Llego a la plaza en la que suelo deambular cada noche, a la espera de algún posible oyente.

Tengo suerte, voces jóvenes se escuchan pronto y me agazapo junto a la estatua de algún hombre importante, porque cuando el sol se ha ocultado por completo es que me vuelvo visible.

Revisando con un solo ojo, descubro que se trata de una pareja: un chico y una chica.

Se detienen muy cerca de donde me encuentro y hago un ruidito para captar su atención.

La suerte se me acaba cuando se ponen pálidos nada más notarme y salen corriendo entre gritos de horror y maldiciones.

Suspiro.

¿Cuánto tiempo tendré que esperar ahora?