Viktor se pone de pie en cuanto me ve y se me acerca, pidiendo disculpas y empezando con una excusa en la que no estoy interesado.

—Está bien —le aseguro, alejándome—, ¿aún quieres oír el resto de mi historia?

—¿Aún quieres contármela?

El final de la noche de brujas se acerca más y más.

No quiero, pero debo hacerlo.

Asiento.

Se sienta y yo hago lo mismo frente a él, siempre con la distancia entre nosotros.