Saludos, Buena gente!
Aquí está, el ultimo capítulo de esta historia (que me hace sentir como si mi inspiración se sobrecargara con esta idea, y que esto debería haberse quedado como un one-shot, bueno, lo hecho, hecho está…)
Este fue el episodio más difícil de escribir. Tuve que abandonar completamente mi idea original, pensar e nuevos diálogos, jugar Armageddón varias veces como Kenshi para pelear con Ermac y luego escribir algo interesante, con sentido. Tuve que reescribirlo varias veces hasta que me sentí satisfecha con esto. ¡Toda esa parte de "el momento de compasión" me estaba volviendo loca.
Pero más demora, aquí está el capítulo final de esta corta historia.
Que tengas un buen rato!
Disclaimer: No me pertenece nada.
Pasó un buen rato para que el dolor en el pecho de Ermac se calmara. Sintiendo el centro de su armadura, se dio cuenta de que no había ningún daño infligido – lo que sea que le golpeó le golpeó directamente en el esternón con la suficiente fuerza para quitarle el aliento, y aun así hubiera causado moretones superficiales en el mejor de los casos. Ermac dejó salir una temblorosa, dolorosa respiración – y entonces miró hacia arriba para ver la katana de Kenshi flotando en el aire, envuelta en un aura celeste.
Kenshi felizmente tomó ventaja del buen rato en el que Ermac estuvo tumbado. Sentado, respiró profundamente, sintiendo el ardor en sus pulmones suavizarse, el confuso y aturdido estado de su mente se aclaró un poco. Se dio cuenta de que sus costillas ya estaban rígidas de las implacables patadas de Ermac hacía un par de minutos antes, y su garganta le dolía profundamente con cada respiración que tomaba.
Limpiando la sangre de su boca, se levantó lentamente, deduciendo que, por el sonido del rose de ropas, el esbirro estaba revisándose para comprobar daños. Poniendo dos dedos en su sien, llamó mentalmente a Sento, la espada dando círculo y semicírculos mientras levitaba hacía él.
Ermac se sentó y vió al espadachín levantado en sus pies, con la mirada puesta justo en él – la venda volviéndola extrañamente penetrante. Ermac notó como controlaba su katana – sorprendido a como no pudo detectar sus habilidades psicoquinéticas; y concluyendo que el espadachín hizo aquel golpe telequinéticamente, mientras Ermac estaba ocupado degradándolo y aplastando su cuello. La empuñadura de la espada probablemente fue lo que le golpeó, con la suficiente fuerza como para permitir al guerrero recuperarse; incluso el ser del Outworld tenía que apreciar el lado duro del espadachín.
Kenshi caminó hacía él, caminando con cuidado causando que las colas de su vendaje se meneara suavemente detrás de él. Paró a unos pocos pies de distancia del caído esbirro, enfrente de un árbol particularmente agresivo.
"Tal vez te puedes burlar de mi ceguera, esbirro," dijo el espadachín, mientras lentamente meneaba la cabeza. Extendió una mano para tomar a Sento, tomándola por el mango, su hoja en dirección al árbol. "Aunque es cierto – busco a tientas en la oscuridad por respuestas. Pero yo, al menos, conozco la naturaleza de mi oscuridad."
"¿Qué insinúas, espadachín?" Gruñó Ermac, mientras agarraba su hacha, levantándose con ella, dejándola a un lado de su cuerpo.
"Los ojos que ven pueden engañarte". Kenshi apenas continuó hablando – su voz profunda, firme, y resonante con la verdad de las creencias del espadachín. "Tú has podido ver el mundo a través de un montón de ojos, Ermac. Y sin embargo te has limitado a la ceguera de tu propio estado." Kenshi pausó, permitiendo al esbirro recuperarse. Ermac estrechó los ojos.
"Creo que eres tú el verdadero ciego*, Ermac. No yo." Las palabras fueron dichas casi con pesar, sin menor indicio de condescendencia. Aun así, la retórica observación dio en un nervio sensible dentro de Ermac, ya que de nuevo cayó víctima indefensa a la única emoción que arrasa con todo el sentido de la lógica; la ira.
"¡No tenemos tiempo para adivinanzas, espadachín!" Exclamó Ermac. Levantando su hacha una vez más, se abalanzó hacía delante, dejando salir un grito de rabia.
Kenshi veía a Ermac como una silueta humanoide negra con su visión espiritual, con centenares de sombras oscuras encerradas dentro de él. Así la figura corrió hacía él, Kenshi levantó a Sento para combatir una vez más, esta vez, blandiendo la parte empuñada hacía su propio pecho, sosteniendo la punta de la hoja con la otra mano – pies separados, cabeza inclinada en anticipación. Cuando Ermac tiró el hacha hacía abajo, Kenshi la bloqueó sin esfuerzo alguno, antes de desviar una áspera tajada a un lado con el movimiento de su muñeca, y el golpe a su rodilla con un barrido de Sento.
Cuando todos los ataques fallaron contra los agudos reflejos del espadachín, Ermac decidió tomar una estrategia alternativa. Cuando las palabras no surtían efecto, la única manera de vencer al espadachín era frustrarlo* explotando su única debilidad en batalla – su ceguera.
Ermac se detuvo, quedándose a unos pocos metros del espadachín. Sostuvo el hacha en el centro de su empuñadura y empezó a rotarla hábilmente, moviéndola de un lado a otro en círculos alrededor de sus muñecas – su filo danzando como una mancha plateada bajo la luz de la luna, mientras cambiaba de manos sin bajar la velocidad.
De cualquier modo, Kenshi estaba lo suficientemente familiarizado con hojas, tal vez, más que nadie en el mundo – y los obvios cambios de tácticas de Ermac casi llevan una sonrisa encantada* al rostro del espadachín. En su visión espiritual, podía ver numerosas formas de energía comprimidas dentro de una sola figura – momentáneamente apartado, en rápidos movimientos de brazo. Tuvo que confiar en su audición para distinguir una dirección, distancia y la velocidad de las sacudidas del arma de Ermac mientras esta giraba de un lado a otro en gráciles arcos, pero nunca atacaban de frente.
Manteniendo su silencio, Kenshi sintió los segundos detenerse. Sintió los rítmicos movimientos del hacha de Ermac, así como esta misma perturbaba el aire dentro del bosque. Mientras que el hacha entera cortaba a través del aire, se dio cuenta de una imperfección, similar a un agujero, a lo largo del mango del arma – que permitía que el aire pasara a través del mismo en lugar de cortarlo.
Sentía que la oscuridad que envolvía su vista mental se aclaraba – y pronto, pudo pintar perfectamente un cuadro representando todos los detalles del movimiento giratorio del hacha y su portador.
"¿No hay más sabiduría que impartir, espadachín?" Preguntó un burlón y condescendiente Ermac.
Ése momento de exceso de confianza era todo lo que estaba esperando Kenshi. Ni un segundo después de que Ermac dijera aquellas palabras, cuando Kenshi empujó a Sento bruscamente hacía adelante, agarrando el hacha de Ermac con la mano izquierda. La repentina, rápida respuesta a la luz sorprendió a Ermac. La punta de Sento había encajado en una pequeña curvatura en la empuñadura del hacha – que se usaba principalmente para sostener o amarrar el arma cuando no se usaba.
"Nunca he sido muy elocuente con las palabras," respondió el espadachín, incansablemente*.
Ermac se detuvo, la nube de ira dentro de él se disipó para dar a lugar una cortina de asombro absoluto ante las habilidades de Kenshi. De cómo el espadachín se las arregló para detectar el agujero en el hacha y engancharlo de manera precisa con su espada estaba más allá de Ermac.
Kenshi tomó ventaja de la situación, y llamó a Sento devuelta a él, causado que el asombrado esbirro se tambaleara un par de pasos hacía atrás, sin soltar el hacha.
Kenshi entonces desenganchó a Sento del hacha de Ermac, moviéndola de ambos lados, antes de mover a Sento en perezosos círculos. Ermac cayó hacía atrás, tropezando con la raíces del prominente árbol tras el espadachín. Ermac gritó mientras el tronco del árbol se balanceaba y gruñía de hambre, anticipándose ante su intruso.
El asombro de Ermac se convirtió instantáneamente en puro horror cuando se dio cuenta de su inminente muerte. Y el horror en sí mismo se convirtió en un perplejo alivio cuando se encontró colgando peligrosamente cerca de las quijadas de madera del feroz árbol – suspendido en el aire y sin seguir cayendo.
La confusión de Ermac se agrandó* cuando sintió la mano del espadachín sujetando firmemente la parte delantera de su bata. Aunque aliviado, Ermac estaba completamente embarazado de la situación.
A pesar de tener la ventaja, la expresión de Kenshi era casi triste. "Le das el significado a tú existencia en base a las órdenes de Kahn; permitiste que creara la base de tu realidad," dijo lenta, profundamente.
Irritado más por la calma y la humildad que por las palabras del espadachín, Ermac reprochó: "¡Los guerreros honorables prestan atención a los deseos de sus amos! Nosotros-" La réplica de Ermac fue interrumpida.
"¡Un guerrero honorable ejerce compasión y respeto, así como una habilidad combativa y lealtad, Ermac!" Respondió Kenshi fuertemente, perdiendo* la compostura.
Ermac apenas miraba hacía donde estaba, aturdido por su palabras – de repente desconcertado por lo significativo y claro que esto le pareció. Sintió como si hubiese recordado algo que había estado eludiéndolo desde tiempos inmemoriales. Como si por fin su mente se abriera. Fue la primera vez que el esclavo escuchó el significado detrás de las palabras de Kenshi, considerándolas dignas de ser sopesadas.*
Kenshi entonces lo puso en su lugar, poniendo al más bajo devuelta a sus pies*, lejos del peligro mientras el árbol seguía gruñendo y gimiendo detrás de ellos.
Él desempolvó los hombros de Ermac, Sento aún sostenida en su otra mano. Se dio cuenta del lenguaje no verbal que representaba las intenciones del espadachín hacía Ermac: Kenshi nunca pretendía pelear con él de ninguna manera. Pero después de presenciar el lamentable estado mental en el que parecía estar atrapado el esclavo, Kenshi no podía sino que compartir su opinión del problema*.
"Puede que tengas ojos, esbirro, pero tú solamente ves lo que Shao Kahn quiere que veas." Kenshi tomó un paso atrás – su rostro carecía de cualquier emoción, con una postura relajada. "Un verdadero guerrero preferiría estar ciego que perder la percepción de la verdad por completo."
Entonces, se produjo un largo e incómodo silencio; el enigmático guerrero se encontró a si mismo perdido en las profundas reflexiones de Kenshi.
'Él podría ser cualquier cosa,' Pensó Kenshi para sí mismo. Con la fuerza de mil guerreros, la energía vital de mil almas a su disposición, Kenshi sólo podía imaginar las posibilidades de su potencial inexplorado. Recordando el ataque telequinético que por poco rompe su espina, Kenshi pensó que si se hubieran conocido en circunstancias diferentes, podría haberle preguntado una cosa o dos al esclavo sobre los usos de la telequinesia en combate. 'Y helo aquí' suspiró internamente a la tragedia que suponía Ermac, 'vagando sin fijo rumbo en busca de su abusivo, tan-aclamado maestro, alimentándose de la narcisista rabia y frustración, como un patético animal sin personalidad.'
"Te compadezco, esclavo," dijo el espadachín lastimosamente, dando otro paso atrás.
Y sin decir nada más, devolvió a Sento a su espalda, se giró sobre sus talones y se alejó.
Por los momentos, todo estaba en paz dentro de Ermac. Porque las mil voces habían sido silenciadas por la aparición de un fenómeno singular y extraño – un pensamiento propio.
'¿Qué pasa si estamos equivocados?'
Y en ése momento, el bloqueo mental puesto por los hechiceros de Shao Kahn en la mente de Ermac se quebró.
El título de un simple luchador puede ser recogido por cualquier hombre, pero sólo el justo y noble puede convertirlo en el de un verdadero guerrero honorable. Formado a partir mil honorables espíritus guerreros; con sus conceptos de respecto, compasión, justicia, verdad – todos ellos junto con el libre albedrío habían sido borrados por Tshang Tsung y Quan Chi, en un intento de crear el esclavo ideal para el gobernante del Outworld.
Pero con el nacimiento de un único pensamiento propio, nació también la voz de la incertidumbre en sí misma, Ermac se sintió como si hubiera descubierto grilletes mentales, rompiéndolos y con ellos, la necesidad de seguir las órdenes de Shao Kahn, necesidad volviéndose cada vez más insignificante.
Una marea de emociones y conceptos golpearon a Ermac, sobrecogiéndolo. Los mil espíritus dentro de él habían amado y sido amados; habían sido bravos y valientes; habían sido honestos y respetables; habían sido leales y verdaderos. Ellos alguna vez habían sido la epítome del honor dentro y fuera del campo de batalla. Y sobre todo, habían tenido una conciencia, una voz que les guiaba y confiaron a lo largo de sus vidas.
Shao Kahn tan sólo explotó las características malvada de aquellas almas guerreras – tomando ventaja de su agresión, la rabia y la sed de sangre para crear un luchador sin dudas, sin alma. Además, Kahn había inculcado en Ermac un sentido de falsa superioridad – incitándolo a verse a sí mismo en las filas de alto rango, mientras que, en la realidad, él no era más que sirviente sin conciencia; un asesino despiadado.
Ermac entonces cuestionó la culpabilidad de su naturalidad, jugando al juez y jurado consigo mismo. Esta vez, sintió que casi mil voces nuevas se unían y comparaban sus reacciones y hechos a la luz de nuevos conceptos encontrados sobre la virtud y la rectitud.
Para su total humillación, se dio cuenta de que era culpable de todo. Shao Kahn, con sus propios métodos e ideologías, había sido una bestia engañosa, estafadora y asesina – y no lo hizo secreto. Por lo tanto, cualquier persona que obedecía a un gobernante tan despiadado y vil como él, incluso si era un simple peón en un malvado plan, debería ser considerada igual de culpable.
Ermac sintió su hacha deslizarse de sus manos y cayó en la tierra de pasto quemada, a los pies del árbol que casi lo devora. Todo este tiempo había intentado burlarse, ridiculizar e incluso explotar la debilidad de un psicoquinético espadachín – subestimándolo como luchador, y es más, tomar sus palabras como basura. Inicialmente, Ermac le ofreció algo que parecía un trueque justo – información de Shao Kahn a cambio de su ayuda. Pero después de someterse a sus inflexibles ataques de rabia, Ermac había intentado estrangular al espadachín. Y en quid pro quo, el espadachín termino haciéndole un inconmensurable favor.
Se sintió entregarse a la serendipia[1] de sus emociones, descubriendo que había comenzado a valorar las palabras del espadachín en alta estima; su respeto creciendo exponencialmente por el hombre ciego, quien finalmente le había hecho ver la verdadera luz.
El distante sonido de grava siendo pisada permitió a Ermac volver a la realidad. Mientras Kenshi caminaba, observó como la distancia entre él y el espadachín ciego creía, la silueta de este se achicaba lentamente en una mera sombra mientras se adentraba en el corazón del Bosque Viviente, sin mirar una sola vez atrás. Y en ése momento, Ermac se dio cuenta de que, aparentemente, ni siquiera llegó a preguntarle al espadachín su nombre.
"¡Terrícola! ¡Espera!" gritó Ermac antes de poder refrenarse. Desesperado por conocer al guerrero, Ermac corrió hacía Kenshi, quien paró en sus pasos pero no se volteó. Cerrando la distancia, caminó alrededor del espadachín y lo encaró.
"Nunca preguntamos por tu nombre, espadachín", dijo Ermac, con un tono de voz conciliador.
Kenshi estuvo en silencio por unos segundos, mientras era testigo espiritualmente del enjambre de cientos de almas que finalmente se entrelazaban y se unían en una completa, única persona – equilibrando la sed de sangre, rabia y frustraciones con respeto, honor y compasión.
"Para la mayoría, soy Kenshi, " respondió el espadachín, sintiéndose extrañamente contento; como si hubiera tenido éxito en alguna misión secundaria no planeada.
Ermac sonrió por debajo de su máscara y asintió. Siendo parte de mil almas, tenía gran conocimiento de idiomas y culturas terrícolas así como de otros reinos. Y "Espada Santa" era definitivamente un buen título para un espadachín guerrero tan hábil como Kenshi.
"Te estamos eternamente agradecidos, Kenshi," comenzó, con la esperanza de que sea suficiente como disculpa. "Nunca nos atrevimos a cuestionarnos ninguna orden que se nos encomendaba. Albergamos un falso orgullo como Reales Ejecutores de Shao Kahn, y ahora vemos que representábamos la voluntad de Shao Kahn, sólo porque no teníamos una propia." Dijo gravemente.
La expresión de Kenshi se suavizó, pero continuó sin decir nada, permitiendo a Ermac continuar – por su propio bien.
"Somos culpables, Kenshi," Continuó Ermac, lastimosamente. "Tenemos la sangre de miles de inocentes espectadores en nuestras manos, quienes no han hecho ningún mal contra nosotros. Permitimos que la brujería de Tsung silenciara nuestra verdaderos yos; ¡Dictara nuestro vil comportamiento, a pesar de que éramos capaces de superarlo!"
La mención de Shang Tsung hizo a Kenshi furioso – ya que, aparentemente, su acto de bloquear el libre albedrío de Ermac fue otro delito cometido por el hechicero en su vida. Sus labios fruncidos en una lúgubre sola línea, Kenshi asintió.
"Ira es el recurso más conveniente para una mente confundida," Dijo Ermac después de una breve pausa. "Y una vez que nosotros estuvimos sin órdenes ni mandatos, sucumbimos ante ella y te atacamos – mientras que sólo intentabas liberarnos de nuestra propia oscuridad."
Kenshi puso una mano en el hombro de Ermac. "Te entiendo, Ermac," dijo solemnemente. "Yo también sufrí a manos de Shang Tsung," dijo, tocando sus ojos a través de la venda con las puntas de sus dedos callosos, lo que significa, la causa de su ceguera. Ermac entendió la señal.
"¿Él causó tu ceguera?"
Pausó. "Sí, y no," respondió Kenshi, pensativamente.
Ermac juntó las cejas, perplejo.
A pesar de los amargos recuerdos que corrían por su mente, notó una sonrisa triste en los rasgos endurecidos del espadachín. "Sentí y entiendo tu agitación interior, Ermac. Entrené como espadachín desde una temprana edad, viajando a lo largo y ancho para probar mi valía. Cada victoria inflaba mi ego – así como mi inquietud por la gloria. Tsung se disfrazó bajo la imagen de un anciano, explotando mi avaricia por superioridad en renuncia por las almas de mis propios antepasados," Kenshi le dio la espalda a Ermac, encarando la oscuridad del bosque maldito. "Aunque la prueba me dejó físicamente ciego, ahora que lo reflexiono, me doy cuenta de que fui cegado por mi propia arrogancia antes de eso…"
Un reconfortante silencio cayó sobre ellos. Ermac lentamente procesando la información que Kenshi le ofreció, las conmovedoras palabras del espadachín dejando una marca indeleble en él.
"Y si no nos equivocamos, ahora buscas venganza," Terminó Ermac por el espadachín.
Kenshi se volteó un momento. "Yo lo llamaría redención, Ermac," replicó, voz áspera cargada de emoción. "Si esta es la única manera que puedo deshacer el daño que he causa, y con ello, el que le he hecho a mi propia sangre. "
Recordando su propia plétora de fechorías, Ermac se dio cuenta de que Kenshi, nuevamente, sin saberlo, arrojó luz sobre un camino digno de ser pisado. Al expresar su objetivo de venganza en el nombre de los antepasados que traicionó, Ermac sintió la necesidad de aliviar la carga de sus propios errores haciendo lo mismo. La única manera de limpiar sus manos de la sangre terrícola durante la invasión, era dándoosle una mano y trabajar por ellos – hacer uso de su infinito conocimiento y habilidades para una causa digna, mucho más allá de las garras de la codicia y la sed de sangre.
"Ahora entendemos, Kenshi," dijo el enigmático guerrero honestamente. "Pero lamentamos que desconocemos el paradero de Shang Tsung, por ahora."
"No me sorprende," respondió Kenshi tranquilamente. "La Deadly Alliance está en constante movimiento, buscando por supuestos aliados y formando dudosos acuerdos. Son difíciles de rastrear".
El aullido de los árboles se calmó un poco, y Ermac vio a Kenshi, frente a un sendero delante de él, en una postura cómoda pero en sutil vigilancia; el sub-productor de estar ciego durante tanto tiempo.
Pensando en sus propios objetivos, Kenshi se dio cuenta de que el forastero podría saber sobre el paradero de Cyrax.
Rompiendo el silencio, preguntó: "Ermac, ¿Te has tropezado en algún momento con un cybord, de nombre Cyrax? Es un aliado, y ha estado desaparecido por un tiempo."
Ermac lo pensó por un momento, antes de sacudir la cabeza tristemente. "Nunca hemos visto a este Cyrax".
"Mmmh..." murmuró Kenshi, asintiendo agríamente mientras contemplaba su siguiente acción. "Bueno, Ermac, debo seguir mi camino," dijo después de un rato.
"Kenshi – te prometimos un camarada a cambio de información de Shao Kahn," comenzó Ermac, firmemente. "Y a pesar de nuestros ataques, tú cumpliste mucho más de lo que acordamos. Ahora, te queremos pagar lo que te debemos".
Tomado desprevenido con la recién descubierta humildad de Ermac, Kenshi soltó una pequeña risa. "¡Bromeas, forastero!" exclamó.
"Dijimos en serio cada palabra," replicó Ermac, sus voces en sincronía calmadas, pero severas.
"Bueno, vaya…" murmuró Kenshi, divertido.
"Sólo dinos cómo podemos servirle, es lo menos que podríamos hacer a cambio por el favor que nos hiciste," dijo Ermac, sonando curiosamente satisfecho.
Kenshi pensó en los acontecimientos de la noche. "¿También eres psicoquinético, verdad?" preguntó de repente Kenshi.
"Lo somos," afirmó Ermac.
"¿Recuerda cuando te desamé por primera vez? ¿Ése movimiento? ¿Cuándo concentraste tus habilidades y me elevaste en el aire antes de azotarme, espalda contra el piso, en el paviment–"
"Sí, sí, lo recordamos," respondió Ermac, sonriendo con los ojos, dándose cuenta de lo que el espadachín estaba insinuando.
Kenshi se limitó a caminar hacía un pequeño claro circular dentro del bosque. Ermac le siguió y se dio cuenta de que Kenshi estaba a una distancia razonable de él, con una expresión casi ansiosa en su rostro, cuerpo rígido en anticipación.
"Enséñame."
A round of thankyous to my fine reviewers!
Not-Logged-In: Thank you for your review! I had the most fun writing out Evil-Ermac bit, partly because it seemed easy.. I hope you like this update too.
Mr Havik: I'm a personal fan of your stories and writing-style, and I was truly humbled by your review. I had a slightly different idea on what to do with Ermac, I hope it sounds good enough here – in my defence, it made sense in my head… Hope you like this update, do let me know what you think of this!
Nivet: Thank you so much for your heartwarming review! I'm glad you liked the previous fight scene, I really doubted its inclusion. Also, I'm afraid you are slightly mistaken – I've been writing fiction for some nine years now, but I mainly stuck to Tomb Raider stories… This is my first MK fic, and trust me, MK is a totally different ball-game from TR, and it almost made me feel like I'm writing my first story! :) I hope you like this chapter as well – do let me know :)
And of course: Nerdette92 and Kermac for reviewing the initial chapter.
I've had fun writing this story – and as I said, MK has such huge potential, writing a story trying to capture its essence made me feel like its my first. Nevertheless, I hope you all liked this story. Any thoughts, opinions or criticisms (especially on characterization, which is so important because Ermac and Kenshi both have pretty distinctive personalities), please do write them out in a review and let me know – so I can improve further.
Thanks again! Enjoy :)
[1] Serendipia: Es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. También puede referirse a la habilidad de un sujeto para reconocer que hacho un descubrimiento importante aunque no tenga relación con lo que buscaba. Sip. Resulta que esa palabra existía y todo este tiempo vivimos en mera ignorancia. No te sientas mal, yo tampoco la conocía.
[Nota de traductora: Traducir es divertido. Es una pena que haya perdido práctica y el comienzo se lea tan literal. LO SIENTO. *Se emociona y se alarma al mismo tiempo* Perdí la cabeza en algunos lados porque la manera de narrar de en-lumine es bastante específica, pero lo logré. Ahhhh. Ok. ¡Ya está corregido, pero si ven un error díganmelo y lo soluciono! Ahhhh.]
[To en-lumine: I'll told you this once more because it's not clear enough in my first comment: i love your fanfic and the way you write, omg. 3 I hope my translation measure up to your write. 3]
Dedicado a LazyBloodyGirl ;)
