De algún modo Viktor me convence de hablarle al menos de mi comida favorita, porque no saber nada aparte de mi edad y mi nacionalidad, le exaspera.
Le cuento sobre el delicioso katsudon, traducido como tazón de cerdo, que mi madre preparaba. Era su especialidad y siempre que aprobaba un examen con la nota máxima lo preparaba para mí.
—¿Esa es la razón de que estés llenito?
—No, engordé debido a los atracones de comida producto de mi ansiedad cuando mi hermana... —cierro la boca de golpe. ¿Qué estoy haciendo? Si no le cuento la historia como debe ser, no vale. Sacudo la cabeza y retomo el tema del katsudon.
Viktor solo me escucha en silencio.
