Este capitulo quedo listo antes de lo previsto, asi que me dije ¿por que no? y es por eso que ahora se los dejo, no creo que tenga listo el 4 antes de que termine la semana pero es muy posible que a mediados ya lo este subiendo.

Una vez mas gracias por tomarse el tiempo de leer, espero que este capitulo también sea de su agrado :D

Ni Love live, ni sus personajes me pertecen, pero la historia... xD esa si es mía.


Capítulo 03:

96 –Desesperantes– horas antes de la exhibición.

Nico se puso los audífonos y comenzó a reproducir cierta melodía en su celular, apretó los dientes casi en seguida, se dio cuenta que la grabación tenía una pésima calidad, no era culpa de este, si no de la pared que dividía su departamento con el de la pelirroja. Kotori le había sugerido que grabara en cuanto escuchara a su vecina tocar el piano y a ella le había parecido la manera más pacífica de resolver su problema.

No había funcionado...

¡Claro que no había funcionado! Gritó mentalmente Nico. Observó su descuidada marca de conejo en el calendario, le faltaban pocos días para la entrega de sus cuadros. Afortunadamente dividía –o eso pensó en un comienzo– su vecina había estado tocando a diario, aunque para su mala suerte, no la canción que la artista quería y sobre todo, necesitaba con urgencia. Había otras melodías con las que comenzó a pintar nuevas obras pero, no podía avanzar en ellas porque su vecina no volvía a tocarlas. Poco a poco, la que pensó, sería la solución a sus temporadas de bloqueo mental, se convertía en una tortura. Lo peor era, que cuando intentaba pintar como lo hacía antes, la música inevitablemente la desviaba de su objetivo. Tan mal estaba la situación, que Nico ya sabía cuál sería el tema de su próxima exposición...

¡Frustración!

A este paso, no había duda de ello.

La pelinegra se preguntó, si acaso Edvard Munch había pintado El grito, bajo circunstancias similares a las suyas. Se abofeteó mentalmente ante semejante comparación y soltó un pesado suspiro. Nico pensó que quizás darse una vuelta por la universidad y pedirle algunos consejos a sus profesores le sería de ayuda. Tomó sus llaves, guardó su celular en uno de los bolsillos traseros del short que vestía en ese momento y salió de casa. Mientras bajaba por las escaleras de su piso, se encontró con Eli y Nozomi quienes venían platicando animadamente.

–Nico –Eli la saludó con una sonrisa y un gesto de su mano– me encontré con Tojo-san en la entrada, ¿qué tal te va?

–Vine a ver cómo vas con tus cuadros. –comentó Nozomi.

–No muy bien... sigo con problemas y la sugerencia de Kotori realmente no funcionó.

–¿Has intentado hablar con Nishikino-san? –preguntó la rusa, Nico ya le había comentado de su situación en busca de sugerencias.

–Nunca me abre la puerta...–respondió con molestia la artista.

–Supongo que es normal Nicochi, lo primero que hiciste al verla fue pedirle que tocara para ti y por tu tono de voz sonó más como una orden que un favor.

–Fue inevitable, tú sabes que tenía... bueno, tengo las horas contadas, –se sentía como si estuviese próxima a ser llevada a la silla eléctrica– así que estoy un poco desesperada.

–¿En serio? ¿Sólo un poco? –dijo Nozomi con sarcasmo. –Nico, estoy segura que estás a punto de entrar en modo stalker.

–¡N-Nunca haría tal cosa! –refunfuñó la pelinegra.

–¿Me permiten pasar? –preguntó una cuarta voz en un tono algo molesto, atrayendo la atención.

Las tres voltearon, topándose con la pelirroja. Tenía un notorio rostro de cansacio y fastidio. Una de sus manos sostenía una bolsa plástica con el logo del mini súper cercano. Eli y Nozomi se apartaron y ella siguió subiendo las escaleras hasta llegar a la altura de Nico a quien apenas le dirigió la mirada antes de continuar su camino.

La artista decidió que aquella sería una buena oportunidad –y la única que se le presentaba hasta ahora– para intentar solucionar las cosas, dándose valor dio un paso al frente, subió un peldaño y habló –N-Nishikino-san...
Maki giró la cabeza para ver a Nico mientras seguía avanzando, por lo cual dio un paso en falso, resbaló y se fue de boca. En un rápido y ágil movimiento, Nico la tomó por el cuello de su blusa con una mano, mientras con la otra tomaba su cintura y la jalaba hacia ella, evitando que cayera. Eli observaba todo con preocupación, mientras Nozomi intentaba contener su enorme alegría por presenciar tal escena. Durante lo acontecido, la doctora había dejado caer su bolsa con compras, los vegetales se veían rodar por las escaleras –en su mayoría tomates–. Nico al percatarse del desastre a su alrededor y que la mujer en sus brazos no corría mayor peligro, la liberó de su agarre y se dispuso a recoger rápidamente todo. Una –evidentemente– avergonzada Maki, con mejillas teñidas de rojo como los tomates que habían caído segundos antes, observaba molesta, ¡se había tropezado frente a tres desconocidas!.

La artista le extendió su mano, con la bolsa de compras que recién había recogido. –N-no pasa nada, d-descuida... de todas formas debías lavarlos... –dijo nerviosamente y tratando de esbozar una sonrisa, mientras esperaba que la pelirroja tomara sus cosas.

–¡No la quiero! –dijo la pelirroja, en un tono que le hizo comprender a Nico, que acababa de hacer que las cosas entre ellas se pusieran aún peor ¡¿era eso posible?! Por lo visto, sí...

Maki se dió la vuelta y continuó subiendo las escaleras –ahora sí, con cierta precaución– hasta llegar a su departamento, azotando la puerta al cerrar.

La artista aún con bolsa en mano, salió de su estupor, se giró para ver a Eli y Nozomi, la rusa seguía con cara de preocupación, mientras su amiga se tapaba la boca con ambas manos, en un intento de no vomitar o bien soltarse a las carcajadas –conociendo a Nozomi, estaba segura que era lo segundo... –

–Nicochi, –la llamó la astrónoma, que con mucha fuerza de voluntad logró recuperar su semblante calmo– ¿recuerdas que me pedíste que no te hiciera las cosas difíciles con ella? –la pelinegra no contestó, sólo se limitó a asesinar a su amiga con la mirada– descuida, no será necesario, tú solita lo haces de maravilla.

Ahora sí, quería matarla.

72 horas antes de la exhibición.

Nico estaba finalizando uno de sus cuadros sin ayuda de la música, era uno de los que había dejado a medias de su anterior exhibición, aprovechando que su vecina no estaba para distraerla –o inspirarla, ya no estaba segura– decidió tomar alguno de sus trabajos inconclusos, ya que tenía el tiempo encima. Vió arrumbados en una esquina de su sala, los lienzos con trabajos sin terminar y sabía que de alguna manera iba a lograrlo. Aunque estaba segura, de que los cuadros que pintaba mientras escuchaba ese melodioso piano, se diferenciaban bastante del resto de la exhibición. Escuchó un sonoro golpe proveniente del departamento de su vecina. Se preguntaba si la pelirroja siempre estaba de mal humor, ya que hacía uso excesivo de la fuerza al cerrar la puerta, era lo que delataba su salida y sobre todo su llegada a casa. Nico pasó uno de sus pinceles sobre el lienzo, dándole los últimos retoques a su pintura. Seguía preocupada, aún no tenía el cuadro más importante para su exhibición y aunque recordaba perfectamente la melodía que su vecina había tocado cuando se le ocurrió la idea para su pieza principal, necesitaba escucharla para poder continuar. Se preguntó si sería suficiente con saber el nombre de la canción y hacer una búsqueda en Youtube. En todo caso el problema era casi el mismo, entablar una conversación con su vecina –esa que la veía con tal intensidad que la hacía pensar que moriría de no guardar su distancia– y así preguntarle el nombre de la canción. Pero para esto necesitaba que le abriera la puerta y eso contando con mucha suerte, aunque a estas alturas, podía resultar igual de desastroso que su último encuentro...

El timbre de su casa sonó, sacándola de sus pensamientos. Nico estaba casi segura de saber quién se encontraba del otro lado, así que no tenía muchas ganas de dejarle pasar. Luego de examinar a detalle su cuadro, –e ignorando el timbre que había sonado una vez más– llegó a la conclusión de que era perfecto. Se levantó del banquito, estiró sus músculos y por fin decidió abrir la puerta, topándose con Nozomi.

–Tardaste Nicochi –dijo la pelimorada haciendo un puchero.

–Es que sabía que eras tú.

–¿Y por qué tan segura?

–Fácil, mis hermanos vinieron hace unos días y como vieron lo atrasada que estaba, dijeron que nos veríamos hasta el día de la exhibición. Eli está trabajando a esta hora y Kotori me llamó hace un rato para saber si no he perdido la cordura, –tal vez un poco– creo que estaba bastante ocupada porque colgó a los pocos segundos.

–Sí, se encuentra adelantando trabajo. Porque su querida Umi-chan –esto último haciendo un intento de imitación de la voz de su amiga– está por regresar de su viaje.

–Bueno, como sea, sabía que eras tú.

–¿Y si era tu "adorable" vecina pidiéndote una taza de azúcar?

–¡Pfffftt! ¡Ja ja! ¡Por favor, no me hagas reír! Estoy segura que antes de plantarse del otro lado de mi puerta a pedirme algo, preferiría ir de compras a la tienda por más lejana que estuviera, ¡aún si tuviese que cruzar la ciudad!

–No le has pedido disculpas ¿verdad?

–¡¿Cómo?! Si no abre la puerta... –Nico estaba molesta– Aunque no pienso rendirme tan fácilmente, hace rato le preparé un delicioso pastel de tomate, mozzarella y albahaca fresca –Nico estaba muy segura de su cocina pues se le daba bien– obviamente con los tomates que no se dignó a recibirme.

–Ok, entonces... ¿qué te parece si hacemos esto? Yo toco la puerta y tú te quedas fuera del rango de visión de su mirilla hasta que abra.

–¿Y luego qué?

–Puedes empezar por disculparte y luego darle tu ofrenda de paz ¿te parece?

–¡De acuerdo! Me disculparé por pedirle, bueno... prácticamente ordenarle que tocara para mí y por provocar que casi cayera...

Nico tomó el pastel que dejó enfriándose en la cocina, para luego salir del departamento con su amiga. Nozomi se plantó frente a la puerta de la pelirroja y tocó el timbre, mientras la artista con ambas manos intentaba sostener el aromático pastel con firmeza, ya que se encontraba nerviosa, temía que su vecina no abriera. Justo cuando ese pensamiento atravesaba su mente, la puerta se abrió dejando ver a Maki, traía puestos unos lentes de aumento y una de sus manos sostenía un grueso libro que llevaba por título "Neurología clínica".

–¿Sí? –le preguntó a Nozomi.

–¿Qué tal? Nishikino-san, mi amiga tiene algo que decirte.

–Y-Yo... –Nico dio un paso al frente armándose de valor, pero desvió la mirada al suelo.– Quería disculparme por no presentarme adecuadamente la otra vez y por el incidente de las escaleras.

Maki frunció el ceño y estaba a punto de iniciar otra discusión cuando un agradable aroma llegó a ella, provocando que algo en su estómago se removiera –recién había llegado de un arduo día en el hospital y moría de hambre. –

Observó con curiosidad el refractario que Nico sostenía y preguntó –¿Qué es eso?

–¡Pastel de tomate! –respondió inmediatamente la artista extendiendo sus manos hacia ella– E-Es parte de la disculpa por su puesto.

El delicioso aroma estaba matando a Maki y no pudo resistirse, dejó su libro sobre una repisa que tenía junto a la puerta y tomó el regalo de la pelinegra. Supuso que lo mejor sería estar en buenos términos con las personas que la rodeaban e intentaría olvidar la mala primera impresión –también la segunda... – que le había causado su pelinegra vecina. Se quedó mirándola por un instante, de nuevo había vuelto a notar ese olor a almendras que desprendía la chica y como su ropa tenía manchas de pintura al igual que la vez anterior.

–Eso significa... –dijo Nico sacándola de sus pensamientos, –ahora esta la observaba fijamente– ¿Todo bien entre nosotras?

–S-Supongo... –respondió la doctora con un leve sonrojo en sus mejillas.

–¡Bien! Entonces, ¿al menos podrías decirme el nombre? –soltó Nico con una sonrisa en el rostro.

–¿Ah? –Fue lo único que salió de la boca de la pelirroja al no comprender bien a qué se refería la chica frente a ella.

Nozomi se había mantenido al margen, observando atentamente la interacción entre ambas, no tenía planeado intervenir, sólo disfrutar del espectáculo. Y hubiera seguido así, de no ser porque su amiga, que estaba casi obsesionada con su deber, –terminar sus cuadros a cualquier costo– estuvo a punto de echar por la borda el pequeño avance que había logrado en esos minutos y no podría divertirse si ellas no comenzaban a llevarse bien.

–Se refiere a tu nombre, conocemos tu apellido. –señaló la pequeña placa bajo el timbre– Pero no tu nombre, yo soy Tojo Nozomi y aquí mi amiga...

–¡Y-Yazawa Nico! –soltó en seguida, captando que la astrónoma acababa de salvarla.

–Oh... –se quedó meditándolo por unos segundos y por fin respondió– Nishikino Maki.

48 horas antes de la exhibición y contando...

El día anterior, de alguna –astuta– manera, Nozomi había logrado obtener el nombre de la canción que Nico tanto necesitaba de Maki. Pero tal y como la pelinegra sospechaba, era la interpretación de su vecina lo que le transmitía las emociones a plasmar en su lienzo. Había pasado la noche en vela pintando y ahora sólo le faltaban un par de cuadros para completar su labor. Nico decidió contarlos como uno sólo, ya que estaban prácticamente a medias. Tomó una espátula pues sintió que con ella lograría plasmar un mejor efecto de la imagen mental que tenía y sonrió al darse cuenta que estaba en lo correcto. Pasaron un par de horas antes de quedar satisfecha con el resultado y para entonces sentía que sus párpados se cerraban. Pero no, no podía darse el lujo de descansar, estaba a un paso de la victoria y sería difícil obtenerla si no conseguía que su vecina tocara el piano, debía lograrlo de una forma u otra.

En un momento de semi inconsciencia a causa del sueño, dejó caer la espátula y el sonido metálico de la herramienta chocando contra el piso de madera logró que Nico regresara del mundo de los sueños. Desde su perspectiva no le pareció que hubiera caído tan lejos, por lo que se inclinó a recogerla sin levantarse del banquito. Pero el exceso de cansancio jugó en su contra, haciéndole caer de costado sobre el suelo, además del fuerte golpe que se llevó, se había cortado su mano diestra con la espátula, pues alcanzó a tomarla. Nico lanzó un alarido, como pudo se levantó y corrió a la cocina a lavarse, buscó rápidamente un pañuelo para vendarse la mano, intentando parar el sangrado. Se asustó al darse cuenta que la hemorragia no se detenía por más presión que ejercía con su otra mano, pensó en Eli, vió el reloj y supuso que por la hora no estaría en casa.

No tenía de otra, iría a un hospital sola, tomó su cartera y salió corriendo de su casa. Iba con tanta prisa –no era para menos– que casi chocó de frente con Maki quien tenía las llaves de su departamento en mano y se disponía a abrir la puerta. La pelirroja vió el rostro de pánico de Nico, estaba pálida y sostenía su mano derecha con la izquierda. Al notar la sangre se apresuró a abrir la puerta y la hizo pasar, mientras Nico sólo gritaba que debía ir a urgencias. Minutos más tarde la pelirroja terminaba de suturar la herida de la pelinegra, el corte había sido tan profundo que necesitó varios puntos. La artista desviaba la mirada para no ver a su vecina clavándole la aguja en su mano que punzaba de dolor. Observaba su entorno para evitar esa escena y un enorme piano color blanco que abarcaba casi todo el espacio de la sala fue lo que más llamó su atención.

–Todo listo. –dijo Maki para atraer la atención de Nico, ya hasta le había vendado la mano. En una o dos horas se te pasará el efecto de lo que te di para el dolor antes. Trata de no usar mucho la mano o la herida se abrirá, ¿de acuerdo?

–¿Qué? –fue lo único que dijo Nico, no había prestado mucha atención. Se puso de pie y preguntó– ¿cuánto te debo?

–Nada... –tomó un mechón de su cabello y se puso a jugar con él. –E-Es por lo del pastel, tenía buen sabor...

La pelinegra sólo sonrió y caminó hacia la salida. –Entonces gracias, supongo que nos veremos luego. –Maki simplemente asintió con la cabeza en respuesta.

Una vez afuera, frente a su departamento, observó la venda cubriendo su mano herida y recordó que aún le faltaba una pintura, no podía detenerse. Debía terminar su trabajo, ver los rostros felices de las personas mientras observaban sus cuadros y comentaban de ellos con otros, o los que llevaban alegremente alguno a sus casas le causaba cierta emoción. Quizá no llegaba a tanta gente como siendo idol, ni la satisfacción era tan grande -después de todo, fue su más grande sueño- pero de cierto modo, al final siempre se compensaba y eso la hacía feliz.