Aquí estoy otra vez, con un nuevo capitulo... Estamos a tres o cuatro capítulos del final, me tomare un poco de tiempo para escribirlos así que no prometo nada para la próxima semana xD

No tengo mucho que decir hoy, excepto que estoy muy contenta de que el capitulo 14.5 gustara tanto, por alguna razón esperaba lo contrario, sobretodo porque es algo completamente opuesto a lo que se había mostrado en esta historia, fue una decisión de ultimo minuto. Estaba escribiendo un oneshot sobre una Maki igualmente adulta como en esta historia pero en lugar de doctora compositor de música y como se topaba con algo nada común xD pero me di cuenta que el tiempo no me iba a dar para explotar el argumento (de una manera que lo mereciera) e incluso podría alcanzar para una serie corta por eso al final me decidí a anexar un capitulo de terror aquí y de paso aprovechar ese evento en la trama :D en fin... No los haré esperar mucho mas.

Ni Love Live ni sus personajes me pertenecen...


Capítulo 15.

Nozomi la observaba con una amplia sonrisa en su rostro, una que le recordaba a horrores a la del gato Cheshire. Y Kotori… aunque sonreía de una forma más normal, cierto brillo en sus ojos delataba su emoción. De repente Nico se arrepintió de haber aceptado la invitación a comer ese día con sus amigas. Le hubiese gustado más estar con Maki en ese momento, y no en esa engorrosa situación.

–Supongo que era el desenlace adecuado luego de entregarle tu virginidad. –soltó Nozomi logrando que Kotori se riera ante tal comentario.

–Ya te expliqué lo que sucedió esa vez. –dijo tajante Nico.

–Pero no me consta que sea cierto.

–Felicidades Nico-chan. –interrumpió Kotori cuando vio que empezaron a salir chispas entre ellas.

–Gracias. –respondió la artista mientras comía un poco de helado para "disimular" lo mejor posible su notorio sonrojo– ¿Cómo va todo con Umi?

El semblante de la diseñadora se ensombreció y desvió la mirada– No comprendo tu pregunta.

"Sí que lo haces" pensó Nico, sintiendo un poco de lástima por su amiga, al parecer la escritora se encontraba más concentrada en su trabajo que en Kotori.

–¡Creo que es hora de que saltes sobre ella y te hagas notar! –exclamó Nozomi con decisión. – Creí que tú serías la primera de las tres con pareja, pero te has quedado atrás.

–Espera, Eli-chan y tú aún no han formalizado nada, ¿o eso ya cambió? –preguntó la castaña en un intento desesperado por desviar el tema.

–Por cierto, no he visto a Eli en los últimos dos días. –mencionó Nico recordando haber visto las luces apagadas durante la noche en el departamento de la rubia.

–Está en Rusia. –respondió Nozomi– Hablé con ella hoy por la mañana, dijo que regresará en una semana.

–Espera… ¡¿Se fue y no me avisó?! –la artista se sentía indignada, aquella mujer con frecuencia le decía lo importante que era para ella, al ser su primera amiga en Tokio y ahora se marchaba sin más.

–Oh, es que todo fue tan repentino. –la astrónoma se recargó en el respaldo de la silla mientras tomaba su taza de té– Sometieron a la mamá de mi Elichi a un tratamiento experimental y su organismo lo aceptó tan bien, que están por darla de alta.

–Esas son excelentes noticias. –comentó Kotori con una sincera sonrisa.

–Sí, lo son. –Nozomi recordó que al principio la llamada de Eli la había asustado, pues la rubia soltó de buenas a primeras que debía volver a Rusia. La astrónoma casi lloraba, pero se tranquilizó un poco cuando la coreógrafa le explicó el motivo de tan repentino viaje. Le pidió que fuese con ella, sin embargo por cuestiones de trabajo tuvo que rechazar dicha oferta, afortunadamente Eli comprendió la situación, no insistió más y prometió volver pronto. –Descuida Nicochi, le haré saber de tu inconformidad en la primera oportunidad que tenga.

Nico refunfuñó algo indescifrable mientras continuaba comiendo su helado.

– Pero ya, hablando en serio Kotori, deberías hacer algo con respecto a Umi, a este paso te quedaras esperándola por siempre. –esta vez las palabras y la expresión en el rostro de Nozomi denotaban seriedad.

–Es probable que tengas razón... pero al menos en este momento está ocupada con su novela y no quiero distraerla.

–Siempre está enfrascada con algún proyecto... –dijo Nico.

Kotori observó la taza de cerámica blanca casi vacía frente a ella, sabía que sus amigas tenían razón y que debía hacer algo con respecto a sus sentimientos por Umi. Les haría caso, pero de verdad no quería distraer a la escritora en ese momento.

–Nico-chan, ¿por qué no nos cuentas a detalle cómo fue que tú y Maki-chan...?

La artista se puso de pie al instante, interrumpiendo a la modista– Debo irme, quedé de verme con Maki en un rato.

Nozomi y Kotori se observaron mutuamente al percatarse de que la bajita ya no usaba honorificos al referirse a la doctora.

–Ok, esta vez te dejaremos ir, pero sabes que tarde o temprano tendrás que contarnos todo. –sentenció la astrónoma.

–Mientras más tarde mejor... –sin más, Nico huyó del lugar. No tenía intenciones de darle detalles a sus amigas con los cuales estaba segura la molestarían por largo tiempo, sobre todo cierta pelimorada. O quizá, sólo deseaba ser egoísta y quedarse para ella sola un poco más lo que sintió cuando los suaves y cálidos labios de la pelirroja se encontraron con los suyos; dulce y salado, a causa de esas lágrimas derramadas que había guardado por tanto tiempo; pero que por fin habían salido, dejando ir consigo parte del peso que guardaba en su corazón. Esa era una de las razones por las cuales no quiso contarles nada, imaginaba que sus amigas se pondrían bastante emotivas cuando supieran los hechos anteriores al beso con su querida vecina. Y dudaba que ellas quisieran dar ese tipo de espectáculo en un lugar público.

Cuando Nico por fin llegó a su departamento, se encontró con uno de los guardaespaldas de Maki parado entre su departamento y el de la doctora; ya se había acostumbrado a la presencia de estos, saludó al gigantón y entró a su hogar. Maki estaba sentada en uno de los bancos de la cocina mientras veía la pantalla de su celular, acompañada de una taza de café. La pelirroja se había –semi– instalado en su departamento después de su traumática experiencia en el hospital un par de días atrás. Y aunque su padre decidió cambiarle los turnos al horario de mañana; con la esperanza de que eso fuese suficiente para que su hija se tranquilizara, Nico no creía que eso bastara; Maki tenía pesadillas todas las noches –desde Halloween no dormía en su departamento– y según lo poco que le contaba del trabajo, no usaba más el elevador.

–¿Ya comíste lo que te dejé en el microondas? –preguntó la artista mientras caminaba hacia la cocina.

La pelirroja asintió con la cabeza mientras respondía un mensaje– ¿Qué tal te fue con Nozomi y Kotori?

–Bien. –se paró junto a ella y apartó con delicadeza un mechón de su rostro para después besar dulcemente su mejilla, en respuesta al sorpresivo gesto Maki hizo un puchero y sus mejillas se pusieron rojas– Querían detalles.

–Igual que tu mamá. –tomó la mano de la artista– La verdad creí que nos acosaría un poco más...

–Eso es porque espera que Nozomi haga el "trabajo sucio", y después le pase un informe detallado. –a veces la astrónoma se tomaba muy en serio su papel de madre protectora –sustituta– y por lo mismo se llevaba tan bien con la mujer que la trajo al mundo.

–Por cierto, mi papá quiere hablar contigo.

–¿Sobre la operación? –inquirió Nico. Ella pensaba que ese tema lo trataría directamente con el médico que la atendió, así que le pareció un poco extraño.

–No. –replicó Maki en seguida– Es sobre... esto. –levantó sus manos cuyos dedos estaban entrelazados.

–Oh… ¿Cuándo le dijiste?

–Ayer, pero no dijo nada en ese momento, tuvimos que atender una emergencia y al salir de cirugía estábamos tan exhaustos que no tuvimos oportunidad de retomar el tema hasta hoy.

–¿Está molesto?

–Sinceramente yo me esperaba esa reacción. –con su mano libre tomó la taza de café frente a ella y le dio un sorbo.– Hace poco él y mamá insistían en que saliera a citas con los hijos de sus conocidos. –Nico hizo un gesto de desagrado ante las palabras de la doctora– Estaban preocupados porque ya tengo 26 años y nunca he salido con nadie, además de mis escasas amigas.

–Entonces…

–En cierta manera están aliviados, –la interrumpió, mientras dejaba la taza sobre la superficie de la barra de cocina– de que por lo menos no pasaré el resto de mi vida sola en un departamento lleno de gatos.

–¿Te gustan los gatos?

–Lo más probable es… –continuó hablando, ignorando la pregunta– que querrá interrogarte un poco.

–¿Y cuándo quiere hablar conmigo?

–Mañana. Me comentaste que tienes cita con tu médico, así que mi papá espera que pases a su oficina antes de retirarte.

–No me deja mucho tiempo para mentalizarme.

–Te digo que no está molesto, así que no te preocupes.

Que hubiese tomado bien la situación con Maki no significaba que ella estuviese a salvo de acusaciones. Recordó brevemente la vez que comió con la familia de doctores, parecían personas tranquilas y civilizadas. Supuso que no tendría que temer por su integridad física, después de todo, los médicos tienen un código ético que no les permite lastimar a las personas, ¿o no?

–También aproveché a pedirle el próximo fin de semana libre. –comentó la pelirroja.

–¿Vendrás conmigo a la exhibición?

–Me resultó bastante difícil convencer a mis padres, pero les dije que estaría más segura a miles de kilómetros, que aquí.

–Cierto, hoy tuvieron una reunión con los oficiales.

–Al parecer ya tienen planeado tenderle una trampa a su sospechoso, pero si no sale bien creen que se pondrá agresivo. Mi papá les pidió esperar hasta el fin de semana, aprovechando que estaremos fuera del país.

–Así que ese es el motivo por el cual aceptó dejarte ir conmigo.

–Algo bueno tenía que salir de todo esto.


A pesar de las palabras de Maki el día anterior, Nico sentía cierto desasosiego. Recién había salido de su cita con el traumatólogo, el cual le dio fecha para su operación, se llevaría acabo a inicios del siguiente año. En otras circunstancias bien podría haber vuelto a casa tranquila a pesar de esa noticia y dedicarse a garabatear en su libreta de sketch mientras esperaba a que su vecina regresara del hospital. Pero no, ahí estaba ella, frente a la puerta del director de ese hospital y sobre todo, padre de su novia. Respiró profundamente, se armó de valor y dio un paso al frente para tocar la puerta.

–Pase. –escuchó del otro lado y siguió la indicación.

–Buenas tardes. –saludó Nico cerrando la puerta tras ella.

–Toma asiento. –pidió el doctor Nishikino mientras leía unos documentos que tenía ante él.

Nico supuso que debía tomar ocupar una de las sillas frente al escritorio de caoba, en lugar del sofá que se hallaba a medio metro de la puerta, avanzó y eso hizo. Observó el despacho de su "suegro" mientras esperaba. Los libreros repletos con títulos de medicina no le sorprendieron, ni llamaron su atención, lo que sí la atrajo fueron las fotografías. Quería acercarse para poder apreciarlas mejor, pero el doctor cerró la carpeta que analizaba cuando ella llegó. Durante varios segundos un incómodo silencio reinó, lo único que hacía el padre de su querida pelirroja era observarla; lo cual no ayudaba en nada a mitigar su inquietud.

–Yazawa-san.

Nico se enderezó en el acto, pegando su cuerpo al respaldo de la silla y esperando "el ataque".

–Debo admitir que no me molesta del todo la situación. –soltó un suspiro– Claro que como padre, uno espera ciertas cosas... pero creo que lo más importante son; la felicidad y la seguridad de Maki. –Comentó enfatizando eso último– Y considerando que ya le salvó la vida en dos ocasiones... creo que puedo confiar en usted. –Sacó un bisturí de su pulcra bata y comenzó a examinarlo.

–Por supuesto que pue…

Nico fue incapaz de terminar su frase, ya que un objeto filoso pasó a su lado como si fuese un bólido, de tal manera que le fue imposible prevenirlo; alcanzando únicamente a escuchar el sonido de un objeto metálico clavándose en la pared revestida de fina caoba, al igual que el escritorio tras el que se encontraba ese hombre de prolijo aspecto. Por suerte para la pelinegra el pequeño instrumento sólo rozó su mejilla, provocándole un rasguño del cual comenzó a deslizarse un hilillo de sangre.

–Ups… –dijo el señor Nishikino aún con su brazo extendido al frente y su palma abierta– Si seré descuidado, se me resbaló...

Las pupilas de Nico se dilataron al escuchar eso, no logró percatarse del ágil movimiento ni antes, ni después. Giró su cabeza con lentitud y comprobó que el escalpelo se hallaba incrustado en la pared. Volvió su atención al hombre frente a ella haciendo lo posible por no temblar.

–Debes comprender algo, ¿puedo tutearte? Bueno, de igual modo lo haré. No voy a tolerar que mi amada hija sea lastimada de ninguna manera. –sacó una caja de pañuelos desechables y se los ofreció.

–L-lo entiendo perfectamente...

El doctor Nishikino se puso de pie y caminó hasta donde el bisturí, lo tomó cuidadosamente y lo retiró del muro– Quizá pienses que estoy siendo exagerado con esto.

"¡Sí! ¡¿Acaso está loco?!" gritó internamente Nico– No... –respondió mientras oprimía ligeramente un pañuelo contra su pómulo lacerado.

–Me alegra que lo comprendas. –dijo el sonriente sujeto dándole unas palmadas en el hombro mientras pasaba a su lado.

El celular del doctor sonó, al ver el remitente lo leyó en seguida con una sonrisa aún mayor– Mi hija quiere saber si hemos terminado de conversar, me parece que está aguardando por tí para que se vayan juntas.

–Entonces no debería hacerla esperar más, me retiro ya. –profirió la aterrada la mujer mientras se ponía de pie.

–Yazawa-san... Nico-chan. –el hombre mayor tamborileó el escritorio con sus dedos mientras observaba a su "hija política" – Una cosa más.

–D-dígame…

–Sé que mi Maki está pasando algunas noches contigo por lo que sucedió la otra vez.

Nico asintió con la cabeza.

–No abuses... recuerda, se usar a la perfección un bisturí.


–En serio que eres descuidada Nico. –musitó la pelirroja mientras le colocaba una bandita en la mejilla.

–Si supieras… –murmuró la bajita mientras veía cómo la doctora cerraba el botiquín.

–Listo, ¿cómo te fue con mi papá?

–Todo bien, perfectamente bien. –respondió rápidamente la pelinegra– Y estabas en lo cierto, no le molesta que estemos juntas –sino la posibilidad de que alguien haga llorar a su pequeña...– Se encontraban sentadas en el auto que el doctor Nishikino le había proporcionado a su hija para transportarse con sus guardaespaldas. Uno de ellos ocupaba el asiento del copiloto, haciéndole compañía al chofer, mientras el otro iba con Nico y ella en la parte trasera del vehículo.

Maki posó su mano en la mejilla sana de Nico– Ya te ves mejor. Tu semblante estaba algo pálido cuando nos encontramos en el estacionamiento.

–Me siento bien, debió ser tu imaginación.

La pelirroja la observó un breve momento antes de decidirse a dejar pasar el tema– ¿Quieres comer en casa o pasamos a algún restaurante?

"En casa", aquello hizo que el corazón de Nico se acelerara y una sonrisa se formase en su rostro. Maki había considerado el departamento de la artista como suyo, quizá sólo hubiese sido una equivocación al expresarse, pero no importaba, en ese momento la pelinegra era feliz.

–¿Nico?

–Cociné algo antes de salir, así que… –sintiendo cómo la temperatura de su rostro se elevaba desvió la mirada y agregó– Vayamos a casa.

Maki asintió y le dio instrucciones al chofer. Cuando llegaron al edificio Nico pudo divisar a su querida amiga astrónoma saludando a los guardaespaldas que se habían quedado vigilando las entradas de sus departamentos.

–Al parecer Nozomi no piensa darme un respiro...

–Quizá se siente sola o aburrida porque Eli no está aquí.

La artista trató de recordar que hacía la pelimorada antes de conocer a la coreógrafa, y realmente sus visitas sí eran más frecuentes, incluso había ocasiones en las que se quedaba a dormir con ella sin previo aviso.

–Por mi bien espero que Eli regrese pronto.

Salieron del vehículo y caminaron hacia el departamento, Nico ya un tanto resignada; Nozomi las esperaba, se había percatado de la llegada del auto justo antes de subir las escaleras.

–Maki-chan, que gusto verte. –saludó la astrónoma con una amplia sonrisa.

–Lo mismo digo Nozomi. –comentó la doctora con cautela.

–¿Vas a comer con nosotras? –preguntó Nico.

–Claro, y también podemos retomar la conversación de ayer.

–Preferiría que no.

–¿Por qué no? –cuestionó Nozomi– ¿Los detalles son clasificación C?

–¡Por supuesto que no! –alegó la artista molesta.

Cuando por fin entraron al departamento la astrónoma siguió molestando a la pareja hasta que Maki decidió abrir la boca –para entonces ya estaban sentadas frente a la barra de la cocina–.

–No es gran cosa, sólo toqué el piano, cantamos y lue…

–¡¿Cantaron?! –preguntó Nozomi perpleja, entonces volteó a ver a Nico– ¿Cantaste?

La pelinegra, que se encontraba sirviendo la última porción de albóndigas con tomate, sólo asintió. La astrónoma se puso de pie y abrazó con fuerza a Maki.

–¿N-Nozomi? –le habló la pelirroja, pero al no recibir respuesta buscó a Nico con la mirada, quien sacaba una jarra de cristal con té helado. No sabía si corresponder o no el abrazo, entonces escuchó a la pelimorada sollozar entre sus brazos.

–Maki-chan… –dijo la astrónoma entre su lloriqueo y aferrándose a ella– Gracias por regresarme a mi Nicochi.

Por algún motivo aquellas palabras conmovieron a la doctora, provocándole ganas de llorar, no tenía idea de cómo responder, las palabras no eran lo suyo; pero sabía que las acciones valen más, así que correspondío al gesto de Nozomi y la estrujó un poco.

–Es suficiente. –reclamó Nico luego de unos segundos– Sí, sí, todo muy emotivo... pero ya fue mucho. –protestó la bajita, mientras se acercaba a ellas para separarlas, un tanto celosa por el excesivo contacto entre su pelirroja y Nozomi.

–¡Que aburrida eres Nicochi! –se quejó Nozomi limpiándose los rastros de lágrimas con las manos y volviendo a su estado de ánimo habitual.

–Te aseguro que Eli no estaría de acuerdo contigo.

–¡Ja! Elichi, siempre está de acuerdo conmigo.

Nico sacó su celular y buscó entre sus contactos el número de la rusa– Es más, deberíamos preguntarle.

–¿Qué haces Nicochi?

–Desquitándome por todas las que me has hecho. –murmuró la pelinegra antes de seleccionar la opción de marcado y sonreír de una manera que Nozomi no había visto en mucho tiempo.


EXTRA: Escena eliminada del capítulo 14.5.

–Cuando tu abuelo fundó el hospital, el cuarto piso se encontraba en operación. –comentó el doctor Nishikino, sentado a un lado de su esposa. Habían decidido ir al departamento de Maki después de lo sucedido, la pareja ocupaba el sofá y su hija el taburete frente a su piano, mientras, Nico se encargaba de preparar té en la cocina. –Ya sabes, nunca hemos sido supersticiosos.

La pelirroja a esas alturas comenzaba a dudar en todo lo que creía, pero decidió no externarlo y dedicarse a escuchar a su padre– A muchos pacientes no les agradaba la idea de permanecer en ese piso y hacían escándalo para que se les trasladara a otro, pero también hubo casos contrarios, donde se hacían los valientes y preferían quedarse ahí. La mitad de ese piso constaba de habitaciones similares a las de hoy en día, y el resto estaba equipado para hacer exámenes, además de contar con algunos consultorios. También se cambió la numeración por letras, en un intento de que las personas no estuvieran tan paranoicas. Sin embargo, ocurrieron algunos sucesos y el piso tuvo que clausurarse, siendo sellado casi por completo, ahora el único acceso es la entrada por las escaleras, pero tiene llave.

–¿Por qué en los planos sólo se aprecia un espacio sin divisiones? –cuestionó la pelirroja mientras recibía una taza con té por parte de Nico, quien le ofreció a los mayores pero estos rechazaron el ofrecimiento, debían volver al hospital en breve. La artista se acomodó a un lado de Maki, dejando que esta se recargara en ella. La sra. Nishikino se percató en seguida de ese gesto, le pareció que había una inusual y excesiva cercanía entre ellas, sobre todo conociendo a su hija, pero prefirió no decir nada, al menos de momento.

–Tu abuelo me los entregó de esa manera, imaginé que se debía a que no quería que se volviese a utilizar dicho piso.

–¿Qué fue lo que ocurrió para que tuviera que prescindir del piso completo? –preguntó Nico intrigada, descartó que se tratara de alguna medida preventiva contra algún agente patógeno, ya que Maki fue llevada directamente a casa, en lugar de realizarle estudios pertinentes. Claro que los padres de Maki tampoco creían que su hija de verdad hubiese estado en ese piso, ellos pensaban que el cansancio y el sueño le habían jugado una mala pasada.

El doctor se quitó los lentes de aumento y se frotó el tabique mientras suspiraba– Mi padre no me quiso hablar al respecto, pero lo que escuché mientras hacía mis prácticas en el hospital fue, que uno de los doctores aprovechando de la mala fama que posee el número cuatro, acabó con la vida de varios pacientes inyectándoles cloruro de potasio. Y aunque no tardaron mucho en descubrir al responsable, cuando la policía apareció para detenerlo ya era tarde; lo encontraron muerto en su consultorio. Se había realizado el harakiri con una katana corta que tenia de adorno. –se volvió a colocar los lentes– Eso afectó considerablemente la reputación de la clínica por un tiempo, y fue suficiente para que tu abuelo decidiera sellar el piso. Cuando tomé el control del hospital volví a implementar la numeración de pisos normal, ya que no vi el caso a mantener letras que lo hacían un tanto confuso.

La artista en seguida pensó en las casas donde se suscitan homicidios, donde al conocer la historia del lugar prácticamente nadie quiere seguir habitándolas o comprarlas, y sufren una gran devaluación.

–Se hace tarde. –le informó la sra. Nishikino a su esposo.

El hombre consultó su reloj– Es verdad, debemos irnos. Ambos se despidieron de las jóvenes pero antes de salir decidió agregar– Tengo un par de meses con el plan de limpiar ese piso y verificar que todo esté en orden, una vez eso se realice te llevaré a explorar para que compruebes que realmente no hay nada que temer.

Maki no dijo nada se limitó a asentir con la cabeza y cerró la puerta una vez que su padres se retiraron.

–Deberías tratar de dormir, al menos descansar. –sugirió Nico.

–Tienes razón.

–Vendré más tarde con algo de comer. ¿Está bien? –la artista abrió la puerta mientras Maki se recargaba de la pared junto a ella.

–Sí...

La pelinegra se quedó mirando a la doctora por unos instantes, esperando pacientemente algo que al parecer no llegaría, a menos que lo pidiera con palabras o lo hiciera ella misma. Tomó el rostro de Maki entre sus manos y la besó.

–Descansa. –dijo en cuanto se separaron, y se fue a su departamento.

La doctora cubrió la sonrisa recién formada con la palma de su mano, su noche había sido horrible y traumática, pero al menos, la mañana inició bastante bien, y con eso en mente fue a su habitación para poder dormir…

Minutos más tarde Maki ya estaba en el departamento de Nico, una vez más aterrada por culpa de una pesadilla, pero igualmente no fue tan malo, porque su vecina se quedó junto a ella en la cama, consolándola hasta que se quedó dormida, acurrucada entre sus brazos.