El plan era subir este capítulo ayer... Pero debido a un enorme dilema existencial lo tuve que posponer. Realmente no tengo mucho que decir, solo que trataré de no tardar mucho en subir el 18, pero el staff(¿?) xD esta corto de tiempo por lo que no les diré que subiré el 18 esta semana (aunque si intentaré de hacer lo posible por que asi sea).

Sin mas que añadir...

Ni Love Live, ni sus personajes me pertenecen.


Capítulo 17.

Los sucesos del fin de semana daban vueltas en la cabeza de Maki, y no, no los referentes al viaje, si no los que sus padres recién le habían contado –las cosas en lugar de resolverse se complicaron bastante–. Ya sabían con certeza quién era el responsable detrás de ellos, sin embargo, todavía no era apresado. El departamento de Maki –y por lo tanto también el de Nico– había dejado de ser seguro para ella, y la cantidad de escoltas contratados, fue reducido a la mitad durante su estancia en Nueva York.

Según el relato de sus progenitores, un policía encubierto se encargó de tenderle una trampa al doctor Tenma, y este cayó en ella. Para cuando se dio cuenta de la situación, estaba rodeado casi por completo por los oficiales. Pero estos no contaban con que el sujeto estuviese armado y se volviera violento, disparando contra el agente que lo engañó; y aprovechando el momento de confusión para darse a la fuga. Tenma era un hombre peligroso sin lugar a duda, formó parte de la milicia antes de cambiar de profesión y desconocían que tan certera era su puntería, pues al policía que agredió le dio en el abdomen; casualidad o no, el oficial seguía con vida, la bala había evadido sus órganos vitales.

Luego de lo sucedido, la policía lo esperó en las propiedades a su nombre y de su familia, pero tal como era de esperarse por el tipo de sujeto, no lograron encontrarlo. Las únicas pistas que recibieron luego del fallido intento de aprehensión, fue un aviso de los guardaespaldas a los Nishikino; y la llamada a la policía realizada por Nozomi.

Tenma, al sentirse acorralado, se había dirigido edificio de la doctora para tomarla como rehén, esperando con ello tener una oportunidad; o por lo menos, tomar venganza. Con ayuda de una pistola equipada con silenciador se hizo cargo del par de escoltas que cuidaban la entrada del edificio; al parecer, a pesar de la gravedad sus heridas, uno de ellos logró dar aviso a los otros dos que se encontraban resguardando el departamento de Maki. El doctor se los encontró mientras subía al tercer piso, sin embargo, los hombres no estaban preparados; o más bien, sus reacciones fueron demasiado tardías y este se deshizo de ellos. Cuando llegó hasta su objetivo forzó la cerradura con la intención de sorprender a la pelirroja, pero se encontró con que no se hallaba en casa, razón por la cuál –tal y como supuso la astrónoma– arremetió con las cosas desfogando su enojo, para luego salir huyendo del lugar. Afortunadamente las jóvenes en el departamento de junto no cometieron la imprudencia de salir al momento, o también se hubiese desquitado con ellas.

Una ligera presión en su hombro la hizo mirar a la persona a su lado; era Nico llamando su atención, provocando que Maki colocara su cálida mano sobre la de ella. Se encontraban en un restaurante cercano al aeropuerto. Sus padres ya la esperaban a la salida de la instalación, mientras que la doctora apenas estaba sacando su celular para informarles de su llegada, asi que aquella recepción la tomó por sorpresa. Mientras las ponían al tanto de la situación habían intentado comer, pero al llegar a la parte donde le decían el estado de su piano, sencillamente perdió el apetito.

–No podré volver a casa contigo un tiempo, Nico... –comentó repentinamente Maki.

–Lo sé, y supongo que yo también debería buscar otro lugar dónde quedarme mientras todo se tranquiliza. –Su primer pensamiento fue recurrir a su madre, pero teniendo en cuenta la relación que tenía con Maki, y que no se esforzaban por ocultarla, existía la posibilidad de que también intentasen atentar contra ella; si se encontraba con su familia ellos podrían salir perjudicados; y de ninguna manera quería que algo así sucediera. –Iré a mi departamento por algunas cosas y luego pensaré qué hacer.

–No creo que sea buena idea. –comentó la Sra. Nishikino– Aunque la policía vigila el lugar, es probable que Tenma logre evadirlos, no lo debemos subestimar. El equipo de seguridad que contratamos no estaba compuesto por novatos, todos tenían formación militar, y aún así... no pudieron hacer nada.

–Entonces, ¿dónde se están quedando? –preguntó Maki a sus padres, ya que imaginó que su casa quedaba descartada.

El Dr. Nishikino soltó un pesado suspiro– En una de nuestras casas de campo, el salir a encontrarnos contigo fue riesgoso, pero queremos ser nosotros quienes te llevemos a un lugar seguro.

–¿Qué pasa con Nico? ¿Va con nosotros?

–No te preocupes, me quedaré con alguna de mis amigas. –la artista sabía que Nozomi contaba con una habitación extra en su casa, pero teniendo en cuenta que Eli se estaba quedando con ella; dejaría a la astrónoma como última opción. Era consciente de que aquello también ponía en cierto peligro a la persona con la que eligiese quedarse, pero al menos la zona en la que vivía Nozomi era la más alejada y pacífica del edificio donde vivía. Aunque si bien la casa de Kotori se encontraba más cerca, eso mismo la volvía una mala opción.

–Preferiría que estuviésemos juntas... –murmuró la pelirroja.

El padre de Maki apretó los dientes y se removió incómodo en su silla, mirando cómo su hija y su pareja intercambiaban palabras. No alcanzaba a escuchar qué se decían, por lo que se dedicó a observar al par. Fue entonces que se percató de cierto detalle; su pequeña traía puesto un suéter cuello de tortuga –parecía ser nuevo–, y lo llevaba remangado hasta por encima de los codos, se notaba acalorada.

–¿No tienes calor? –le preguntó el hombre.

Maki dio un respingo, le dedicó una filosa y molesta mirada a Nico, para después ver a su padre– N-no, estoy bien, está algo fresco.

El Dr. Nishikino entrecerró los ojos y frunció el ceño. Su hija rara vez mentía, por lo tanto cuando lo hacía, él se daba cuenta enseguida. Volteó para mirar a su esposa, pero esta se veía bastante divertida con la situación. Al desviar la mirada hacia la pelinegra, la joven parecía más interesada en el piso, que en la conversación que estaba transcurriendo en la mesa, y no sólo eso; se veía bastante nerviosa–. Nico-chan… –la llamó con un tono de falsa amabilidad que provocó instantáneamente un estremecimiento en la artista– ¿Qué tal estuvo su viaje?

Nico abrió mucho los ojos y vio con sorpresa a su suegro, no podía creer que a pesar de todo lo sucedido –los atentados contra su vida, la de su familia, y el culpable libre – él quisiera tener una conversación como si nada ocurriese. No era lógico. Además, debía reconocer que tenía miedo de hablar más de lo necesario; no quería otra demostración de manejo del bisturí...

–Estuvo bien. –comentó con cautela– ¿No sería mejor irnos? Estamos demasiado expuestos, es peligroso. –Nico intentaba zafarse de aquella situación.

–No te preocupes, tomamos precauciones. –le informó su suegra con una amplia sonrisa.

Maki sólo apretaba con las yemas de sus dedos el cuello de su suéter; tiraba de él hacia arriba como tratando de ocultar la prueba de un delito, estaba demasiado inquieta y resultaba obvio para todos.

Por eso Nico le había dicho que el maquillaje sería más discreto, sobre todo, porque no sabían cómo estaría el clima a su llegada a Tokio –En realidad, creo que debería retirarme. –se puso de pie– Debo reportarme con mi familia y…

–Siéntate Nico-chan. –le ordenó su suegro.

Su instinto le dijo que obedeciera, que era lo más prudente, y así lo hizo. Le dedicó una breve mirada a su pareja, quien ya se encontraba jugando con el celular, dejándola con todo el problema. Mientras tanto, el Dr. Nishikino no se veía para nada feliz; la pelinegra soltó un pesado suspiro y se resignó, preparándose para lo peor…


Nico abrió la puerta con extrema cautela, y vio que sólo se trataba de Kotori, quien se vio obligada a tocar el timbre de su propia casa al traer las manos ocupadas; una con la maleta y su amado portafolio de arte en la otra, se hizo a un lado y la dejó pasar.

–¿No estás demasiado paranoica? –preguntó la modista– Me dijiste que estabas segura de que nadie te siguió desde el aeropuerto.

–Oh, el tal Tenma no me preocupa. –confesó cerrando la puerta– El Dr. Nishikino... es otra historia.

–¿Por qué? –preguntó Kotori– ¿Acaso hiciste llorar a Maki-chan?

–¿Tú crees que estaría viva si ese fuera el caso? –Nico hizo una pausa y entonces murmuró– Aunque sinceramente, me sorprende no haber muerto.

–Por cierto. –la castaña dejó las pertenencias de Nico cerca de uno de los sofás de su sala– ¿Por qué no estás con ella? –la artista apareció prácticamente de la nada en la entrada de su casa, y por poco no encuentra a la diseñadora, que tenía planeado salir a comprobar que su querida Umi siguiera con vida. –Comprendo que el plan de la policía no haya salido bien, pero pudiste haber ido con Maki-chan y sus padres, ¿no?

–En este momento no soy la persona favorita de mis suegros, bueno, nunca lo he sido; mi apartamento no es seguro, no quiero molestar a mi familia y no tengo ganas de estar donde Nozomi y Eli; no estoy de humor para el bullying, y tampoco quiero escucharlas haciendo... cosas.

–¿O sea que soy tu última opción? –cuestionó la diseñadora falsamente herida.

–No, sólo no quería ponerte en peligro. –al ver como Kotori sonreía por sus palabras, se acercó a su portafolio– Pero luego de analizarlo y pensarlo mucho, me di cuenta que nos vemos más fuera de mi casa, que en ella. A diferencia de Nozomi que a veces es como un chicle.

–Tiene sentido, supongo.

–¿Supones?

–Debo dejarte un rato. Umi está por terminar su nueva novela y en este punto es cuando más se descuida, entonces tengo el deber de asegurarme de que se encuentre bien.

–No hay problema. –constestó la pelinegra mientras tomaba algunos de sus colores pastel.

Kotori se despidió y dejó a Nico acomodando sus cosas en el comedor. Esperaba que toda la situación se resolviese pronto, no quería molestar a su amiga invadiendo su privacidad más tiempo del necesario. Aunque lo que menos quería era tener que hospedarse en un hotel, porque de ser así, no podría pintar a gusto. Movió los muebles de Kotori para librar un espacio considerable en la sala –pues no encontró forma de hacer espacio en el taller de la diseñadora–, colocó periódicos en el piso; así como también en una mesa cercana, y armó su caballete. Rebuscó entre las cosas que le había llevado su amiga y sacó todas las herramientas necesarias para ponerse a pintar. Colocó los pinceles, espátulas, tubos de óleo y demás materiales artísticos con cuidado sobre la mesa.

Fue al cuarto de invitados y comenzó a cambiarse de ropa; eligió una playera color rosa pastel ya un tanto vieja, tenía algunas machas de pintura que por más que Nico intentó lavar nunca salieron. Pero era una de sus favoritas a la hora de expresar su arte y por eso la conservaba. También se puso un pantalón corto que complementaba su atuendo. Regresó a la sala, tomó un lienzo, lo colocó sobre el caballete y se cruzó de brazos mientras observaba la superficie blanca sobre la cual dibujaría. Intentaba visualizar el parque en Nueva York, la imagen de la Luna y las estrellas reflejadas sobre el lago empezaba a volverse nítida, y con ello, el beso, y lo que vendría después. Se sonrojó al recordar el cálido y tierno beso que compartió con Maki en esa fría noche, y sobre todo, el cómo ese inocente acto fue el inicio de algo que terminó en su habitación de hotel. Sintió un escalofrió al recordar a su suegro. Si hubiese sido más cuidadosa en ese momento estaría feliz de la vida con su querida doctora, en lugar de estar desordenando el hogar de Kotori.

Escuchó el timbre de su celular, provenía de la habitación de invitados donde estuvo minutos antes. Al parecer lo había dejado en uno de los bolsillos del overol que se quitó. Corrió a buscarlo y cuando lo tuvo en su mano vio que se trataba de Maki.

–¿Todo bien? –preguntó la doctora cuando Nico respondió.

–Sí, Kotori trajo de mi departamento todo lo que necesito para sobrevivir un par de días. –caminó hacia la puerta y se recargó en el marco– ¿Crees que tarden mucho en atrapar a Tenma-san?

–Sinceramente no tengo idea, y mis padres hacen lo posible por evadir el tema.

–Es normal, supongo. No quieren preocuparte.

–Es imposible que no lo esté. –la doctora soltó un pesado suspiro– S-sobre todo si no sé cómo te encuentras.

Nico soltó una leve risita– Bueno, en este preciso momento me encuentro bien, así que relájate, esperemos que pronto podamos volver a casa.

–Sí… –Maki estaba por decir algo más cuando fue interrumpida, Nico logró percibir la voz de su suegra de fondo, aunque por la distancia no pudo entender que era lo que decía– Debo irme. Te llamaré más tarde.

–Ok. Y no te preocupes por la hora, voy a pintar. –con aquello le daba a entender que pensaba desvelarse o bien, no dormir.

–Está bien. –dijo la pelirroja y entonces colgó.

Nico estaba por guardar su móvil cuando recibió un mensaje. Caminó en dirección a su recién montada área de trabajo mientras leía el extenso mensaje que Nozomi le envió por Line. No decía nada importante, sólo se burlaba de ella –como era normal en la astrónoma–. Mientras respondía el texto no se dio cuenta de la distancia que avanzaba hasta que su pie –su meñique– se encontró con la mesa donde había dejado su material. Soltó un fuerte alarido, y dejó caer su celular al piso mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. En ese momento se maldijo a si misma por haberse quitado las pantuflas para no mancharlas con óleo. Al menos eso hubiera reducido el impacto. El horrible e insoportable dolor punzante le hizo inclinarse con la intención de ver el daño causado; pero su frente se impactó contra la mesa estremeciéndola y tirando los tubos de óleo a sus pies. Nico retrocedió demasiado rápido, perdió el equilibrio y cayó de sentón. Intentando no irse de espaldas puso su mano en el piso con un movimiento rápido, pero no muy ágil, teniendo como consecuencia un tubo de óleo color marrón aplastado que en proceso le salpicó la espalda. Nico soltó un gemido de dolor y molestia mientras pensaba, que aquel día ya no podía ser peor. Al menos no había sucedido semejante escena en presencia de Nozomi, o sería molestada por un largo tiempo.

Mientras la pelinegra se lamentaba, el timbre sonó. Se levantó refunfuñando. No podía ser Kotori, ella tenía llaves. La puerta no tenía mirilla, por lo que era necesario abrir para ver de quién se trataba. Cuando lo hizo se encontró con un hombre evidentemente perturbado y que tenía un arma en su mano. Y antes de que Nico pudiese reaccionar cerrando la puerta, o siquiera diciendo algo, el sujeto la golpeó con la culata de la pistola dejándola inconsciente.