Por alguna razón, la mayoría de las personas que me conocen dan por hecho que Halloween es mi festividad favorita. No se si por mis libros de terror, misterio y suspenso en mi librero, o por mi extraño gusto (obsesión) por las películas de terror. Es verdad que mi amor por este genero va mas allá de lo normal y se que esta muy relacionado con lo que se celebra hoy xD aun así... esta no es mi festividad favorita y quizás la actualización de hoy sea contradictoria a lo que estoy diciendo ya que el de hoy no es un capitulo normal, es un extra, pero al igual que todos los demás que he escrito sera tomado en cuenta dentro de la trama.
Debo decir que disfrute mucho realizando esto, quizás no es lo que estaban esperando después de como termino el capitulo 14, pero creo que es la oportunidad que necesitaba para volver a mis orígenes y despejar un poco mi cabeza para poder continuar de largo con la historia (la cual me esta costando por estar completamente fuera de mi genero). Algunos autores meten drama en sus historias para hacerlas interesantes y creo que eso esta bien, suele funcionar siempre y cuando no se pasen xD, yo en lo personal prefiero meter terror y/o suspenso.
Ni Love Live ni sus personajes me pertenecen...
¡ADVERTENCIA!
El siguiente capitulo contiene escenas fuertes y descripciones gráficas, no es apto para gente sensible.
Se recomienda leer de día o con las luces encendidas.
Capitulo 14.5 (Especial de Halloween)
–No te preocupes. –dijo la doctora sosteniendo el celular contra su oído– Compraré algo en una de las máquinas expendedoras. –Guardó silencio para escuchar como al otro lado de la línea, su querida Nico le regañaba una vez más por haberse ido a trabajar saltándose la cena. Fue algo inevitable, la pelirroja había perdido la noción del tiempo, y sabía que no era la única a la cual le sucedió. Después de todo, Nico tampoco fue consciente de ello hasta que ya era demasiado tarde, y la cena aún no estaba lista. Pero eso no le molestaba, aunque realmente disfrutaba la comida de la pelinegra, el simple hecho de pasar tiempo con ella la hacía muy feliz. –Me lo puedes compensar con un buen desayuno. –comentó Maki repentinamente, con la esperanza de que fuese suficiente para que el regaño cesara.
–Hmmm... está bien. –escuchó la voz de Nico dejando salir un pequeño quejido pero aceptando– Además, supongo que ya debería dejarte trabajar.
–Bueno, hoy es un día relativamente tranquilo. –sus turnos de noche por lo general eran de guardia en urgencias. Era lunes y estaban en pleno periodo escolar. Los días más ajetreados solían ser los fines de semana y durante las vacaciones; que generalmente es cuando las personas son más propensas a sufrir accidentes. –Pero tienes razón, si papá se entera que me la paso pegada al celular tendré problemas.
–Entonces, nos vemos mañana.
–Claro, descansa.
La llamada llegó a su fin, y Maki echó a andar por los pasillos del hospital en busca de alguna máquina para poder comprarse una lata de café. Al pasar por una de las ventanas, le fue inevitable observar la Luna; casi como si la estuviese llamando. Esa noche en especial lucía impresionante, y es que no recordaba una igual; su inusual color carmesí y el brillante halo espectral que la rodeaba la hacían resaltar en aquel cielo nocturno.
–Y hoy es... Halloween. –murmuró la pelirroja, pensó brevemente que era una extraña coincidencia, pero no le dio importancia y retomó su camino.
Al llegar a su objetivo se topó con un grupo de enfermeras que charlaba aprovechando que su primera ronda de la noche había terminado. Maki las saludó, buscó su cartera y sacó algunas monedas.
–¿Escucharon lo que le sucedió a Sohma-san?
La pelirroja introdujo las monedas en la ranura y luego seleccionó su bebida.
–Anoche como a las 3 am él caminaba por el pasillo del segundo piso, cuando repentinamente escuchó una especie de rechinido. Siguió caminando, creyó que se trataba de alguna de nosotras, y cuando llegó al final del pasillo donde debía doblar, una silla de ruedas vacía avanzó hacia él. –algunas de las enfermeras del grupito ahogaron un pequeño grito, y luego de ello la otra prosiguió con su relato– Dijo que quizás alguno de los que estaban de turno trató de jugarle una broma, sin embargo cuando se acercó se dio cuenta que los frenos de la silla se habían puesto solos.
Maki ya tenía abierta su lata de café, he incluso le había dado un par de sorbos, pero sólo por curiosidad se quedó cerca de aquellas mujeres. Desde pequeña acompañaba a sus padres al trabajo, al principio la dejaban en alguna de sus oficinas y después, cuando cumplió la edad –que ellos consideraron– suficiente, comenzó a ayudar. En ninguno de sus turnos nocturnos vio o escuchó algo que le hiciera creer que cosas extrañas sucedían en el hospital. Tomó cuidadosamente otro sorbo de su humeante bebida y siguió escuchando.
–Ahora que lo dices, Senbei-san me platicó que la otra noche se quedó hasta muy tarde revisando el archivo de uno de sus casos. –comentó ahora otra de las mujeres– Se encontraba tan absorto en él, que el sonido de tres golpes en su puerta casi lo hacen saltar de la silla. Dijo que se tranquilizó un poco antes de pedirle a quien estaba afuera que pasara, porque no puso el seguro. Esperó y nadie abrió, pensó que era su imaginación porque se sentía cansado, el pobrecillo a trabajado mucho últimamente. Bueno, el caso es que volvió su atención al archivo, y en eso tocaron de nuevo. Esa vez no se asustó, y ahora seguro de haber escuchado a alguien alzó la voz para pedirle que por favor pasara, sin embargo sucedió lo mismo. Senbei-san ya se sentía molesto, y quién no, me contó que se puso a mirar la puerta un buen rato esperando que el gracioso del otro lado volviese a tocar, y cuando lo hizo, se levantó de golpe para abrir y atraparlo infraganti. Para su sorpresa no había nadie. Se asomó y vio que todo estaba solitario pero aún así salió para buscar al culpable y reprenderlo, el resto de los consultorios tenía las puertas aseguradas, por lo que caminó hasta la sala de rayos X esperando que estuviese ahí. Dijo que gracias al cristal de la puerta pudo ver cómo pasaba una figura que vestía pijama verde y en seguida la abrió, convencido de que se trataba del culpable, cuando me contó lo que vio, me heló la sangre... y es que se dio cuenta que allí, sólo estaba él.
Maki sabía que aquella habitación contaba con una sola entrada, por lo que si el doctor Senbei vio a alguien, tendría que haber sido producto de su imaginación. Balanceó su lata y cálculo que ya había consumido la mitad de su contenido, probablemente se tomaría otra.
–¡Oh, cielos! Eso me recuerda que el otro día me pasó algo extraño. –comentó por fin la enfermera que estuvo más callada durante toda la conversación, pero atenta a los relatos de sus compañeras– Tendrá como dos semanas, me encontraba haciendo mi ronda normal en el área de neurología. En ese entonces tenía un par de pacientes que se hallaban algo delicados, por lo que debía revisarlos con mayor frecuencia que al resto. Cuando llegué con uno de ellos, llamado Takuma-san, ya se había dormido. Eso me pareció un tanto extraño porque él no solía dormirse antes de que le diera su última dosis de la noche. Su esposa observó que me encontraba algo confundida, y me comentó que ya había pasado la otra enfermera a darle el medicamento y realizarle el chequeo de rutina, que no me preocupara. Salí de la habitación algo pálida al escuchar eso, porque sabía; que sólo Isane y yo nos encontrábamos en aquel piso, y estaba completamente segura, que ella se había quedado hablando con nuestra jefa sobre los pacientes que le correspondía atender...
Mientras las mujeres comenzaron a hablar sobre el reciente relato, la pelirroja consultó su reloj y concluyó que ya era suficiente descanso. Arrojó su lata vacía en un bote cercano y sacó una nueva bebida de la máquina, se despidió de las enfermeras y se apresuró en ir a urgencias.
Un esguince, una pequeña con fiebre que llevaba consigo un conejo de felpa que se negaba a soltar, un hombre con baja de azúcar, y una mujer hipertensa ya entrada en años, fueron los casos que Maki atendió antes de volver a perderse por los pasillos del hospital en busca de más cafeína. Soltó un bufido al darse cuenta que el café se había agotado en ese piso. Lo necesitaba para pasar la noche sin cabecear, no quería poner en riesgo a ningún paciente en caso de que le llegara alguna emergencia que requiriese cirugía. Así que sin perder tiempo se dirigió al elevador con paso veloz. No debía ausentarse por mucho tiempo de su puesto, aunque consideraba que la vieja Kureha podía hacerse cargo de la situación sola, tampoco quería cargarle todo el trabajo. Apretó el botón y esperó a que el ascensor llegara. Volteó hacia atrás, y se percató de que la noche había oscurecido más mientras ella estuvo ocupada, después de todo llevaba varias horas de guardia y Chronos no espera por nadie. A pesar de eso le pareció relativamente tranquila, al menos eso pensó hasta que un relámpago surcó el cielo iluminándolo por un instante. "Genial" murmuró Maki, y entonces las puertas del ascensor se abrieron. Sabía que la lluvia aumentaba las probabilidades de que el número de pacientes se elevara. Entró a la fría cabina, soltó un pesado suspiro y apretó el botón del segundo piso.
La pelirroja consultó su reloj como había hecho ya en más de una ocasión desde que inició su turno, mientras, las puertas metálicas frente a ella se cerraban. Faltaba apenas un minuto para que dieran las 3 am. Se preguntó si Nico aún seguiría despierta, tenía ganas de hablar con ella, pero no quería despertarla, lo más probable es que ya estuviese dormida. Miró al frente esperando poder salir pero nada ocurrió, las puertas seguían cerradas, entonces levantó la mirada y notó que el ascensor marcaba el tercer piso. Por su mente pasaba la idea de haber presionado el botón equivocado, cuando repentinamente el número cambió, indicando ya el cuarto piso. Las puertas se abrieron en esta ocasión y Maki instintivamente saltó hacia atrás, retrocediendo lo más que pudo, –el hospital Nishikino, al igual que cualquier otro hospital de Japón, no contaba con cuarto piso, o más bien sí lo tenía, pero debía encontrarse bloqueado–. Un escalofrió recorrió la columna vertebral de la doctora, quien sabía que el ascensor estaba programado para saltarse dicho piso, al cual no se podía acceder. Fuera de la cabina se lograba observar el suelo, cubierto por las mismas baldosas blancas que en el resto del hospital, pero se perdía casi de inmediato por la falta de luz en dicho piso. Con gran precaución y alerta, se acercó al panel y volvió a presionar el botón del segundo piso, para su desgracia sin resultado alguno. Gimió y apretó todos los botones esperando que alguno funcionara, podía sentir como la desesperación se apoderaba de ella poco a poco.
–Vamos. –dijo Maki en voz alta, alejándose del panel. Si el ascensor seguía negándose a funcionar tendría que salir y buscar las escaleras.
Con una de sus ya temblorosas manos sacó su celular. El aparato no tenía señal, sintió unas terribles ganas de arrojarlo, pero sabía que sería estúpido de su parte. Recordó en seguida la función de linterna y la encendió, se alegraba de no ser tan visceral. Respiró profundamente, se tranquilizó un poco y se dijo a sí misma que sería sencillo, que sólo debía caminar recto hasta topar con la pared, y de ahí buscar la puerta que conducía a las escaleras, no le tomaría más que unos cuantos minutos.
Ya había transcurrido algo de tiempo desde que en una ocasión, cuando aún vivía con sus padres, tuvo la oportunidad de ver los planos del hospital. En estos pudo apreciar como el cuarto piso era un enorme espacio vacío, sin ningún tipo de división, el cual nunca se habilitó para ser usado. No es que ella fuese supersticiosa ni mucho menos, y lo que estaba sintiendo en ese momento tampoco tenía que ver con las historias y rumores que solía escuchar por parte de sus compañeros de trabajo, pues por el tipo de lugar hasta resultaba normal escuchar esa clase de relatos. Lo que sentía en ese instante tenía nombre: miedo. Un sentimiento que había comenzado a carcomerla, y se debía al simple hecho de haber dado cinco pasos. Tan sólo cinco pasos que la llevaron a toparse con una pared, que sabía, no tendría que estar ahí. Al rodear ese muro se encontró con un pasillo, y después este se dividió, lo que la obligó a elegir una ruta. La desconcertó aún más el darse cuenta que había puertas, con sus números de habitación a los costados, como si se tratase de un piso cualquiera –aunque más laberíntico de lo normal–. No encontraba ningún tipo de interruptor, pero al apuntar al techo con la linterna se dio cuenta que sería una búsqueda infructuosa, ya que ni siquiera habían colocado focos. Las paredes tenían suciedad, moho y telarañas, por lo que procuraba mantener su distancia de estas. Su atención se dividía entre ver dónde pisaba, y ver ocasionalmente al frente. Mordió su labio inferior al llegar al final del pasillo y darse cuenta que la salida no se encontraba ahí. No le parecía raro en absoluto haberse perdido, su sentido de orientación no era malo, pero dadas las circunstancias era de esperarse que no se hubiese topado a la primera con la salida.
Debía haber hecho caso a su sentido común, que le decía que lo mejor sería quedarse en el elevador en lugar de aventurarse estúpidamente a lo desconocido. ¡Pero no!. Tenía que comportarse como Nico en lugar de ser paciente –aunque esa tampoco era una de sus características principales–.
Mientras buscaba otro camino que tomar, un olor pútrido invadió sus fosas nasales y un pensamiento asomó en su cabeza. A cada paso dado el hedor se intensificaba y más estaba segura que se trataba de un cadáver. El hospital se hallaba libre de plagas; al menos las zonas en uso, pero no descartaba la posibilidad de que en semejante lugar; al que prácticamente nadie entraba –o no debiera entrar– se hubiese logrado colar algún animal, y daba la impresión de ser uno grande. Hubo una parte donde ya no soporto más el hedor, era absolutamente nauseabundo y estuvo a punto de vomitar, sin embargo logró controlarse, se recordó así misma que a diferencia de cuando tuvo que realizar sus prácticas con cadáveres en la universidad, eso no era nada, podía soportarlo, y lo hizo. Se tomó unos segundos para calmarse e iluminar lo mejor que pudo aquel pasillo, con la esperanza de ver alguna señalización o referencia de dónde podía estar. Aunque al principio el haber encontrado habitaciones y pasillos en lo que suponía era un piso vacío le había atemorizado, decidió que eso no la detendría, utilizaría su conocimiento previo sobre el resto de los pisos del hospital para ubicarse mentalmente; ya debía estar apróximadamente en el centro, a esas alturas podía hacer dos cosas; seguir buscando la puerta que llevaba a las escaleras, o retroceder. Vio el reloj en la pantalla de su celular, ese día en particular lo había observado tantas veces, que hubiese perdido la cuenta de llevar una. Sin embargo, en esta ocasión notó que algo no andaba bien. La brillante pantalla indicaba las 3:03 am, estaba segura que llevaba mucho más tiempo vagando sin rumbo, se puso a contar los segundos, y al llegar a sesenta y cinco se dio cuenta de que algo pasaba, pero rápidamente pensó que se trataba de su celular. "¡Excelente!" exclamó mentalmente con sarcasmo. Pensó que después de todo, lo mejor sería volver al ascensor, y esperar a que este funcionara nuevamente. "¿Y si ya no está ahí?", comenzó a dolerle la cabeza. "Existe la posibilidad de que alguien lo haya llamado desde otro piso y con eso echado a andar el artefacto". Apretó los dientes, ahora realmente su idea de buscar las escaleras le parecía tonta. Debió descartarla en cuanto se topó con el primer muro...
Dio la vuelta y caminó en dirección a donde dedujo debía estar el ascensor, pero al llegar a la primera encrucijada, dudó. Derecha o izquierda... Maki recordaba haber venido de la derecha, por lo que sólo estaban esas otras dos opciones. Se decidió por la izquierda, no podía perder más tiempo. Para su desgracia no tardó mucho en darse cuenta que había tomado una mala elección, aquel horrendo olor se hizo presente de nuevo, esta vez más fuerte, y además estaba completamente segura de no haberlo sentido cuando se adentró en aquel lugar, por lo que giró, pero al hacerlo iluminó una puerta abierta. Por un breve instante escuchó un grito en su subconsciente, que decía que la ignorara y saliera de ahí si es que aún quería tener posibilidades de encontrar el ascensor en su sitio.
Caminó hacia la habitación mientras su voz interior le decía: "la curiosidad mató al gato, Maki", sin ignorar el comentario y sin dejar de avanzar hacia la habitación 42, cuyo número pasó inadvertido para la pelirroja, se respondió en un susurro; "pero la satisfacción lo revivió". Ni siquiera logró poner un pie dentro, cuando gracias a la luz que emanaba de su celular logró visualizar una escena digna de una película de terror; las baldosas que debían ser blancas se encontraban salpicadas con sangre y una pila de cadáveres putrefactos se hallaba sobre esta, su horror se hizo mayor al darse cuenta que vestían batas del hospital. Recordó cómo vagamente su padre le comentó algo sobre pacientes desaparecidos, como solían ser personas sin familia, el hospital no tenía problemas legales ya que se creía que huían por no contar con los recursos suficientes para cubrir los gastos médicos, o sencillamente por no querer pagar. Sintió como su estómago se revolvía, una animal muerto, o practicar con cadáveres que los profesores tenían autorizados para sus clases era una cosa, pero el observar cuerpos desmembrados y comidos de pacientes formando un charco de pútridos fluídos y larvas la había sobrepasado. Un escalofrió la hizo estremecer al instante en que algo hizo click en su cerebro, ¿comidos?. Puso su mano libre sobre su boca mientras un grito ahogado se consumía, y sintió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Desde donde Maki se encontraba alcanzó a vislumbrar feroces mordidas, como cuando un animal salvaje ataca sin piedad hasta saciar su apetito, pero este había seleccionado sólo ciertas partes, y arrancado violéntamente los miembros, ni un sólo corte limpio se podía apreciar, nada hecho por un humano. Estaba por salir corriendo cuando de pronto escuchó un crujido en la otra punta de la habitación. Al poner más atención se dio cuenta de que no era sólo eso, también se podía apreciar el ruido de algo masticando, acompañado de un sonido viscoso. Enfocó al piso bajo sus pies con el celular, dio un paso al frente y tratando de hacer el menor ruido posible tomó la puerta por el picaporte. No pensaba arriesgarse, si daba la vuelta para retirase y aquel animal o lo que fuese la escuchaba, estaba perdida, la luz de su celular la delataría. Y tampoco podía apagarla porque eso significaba tener que buscar a ciegas la salida, su única posibilidad era cerrar la puerta, correr y esperar que el elevador estuviera en donde lo dejó; porque si debía buscar las escaleras sus probabilidades serían más bajas que el porcentaje de éxito de la operación de Nico.
Tiró del picaporte y la puerta comenzó a cerrarse, pero ocurrió algo que no tomó en cuenta por el nerviosismo. Las bisagras viejas y gastadas por falta de mantenimiento rechinaron. Sabía que aquello había delatado su presencia y que ya no valía la pena ser cuidadosa, por lo que terminó de cerrar de una sola vez y se echó a correr. Justo cuando llegó a donde el pasillo de dividía, dobló en la única opción que le quedaba por comprobar y escuchó que algo se estrelló violentamente con la puerta. Sería idiota si regresaba para verificarlo, continuó su camino con la esperanza de que el animal no supiera rastrearla; o que por lo menos no fuese tan rápido. Mientras avanzaba veía la numeración de las habitaciones, pero en el estado de alteración que se encontraba desconfiaba de su memoria.
Al dar vuelta en una esquina se sintió sumamente aliviada pues vio una luz, y al percatarse que se trataba del ascensor que por fortuna aún la esperaba, corrió aún más rápido. Al llegar guardó torpemente su celular en la bolsa de su bata y presionó el botón que llevaba a la planta baja. Pero el armatoste seguía negándose a cooperar con ella.
El sonido de pasos acercándose hizo que su atención volviera a centrarse en la oscuridad de la que acababa salir. Al principio creyó que era sólo paranoia, pero al darse cuenta que el ruido no cesaba y estaba cada vez más próximo, comenzó a presionar frenéticamente el botón del primer piso una y otra vez. Comenzaba a distinguir una silueta moviéndose en la negrura. Su dedo ya punzaba de dolor pero no por ello se detenía. Sentía como si su corazón fuese a escapar por su garganta y casi podía jurar que sucedería.
Las puertas por fin reaccionaron y comenzaron a cerrarse lentamente, lo cual no fue de gran ayuda, ya que se encontraba en absoluto desespero. Una pálida mano con garras se alargó, sabía que si impedía que las puertas metálicas terminaran de cerrarse, estaría a merced de ese ser. Sentía sus piernas como gelatina y sus dientes castañeaban en un acto involuntario. Un largo, pálido y andrógino rostro se asomó, mostrando una escalofriante sonrisa, compuesta por dientes torcidos, puntiagudos y algunos hilillos de sangre que bajaban por su mentón. Además de un par de ojos casi felinos color ámbar que la observaban atentamente, y el resto de su cuerpo ataviado con una bata de hospital igual a la de los cadáveres que había visto instantes atrás. La criatura detuvo las puertas que comenzaron a abrirse en el acto, haciendo el temor de Maki realidad, esta soltó un sollozo y de manera instintiva le lanzó una patada a "eso" frente a ella. Aquella cosa mordió el tacón del zapato de la pelirroja; no tenía caso forcejear, por lo que con un movimiento brusco y aprovechando que con sus "fauces" presionaba el tacón de su calzado esta deslizó su pie liberándose. Las puertas volvían a cerrarse, agradeció a todas las deidades que se le ocurrieron en ese momento porque el aparato no se hubiese negado a funcionar correctamente como había hecho con anterioridad. El extraño y macabro ser frente a ella literalmente tragó su zapato y enseguida dio un paso al frente. Maki se quitó el otro zapato y haciendo uso del poco valor que tenía, logró clavarle el tacón en uno de los globos oculares. La "cosa" retrocedió y soltó un furioso alarido que sacudió el piso, haciendo que Maki cayera bruscamente de espaldas. La criatura logró sacarse el zapato del ojo, provocando que la sangre saliera a borbotones de la herida e inclusive alcanzando a salpicar un poco a la doctora antes de que las puertas por fin se cerraran. Volvió a escucharse un bramido casi con la misma intensidad y provocando el mismo efecto, pero esta vez hizo que el ascensor bajara de golpe –y por suerte para la pelirroja– un solo piso.
Las puertas únicamente se abrieron a la mitad, pero fue suficiente para que Maki pudiera salir corriendo. Una silla de ruedas vacía salió de la nada atravesándose en su camino, pero lejos de asustarse, la doctora saltó sobre ella –gracias a la adrenalina– como si de una valla usada en las carreras de obstáculos se tratase. Trastabillando cada tres zancadas llegó a las escaleras, estuvo cerca de chocar con una enfermera que en su vida había visto –y que más adelante juraría que no tenía pies–, casi saltó todos los peldaños y siguió huyendo. Cuando por fin volvió al primer piso seguía sin sentirse segura, continuó corriendo y casi se da de bruces con la puerta de la sala de rayos X que se abrió de golpe frente a ella –la cual estaba vacía–, por fin llegó a urgencias y se detuvo, aterrizando de rodillas ante las miradas curiosas e inquisitivas de las enfermeras que estaban de turno, las ignoró he hizo lo posible por normalizar su respiración y soportar el terrible dolor en su pecho.
–¿Maki?
La pelirroja levantó la mirada topándose con una muy preocupada Nico. No lo pensó dos veces antes de taclear a su enana y aferrarse a ella.
–¿Q-qué pasa?
La doctora le narró lo sucedido rápidamente y de manera atropellada, la artista no podía entender nada de lo que Maki estaba diciendo. Pero se dio cuenta de lo mucho que temblaba, lo pálida que se veía, y las salpicaduras que había en su rostro y bata con una especie de líquido negro, además de no tener zapatos, pero lo más preocupante; el terror en su rostro. Antes de que pudiera decirle que hablara más lento, una "abuela" con bata de doctor se acercó a ellas.
–Nishikino-san.
–K-Kureha-sensei. –como pudo se puso de pie y se acercó a su superior.
–¿Dónde has estado? –preguntó molesta la mujer– Tuve que llamar a tu padre, justo ahora se encuentra con tu madre y algunos de esos gorilas de seguridad que contrató, han estado buscándote por todo el edificio desde hace horas.
–¿Horas? –preguntó Maki confundida, alzó la vista hacia el reloj que tenían en urgencias y se sorprendió al descubrir que marcaba las 6:34 am.
–A mi también me llamó. –comentó Nico– tu padre quería saber si de casualidad estabas en tu departamento y habías olvidado avisarle a tus compañeros de turno sobre tu salida. Como no respondías a tu celular, ni a tu número fijo en casa, me preocupé y vine en seguida.
Maki vio por la ventana como lloviznaba y los relámpagos ya se escuchaban lejanos. Nico le explicó que sus padres se habían preocupado porque cuando se desató la tormenta, los de seguridad descuidaron un momento la entrada; medio minuto en el que cualquiera pudo haber entrado al hospital con malas intenciones. Al poco rato llegaron sus padres, y luego de algo de drama Maki les contó lo sucedido. Los señores Nishikino se veían incrédulos, Nico tenía sus dudas porque nunca había visto a la pelirroja aterrada, la doctora Kureha se retiró sin decir una palabra, pero por alguna razón la bajita sintió que creía en el relato de Maki.
El doctor Nishikino, Maki –quien estaba siendo prácticamente arrastrada– y Nico fueron al ascensor, llevando consigo una escalera pequeña. Los tres entraron a la cabina, y de inicio en el panel el botón del cuarto piso ni siquiera podía ser presionado, era un simple adorno. Maki vio cómo su padre seleccionaba el tercer piso y el ascensor en seguida ejecutó la orden, al llegar presionó el botón de parada de emergencia y con la ayuda de la escalera abrió la trampilla en la parte superior del ascensor. Con su celular iluminó hacia donde debía estar el acceso al cuarto piso, y tal y como él le dijo a su hija, estaba sellado.
–Maki. –con un gesto hizo que su hija subiera a las escaleras y le mostró que su relato era imposible.
–P-pero papá…
El doctor sólo negó con la cabeza y bajó de la escalera. Maki cerró la trampilla comenzando a dudar de sus recuerdos; ignorando que cerca de donde había estado su mano segundos atrás, sobre el techo del elevador, se hallaba un zapato maltrecho y empapado en un líquido negro y viscoso…
