar de que ya casi no tenía tiempo iba de vez en cuando a visitar a la única persona que consideraba casi una amiga en ese país. Nico le mostró a Eli sus nuevas pinturas, ésta las elogió provocando que el ego de la pelinegra se elevara aún más y comenzara a presumir de sus habilidades. La rubia no estuvo mucho tiempo, se caía de sueño, estaba exhausta por el exceso de trabajo que tenía, se había involucrado en una obra teatral y en la producción de un video musical, los cuales la tenían ya como un zombi.

Una vez Nico se quedó sola, se puso a contemplar satisfecha sus más recientes creaciones. Sabía que aquello era gracias a su nueva vecina, la que por el momento no tenía el gusto de conocer, aunque sí tenía la firme intención de hacer que eso pronto cambiara. Por ahora no lo haría, debía completar el número de pinturas que le habían encargado para la exhibición y ya después se preocuparía por presentarse con la pianista.

–¿Te sientes mal Nico-chan? –preguntó Kotori una vez dentro del departamento de su amiga.

–No... –soltó un pesado y prolongado suspiro– Es sólo... que ha pasado casi media semana y no logro pintar nada –se quejó la pelinegra mientras en su mente culpaba a su vecina, quien no había tocado el piano en todo ese tiempo– le faltaban seis cuadros... ¡seis! y su tiempo estaba agotándose peligrosamente rápido, eso no le gustaba.

–Pero si la semana pasada ibas realmente bien.

–La semana pasada ella tocaba... –murmuró Nico sólo para ella pero, Kotori alcanzó a escucharla. Aún así decidió mejor no decir nada– cambiando de tema... ¿dónde esta la pervertida? –preguntó Nico de repente.

Kotori rió antes de responderle a la pelinegra. –Dijo que olvidó algunos de los materiales que le encargaste, descuida vendrá en un rato.

–No es urgente, ni siquiera sé cuándo podré usarlos.

–Creo que igual sería mejor que los tengas aquí listos, en lugar de estar corriendo de un lado a otro cuando te hagan falta y tengas el tiempo justo. –Nico le respondió a su amiga con un movimiento de cabeza, dándole toda la razón. Kotori le estuvo contando un poco sobre su trabajo, después hablaron de la estrella que había descubierto Nozomi días atrás y como estaba sufriendo para ponerle un nombre. Luego de varios minutos el timbre sonó, la artista fue a abrir la puerta topándose con su rubia vecina y su amiga astrónoma.

–Gracias. –le dijo Nozomi a la rusa con una sonrisa en el rostro, mientras tomaba la bolsa con la cual esta le había ayudado.

–De nada. –respondió devolviéndole la sonrisa– Nos vemos luego Nico. –dijo en modo de despedida.

Nozomi no entró hasta que perdió de vista a la rubia cuando esta se metió a su departamento. Nico hizo una mueca de fastidio alejándose de la entrada para ir con su amiga diseñadora.

–Justamente estábamos hablando de tí y tu nuevo descubrimiento. –comentó Kotori intentado llamar la atención de la pelimorada– ¿Qué nombre elegiste al final?

–¿Ah? –preguntó Nozomi poniéndole atención a sus amigas.

–Que… ¿cuál es su nombre?

–Eli –respondió enseguida, sin percatarse realmente a que se refería Kotori. Nico no pudo evitar soltar una carcajada, mientras la chica de ojos ámbar no entendía la elección de nombre de Nozomi, ni por qué la pelinegra se reía de esa manera.

–¿Por qué elegiste ese nombre? –preguntó confundida Kotori.

–¿Eh? ¿Elegirlo? -Nozomi notó que la risa de Nico estaba cesando.

–Ella habla de la estrella...

Las mejillas de Nozomi se tiñeron levemente de rojo, intentó disimularlo lo mejor posible con una sonrisa y rápidamente respondió – Aún lo estoy pensando.

–Entonces, ¿quién es Eli? –preguntó la castaña.

Nico sonrió de forma maliciosa y se dispuso a hablar –Verás Kotori... –antes de que pudiera continuar fue interrumpida por el sonido del piano del departamento de junto. Era una melodía que había escuchado antes, aunque en una sóla ocasión y que de inmediato la llevó a pintar, por desgracia había terminado antes de que pudiera completar el cuadro. Se apresuró a buscar entre sus lienzos "en proceso" hasta encontrar el que quería e hizo a un lado el que tenía en el caballete para colocar el otro en su lugar.

La diseñadora y la astrónoma sólo observaron pacientemente en silencio –aunque con cierta curiosidad– los movimientos de su amiga. Nico estaba tardando demasiado, la melodía iba ya por la mitad y ella aún no terminaba de acomodarse y tomar los tubos de óleo necesarios para continuar con su obra. Cuando finalmente todo estuvo listo, la canción llegó a su fin, haciendo que soltara un grito de frustración.

–¿Nico-chan te encuentras bien? –preguntó Kotori. La pelinegra no contestó, dejó su paleta y pinceles en el banco donde se sentaba y se apresuró a salir del lugar. Nozomi y Kotori fueron hasta la puerta de entrada, se asomaron y vieron a su amiga tocando con insistencia el timbre de su vecina.

Maki había tenido un largo y pesado día en el hospital; aquella semana había sido agotadora, entre atender urgencias y avanzar con su tesis estuvo bastante corta de tiempo. Entró a su departamento y dejó su bolso en el sofá de la sala, estaba tratando de decidir si debía cocinar o simplemente tomar el teléfono y pedir algo a domicilio. Dió algunos pasos mientras meditaba su decisión y vió su piano, el cual llevaba varios días sin tocar. Se acercó a él olvidando el asunto de su cena, sin pensarlo se sentó y comenzó a tocar. Deslizó sus dedos sobre las hermosas teclas y dejó que estos se movieran sólos reproduciendo una bella y alegre sonata, a pesar de la fatiga y su estado de ánimo le apetecía tocar esa melodía e inclusive comenzó a tararear la letra de forma inconsciente. Todo el cansancio y el estrés desaparecían mientras se acercaba al final de la canción. Al terminar dejó salir un suspiro de satisfacción, se puso en pie y estiró sus músculos. Caminó hasta el sofá y estaba por tomar su celular para ordenar algo cuando el timbre de su departamento sonó. Aquello le pareció un tanto extraño, no había alguien que pudiera ir a visitarla a excepción de sus padres, a los que había visto en el hospital justo antes de volver a casa, así que inmediatamente los descartó. Maki abrió la puerta topándose con una chica bajita de unos 15 o 16 años según le pareció, –algo bastante alejado de la realidad– la pelirroja no tenía idea que había calculado 12 años menos de los que tenía. La pelinegra vestía un viejo suéter blanco con capucha, un short de mezclilla y unas graciosas pantuflas de conejito, su atuendo tenía ya algunas manchas y salpicaduras de pintura en tonos pastel, pues era de los que acostumbraba a usar cuando pintaba, despedía un aroma a similar a almendras que por un momento inundó las fosas nasales de la pelirroja, aunque al hacerse más tenue decidió ignorarlo y esperar a que la chica frente a ella hablara.

–¿Puedes volver a tocar esa melodía? –preguntó Nico.

Maki parpadeó confundida –¿Disculpa?

–¡La que acabas de tocar! –la voz de la artista sonaba un tanto desesperada y eso incomodó a Maki. La doctora sólo la observó unos segundos más antes de fruncir el ceño y cerrarle la puerta en la cara, ¿tocar de nuevo esa pieza? ¿por qué le haría caso a una desconocida? y con tan pocos modales. Escuchó como aquella chica gritaba "!hey!" –sí... no tiene modales– pero decidió ignorarla, al fin logró tomar su celular y ordenó algo para la cena, el numerito de antes le había causado más apetito.

Nico volvió a presionar el timbre un par de veces, esperando a que su vecina le abriera. Pero luego de algunos segundos se dio cuenta que eso no sucedería, por lo que volvió a tocar sin detenerse una y otra vez.

Nozomi y Kotori se acercaron a ella, la tomaron de los brazos y la alejaron de la puerta, la artista se retorció intentado zafarse del agarre de sus amigas pero no tuvo éxito.

–Nicochi ¡¿qué te sucede?!

–¡Sucede que necesito que vuelva a tocar! Lo necesito... –al ver la cara de preocupación del par que la tenía inmovilizada decidió explicarse– ¡Esa canción formó en mi cabeza una imagen increíble que necesito plasmar!, será la pieza principal de mi exhibición, por eso necesito…

–No eres divertida Nicochi. –se quejó Nozomi haciendo un puchero. Aquel descuidado acercamiento de la pelinegra con su vecina le había arruinado sus planes conspiratorios y eso no era bueno, en su mente ya había trazado un maquiavélico e infalible plan –o eso pensaba– para que ambas se conocieran en circunstancias más... "alegres" –al menos para ella–.

–¿De qué hablas? –cuestionó la artista.

–Creo que lo estás haciendo mal Nico-chan. –comentó Kotori aflojando un poco el agarre del brazo de Nico– No puedes ir, tocar su puerta y pedirle un favor de esa manera, ni siquiera te has presentado con ella.

–Entiendo… –dijo la pelinegra quedándose quieta, sus amigas la soltaron al notar que ya se le veía más tranquila. –Supongo... que debería empezar disculpándome y presentándome con ella.

Nozomi inevitablemente puso una cara de fastidio, todo estaba pasando tan rápido y no de la manera que a ella le hubiera gustado– No creo que te abra la puerta de nuevo, y si lo hace estoy segura que sería para azotártela en la cara otra vez.

–No hay problema. –dijo Nico cruzándose de brazos y sonriendo traviesamente– ¡Tengo un plan!, para ello Kotori tiene que usar "esa expresión".

–¿Qué expresión? –preguntó confundida la diseñadora.

–Esa que usas con tu querida amiga de la infancia cuando quieres convencerla de algo.

–¿Mi amiga de la infancia? –Kotori seguía sin comprender a Nico.

–Creo que se refiere a la que usas con Sonoda-san. –le dijo Nozomi recuperando su característica sonrisa.

–¡Sí! Exacto, la que le gusta.

Kotori se cubrió el rostro con sus manos para evitar que vieran como se ponía completamente roja– Nozomi-chan… Nico-chan…

–No te va a servir Nicochi, ese gesto sólo tiene efecto con ella. No creo que funcione de la misma forma con… –vió la placa con el nombre del departamento frente a ella– Nishikino-san.

Nico lanzo un grito de frustración, necesitaba terminar sus cuadros y necesitaba a toda costa que su vecina tocara para conseguirlo. Aunque sabía que podía lograrlo por sí misma, ya no tenía tiempo suficiente– De alguna manera voy a lograr que toque para mí.

Nozomi observó cómo su amiga miraba con determinación la puerta frente a ella y se dió cuenta que probablemente ni siquiera tendría que meter las manos, quizás sólo comprar palomitas y sentarse a disfrutar, observando cómo Nico fastidiaría a su vecina.