Las recriminaciones empiezan tan pronto como cruzo el portal del cementerio.
Llevo las manos a mi cabeza y remuevo mis cabellos, exasperado por mi propia estupidez.
¡He perdido quizá mi única oportunidad de cruzar!
Mientras creyera que solo era un disfraz, entonces me escucharía. Pensaría que no era más que una historia de terror y, para cuando se diera cuenta de su error, yo ya no me encontraría... mi espíritu habría cruzado por fin.
Por favor, que vuelva mañana.
