Las palabras de mi padre hacen eco en mi cabeza de repente, como si lo tuviera frente a mí, cuando estoy solo en una plaza desierta.

"Nunca aceptes regalos de extraños."

Nunca lo hice.

"Nunca acompañes a extraños."

Nunca lo hice.

"Nunca salgas de casa solo."

Nunca quise hacerlo.

Pero sucedió.

No había nadie más en casa, y la fiebre de mi hermana mayor era demasiado alta.

No podía dejarla así, prometí volver lo más pronto posible.

Debí escuchar a papá.