El plan era publicar la semana pasada... pero a la hora de revisar una ultima vez me di cuenta que había partes que necesitaban reescribirse y otras que no me convencían mucho, aparte estaban esos detalles que no tenían ningún sentido y me hizo preguntarme bajo el influjo de que bebida energética escribí eso xD

Al final tuve que tomarme otra semana junto con mi beta reader para corregir esos pequeños detalles.

Y esa es la razón por la que este capitulo esta llegando hasta hoy...

Lo bueno es que... no tarde 3 meses para tenerlo listo...

La historia termina en el capitulo 21 así que espero que disfruten de estos últimos capítulos, no prometo volver en una semana, pero si prometo hacerlo tan pronto como me sea posible :D


Capítulo 19.

–¡¿Cómo que Nico no está?! –gritó Maki desesperada.

–Maki-chan, mantén la calma. –pidió Kotori.

La doctora intentó serenarse, sabía que hablarle así a Kotori no solucionaría nada, pero le era difícil; sentía coraje e impotencia. Cerró los ojos, apretó su puño con fuerza y respiró profundamente. Luego de unos instantes logró tranquilizarse lo suficiente, y la diseñadora comenzó a contarle todo lo que sabía hasta ahora sobre la desaparición de su pareja.

Cuando Kotori regresó a su hogar, tras haber pasado algunas horas con su querida Umi, encontró la puerta abierta. Aquello le pareció extraño pero no se alarmó. Al atravesar el umbral notó que Nico había movido los muebles, montando una pequeña área donde pudiese pintar. Pero la artista no estaba a la vista y tampoco detectaba sonido alguno. Un tanto desconcertada sacó su celular del bolso y decidió llamar a su amiga. Enseguida escuchó el tono de su móvil, caminó entre los muebles siguiendo el sonido y llegó al lugar donde a Nico se le había caído un rato antes. Lo recogió y cortó la llamada. Observó tubos de óleo desperdigados por el suelo, uno de los cuales se hallaba aplastado, y ahora una mancha color marrón decoraba el piso.

–¿Pero qué...?

Sobrecogida por la situación llamó a Nozomi para saber si Nico no se encontraba refugiada en su casa, pero obtuvo una respuesta negativa, intentó con la señora Yazawa, pero la respuesta fue la misma. Sólo le quedaba dar aviso a la policía y luego, lo más difícil, llamar a la doctora.

Maki soltó un sollozo– Entonces… Ya lo sabe la madre de Nico.

–Sí, al igual que Eli y Nozomi.

–Es mi culpa. –murmuró la pelirroja, cubriendose los ojos con su mano libre– Debí insistir en que viniera con nosotros.

–No, Nico-chan fue quien decidió no ir contigo.

–Pero es debido a que mi padre la incomodó.

La sirena de una patrulla interrumpió la conversación. Kotori se despidió diciéndole que volvería a llamar después de que terminase con los oficiales.

Maki se levantó del sofá y caminó en busca de su padre. Ella y sus progenitores se encontraban en una de las propiedades a las que rara vez iban, y por lo tanto, de la que casi nadie sabía. La pelirroja llegó a la cocina, donde sus padres hablaban sobre un paciente que requería una intervención quirúrgica, y que de no resolverse pronto la situación, tendrían que transferirle el caso a otro doctor.

–Pues más vale que esto termine pronto o... –Maki interrumpió molesta la conversación de sus padres– Nico desapareció.

–¿De qué hablas? –preguntó su padre.

–Estaba quedándose con una de sus amigas, ella acaba de llamar para decirme que Nico desapareció de su casa.

–Seguramente se fue a otro lugar. –comentó el señor Nishikino en un intento por tranquilizar a su molesta y alterada hija.

–No. Kotori encontró su casa abierta y desordenada, se llevaron a Nico.

Un repentino sentimiento de culpa hizo sentir incómodo al padre de Maki, desvió su mirada a su esposa quien no le ayudó a sentirse mejor, pues lo miraba con reproche. Él lo sabía, si algo le pasaba a la pareja de su hija, de alguna manera sería responsable de ello; y su hija jamás se lo perdonaría. De no haberse comportado como un padre celoso, en ese momento su pequeña no estaría viéndolo con tanto odio.

–Llamaré al detective que está buscando a Tenma, lo mejor será informarle que ese psicópata tiene una rehén.

Maki se dio vuelta y fue directo a la salida. No pensaba quedarse sin hacer nada mientras era probable que Nico estuviese sufriendo. Apenas dio un paso fuera del lugar su madre la detuvo.

–Maki, deberías esperar a que tu padre termine de hablar con el detective.

–¿Eso de qué servirá? Ellos no han logrado encontrar a Tenma.

–¿Y acaso tú sabes dónde buscar?

La doctora se quedó callada. Realmente no tenía idea, los únicos lugares que se le ocurrían ya habían sido registrados por la policía, y no encontraron a Tenma o rastro alguno que pudiera conducirles a su paradero. Sin poder contenerse más, Maki comenzó a llorar. Su madre la abrazó y la hizo entrar una vez más a la casa.

Umi salió a toda prisa de su auto y llegó rápidamente hasta donde estaba Kotori. Su amiga se encontraba hablando con Eli y Nozomi. Había movimiento dentro de la casa; eran policías buscando evidencia.

–¿Qué saben hasta ahora? –preguntó la escritora.

Nozomi no tardó en responder– Uno de los vecinos vio a un hombre cargando a una joven hasta una camioneta blanca, pero no prestó atención a la matrícula.

–¿Y no llamó a la policía? –Umi se cruzó de brazos– Sí yo hubiese visto algo así de sospechoso no dudaría en llamar.

–La mayoría de las personas tratan de no meterse en problemas. –comentó Eli molesta– Si no es algo que les afecte, no dirán nada a menos que preguntes.

–No debí dejar sola a Nico-chan. –murmuró la diseñadora.

–No fue tu culpa, y de estar aquí en ese momento probablemente habrías terminado como los guardaespaldas de Maki. –Nozomi al igual que las demás, estaba preocupada, pero trataba de mantener la calma– Que estuvieses con Sonoda-san fue lo mejor.

Umi pasó su brazo por los hombros de Kotori en un intento por reconfortarla. La diseñadora se pegó a su amiga y dejó que le acariciara la cabeza. Esperaba que no tardaran mucho en encontrar a Nico, y que cuando lo hicieran, estuviese bien o nunca dejaría de reprochárselo a sí misma.

Maki caminaba por su dormitorio de un lado a otro como león enjaulado. Era de madrugada y aún no tenían noticias de Nico. Sus padres le hicieron ver que dejarse llevar por la desesperación no traería nada bueno, que lo mejor sería quedarse en casa y esperar. Aunque la angustia y el miedo de lo que pudiese estar sufriendo su pareja no le permitían pensar con claridad. Si su madre no la hubiese detenido, seguramente habría terminado apropiándose del automóvil de su padre y manejado sin rumbo por la ciudad buscando a Nico. Y en el peor de los casos, tenido un accidente en el proceso.

Se sentó en el borde de su cama y observó el reloj que tenía sobre la mesita de noche, pasaban de las cuatro de la mañana.

Debía tratar de dormir un poco.

Se sentía cansada por su reciente viaje –y también por la situación actual–. Esperaba que Nico no se encontrase herida, si algo le pasaba no se creía capaz de poder superarlo. Nunca se había sentido tan impotente en toda su vida, ni siquiera cuando alguna cirugía se complicaba pasando de un procedimiento sencillo a uno de vida o muerte.

Sacó su celular de un cajón con la intención de seleccionar música que le ayudase a despejar su mente. Pero recordó la conversación telefónica que tuvo con Nozomi un rato antes –cuando por fin alguien se acordó de volver a llamar para darle información– La pelimorada estaba con Eli, Kotori y Umi, en casa de esta última. La policía había recabado toda la evidencia posible de la casa de la diseñadora e interrogado a los vecinos. Aunque lo único que pudieron confirmar, fue que Tenma era el responsable de la desaparición de Nico, nada nuevo. Por el momento sólo podían especular que la artista seguía con vida, y que se la llevó por una razón. Umi comentó que quizá quería usarla de carnada para que los Nishikino salieran de su escondite; o por lo menos Maki.

La pelirroja se recostó en la cama, se colocó los audífonos y dejó que la música se reprodujera con la esperanza de disipar aunque sea por un momento sus preocupaciones.

La luz del Sol en su cara le hizo notar que en algún momento se había quedado dormida, se levantó, dejó su móvil en la cama y fue a buscar a sus padres para saber si tenían nueva información. Ambos se encontraban en la sala, hablando sobre algo que no alcanzaba a escuchar, pero podía notar la preocupación en el tono de sus lejanas voces. Su padre tenía su laptop abierta sobre la mesita de centro. Mientras caminaba hacia ellos se percató de que observaban fotografías, al acercarse más su pulso se aceleró, en la imagen aparecía Nico. Atada de un grillete a su pierna y sangre escurriendo por su rostro, probablemente de una herida en su cabeza que no se apreciaba gracias a que la artista interpuso su mano para protegerse del brillante flash de la cámara.

–¿Cómo obtuviste eso? –preguntó Maki.

Su padre no quería responderle, pero conocía a su hija, sabía que no podía más que ser sincero con ella– Acabo de abrir mi correo, pero fueron enviadas por la madrugada.

–Entonces… –la joven se sentía un poco aliviada de ya no sólo suponer que Nico estaba viva, si no que ahora tenía la certeza de ello.

–Las fotografías fueron tomadas a las 21:09 p.m. –el doctor Nishikino abrió el explorador, buscó el archivo ".jpg" para mostrarle los detalles a su hija con la intención de que no se ilusionara al ver que en las fotografías su pareja se encontraba relativamente "bien".

–Fue poco después de que Kotori me dijera que Nico desapareció... –el tono de voz de Maki fue disminuyendo hasta que la frase terminó en un simple susurro.

Se sentó entre sus padres en el sofá y alargó su mano al touchpad de la computadora. Seleccionó nuevamente la fotografía para verla con detenimiento.

Era su culpa que Nico estuviese en esa situación, al empezar una relación con ella inconscientemente la había involucrado en todo esto. Nunca pensó que las cosas se complicarían de esa manera.

Al prestar más atención a los detalles se dio cuenta que el lugar le resultaba extrañamente familiar. Toda esa suciedad cubriendo el piso, la pared en pésimo estado, la atmósfera que envolvía el lugar la hicieron sentir incómoda. Intentó hacer memoria, pero la sensación de pánico comenzó a apoderarse de ella y eso la desconcertó, era como si su mente le negara el acceso a esos recuerdos. A pesar de ello continuó esforzandose y entonces se dio cuenta, sabía dónde estaba Nico.

Se levantó de golpe asustando a sus padres– ¡El hospital! –se sintió tonta al no darse cuenta antes. Aquella opción para esconderse era la más estúpida, y al mismo tiempo la más inteligente. Fue el primer sitio donde buscaron, por lo que inmediatamente fue descartado por la policía, y aunque pusieron una o dos patrullas a vigilar el lugar, su atención se centró más en las propiedades a nombre de Tenma y sus familiares.

¿Pero de qué manera había metido a Nico sin que nadie se percatara?

En ese momento la respuesta a aquella pregunta no importaba. Sintió el impulso de correr hacia el auto e ir a rescatar a su pareja. Pero no lo hizo, sabía que ella sola no tendría ninguna posibilidad de conseguirlo, por lo que habló con sus padres.

Un ruido sordo seguido de un quejido rompieron el silencio de la oscura habitación del cuarto piso del hospital Nishikino. Muy al contrario de lo que Kenzo Tenma creyó, la artista todavía no se daba por vencida. Antes de su accidente había sido una persona necia, que rara vez se rendía antes de lograr su objetivo, y a pesar de la fuerte depresión que sufrió después de este, esa parte de ella seguía viva. Nico tardó una eternidad en arrastrarse por la oscura habitación desde el lugar donde Tenma la arrojó, hasta la pared más cercana. Y estaba segura que en algún punto estuvo dando vueltas sin llegar a ningún lado. Recargándose en la pared logró ponerse de pie, alegrándose de que Tenma no tomara la precaución de encadenar su pierna –otra vez– a algo. Se guió de la superficie plana en su espalda y avanzó hasta llegar a la esquina, intentó adivinar en qué lugar se encontraba la puerta, pero se dio cuenta que realmente no importaba, tarde o temprano llegaría a ella.

Se desplazó con cuidado, escuchando el leve roce de la pared con los eslabones de la cadena a su alrededor, por lo menos aquel sonido no era tan estridente como cuando tenía el grillete en su tobillo. Luego de un rato sintió cómo el pomo de la puerta se encajaba en su codo, lo más difícil a partir de ahí sería encontrar su camino en el laberíntico pasillo que la esperaba fuera de la habitación.

Intentaría ganar un poco de tiempo.

Nico suponía que las fotos que le tomó Tenma eran para los Nishikino, y si ya las había enviado, lo más seguro es que la policía ya estuviese informada; y ellos quizás estarían rastreando la dirección IP de donde el correo fue enviado. Quería creer que su captor no dejó el hospital sólo para enviar las fotos. De ser así, tarde o temprano los oficiales darían con ellos.

Abrir la puerta de espaldas, con los brazos inmovilizados y en total oscuridad, le pareció en un inicio una tarea imposible. Pero se negó a rendirse hasta conseguirlo. Con mucho esfuerzo y después de varios intentos, logró girar el pomo y jaló sin soltarlo para abrir la puerta, procurando no caerse en el proceso. El rechinido de las bisagras la hizo sobresaltarse, y esperó unos segundos por si Tenma la había escuchado, pero todo estaba en silencio.

Convencida de que por el momento se encontraba a salvo, se dio vuelta y trató de no chocar con la puerta –cerrándola de paso–. Creyó que era imposible no sentirse más desesperada, pero se equivocó. Cuando por fin estuvo en el pasillo, en lugar de estar aliviada, sintió como si caminara sobre una delicada y delgada cuerda floja que se balanceaba peligrosamente. El dolor en todo su cuerpo, sobre todo las punzadas en su rodilla y las palpitaciones en su cabeza tampoco ayudaban. Sintió ganas de llorar al seguir sin poder ver nada más que negrura. Se desplazó a la derecha un par de pasos y después retrocedió buscando la pared. Esta vez sería más difícil. En su anterior intento de escape podía recurrir por ratos al encendedor, y tenía mayor movilidad. Ahora, además de no haber ruido, no veía nada y tenía la sensación de no avanzar por más pasos que daba; de no ser por el dolor físico que sentía en ese momento, sería como estar muerta en vida.

Quizás haberse quedado en el sucio y frío piso de la habitación donde Tenma la abandonó y esperar a la policía era lo mejor.

Entonces, ¿por qué se sometía ella misma a esa tortura psicológica?

Ah.

Cierto.

No quería morir.

Estaba segura que en cuánto Tenma consiguiera lo que quería, ya no sería necesaria su existencia; y entonces se desharía de ella. Siguió avanzando hasta que la pared se terminó. Al intentar decidir qué hacer recordó que debía evitar la habitación de los cadáveres, la imagen de los cuerpos putrefactos se instaló en su memoria y sintió nauseas, pero esta vez pudo soportarlo. Fue en ese momento que se dio cuenta de la importancia de saber dónde exactamente se encontraba, avanzar a ciegas no era la mejor de las ideas, pero su otra opción le dejaba menos salidas que esta. Decidió eventualmente avanzar, y si detectaba ese putrido hedor nuevamente, tomaría otro camino. Comenzó a desplazarse con cuidado hasta que se topó con algo que llamó su atención.

Era una luz, que delineaba perfectamente la forma de una puerta. Tuvo la certeza de que ese era el escondite de Tenma, después de todo, estaba cerca del lugar donde la dejó. Caminó en sentido contrario, mientras se alejaba no pudo evitar pensar en si ese sería el lugar donde se resguardó desde el inicio y se preguntó si se encontraba ahí en ese momento. Deseó poder ver su entorno, así podría memorizar la ubicación; y si salía de ahí con vida, señalar el lugar exacto a la policía. Porque de ser realmente su escondite, los policías podrían hallar cosas de interés para armar mejor el caso en contra del psicópata doctor.

Volvió a llegar al final de la pared, no sabía si se encontraba en una esquina o si tenía algún otro camino que elegir. Ansió tener algo con qué iluminar el lugar. El sonido de una puerta abriéndose la hizo girarse, notando cómo la luz de una linterna iluminaba el pasillo algunos metros detrás de ella. Sin pensarlo mucho avanzó y sintió alivió al darse cuenta que no chocaba contra nada, se detuvo y retrocedió buscando la pared. Cuando la encontró decidió esperar, el rango de la linterna no la alcanzaría aún cuando llegase a donde tenía que doblar –conjeturó que sería capaz de verla– para llegar a su destino. Tenma pasó de largo y tomó la ruta que Nico supuso. El corazón comenzó a latirle tan rápido, que su pecho empezó a doler, sumándose al resto de sus malestares. En el momento en que ese psicópata se diera cuenta de que no estaba donde la dejó, se convertiría en un peligroso juego del escondite, uno en el cual Tenma tenía ventaja.

Escuchó una puerta abrirse y eso la hizo seguir avanzando, esperaba que aquel camino no fuese el primero en el que se le ocurriera buscar.

Se dejó oir un berrido cargado de enojo y frustración que la estremeció. Se recompuso rápidamente y arriesgando a tropezarse o chocar con algo corrió, podía escuchar el eco de las furiosas pisadas de Tenma a la distancia. Se frenó un poco justo antes de estrellarse con una pared, apenas y pudo contener en su garganta un alarido de dolor. Definitivamente el único favor que le hacía la oscuridad, era que Tenma no la atraparía tan fácilmente. Sintió que algo escurría por su nariz. A pesar de no ir tan rápido, su encuentro con la pared si le había causado daño, pero al menos no terminó en el suelo, eso hubiera causado un estruendo lo suficientemente audible para revelar su ubicación.

Su pulso estaba tan elevado que podía sentir los latidos de su corazón martilleando sus oídos. Gimió débilmente mientras daba un par de pasos para seguir su camino. Pudo escuchar que alguien gritaba a lo lejos. Al parecer su captor ya había recorrido una buena distancia. Se detuvo, y en ese momento ocurrió una especie de detonación. Luego de unos segundos se repitió, seguida de varias más. Nico se dio cuenta de que en realidad eran disparos.

Al poner más atención escuchó voces.

¿La policía?

Probablemente.

No podía estar segura aún, pero era lo más factible. Se deslizó por la pared lentamente hasta quedar sentada. La oscuridad ya no parecía tan aterradora. Los párpados comenzaron a pesarle, estaba agotada. Decidió que no pasaba nada si cerraba los ojos por unos segundos.

–Nico. –la voz de Maki evitó que se quedara dormida.

–¿Maki? –preguntó la artista en un tono casi inaudible.

La doctora traía una linterna en su mano y había comenzado a examinarla. Se veía preocupada y tenía rastros de lágrimas en sus mejillas.

–¿Viniste sola?

–Sí. Bueno, no.

–¿Entonces?

–Le dije a mis padres que estabas aquí, ellos fueron algo escépticos al respecto, así que tomé el auto y vine a buscarte. Al parecer ellos le hablaron a la policía y cuando llegué ya me esperaban. Les dije que este piso era como un laberinto, y que me necesitaban para llegar a Tenma-san. Al principio no querían que los acompañase, pero terminaron aceptando. Me dieron esto. –señaló su torso para que Nico viera el chaleco antibalas– Sólo exploramos un poco antes de que Tenma apareciera frente a nosotros y entonces comenzó el tiroteo, me pidieron que retrocediera y eso hice… más o menos… necesitaba buscarte, así que tome otra ruta mientras los oficiales se hacían cargo del problema.

–Bastante valiente. –comentó la pelinegra– Sobre todo si tenemos en cuenta que hace poco dijiste que nunca más volverías a poner un pie en este piso.

–B-bueno… tenía que hacerlo. –susurró Maki nerviosa– Si no te encontraba yo misma, al menos quería estar aquí cuando lo hicieran.

Por la poca visibilidad que la luz de la linterna permitía, no pudo ver la expresión en el rostro de su pareja, pero estaba segura de que se había sonrojado.

–Maki… me siento algo cansada. ¿Está bien si tomo una siesta?

La pelirroja asintió con su cabeza– Te prometo que estaré ahí cuando despiertes.

–Gracias…