Una nueva semana y un nuevo capitulo.

La verdad estoy contenta de que esta historia este teniendo buena recepción :D sus comentarios son bastante motivantes, gracias.

Ya estoy trabajando en los próximos dos capítulos, pero por cuestiones de "exceso" de tiempo no daré fechas para subirlos, ademas estoy trabajando en unos dibujos en relación con esta historia xD espero que para el capitulo 5 pueda alguno.

En fin... los dejo con el nuevo capitulo...

Ni Love Live, ni sus personajes me pertenecen en este universo al menos D: quizás en alguno de los otros del multiverso si...


Capítulo 04:

24 horas antes de la exhibición.

Nico había tenido que dormir un poco, fue la mejor decisión. Aunque su intención era continuar justo donde se había quedado, su cuerpo ya le exigía un descanso, además de que si seguía pintando en ese estado no lograría nada, excepto volver a lastimarse y probablemente manchar de sangre su cuadro para terminar frustrada, más de lo que ya estaba. Procuró descansar al menos 5 horas, consideró que eso sería suficiente –o al menos le serviría– para aguantar aquel día. Mientras desayunaba y con la mente más despejada, se dio cuenta que sería bastante difícil pintar –más de lo que había imaginado– y sumamente doloroso. Se levantó y caminó hasta el fregadero, donde dejó su bowl con rastros del cereal y la leche que había comido. Observó su mano vendada, la abrió y cerró un par de veces, sí... definitivamente dolía y mucho más que el día anterior. Pero era normal, su vecina le había dado pastillas para el dolor y el efecto había terminado varias horas atrás. Nico vio el calendario, no tenía tiempo para quejarse, debía terminar a cualquier costo. Tomó su laptop, le conectó un par de bocinas que por lo general usaba cuando veía películas, buscó la canción que necesitaba, le dio reproducir y luego seleccionó "repetir". La artista tenía muy claro que no era lo mismo que escuchar a la pelirroja tocar, pero debía intentarlo. Subió el volúmen, siendo consciente de que a esa hora y ese día, sería la única en ese piso. Tomó lo necesario para continuar el cuadro y se sentó en su área de trabajo, debía seguir sin importar el dolor.

Aquel, era el primer día libre de Maki en meses. Usualmente estaba en el hospital de sus padres, ya sea cumpliendo el ajetreado horario que le correspondía, pidiéndoles asesoría con su tesis –a lo que dedicaba más tiempo– o ayudándolos en lo que pudiera para expandir su conocimiento y mejorar. No se arrepentía de ello, sabía que mientras más rápido pudiera liberar su título y comenzara con la especialidad, más rápido podría tener tiempo para dedicarle a la música. Ciertamente le gustaba su carrera, aunque también era porque la habían encaminado desde muy pequeña a ello. Pero la música era algo suyo, la adoraba. A sus padres les gustaba escuchar a Maki tocar, aunque no eran tan apasionados a la música como su primogénita lo era.

La doctora dormía plácidamente, hasta que algo comenzó a molestarla y la hizo removerse entre sus sábanas, era una melodía muy conocida que se hizo presente en su cabeza y en algún momento irrumpió sus sueños. Había empezado un buen rato atrás y se repetía una y otra vez, aunque en un inicio se escuchaba bastante lejana para no prestarle mucha atención, ahora era lo suficientemente fuerte como para no dejarla dormir. Por fin abrió los ojos irritada y se dio cuenta que la melodía provenía del departamento de junto. Se levantó y caminó hacia la cocina. No iba quejarse, era muy raro que su enana vecina fuera tan escandalosa. Abrió el refrigerador, se topó con los restos del pastel de tomate y decidió que ese sería su desayuno. Se preguntaba dónde lo consiguió la pelinegra, ¿quizá lo había hecho ella?

Maki desayunó "tranquilamente" intentando ignorar lo mejor posible la canción que no dejaba de repetirse, pero poco a poco comenzaba a sacarla de quicio. Fue hasta más tarde, cuando la pelirroja intentaba buscar un dato en su atlas de anatomía que ya no pudo soportar más y explotó.

Salió de su departamento dispuesta a pelear con su vecina, tocó el timbre y esperó brevemente... pero la puerta no se abrió. Volvió a tocar obteniendo los mismos resultados y entonces... la dichosa canción volvió a empezar. Siguiendo el ejemplo de lo que había hecho su vecina días atrás, pulsó el timbre repetidamente y no, no pensaba detenerse hasta que la enana saliera. Al fin la melodía había cesado, por lo que Maki también se detuvo y segundos después, la puerta se abrió dejando ver a la chica que habitaba ese departamento, quien al toparse de frente con la pelirroja inmediatamente cambió su expresión mal humorada por una que estaba llena de genuina sorpresa.

Nico creía que era Nozomi y por eso había ignorado el timbre, ahora se arrepentía. El que la pelirroja estuviera frente a su puerta era algo que no esperaba en ese universo o en ningún otro. No estaba segura de qué decir o cómo saludarla, por lo que prefirió quedarse callada por un momento.

–¿Por qué...? –habló por fin, pero se interrumpió a sí misma buscando las palabras correctas.

– ¿Podrías bajar el volúmen? estoy estudiando -dijo Maki.

Nico quitó su mano del pomo de la puerta, se golpeó levemente la frente con ella y sonrió intentando hacer uso de su –según ella– antiguo encanto de idol.– Lo siento, creí que no habría nadie más a esta hora.

Maki iba a decir algo más cuando notó que su venda estaba manchada de sangre, la tomó y comenzó a quitársela ignorando las quejas de la artista.

–No estás teniendo cuidado. –acarició la mano de Nico con su pulgar para verificar la situación, aquel gesto hizo que la artista se estremeciera y sintiera como el calor se apoderaba de su rostro– Se te salió uno de los puntos, tengo que arreglarlo.

Aún sin soltarla Maki la llevó a su departamento. Luego de volver a tratar su herida y regañarla "un poco" por su falta de cuidado se quedaron en silencio. Nico no quería decir algo que las hiciera regresar a como habían sido sus primeros días de "convivencia" –sin dirigirse la palabra– pero tenía que ser clara con aquella mujer que había dedicado parte de su tiempo en ayudarla.

–Nishikino-san. –hizo una pausa desviando la mirada al suelo– No puedo mantenerme quieta, debo terminar un cuadro, es muy importante.

Maki ya se lo imaginaba, por su permanente olor a óleo y su ropa manchada, aquella enana era pintora. Entonces se preguntó qué edad tenía la chica frente a ella, quizá en realidad 18 o 19 años.

–No debes, se volverá a abrir si la fuerzas mucho.

–Lo sé, y lo siento. Pero tengo que entregarlo mañana, también es por eso que no he dejado de escuchar esa melodía.
Entonces, la doctora recordó que la primera vez que hablaron -si a eso se le puede llamar hablar- la melodía que había estado tocando era la misma que su vecina tenia reproduciéndose repetidamente minutos atrás, en esa ocasión ella le pidió -más en tono de orden- que la volviera a tocar y Maki le había cerrado la puerta en la cara ante tal atrevimiento.

–¿Estás haciendo un cuadro de Allegro Cantabile?

La pelinegra no quería decirle que más bien se trataba de lo que ella le transmitía al tocarla, tenía una oportunidad y debía encontrar la manera de aprovecharla.

–Sí... pero la verdad, es que la melodía suena diferente cuando eres tú quien la toca.

–Bueno, eso es porque le pongo un poco de mi estilo a las piezas que interpreto... –Maki comenzaba a ponerse un poco nerviosa y como si fuese un tic, se tomaba un mechón de cabello y lo retorcía cuando eso pasaba, era la segunda vez que Nico observaba ese gesto en ella y desde el primer momento, le parecíó algo adorable.
–Y-Yo… para terminar más rápido… –la pelinegra volvió a sonrojarse pero decidió tratar de ignorarlo o perdería su oportunidad, quizá en otras circunstancias lo hubiera dejado pasar pero, cuando se trataba de responsabilidades, no podía huir– ¿Puedes tocar para mí?

-Maki suspiro, se cruzó de brazos y lo meditó por un momento.
– Está bien... pero sólo una vez, y no vuelvas a poner la música tan fuerte. –se levantó del sofá donde se encontraban y observó a Nico, quien tenía una gran sonrisa en ese momento.

–Oh, y algo más. Déjame ver el resultado.

Exhibición de la galería μ's.

–Nico-chan.
–¡Oh, Kotori! –Nico se acercó a su amiga– Creí que me habías dicho que no podrías asistir.

–Pensé que sería así pero, Umi-chan dijo que tenía ganas de conocerte a tí y Nozomi-chan.
–No dejes que Nozomi hable mucho con ella...

–Ya lo sé. –la diseñadora sonrió– pero la verdad es que acabo de ver a Ayase-san, así que esperaré a que Nozomi-chan se encuentre con ella para presentarla.

–Es un buen plan. –comenzó a buscar entre la multitud de la galería a la amiga de Kotori pero no logró verla por ningún lado– No veo a Sonoda-san.

–Se quedó observando la pieza principal de tu exhibición, creo que le gustó mucho.

–Me alegro, ese cuadro fue muy difícil de hacer, me costó sangre, sudor y lágrimas -literalmente-. Levantó su mano para ver su vendaje y recordó el rato que pasó con su vecina, la había ayudado a instalarse en su sala para que pudiera pintar.

Ser capaz de escuchar aquella sonata en vivo, ver las expresiones de Maki e inclusive escucharla cantar, había sido algo lo suficientemente estimulante para hacerla cambiar su visión de la obra principal y que ésta se volviera algo más increíble de lo que había imaginado en un inicio. Nico en verdad se sentía agradecida con aquella doctora, y estaba tan satisfecha con el resultado de su esfuerzo que le pidió al dueño de la galería que ese cuadro no estuviera a la venta, ya que quería conservarlo y esa era la primera vez que le sucedía.
–¿Qué te pasó Nico-chan? –preguntó Kotori preocupada al percatarse del vendaje de su amiga.

–Un pequeño accidente. –respondió la pelinegra en seguida– me corté con una espátula. La diseñadora estaba a punto de decir algo más cuando una voz inconfundible para ella la interrumpió.

–Kotori. Lo siento, me distraje. –dijo la chica que la artista sólo conocía por fotografías.

–No te preocupes Umi-chan. –a Nico le pareció que la sonrisa de su amiga brillaba más de lo normal– Ella es mi amiga. –comentó Kotori señalando con un gesto a la pelinegra.

–Yazawa Nico. –dijo extendiendo su mano.

–Sonoda Umi. –respondió la escritora estrechando la mano de Nico por unos instantes– Tu trabajo es bastante interesante y colorido.

–Me da gusto escuchar eso. Es la primera vez que tengo tan poco tiempo para prepararme.

–Eso me dijo Kotori, y la verdad es increíble que a pesar de ello entregaras un trabajo de tan buena calidad.
Inevitablemente todo aquello empezaba a inflar el ego de Nico, quería mantenerse humilde frente a la casi novia de su amiga pero ya no podía.

-Por supuesto después de todo se trata del trabajo de la gran Nico Nii.

Umi parpadeó confundida ante el repentino cambio de actitud de la pelinegra, pero al ver la sonrisa divertida de Kotori decidió no darle importancia. Además ella sabía que los artistas –de cualquier tipo que se tratase– por lo general suelen ser bastante egocéntricos, incluso a ella se le ha salido uno que otro desplante a veces.

Nozomi entró a la galería tranquilamente, llegó con algo de retraso pero sabía que no había prisa, conocía la mayoría de los cuadros de su amiga, así que se tomó algo de tiempo extra para arreglarse. El motivo era que cierta rubia logró conseguir tiempo libre para ir a la exhibición de Nico. No recordaba cuándo fue la última vez que se sintió así por alguien ¿Acaso durante la universidad? ¿Antes de eso? No importaba, lo único que sabía Nozomi, era que ésta vez no le daría prioridad a su carrera como antes lo hizo, tanto que descuidó su vida personal. La astrónoma buscó con la mirada a la rusa pero no logró ubicarla, a quienes si vió fue a sus amigas y a la famosa –gracias a Kotori– escritora Sonoda Umi. Mientras debatía si acercarse o no a ellas sintió el suave tacto de una mano sobre su hombro.

–Tojo-san. –era una alegre Eli.

–Ayase-san que gusto verte. –se giró para quedar frente a ella.

–Lo mismo digo, ¿ya viste cómo quedo la pieza principal de Nico? –preguntó mientras la guiaba hacia la pintura.

–La verdad no, tenía la intención de pasar a casa de Nico ayer y verla pero, estuve saturada de trabajo en el centro de investigación y no me fue posible.

–Entonces prepárate.

Una vez frente a ella, Nozomi se sorprendió, realmente ese era el mejor trabajo que Nico había realizado desde que comenzó a presentar sus cuadros en galerías. Ella sabía que su amiga era buena, pero aquello superaba completamente sus expectativas. Era una verdadera explosión de colores, no comprendía cómo Nico había logrado tal efecto y sin hacer que la pintura quedara muy saturada. Distribuidas cuidadosamente sobre suaves pinceladas las cuales no se pronunciaban mucho, dejándose ver unas sobre otras y dándoles un efecto como si fuesen tejas, había notas musicales en color negro que de alguna manera parecían danzar en perfecta sincronía sobre un techo arcoíris de tono pastel –Nozomi no tenía idea de que otra manera podría describirlo– y formando parte de aquella agradable revolución visual, en una esquina de la parte inferior de la obra, se hallaba pintado un piano, que en la primera versión que la astrónoma vió, era color negro y ahora se encontraba de un bello color blanco. De él emanaban todos esos agradables colores y notas que componían tan armoniosa obra.

–Nicochi, esta vez se lució.

–Eso mismo pensé yo, pero como llevo poco tiempo de conocer a Nico no sabía si realmente era así. Pero debo decir que fui muchas veces a galerías de arte con mi hermana en Rusia, y considero que es lo suficientemente buena para que su trabajo salga del país.

–Nicochi estaría muy feliz de escucharte decir eso.

–Estoy segura que sí, así que es mejor que no se entere que hablé tan bien de ella. –a Eli ya le había tocado escuchar a la artista fanfarronear luego de recibir cumplidos de su trabajo, no era que le molestara a la coreógrafa que Nico se pusiera así, de hecho hasta resultaba divertido. Pero sabía que a pesar de tener un buen nivel, la competencia sería muy dura y no conocía lo suficiente a Nico como para saber si eso sería un aspecto positivo o negativo para ella.

–Puede que sea lo correcto. –respondió Nozomi sin saber que estaban en la misma sintonía pero, la astrónoma tenía un motivo más concreto para ello. Había sido testigo de la peor temporada en la vida de Nico y no quería ver de nuevo a su amiga pasar por ello.

–Ummm… Tojo-san. –la llamó Eli.

–Dime.
-Querrías... ¿acompañarme a comer algo? –Luego tanto tiempo de topándose a la astrónoma casi a diario en los pasillos y escaleras del edificio donde vivía, la rubia por fin había reunido el valor necesario para invitarla a salir. Lo que también la ayudó a no esperar más, fue que ese día en particular, la astrónoma se veía más hermosa que de costumbre, tanto que estaba atrayendo demasiadas miradas y eso provocó que la rubia fuese consciente de la cantidad de posible competencia que tenía.

–No lo sé –respondió Nozomi con una sonrisa traviesa– ¿Debería?

–Bueno, si tienes algo más que hacer…

–Sólo saludar a Nicochi para que sepa que sí pude venir. –Nozomi interrumpió a Eli– Espérame aquí, enseguida regreso…

–De acuerdo -respondió la rubia y esbozó una amplia sonrisa mientras veía alejarse a la pelimorada.