Ya me he resignado.
Me pongo de pie, sorbo por la nariz y me dispongo a volver al cementerio. Lo intentaré mañana.
—Hola.
Me quedo muy quieto. Giro lentamente hacia la voz y me paralizo al ver de pie a solo unos metros a un joven de cabello color de luna y ojos claros.
—Ese es un muy buen disfraz pero, apenas estamos primero de octubre.
Me está hablando, a mí.
—¿Estás perdido?
Es la oportunidad que he estado esperando.
Entonces, ¿por qué hecho a correr sin mirar atrás?
—¡Espera!
No lo hago.
