No estaba muerta, andaba de parranda.
No, ya en serio, se que ha pasado mucho tiempo, pero la verdad es que estaba escasa de tiempo y luego pasó eso del bloqueo, pero ya no recuerdo que evento en mi vida lo desato…
Después la falta de tiempo para la edición…
Lo importante es que estoy de regreso y ahora puedo decirles que ya se ha escrito todo hasta el final y el epilogo. Me falta subir cuatro más (aparte de este) y concluye la historia. Me gustaría decirles que subiré uno diario, pero no me será posible porque estoy trabajando en otras historias (como para revisar yo misma los capítulos que faltan) y mi beta sólo se compromete a tener listo uno por semana, así que…
Este capítulo será todo hasta la próxima semana, aun no estoy segura cuando subir el capítulo, pero digamos que será entre sábado y domingo.
Bueno… ya les dejó el capítulo.
Disfruten.
AVISO:
Ah, por cierto si no han leído el capítulo 14.5 (especial de Halloween) les recomiendo que lo hagan por que los eventos transcurridos durante este toman importancia en este capítulo.
Capítulo 18.
Nico comenzó a recuperar la conciencia y enseguida la atacó un fuerte dolor de cabeza. Se quejó un poco y abrió los ojos, pero le fue imposible reconocer el oscuro lugar donde se hallaba; un rancio olor a humedad inundó sus fosas nasales provocando que se le revolviera el estómago. Llevó su mano derecha al área afectada de su cabeza y sintió algo viscoso en su cuero cabelludo. A pesar de la negrura que invadía el lugar, se dio cuenta que se trataba de sangre, gracias a el olor a hierro impregnado en su mano. Recordó brevemente cómo había sido atacada por quien suponía, era el famoso doctor Tenma. Intentó ponerse de pie, pero de inmediato la sensación de vértigo la obligó a recargarse de la pared, deslizandose lentamente hasta quedar sentada una vez más.
Trató de mantener la calma, pero le era realmente difícil. Estaba en una situación bastante complicada y por demás peligrosa. Pensó en lo tonta que fue al negarse a ir con Maki y sus padres; todo por miedo a lo que su suegro pudiera recriminarle, ahora aquello le parecía ridículo. Una vez sus ojos se adaptaron mejor a la penumbra, logró divisar que se encontraba en un cuarto vacío, sin muebles, ni ventanas. Debía existir una salida. De lo contrario la oscuridad que la envolvía sería absoluta. Buscó con la mirada alguna zona por la que pudiera estar filtrandose la luz, pero se rindió luego de un rato.
El que ella estuviese ahí significaba que Maki estaba a salvo, si no, ¿por qué otro motivo habría sido llevada a ese lugar? Recordó lo que su suegro les había contado sobre los sucesos ocurridos mientras ellas se encontraban del otro lado del mundo; y llegó a la conclusión de que quizá, Tenma-san se hallaba en un punto donde ya no le importaba cometer errores; haría lo que fuese necesario para salirse con la suya. El asesinato de los escoltas de la familia Nishikino, le había asegurado ya la pena de muerte en caso de ser atrapado. Se estremeció al pensar, en la probable inestabilidad mental del sujeto.
Cada minuto contaba, debía salir pronto de donde sea que estuviese.
El eco de pasos acercándose la sacó de sus pensamientos poniéndola alerta. Intentó levantarse nuevamente y esta vez se percató de un sonido metálico que decidió ignorar momentáneamente, pero que presentía, no significaba nada bueno. Al otro extremo de la habitación una ruidosa puerta se abrió –por el rechinido que produjo supuso que no era muy utilizada–, alguien con linterna en mano entró, y apuntó la luz directo a su rostro cegándola.
–Yazawa-san. –la llamó una voz masculina.
Nico no dijo nada, sólo entrecerró los ojos e interpuso su mano entre ella y esa molesta luz, en un intento por protegerse.
–Debo tomarte algunas fotografías, así Nishikino-san sabrá que te encuentras bien.
La artista frunció el ceño. Tal y como supuso, era la carnada. Quizá si era rápida, podía tomar desprevenido a Tenma y así salir de ese lugar. Aunque las probabilidades de éxito eran bajas; tomando en cuenta que su captor tenía entrenamiento militar, y ella… una rodilla que claramente la dejaba en desventaja. Bufó molesta ante tal encrucijada, sabía que al final el resultado sería el mismo, se desharía de ella en cuanto ya no fuese necesaria, y Nico no podía simplemente aceptarlo. Aunque al ser un gran riesgo tampoco podía evitar pensar en si lo más sensato sería esperar y ser rescatada, el problema, era el tiempo que les tomaría llegar a ella. El ser consciente de que Tenma llevaba varios días libre, y que la policía no tenía idea de su paradero, provocaba que esa idea resultara muy poco alentadora. Escuchó el sonido de una cámara digital encendiéndose y ajustando su lente.
"Obviamente", pensó Nico molesta, un sujeto como él no sería tan estúpido para utilizar su celular ya que podrían rastrearlo. La pelinegra comenzaba a desesperarse, tenía que decidir y pronto. Un par de flashes la sacaron de sus cavilaciones.
Apenas dio un par de pasos al frente y volvió a escuchar ese sonido metálico.
–No te molestes. –el sujeto señaló su pie para hacerle notar que estaba encadenada a una vieja y oxidada tubería expuesta. –Mejor disfruta de tu estancia, no irás a ningún lado por un rato.
–¿P-por..? –la garganta reseca de Nico no le dejó formular la pregunta, tosió un poco tratando de aclararla. Se preguntó cuánto tiempo había estado inconsciente– ¿Por qué... estoy aquí?
Tenma guardó la cámara y rebuscó algo en su bolsillo– ¿En serio vas a decirme que no sabes quién soy? –sacó un paquete de cigarrillos, tomó uno y lo puso en sus labios– Estoy seguro de que ese no es el caso, y además, sabes muy bien por qué te traje.
La pelinegra apretó los dientes y se negó a responder al sujeto frente a ella. Sólo observó cómo Tenma guardaba el paquete y sacaba ahora un mechero de su bolsillo, encendiendo cuidadosamente su tabaco. –¿Cuánto tiempo dormí? –preguntó con un toque de sarcasmo.
–No tanto como hubiese querido. –hizo por guardar el encendedor en su pantalón, pero lo pensó mejor y lo arrojó en dirección a Nico– La temperatura está descendiendo y aún te necesito. –sin agregar nada más se dio vuelta y cerró la puerta.
Nico avanzó hasta donde la cadena se lo permitió. Se agachó y buscó a tientas el encendedor. Comenzó a desesperarse al no encontrarlo. Se arrodilló, e inclinó al frente, buscando con sus manos; cuando estaba prácticamente acostada fue que dio con el pequeño objeto. Lo encendió y no pudo evitar hacer una mueca de repulsión al ver la inmunda loza del suelo; seguramente blanca en algún momento, pero ahora, tenía una asquerosa mezcla entre marrón y gris. Tomó la cadena y se levantó del piso con cuidado. Caminó hasta llegar a la pared y observó a detalle la tubería a la que estaba encadenada. Se veía en pésimo estado. Examinó el grillete en su tobillo, definitivamente no podía hacer nada con eso. Levantó la mirada hacia la tubería una vez más, si quería intentar liberarse, esa sería su única opción. Apagó el encendedor. Debía ahorrar el combustible. Fue entonces que se dio cuenta de algo, ese era el lugar por el que la luz se filtraba. Probablemente la habitación tenía más zonas deterioradas y abiertas como en esa pared, por ello la oscuridad del lugar no era absoluta. Tomó aire para intentar gritar por ayuda, pero se contuvo enseguida. No tenía idea de dónde se encontraba Tenma, quizás estaría fuera del cuarto esperando a que ella hiciera algo, aunque también era posible que se hubiese alejado ya, o abandonado el lugar dejándola sola. Pero de ser ese el caso…
¿La habría simplemente dejado en un lugar donde alguien pudiese escucharla?
No.
Era verdad que Tenma había cometiendo errores, pero tampoco era estúpido. La prueba de ello, era que aún no daban con él. Las zonas de donde provenía la luz no resultaban obvias a simple vista, lo que significaba que no estaba tan cerca del exterior, o tal vez era de noche. Nico sacudió la cabeza y se dijo a sí misma que especular no la llevaría a ningún lado.
Había tomado una decisión; sujetó la cadena con sus manos y tiró de ella con fuerza, la tubería comenzó a crujir pero no se movió ni un centímetro. Nico apretó su mandíbula y puso su pie contra la pared para ejercer aún más fuerza. La rodilla –de la pierna que tenía apoyada en el suelo– comenzó a punzarle de dolor, no sabía si era a causa del esfuerzo que estaba realizando, o porque la temperatura –tal y como dijo Tenma– comenzaba a bajar. Sin dejar de ejercer fuerza y con ayuda de todo su peso, la tubería volvió a crujir, esta vez doblándose, y finalmente se partió. Nico cayó estrepitosamente de espaldas. Apenas y pudo reprimir su alarido de dolor. A esas alturas aquel día era oficialmente, el segundo peor de su vida.
Tratando de ignorar el dolor se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta, dándose cuenta con horror, que la cadena sonaba a cada paso que daba; la levantó para no arrastrarla, y el sonido se redujo considerablemente. No era cómodo, pero definitivamente no se sentaría a esperar su destino. Encendió el mechero con su mano libre para llegar a la puerta y entonces volvió a apagarlo. Sujetó el pomo y lo giró. Esperaba que si hacía las cosas con sumo cuidado, la puerta no rechinaría. Su corazón se aceleró cuando al jalarla, las bisagras no pararon de hacer ruido. Rezó porque Tenma no estuviese cerca. Terminó de abrir y salió temerosa, esperando encontrarse a su captor, pero por suerte no fue así. Cerró la puerta y encendió el mechero. Se hallaba en un pasillo que le parecía extrañamente familiar. Claro, eso si le quitaba el moho, telarañas y demás suciedad a las paredes. Se dio vuelta y notó un par de números junto a la puerta de la habitación en la que estuvo. Cuando vio el 57 inmediatamente se dio cuenta de dónde estaba; esa placa tan familiar, ese tipo de numeración, no podía estar equivocada, recién la había visto en el hospital Nishikino. Debía encontrarse en un piso deshabilitado del mismo.
Un escalofrió le recorrió la columna vertebral al acordarse del relato de Maki. Lo que vivió su pareja la noche de Halloween en aquel lugar, era algo en lo que casi no pensaba, pero en ese momento le fue inevitable recordar la expresión de terror en el rostro de su querida pelirroja.
"¡Maravilloso!". Exclamó mentalmente Nico con sarcasmo.
No le quedaba otra opción, debía buscar la salida. Sin embargo, no tenía idea de cómo ubicarse, Maki estaba acostumbrada a ese lugar y según ella, la distribución de los pisos era igual en todos. Pero aquella información no le resultaba de gran utilidad, teniendo en cuenta las escasas veces que se había visto obligada a ir al hospital, no sería suficiente.
Inhaló y exhaló intentado tranquilizarse. Apagó el encendedor nuevamente y caminó en la oscuridad hasta topar con la pared. Avanzaría guiándose en ella, así no gastaría el gas del mechero y tendría ventaja sobre Tenma, usando la luz de su linterna para revelar su ubicación antes de que él pudiese verla. Se aferró a esa idea mientras decidía hacia dónde avanzar. Recordó que el acceso al elevador se hallaba cerrado –principal motivo por el cual, su suegro no le creyó a su hija–. Así que debía buscar la salida que daba a las escaleras. Esperaba no equivocarse en su primer intento.
Caminó durante algunos minutos intentando no desesperarse, andar entre aquella oscuridad la ponía nerviosa al no tener la certeza de si realmente avanzaba. El dolor punzante en su rodilla tras cada flexión, era lo que la mantenía cuerda, y le confirmaba no haberse quedado estática en un sólo lugar. Continuó su camino hasta que la pared se terminó, con ayuda del encendedor se percató que había llegado a donde el pasillo se dividía. Las cosas comenzaban a complicarse. Escogió un camino al azar para no perder tiempo y siguió a oscuras. Todo marchaba bien, hasta que de golpe, sintió un putrido hedor que le revolvió el estómago, y las náuseas que este le provocaron la hicieron detenerse. No sabía cómo tomar aquello, tal vez sólo se tratase de algún animal muerto, eso sería lógico, si nadie tenía acceso a ese piso, el mantenimiento e higiene del lugar no eran importantes. Ya repuesta siguió avanzando, pero no por mucho, ya que con las yemas de sus dedos sintió irregularidades en la pared. Quería ignorarlo, pero la curiosidad pudo más. Encendió el mechero y se encontró con profundos arañazos en la pared. Se acordó una vez más de su querida Maki, el cómo le había costado volver a conciliar el sueño por las constantes pesadillas y la ansiedad generada luego de su experiencia en ese piso. Avanzó un poco más con el encendedor en la mano mientras con la otra seguía tocando la pared, hasta que sintió una placa. Al iluminarla vio que tenía grabado el número 42. Dio un paso más y notó la puerta de esa habitación abierta, aunado al intenso hedor que emanaba de ella.
–Debo estar loca. –murmuró la artista mientras entraba en la habitación.
Nico sintió la fuerte necesidad de confirmar la historia de Maki, pero no estaba siendo muy inteligente, porque de ser cierto, se estaría metiendo en un problema peor del que ya tenía. Se detuvo al divisar el cuerpo de una persona en el suelo; tenía raspones y laceraciones visibles. Dudó en continuar, se cubrió la boca con su mano libre ignorando el frío metal de la cadena que había enrollado alrededor de esta; por fin dio un par de pasos más y se topó con una escena similar –aunque peor desde su perspectiva– a la que relató Maki la noche de Halloween. A diferencia de su doctora, ella no pudo reprimirse y gritó. Retrocedió torpemente hasta dar de nuevo con la pared. Sin lograr contenerse, dio vuelta y vomitó. Si eso fue lo que presenció Maki, ahora podía entender perfectamente porque su pareja estuvo tantos días perturbada. Le pareció escuchar pasos de alguien corriendo a lo lejos, pero en ningún momento se acercaron hasta donde ella estaba. Cuando salió de su estupor notó que en algún momento el encendedor se había apagado. Quería salir de ahí, necesitaba salir, pero sintió cómo el miedo se apoderaba de su cuerpo; el miedo de toparse con Tenma en el camino, y peor aún, el miedo de encontrarse con... empezó a temblar inconscientemente al darse cuenta que si los cuerpos se hallaban ahí, lo más probable sería que la cosa que vio Maki también. Aunque de algo estaba segura, que al menos, no se encontraba en esa habitación.
Nico estaba sola.
Por el momento.
Sintió cómo las involuntarias lágrimas escurrían por sus mejillas; debía darse prisa y escapar. Pero se sentía vulnerable, su cuerpo dolía, tenía miedo, y el frío comenzaba a calar sus huesos. No pudo más, se dejó caer y cubrió su rostro con sus manos mientras sollozaba.
Escuchó pasos apresurados, seguido del rechinar de puertas abriéndose. Se alarmó al notar que algo o alguien se acercaba. Se puso de pie y decidió esconderse tras la puerta. Esperaba que sí se trataba de Tenma, sólo buscara superficialmente.
Los ruidos se detuvieron de repente, quizá su captor había optado por otra ruta. Decidió aguardar unos minutos más. El hedor de los cuerpos en descomposición de alguna manera aumentó su dolor de cabeza. Estaba por separarse de la pared y salir de su escondite, cuando volvió a escuchar pasos. Cerró los ojos y esperó.
Al oir la puerta de junto abrirse su cuerpo se tensó. Pudo percibir cómo en esta ocasión se acercaba a la habitación donde ella se encontraba.
Tenma se detuvo antes de atravesar el umbral de la puerta e iluminó con su linterna.
–¿Qué dem...? –susurró Tenma mientras enfocaba la luz en los cuerpos. Estaba atónito, no comprendía cómo había sucedido eso. Si bien él dejaba los cadáveres en el sitio hasta conseguir un nuevo cliente, sólo sacaba los órganos que requería. Desde luego era preciso en su trabajo y no había provocado todas esas laceraciones innecesarias. Se acercó para inspeccionar las lesiones. Parecían haber sido hechas por las zarpas de algún animal.
Nico contuvo el aire mientras observaba cómo su captor examinaba los cadáveres. Por la expresión que alcanzaba a vislumbrar en su rostro gracias a la luz de la linterna, se dio cuenta que este no había sido el responsable de la macabra escena. Y eso sólo reforzó el sentimiento de miedo y desesperación que la abrumaba.
Le urgía salir de ahí, pero en su intento por escapar causó ruido con la cadena, provocando que Tenma girase, buscando con su linterna. Nico se reprendió por haber olvidado ese detalle. Fue entonces que se dio cuenta que había pasado por alto algo muy importante, lo que tenía en su mano servía como arma. Si era rápida tendría una oportunidad; aquello era mejor que nada.
Tenma caminó hacia la puerta, aún sin ver a Nico. La pelinegra tomó la cadena con ambas manos y la apretó con fuerza. Cuando el –ahora– ex doctor sujetó el pomo de la puerta, Nico aprovechó la oportunidad y saltó sobre él, poniendo la cadena alrededor de su cuello. Pero Tenma tardó nada en liberarse del agarre y propinarle un puñetazo en el estómago, dejándola fuera de combate. Y perdiendo la consciencia gracias a la debilidad y el cansancio.
Al abrir los ojos nuevamente se encontró en un cuarto oscuro, al parecer ya no era la misma habitación. Intentó moverse, pero se dio cuenta que esta vez estaba completamente inmovilizada. Al poner más atención sintió el frío metal y la forma de la cadena contra su piel; Tenma había tomado sus precauciones, optando por encadenarla completamente. Nico había desperdiciado su única oportunidad de escapar. Seguía en el mismo sitio, atrapada con un psicópata, y lo peor, muy probablemente con una monstruosa criatura acechando en el mismo piso. Lo único que podía hacer ahora, era esperar a que la encontrasen; sólo pedía que no fuese demasiado tarde cuando lo hicieran.
