Y llegamos al final de esta historia… Recuerdo que el año pasado mientras escribía una historia con personajes originales se me ocurrió la historia para este fic, aunque en un inicio iba a ser Korrasami. El borrador inicial no paso de la mitad del capítulo cuando me di cuenta que no estaba quedando bien. Fue cuando lo borre que la idea evoluciono y pensé que sería mejor que lo ajustará a otra serie, no tenía mucho que acababa de ver todo Love Live y dije ¿Por qué no?

El resultado final del primer capítulo me agrado tanto que los capítulo quedaron listos el mismo día. Aun así, la historia me costó mucho en su inicio, la idea era hacer una comedia romántica, pero no me sentía cómoda, así que poco a poco fui torciendo todo a algo que se me da mejor escribir, al final… no conseguí lo que creía pero creo que es de las mejores historias que ha producido mi cabeza.

Quisiera decir mucho más, pero creo que lo dejare para el epílogo, porque aunque ahorita este subiendo el final aun me falta rellenar algunos huecos y claro poner las piezas en el tablero para la próxima partida, ya que… si… tendremos secuela.

La fecha en la que subiré epílogo, algunos datos sobre la secuela los estaré dando por Facebook.

Los dejo con el final, esperando pronto darles más noticias.


Capítulo 21.

–¿Qué les pareció? –preguntó el agente inmobiliario a la pareja.

–¿Te gusta? –Maki miró a Nico, esperando su respuesta.

La artista se cruzó de brazos y pasó nuevamente la mirada por la fachada de la casa de la cual habían salido. No era ni muy pequeña, ni exageradamente grande –como a la doctora le hubiese gustado–, tenía el tamaño ideal. Eso se debía a que Nico se negó a que su pareja cubriera todos los gastos; logrando convencerla luego de un rato y tras verificar sus ahorros, establecido un presupuesto. Afortunadamente sólo les había tomado un día el ponerse de acuerdo. Por eso ahora, a pocos días de aquello, visitaban sus opciones de vivienda. La casa frente a ellas de verdad le gustaba; tenía tres amplias habitaciones, un baño, una enorme cocina –de la cual Nico se enamoró a primera vista–, una sala con suficiente espacio donde podrían acomodarse con todas sus amigas sin problemas, y un área ideal para el nuevo piano que Maki planeaba comprar. Además no había escalones de los que preocuparse –exceptuando los tres de la entrada–, por lo que era perfecta.

–Sí. Me gusta. –dijo finalmente– Pero terminemos de ver el resto de las opciones antes de tomar una decisión.

Fueron a otras propiedades, que aunque igualmente bonitas, tenían algún detalle que no las convencía; como el tamaño, o las escaleras.

–Son todas las que elegí para mostrarles hoy, acorde al presupuesto que me dieron –comentó el agente luego de cerrar la última casa que visitaron– Tengo más opciones, pero no en las zonas de su preferencia.

–Bueno, prácticamente ya hemos decidido. –dijo Maki mientras miraba a la artista– Le llamaremos pronto para confirmar.

El sujeto asintió con la cabeza y le dejó su tarjeta a la doctora.

Nico veía el lienzo frente a ella. Estaba molesta consigo misma por no conseguir pintar algo de lo cual sentirse orgullosa; desde lo ocurrido con Tenma se había vuelto incapaz de pintar con el estilo que tantos años le costó adquirir. Tenía miedo de no poder crear nuevamente obras como las anteriores a ese suceso. Arrojó la paleta de madera, y esta se estrelló contra el piso cubierto por periódicos. Se levantó del banquito donde se hallaba y continuó observando fijamente el lienzo. Sí eso le hubiese pasado al principio de su carrera como pintora, no estaría tan preocupada, pero a esas alturas de su vida... semejante retroceso era inaceptable. Ya contaba con cierto reconocimiento en su país, e incluso sus obras habían sido presentadas del otro lado del mundo, era un duro golpe para ella.

El timbre sonó y rápidamente cubrió el cuadro. Tal desastre no era algo digno de ser visto. Caminó hasta la puerta y al abrir se topó con Nozomi y Eli.

–No es que no me alegre verlas...–comentó Nico mientras se recargaba en el marco de la puerta– pero, ¿qué hacen aquí?

–Bueno, terminamos de desempacar las cosas de Elichi. –se apresuró a responder Nozomi– Así que quisimos venir a saludarlas.

La pelinegra se hizo a un lado dejando entrar a la pareja– Esperen un momento. ¿No han pasado sólo unos días desde que decidieron mudarse juntas?

–Así es, pero a diferencia de ustedes que todavía deben buscar una casa, la de Nozomi está bien para las dos, nos ahorramos mucho tiempo. –explicó la coreógrafa mientras tomaba asiento en uno de los banquitos frente a la barra de la cocina.

–Por cierto, ¿cómo van con la búsqueda? –Nozomi se sentó junto a su querida rusa.

–Ya hemos tomado una decisión, haremos los trámites el lunes y mañana iremos a comprar los muebles. Ambas tenemos pocas cosas, Maki porque sólo llegaba a su departamento a dormir, y yo necesitaba todo el espacio posible para pintar. Pero ahora que tendremos un lugar más grande planeamos decorar la casa, lo suficiente para que parezca un hogar.

–¿Y quieres que esté lista antes de Navidad? –preguntó la astrónoma.

–Ese es el plan, queremos pasar juntas las festividades, y con nuestras familias… –la pelinegra bajó la mirada con la esperanza de poder disimular su sonrojo.

Nozomi sonrió de una manera que Nico identificaba claramente como el preludio del bullying.

–Nosotras tenemos un plan similar –interrumpió Eli–, en Navidad viajaremos a Rusia. –por el timbre de voz de la pelinegra y su rígido lenguaje corporal, se dio cuenta que no sería buen momento para "jugar" con ella. Estaba segura que su pareja también lo había notado, pero la conocía, y era consciente de que a veces no podía aguantar el impulso de molestar al prójimo.

–Y en año nuevo nos visitarán mis padres. – agregó Nozomi con una sonrisa mientras se inclinaba un poco para recargarse suavemente en su pareja. Tomó su mano y entrelazó sus dedos susurrando un agradecimiento, para después volver su atención a su amiga.– Así que también dedicaremos un tiempo a decorar.

Nico sonrió mientras veía la interacción de sus amigas. Su relación había iniciado rápidamente, y avanzado de la misma manera, hasta llegar al punto en el que se encontraban actualmente. Se veían felices y rara vez discutían, según lo que Nozomi le dijo: la prueba definitiva sería vivir juntas. Y por lo que Nico apreciaba, las cosas funcionaban muy bien para ellas. –¿Eso significa que no estarán visitándonos con tanta frecuencia?

–Creo que por el momento pasaremos la batuta a Kotori. –Nozomi se puso de pie– Justo ahora tiene mucho tiempo libre.

La artista asintió con la cabeza– Maki me contó que Umi habló con sus padres para pedirles permiso de escribir una novela sobre lo sucedido.

–Sí, y como se lo dieron, suspendió una historia con temática similar en la que trabajaba. –agregó Eli– Dice que la realidad supera a la ficción la mayoría de las veces.

–Veo que ustedes tres se llevan bastante bien últimamente. –comentó Nico.

–Es gracias a que en algunos aspectos somos un tanto parecidas. Es fácil hablar entre nosotras de... ciertas cosas, y la verdad es bueno tener con quién hacerlo.

Nozomi y Nico supusieron que Eli se refería a ellas. La rubia se removió nerviosa en su lugar confirmando sus sospechas. Nico se rió por la reacción de la coreógrafa y pensó que era obvio suponer que Maki no hablaría de los problemas en su relación –no es que tuvieran tantos o discutieran demasiado– con alguna de sus amigas, porque existía la posibilidad de que se lo contaran, lo mismo para Eli y Umi –aunque Kotori de momento no era su pareja–. Se alegraba de que Maki ahora tuviese más personas con quienes poder hablar.

Maki arqueó la ceja y se cruzó de brazos mientras observaba a Nico meter prácticamente todo su cuerpo en su posible nuevo horno. La pelinegra estaba encantada con él, pues llevaba tiempo queriendo uno nuevo, así como una moderna placa eléctrica que vio antes que este, y una batería de cocina. Nico se puso de pie y asintió con la cabeza. La doctora sabía que a su pareja se le daba bien la cocina, pero nunca imaginó que le pusiera tanto cuidado a lo que usaba para ello –después de todo, nunca la vio quejarse del viejo equipo de cocina que incluían los departamentos donde aún vivían–. Observó a Nico caminar hacia el vendedor para preguntar un par de cosas sobre el funcionamiento del horno, y luego de intercambiar algunas palabras señaló un refrigerador que estaba a unos cuantos metros de distancia.

Con los muebles para la sala no hubo tanto problema, sólo se concentraron en que fuesen cómodos, sin perder el estilo minimalista que escogieron para su casa –aunque Nico terminó eligiendo la mayoría–. Para las cosas del dormitorio hubo una pequeña discusión, de la cual Maki salió victoriosa. Nico quería que todo fuese rosa y blanco, mientras que la doctora prefería el color de la madera como tal. Decidieron que era momento de tomar un refrigerio, y fueron al restaurante ubicado un par de pisos más arriba antes de continuar sus compras.

La pelinegra veía ahora los hornos de microondas, no le terminaba de gustar la idea de tener uno en casa, pero Maki insistió en que era necesario para emergencias, o que si en algún momento ella no pudiese acompañarla a una exhibición fuera del país le sería muy útil, y conociendo las habilidades culinarias de su querida pelirroja terminó aceptando.

–¿Qué más hace falta? –preguntó la artista.

–¿Tan rápido te decidiste por uno?

–Es un horno de microondas que sólo tú usarás, y únicamente para calentar cosas, mi elección sólo se basó en que combinara con los demás electrodomésticos.

–Bueno… –la pelirroja se cruzó de brazos mientras lo meditaba unos segundos. Su pareja tenía razón. No lo usaría para nada más– Supongo que está bien.

–Entonces, ¿qué nos falta?

–Lo que menos ocupamos en casa. –Nico señaló el área de electrónica.

Maki tomó su mano– Se que casi no ves televisión…

–Porque no tengo una. –interrumpió la pelinegra.

La doctora sabía que ese no era el caso, si Nico realmente hubiese querido una, la tendría. Cuando les comentó sobre eso a Nozomi y Kotori, le dijeron que la verdadera razón de ello, se debía a que a Nico aún le dolía recordar el pasado, temía que al encenderla o cambiar de canales terminaría topándose con algo relacionado a Idols o eventos como el Love Live; trayendo consigo esos recuerdos. Por lo mismo la doctora se sentía un poco nerviosa, estaba a punto de proponer algo que muy probablemente sería rechazado y pondría de mal humor a Nico; pero sabía que en algún momento debía afrontar su pasado y no dejar que este siguiera atormentándole.

–Cierto... deberíamos comprar una. No muy grande, pero sí un buen equipo de sonido, así podremos ver películas de vez en cuando.

La artista observó a su pareja por un momento y entonces asintió con la cabeza– Bien, hagámoslo. La más feliz será Nozomi, tiene un montón de videos de cuando estábamos en la escuela que estoy segura querrá mostrarte...

–¿No te molesta eso? –Maki se sintió un tanto desconcertada por la tranquilidad de Nico.

–No. –soltó un suspiró y sonrió– En realidad... ya no.

"¿Ya no?" pensó la pelirroja, quería saber a lo que se refería, el por qué, pero Nico tiró de ella para llevarla a ver las pantallas y mientras el vendedor les explicaba a detalle las funciones, se olvidó de preguntar.

Nico dejó la caja de cartón en el piso mientras dirigía su mirada hacia donde se hallaba la doctora. Ni bien se fue el camión de la mudanza la pelirroja ya se había instalado frente a su nuevo piano. Llevaba varios minutos "afinándolo" –aunque estaba segura de haber escuchado a sus suegros decirle a Maki que se lo entregarían listo para su uso–.

Mientras la doctora no paraba de presionar las teclas del instrumento reproduciendo música, ella se encargaba de abrir cajas, sacar y ordenar todas las cosas. Se arrepentía de no haber aceptado la ayuda que el día anterior le ofrecieron sus amigas y familiares. No tuvo problemas al permitir que les ayudaran a empacar –era domingo, el día libre de la mayoría–, pero para organizar todo en su nueva casa creyó que con Maki bastaría, y tal vez así fuera, de no ser porque el piano había llegado antes.

Fulminó a su pareja con la mirada unos segundos, aunque dejó de hacerlo al darse cuenta que era un "ataque" para nada efectivo.

Volvió a levantar la caja y caminó hacia la cocina mientras refunfuñaba. Se encargaría de dejarle a Maki lo más pesado como castigo. Luego de acomodar la vajilla volvió a la sala, donde apilaron las cajas con las cosas de sus viejos departamentos. Tardó unos minutos buscando las que contenían su material de arte, mientras que aquellas con sus lienzos eran reconocibles por el tamaño, el resto de sus cosas estaba en cajas de la misma capacidad y color, para colmo había olvidado etiquetarlas. Cuando por fin dio con ellas las apiló y cargó juntas para llevarlas a una de las habitaciones vacías. La primera se hallaba frente al baño, y habían decidido que sería para los invitados, junto a esta estaba su dormitorio, y justo frente a él, el que sería su amado estudio de arte. Nico esperaba que –aunque lo dudaba–un cambio de ambiente le ayudaría a pintar.

–¿Nico? –la llamó Maki desde la puerta de su estudio.

–¿Ya terminaste de jugar? –preguntó la pelinegra mientras ponía las cajas sobre un mueble de madera.

–No estaba jugando. –la doctora hizo un puchero y sacó el móvil de uno de los bolsillos de su pantalón– pensaba en pedir algo para la cena.

–Planeaba cocinar algo rápido.

Maki negó con la cabeza– Aún tenemos mucho por hacer, y ya mañana debo retomar el trabajo. No quiero dejar muchos pendientes para ti sola.

–Está bien, pero si pides pizza que sea sin piña.

–No hay problema. –la pelirroja salió enseguida de la habitación dispuesta a ordenar la cena.

Nico se tomó algunos minutos para ordenar su material de trabajo y después salió por los lienzos. Cuando llegó a la sala encontró a Maki en uno de los sofás –que aún tenían la cubierta plástica que les colocaron para el traslado– viendo un álbum de fotos que a la bajita le resultó bastante familiar.

–¿De dónde sacaste eso? –preguntó la artista apresurándose a llegar a donde su pareja.

–De una de las cajas que tu mamá ayudó a empacar ayer.

Nico se inclinó sobre el hombro de la doctora y vio una foto de sí misma cuando tení años –no recordaba bien–, tenía puesto un lindo vestido rosa, listones blancos decorando su cabello, y en una de sus pequeñas manos sostenía un micrófono de juguete. Junto a ella se hallaba su padre, sujetando su otra mano. Sonrió al recordar aquella alegre época de su vida y pensó en agradecerle a su madre; porque estaba segura que ese álbum le pertenecía. Maki pasó a la siguiente página, y Nico rememoró algunos momentos más de su infancia. Se sentó junto a la pelirroja, quien pasó su brazo por los hombros de la artista y con su mano libre siguió cambiando de páginas. Continuaron así, y poco a poco empezaron a ver fotos donde ya aparecían sus hermanas, luego su hermano, y finalmente, su padre no salió más.

–¿Lo extrañas? –preguntó Maki al darse cuenta de cómo Nico pasaba la yema de sus dedos sobre una de las fotografías, la última donde salía su progenitor.

–Claro que lo hago.

La doctora esperó unos segundos antes de seguir pasando las páginas, cuando llegaron a la época en la que Nico entró a secundaria, Nozomi comenzó a aparecer, después del cumpleaños número 16 de la pelinegra apenas y había algunas fotos más, las de cuando se graduó de la carrera –donde a pesar de que su familia, Nozomi y Kotori, a quien ya conocía, se veían felices, pero la expresión que la artista tenía en ellas era indescifrable–. De ahí en fuera sólo había recortes de periódicos sobre sus exhibiciones de arte.

El timbre sonó y Maki se apresuró en abrir, sabiendo que era el repartidor con la cena.

Nico se quedó con el álbum en sus manos, retrocedió un par de páginas y se topó con las fotos de su última presentación en un escenario. La última captura fue tomada apenas segundos antes de su accidente. Sintió una punzada en su rodilla que la hizo dar un respingo del dolor tan repentino. Bajó la mirada y puso su mano sobre su muslo.

Pronto aquello terminaría.

Sería capaz de caminar por la calle sin preocuparse por la fatiga que ahora le provocaba hacerlo, o terminar cojeando luego de un rato. Los días húmedos ya no serían un problema. Sabía que estaba siendo positiva al respecto, los últimos meses en su vida fueron buenos –exceptuando el asunto con el psicópata doctor– y quería que todo siguiera de esa manera.

No.

Iba a ser mejor, definitivamente lo sería.

Deslizó su mano hasta su rodilla y la presionó intentando mitigar el dolor con eso.

Ahora tenía a Maki. Esa dulce pelirroja que le hacía sacar lo mejor de sí misma, que le ayudaba a olvidar lo que le hubiese gustado ser, y enfocarse en disfrutar lo que ahora era.

Poco a poco el dolor comenzó a desaparecer.

–¿Te duele? –preguntó la doctora acercándose a ella con la caja de pizza en sus manos.

–No. –se puso de pie haciendo a un lado el álbum– Bueno... sentí una punzada, pero sólo por un instante. Quizás esté bajando la temperatura.

–Sí, según el pronóstico que dieron es probable que tengamos nieve en los próximos días. –se sorprendió al notar que el rostro de Nico se mantenía con un semblante tranquilo. Ella esperaba que se pusiera de mal humor como pasaba normalmente.

–Eso es bueno, no tengo ningún pendiente fuera de casa.

–Aunque lo tuvieras, si puedo hacerlo yo sólo debes decirme.

–Lo sé, pero la verdad es que todavía tenemos mucho por ordenar, sólo queda pendiente abastecer la alacena.

–Puedo hacer las compras, sólo haz una lista, a menos que quieras comer congelados o sopa instantánea.

Nico sonrió y asintió con la cabeza imaginando la cantidad de comida basura y probablemente tomates, con los que estaba segura, su pareja regresaría si tuviera que ir sola por comestibles.

La pelinegra abrió los ojos y se desconcertó un poco al no reconocer el techo. Recordó que ahora se encontraba en su nuevo hogar, giró la cabeza hacia la mesita de noche que tenía a un lado, el reloj digital le indicó que aún faltaban algunos minutos para que saliera el Sol. Como pudo se liberó de los brazos de Maki –logrando no despertarla– y salió de la cama, buscó en el suelo la ropa con la que tenía planeado dormir –sin embargo terminó por no necesitarla debido a los planes de la pelirroja, planes de los que definitivamente no podía quejarse–. Se vistió y caminó hacia su estudio de arte.

Una vez ahí encendió la luz y se acercó a un lienzo cubierto por una manta blanca en el que llevaba días trabajando. La retiró y observó detenidamente la pintura frente a ella, colores opacos, trazos agresivos y descuidados, hacían que aquella obra no pareciera suya. Aún así, era consciente de que aquello era bastante bueno, expresaba totalmente la desesperación, ira, e impotencia que sintió al ser rehén de un psicópata como Tenma. Jaló el banquito de madera que normalmente usaba para trabajar y se acomodó en él. Aquel no era su estilo y lo peor, es que últimamente no era capaz de realizar otro tipo de pinturas. Por más que intentaba regresar a su anterior estilo, lleno de color y vivaz, no le era posible; el resultado era mediocre.

–¿Nico? –la voz de Maki la hizo sobresaltarse– ¿No puedes dormir?

La mirada de la pelirroja estaba fija en el cuadro por lo que la pelinegra ya no se molestó en intentar ocultarlo– Acabo de despertarme.

–¿Es para tu próxima exposición?

–No.

–Es bueno.

–Pero no soy yo.

Maki arqueó la ceja ante esa declaración y se ajustó un poco más el nudo delantero de su bata– Claro que eres tú. Fueron tus manos las que lo crearon, ¿no es verdad?

–Bueno, sí... –se puso de pie– Pero sabes lo que quiero decir, no es lo que usualmente hago. Desde hace tiempo no he conseguido pintar como solía hacerlo.

–¿Desde cuándo? –preguntó Maki, aunque estaba segura de saber la respuesta.

Nico suspiró– Desde lo que pasó con Tenma.

–Bueno, creo que eso es comprensible.

–Pero necesito volver a…

–Nico, no deberías preocuparte por eso. –la doctora puso sus manos en los hombros de la pelinegra– Tarde o temprano volverás a pintar como antes, sólo debes sacar de tu sistema todo lo negativo que te causó la reciente experiencia. Y sé que tus nuevas pinturas igual tendrán buena recepción, estoy segura.

–¿De verdad crees eso?

–Por supuesto, probablemente no sean del gusto de todos tus actuales seguidores, pero llegarás a otro tipo de personas, tienes mucho talento y te esfuerzas en salir adelante.

Nico observó el lienzo una vez más y se dio cuenta de que Maki tenía razón. Los cambios no son necesariamente algo malo. Quizás algunos años atrás hubiera ignorado lo que su pareja le decía y se hubiera encerrado en su mundo triste y gris. Pero no ahora, lo que hizo fue tomarla de su bata haciéndole inclinarse para poder besarla.

A veces los recuerdos, limitan a la mente. Pero, la mente puede ser libre, gracias a los nuevos encuentros.

–Maki... –murmuró separándose unos pocos centímetros.

–¿Qué? –balbuceó la pelirroja intentando recuperarse aún del inesperado gesto amoroso de su pareja.

–Estoy muy feliz de que te mudaras a nuestro antiguo edificio.

–Y yo lo estoy de que supieras cocinar tan bien, tal vez es cierto que el amor entra por el estómago.

Ambas se rieron y volvieron a acercarse para unir sus labios en otro cálido beso.