Mientras el sol esté presente, mientras toque mi cuerpo, mientras haya luz de día, soy invisible para cualquier ser humano. No sucede igual con los animales, o a lo mejor sí, pero ellos tienen los sentidos más desarrollados y pueden sentir mi presencia sin importar la hora.
Me paso toda la mañana y buena parte de la tarde vagando entre lápidas.
Somos muchos aquí, pero no hablo con ninguno porque no deseo encariñarme para que cuando crucen, no me duela.
Ni a ellos les duela cuando yo me vaya.
