Este es un capítulo especial que regalo a to lector s del fic por haber alcanzado las más de 1k lecturas en Wattpad y FF.
Esta escena tiene lugar después del capitulo "Hanabi" y es más largo que los capítulos comunes.
Y bueno, si no te gusta el lemon, puedes obviarlo y saltar directamente al siguiente capitulo :)
Para aquell s que vayan a leerlo, disfrútenlo. Lo escribí poniendo toda mi pasión en él ;)
Advertencia: lemon.
Después del matsuri, bien entrada la noche, Victor y Yuri caminaron hasta el edificio de viviendas del pelinegro.
Yuri estaba abrumado. Sus manos entrelazadas y su mutismo delataban la emoción contenida propia de alguien que acaba de escuchar una confesión de amor.
Victor se acercó, pegando su cuerpo al suyo, acariciando la piel bajo la barbilla del azabache. Los ojos de Yuri estaban brillantes, casi parecían sílices de jaspe pulido.
—Yuri— la voz de Victor estaba enronquecida. Se inclinó para besar los labios del chico. Al principio chupó despacio los labios, dando toques con la lengua, hasta que Yuri se dejó espolear y abrió la boca. Victor invadió la cavidad húmeda, añadiendo cada vez más pasión al beso. Yuri correspondía con una vertiginosa entrega, saboreandose mutuamente.
Se amparaban en las sombras que les proporcionaba el portal, ocultos a la vista de los viandantes. Victor estrechó la cintura de Yuri.
—Victor…— la voz de Yuri casi parecía una súplica. Victor atrapó el labio inferior de Yuri entre sus dientes, sin que llegase a ser doloroso, solo un juego para provocarle más.
Yuri emitió un sonido, similar a un gemido pero con un registro más febril, que penetró en sus oídos provocandole escalofríos, despertando su hombría.
—Me encantaría…— detuvo el beso, pegando sus frentes. Las gafas de Yuri estaban empañadas en vaho. Pese a la oscuridad, era capaz de apreciar los labios humedecidos y las mejillas encendidas de Yuri. Victor tragó saliva— Me encantaría hacerte el amor, Yuri.
El menor jadeó, mirándole con las pupilas dilatadas y expresión sofocada. Estaba excitado, igual que él. Quiso retomar el beso, pero Yuri le frenó situando dos dedos sobre los labios del ruso.
—Victor yo… no tengo experiencia— Yuri se mordió el labio— Ninguna experiencia— sus mejillas se ruborizaron de un lindo color rojo, al enfatizar las palabras.
—Eres virgen— comprendió Victor; Yuri asintió, encogido.
De alguna forma, se lo esperaba. Victor sonrió, comprensivo.
—Entonces seré delicado, mi Yuri— abrazó los hombros del menor— Lo último que quiero es lastimarte, créeme.
—Te creo. Confío en ti— Yuri frotó la cara en el pecho de Victor.
Se asomó a la cocina del piso y observó a Yuri encender el hornillo y preparar una tetera con agua. Victor se arrimó y le abrazó el talle desde atrás. Yuri suspiró cuando apoyó los labios en su cuello y, al ver que oponía poco resistencia, comenzó a subir lamiendo su quijada, hasta llegar al lóbulo de la oreja, que mordisqueó con travesura. Yuri tembló y se dió la vuelta, poniendo las manos sobre el pecho del Victor.
—Tengo que decirte algo— el azabache parecía acomplejado por algo— Antes, en el matsuri, cuando hablábamos de que había bajado de peso… yo…— apartó las manos y se las estrujó con nerviosismo, cabizbajo.
—¿Qué ocurre, Yuri?— Victor tomó las manos del japonés y las acarició suavemente. El chico respiró hondo y le miró a los ojos.
—Veras, yo… puedo quedar embarazado— dijo Yuri, avergonzado— Pertenezco a ese grupo de hombres que tienen la capacidad de concebir.
Oh.
Victor parpadeó varias veces seguidas, sin dar crédito. Por supuesto que sabía que existían varones que nacían con órganos reproductores femeninos, eso se estudiaba en la primaria. Pero era la primera vez que conocía a uno en persona.
Se trataba de un porcentaje pequeño de la población mundial, y en algunos países hablar de ellos era incluso un tabú o ignoraban esa condición. La Organización Mundial de la Salud, dentro de sus campañas sociales, llevaba décadas dedicándose a concienciar sobre la no persecución de este colectivo minoritario.
La tetera chifló y Yuri la alejó del fuego, apagando el hornillo. Sacó dos tazas blancas de un armario y colocó las bolsitas de té verde. Sirvió cuidadosamente el agua hirviendo en las tazas.
—Nací con esa predisposición genética, así que...tendremos que usar protección— Yuri curvó las cejas, depositando las tazas en una tabla de madera— No quiero tener un bebé ahora.
—Es comprensible— comentó Victor, saliendo de su estupor. Siguió a Yuri hasta el saloncito— Yo tampoco — carraspeó, tratando de ocultar su fastidio, viendo a Yuri colocar las tazas en la mesa cuadrada— Yuri… no traigo condones encima— no podía imaginarse que las cosas iban a acelerarse de esa manera y menos que Yuri pudiese tener hijos— ¿Tienes, por casualidad…?
Yuri enmudeció, boquiabierto. Eso significaba que no. Suspiró para sus adentros. Abrazó al pelinegro, ocultando el rostro en el hueco de su hombro. Estaba frustrado, para qué negarlo, estaba deseoso de hacer suyo a aquel adorable japonés, pero no iba a incomodar a Yuri para su propia sastisfacción.
Se separó, dandole un breve beso, apenas un roce inocente y casto.
— Lo siento— Yuri se sentó en la silla y engurruñó una servilleta de papel, con expresión contrariada. Victor acarició el pómulo de Yuri con el pulgar, sonriéndole tiernamente.
—No tienes que pedir disculpas. Podemos posponerlo para otra ocasión— se centró en cambiar el enfoque de la visita y fijó un nuevo objetivo: disfrutar de su enamorado conversando animadamente. No sospechaba de la determinación que el pelinegro mostraría segundos después.
Las mejillas de Yuri se colorearon y levantó la vista, con los labios apretados y la mirada decidida, en contraste con el intenso rubor de sus mejillas.
—Iré a la farmacia— Victor reprimió un respingo y observó estupefacto como el azabache se ponía en pie y cogía su billetera— Sé dónde hay una. Espérame aquí, Victor.
Victor se había quedado mudo, con los ojos abiertos como platos y su corazón bailando de júbilo. Yuri abrió la puerta con un chasquido.
—Tamaño XL, por favor. Los normales me aprietan— comentó Victor divertido desde el saloncito, disfrutando ver cómo Yuri se tensaba y sus orejas se tornaban rojas al segundo.
Yuri salió cerrando la puerta detrás de él.
Victor rió nervioso, cubriéndose la boca con las manos. No esperaba eso. Yuri, para regocijo del ruso, acababa de hacer algo imprevisible. Ni siquiera se había planteado la posibilidad de que dejar solo a un extraño en su casa podría ser contraproducente. Ay.
Terminó de beberse el té en tres largos tragos y fue hasta el baño de estilo japonés para darse una ducha. Fisgó entre los productos de aseo de Yuri.
A juego con su carácter parco y modesto, encontró el mínimo de artículos necesarios: un gel familiar válido para cuerpo y cabello, una esponja hidrófila ovalada (debía tener la piel sensible), un dentífrico, un desodorante neutro en roll-on, un cepillo de dientes y un peine. No había perfumes, ni otros productos capilares como mascarillas o suavizantes. Tampoco cremas. Victor silbó ante aquella muestra de sobriedad. Yuri cuidaba mucho su economía.
Al salir de la ducha se secó con una toalla de microfibra que vio colgada de un gancho en la pared. Encontró un secador plegable y lo utilizó para quitar el exceso de humedad de su pelo. Abrió un armario y dio con las toallas medianas.
Yuri regresó al piso con una bolsita de plástico y el rostro más rojo que un tomate. La dependienta de la farmacia le había guiñado un ojo cuando estaba cobrándole los preservativos XL.
Tenían que ser XL. Yuri se estremeció. Su primera vez y tenía que ser un XL. Mareado por aquellos pensamientos, fue hasta su cuarto al no encontrar a Victor en el salón.
Se le cortó la respiración al ver a Victor tan solo con una toalla anudada a la cadera, junto a la cama.
—¡Yuri!— el ruso se le acercó y le rodeó la cintura con los brazos, tocando la punta de su nariz con la suya, mimoso— Me he tomado la libertad de usar tu baño. Espero que no te moleste.
—N-no-no me molesta— Yuri trataba de desviar la vista de aquel cuerpo bien formado, marcado y fibroso. Victor se dio cuenta y sonrió con picardía.
—Puedes mirarme, Yuri— susurró en tono grave, seductor. Deslizó las manos hasta los glúteos del pelinegro y los apretó hacia sí. Yuri se tensó y ahogó un jadeo; la bolsa se le cayó de las manos— Yuri, relájate— suavizó el agarre— No haremos nada que no quieras.
—Victor, v-voy a ducharme— notando el nerviosismo repentino del chico, Victor le soltó. Le sonrió con amabilidad desde el dormitorio cuando el chico se dio la vuelta para mirarle desde el umbral de la puerta del baño con timidez— Esperame, ¿vale?
Yuri se encerró en el baño y oyó el sonido del agua de la ducha.
Victor dejó salir un hondo suspiro. Delicado, debía ser delicado. Se lo había prometido a Yuri. No era fácil, cada vez que Yuri se ruborizaba y ponía esa expresión cohibida, Victor ardía en deseos de precipitarse sobre él.
Recogió la bolsa del suelo. Yuri había comprado los condones tamaño XL con lubricación extra. Y un bote de gel lubricante. Sonrió.
—Qué precavido— susurró, admirado. Mientras esperaba, tanteó la rigidez del colchón y los almohadones.
Un par de minutos después, Yuri volvió al cuarto tapado con un albornoz blanco, secándose el pelo con una toalla. Victor estaba sentado el pie de la cama leyendo el frasco de gel. Yuri se sentó a su lado, quitando distraídamente algunas pelusas de hilo del albornoz. Estaba muy nervioso, a tal grado que su corazón palpitaba agitado en su pecho. Contenía la respiración para no delatar su inquietud, soltando el aire despacio por la nariz.
Victor le abrazó, besando su mejilla, peinando hacia atrás el flequillo de Yuri con los dedos de la mano, despejando su rostro. Las caricias de Victor eran sutiles, llenas de cariño. La expresión afectuosa de Victor, que le sonreía seductoramente, le ablandaba. Sus ojos azules eran arrebatadores. La temperatura corporal de Yuri aumentó.
Victor besó los labios de Yuri con ternura, enmarcando el rostro del menor entre sus manos. El gesto alivió la tensión de Yuri y un lado del albornoz se le escurrió del hombro.
—Yuri, me gustaría que me guiases.
—¿Uhm?— Yuri estaba un poco abstraído por la cercanía y los besos del ruso.
—Esta noche— aclaró Victor, bajando las manos hasta acariciar sus hombros, deslizando el albornoz por su espalda; Yuri se estremeció y exhaló todo el aire de sus pulmones— Quiero que me digas si lo que te hago te gusta o también… si quieres que pare— Yuri movió la cabeza afirmativamente, con las mejillas acaloradas.
—De acuerdo, Victor— murmuró.
Victor rozó los labios de Yuri con el pulgar. Estaban rojos e inflamados. Suspiró con deseo. Depositó un suave beso en la clavícula expuesta del azabache, siguiendo la línea de la articulación del hombro. Bajó hasta besar sus pectorales, de un lado al otro, con lentitud.
Eran solo pequeños y castos besos, pero Yuri sentía su cuerpo arder con cada roce. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración y jadeó al sentir la lengua de Víctor lamer uno de sus pezones. Enterró los dedos en el cabello plateado por reflejo, y eso excitó a Victor, invitandole a desanudar el nudo del albornoz con algo de brusquedad, desnudandolo.
Calma.
Victor mitigó la rudeza de su movimientos y acarició con las manos las caderas de Yuri, que temblaba como un flan a ratos.
El cuerpo de Yuri era de complexión atlética, con músculos sólidos y delineados. El cuerpo de un bailarín. Victor quiso hundir los dedos en aquella nívea piel y dejarle huella.
Abrió el albornoz y continuó lamiendo y succionando la piel del japonés, bajando por su abdomen, deteniendose intencionadamente en la uve de sus caderas. Al darse cuenta que Yuri se mordía el labio repetidamente, reprimiendo los gemidos, cada vez que se acercaba a la zona del hueso del pubis, Victor se arrodilló en el piso, separando las piernas de Yuri. El chico contrajo los músculos de las piernas e hizo amago de volver a juntarlas, pero finalmente se contuvo. Desde esa posición el pene erguido de Yuri quedaba a merced del ruso.
Victor contempló a Yuri, que se cubría media cara con una mano, vergonzoso. Sin apartar la mirada de Yuri, Victor asió el miembro del azabache y le dio una lamida desde la base hasta la punta. Sabía ligeramente a jabón, y un poco a salado. Yuri no pudo controlarse y soltó un vibrante gemido, cerrando los ojos. Victor repitió el movimiento, lengüeteando el glande con entusiasmo. Introdujo toda la longitud del miembro de Yuri dentro de su boca, hasta que su nariz tocó el escaso y negruzco vello púbico, succionando con deleite.
—Dios... Vic...tor…— la felación de Victor provocaba resoplidos y sensuales gemidos en Yuri, que había ido perdiendo fuelle y estaba prácticamente recostado en la cama con el único apoyo de uno de sus codos.
Yuri echaba la cabeza hacia atrás, agarrándole del pelo involuntariamente, dejándose llevar por el placer. Victor continuó lamiendo hasta que los abdominales de Yuri se contrajeron y el chico se tensó, descargando toda su esperma en la boca de Victor.
Tragó hasta la última gota. Yuri se desplomó sobre la cama cubriéndose el rostro con los brazos, recobrando el aliento.
Victor gateó hasta ponerse sobre Yuri. Le apartó los brazos para verle la cara. El japonés estaba rojo como un tomate, comprimiendo los labios. A Victor se le escapó una risa.
—N-no te rías— farfulló el menor, encogiéndose de costado.
—Perdona, Yuri. ¿Te da vergüenza haberte corrido?— quiso saber Victor, con curiosidad infantil. Yuri no dijo nada, aunque estaba tremendamente azorado— Yuuriiii— canturreó cerca de su oreja, iniciando de nuevo el ritual de besos y caricias que aplacaban la desazón del pelinegro.
Minutos después, volvía a tener a Yuri respirando agitado, con aquella expresión de disfrute que le enardecía.
Alargó el brazo hacia la caja de preservativos y el lubricante. Sacó un paquetito y lo dejó sobre el colchón, cerca.
—Yuri, amor, necesito que te relajes todo lo que puedas— Yuri le miró con ojos acuosos de lujuria, aunque vio que el chico tragaba— No te pongas nervioso. Voy a ir introduciendo mis dedos dentro de ti, con mucho cuidado— le explicó calmadamente.
—Entiendo— dijo Yuri con voz queda— Porque sino lo que viene después me dolerá demasiado— el chico esbozó una breve sonrisa prudente.
—Eso es— se inclinó y besó esos deliciosos labios rosados.
Se acomodaron los dos en la cama, Yuri con la cabeza en la almohada y Victor sobre él, completamente desnudos. Acarició las piernas de Yuri, como si de una pieza de la más exquisita seda se tratara, apreciando su tersura y suavidad. Yuri acababa de advertir el tamaño del falo de Victor y no dejaba de sentir hormigueos en la boca del estómago.
—Eres enorme— se le escapó, mirando pasmado a Victor— No me va a caber entera, Victor— meneó la cabeza de un lado al otro, colorado.
—Probemos— llevó una mano hasta la entrepierna de Yuri, que dio un leve respingo. Acarició sus pequeños testículos con lentitud, besando la cara interna de los muslos de Yuri. El menor comenzó a suspirar con vivacidad y Victor, con movimientos diestros, se embadurnó los dedos en gel y empezó a masajear la entrada de Yuri. Tenía que lograr que el anillo del esfínter aflojase la tirantez antes de poder penetrarle.
Las manos de Yuri se aferraban a las sábanas. Estaba tratando de relajarse, centrándose en las sensaciones de los dedos de Victor. Era algo extraño, le gustaba y a la vez le daba un poco de miedo. No entendía por qué, todas las cosas que le había hecho Victor eran agradables, ¿por qué tendría que preocuparse?
Se le cortó la respiración cuando sintió el primer dedo abrirse paso a través de su ano.
—¡Ugh…!
Victor se inclinó sobre él y le acarició el pelo, besando su frente, sus mejillas, al tiempo que movía el dedo corazón dentro de Yuri, girando, introduciendolo y sacandolo despacio. El exceso de lubricante facilitaba la tarea.
Yuri había comenzado a hacer ejercicios de respiración en silencio y solo cuando su ceño fruncido se relajó, Victor metió un dedo más. El azabache emitió un quejido.
Estuvo largo rato estimulando el orificio de Yuri, restaurando la lubricación cuando hacía falta, hasta que pudo deslizar sin dificultad tres dedos. Yuri boqueaba y tiraba de las sábanas, convulsionando en espasmos ante las oscilaciones de los dedos de Victor. El pene de Yuri recuperó la rigidez.
Victor sujetó las nalgas de Yuri y acercó su boca a la entrada de Yuri. Lamió con su lengua el anillo impregnado en gel y Yuri largó un agudo y prolongado gemido. La boca de Victor estaba muy caliente. Su lengua se movía con avidez, deslizándose en su interior, y Yuri sentía que se le saldría el corazón por la boca.
Victor ya no aguantaba. Estaba más excitado que nunca, los eróticos sonidos que salían Yuri le estaban enloqueciendo. Ansiaba estar dentro de Yuri y hacerle gritar del placer. Retiró los lengua, besando el glande de Yuri. Alcanzó el paquetito de condones, lo abrió y se lo puso ágilmente.
—Yuri— llamó con voz ronca, sacando al chico de su trance— Vas a subirte encima de mí— Yuri parpadeó, pero al cabo de unos segundos asintió y cambiaron de posición. Victor se recostó de espaldas sobre los almohadones, sin estar del todo tumbado, y Yuri se sentó a horcajadas sobre la cadera del peliplateado.
—Victor, ¿qué tengo que hacer…?— Yuri observó al interpelado untar toda la extensión de su falo en lubricante.
—Marcar el ritmo— pronunció Victor por toda respuesta, sonriendo. Las orejas de Yuri se tiñeron de rojo súbitamente— Te ayudo— empuñó su miembro con una mano mientras que con la otra estiraba el glúteo del chico. Yuri notó la punta restregarse contra su agujero sobre estimulado. Llevando sus manos atrás, separó más sus nalgas y fue sentándose, permitiendo la entrada al glande de Victor.
Ardía. Como mil demonios. Los ojos se le llenaron de lágrimas espontáneamente, apretando los dientes.
Victor llevó las manos a la cintura del pelinegro, pero no empujó ni hizo ningún movimiento. Se limitaba a observar las muecas de Yuri, sintiendo la calidez del interior del menor a medida que iba introduciéndose.
A Yuri le costó sentarse completamente sobre el falo de Victor. Sentía el volumen y el calor de aquel miembro, incrustado dentro de él. Era algo incómodo, tenía la sensación de que le costaba respirar.
—Muy profundo…— jadeó Yuri. Victor alzó a Yuri para sacar un poco su miembro.
—Vale, Yuri— trató de calmarle— No la introduciremos hasta el fondo por el momento. Ven aquí — extendió los brazos, invitando a Yuri a que le abrazase. Yuri se acurrucó en su pecho, dejándose envolver por Victor —Despacio— empezó un suave vaivén hacia arriba con la cadera, acariciando la espalda de Yuri— ¿Así está bien, Yuri?
—Sí…— murmuró el chico contra su cuello.
Poco a poco, los gemidos de Yuri incrementaron la frecuencia. Logró que Yuri tomase el control y cabalgase encima de él, ya acostumbrado a las embestidas de Victor. Fueron acelerando los movimientos a medida que su excitación aumentaba. Victor clavaba los dedos en la cintura de Yuri, penetrándole con frenesí, hechizado por los gritos y gemidos del azabache, que doblaba la columna con las manos sobre sus hombros. Hasta que…
Toc.
—Auch…
La cabeza de Yuri acababa de golpear la pared. Se detuvieron al momento, Victor sentándose preocupado.
—¿Estás bien?
Le respondió la risa de Yuri, que se manoseaba la coronilla. Victor también se rió, contagiado por la sonrisa a medio camino entre abochornada y divertida de Yuri.
Se besaron entre sonrisas y alguna que otra carcajada. De mutuo acuerdo, decidieron cambiar de postura.
—Me toca encima— dijo Victor, mordiendo el cuello de Yuri. El azabache lo recibió con agrado entre sus piernas y Victor se enterró sin esfuerzo.
Dobló las piernas de Yuri a los costados de este, alzando sus caderas, y profundizó la penetración.
Yuri arqueó la espalda, clavando las uñas en sus cuádriceps. Hilos de saliva resbalaban del borde de sus labios. Victor embistió con fuerza contra su próstata y Yuri gritó de placer.
—¿Ahí te gusta, Yuri?— volvió a penetrarle vigorosamente, observando las increíbles reacciones del azabache, deshecho por las oleadas de placer que le proporcionaban los movimientos de cadera de Victor.
—Ss-sí… ahí… no pares…— los jadeos de Yuri incrementaron el volumen y Victor se relamía al ver la expresión colmada de gozo del chico.
Los mofletes sonrosados, los labios abotargados, los ojos en blanco, entrecerrados, su respiración profusa y agitada, la piel perlada de sudor, los mechones del flequillo adheridos a su frente. Yuri era una belleza.
Con manos temblorosas, Yuri comenzó a masturbarse al ritmo de los embates de Victor, el cual estaba frenético, sintiendo próximo el clímax.
—Victor... Victor…— balbuceaba Yuri, acelerando los movimientos de su muñeca.
El azabache se tensó. Entre gemidos agudos descontrolados, gruesos chorros de semen salieron disparados, pringando su mano, su vientre y su pecho.
Victor no tardó en correrse también, jadeando el nombre de Yuri, deteniendo gradualmente la cadencia de las penetraciones. Exhausto, apoyó los antebrazos a ambos lados de la cabeza de Yuri y besó sus mejillas reiteradamente.
Yuri resoplaba torpemente, con los ojos cerrados, sin lograr enfocar nada. Sus piernas tiritaban. Victor acarició la mejilla del chico con una mano, apartándole el pelo de la cara con la otra. Cuando Yuri abrió los ojos, el peliplateado le mostró una sonrisa espléndida. Yuri trató de responderle esbozando una sonrisita trémula, extenuado.
Tardaron un rato en recuperar el aliento. Victor envolvió la espalda de Yuri y besó su boca, lamiendo los labios del menor con devoción. Yuri correspondió chupando su lengua sin reparos.
Se miraron, respirando entrecortadamente.
—Si así va a ser todas las veces, creo que me ha tocado la lotería — el japonés entonó una risa cansada.
—Ooh, Yuri, y lo que nos espera— abrazó al chico, metiendo los brazos bajo su espalda— Tenemos que probar otras posturas, otros lugares, juguetes…
—Cuidado, me aplastas, Victor— con voz ahogada, Yuri palmeó el omóplato del ruso. Victor salió de Yuri, se quitó el condón con el depósito lleno, le hizo un nudo en el extremo y lo dejó provisionalmente en el suelo.
Yuri se recostó a su lado, con la cabeza apoyada en la mano. Empezó un juego de caricias sobre el torso del ruso.
—Me alegra que mi primera vez haya sido contigo.
Victor ladeó la cara para mirarle. Esos ojos de color chocolate le devolvieron la mirada. Reaccionó a la sonrisa radiante de Yuri ruborizándose impetuosamente.
Definitivamente, estaba enamorado.
